Otras publicaciones:

9789877230215-frontcover

9789877230048-frontcover

Otras publicaciones:

DT_Cassin_Sferco_13x20_OK-2

9789871867493-frontcover

2. Los diálogos “dudosos y apócrifos” y los diálogos socráticos

Mariana Gardella

La actividad intelectual del primer tercio del siglo IV a. C. estuvo signada por el desarrollo de un género característico: el diálogo socrático. Aunque los estudios sobre este fenómeno se han limitado a las obras de Platón y Jenofonte, muchos discípulos de Sócrates se dedicaron a la escritura de diálogos. En la mayor parte de los casos, no conservamos de ellos más que los títulos. Euclides de Mégara ha sido el autor de Lamprias, Esquines, Fénice, Critón, Alcibíades y Sobre el amor;[1] y Fedón de Elis, de Zópiro, Simón, Medeo, Nicias, Antímaco, Simias, Alcibíades y Critolao.[2] Por su parte, Esquines de Esfeto escribió varios diálogos de los cuales conservamos testimonios que nos permiten conocer su estilo e ideas: Alcibíades, Aspasia, Axíoco, Calias, Milcíades, Rinón y Telauges.[3] Critón redactó diecisiete diálogos, entre los que se cuentan un Protágoras o Político, y una Apología de Sócrates.[4] A Simón el zapatero se le adjudican treinta y tres diálogos socráticos; a Glaucón, nueve; a Simias, veintitrés; y a Cebes, tres.[5] Aunque los catálogos de obras de Antístenes de Atenas y de Aristipo de Cirene presenten algunas complejidades, se les atribuyen numerosos títulos que corresponderían tanto a discursos epidícticos como a diálogos socráticos.[6]

Los diálogos socráticos expresaron la respuesta corporativa de los discípulos de Sócrates frente a las acusaciones dirigidas contra el maestro y, por extensión, contra ellos mismos. Tras el juicio, condena y muerte de Sócrates ocurridos en el año 399 a. C., aquellos debieron exiliarse en Mégara y en Siracusa.[7] Cuando regresaron a Atenas, Polícrates, un orador aliado de la democracia, redactó una nueva Acusación contra Sócrates que ratificaba la antigua sentencia y reivindicaba los motivos de la acusación. En ella se enfatizaba la corrupción de los jóvenes y la relación de Sócrates con Alcibíades y Critias, los dos exponentes políticos que los demócratas señalaban como los responsables de la debacle ateniense de fines del siglo V a. C.[8] Como respuesta, los socráticos se dedicaron a escribir diálogos que, poniendo a Sócrates como personaje central, aportaran una nueva mirada sobre los fundamentos de sus acciones, su carácter profundamente religioso y su compromiso con la ciudad. De este modo, los diálogos buscaban limpiar las injustas acusaciones que pesaron sobre la figura del maestro y, al mismo tiempo, allanaban el camino para el desarrollo de una actividad de impronta eminentemente socrática.

De acuerdo con el cálculo de Rossetti, se escribieron más de doscientos cincuenta diálogos socráticos durante los primeros veinticinco años del siglo IV a. C.[9] Esto da como resultado la aparición de un nuevo diálogo socrático por mes, fenómeno que sin lugar a dudas constituye, salvando los anacronismos, un verdadero boom literario. Por esta razón, Aristóteles no duda en considerarlo un género autónomo que, como los mimos de Sofrón y Jenarco, imita solo por medio del lenguaje y carece de un nombre distintivo: “La técnica que produce relatos solamente en prosa o por medio de los versos, combinándolos entre sí o utilizando un único género de versos, permanece hasta ahora casualmente sin nombre. Pues de ninguna manera seríamos capaces de llamar con un nombre común a los mimos de Sofrón y Jenarco, y a los diálogos socráticos”.[10] La opinión de Aristóteles da cuenta del grado de expansión y consolidación del género. También pone de manifiesto el carácter ficcional de este tipo de composiciones que no deberían ser consideradas como testimonios fidedignos para la reconstrucción del pensamiento del Sócrates histórico, sino que deberían verse como la manifestación de un colorido y nutrido movimiento intelectual que retoma, al tiempo que transforma, los principios fundamentales de la filosofía socrática.[11]

