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3 Algunas imágenes de la complejidad de la sociedad contemporánea

Marcelo Arnold-Cathalifaud[1]

Este ensayo, como se me ha solicitado, tiene un carácter sociológico y está dirigido a quienes se interesan por contar con nuevos marcos interpretativos. Nos interesa sensibilizar e invitar a reflexionar sobre las turbulentas condiciones que presenta la sociedad contemporánea y presentar algunas hipótesis respecto a sus tendencias y por-venir. Para su desarrollo se aplicarán aportes de las teorías sistémicas y de la complejidad.

Las rupturas con el pasado son cada vez más definitivas

La complejidad de la sociedad contemporánea supera con creces las capacidades de nuestras disciplinas. Nuestra comprensión de los fenómenos sociales, aunque efectivamente es más completa que en el pasado, sigue siendo parcial y limitada. Para afrontar las brechas cognitivas entre las ofertas disponibles seleccionamos las teorías de sistemas y de la complejidad. Entre ellas destacamos la versión desarrollada por Niklas Luhmann. Este sociólogo desarrolló una muy buena, aunque solitaria, oferta para la comprensión rigurosa y transdisciplinaria de la sociedad dedicando una particular atención a las organizaciones formales (Luhmann, 2010). Esta presentación hará uso de sus aportes colocando su foco en algunos de los condicionamientos -que no deben confundirse con determinaciones- que se proyectan desde la actual estructura de la sociedad.

Con respecto a la sociedad nos interesa destacar las altas magnitudes y frecuencias de su conflictividad social, especialmente la que concurre en la Región Occidental que hoy lidera al planeta. Desde ese plano, desde hace un tiempo nos interrogamos de si acaso estamos ante un “reajuste” o en la antesala de una “catástrofe” de alcances globales. Es decir, en este último caso, frente a la posibilidad de un colapso radical en su actual forma de estructuración.

Quienes se abocan a las organizaciones podrán elaborar o cotejar sus conclusiones respecto a los temas tratados, estos no les pueden ser accesorios ni en lo personal ni en lo profesional. A las organizaciones y sus gestores se les atribuyen, simultáneamente, tanto las causas como las soluciones de los más importantes problemas de la sociedad contemporánea y de la sobrevivencia humana, justamente de aquellos problemas que no se pueden ignorar ni subestimar (Arnold, 2014b).

El sistema más complejo hasta ahora conocido es la sociedad

La teoría sistémica y de la complejidad que seleccionamos, dicho en breve, se fundamenta en una re-especificación de la noción de autopoiesis –desarrollada originalmente por el biólogo chileno Humberto Maturana y sus colaboradores (Maturana y Varela, 1995 [1973]; Arnold y Cadenas, 2013). Con esta teoría se alude a cómo determinados tipos de sistemas logran producir su autonomía y diferencia respecto de sus entornos. La autopoiesis da cuenta de la mantención de un continuo y recursivo entrelazamiento de sus operaciones distintivas. Según indica Luhmann, en los sistemas sociales estas operaciones son comunicaciones (Luhmann, 1995a) las que, para el caso de las organizaciones, quedan especificadas como comunicaciones de decisiones (Luhmann, 2010).

Los sistemas sociales, como se señaló, dependen de la continuidad de las interacciones comunicativas que los caracterizan. Sin ellas no ocurre su emergencia ni su continuidad. Sin embargo, de esta prosecución no se desprenderían estructuras sociales pre-determinadas, tampoco sus actualizaciones tienen garantizado su futuro. Esto quiere decir, para el caso de la sociedad que, como también se constata para cualquier organización, su actual forma no es ni será permanente dado que sus estructuras son variables.

Sin agobiarnos con descripciones sociológicas atendamos nuestras experiencias cotidianas o rememoremos lo que se nos presenta desde los medios de comunicación para las masas. Salta a la vista que la sociedad contemporánea está sacudida por todo tipo de crisis, colmada con situaciones de peligros, precariedades e incertidumbres, todas en escalada. Desde cualquier punto, y en cualquier momento, podrían desencadenarse sucesos imprevistos que pueden ser determinantes del futuro. Su convulsionado presente conduce a preguntarse en qué medida la continuidad de nuestras instituciones, de nuestra especie o incluso del planeta entero están colocándose en peligro, en el último tiempo por las amenazas nucleares, por vectores que trasmiten nuevas enfermedades, por cambios ambientales provocados por la actividad humana y por fundamentalismos de todo tipo. Muchos de estos desastres están impulsados por formas económicas que exacerban la competencia, la exclusión social y que potencia en grados extremos el individualismo.

