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1. Sobre el corpus de diálogos “dudosos y apócrifos”

Mariana Gardella

Una de las tragedias que pesa sobre los filósofos y filósofas de la Antigüedad es que muchas de sus obras se encuentran irremediablemente perdidas. Por esta razón, el conocimiento que tenemos de sus ideas está supeditado a las citas completas o parciales, literales o no literales, que otros filósofos y doxógrafos han hecho de ellas.[1] Platón es uno de los pocos filósofos que no ha padecido esta tragedia. No solo sus escritos han sido copiados y transmitidos en su totalidad, sino que incluso se le han adjudicado otros que no fueron de su autoría.

El corpus platonicum consta de treinta y seis obras de las cuales se hicieron numerosas ediciones en la Antigüedad. Una de las más importantes fue elaborada por Aristófanes de Bizancio a fines del siglo II a. C. Esta edición organizaba los diálogos en cinco trilogías. La primera de ellas contenía República, Timeo y Critias; la segunda, Sofista, Político y Crátilo; la tercera, Leyes, Minos y Epínomis; la cuarta, Teeteto, Eutifrón y Apología de Sócrates; y la quinta Critón, Fedón y las cartas.[2] Este trabajo editorial formaba parte del proyecto de la Biblioteca de Alejandría que tenía por objetivo reunir, colacionar y editar los manuscritos que contenían las obras más relevantes de la cultura griega clásica.[3]

Igualmente importante ha sido la edición del corpus platonicum hecha en el siglo I d. C. por Trasilo de Alejandría, astrólogo y consejero del emperador Tiberio.[4] Trasilo organizó las obras de Platón en nueve tetralogías que incluían algunos diálogos omitidos de la edición aristofánica. Eutifrón, Apología de Sócrates, Critón y Fedón integraban la primera tetralogía; Crátilo, Teeteto, Sofista y Político, la segunda; Parménides, Filebo, Banquete y Fedro, la tercera; Alcibíades mayor, Alcibíades menor, Hiparco y Amantes rivales, la cuarta; la quinta tetralogía estaba compuesta por Téages, Cármides, Laques y Lisis; la sexta, por Eutidemo, Protágoras, Gorgias y Menón; la séptima, por Hipias mayor, Hipias menor, Ion y Menéxeno; la octava, por Clitofonte, República, Timeo y Critias; y la novena, por Minos, Leyes, Epínomis y el epistolario que agrupaba un total de trece cartas.[5] Cada uno de estos textos estaba acompañado de un subtítulo y era clasificado en alguna de las siguientes categorías: tentativo (peirastikós), ético, lógico, mayéutico, refutativo (anatreptikós), crítico (endeiktikós), político o físico.

La organización de los diálogos en tetralogías recordaba el modo en que se presentaban las piezas teatrales en los certámenes que se celebraban en las festividades religiosas. Los poetas acostumbraban a poner en escena tres tragedias y, en cuarto lugar, un drama de sátiros cuya función era lograr un efecto de distensión en el público. Es probable que Trasilo no fuera el primero en adoptar esta forma de organización del corpus, ya que hay testimonios que sugieren que algunos años antes Dercílides y Tiranio habían empleado el mismo criterio de edición.[6] Incluso Marco Terencio Varrón, contemporáneo de Cicerón, indica que el Fedón era el cuarto diálogo de Platón, remitiendo probablemente a la posición que este diálogo ocupaba en la primera tetralogía de alguna edición de la época que también adoptaba estos parámetros editoriales.[7]

