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Una nota acerca del impacto de la obra de José Carlos Chiaramonte en Brasil[1]

João Paulo Pimenta[2]

A mediados de 1992, el historiador brasileño nacido en Hungría, István Jancsó reunió en el Departamento de Historia de la Universidade de São Paulo un pequeño grupo de jóvenes investigadores, a los cuales les presentó un proyecto de investigación que articulaba básicamente dos ejes: la llamada “cuestión nacional” y la formación de Brasil en los siglos XVIII y XIX. Autores como Benedict Anderson, Eric Hobsbawm, Pierre Vilar, Anthony Smith y Ernest Gellner fueron leídos y discutidos colectiva, regular y rigurosamente, en muchas ocasiones de manera impiadosa; entre ellos se destacaría otro autor, seguramente uno de los más aptos para replantear la cuestión nacional en términos compatibles no solo con premisas metodológicas inevitables para el historiador, sino también observando el problema –crucial para Jancsó y su grupo de investigación– de las relaciones entre las realidades coloniales y nacionales en el contexto de las independencias iberoamericanas.[3]

Los trabajos de José Carlos Chiaramonte –especialmente sus artículos publicados desde 1989 en el Boletín del Instituto Ravignani[4]– motivaron, en aquel núcleo historiográfico brasileño entonces en formación, diversos proyectos de investigación que continuarían desdoblándose durante varios años.[5] En el año 2001, el mismo Chiaramonte pudo ver in loco el impacto de su obra en aquel ambiente académico específico, cuando participó en un congreso realizado en la Universidade de Sao Paulo, en el cual, durante cinco días y en diez extensas sesiones, se reunieron varios historiadores, filósofos y cientistas sociales interesados en el problema nacional brasileño, tanto desde una perspectiva americana como mundial. En medio de los diversos abordajes y contribuciones, confrontados en un evento de gran repercusión, el corte exclusivamente modernista de Hobsbawm o de Gellner, las imprecisiones idealistas de Anderson, así como la obsesión clasificadora de Smith, fueron rápidamente cediendo lugar a abordajes como los de la historia conceptual de la nación en el Antiguo Régimen y sus relaciones con las naciones concebidas como “modernas”, los juegos políticos de identidades y alteridades colectivas, y los alcances sociales de los discursos e ideas políticas.[6]

Desde entonces, los abordajes acerca de la historia de Brasil en su violento y contradictorio proceso de constitución en un Imperio en el siglo XIX –así como acerca de sus relaciones con el contexto americano y mundial que, lejos de aislarlo, le dieron pleno sentido histórico– ganaron un renovado prestigio.[7] Después de la tenebrosa vigencia de la última dictadura cívico militar brasileña (1964-1985), en la que la fuerte contracción del trabajo intelectual en el país había ocasionado daños a los temas entonces considerados como bastante “oficiosos”, el interés profesional por la investigación de la Independencia, la formación de la nación y del Estado brasileños comenzó a ganar un impulso fuerte y creativo, en el que la obra de José Carlos Chiaramonte cumplió un papel importante. Hasta entonces sus trabajos eran más conocidos por los historiadores brasileños dedicados a los estudios de economía, sociedad y política de las regiones de frontera, especialmente por aquellos que actuaban en los pujantes ambientes académicos del sur de Brasil, principalmente en Río Grande del Sur[8]; no obstante, esa obra también comenzaría a ser valorizada en otros espacios de investigación.

Hay que subrayar el gran –y aún creciente– número de historiadores brasileños que se dedican a temas variados de historia política, económica y cultural de América entre los siglos XVIII y XIX, destacándose los procesos de independencia y la formación de los Estados nacionales. Amparados en la omnipresencia de un curso llamado “Historia de América” en los departamentos de Historia existentes en el país, y que en la mayor parte de las veces transforman tal expresión en sinónimo de “Historia de la América española”, en esos temas, como es de esperarse, se acostumbra a recurrir a historiadores hispanoamericanistas, que puedan ofrecer puntos de partida confiables respecto a las investigaciones desprendidas de una cultura de historia brasileña –como, por ejemplo, se observa en mucho países– fuertemente influenciada en contenidos nacionales. Aquí también la obra de Chiaramonte desempeñó un papel importante.[9]

Hoy, cada vez más cosmopolita, la historiografía brasileña articula sus muchos ambientes académicos y universitarios regionales, conectándolos con otros, americanos, europeos, africanos e incluso asiáticos; reúne millares de historiadores actuantes en más de cincuenta programas de posgrados en Historia y en más de una centena de universidades; se dedica a una gran variedad de temas, aun cuando aún son numéricamente más evidentes aquellos que están directamente dirigidos a la historia del propio país. Si bien las historiografías de corte nacional, tan bien criticadas en sus fundamentos como bien desenmascaradas en sus efectos por el mismo Chiaramonte, todavía son una realidad concreta en muchos países del mundo actual –tal vez en la mayoría de ellos– donde continúan correspondiendo a demandas sociales fuertes (muchas veces legítimas) que a veces escapan del impacto de la actuación del historiador, es con esta historiografía voluminosa, plural y cada vez más profesional, que los trabajos de José Carlos Chiaramonte continúan contribuyendo, y en la cual su nombre goza hoy de gran respeto. Incluso por haber colaborado para que Brasil – al menos, el de los intelectuales – se conociera mejor a sí mismo.