El género del diálogo socrático se vale de recursos propios de otros géneros literarios de la época. Por una parte, guarda ciertas semejanzas con la comedia ática, especialmente la de Aristófanes, quien fue el primero en retratar la práctica socrática en las Nubes.[12] Por otra parte, de manera análoga a los discursos retóricos en los que los sofistas emprenden la defensa de las heroínas y de los héroes míticos de la tradición, como lo son Helena y Palamedes, los diálogos construyen la férrea defensa de Sócrates, personaje prosaico involucrado en situaciones cotidianas que desarrolla sus acciones en el terreno de la pólis.[13] Fundiendo estos elementos, se convierten en la expresión de un modo radicalmente nuevo de hacer y de escribir filosofía que avanza sobre la tradición naturalista dando lugar a un movimiento de socratización de todo el pensamiento filosófico de la época.[14] La tradición intelectual iniciada en Jonia y en Italia en el siglo VI a. C. plasma sus investigaciones en tratados que tienen la función pedagógica de transmitir y enseñar teorías explicativas de los principios, desarrollos y cambios de la phýsis. A modo de ejemplo, se puede mencionar el poema de Parménides. Escrito en el hexámetro dactílico de la poesía de Homero y Hesíodo, y cargado de imágenes épicas, presenta a una diosa, maestra de filosofía, que expone a un joven una verdad fundamental. Por el contrario, los diálogos renuncian a ejercer esta función, al adoptar el modo socrático de filosofar que se caracteriza por la abstención de realizar afirmaciones dogmáticas en primera persona, aspecto que realza la importancia de la búsqueda del conocimiento en detrimento de su posesión efectiva.[15] Cada uno de los personajes de los diálogos expresa diversas perspectivas sobre un mismo problema que son puestas a prueba a través de un examen que muestra sus debilidades y fortalezas. Estas estrategias redefinen el modo de concebir la práctica filosófica, al priorizar la presentación y el análisis de problemas en lugar de la transmisión de respuestas. Esta investigación genera asombro, duda y perplejidad tanto en los personajes del diálogo, como en los lectores y en las lectoras que se ven involucrados como agentes de la búsqueda activa del conocimiento.[16]

Antes que diálogos “no-platónicos”, los dudosos y apócrifos son diálogos socráticos. De acuerdo con nuestra propuesta de interpretación, lo relevante no es probar que han sido o que no han sido escritos por Platón –algo que no puede saberse con seguridad–, sino destacar que constituyen una valiosa prueba que permite mostrar la importancia del género del diálogo socrático como vehículo para la expresión de ideas filosóficas. Inspirados en las enseñanzas de Sócrates, cada uno de los autores de estas obras utiliza este formato para el tratamiento original de problemas tradicionales, incorporándose como una nueva voz a los debates filosóficos de época clásica y helenística. Asimismo, dado que estos diálogos investigan algunos de los problemas abordados por Platón y por los discípulos de Sócrates, su estudio nutre el conocimiento de las discusiones y los debates originados en el interior del círculo socrático en los albores del siglo IV a. C.


