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Mercados, fiscalidad y cuestión regional en la obra de Chiaramonte

Roberto Schmit[1]

Fecha recepción: 13 de abril de 2015

Aprobación final: 21 de octubre de 2015

 

Una tan extensa y fructífera contribución a los estudios históricos, como son los trabajos de José Carlos Chiaramonte, aun cuando se la trate de abordar desde el campo específico de los problemas sobre la cuestión regional, la fiscalidad y el mercado–como aquí se intentará– no es sencilla de acotar ni de reseñar de manera plena y en justa medida en unas pocas páginas. Ello en gran medida se debe al tipo de aproximación compleja y cambiante que el autor mantuvo sobre aquellos tópicos, que no abordó solamente desde la preocupación por el pensamiento y la dinámica socio-económica, sino que diría lo ha hecho casi desde una “historia total”. Además –como ya sabemos según su propio parecer–Chiaramonte nunca se consideró como un intérprete centrado puntualmente en la historia socio-económica. Así entonces más bien aquellas cuestiones que me interesa enfocar aquí forman parte de las inquietudes de una agenda más amplia de un historiador que expresa en sus investigaciones preocupaciones y preguntas profundas y estructurales.

Con esas premisas generales planteadas, en este ensayo desarrollaré un análisis en dos niveles de registro sobre los aportes de Chiaramonte a partir de algunas de sus principales obras. Al inicio se trata de presentar cómo entiendo se fueron tejiendo las contribuciones del autor sobre el mercado, la fiscalidad y la cuestión regional, sobre todo paradar cuenta del contexto de emergencia y recorrido de aquellos tópicos. Luego consideraré algunas de sus posibles relecturas a partir de los desarrollos actuales de la historiografía.

Trayectoria de los problemas y enfoques

Desde su primer libro Chiaramonte ha producido textos que, desde una exploración sólida y sutil, enlazaron en sus preguntas y respuestas el desarrollo de explicaciones sobre el mercado y la fiscalidad en sintonía con las peculiaridades propias de la sociedad y política de la historia Latinoamericana. Así, en tres de sus principales libros y en numerosos artículos podemos encontrar propuestas que van desde la reflexión y el aporte teórico-metodológico hasta la explicación de los diversos procesos históricos decimonónicos.[2]

En aquella senda, en 1971 publicó un libro trascendente cuyo título Nacionalismo y Liberalismo Económicos en Argentina denotaba una preocupación de época por explorar en la segunda mitad del siglo XIX la emergencia de actores socio-políticos fundantes del pensamiento nacional. Es decir, en otras palabras: se pretendía testear la existencia y los alcances de los actores políticos y también de una posible burguesía que encarnara por entonces los principios del proteccionismo y del desarrollo económico industrial en la Argentina.[3]

¿Qué compartía aquella preocupación del autor con la historiografía y el clima de ideas y programas políticos de la época? Sin duda mucho, pues como sabemos durante aquellos decenios en los debates políticos anti-imperialistas e intelectuales latinoamericanos del momento estaban presentes un conjunto variado de problemas. Por una parte, existía una fuerte impronta del pensamiento desarrollista frente al atraso latinoamericano, que buscaba impulsar al sector industrial nacional para recorrer los caminos del desarrollo económico sustentable y autónomo. Por otra parte se llevaba adelante otro intenso debate sobre el desarrollo histórico del tránsito y las posibles etapas del feudalismo al capitalismo en la historia latinoamericana. También circulaba con éxito una amplia historiografía europea tributaria de las intensas preocupaciones por las fases del desarrollo y las tendencias en las disputas sobre las libertades y las restricciones económicas en el marco de la formación de los Estados modernos.

Así en Nacionalismo y liberalismo..., nos encontramos con un Chiaramonte que plantea un análisis de clases en la frustrada constitución de una burguesía industrial nacional exitosa. El enfoque del texto se presenta a través de diversos planos de abordaje, uno más propio del análisis sobre la marcha de la estructura económica (el nivel productivo rural, las políticas fiscales-monetarias) y otro en el que aborda el efecto de las crisis coyunturales sobre la estructura. En otro plano trabaja la evolución del pensamiento económico y el análisis político específico sobre los proyectos en el Congreso Nacional y en el seno de los principales sectores políticos.

En aquel abordaje sobre el pensamiento económico, Chiaramonte pone en juego un conjunto heterogéneo de ideas económicas recuperando tradiciones del pensamiento económico vitales durante el siglo XIX.[4] Además, en ese recorrido el autor trata de desentrañar si el proteccionismo en definitiva fue la expresión de un conjunto de intelectuales y asimismo el fruto de la existencia de un grupo productivo que realmente expresaba los intereses de una clase social, de una burguesía industrial o de otro tipo.

