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Una ocasión para reflexionar sobre la historia y un homenaje a José Carlos Chiaramonte

Este número especial del Boletín publica el resultado de las Jornadas Pensar la historia rioplatense e iberoamericana entre el fin del Imperio y la construcción de las naciones, que organizó el Instituto Ravignani los días 21 y 22 de mayo de 2015 en nuestra sede de 25 de Mayo 217, en el salón que gentilmente nos prestó el Centro Cultural “Paco Urondo”, previendo ‒como se comprobó con creces‒ que la sala más grande del Instituto no iba a poder dar cabida a toda la gente que participó en las mismas.

Estas Jornadas se hicieron en homenaje a José Carlos Chiaramonte, quien fuera director del Instituto durante 25 años, hasta finales de 2012. Como es sabido, su gestión significó un cambio radical en el lugar del Instituto en la historiografía y las ciencias sociales en Argentina, haciéndole ganar también al Instituto un lugar de renombre a nivel internacional.

Pero la relevancia de la labor de Chiaramonte radica además, y sobre todo, en su rica y prolongada obra de investigación, la cual, a su vez, generó una producción historiográfica que ha renovado sustancialmente un conjunto de problemas centrales de la historia argentina y latinoamericana, y cuya influencia se nota, desde hace varias décadas y hasta la actualidad, en la agenda de investigaciones. Inclusive diría que algunos de sus aportes han logrado influir, cosa muy rara, en el sentido común histórico de la sociedad, y por lo tanto su contribución trasciende al mundo académico.

Las Jornadas buscaban discutir esos aportes y esa agenda de investigación; y, para ello, convocamos a numerosos especialistas del país y del exterior, quienes aceptaron gustosos el desafío de abordarlos, organizados en cuatro grandes ejes temáticos: “Tradiciones intelectuales y fundamentos ideológicos de los procesos de independencia”, “Estado, nación y federalismos en el siglo XIX”, “Mercados, fiscalidad y cuestión regional” y, finalmente, un bloque de carácter más teórico e historiográfico que denominamos “Las formas de pensar la historia”. Si bien estos cuatro ejes no agotan el amplio abanico de problemas estudiados por Chiaramonte, permitieron discutir lo que creímos fueron los principales aportes realizados por él en su larga, fructífera y aún muy activa carrera de historiador.

En cada uno de ellos encomendamos a un destacado especialista que ofreciera un primer panorama sobre el tema en cuestión y a varios otros que aportaran sus puntos de vista alrededor de esa primera intervención, a fin de generar un intercambio de ideas y no simples presentaciones independientes unas de otras. Con esto buscamos fomentar el debate académico, algo que Chiaramonte ha siempre procurado hacer y procura todavía, a sus jóvenes 84 años, como modo de avanzar en el trabajo intelectual.

El resultado está a la vista y estamos seguros de que los lectores compartirán con nosotros tanto la alegría de haber realizado este más que merecido homenaje, como la calidad de los resultados del encuentro. Nos pareció que este número se enriquecería agregando una larga y deliciosa entrevista a Chiaramonte que encomendamos a dos lectores inteligentes de su obra, Raúl Fradkin y Roberto Di Stefano. Igualmente sumamos una especie de reseña autobiográfica escrita por el homenajeado hace un tiempo y un listado que recoge toda su bibliografía, obviamente inconclusa, ya que Chiaramonte sigue trabajando y produciendo nuevos textos constantemente.

Antes de cerrar esta breve introducción necesito agradecer a todos los que hicieron posible ese encuentro y esta publicación.

En primer lugar al comité organizador del mismo, presidido por Noemí Goldman, quien trabajó incansablemente para garantizar el éxito de las Jornadas, e integrado además por Raúl Fradkin y Julio Djenderedjian, quienes contaron con la colaboración decisiva para todas las cuestiones operativas de Daniel Santilli. Luego, obviamente, a todos los ponentes y comentaristas, quienes aceptaron con alegría sumarse a este desafío, no sólo abordando la complejidad de los aportes historiográficos de Chiaramonte sino también, a veces, consiguiendo su propio financiamiento para poder participar del encuentro.

Durante el desarrollo de las Jornadas decidimos pedir que coordinaran las cuatro sesiones a otros tantos colaboradores y discípulos de Chiaramonte, quienes cumplieron con creces con el pedido de organizar las intervenciones y asegurar la participación de todos, incluyendo al numeroso público que participó a lo largo de los dos días que duraron las mismas. Ellos son Valentina Ayrolo, Nora Souto, Sonia Tedeschi y Hernán Bransboin.

Por supuesto que la magnitud misma de estas Jornadas involucró necesariamente el apoyo de todo el Instituto, de modo que mi agradecimiento va a todos sus integrantes, así como a las Instituciones que prestaron el imprescindible apoyo material para realizarlas: el CONICET, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y el Centro Franco Argentino de Altos Estudios.

Finalmente quiero agradecer especialmente a José Carlos Chiaramonte que disfrutó, participó intensamente y aun recibió estoicamente algunos comentarios críticos (pocos), como se esperaba de unas Jornadas como éstas.

No puedo terminar sin hacer un reconocimiento personal a José Carlos Chiaramonte, cuya amistad me honra desde hace más años de los que fue director del Instituto. Y me permito repetir unas palabras que escribí en el prólogo de un libro publicado cuando él era el director del Instituto y yo todavía un “joven” investigador del mismo:

…tengo una deuda especial con José Carlos Chiaramonte, director del Instituto Ravignani de la Universidad de Buenos Aires, lugar donde desarrollé la mayor parte de la investigación que este libro refleja. El clima de calidez humana, de respeto al trabajo intelectual, de debate, de colaboración, que ha sabido crear en el Instituto lo he visto pocas veces en otros Institutos de Investigación en la Argentina y en distintos lugares del mundo por donde he pasado. En un medio donde muchas veces se premia más la fidelidad al grupo, que la riqueza de la labor científica y la independencia de ideas, no creo equivocarme al decir que el Instituto bajo su dirección se ha convertido en un lugar raro y digno de ser imitado en otros lados.

No es fácil la tarea que me ha tocado, habiendo sucedido en ese mismo cargo a José Carlos Chiaramonte, pero le agradeceré siempre todo lo que he aprendido a su lado.

 

Jorge Gelman

Director

Instituto Ravignani



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