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Reinventar la Provincia

Comentario al panel “Estado, nación
y federalismos en el siglo XIX”

Marcela Ternavasio

El itinerario de José Carlos Chiaramonte en torno a los temas que convoca este panel ha seguido un largo camino de “puesta a prueba” de sus hipótesis seminales. Se trata de un itinerario historiográfico visiblemente marcado por las preocupaciones teóricas, políticas e ideológicas que jalonaron la trayectoria vital de quien hoy rendimos un merecido homenaje. En su afán por deconstruir los relatos canónicos acerca de los orígenes de la nación, el Estado y el federalismo fue trazando un nuevo mapa de rutas cuyo punto de partida estuvo anclado en el campo de la historia económico-social y cuyo punto de llegada (al menos hasta el momento) se encuentra en el cruce de la historia intelectual y política. En ese viaje pasó por el siempre complicado campo de las identidades para avanzar luego por el de la historia política sin abandonar nunca su interés sobre las bases sociales de todo proceso histórico.

Tuve la oportunidad y el honor de acompañar a José Carlos en algunos tramos de ese recorrido en el que sus preocupaciones historiográficas e intelectuales se iban desplazando. Pero me atrevería a decir que en ese desplazamiento no hubo cambios significativos en el recorte del objeto de su pesquisa sino más bien, como dije al comienzo, un plan (no sé si deliberado o producto de las circunstancias) de “puesta a prueba” de sus supuestos y preguntas iniciales en muy diversos planos de la realidad. Dichos supuestos están muy bien explicitados en el detallado texto que nos ofrece José Antonio Piqueras para abrir el debate de este panel, lo cual me exime de detenerme en ellos. Sólo retomo, en este sentido, el reclamo de Chiaramonte de despejar en el punto de partida del análisis aquello que estaba ausente en el tránsito del orden colonial al nuevo orden revolucionario; a saber, el estado y la nación tal como se entendieron, significaron y plasmaron varias décadas después.

En su insistencia por hacer visible esta ausencia, Chiaramonte redescubre y desnaturaliza aquello que creo es su aporte más potente en torno a estos temas: la “provincia”. Hoy sabemos que responder a la pregunta de “qué era una provincia” en el mundo hispánico –o en el mundo ibérico si queremos ampliar el lente de observación– durante los siglos XVIII y XIX es muy complicado. Esta complicación deviene no sólo del cambiante orden jurídico de la época, que transformaba los límites y las atribuciones de aquellos cuerpos territoriales que llamaban provincias, sino de la necesidad de someter a crítica la naturalización que se hizo de esa ambigua y escurridiza categoría en el lenguaje historiográfico.

A través de la pregunta sobre qué era una provincia en la primera mitad del siglo XIX, Chiaramonte avanzó, pues, a paso lento y sometió gradualmente los supuestos de su interrogante a la compulsa de registros de análisis, corpus documentales y enfoques muy diversos. En su mapa de rutas, según enuncié más arriba, la dimensión económico-social constituyó su primera estación. En su trabajo seminal “La cuestión regional en el proceso de gestación del Estado Nacional Argentino”, presentado por primera vez como ponencia en un seminario organizado por El Colegio de México en 1981 e incluido luego como introducción en Mercaderes del Litoral[1], marca muy bien la formulación de una hipótesis que, a partir de sus investigaciones sobre el caso de Corrientes, se proyectó de manera exponencial a todo el ámbito rioplatense y poco más tarde al hispanoamericano.