En definitiva, detrás de su análisis sobre el mercado y la fiscalidad, sobre todo en la dinámica coyuntural emergente de las crisis de 1866 y 1873, su pregunta clave es: ¿había un nacionalismo económico encarnado por una clase burguesa que, frente a los límites económicos que la crisis mostraba, planteaba la posibilidad de una política de desarrollo con plena independencia nacional? Algunas de sus conclusiones fueron:

Que la burguesía Argentina era dependiente del mercado exterior, resultaba librecambista y enemiga del proteccionismo, y asimismo mostraba que el sector industrial nativo era muy débil pues dependía del mercado externo. En ese contexto mientras hubo buenos negocios a la clase dirigente no le preocupó el tema del desarrollo nacional. Por ello los grupos proteccionistas y la ideología nacional surgieron tardíamente, luego de las crisis coyunturales, y con muchos límites durante la década de 1870. Durante las coyunturas críticas de la fiscalidad y de baja en los mercados exportadores, el pensamiento proteccionista lograba cierta expansión y declinaba luego cuando la economía tradicional se reacomodaba. De manera que quedaba planteada la frustración de la madurez de una burguesía nacional proteccionista, a pesar de que habría existido una fuerte presencia de la ideología nacionalista.

En una jerarquía menor, en el texto el autor también remarca otras consideraciones importantes al señalar que la trayectoria económica y social había tenido una fuerte dispersión geográfica Y que el grupo de intelectuales y actores estaba cruzado por fuertes regionalismos. Esos problemas regionales y la persistencia del crecimiento desigual eran incluso muy significativos y visibles aún dentro del Litoral. Por lo cual la distinción regional podría registrarse como una clave exploratoria tanto para comprender el desarrollo económico como para analizar el reparto de las rentas nacionales, el déficit fiscal de la deuda pública y el acceso al capital extranjero.

Pero aquellas cuestiones –que imbricaban el análisis de las clases, de las políticas y el mercado–tomarían nuevos rumbos en sus trabajos pocos años después, cuando la violencia político-estatal llevaría al autor a transitar obligadamente otros caminos. Así, desde su exilio, Chiaramonte mantuvo su interés por aquellos tópicos y al mismo tiempo puso en revisión sus perspectivas en un nuevo escenario con renovadas realidades de enfoques y problemas históricos.

En 1983, ya fruto de la experiencia mexicana, se publicó Formas de sociedad y Economía..., donde nos presenta una serie de reflexiones y propuestas importantes como una respuesta a la saga de los debates previos y como insumos promisorios para su obra posterior. Así por entonces emerge, desde una perspectiva de reflexión teórica-metodológica y desde una mistura de los estudios novohispanos y rioplatenses, una continuidad en su preocupación por el pensamiento de una nueva economía política y otros textos que fueron conformando una renovada matriz de problemas para la perspectiva histórica en Hispanoamérica.[5]

Si en Liberalismo y proteccionismo estaba la impronta de clase (la burguesía nacional, fracasando o no) y había una fuerte necesidad de comprender las etapas de la construcción de una política económica para el desarrollo, aquellos paradigmas de clase y de transición socio-económica comenzaron a ser reexaminados tanto desde una perspectiva teórica como desde las propias trayectorias del análisis histórico. Así en Formas de Sociedad y Economía… se pueden recorrer diversos apartados dedicados a la génesis del diagnóstico feudal hispanoamericano, a la discusión sobre los modos de producción para la periodización histórica, al dominio del capital comercial en la economía novohispana y a las formas de producción en vinculación con las relaciones sociales.

Precisamente me interesa detenerme –de manera muy rápida y general– sobre algunas de las múltiples cuestiones planteadas en los dos últimos apartados del libro y su influencia en sus escritos posteriores. En el trabajo, simplificando sus argumentos, se plantea con claridad la dificultad que representa para Hispanoamérica tomar una periodización y conceptualización de los modos de producción. Por una parte, porque advierte sobre las razones más políticas que académicas de ese abordaje; y por otra, porque plantea la necesidad de superar la artificialidad de esos enfoques, que carecen de trabajos sólidos sobre la historia latinoamericana. Además Chiaramonte discute la idea central de considerar a la producción (agraria o minera) como dominante de la economía. En cambio propone ver al sector mercantil en aquel rol, lo cual de alguna manera explicaría también por qué la polémica feudal o capitalista no había dado los frutos esperados.