De las obras mencionadas, existen algunas cuya autoría ha sido cuestionada ya desde la Antigüedad. Estas se ordenan en dos grandes grupos, de acuerdo con la clasificación ofrecida por Souilhé.[8] Por una parte, se consideran “dudosos” aquellos diálogos que, a pesar de haber sido editados en las tetralogías de Trasilo, han despertado algunas sospechas, como ocurre con Alcibíades menor, Clitofonte, Epínomis, Hiparco, Minos, Amantes rivales y Téages. Por otra parte, se consideran “apócrifos” aquellos que por ser rechazados no fueron agrupados en las tetralogías: Midón o Hipóstrofo, Erixias o Erasístrato, Alción, Acéfalos, Sísifo, Axíoco, Feaces, Demódoco, Quelidón, Séptima y Epiménides.[9] Algunos de ellos, sin embargo, fueron incluidos en dos de los manuscritos más antiguos que transmiten el corpus platonicum, el Bodleianus, MS. E. D. Clarke 39 y el Parisinus graecus 1807, como es el caso de Alción, Axíoco, Demódoco, Erixias, Sísifo, Sobre la justicia y Sobre la virtud.[10] Al conjunto de obras consideradas espurias, se deben agregar, por una parte, los epigramas que Diógenes Laercio atribuye a Platón para justificar su fama como autor literario; por otra parte, una lista de ciento ochenta y cinco definiciones de términos filosóficos que, aunque adjudicadas usualmente a Espeusipo, fueron probablemente redactadas en una época posterior para estudiantes a quienes ya no les era accesible la terminología técnica platónica, debido a las influencias que Aristóteles y los estoicos tuvieron en el desarrollo del vocabulario filosófico.[11]

El uso de los adjetivos “dudoso” y “apócrifo” para clasificar las obras presumiblemente inauténticas de Platón presenta algunos inconvenientes que condicionan y limitan la interpretación que puede formularse sobre ellas. En primer lugar, responde a concepciones modernas sobre la autoría que no se corresponden con las prácticas de escritura, edición y publicación de textos en la Antigüedad. En segundo lugar, supone que existen obras auténticas o legítimas que fueron escritas solo por Platón, autor único y directo de todos los textos que se le atribuyen. Sin embargo, como sugiere la controversial pero atractiva tesis de Thesleff, es posible que en el proceso de redacción y revisión de los diálogos intervinieran no solo Platón, sino también algunos discípulos y colegas de la Academia que habrían conformado un verdadero grupo de trabajo encargado de completar la redacción o de realizar la revisión de los primeros borradores escritos por el filósofo.[12] Incluso es posible que mientras Platón viviera, ninguna de estas personas publicara textos en nombre propio.[13] En tercer lugar, el hecho de juzgar estas obras con el criterio de autenticidad y por referencia a la producción platónica las convierte, a los ojos de los estudiosos y de las estudiosas, en un material depreciado y despreciado cuyo valor filosófico queda opacado por su carácter de inauténticas. Se ha intentado revertir este problema adoptando nuevos enfoques hermenéuticos. Por una parte, Annas ha puesto de manifiesto que son juzgados como espurios aquellos diálogos cuyas ideas no se ajustan a la teoría platónica, perdiendo de vista que lo que se considera “teoría platónica” se reconstruye a partir del canon de diálogos aceptados como originales.[14] Para evitar esta circularidad, se podría admitir, al menos como estrategia heurística, que los dudosos y apócrifos son platónicos, con vistas a evaluar las consecuencias que dicha asunción conlleva. Por otra parte, ampliando la visión que se tiene usualmente sobre estos escritos, Brisson ha indicado que los apócrifos constituyen un valioso corpus de diálogos no platónicos, sino socráticos que permiten construir una mirada diferente sobre la figura de Sócrates que completa y complementa aquella que nos devuelven los escritos de Platón.[15] En esta última sugerencia, encontramos una preciosa clave para la interpretación de estos textos que desarrollaremos a continuación.