Allí Chiaramonte comenzaba a responder sobre las razones de una ausencia –la nación– desde la dimensión que en aquel entonces consideraba el rasgo más significativo del proceso: “la inexistencia de una clase dirigente en el nivel interprovincial” y “la sola existencia de clases –o grupos– sociales de alcances locales”.[2] Pero una vez despejado el camino de lo que él mismo llamó una tautología –la inexistencia de la nación es, simplemente, eso– se dedica a explorar la dimensión más sólida que encuentra en el período. La provincia, como unidad de análisis, es en este texto la más sólida porque, configurada sobre la base de una ciudad y su entorno rural, estuvo dominada por el capital comercial cuyos efectos sociales implicaron la preeminencia de las burguesías mercantiles (frente a los productores rurales o urbanos) y su tendencia a la autonomía política local. Sin negar la disolución total del vínculo que unía a estas unidades provinciales “que posteriormente servirá de base a la unidad nacional”, Chiaramonte dejaba presentada su futura agenda de pesquisa. En esta primera estación, si bien se advierte una preocupación por comprender la naturaleza del éxito y perdurabilidad en el Río de la Plata de esta forma estatal provincial, la dimensión política aparece subordinada a la lógica de las relaciones económico-sociales del período. Pero a poco andar, esa preocupación se orientó hacia campos historiográficos más diversificados en los que capitalizó los nuevos enfoques y perspectivas de la historia política, colaborando por cierto a su renovación.

Sólo basta mencionar algunas de las siguientes estaciones: la cuestión constitucional[3], las formas de identidad política[4], las finanzas públicas[5], las formas de representación política y las prácticas electorales[6], los lenguajes políticos y las doctrinas jurídicas[7]. En todas ellas se advierte el gradual desplazamiento hacia una cuestión que engloba toda su obra de los últimos años: la de la soberanía. Fue desde este anclaje conceptual y a la vez más olímpico que avanzó a paso seguro con un enfoque que traspasó las fronteras del Río de la Plata para convertirse en referente ineludible de la historiografía iberoamericana. La pregunta inicial, entonces, sobre qué era una provincia no sólo reconfiguró el campo al desnaturalizar las respuestas rápidas más habituales sino que abrió una cantera para la investigación de muy diferentes casos en diversas latitudes.

Algunos de tales casos fueron explorados por el propio Chiaramonte. Las estaciones nos llevan de Corrientes al Litoral, del Litoral al Río de la Plata, de allí a hispano e Iberoamérica y nos hace llegar hasta las trece colonias angloamericanas.[8] La perspectiva comparativa ha sido en este caso muy fértil. Tal como indica Piqueras, Chiaramonte ya no sugiere sólo reinterpretar la información disponible sino que “propone organizar ex novo los datos y alimentarlos con la historia comparada, en particular con la experiencia de las colonias angloamericanas”. En este caso, las precisiones en torno a las diferencias entre confederación, federación y estado federal contribuyeron a establecer un diálogo común con otras latitudes y a darle entidad a esos vínculos interprovinciales que atraviesan la historia del período. Coincido aquí con Piqueras en que la preeminencia que la historiografía hispanoamericana le ha dado en los últimos años al “empoderamiento de los pueblos” no agota la cuestión del federalismo, y menos aún en un espacio como el rioplatense en el que tal empoderamiento asumió características diferentes a otras regiones, tanto por su configuración marginal dentro del imperio español como por su autoexclusión de la experiencia gaditana. Esto no significa rechazar la matriz común hispánica de los movimientos posteriores a 1808 sino encuadrar mejor, sin ansias de restituir un modelo unificador, la naturaleza diversa de dichos movimientos. En este punto repreguntarse sobre el alcance del nivel de “lo local” y de los nuevos sujetos con vocación soberana implica ubicar en cada caso la compleja y tensionada relación entre pueblos-ciudades-provincias.

A partir de la obra de Chiaramonte, esa tensionada relación se convirtió en una usina productora de nuevas preguntas y exploraciones. La multiplicación de estudios, muchos de ellos con base en “las provincias”, reafirmó la desnaturalización ya mencionada de esa unidad política para convertirla en una escala de análisis sometida permanentemente al escrutinio del investigador. Hoy la pregunta sobre qué es una provincia regresa con toda su potencia para exhibir movimientos de pueblos, ejércitos y milicias que compiten por el control territorial, aparatos fiscales con muy diverso grado de desarrollo y eficacia, electores y representantes que amplían las fronteras políticas, grupos sociales que modulan sus identidades, letrados que intentan convertirse en intelectuales orgánicos de los gobiernos de turno.