 


  1. Traducción de Oscar Javier Castro.
  2. Departamento de Historia, Universidade de São Paulo.
  3. Sobre la trayectoria de Jancsó, véase: Marco Morel, Andréa Slemian y André Nicácio (orgs.), István Jancsó: um historiador do Brasil. São Paulo, Hucitec, 2010.
  4. José Carlos Chiaramonte, “Formas de identidad en el Rio de la Plata luego de 1810” en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. E. Ravignani”. Tercera serie, núm. 1, primer semestre 1989; y, José Carlos Chiaramonte, “El mito de los orígenes en la historiografía latinoamericana” en Cuadernos del Instituto Ravignani, núm. 2, Buenos Aires,Facultad de Filosofía y Letras,1993. Poco después, también: José Carlos Chiaramonte, “El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX”. En: Marcello Carmagnani (coord.), Federalismos latinoamericanos: México/Brasil/Argentina. México, Fondo de Cultura Económica, 1993, pp.81-132.
  5. Como, por ejemplo, los trabajos de Roberta G. Stumpf, Filhos das minas, americanos e portugueses: identidades coletivas na capitania das Minas Gerais (1763-1792). São Paulo, Hucitec / FAPESP, 2010; Ana Rosa C. da Silva, “1808 e seus impactos no processo de politização das identidades coletivas: Minas Gerais, 1795-1831” en Revista de História, núm. 159, segundo semestre de 2008, pp.187-224; Ana Rosa C. da Silva, “De comunidades a nação: regionalização do poder, localismos e construções identitárias em Minas Gerais (1821-1831)” en Almanack Braziliense, núm. 2, novembro 2005; István Jancsó y João Paulo Pimenta, “Peças de um mosaico (ou apontamentos para o estudo da emergência da identidade nacional brasileira)” en C. G. Mota (org.), Viagem incompleta. A experiência brasileira (1500-2000). Formação: histórias. São Paulo, Senac, 2000, pp. 127-175; y Thomas Wisiak, A “nação partida ao meio”: tendências políticas na Bahia na crise do Império luso-brasileiro, São Paulo, FFLCH-USP, 2001 (tesis de maestría).
  6. Sus resultados más expresivos fueron publicados en István Jancsó (org.), Brasil: formação do Estado e da nação, São Paulo, Hucitec / FAPESP / Editora Unijuí, 2003. El trabajo de Chiaramonte se intitula “Metamorfoses do conceito de nação durante os séculos XVII e XVIII”, pp. 61-91.El proyecto coordinado por Jancsó realizaría otros dos encuentros semejantes, en 2003 y 2005, con sus respectivas publicaciones: István Jancsó (org.), Independência: história e historiografia, São Paulo, Hucitec / FAPESP, 2007; y Vera Nagib Bittencourt, Wilma Peres Costa y Cecília Helena Oliveira (orgs.), Soberania e conflito: configurações do Estado nacional no Brasil do século XIX, São Paulo,Hucitec, 2010.
  7. Un excelente balance historiográfico es el de Wilma Peres Costa, “A independência na historiografia brasileira”. En István Jancsó. (org.), Independência: história e historiografia, cit., pp. 53-118. También véase Jurandir Malerba, “Esboço crítico da recente historiografia sobre a independência do Brasil (c.1980-2002)”. En J. Malerba (org.), A Independência brasileira: novas dimensões. Rio de Janeiro, Editora FGV, 2006, pp. 19-52; y, João Paulo Pimenta, “The Independence of Brazil: a Review of the Recent Historiographic Productionˮ en E-journal of Portuguese History, vol. 7, 2009.
  8. Algunos ejemplos significativos son los trabajos de Susana Bleil de Souza, Cesar Augusto Guazzelli, Helen Osório y Maria Medianeira Padoin, entre otros. Un documento de esta vertiente de recepción es el de Cesar Guazzelli y Maria M. Padoin, “ʽAmérica Latina al final del milenioʼ: entrevista com os historiadores argentinos Tulio Halperín Donghi e José Carlos Chiaramonte”. En Anos 90 – Revista do Programa de Pós-Graduação em História da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, v.10, núm. 18, 2003, pp.145-154.
  9. Vale la pena mencionar la traducción al portugués de uno de sus libros en Brasil. José Carlos Chiaramonte, Cidades, províncias, estados: origens da nação argentina (1800-1846). São Paulo, Hucitec, 2009 (traducción: Magda Lopes).


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