  1. Sobre este problema y la importancia del conocimiento de la transmisión de los textos antiguos, véanse los estudios de Eggers Lan, Conrado y Juliá, Victoria, “El problema de los escritos de filósofos presocráticos”, en Los filósofos presocráticos, vol. I, Madrid, Gredos, 1981, pp. 23-28; Rossetti, Livio, Introduzione alla Filosofia Antica. Premesse Filologiche e altri “Ferri del Mestiere”, Bari, Levante, 1998; y Canto-Sperber, Monique y Brisson, Luc, “¿Qué es necesario saber antes de abordar el estudio del pensamiento antiguo?”, en Canto-Sperber, Monique (ed.), Filosofía griega, vol. 2: La filosofía en la época helenística, trad. castellana de Amelia Aguado, Buenos Aires, Docencia, 2000, pp. 787-826.
  2. Diógenes Laercio, III. 61-62. Sobre la edición de Aristófanes de Bizancio, cfr. Alline, Henri, Histoire du texte de Platon, Paris, Librairie Ancienne Honoré Champion, 1915, pp. 78-103.
  3. Chroust, Anton H., “The Organization of the Corpus Platonicum in Antiquity”, Hermes, vol. 93, n. 1, 1965, p. 35. Sobre la edición de las obras platónicas en Alejandría, cfr. Schironi, Francesca, “Plato at Alexandria: Aristophanes, Aristarchus, and the ‘Philological Tradition’ of a Philosopher”, The Classical Quarterly, vol. 55, n. 2, 2005, pp. 423-434.
  4. Sobre la poco conocida figura y labor de Trasilo, véase Tarrant, Harold, Thrasyllan Platonism, Ithaca, Cornell University Press, 1993.
  5. Diógenes Laercio, III. 58-61.
  6. Albino, Isagogé 4. Sobre este tema, véanse Chroust, A. H., op. cit., pp. 44-46 y Solmsen, Friedrich, “The Academic and the Alexandrian Editions of Plato’s Works”, Illinois Classical Studies, vol. 6, n. 1, 1981, pp. 105-106.
  7. Marco Terencio Varrón, De Lingua Latina VII. 37.
  8. Souilhé, Joseph, Platon. Oeuvres complètes, vol. XIII, 2º parte, Paris, Les Belles Lettres, 1962 (1º ed. 1930), pp. V-VIII.
  9. Diógenes Laercio, III. 62. Consúltense los estudios de Oświecimski, Stefan, “The Enigmatic Character of Some of Plato’s Apocrypha”, Eos, vol. 66, 1978, pp. 31-40 y “The Ancient Testimonies in the Face of the Platonic Apocrypha”, Eos, vol. 67, n. 2, 1979, pp. 233-255, donde se encontrarán numerosos argumentos para probar la posible autenticidad de las obras apócrifas.
  10. La autoría del Alción se atribuye tradicionalmente a Luciano de Samósata, aunque se ha propuesto que también podría haber sido escrito por León de Bizancio. Esta hipótesis ha sido defendida por Carlini, Antonio, “Leo Academicus, Halcyon 8 (184 Hemsterhusius)”, Corpus dei papiri filosofici greci e latini, parte 1, vol. 1, n. 2, Firenze, Olschki, 1992, pp. 463-466.
  11. Brisson, Luc, Écrits attribués à Platon, Paris, Flammarion, 2014, pp. 103-105. Los epigramas son transmitidos por Diógenes Laercio, III. 29-33.
  12. Thesleff, Holger, Studies in Platonic Chronology, Helsinki, Societas Scientiarum Fennica, 1982, pp. 86-89 y “Platonic Chronology”, Phronesis, vol. 34, n. 1, 1989, pp. 7-9.
  13. Thesleff, H., “Platonic Chronology”, op. cit., p. 8.
  14. Annas, Julia, “Self-knowledge in Early Plato”, en O’Meara, Dominic (ed.), Platonic Investigations, Washington, The Catholic University of American Press, 1985, p. 115.
  15. Brisson, L., op. cit., p. 17.


2 comentarios

  1. mghueso 08/02/2019 3:25 pm

    La licenciada Carolina Durán escribió una sólida reseña sobre nuestra traducción de Amantes rivales para Ágora, una revista de filosofía editada por la Universidad de Santiago de Compostela (España). Se puede leer aquí: http://www.usc.es/revistas/index.php/agora/article/view/4397/4700

  2. mghueso 02/05/2019 12:15 pm

    La licenciada Milena Lozano Nembrot escribió una reseña sobre Amantes rivales publicada en la prestigiosa revista Archaí (Brasilia). Se puede leer aquí:
    http://periodicos.unb.br/index.php/archai/issue/view/1728

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