  1. Diógenes Laercio, II. 108 (SSR II. A. 10, FS 78).
  2. Suda, s. v. Fedón y Diógenes Laercio, II. 105 (SSR III. A. 8, FS 1063-1064).
  3. Suda, s. v. Esquines y Diógenes Laercio, II. 60-61 (SSR VI. A. 22, 25; FS 1183, 1186). En este último testimonio se le atribuye además un grupo de diálogos considerados “acéfalos”: Fedón, Poliaino, Dracón, Erixias, Sobre la virtud, Erasístrato y los Diálogos del zapatero. Ni Erixias, ni Axíoco ni Sobre la virtud refieren a los diálogos del mismo título que forman parte del corpus platónico de textos apócrifos. Sobre los testimonios que corresponden a Alcibíades, Aspasia, Axíoco, Calias, Milcíades, Rinón, y Telauges, consúltense SSR VI. A. 41-90 (FS 1210-1275).
  4. Diógenes Laercio, II. 121 y Suda, s. v. Critón (SSR VI. B. 42-43).
  5. Diógenes Laercio, II. 122-124 (SSR VI. B. 63, 87; FS 1290).
  6. Sobre el catálogo de obras de Antístenes, Diógenes Laercio, II. 61, 64, VI. 15-18 y Ateneo, XI. 508c-d (SSR I. H. 7, V. A. 41-43; FS 792, 796, 798, 799). Sobre los títulos atribuidos a Aristipo de Cirene, cfr. Diógenes Laercio, II. 83-85 (SSR IV. A. 144, FS 553).
  7. Mársico, Claudia, Zonas de tensión dialógica. Perspectivas para la enseñanza de la filosofía griega, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2010, pp. 40-48.
  8. Giannantoni, Gabriele, “Socrate e i Socratici in Diogene Laerzio”, Elenchos, vol. 7, 1986, pp. 186-187 y Gribble, David, “Plato and the Socratics”, en Alcibiades and Athens. A Study in Literary Presentation, New York, Oxford University Press, 1999, pp. 223-230. Actualmente, no conservamos el escrito de Polícrates. Su contenido puede reconstruirse a partir de las Memorabilia de Jenofonte, la Apología de Sócrates de Libanio y el Busiris de Isócrates.
  9. Rossetti, Livio, “Le dialogue socratique in statu nascendi”, Philosophie Antique, vol. 1, 2003, pp. 11-35.
  10. Aristóteles, Poética 1447a27-b11 (SSR I. B. 2, FS 27). Sobre este testimonio, cfr. Ford, Andrew, “Sokratikoì lógoi in Aristotle and Fourth-Century Theories of Genre”, Classical Philology, vol. 105, n. 3, 2010, pp. 222-224 y Vecchio, Ariel, El efecto mimético en Poética: ¿reproducción o creación?, Tesis de Licenciatura inédita, UNSAM, 2016.
  11. Dorion, Louis-André, “The Rise and Fall of the Socratic Problem”, en Morrison, Donald, R. (ed), The Cambridge Companion to Socrates, New York, Cambridge University Press, 2011, pp. 6-18.
  12. Clay, Diskin, “The Origins of the Platonic Dialogue”, en Vander Waerdt, Paul A. (ed.), The Socratic Movement, Ithaca-New York, Cornell University Press, 1994, pp. 23-47.
  13. Mársico, C., Zonas de tensión dialógica, op. cit., pp. 43-48. Por el contrario, Rossetti, L. “Le dialogue socratique in statu nascendi”, op. cit., pp. 15-35 niega cualquier tipo de continuidad entre el diálogo socrático y los géneros tradicionales, al señalar que aquel es producto de la “estandarización” del diálogo filosófico y de la consecuente práctica de poner por escrito las conversaciones de Sócrates, surgida exclusivamente en el seno del grupo.
  14. Rossetti, Livio, “A context for Plato’s dialogues”, en Bosch-Veciana, Antoni y Monserrat Molas, Josep (eds.), Philosophy and Dialogue. Studies on Plato’s Dialogues, vol. 1, Barcelona, Barcelonesa d’Edicions, 2007, pp. 20-28.
  15. Gardella, Mariana, “Aproximación general al círculo socrático y al grupo de los filósofos megáricos”, en Las críticas de los filósofos megáricos a la ontología platónica, Buenos Aires, Rhesis, 2015, pp. 25-30.
  16. Blondell, Ruby, The Play of Character in Plato’s Dialogues, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, pp. 37-52 y Rowe, Christopher, Plato and the Art of Philosophical Writing, New York, Cambridge University Press, 2007, pp. 7-15, 28-32.


Deja un comentario