Lo intrigante es que, a pesar de todo, hasta ahora no se avizora en lo inmediato un colapso social, olas que parecen incontenibles terminan suavemente absorbidas en la arena. Las crisis económicas son cada vez más frecuentes y globales, pero los intercambios económicos no se han paralizado; los lazos familiares tradicionales están cuestionados, pero simultáneamente se diversifican las relaciones íntimas que los caracterizan; en todas partes las formas políticas caen en el descrédito, mientras aparecen otras que suben al escenario de la disputa por el poder estatal, como es el caso de los movimientos sociales de protesta. Ante tal paisaje los especialistas, como la “opinión pública”, estarían asimilando que los malestares sociales, conflictos y tensiones, con todas sus consecuencias, tienen una extraña normalidad. Pero, si queremos ir más allá de un etiquetado de conformidad, y cumplir con nuestra función de observadores especializados, se requiere precisar dónde estarían las novedades de la actual conformación de la sociedad.

¿Qué hay de nuevo en la sociedad?

La sociedad es lo que en ella ocurre y lo que hoy le ocurre es lo que la define e identifica (socialmente somos lo que hacemos y hacemos lo que somos). Su actual estructura, llámese moderna, neoliberal, líquida o, de cualquier manera, es una realización contingente y dinámica de la modalidad de reducción de la complejidad que se produce con sus operaciones. Sus formas, expresado simplificadamente, están configuradas por relaciones especializadas, sistémicamente organizadas, que se mantienen estabilizando transitoriamente reglas (códigos/ programas) con las cuales se guían y autorregulan. De este modo la justicia, y la noción de lo justo, pasan a ser exclusividad del sistema social del derecho, que trata lo justo como lo legal, determinando reglas que señalan que, legalmente, no puede hacerse justicia por cuenta propia; en forma equivalente el sistema social de la religión se circunscribe a la tarea de prescribir cómo debe vivirse, en nuestro mundo inmanente, la certeza de la trascendencia; la verdad y los criterios de objetividad pasan por ser asuntos de la ciencia y sus métodos; la belleza artística se determina por los cánones del sistema social del arte y de la moda y así en otros casos equivalentes. Se trata que todos los sistemas sociales obedecen a sus propias lógicas, con las cuales se determinan sus rangos de indiferencias y sensibilidades. En este sentido, se aprecia una sociedad extremadamente dinámica, pero a la vez, dada su extrema diferenciación interna, extremadamente vulnerable (Luhmann, 1997).

Por diversos motivos esta forma de estructuración de la sociedad contemporánea, que Luhmann denominó diferenciación funcional (Luhmann, 1977), ha adquirido una presencia global. Ello refiere a un tipo de sociedad mundializada que carece de cúspide y de centro,

“una sociedad que no se puede controlar a sí misma” (Luhmann, 1997: 74)

cuyo espectro es una “irracionalidad global” que, justamente, se gatilla desde el desencuentro entre las racionalidades sistémicas especializadas e incompatibles entre sí.

En un mundo bajo el primado de la diferenciación funcional no hay nada que idealizar. Esta conformación no es sinónimo de progreso, ni de bienestar o de felicidad personal. De hecho, desde que ocurre su hegemonía los típicos problemas sociales del pasado

“… son trivialidades comparadas con lo que nos depara el futuro” (Luhmann, 1997: 67).

La sociedad, como sistema complejo, solo puede asegurar su continuidad cambiando dinámicamente sus estructuraciones parciales. Eso explica que cambios aparentemente radicales, como la quiebra de empresas beneficie al sistema económico y de paso la sociedad se libra de ellas; que los gobiernos se alternen o derroquen dando lugar a una mayor apertura política; que las teorías científicas se desacrediten para permitir explorar nuevos campos de fenómenos o que hasta el purgatorio puede abolirse para abrirse a nuevas reflexiones teológicas. Con eventos de este tipo la economía puede seguir creciendo, la política seguir fortaleciéndose, la ciencia continuar desarrollándose y la religiosidad hacerse más intensa, profunda y espiritual.

