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13 Algunas ideas sobre la problemática universitaria peruana en el mundo de la competitividad

Jordán Rosas Valdivia[1]

Introducción

Hoy en día, se acepta sin mayor discusión, que la formación multifacética e integral de la persona humana, constituye uno de los fines más altos que todo sistema educacional se propone. Para su concreción, se articula un proceso de transmisión de saberes, destrezas y valores que propician la internalización del mundo de la cultura en su diversidad de manifestaciones e implicancias. En la medida que el ser humano va internalizando dicho mundo, va preparando sus condiciones personales con las que ulteriormente podrá desenvolverse en el medio social; y de este modo, de una u otra manera, garantizar el desarrollo de su existencia.

Pero al mismo tiempo, este proceso educacional, no es, no puede ser una mera repetición de lo creado y hecho por las generaciones precedentes, sino que debe propender también, como condición eidética, a que los seres humanos sean capaces de convertirse en descubridores, inventores y creadores de la propia realidad.

Es desde esta perspectiva, que la educación para estar en consonancia con sus deberes históricos, debe coadyuvar a la formación de seres humanos capaces de asimilar, y a la vez, criticar y cuestionar lo conocido, tanto en el ámbito natural, cultural y social. Y de este modo, dar un paso adelante, que permita complementar el abordaje, en la medida en que los estudiantes estén en la capacidad de diseñar, proponer e implementar realidades de nuevo tipo, y en donde se pueda vivir de una manera diferente y superior. En este sentido, se aboga por una educación que concientice, y que por tanto, propicie el cambio cualitativo de las circunstancias supérstites.

Como se comprenderá sin mayor dificultad, en los procesos de reproducción, creación y recreación del mundo de la cultura, emerge la necesidad irrenunciable e insoslayable de la presencia de un nuevo tipo de quehaceres, que precisamente garanticen el proceso de humanización del que se educa. Humanización que en el fondo, tiene que ver no sólo con la aprehensión cognoscitiva de la realidad, sino también con la tesitura moral y la eclosión de los afanes contestatarios.

Asimismo, la importancia educacional en su diversidad de manifestaciones, debiera ponderarse en sus correlatos prácticos, como propulsora para el logro de la ciudadanía intercultural, la identidad nacional, el respeto y la valoración de la diversidad cultural de nuestro país, de la región y del mundo.

Asimismo, el quehacer educacional en nuestros días, nos deber llevar a observar críticamente que el mundo en el que desarrollamos nuestra existencia, es por esencia, competitivo, mercantilista, despersonalizado y ajeno. Consecuentemente, una ponderación objetiva y propositiva, no sólo debe efectuarse dentro de los parámetros antes descritos que privilegian los afanes contributivos respecto al desarrollo integral del educando, y que tienen que ver con la autoestima, el trabajo en equipo, la investigación cultural y artística, la metacognición, la resiliencia, etc.; sino que también y de manera muy especial, debe tener en cuenta el proceso de humanización y por tanto, el de desalienación.

El pensamiento educativo moderno

Los movimientos educativos que tienen gravitación en nuestro tiempo, tienen su origen en el posicionamiento del capitalismo monopolista, la revolución tecno-científica, los procesos de urbanización y descampinización, la consolidación de los sistemas democráticos fundados en el sufragio universal, la expansión y hegemonía de la comunicación satelital, la TV, el Internet, etc.

Asimismo, debe recordarse que el sistema capitalista, tiene como características esenciales: el enriquecimiento de un sector minoritario, el individualismo, la competencia, el consumismo y el utilitarismo materialista. Estos cambios y características, directa e indirectamente, se han reflejado en el mundo educacional.

Hoy en día, asistimos conturbados a la profusión de un conjunto de teorías, todas ellas con halos de cientificidad y que han merecido una difusión impresionante, a partir de su carácter novedoso y de algunos elementos objetivos que desarrollan. Sin embargo, su nota característica estriba en desconocer o minimizar la contradicción esencial del sistema capitalista, es decir, la que se da entre el capital y el trabajo. Asimismo, en la denominada sociedad del conocimiento, dichas teorías soslayan la presencia de las clases sociales y los procesos de inevitable pauperización de “las poblaciones trabajadoras extinguibles”, como que desconocen o minimizar el papel de la fuerza de trabajo como generadora de la riqueza socialmente producida.

