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Ellos dicen

Quisimos dedicar este espacio para que emprendedores en territorio, en algunas regiones en las que trabajamos, les cuenten: “¿Por qué el turismo es importante en sus vidas y para sus comunidades?”.

El turismo comunitario es importante porque vivimos en comunidad y generamos nuestra propia fuente de trabajo aprovechando los recursos que nos brinda nuestro lugar. También así evitamos el desarraigo, poniendo en valor nuestra cultura, costumbres e historias además de la vivencia del día a día.

(Daniel Aillapan, Cabalgatas Pein Mawiza, Comunidad Sierra Colorada. Trevelin, Chubut.)

El turismo es un engranaje fundamental para el desarrollo de las comunidades rurales. Mueve mucho más que lo que se ve a simple vista. No es solo un plato de comida autóctono y con amor, un atractivo, una artesanía, un relato… Es mucho más que eso por la cantidad de actores que involucra y que pueden beneficiarse con la actividad. Para cumplir las metas, el hacer en grupo genera un mayor contagio positivo en la comunidad.

(Ivana Gopar, A Casa Mía comida de campo, Naturalmente las Flores. Las Flores, Buenos Aires.)

El turismo comunitario es importante en primer lugar porque nos une como grupo, nos permite unificar ideas, proyectos actuales y futuros, nos hace ver que todos tenemos actividades en común y despierta en cada familia el interés de crecer día a día y obtener a futuro grandes logros; a su vez, incentiva a los más jóvenes a involucrarse más en los proyectos familiares con miradas distintas e innovadoras. El turismo comunitario siempre fue, es y será importante ya que es una oportunidad de mostrar y ofrecer la belleza e impronta de cada lugar y a su vez de brindar un servicio distinto con valores propios de nuestra cultura Mapuche Tehuelche…PETU MONGELEIÑ.

(Patricia Lauquen, Comunidad Mapuche-Tehuelche de Nahuelpan. Esquel, Chubut.)

Consideramos fundamental afianzar el trabajo en grupo para el desarrollo turístico rural, ya que no solo permite una interacción entre los diferentes emprendedores, en función de sus producciones o de los servicios que ofrecen, sino también entablar relaciones de amistad. Trabajar en grupo potencia y delimita los servicios, buscando la complementación y desechando la competencia. También permite poner en un contexto más amplio las limitaciones e impedimentos que nos son comunes a todos. Para consolidarlos son necesarios al menos dos pilares fundamentales: primero, la intervención rectora de los técnicos y su participación como coordinadores; y segundo, la intervención del Estado para brindar todos los servicios que exceden a los recursos propios de los emprendimientos, como la decisión política de tenerlos presentes en la planificación de las gestiones de los municipios, el arreglo de caminos, la promoción del destino, etc.

(Silvia Romano y Juan Carlos Sassaroli, Reserva y Cabañas “El Churrinche”, Naturalmente las Flores. Las Flores, Buenos Aires.)

El turismo comunitario es una fuente de empleo y de valoración de nuestros recursos. Nosotros nacimos y crecemos relacionándonos con los animales, con la agricultura, con la comida, con las tradiciones y con el clima… Queremos también poder contar eso a los demás.

(Grupo de trabajo de la Comunidad El Cóndor. Puna Jujeña, Jujuy.)

El turismo rural comunitario es una gran oportunidad para mostrar lo que hacemos con tanta pasión día a día, compartir nuestros saberes y nuestras producciones. Esta actividad ayuda a las familias rurales a mostrar sus productos y forma de ser junto a los vecinos que viven y sienten igual, en la misma localidad o región. Los obstáculos que vamos enfrentando para llegar a cumplir nuestros objetivos se viven y sortean mejor en grupo que individualmente. Se favorece así una economía colaborativa utilizando los recursos rurales y dándoles un valor agregado que de por sí ya tienen. Muchas veces nos cuesta ver esas cosas que pueden resultarles de interés a quienes nos visitan: hay historias, recuerdos y todo tipo de vivencias dispuestas a ser compartidas… No solo nos fortalecemos como vecinos, sino que crecemos en comunidad.

(Franciela Altamirano, Finca La Franciela, Experiencia Rural Zárate. Zárate, Buenos Aires.)

El turismo comunitario y de base asociativa es importante para el crecimiento de cada una de las familias rurales y urbanas, para la economía de sus hogares y para el desarrollo local. Ofrece excelentes oportunidades para que artesanos y pequeños productores puedan mostrar sus habilidades y destrezas al momento de ofrecer sus productos, y en la relación de intercambio con los turistas. Genera nuevas posibilidades y nos vincula.

(Beatriz Weber, grupo de productores Yaá Ibicuy. Ibicuy, Entre Ríos.)