De manera que en el texto se fortalece la idea del dominio del capital comercial para un período y un espacio histórico propio americano que podría situarse en una economía pre-capitalista. Asimismo, los mercaderes coloniales también tenían sus formas de dominación social que no emanarían del nivel de la producción sino de la circulación. Por tanto entonces, el espacio de referencia de ese dominio no sería un espacio nacional sino el de un mosaico de economías locales donde la mayoría de la población producía para su propio consumo, y donde sería posible que el capital comercial se apoderara de los excedentes y explotara a las producciones domésticas y artesanales. Esa posición sobre la condición hegemónica de los mercaderes, expresada sobre todo para el caso de la economía mexicana colonial del siglo XVIII, sustentaba entonces un ejemplo histórico concreto de cómo aquella forma de dominio del capital mercantil, en un contexto paradójico de escasez de circulante, controlaría también el orden financiero y de la producción.

Pero la dificultad histórica a resolver sería aún mayor ya que la otra cuestión central advertida en el libro es cómo definir o calificar a los sectores productivos, es decir cómo definir las formas sociales heterodoxas de los complejos actores sociales del mundo hispano-americano. En definitiva, siguiendo cualquiera de los caminos posibles abordados en Formas de Sociedad y Economía, se concluye que se trata de llevar adelante un nuevo camino o programa de trabajo para las investigaciones históricas latinoamericanas.

¿Podemos entonces tomar Mercaderes del Litoral –un estudio sobre la economía y la sociedad de Corrientes– como un ejemplo de respuesta para aquella agenda de problemas? Creo que sí, y además también considero que esa obra es un punto parcial de llegada y partida para analizar las cuestiones sobre regiones, mercados y fiscalidad.

Así finalmente, en 1991 y ya en Buenos Aires, Chiaramonte publicó Mercaderes del Litoral, que reúne un conjunto de trabajos escritos desde 1974 hasta el momento de su edición.[6] En este libro se pondrá en juego un deslizamiento de su mirada sobre cuestiones significativas para su derrotero historiográfico.

Abandona definitivamente la perspectiva de clases propia del debate de los sesenta y el sujeto social será ahora encarnado centralmente por los mercaderes, los que portaban perfiles tradicionales y un conjunto de ideas económicas fuertemente vinculadas al neo-mercantilismo. La preocupación por el derrotero de la etapa industrialista dejará paso a un cambio en su horizonte, donde emerge la exploración de una sociedad más “antigua” en un encuadre pre-capitalista. En tanto en la espacialidad, el autor dejará de lado la matriz nacional para regenerar su reflexión sobre la importancia de la cuestión regional y para encontrar un nuevo sujeto significativo que define la primera mitad del siglo XIX:“la región-provincia”.

Así, siguiendo la pista de la cuestión regional, centra el análisis sobre la provincia de Corrientes, como un contraejemplo significativo de una historiografía argentina aún de matriz porteñista, mostrando al mercado y la fiscalidad en el Río de la Plata decimonónico como elementos centrales para comprender la naturaleza histórica de la clase dirigente y del Estado provincial correntino. Así también al estudiar Corrientes el autor recupera nuevamente aquellos debates de la década de 1830, que en “Liberalismo y Nacionalismo..” aparecían solo como antecedentes del pensamiento nacional, para transformarse en “Mercaderes…”en un nudo central para la historia regional.

Por tanto queda revelado en el autor un corrimiento en su preocupación por estudiar las características socio-económicas de los grupos sociales dirigentes y la “cuestión regional” centrado en la primera mitad del siglo XIX.

Por lo tanto en el libro se trata de entender qué eran y qué se proponían los líderes correntinos, para acometer su empresa como grupo social con un programa propio de política económica frente a los mercados y la fiscalidad, en una línea exploratoria tanto de su pensamiento como de sus prácticas económicas. Así, a partir del caso provincial, Chiaramonte se interesa nuevamente por la naturaleza de las rentas públicas, el comercio, la producción, la navegación de los ríos, que al mismo tiempo son insumos vitales para comprender la cuestión regional y la potencialidad del debate sobre la organización nacional. De manera que su trabajo sobre la historia de la provincia solo es una manera de acometer la compleja empresa de definir históricamente a los grupos sociales dirigentes y su programa económico en los múltiples planos que abre el conflicto regional y el proyecto nacional.

Así en ese complejo y cambiante derrotero de varias décadas de contribuciones sobre la historia rioplatense, Chiaramonte, tuvo varias virtudes sobresalientes. Como actor muy atento a las preguntas y las tendencias de cada época nos propuso de una manera totalmente auténtica (original, sin copiar recetas ajenas, y fruto de complejos estudios de casos) un sendero de valiosos hallazgos y respuestas, tanto para promover herramientas conceptuales y metodológicas como para interpretar los procesos históricos. Por ello, en buena parte de sus estudios, se destacó mucho por sus aportes capaces de abordar simultáneamente la cuestión regional y el mercado en un relacionamiento complejo con la dinámica de los grupos sociales y los proyectos políticos.

