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Presentación, aclaraciones y agradecimientos

Pensé este trabajo en 2013 y lo hice como una forma de acercarme a una parte de la vida de mi padre, que había cumplido sus ochenta años un tiempo antes. Luego de dedicarme a otras cuestiones y temáticas, que por fortuna también pudieron ser publicadas, volví hace unos años sobre aquella idea postergada. Creo que fue parte –tanto entonces como ahora de ese momento vital en que la edad madura (o el inicio del envejecimiento, como se lo quiera llamar) nos lleva a revisitar y repensar la relación con los progenitores.

En lo referente a los aspectos formales del texto, mantengo la tendencia de expresar los siglos en números arábigos, excepto en los casos de citas textuales. También restrinjo de la mayor forma posible el uso de las mayúsculas, a fin de evitar ahondar en esa fuente de caos ortográfico.

Es necesario expresar que gran parte de esta investigación fue posible gracias a la atención recibida en las bibliotecas Nacional Mariano Moreno, de la Academia Nacional de la Historia, del Instituto Ravignani, del Instituto de Geografía Romualdo Ardizzone, de las Facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, del Congreso de la Nación, de los Ministerios de Economía y de Agroindustria, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, del Instituto Nacional de Estadística y Censo, y de los repositorios en Internet de distintos centros académicos de la Universidad Nacional de La Plata. Vaya mi reconocimiento al personal de todas y cada una de ellas.

Por otra parte, este trabajo no se hubiera materializado sin la ayuda, el aporte, la colaboración, la información, los consejos y la paciencia de un grupo de gente de Saladillo. En especial, deseo destacar a Marcelo Pereyra, quien, desde su lugar en el Museo de Saladillo y a través de su portal de historia local, se sumó fervoroso al proyecto y me facilitó un sinfín de posibilidades, además de ilustrarme sobre muchos aspectos del pasado del municipio y rescatarme de la ignorancia y desconocimiento sobre cosas del viejo Saladillo. Asimismo, también del Museo quiero agradecer a Claudia Caicedo, Romina Virgili, Juan Manuel, Natalia y Margarita, y en especial a Silvina Krupitzky.

Deseo dejar constancia del apoyo brindado por parte del intendente municipal, el ingeniero José Luis Salomón. Recibió mi iniciativa con calidez y sinceridad y me contagió su entusiasmo. Por otra parte, ese sostén no ha significado comprometer recursos públicos.

La profesora Soledad Cadavieco, en su carácter de docente de la Escuela 40, fue fundamental para poder acceder a los archivos de ese establecimiento. No podría haber escrito el capítulo correspondiente sin su notable predisposición. Manifiesto asimismo mi reconocimiento a Carlos Ripoll. Una charla de vereda me sirvió para enfocar el valor de rescatar la historia (poco transitada) de algunos parajes del partido. También agradezco a Lorenzo Espíndola por una agradable conversación telefónica que resultó fructífera para algunas secciones del trabajo.

Deseo recordar sobremanera a Oscar Luque, quien se desempeñó hasta su muerte como director de Catastro del municipio. Él me facilitó el acceso a materiales y allanó varias consultas sobre el área de su competencia. Además, a través de su persona, manifiesto mi homenaje a quienes perdieron la vida por consecuencias de la pandemia de SARS-CoV-2.

Quiero saludar también a la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre y su personal. Me resultó muy grato volver a las mesas de esa querida institución donde empezó mi amor por la lectura.

Seguramente, me olvidaré de algún nombre, pero a todas las personas con las que conversé acerca de esta pesquisa quiero decirles, simplemente, una cosa: muchas gracias, cada una hizo su aportación.

Desde ya, para que este proyecto haya llegado a puerto, debo destacar la confianza y el estímulo de Mario Lattuada y Ariadna Guaglianone, quienes, en su carácter de vicerrector de Investigaciones y de responsable de la Secretaría de Investigación de la Universidad Abierta Latinoamericana (UAI), respectivamente, oyeron en su momento la idea, pensaron en su viabilidad e hicieron posible la edición y publicación de este libro.

Por supuesto, en cada instante del proceso de construcción de este texto, tuve a mi lado el soporte de mis dos grandes afectos: mi hija Mercedes y mi esposa Marisa. Además, Mercedes leyó y revisó los borradores e hizo valer sus comentarios como correctora de estilo. Las imperfecciones que, a pesar de todo, perduran recaen en manera exclusiva bajo mi responsabilidad.

Dedico este trabajo a dos personas que no se conocieron entre sí, pero que comparten el desasosiego producido por no haber podido despedirme de ellas.

En primer lugar, lo hago a la memoria de Rogelio Paredes. Nos dejó demasiado temprano y con tantas cosas por hacer, por discutir, por compartir, por enseñarnos. Por fortuna, y como me pasó en el transcurso de esta labor, la luz de sus ideas, la fuerza de sus escritos, la claridad de su pensamiento siguen mostrando el norte a quienes solemos perdernos en los laberintos del pasado.

En segundo término, comparto esa dedicatoria con el recuerdo de Fernando Volonté. Siempre supe de su capacidad, honestidad y nobleza. El solo hecho de haber sido testigo de la forma en que él y su esposa Maux acompañaron a mi familia en la hora más oscura fue una muestra fenomenal de integridad. Pero puedo decir que, por uno u otro motivo, no lo había valorado con justicia hasta que pude sumergirme en los ejemplares de los periódicos que legó al Museo. Gracias a eso, la historia de Saladillo podrá ser escrita y reescrita una y otra vez. Cada investigador o investigadora que fatigue esos materiales y los ponga en valor a través de una monografía le estará haciendo un homenaje y –aunque ignore totalmente su nombre y trayectoria– lo mantendrá en la posteridad.

Finalmente, como señalé en el primer párrafo, esta investigación es un homenaje a mi padre. Pensaba culminarla para poder entregársela como una ofrenda, pero la situación sanitaria demoró por varios meses la recolección de una buena parte de los datos. Por desgracia, nos dejó cuando la confección del trabajo había ingresado en el tramo final. Antes, me contó un sinfín de cosas importantes para este estudio. Muchas de ellas aparecerán a lo largo de los capítulos, junto a personas que le eran conocidas. Es la evocación y conmemoración de la gente que formó parte de ese mundo perdido, al que intentaré presentar en las páginas siguientes.

 

Buenos Aires, julio de 2021



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