En este sentido, es que han aflorado diversidad de propuestas. Dentro de las más importantes tenemos: el Pragmatismo, La Teoría del Capital Humano, del Talento, la Teoría de la Incertidumbre en Ciencias Sociales y en la Educación, el Pensamiento Complejo, el Constructivismo con todas sus variantes, y sobre todo, la gran difusión que ha alcanzado el Modelo por Competencias[2].

La sociedad del conocimiento

Históricamente la humanidad ha tenido una certeza indiscutible: la de la muerte. Sin embargo, desde hace 30 ó 40 años, a ella, se añadido otra, la certeza del cambio y la incertidumbre, como notas que caracterizan la época en que vivimos.

El concepto de “sociedad del conocimiento” como se sabe, surgió en 1976 cuando Peter Drucker publicó su libro “La sociedad post-capitalista”. En él se fundamenta la necesidad de generar una teoría económica que coloque al conocimiento en el centro de la producción de la riqueza y de los servicios, y asimismo, señalaba que lo más importante en la sociedad actual, no es la cantidad de conocimientos adquiridos, sino más bien su productividad.

Para Drucker, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que sustentan a la sociedad de la información y del conocimiento, están transformando radicalmente la economía del mundo globalizado, los mercados, la estructura de la industria en sus distintos niveles, los productos y servicios, la oferta y el ejercicio de los puestos de trabajo y con mayor fuerza, los mercados laborales.

Estas características, a una velocidad casi del vértigo, han trasformado el mundo educacional y con mayor razón, el universitario.

Para designar la sociedad en la que vivimos, se han acuñado muchos neologismos como: sociedad del conocimiento, sociedad informacional, informática y telemática, sociedad interconectada, sociedad info comunicacional, digital, sociedad postmoderna, sociedad digital, sociedad red, etc., etc.

En la sociedad del conocimiento, el papel de mayor trascendencia y significación, sin duda alguna lo ocupa el Internet.

La red de redes, como también se conoce al Internet, surgió en 1969 como una red que integraba entre sí, los centros de información de tres universidades norteamericanas y el Instituto de Investigaciones de Stanford.

Hoy en día sin el internet el mundo no sería igual. Su comunicación instantánea, su capacidad de almacenamiento y sobre todo, su oferta en la variedad de temas sobre casi todos los saberes de la humanidad, constituyen algunas de sus bondades. Pero también tiene límites y dosis deletérea. Nosotros enumeraríamos dos o tres: la pornografía, la trata de personas y por supuesto, el facilismo.

Lo cierto es que asistimos a una expansión planetaria y total, que cubre hasta nuestros recovecos más íntimos. Hallamos al internet a través de las computadoras, en cada una de las aulas de inicial, del colegio, y con mayor necesidad en la universidad. Lo hallamos en nuestras casas, en la calle y hasta en los teléfonos celulares que utilizamos.

Un análisis somero sobre las ventajas que da la sociedad del conocimiento, a través del internet, la informática y la telemática, nos lleva a señalar resumidamente, que:

1) Multiplican exponencialmente hasta el vértigo, la velocidad de la información, ganando tiempo y esfuerzos,

2) Su gran capacidad de almacenamiento y,

3) La posibilidad de que el usuario se conecte con todo el mundo, sin salir de su domicilio.

Las nuevas tecnologías disponibles a través de la Informática, Telemática, Inteligencia Artificial o Realidad Virtual, pueden y deberían ser utilizadas para optimizar el proceso de enseñanza–aprendizaje, además de las funciones conocidas: acopio, transmisión y recepción de información, y de ser factible las tareas de difusión cultural.