Entre los puntos críticos de la sociedad contemporánea, aparte de la difícil integración entre sus componentes sistémicos, destaca su insuficiencia para la integración de los individuos. En sus diferentes ámbitos la sociedad coloca a los individuos en sus márgenes. La participación social solo alcanza para una socialmente seleccionada gama de sus personificaciones –como artistas, pacientes, manifestantes, académicos, trabajadores, consumidores, estudiantes, víctimas, esposas, auditores, fieles, electores, etcétera- y no cubre, ni cerca, la integralidad de la identidad de los seres humanos. Por ello, exclusiones sociales de todo tipo se multiplican, aunque, por su multidimensionalidad, nunca llegan a ser totales. En lo cotidiano, los individuos experimentan sus sometimientos ante entidades que no consideran nada más allá de sus premisas. Se enfrentan con operaciones sistémicas “ciegas” e indiferentes a sus necesidades y motivos (… si completó correctamente el formulario o no, si se puede pagar o no, si se inscribió o no y vuelta a la fila…).

A todo lo anterior se agrega que, en el plano de las representaciones, los derechos fundamentales, mayoritariamente comunicados en su región Occidental, han extendido su cobertura por todas las capas sociales y por casi todas las regiones del planeta. Estos contenidos semánticos, declaradamente emancipadores, se combinan perfectamente con las intensidades y frecuencias de los actuales conflictos y malestares sociales. Por el momento la mayoría de los estallidos sociales ocurren en el cruce entre las expectativas desatadas y los bruscos cierres de oportunidades con que se las decepcionan.

Las inclusiones sociales parciales están marcadas por desigualdades, precariedades, incertidumbres, inseguridades, riesgos, fragilidades y vulnerabilidades. Como en una pendiente resbaladiza una sola exclusión, sea la poca educación, mala atención de salud o falta de trabajo adecuado, hacen más probable caer en otras (Luhmann, 1995c). De este modo se aprecia, en la sociedad contemporánea, un abastecimiento ininterrumpido de motivos para conflictos y frustraciones.

Se puede concluir que la actual forma de la sociedad no está hecha a la medida de nadie. Sus focos de tensión se multiplican. Por ejemplo, las sentencias legales son cuestionadas por no tomar en cuenta nada más allá de las consideraciones jurídicas; la determinación mercantil de los precios se confronta con las necesidades y derechos de salud o educación, suma y sigue. Así se aprecian las discrepancias entre lo que proclaman las declaraciones igualitarias, con las estructuras sociales excluyentes que se experimentan (… no entender por falta de información, no poder pagar por no tener dinero, no ser considerado por discriminación, etcétera).

Las explosivas combinaciones entre las demandas que emanan de derechos que chocan con sus limitadas posibilidades de concreción dejan en evidencia que la actual fórmula para la estructuración de la sociedad no da la medida para excluir sus efectos indeseables, y que estos se originan finalmente en sus propios procesos. El hecho es que la ínfima parte la población mundial vive a la altura de sus expectativas de calidad de vida, prosperidad, respeto, dignidad, reconocimientos, etcétera. Por eso, no es anecdótica la consigna “somos el 99%”, dicha a metros de Wall Street, en el núcleo del capitalismo financiero. Con ella se notifica que de acuerdo a sus pretensiones nadie se siente plenamente satisfecho. En su acumulación y agregación estas situaciones son el objeto de una crítica moral generalizada la cual se canaliza, cuando se puede, en acciones políticas o sub-políticas (Beck et al., 1997) o derechamente en la apatía, enajenación o la violencia.

Una sociedad que promete y a la vez niega no es fácil de tolerar. Así, no es extraño que las protestas sean cada vez más radicales y con vinculaciones más amplias e inesperadas –como que muchos jóvenes marginalizados y nacidos en Europa se inmolan por preceptos cuyos fundamentos apenas conocen y en el camino arrastran muchas víctimas inocentes.