Repensando los problemas y las cuestiones

Sin duda Mercaderes….,como punto de llegada de aquel largo recorrido, representa una referencia obligada para la historia rioplatense caracterizada por la centralidad de los problemas regionales emergentes de la crisis del antiguo virreinato del Plata. Así se explora la emergencia de una clase dirigente provincial con una impronta neo-mercantilista y un espacio económico diverso caracterizado por ser mercados locales fragmentados con predominio de capital mercantil. Esa advertencia y esa línea marcada por el libro sobre la necesidad de analizar históricamente los problemas regionales, con sus componentes de pensamiento y prácticas socio-económicas, es sin duda una senda muy fructífera que abrió una línea de relectura tanto para los problemas coloniales, como para la “revolución territorial” poscolonial de las provincias, y en la posterior formación de los Estados nacionales.

De modo que el estudio sobre la provincia de Corrientes posibilitó abordar un caso y comprender una historia sumergida y distinta en el contexto de las contribuciones sobre la época en la cual predominaba una mirada general muy apegada al rápido impacto de la emergencia del libre-comercio, la expansión ganadera y mercantil y una nueva matriz fiscal que daba paso a un nuevo orden de la pos-revolución. En ese sentido sin duda Corrientes resulta un contraejemplo que logra con éxito mostrar la regeneración de una elite tradicional mercantil urbana que gobernó a su manera durante las primeras décadas pos-revolucionarias.

Pero si la obra consolida un notable estudio de caso que plantea la centralidad del abordaje regional, esa historia de la provincia-región puede ser reexaminada desde otros abordajes explicativos más recientes que muestran el carácter de sociedad de frontera cambiante de aquella provincia litoraleña, que ofrece otras posibles lecturas para el derrotero de la dirigencia correntina y su peculiar historia comercial y fiscal.

Entonces dentro de esa nueva matriz provincial, un espacio en construcción, es interesante ver si Mercaderes... puede ser re-pensado como una historia de la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX o como una historia de la elite mercantil de la ciudad de Corrientes y su hinterland dominando básicamente la etapa emergente región-provincia. Es decir que Chiramonte nos ha mostrado muy acertadamente cómo transitó la vieja elite de Corrientes las décadas iniciales de la construcción de la nueva historia regional-provincial. El enfoque es muy rico en la exploración de la génesis provincial en las primeras décadas pos-revolucionarias. Pero en la historia correntina del período hubo sensibles transformaciones, al punto que no sería aquella misma elite, con sus ideas y sus estrategias, la que lograría finalmente triunfar y retener con éxito el gobierno y el control del desarrollo económico provincial.

Por tanto, más allá de ser un interesante contraejemplo regional pos-revolucionario, el argumento de una elite urbana mercantil controlando el territorio y el gobierno y desarrollando una política mercantilista, parece expresar más bien una herencia colonial con una regeneración temprana exitosa que la resultante final fruto del propio proceso analizado hasta mediados del siglo XIX en la historia confederal de las provincias rioplatenses. Así, si el fracaso de la elite urbana mercantil correntina, como el autor afirma –al mando de la provincia y como referente del espacio regional– es sobre todo producto de los costos de las guerras contra Buenos Aires y sus aliados, también debemos incorporar el peso de otras cuestiones como fueron el resultado ambiguo del mercantilismo y sobre todo, el avance de una nueva territorialidad y de actores socio-económicos con una frontera móvil al interior, con una creciente mercantilización de la población y el ascendente lugar político que tuvieron esos actores e intereses de la frontera del Oriente y el Sur de la provincia.

Es decir, nos interesa reflexionar sobre en qué medida la cuestión regional y el estudio de Chiaramonte sobre Corrientes, con sus notables peculiaridades, aun rescatando con maestría un núcleo central de la génesis inicial de esa historia, nos ofrece un resultado algo estático y recortado sobre su desarrollo histórico para toda la primera mitad del siglo XIX. A mi entender esa historia puede ser repensada en el contexto más amplio de unasociedad de frontera cambiante, para dar cuenta mucho mejor de lo sucedido sobre todo a partir de la década de 1830 en las transiciones y derroteros internos del territorio, sus bases socio-económicas, el gobierno y la fiscalidad. Así, pensándola como fruto de una sociedad que fue siendo más compleja y dinámica, se puede postular mejor el grado de eficacia o ineficacia de las políticas de control mercantilista correntinas pero conviviendo con un período que más bien parece mostrar un creciente grado de mercantilización, de consumo y de articulación económica con los mercados regionales. Esto permitiría mostrar también que el proyecto de los mercaderes de la ciudad de Corrientes –frente a otros actores e intereses provinciales en juego– fue limitado durante la primera mitad del siglo XIX en su posibilidad de controlar y afectar decisivamente desde la capital las matrices socio-económicas y del poder político de la provincia.[7]

