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Prólogo (132a-c)

[132a] Entré en lo de Dionisio, el maestro, y vi allí mismo a los que por su aspecto parecía que eran los más destacados entre los jóvenes, hijos de padres ilustres, y a sus amantes.[1] Casualmente, dos de los muchachitos discutían[2] acerca de algo que yo no escuchaba muy bien.[3] A pesar de eso, parecía que ambos discutían sobre Anaxágoras[4] o [b] sobre Enópides.[5] Parecía que dibujaban círculos y representaban ciertas inclinaciones con los brazos, encorvándose, demasiado serios. Como yo me había sentado al lado del amante de uno de ellos, tras empujarlo con el codo, le pregunté por qué ambos muchachitos se encontraban así, serios, y agregué:

—¿Acaso es algo elevado y noble eso de lo que se ocupan con tal seriedad?

—¿Qué? —respondió— ¿Elevado y noble? —agregó—. En verdad, estos parlotean[6] sobre los fenómenos celestes y dicen tonterías mientras filosofan.[7]

[c] Yo, asombrándome de su respuesta, dije:

—Muchacho, ¿te parece que filosofar es vergonzoso, y si no, por qué te expresas tan duramente?

El otro, que estaba casualmente sentado cerca de él, debido a que era su amante rival,[8] tras escuchar que yo preguntaba y aquel respondía, dijo:

—No ganas nada, Sócrates, al preguntarle si considera que la filosofía es algo vergonzoso. ¿O no sabes que este ha pasado toda la vida retorciendo cuellos, llenándose de comida y durmiendo? Entonces, ¿qué creías tú que él habría respondido, sino que la filosofía es algo vergonzoso?


  1. Sobre la relación pederasta entre amante (erastés) y amado (erómenos), cfr. supra, Estudio preliminar, apartado 4, “Escenario y personajes”.
  2. Aquí se utiliza el verbo erízein (“discutir”). Cfr. supra, Estudio preliminar, apartado 5, “Rasgos estilísticos”. Los muchachitos llevarían adelante una discusión acalorada sobre temas de geometría en la que cada uno objetaría la opinión de su rival. Con el verbo erízein, se asocia el adjetivo eristikós (“erístico”) que caracteriza el tipo de refutación desarrollado por Euclides de Mégara y sus allegados. El objetivo de la refutación erística es contradecir el punto de vista defendido por el interlocutor, sea este verdadero o falso, por medio de paradojas que ponen en evidencia las falencias del lenguaje como herramienta para acceder el conocimiento de la realidad. Al respecto, Diógenes Laercio, II. 107 (SSR II. A. 34, FS 88) afirma que: “Euclides se oponía a las demostraciones no en las premisas sino en la conclusión. Rechazaba también el razonamiento por comparación […]. Por eso sobre este punto dice Timón lo siguiente, cuando ataca también al resto de los socráticos: ‘pero no me preocupo por esos charlatanes, ni por ningún otro, ni por Fedón, el que fuera, ni por el disputador Euclides, que inculcó a los megáricos la furia de la discusión’”. Los fundamentos y objetivos de la refutación megárica son fielmente retratados en el Eutidemo de Platón. Sobre este tema, véanse Mársico, Claudia, Filósofos socráticos, vol. 1: Megáricos y cirenaicos, Buenos Aires, Losada, 2013, pp. 10-12 y Gardella, M., op. cit., pp. 30-41, 62-79.
  3. Sobre el uso del dual en este pasaje, cfr. supra, Estudio preliminar, apartado 5, “Rasgos estilísticos”.
  4. Anaxágoras nació en la ciudad jónica de Clazómenas circa 500 a. C. Fue discípulo de Anaxímenes y, durante su prolongada estancia en Atenas, integró el círculo íntimo de Pericles. Por sus vínculos políticos y sus investigaciones astronómicas, que lo llevaron a negar la divinidad de los cuerpos celestes al afirmar que no eran más que piedras incandescentes, fue acusado de impiedad. Por esta razón, fue exiliado y terminó sus días en Lámpsaco, donde murió circa 428 a. C. Anaxágoras consideraba al noûs (“inteligencia”) como el principio rector del universo cuya función es separar y ordenar una masa indiferenciada de semillas o cuerpos “homeómeros” para dar lugar al origen del cosmos en un movimiento eterno de generación y corrupción. En su Comentario al primer libro de los Elementos de Euclides, 65-66 (DK 59 A 9), Proclo aporta una explicación sobre la razón por la cual Anaxágoras y Enópides son mencionados en este contexto: “Anaxágoras, el clazomenio, comprendió muchos de los problemas de la geometría y también Enópides de Quíos, que era un poco más joven que Anaxágoras, a los que Platón recuerda en Amantes rivales, por alcanzar la fama en las matemáticas”.
  5. Enópides fue un geómetra y astrónomo oriundo de la isla de Quíos, situada en el mar Egeo, cerca de las costas de Turquía. Vivió aproximadamente entre el 490 y 420 a. C. Fue el primero que descubrió la inclinación del zodíaco, eclíptica que recorre el sol alrededor de la tierra, y el ciclo del gran año, período después del cual el sol, la luna y los planetas vuelven a ocupar la misma posición relativa.
  6. Aquí se emplea el verbo griego adoleskheîn que se vincula con el sustantivo adoleskhía (“charlatanería”). En la comedia ática, es Sócrates quien aparece usualmente retratado como un charlatán. En Nubes de Aristófanes, el Pensadero, sitio donde aquél imparte sus enseñanzas, es presentado como “la casa de los charlatanes” y los saberes que allí se enseñan son calificados de “charlatanería” (Nubes 1480, 1485). Asimismo, Éupolis se refiere a Sócrates como un “charlatán pordiosero” (fr. 352 Kock).
  7. Sobre el sentido general y técnico del término philosophía y sus cognados, cfr. supra, Estudio preliminar, apartado 8, “Relación con temas y problemas socráticos y platónicos”.
  8. Sobre el sentido de la noción de “anterastés” (“amante rival”), cfr. supra, Estudio preliminar, apartado 4, “Escenario y personajes”.


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