En fin, una pléyade de temas que exhiben el impacto, especialmente en Argentina, del camino abierto por nuestro homenajeado. Tal vez estoy siendo demasiado complaciente con la masa crítica que continuó esa ruta, habida cuenta que en muchos casos la naturalización permanece y la escala de análisis seleccionada no siempre responde a una mirada inquisidora sobre el propio recorte. Pero creo que ya nadie que trabaje en la primera mitad del siglo XIX puede pecar de ingenuo o ignorar todos los debates que jalonaron este itinerario de más de tres décadas.

Tanto es así que el impacto al que hago referencia no sólo se advierte en las decenas de tesis doctorales, artículos, libros y papers producidos en los últimos años, sino también en la reestructuración de los programas de historia argentina de nuestras universidades y, muy especialmente, en un ámbito siempre renuente a asimilar las novedades: la enseñanza de la historia en las escuelas. La presencia de Chiaramonte en muchos de los diseños curriculares provinciales y en los manuales escolares expresan que en esta estación de arribo de su trayectoria –y que sabemos no será la última– su legado penetra cada vez con más fuerza. No sé si algún día ese legado logrará desnaturalizar el sentido común de la ciudadanía en torno a la inexistencia de la nación en los míticos orígenes revolucionarios, pero estamos seguros que al menos nuestras intervenciones públicas, como historiadores que somos, ya no serán complacientes con ese sentido común.


  1. El texto fue publicado primero en Marco Palacio (comp.), La unidad nacional en América Latina, del regionalismo a la nacionalidad, México, El Colegio de México, 1981, y luego en José Carlos Chiaramonte, Mercaderes del Litoral. Economía y sociedad en la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX, Buenos Aires, FCE, 1991.
  2. José Carlos Chiaramonte, Mercaderes del Litoral, op.cit., p. 22.
  3. Chiaramonte, José Carlos. “Legalidad constitucional o caudillismo: el problema del orden social en el surgimiento de los estados autónomos del Litoral Argentino en la primera mitad del siglo XIX”, en Desarrollo Económico, vol. 102, julio-setiembre, 1986.
  4. Chiaramonte, José Carlos, “Formas de identidad en el Río de la Plata luego de 1810”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, 3º serie, nº 1, 1989.
  5. Chiaramonte, J.C., Cussianovich, E. y Tedeschi, S., “Finanzas públicas y política interprovincial: Santa Fe y su dependencia de Buenos Aires en tiempos de Estanislao López”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, 3º serie, nº 8, 1993.
  6. José Carlos Chiaramonte en colaboración con Marcela Ternavasio y Fabián Herrero, “Vieja y nueva representación: los procesos electorales en Buenos Aires, 1810-1820ˮ, en Antonio Annino (coord), Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo XIX. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1995; José Carlos Chiaramonte, “Ciudadanía, soberanía y representación en la génesis del estado argentino (1810-1850)”, en Hilda Sabato (comp), Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1999.
  7. Chiaramonte, José Carlos. Nación y Estado en Iberoamérica. El lenguaje político en tiempos de las independencias. Buenos Aires, Sudamericana, 2004.
  8. Chiaramonte, José Carlos. “El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX”, en Federalismos Latinoamericanos: México, Brasil, Argentina, México, Fondo de Cultura Económica, 1993; “Acerca del origen del Estado en el Río de la Plata”, en Anuario IHES, Universidad Nacional del Centro, Tandil, núm. 10, 1995; Ciudades, provincias, estados: orígenes de la Nación Argentina (1800-1846), Tomo 1 de la colección Biblioteca del Pensamiento Argentino, Buenos Aires, Ariel, 1997; “La formación de los estados nacionales en Iberoamérica”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, tercera serie, núm. 15, 1997.


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