Ante esos escenarios podríamos concluir que, hasta ahora, la evolución de la sociedad no ha dado con la receta para proporcionar la equidad que se proclama. Las tensiones sociales, multiplicadas y diversificadas, apenas pueden mitigarse por sistemas como el derecho, la política, la moral, la religión y múltiples organizaciones de servicios públicos, sociales y caritativos. Aunque, quizás los medios más eficientes, hasta ahora, son el efecto adormecedor y paliativo de los productos de la industria para la entretención de las masas o las satisfacciones que acompañan, a cualquier costo de endeudamiento, la masificación de las posibilidades de consumo. Como se entenderá, la alienación de los seres humanos esta en alza.

¿Qué podríamos decir sobre el por-venir de la sociedad actual?

Antes de abordar ese interrogante advirtamos que la sociología de sistemas y de la complejidad no supone que la sobrevivencia de la sociedad implique la eliminación de sus contradicciones o conflictos. La sociedad, en tanto sistema hiper-complejo, dispone de amplios márgenes para desarrollar estructuras compatibles con su mantención, y desde ellas siempre puede suponerse el surgimiento de condiciones que la coloquen en peligro. El problema es no poder determinar cuáles son los márgenes sistémicos de aceptabilidad de perturbaciones o calcular a qué distancia estamos de sus límites.

Hasta el momento, de acuerdo con nuestra argumentación, una de las principales fuentes de tensiones en la sociedad lo constituye la pretensión individual y colectiva de que el “estar en la sociedad” es en tanto “personas con derechos”. Justamente, es su falta de realización de la pretensión la que provoca enormes presiones sociales. En el intertanto no quedan lugares para legitimar la resignación, la obediencia o las atribuciones al destino. En este sentido, concordamos con Luhmann (1995b), cuando señala que los cada vez más altos grados de individualización y sus exigencias conducen a desbordar los niveles de conformidad requeridos para mantener la estabilidad, al menos transitoria, de las estructuras sociales tradicionales. El caso es que las nuevas expectativas proclaman y radicalizan expresiones de las distintas formas de realización humanas. Incluso los más exóticos intereses exigen ser resguardados y cubiertos.

Atendidas nuestras últimas indicaciones se podría, desde allí, empezar a advertir pistas acerca de cómo podrían acontecer cambios más radicales.

Específicamente, las magnitudes y alcances de las actuales tensiones sociales conducen a suponer el advenimiento de otro tipo de forma de sociedad. En términos más específicos podrían suponerse presiones provenientes de la agregación de motivos para oponerse a las condicionalidades que limitan las inclusiones de los individuos a los diferentes sistemas de la sociedad, especialmente aquellos más ligados a sus sobrevivencias o calidad de vida. Es decir, tendencias revolucionarias que emergen de variaciones desviantes y sus amplificaciones.

Ante el escenario descrito, qué duda cabe que un “orden” radicalmente distinto de la sociedad podría provenir de transformaciones cualitativas en su forma de estructuración. Por ejemplo, de una alteración radical de los mecanismos que regulan la integración de los individuos, con un cambio que posibilite una forma de sociedad cuyas estructuras no excluyan (Arnold, 2014a). En las actuales condiciones desconocemos cómo podría operar una sociedad sin exclusiones -¡quizá Borges hubiera estado en mejores condiciones para abordarlo!- Tampoco si existen las condiciones de posibilidad para este cambio. Menos si acaso la sociedad sobreviviría a tal intento. Pero ese desconocimiento no es un obstáculo, el futuro siempre es ignoto y, por lo tanto, abierto en sus posibilidades.

Por mientras, las presiones por transformaciones radicales se contienen relajando en forma parcial, circunstancial e intermitente, los criterios de exclusión que se aplican en los distintos sistemas sociales (por ejemplo, con subsidios, redes de protección social, extensión de derechos ciudadanos, rebajas de saldos por fines de temporada, etcétera). Estas modificaciones se describen como la admisión de mayores igualdades y se les da homenaje señalándolas como “conquistas”, “mayor participación” y “oportunidades”, pero se trata de cambios limitados que incluso, en contra lo esperado, al acumularse alimentan nuevas e inesperadas retroalimentaciones que potencian las conflictividades que pretendían aplacarse. El efecto amplificador que surge de “morder la manzana prohibida” no es desestimable.