Si el peso del mercantilismo y el dominio del capital comercial dan cuenta acabadamente del proyecto inicial de la dirigencia correntina, el posterior fracaso de los mercaderes en su proyecto político reclama tomar en cuenta otros tópicos no totalmente reflejados en la obra y que, hoy podemos pensar, se corresponden con las transformaciones ocurridas en esa sociedad de frontera en sus trayectorias sociales y productivas dentro de una dinámica más general de la región litoraleña rioplatense. Aunque el propio Chiaramonte nos explica que la experiencia mercantilista correntina no resultó exitosa a causa de las guerras, ese fracaso quedó un tanto oscurecido en su relato, sin poder explicar cabalmente el cambio ocurrido en las relaciones de poder que habían entrelazado inicialmente con éxito al núcleo urbano mercantil en el dominio del territorio provincial. De modo que la introducción de un análisis más amplio y específico sobre la territorialidad del poder de las elites locales que expresa mejor los cambios espaciales, sociales, productivos y mercantiles de aquellos actores de la ciudad de Corrientes y como afectaron a sus intereses los cambios de una sociedad fronteriza y el intercambio con sus vecinos, ayudaría a repensar y explicar mejor la naturaleza de la crisis de aquella dirigencia urbana y los nuevos senderos sociales y políticos que se tornaron hegemónicos a mediados del siglo XIX en el poder y la economía de la provincia-región.

De modo que Mercaderes... sin duda marcó el rumbo para una sólida línea de desarrollo historiográfico sobre el nuevo orden institucional y de gobierno provincial. Sin embargo los aportes del libro sobre la emergencia y consolidación del dominio político territorial del mercantilismo fiscal y del capital mercantil parecen haber sido más limitados para marcar otra senda potencialmente fructífera. Así, la vertiente más social-económica del libro registra un rumbo diferente y algo más problemático, que requeriría de otros senderos explicativos complementarios para dar cuenta de la cuestión regional y los complejos rasgos socio-económicos de su dirigencia regional.

Otra cuestión nodal que la historiografía ha venido replanteando en los últimos años son los argumentos sobre el predominio a lo largo del siglo XIX de una notable fragmentación y aislamiento de los mercados y de una baja tasa de mercantilización de los actores regionales.

Si aquello era un supuesto presente en los trabajos previos a Mercaderes, desde la década de 1980 hubo un cambio de perspectiva historiográfica al postularse una temprana mercantilización de la América Colonial que abrió un diagnostico diferente y complejo respecto a los estudios previos. En ellos la participación “activa” y “ambigua” de las elites pero también de los sectores medios y subalternos en mercados diversos y lejanos, replanteó la imagen de fuerte fragmentación y localismo presente en los esquemas novohispanos del dominio del capital comercial sobre la producción.[8] De manera que tanto para actores urbanos como rurales de los siglos XVIII y XIX quedaba planteada la revisión a la luz de una nueva mirada la interacción socio-mercantil de un consumo creciente de bienes locales, regionales e importados, que aún conocemos muy precariamente pero lo suficiente como para entender que, en los mercados decimonónicos locales, se daba una dinámica de mayor interdependencia espacial y presencia de nuevos tipos de intercambios, de consumo y de actores vinculados a los mercados.

De modo que, para la primera mitad del siglo XIX, no sólo hubo un contexto formal de nuevas libertades mercantiles, sino también una práctica activa de participación en los circuitos mercantiles de la posrevolución con una dinámica creciente de relacionamiento entre los actores y los mercados y entre las regiones y los mercados. Todo ello sin duda amerita una nueva reflexión sobre los alcances del aislamiento y costos de acceso al mercado, que sin llegar de ninguna manera a postular un mercado integrado ni a tener un impacto y una lógica similar en todas las regiones, muestra una creciente mercantilización que fue conectando de un modo complejo múltiples y cambiantes mercados del espacio socio-económico en donde se movían no sólo los diversos grupos mercantiles con estrategias variadas, sino también otros actores más propios del menudeo y lo ocasional como mercachifles, campesinos, pastores e indígenas. En este sentido, una nueva literatura ha mostrado que la relación entre los actores y el mercado fue amplia y no puede ceñirse sólo necesariamente a la lógica de los actores notables del mundo urbano local.[9]

En definitiva parece posible pensar hoy que para la primera mitad el siglo XIX entre la vertiente de la consolidación de poder local y regional con sus dinámicas propias, no necesariamente hay una contradicción en el corto plazo entre la persistencia de un pensamiento económico aún tradicional y una creciente intensidad y variedad de formas de mercantilización de los actores. Pero, a largo plazo más allá de las filiaciones, las numerosas sendas heterodoxas de circuitos y prácticas mercantiles desafiaron los límites regulados por los proyectos de las elites regionales. En ese sentido, la sociedad correntina parece haber alcanzado un mayor grado de mercantilización de importaciones y de articulación ganadera que el expuesto por el autor en Mercaderes.

