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Las relecturas de Chiaramonte según Schmit

Divergencias y convergencias. Comentarios a la ponencia “Mercados, Fiscalidad y Cuestión Regional en la obra de Chiaramonte” de Roberto Schmit

Daniel Santilli[1]

El trabajo de Roberto Schmit hace referencia a algunas de las obras de juventud de José Carlos Chiaramonte. Parodiando a unos famosos analistas podemos entonces hablar del joven Chiaramonte, preocupado por la cuestión de las clases sociales y de la dominación, es decir de la conducción, y el aprovechamiento de esa conducción, por parte de grupos que él en su momento denominaba clases sociales. Pero las obras que analiza Schmit cubren 20 años de su trayectoria, de la juventud a la madurez. Al llegar a ese punto Chiaramonte dio por terminada su incursión por la historia económica. Ya habría encontrado las explicaciones que buscaba. La existencia o no de un sector, grupo, clase, elite, etc., dominante, con un perfil determinado y con un programa de acción. Es evidente entonces el carácter supletorio que sus estudios de historia económica tenían, ya que su objetivo estaba en estudiar esa construcción social.

Desde el inicio del escrito Roberto Schmit se plantea releer a José Carlos Chiaramonte. Describe entonces esas tres tempranas obras ya mencionadas remarcando las preocupaciones de época, el clima de época, pero que sin embargo adelantan conclusiones que se adecuan más al devenir historiográfico posterior, hacia el final de la etapa en consideración; es decir lo intrincado de aplicar definiciones preconcebidas para los estudios sociales, de la caída de los grandes paradigmas, palabras a las que nos acostumbramos los que llegamos a la profesión algo más tarde.

Ahora bien, la relectura de Chiaramonte que plantea Roberto Schmit a mi juicio se apoya por lo menos en cuatro puntos de divergencia: el primero es que el análisis de la fiscalidad de la provincia de Corrientes por sí solo no explica la historia correntina, no basta con la región o provincia, debe incluírsela en el marco global del Estado protonacional, de las fronteras, de la distinción rural/urbana. José Carlos Chiaramonte pretende, dice Schmit, hacer la historia de la provincia, pero en realidad está haciendo la historia de la elite correntina. Que en definitiva fracasa, porque lo que se propone, el proteccionismo para el conjunto de las provincias firmantes del pacto federal, no lo logra. Y, agrego yo, a diferencia de sus pares porteños, no trasvasa la dinámica de sus negocios desde el comercio a la ganadería, desde lo urbano a lo rural. El proceso sigue conducido por los mercaderes que no invierten en el campo, o lo hacen sin volcar la parte principal de sus negocios.

Pero lo que marca Roberto Schmit no es la disimilitud de Corrientes, que bien muestra Chiaramonte, sino sus rasgos en común con el resto de las provincias, la guerra, la frontera y la ruralidad. Sería esta la segunda divergencia. Yo agregaría ahora la distancia con los puertos rasgo fundamental de los problemas del interior, trasladado en este caso al litoral. La crítica del autores que el análisis resulta, a esta altura, algo estático, porque no tiene en cuenta la complejización creciente de la sociedad, la entrada de nuevos actores y nuevos espacios, como el sur correntino ganadero, y la permanecía de la vieja elite, su tozudez en no auto transformarse.

Podemos decir en descargo de José Carlos Chiaramonte, –que por supuesto no necesita defensores– que la relación costo beneficio para los correntinos no era igual que en Buenos Aires, como pasaba también con Córdoba. El cuero llegaba a Buenos Aires más caro que el porteño, no podía competir. Podría haber competido quizás con la libre navegación de los ríos, pero no accedió a ella. Y cuando la tuvo tal vez ya era tarde.

Ahora bien, ¿el fracaso es por las guerras o porque no quisieron o no pudieron extender su dominio a la zona rural contigua y al sur correntino, modificada por la influencia de los mercados externos? Es la pregunta que subyace en Roberto Schmit. Una burguesía que nunca dejó de ser urbana y mercantil, que nunca se convirtió en rural y ganadera. Y una pregunta que surge más o menos tácitamente del encuadre de Schmit. ¿Es eficiente el proteccionismo, bandera por antonomasia de los mercaderes correntinos, en un solo espacio regional? En un mar de librecambio, ¿qué pasa con las islas proteccionistas? Se aíslan y se autocontemplan. El ejemplo es Paraguay y su tragedia.

