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La historia de la historiografía como un modo de ejercitar la crítica histórica

Alejandro Cattaruzza[1]

Agradezco, para comenzar, la invitación a participar en esta mesa. Luego, quiero señalar que la ponencia de Eduardo Míguez me pareció sólida y sugerente, dedicada además al análisis de ciertas cuestiones que creo importantes y que, entiendo, deben seguir preocupándonos; más adelante mencionaré algunas de ellas. Debo agregar, por otra parte, que de los varios modos en que alguien que se ocupa de la historia de la historiografía podía organizar la exposición, he elegido uno que atiende a aquellos argumentos expuestos en la ponencia de Eduardo que remiten a la producción de José Carlos Chiaramonte vinculada a cuestiones historiográficas, y más precisamente, a cuestiones de la historia de la historiografía. El título de esta intervención bien podría haber sido, entonces, ‟José Carlos Chiaramonte, historiador de la historiografía, a través de la mirada de Míguez”. Por otro lado, debo advertir que esta decisión significa ejecutar un doble reordenamiento, que tendrá lugar sobre la ponencia y sobre la obra de José Carlos.

Así, del conjunto tan vasto de su producción, destacaré en principio la parte de Formas de economía y sociedad en Hispanoamérica titulada “Génesis del diagnóstico feudal en la historia hispanoamericana”. Coincido con Eduardo en la importancia de ese trabajo, que en el tramo que menciono se transforma en una historia, aguda y ajustada, de los modos en que se organizó una mirada sobre el pasado hispanoamericano que durante mucho tiempo gozó de aceptación que se extendió más allá del mundo académico. En esa tarea, José Carlos asumió el estudio de obras cuya dimensión política es fuerte, así como el compromiso de sus autores. Como se ha planteado ya en esta mesa en referencia a otras obras, destaco en este caso que se trata de un texto muy eficaz a la hora del trabajo con los estudiantes universitarios.

Eduardo Míguez menciona también en su ponencia El mito de los orígenes en la historiografía latinoamericana. Se trata de un trabajo que somete a análisis la construcción de relatos míticos sobre la nación y su pasado, y que abre la posibilidad del examen de un asunto también relevante: cómo fue que aquel mito se transformó, para sectores sociales vastos, para prácticamente todos los funcionarios estatales y para muchos intelectuales destacados, en una certeza.

Los resultados de una tercera línea de trabajo sobre asuntos historiográficos de José Carlos, más reciente que las anteriores, son analizados por Míguez en su ponencia: la que remite a los usos políticos de la historia. Se trata también de un problema del mayor interés. En torno a ella, una observación de detalle sobre ciertos planteos de José Carlos acerca del revisionismo, que hemos discutido en varias ocasiones sin llegar a acuerdos. Con precisión, José Carlos y otros colegas con los que ha trabajado, como Pablo Buchbinder, indican que varios planteos del revisionismo de los años treinta habían sido ya formulados en décadas anteriores por otros intelectuales. Esto es indudable, pero la idea de que esa circunstancia permitiría anticipar la aparición del revisionismo, a mi juicio reduce a este último movimiento a la producción de obras de historia que ensalzan a Rosas; creo que el revisionismo hizo varias cosas más: peticionó y exigió toma de decisiones al Estado, fundó institutos y revistas, se vinculó con grupos políticos e impugnó la llamada tradición liberal. Eso no había ocurrido en las etapas anteriores; así, conviene volver a instalar la aparición del revisionismo en los años treinta. Por otra parte y, sin tenerlo previsto, quiero recordar a José Carlos algo sobre una fórmula que utilizó en la reunión de esta mañana. Aludió allí a la figura del PC como nacionalismo ruso; curiosamente, se trata de una imagen que solían utilizar los nacionalistas y revisionistas argentinos.

Para finalizar, entonces, quiero subrayar en la ponencia de Eduardo el intento de recuperarla discusión sobre la relación entre la historiografía y el más amplio contexto político y cultural, entre la historia profesional y los espacios que están más allá de sus límites, entre el compromiso crítico y el compromiso en un sentido más amplio. Poner el foco en ese aspecto de la obra de José Carlos Chiaramonte es una decisión que torna evidente que los debates sobre esos asuntos, demasiado tiempo acallados en nuestros ambientes, nos siguen resultando decisivos, y hace de esta reunión una buena ocasión para discutir sobre ellos.


  1. Universidad de Buenos Aires / Universidad Nacional de Rosario / CONICET.


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