Esta cuestión nos lleva a reflexionar sobre otro tópico clave como son los aportes de Chiaramonte al estudio de las políticas fiscales de las provincias rioplatenses. En el caso correntino se destaca sin duda la presencia de una matriz de fiscalidad neo-mercantilista, en la que se intentó controlar el comercio interno y externo con la intención de poder sostener una balanza comercial y de pagos favorable, complementada con un programa basado en la protección de los bienes nativos y en la imposición de aranceles a la competencia de las producciones locales.

Chiaramonte también nos ha ilustrado sobre otras dimensiones de la fiscalidad comparada del Litoral rioplatense, al mostrar tanto las diferencias de las políticas en el manejo del ingreso y el gasto, como del déficit fiscal. Como respuestas frente al permanente déficit, nos señala por ejemplo las negociaciones emprendidas por los santafesinos, mantenidas como formas de clientelismo fiscal con Buenos Aires, que explican otra manera de sostener las nuevas soberanías estatales y comprender los límites estrechos de la gobernabilidad que tenían los Estados provinciales en la primera mitad del siglo XIX.[10]

Sin duda todos aquellos estudios ayudaron a consolidar un nuevo perfil fiscal en el que se destacan el peso del crecimiento de los ingresos mercantiles y del gasto militar y los largos períodos de déficit. Si en ese contexto Corrientes tuvo otro tipo de estrategia y pese a sus esfuerzos fracasó en sostener el superávit, creo que esto no sólo se explica por la marcha y el peso de la guerra, un factor que por lo demás afectaba casi por igual a todas las provincias del Litoral. Nuevamente considero necesario introducir la evolución de los perfiles productivos exportadores desiguales, los cambios en los patrones mercantiles de consumo y el creciente peso de la mercantilización de bienes importados, que fueron tendencias generales rioplatenses. Así, más allá del voluntarismo local correntino, aquellos factores terminaron afectando la marcha de los ingresos fiscales de la provincia. Como bien muestra el libro, no hay duda de que el enfrentamiento con los porteños incrementó súbitamente el gasto, pero las formas en que lo afectó y sus posibilidades de financiamiento dependieron -como en las restantes provincias del Litoral- de la capacidad fiscal de sostener su dinámica mercantil, así como también de la capacidad de obtener diversas formas de ingresos mediante endeudamiento o contribución (como muestran los estudios sobre Buenos Aires) y mediante los lazos de servicios militares a bajo costo provistos por la población de la provincia (como han señalado los estudios sobre Entre Ríos).[11]

En definitiva, como casi toda la literatura latinoamericana posrevolucionaria ha mostrado, el desafío titánico de sostener fiscalmente los nacientes Estados y su “revolución territorial” ha marchado de la mano de poder recrear una nueva fiscalidad con una matriz heterodoxa que combinara tradiciones de reapropiación colonial, con otras pautas de carácter liberal que lograran recrear de manera creciente los impuestos indirectos, principalmente al comercio, y regular el gasto con recursos genuinos y con otros de carácter extraordinario para el sostén del orden social-institucional y militar de la nueva y cambiante soberanía territorial.[12]

Sin duda Chiaramonte nos ha mostrado una estrategia sui generis del mercantilismo correntino y eso no es de ninguna manera menor. No obstante, no fue tan explícito en examinar y ponderar el legado fiscal que aquella experiencia dejó finalmente a mitad del siglo a los correntinos, que con su bancarrota nos muestra que tuvo un programa rígido y con recursos limitados –de renta y de consenso interno– para sostener la dinámica de una soberanía provincial en expansión. Así, el desequilibrio fiscal de la provincia y su bancarrota parecen haber ido de la mano no sólo de la escasez de sus ingresos genuinos, sino sobre todo de la falta de recursos del crédito –emisión de deuda– y de estrategias para alcanzar consensos internos dispuestos a mantener las subvenciones crecientes de los gastos públicos.

Así en definitiva, si Buenos Aires pudo regular fiscalmente el comercio exterior e interregional como ninguna otra provincia y sostener una política fiscal capaz de mantener el financiamiento por deuda y emisión, eso explica en buena medida por qué pudo sostener a su favor el clientelismo fiscal con otras provincias y al mismo tiempo financiar sus estrategias militares hegemónicas en la política y las guerras confederales.