“Desde los años setenta el entorno mundial empezó a experimentar transformaciones de fondo – escribe Edelberto Torres–Rivas –, en una dimensión que sólo recuerdan lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XVIII. Se vive una gran revolución centrada en las tecnologías de la comunicación y la ingeniería genética. Internet es, al mismo tiempo el arquetipo y el más poderoso instrumento de dicha revolución. Y bajo el impulso de estas nuevas tecnologías y formas flexibles de organización y gestión nace una nueva economía y con ello una nueva sociedad, que se caracteriza por el aumento de la productividad y la competencia global. La sociedad digital en proceso de construcción es la sociedad del conocimiento, sobre todo del tecnológico” (Torres-Rivas, 2001: 31).

No tenemos la menor duda, vivimos en un mundo donde la cultura de la información, se impone como un quehacer insoslayable en la lucha por la sobrevivencia. La información, el conocimiento son condiciones básicas a efecto de emprender cualesquiera de las acciones a las que estamos llamados a realizar, por un lado; pero por el otro, requerimos de esta cultura informática, para conectarnos con nuestro entorno social y familiar, y de este modo vivir con los demás.

En esta vorágine, en este afán por igualarnos, por la ropa y las percusiones de los grupos de moda, en fin, por la oferta ideológica propalada consciente y/o subliminalmente por los medios de comunicación masiva; las diferencias en términos de clase, pareciesen mantener cierta nitidez en la perspectiva del análisis.

La sociedad de la información –dice Galindo Cáceres–, es la forma cerrada de lo social. Se configura en el agrupamiento de conglomerados humanos en lugares acotados y ordenados, las ciudades, jerarquizados y controlados por lo más alto de la jerarquía. Sociedades con centro que gobiernan la periferia, donde los pocos toman decisiones por los muchos” (Galindo Cáceres, 1998: 15).

Coaligado a las características de la sociedad digital, hoy en día se tiene la certidumbre que la información, que el conocimiento es poder y a su vez dominación. Beatriz Villareal Montoya, en su último libro ha señalado que:

“Algunos filósofos del siglo XX, como Martín Heidegger, Michel Foucault y Teodoro Adorno, en su intentos por ampliar el pensamiento occidental y borrar las barreras entre las disciplinas sociales y otras formas de pensamiento, continuaron el gusto por relacionar el estilo de Friedrich Nietzche, la escritura con los recursos metafóricos, los aforismos, lo poético y lo narrativo, así como en seguir los pasos, en su forma crítica a los orígenes de la racionalidad y la subjetividad modernas; lo que procuró cambios importantes a la forma de pensar existente. De ellos, fue Michell Foucault el que desarrolló la tesis nietzcheana de que los conocimientos nunca son autónomos y que siempre están elaborados en relación con las estrategias de dominación. Y que allí donde se constituyen campos y estrategias de poder hay, casi siempre producción de saber, y que los lugares y las disciplinas donde el saber se ejerce, implican a menudo dominación de los humanos, y sus efectos, lo que según Adorno y Horkheimer, siguiendo a Nietzsche, hace posible que a partir de entonces, se pueda percibir una convivencia entre la racionalidad moderna y la dominación” (Villareal Montoya, 2002: 251).

Sin embargo, y como sucede en todos los ámbitos de la sociedad, la dominación en el mundo de la información y el conocimiento, tampoco es uniforme y unidireccional; puesto que a su interior se generan verdaderas batallas por la hegemonía y el poder multinacional.

“La lucha por dominar el mercado de la comunicación enfrenta a grandes monopolios, como General Electric, RCA y NBC; Time. Warner, Turner, CNN y American on Line; o Paramount, Gulf Western, Simon & Schuster y Prentice Hall. Controlar el mercado significa el dominio de una sola firma de decenas de estudios de televisión, estaciones de radio, compañías de telecomunicaciones, satélites, cadenas de periódicos, revistas y casas editoriales, productoras de  cine, distribuidoras de video y televisión por cable, sellos discográficos, cadenas de hoteles, líneas aéreas, etc. El control del mercado, confiere un poder político mundial” (Historia Universal, 2003: 119).

En las sociedades modernas se asume que el mayor tesoro es el conocimiento que las personas tienen, y que pueden acumular e intercambiar, haciéndolas más prósperas y competitivas. Es por estas consideraciones, que la Teoría del Capital Humano por ejemplo, hoy en día se haya posicionado tanto, ganando diversidad de adeptos en todo el Mundo.