Otra cuestión es el de la fragmentación de los mercados. Un tópico relevante en la producción de Chiaramonte, que a su vez explica la conformación de las provincias. Pero otros trabajos relativizan ese aislamiento, ya que los contactos habrían sido mayores. Aquí está la tercera divergencia. Menciona Roberto Schmit que la concurrencia al mercado estaba extendida a los pequeños productores, ya probada por cierto. Habría que estudiar si la intervención de estos actores supera a la región. Es decir si los sectores populares superaban el marco de la ciudad cabecera y concurrían por sí solos a otros espacios. Si no acudían, quedaban igual sometidos a la interconexión que hacían los mercaderes, pero, ¿seguían siendo los mercaderes los conectores? Si es así, el argumento de Schmit no contradice totalmente al del autor comentado. Tal vez se podría hablar de punto intermedio, campesinos que producen para el mercado, pero la conexión inter ‒ ciudades la hacen los mercaderes aunque no puedan imponer totalmente su voluntad.

El cuarto y último es el tema del equilibrio financiero del Estado correntino. Los problemas de déficit, que Chiaramonte achaca a la guerra, Roberto Schmit hace ver, con razón, que la guerra afectaba a todas las provincias, por lo que el problema no es exclusivamente ese, sino el desarrollo exportador y el aumento de las importaciones. Es decir, el mal del siglo, la lejanía del puerto (y el cierre de los ríos). Yo creo que esto último es el más importante, la prohibición de navegar libremente el río Paraná para que el mercado externo se lleve sus productos. Estoy hablando de la producción ganadera, la única con posibilidades ciertas en ese mercado, obligando a los productores a usar la vía alternativa e ilegal del oriente entrerriano. De modo que la falta de recursos tiene que ver con el pobre desempeño de la economía del norte correntino, la falta de exportaciones y la relativamente escasa importación, dado el carácter proteccionista del sistema. No tenían las rentas de aduana de Buenos Aires, por lo que no se les ocurrió inventar el papel moneda. Si la excepción correntina pasa por la estabilidad fiscal, es un mérito que evidentemente no basta para el crecimiento, tenemos experiencias contemporáneas al respecto. Buenos Aires suplía la falta de estabilidad fiscal con los derechos de importación sobre mercancías que luego iban a todo el espacio. Y con un mercado externo ávido. Y con la emisión de papel moneda.

Me interesaría agregar en este recorrido de la obra de José Carlos Chiaramonte unas pocas reflexiones a partir de “La cuestión regional…”, introducción de Mercaderes… donde la preocupación siguen siendo los sectores dirigentes, la inexistencia de una clase dirigente a nivel nacional. Es, a mi juicio, la parte más perdurable de la obra sobre economía de nuestro autor. En Mercaderes… al respecto dice Schmit que Chiaramonte abandona la perspectiva de clase. Yo creo que lo que abandona es la expresión “clase”, pero siguen siendo su preocupación los sectores dominantes, aquellos sobre los cuales recae, según el autor, la responsabilidad de dirigir el proceso de construcción de las instituciones de las provincias y por extensión de la futura Nación. La lectura entre líneas de esos párrafos me lleva a pensar acerca de la existencia o no de las burguesías nacionales. Aunque no lo diga expresamente, está en Chiaramonte en el fondo de sus aseveraciones la idea de que las burguesías nacionales no existen: la burguesía tiene cada vez menos nacionalidad, como el capital, en esta etapa de la primera globalización. Y priman, como no podía ser de otro modo, sus intereses. En ese sentido sigue la línea de Nacionalismo…, aunque no hable de burguesía sino de comerciantes; pero ahora acercando la lupa a través del análisis regional. Y como no había encontrado a los actores buscados en Nacionalismo…, los va a buscar a la primera etapa independiente, a la primera mitad del siglo. Así, vive como una frustración que no hayan generado una política nacionalista y proteccionista, pero ese sentimiento es del autor, no de los protagonistas, ya que ellos nunca sintieron que tenían una misión diferente a la que estaban llevando a cabo. Uno se frustra cuando no puede hacer lo que se propone; este no es el caso. En consecuencia las tan mentadas burguesías nacionales no existieron, solo fueron burguesías, atentas a sus intereses, como corresponde, lamentablemente. Aunque hoy no piense en frustración, sí lo pensaba en aquel tiempo, acompañando el clima de época.

En definitiva esta preocupación por los grupos sociales dominantes, o por las clases sociales, derivan en su último libro, Usos políticos de la historia, en cuyo primer capítulo acomete sobre el concepto de clase.

Ante las observaciones o las actuales relecturas de la obra de José Carlos Chiaramonte hay una que sobresale, que es que las cosas a la caída de Rosas o tal vez antes ya habían cambiado, época de la que él no se ocupa. Chiaramonte repetiría ante esa observación aquello que los que trabajamos cerca de él hemos escuchado muchas veces. “Yo llegué hasta aquí, que otros sigan…” Eso es lo que está demostrando Roberto Schmit, que seguimos…


  1. Instituto Ravignani / Universidad de Buenos Aires.


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