Finalmente, otras dos cuestiones muy relevantes presentes en las obras de Chiaramonte han sido, por un lado, el estudio del pensamiento y la trayectoria socio-económica de los sectores dirigentes tanto regionales como nacionales. Y, por el otro, una preocupación constante por el examen del perfil económico de las elites y dentro de ellas la contribución del capital mercantil en la inversión rural. Esos tópicos estuvieron en el trasfondo del frustrado mercantilismo de la elite urbana correntina y en la búsqueda de una burguesía industrial nacional. De manera que ambos estudios han sido interesantes ejemplos para el debate sobre el pensamiento y la conceptualización social de la formación de una dirigencia en diferentes contextos históricos.

Visto desde una perspectiva historiográfica más reciente aquellas cuestiones sin duda mantienen su vigencia como temas abiertos que, como veremos más adelante, en los últimos años han recibido atención en numerosos estudios.

La lúcida advertencia de Chiaramonte sobre la necesidad de conocer las dirigencias y los proyectos regionales sin duda ha sido una línea de investigación transitada luego por muchos otros autores que nos han ilustrado sobre las trayectorias complejas de los intereses regionales y nacionales. Así es posible encontrar un conjunto de casos en torno a la promoción de sus espacios productivos-mercantiles y a las políticas de protección; como otros que ponderan las estrategias de las elites y su articulación exitosa con los espacios de interacción productivo-mercantil. Esas lecturas posteriores nos han propuesto imágenes matizadas –respecto del peso del pensamiento proteccionista– en la lenta consolidación de una vertiente, nuca exenta de conflictos y ambigüedades regionales, detrás de lo que parece emerger una matriz de un particular pensamiento liberal nacional.[13]

Asimismo, otros estudios de caso se han ocupado del análisis de los principales actores económicos en relación con sus capitales, pautas de inversión y vínculos sociales. Ellos nos han mostrado un perfil diversificado y de menor especialización de los grupos dominantes, fruto probablemente de los contextos inestables y de los ciclos de la economía, de las transiciones productivas rioplatenses y de las condiciones institucionales del siglo XIX. También las trayectorias de los principales miembros de la elite del Litoral muestran un patrón de permanencia en las actividades mercantiles, así como la creciente –aunque no necesariamente hegemónica– inversión en la producción rural, lo cual abre un campo de hibridación para la caracterización social de los notables y de las dirigencias regionales.[14]

No obstante estas contribuciones no aportan una nueva conceptualización sobre el carácter de la dirigencia rioplatense, más bien nos invitan a recuperar la diversidad y complejidad social y espacial durante el siglo XIX. Así hoy los estudios buscan mayores bases empíricas para redefinir esa dirigencia, que podríamos decir implica una relectura entre la ¿“clase mercantil y la terrateniente”?, de una tarea significativa aún por resolver.[15]

Podemos repensar, revisar y discutir las ideas de Chiaramonte sobre la cuestión regional, los actores socio-económicos, los mercados y la fiscalidad, pero es innegable que sus aportes han sido fundantes. Se convirtieron en guías para nuevas investigaciones que abrevaron en sus estudios, por todo lo cual continúan siendo soportes y referencias absolutamente necesarias para el debate historiográfico. Todo aquello no sólo por sus relevantes contribuciones a cada uno de esos tópicos, sino sobre todo por tratarse de respuestas para problemas y propuestas integrales sobre las interrelaciones (culturales y materiales) de las clases dirigentes y de las dinámicas económicas en la historia latinoamericana en su conjunto.

Resumen

El presente artículo es una versión revisada de la ponencia que el autor presentó en las Jornadas “Pensar la historia rioplatense entre el fin del Imperio y la construcción de las naciones”, sobre la obra de José Carlos Chiaramonte en torno a mercados, fiscalidad y cuestión regional.

Palabras clave: mercados – fiscalidad – región – Chiaramonte, José Carlos

Abstract

This article is a reviewed version of a paper presented by the author at the conference “Pensar la historia rioplatense entre el fin del Imperio y la construcción de las naciones”, based on the work of Jose Carlos Chiaramonte on markets, taxation and region.