Para mí el turismo Rural Comunitario fue una puerta que se abrió para dejar atrás una etapa e iniciar otra. El descubrir aquellas actividades cotidianas que se realizan en el hogar de nuestros padres, de nuestros vecinos, actividades con una carga cultural muy importante pero tan común para nosotros, actividades que les permiten a los visitantes un aprendizaje, un introducirse en una familia y en la comunidad para entender cómo es la relación que existe entre sus habitantes. El que me visita viene a aprender, al principio cuando no entendía me molestaba la pregunta de “aquel otro”. Hoy puedo darme cuenta de que mientras el otro aprende, yo enseño que parte de mi cultura conserva saberes que aún se siguen transmitiendo de generación en generación.

Vivir dentro de una cultura mapuche y poder trabajar hoy el turismo rural me lleva a recordar aquellos aprendizajes de mi abuela: hacer un rescoldo, hacer un charqui, recordar aquellos momentos cuando ella trataba de enseñarme el arte del hilado y el telar mapuche, también cuando todos nuestros mayores se juntaban a celebrar una rogativa o un Camaruco y cómo ellos insistían con que aprendiéramos el mapudungun (lengua nativa), tantas cosas que si hoy miro hacia atrás puedo también darme cuenta de cuánto de mi cultura se ha perdido. Desde el turismo rural tengo la oportunidad de poner en valor todos aquellos saberes que están y que mucha gente aún usa. Poder mostrar la cultura también es darse la posibilidad de seguir creciendo, de seguir compartiendo con los demás y, sobre todo, mostrar que nuestro pueblo vive y que hay semilla para rato. Gracias enorme a aquellas personas que nos valoran y nos respetan… Mucho newen (fuerza) para todos.

(Olga Cheuquehuala, Comunidad mapuche-tehuelche de Lago Rosario. Trevelin, Chubut.)

Queremos trasmitirles el aprendizaje que hemos hecho desde un principio, desde nuestros inicios en el turismo rural, y cómo eso nos ayudó valorizar la parte productiva. Si respetamos la naturaleza nos estamos respetando a nosotros mismos, eso desde ya tiene una concepción comunitaria, no solo desde los vínculos humanos, sino desde el lugar que ocupamos como seres vivos. Nuestra impronta, nuestro discurso, nuestro pensar, nuestro decir, nuestro sentir y nuestro hacer se basan en esto y eso orienta todo lo que hacemos y lo que trasmitimos en nuestro proyecto.

Poner en valor a toda la comunidad humana que está trabajando en el mismo ambiente se hace importante. En nuestro caso, desde nuestra marca “Terra de Goyco” ya contemplamos lo ancestral (Goyco fue el último cacique Puelche habitante de estas tierras). La naturaleza tiene un rol muy importante en la forma en la que evolucionamos o involucionamos, justamente el turismo comunitario lleva a hacer esta reflexión: no estamos solos y tenemos que actuar pensando en todas las generaciones (anteriores, actuales y futuras). Nosotros valoramos nuestra cultura en su contexto. En el encuentro con el otro nos vamos redescubriendo, vamos valorando y vamos poniendo en la mesa todas estas opciones sobre las que el visitante no solo nos escucha y nos hace preguntas, sino que ellas nos dignifican.

Agruparnos para ofrecer servicios es conveniente desde el captar un público determinado, pero también nos mide en el trabajo grupal, nos enseña a superar dificultades y barreras que uno no contempla cuando trabaja solo, nos anima a crecer y madurar. Es muy positivo trabajar juntos, solo no se puede, con los pares uno avanza mejor y está más animado a mejorar día a día. Lo que la colmena nos ha enseñado es que en comunidad se puede respetar lo prioritario, respetar la vida y el crecimiento; hemos llegado a una interpretación tal que debemos cuidar la naturaleza, es un conocimiento importante poder entender hasta dónde llegar y por qué debemos funcionar en comunidad como lo hacen nuestras polinizadoras.

(Ricardo y Silvana, Terra de Goyco, grupo asociativo Vivencias del Atuel. General Alvear, Mendoza.)

A nosotros esta posibilidad de vender en grupo y la experiencia del Mercado de la Estepa nos ha llevado a otras cosas que no se ven, que es la parte social. Para nosotros es lo más importante. Principalmente, se revalorizó el rol de la mujer ya que el 80% son mujeres que fueron valorizadas también en su comunidad. Por ejemplo, hay dos de las mujeres que en sus comunidades terminaron siendo autoridades locales (comisión de fomento). Dichas mujeres no sólo se encargan de cuestiones de artesanías, sino que también abarcan muchas otras acciones propias de cada lugar (caminos, agua potable, residuos, etc.).

(Ana Basualdo, referente del Mercado de la Estepa. Dina Huapi, Río Negro.)



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