Todo es incertidumbre sobre el futuro

Si se trata de aventurar pronósticos puede suponerse razonablemente que la sociedad seguirá (auto) confrontándose. Por eso, los vaticinios con mayores chances son la sucesión de conflictos cada vez más amplios, frecuentes y diversificados, cuya cobertura, a través de su reiterada notificación por los medios de comunicación para las masas, impedirán ignorarlos. Pero, ¿hasta cuándo? solamente podemos especular la respuesta. No contamos con buenas herramientas para la prospectiva de sistemas sociales hipercomplejos en este sentido hay algunas ventajas en observar sistemas sociales de formato más pequeño.

Quienes estudian, trabajan o asumen responsabilidades como administradores de organizaciones tienen mucho que aportar para entender fenómenos sociales de mayor envergadura. De cierta manera las organizaciones, especialmente las más grandes constituyen un espacio privilegiado para la observación de la sociedad y sus dinámicas. Aunque no lo hemos tratado aquí, podemos adelantar que es importante pensar la sociedad observando simultáneamente las organizaciones y viceversa. En estas materias los intercambios y préstamos teóricos son muy fructíferos y prometedores. Por eso quienes teorizamos sobre la sociedad y sus actuales desafíos no debemos, ni podemos, perder la pista de las funciones y modos de operación de las organizaciones en la sociedad contemporánea.

Bibliografía

Arnold, Marcelo y Cadenas, Hugo 2013 “Socio (auto) poiesis: re-especificación de la teoría biológica de la autopoiesis” en Razeto, P. y Ramos, R. (ed.) Autopoiesis un concepto vivo. (Santiago de Chile: Colección Ciencias Estructurales. IFICC).

Arnold, Marcelo 2014a “¿Qué tanto puede excluirse la exclusión social? El debate contemporáneo sobre las desigualdades” en Controversias y Concurrencias Latinoamericanas, Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), Vol. 6 N° 10, octubre, 13 – 25.

Arnold, Marcelo 2014b “Imágenes de la complejidad: la organización de las organizaciones” en Arnold, Marcelo; Cadenas, Hugo y Urquiza, Anahí (eds.) La organización de las organizaciones sociales. Aplicaciones desde perspectivas sistémicas (Santiago de Chile: RIL Editores), 21-53.

Beck, Ulrich; Lash, Scott y Giddens, Anthony 1997 Modernización reflexiva: política, tradición y estética en el orden social moderno (Alianza Editorial).

Luhmann, Niklas 1977 “Differentiation of society” in Canadian Journal of Sociology/Cahiers canadiens de sociologie, 29-53.

Luhmann, Niklas 1995a “Was ist Kommunikation?” en Soziologische Aufklärung 6: Die Soziologie und der Mensch (Opladen: Westdeutscher Verlag) 113–124.

Luhmann, Niklas 1995b (1989) “Individuo, individualidad, individualismo” en Zona Abierta 70/71 (España: Gesellschaftsstruktur uns Semantik. Studien zur Wissenssoziologie der modernen Gesellschaft, Franfurt aM), 149-259.

Luhmann, Niklas 1995c Inklusion und Exklusionen Soziologische Aufklärung 6. Die Soziologie und der Mensch (Opladen: Westdeutscher Verlag), 237-264.

Luhmann, Niklas 1997 “Globalization or World society: How to conceive of modern society?” en International Review of Sociology: Revue Internationale de Sociologie, Vol. 7 N° 1: 67-79.

Luhmann, Niklas 2010 Organización y Decisión (México: Editorial Herder).

Maturana, Humberto y Varela, Francisco 1995 (1973) De máquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo (Santiago de Chile: Editorial Universitaria) (desde la Segunda Edición (1994) cuenta con Prefacios separados de los dos autores)


  1. Ex Presidente ALAS, XXIX Congreso, Santiago de Chile, Chile. Miembro del Consejo Consultivo de ALAS.


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