Key-Words: Markets – Taxation – Region – Chiaramonte, José Carlos


  1. Universidad de Buenos Aires / Universidad Nacional de General Sarmiento / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
  2. Nos referimos a José Carlos Chiaramonte, Nacionalismo y Liberalismo económicos en Argentina, 1860–1880, Buenos Aires, Ed. Solar–Hachette, 1971; Formas de sociedad y economía en Hispanoamérica, México, Grijalbo, 1983, y Mercaderes del Litoral. Economía y sociedad en la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1991.
  3. José Carlos Chiaramonte, Nacionalismo y liberalismo económicos…op. cit..
  4. El tema de la presencia de las tradiciones ilustradas y neo-mercantilistas en el Río de la Plata es un tópico que el autor volvió a tratar con mayor profundidad en varios trabajos posteriores, como por ejemplo, José Carlos Chiaramonte, La crítica ilustrada de la realidad. Economía y sociedad en el pensamiento argentino e iberoamericano del siglo XVIII. Buenos Aires, CEAL, 1982; José Carlos Chiaramonte, La ilustración en el Río de la Plata. Buenos Aires, Punto Sur, 1989.
  5. José Carlos Chiaramonte, Formas de sociedad y Economía…, op. cit.
  6. José Carlos Chiaramonte, Mercaderes del Litoral… op. cit..
  7. En las últimas décadas los trabajos importantes sobre el tema son muy numerosos y diversos. Un breve resumen en Juan Carlos Garavaglia y Jorge Gelman, “Mucha tierra y poca gente: un nuevo balance historiográfico de la historia rural platense (1750-1850), en: Historia Agraria, núm. 15, 1998, pp. 29-50.
  8. Solo como ejemplo los libros precursores de: Olivia Harris, Brooke Larson yEnrique Tandeter (comps.), Participación indígena en los mercados surandinos. Estrategias y reproducción social, siglos XVI-XX, La Paz, Bolivia, CERES, 1987. Jorge Silva Riquer, Juan Carlos Grosso y Carmen Yuste (comps.), Circuitos mercantiles y mercados en Latinoamérica, Siglos XVIII y XIX. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1995.
  9. Varios ejemplos en: Alejandra Irigoin y Roberto Schmit (eds.), La desintegración de la economía colonial. Buenos Aires, Biblos, 2003. Roberto Schmit, “Entre el mercantilismo y capitalismo: mercados, comerciantes y medios de pago”, en Jorge Gelman (comp.), La historia económica Argentina en la encrucijada. Buenos Aires, Prometeo, 2006.
  10. José Carlos Chiaramonte, “Finanzas públicas de las provincias del Litoral, 1821-1841”, en Anuario IEHS, núm. 1, Tandil, 1986; Jose Carlos Chiaramonte, Guillermo Cussianovich y Sonia Tedeschi, “Finanzas públicas y política interprovincial: Santa Fe y su dependencia de Buenos Aires en tiempos de Estanislao López”, en: Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera Serie, núm. 8, Buenos Aires, 1993.
  11. Una nueva literatura va mostrando las crecientes desigualdades de las economías regionales en el siglo XIX. Como por ejemplo: Jorge Gelman, “Cambio económico y desigualdad. La revolución y las economías rioplatenses”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignaniˮ, núm. 33, Buenos Aires, 2010. Jorge Gelman, (coord.), El mapa de la desigualdad en la Argentina del siglo XIX. Rosario, Prohistoria, 2011.
  12. Por ejemplo: Luis Jauregui y José Antonio Serrano Ortega (coord..), Las finanzas públicas en los siglos XVIII Y XIX. México, Instituto Mora-UNAM, 1998. Ernest Sanchéz Santiró, Las Alcabalas mexicanas 1821-1857. México, Instituto Mora, 2009.
  13. Jorge Gelman, Juan Carlos Garavaglia y Blanca Zeberio (eds.), Expansión capitalista y transformaciones regionales. Buenos Aires, La Colmena, 1999. Para la segunda mitad del siglo XIX por ejemplo: el pionero estudio de Jorge Balán, “Una cuestión regional en Argentina”, en Desarrollo Económico, núm. 69, 1978, y otros importantes estudios como los de Marta Bonaudo, Daniel Campi, María Celia Bravo, Nidia Areces y Susana Bandieri.
  14. Entre otros: Juan Carlos Garavaglia, “Un siglo de estancias en la campaña de Buenos Aires, 1751-1853, HAHR, 79-4, 1999; Roberto Schmit, “Tradición y modernidad..“. en América Latina en la Historia Económica, núm. 14, 2007; Roy Hora, “El perfil socio-económico de la elite de Buenos Aires en las décadas centrales del siglo XIX”, en Revista de Historia Económica, núm. 2, 2006; Jorge Gelman y Daniel Santilli, “Las elites de Buenos Aires en la época de Rosas”, en: Prohistoria, núm. 7-8, 2004; Alejandra Irigoin, “Inconvertible pape rmoney, inflation and economic performance in early nineteenth century Argentina”, en Journal of Latin American Studies, núm. 32, 1998; Fernando Rocchi, “El imperio del pragmatismo: intereses, ideas e imágenes en la política industrial del orden conservador”, en Anuario IHES, núm. 13, 1998.
  15. Entre otros, Tulio Halperin Donghi, “Clase terrateniente y poder político en Buenos Aires, 1820-1930”, Cuadernos de Historia Regional, núm. 15, 1992; ibidem, La formación de la clase terrateniente bonaerense, Buenos Aires, Prometeo, 2005; Roy Hora, Los terratenientes de la Pampa Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003; Leandro Losada, Historia de las Elites en la Argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 2009.


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