Asimismo y desde un talante crítico, debe anotarse que un problema cenital en nuestra época, a pesar de su antigua data, tiene que ver con el proceso de enajenación, cosificación o mercantilización. Proceso que se presenta en todos los ámbitos de la vida, y en ese sentido debiera ser abordado; empero, en sus rasgos más significativos, consiste en una reciprocidad esencial entre la enajenación del hombre consigo mismo y como corolario de su enajenación relacional con los demás, e inversamente la alineación de los otros por su relación con el hombre.

La enajenación del ser hombre, parte de la pérdida de su eidos, de su esencia, es decir de su cualidad más genérica o humana: su hacer, su práctica productiva, y que se encuentra negada porque no es propiedad de quien la efectúa, sino de quien la alquila o compra.

En el ámbito de la sociedad en la que vivimos, también debe asumirse y demostrarse cómo la educación y el propio conocimiento aparecen en su diversidad de manifestaciones como una mercancía más, susceptible de ofertarse y pertinentemente de comprarse. Y su análisis exhaustivo, meticuloso y ponderado, esta es una tarea pendiente en las ciencias sociales, que no se ha efectuado con el énfasis y la difusión adecuados.

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones

Este refrán atribuido a Dante, muy bien podría aplicarse a la educación peruana, puesto que se cuenta con un andamiaje legal basto y diverso, donde las disposiciones rezuman humanismo, solidaridad, equidad, lucha contra la exclusión, la pauperización, discriminación, se aboga por la calidad, competitividad, etc., etc. Empero la realidad, tozudamente nos muestra sus reveses.

La educación peruana se inspira en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en los principios de la Constitución Política del Estado y los principios, fines y objetivos que prescriben las leyes sobre educación. Por tanto, la educación que se brinda en el país, se afirma, debe ser de calidad en todos los niveles y modalidades y exenta de toda discriminación. Asimismo, se complementa con el derecho y el deber de la sociedad de contribuir a su desarrollo

Sin embargo, subsisten diversidad de problemas en todos los niveles, lo que a las claras nos recuerda que no bastan disposiciones legales, si es que previa o paralelamente no se encaran solutivamente la problemática existencial de la población.

En el Perú, a pesar de las disposiciones legales correspondientes, contenidas en la anterior Ley 23.733, y en la actual 30.230, los problemas de diverso tipo que aquejan a la universidad, no se han resuelto, pues estos tozudamente persisten a pesar de las frondosas y recurrentes declaraciones oficiales.

De las aporías: el derecho a la educación, la masificación universitaria y la exigencia a la competitividad, la eficiencia y la elite intelectual

En la década del XXX del siglo anterior, aparece La Rebelión de las Masas, el libro más conocido de José Ortega y Gasset, y en donde se analiza el proceso mediante el cual, las clases populares acceden a los espacios tradicionalmente reservados a las élites. A pesar de su antigüedad, la visión de este conocido autor español, pareciera alcanzar hasta la época en que vivimos. Así tenemos, la presencia popular en la política, la economía (por ejemplo, la familia Cataño en el Perú), el teatro, el cine, en los conciertos que dan las luminarias de la música (Richard Clayderman, André Rieu, Shakira, Rolling Stone, One Direction), la pertenencia a clubs, la presencia en restaurantes selectivos, como también en centros educacionales privados, etc., etc.

En el caso de la universidad, de manera ostensible en las últimas décadas no solamente asistimos a su proliferación indiscriminada, sino que también presenciamos la masificación estudiantil y consecuentemente, la profesoral.

Y esto está mal?, nos preguntamos. Por supuesto que no. Pero entonces el problema ya es otro. Cómo compatibilizar la cantidad con la calidad, cómo enfrentamos el exacerbado número con la competitividad, la eficiencia y la acreditación. Y más aún, qué hacemos con una creciente parvada de hombres y mujeres profesionales que con sus títulos bajo el brazo, pugnan infructuosamente para lograr una vacante en el mercado laboral, cada vez más estrecho y difícil.

En el mundo digitalizado, en efecto, ocurren dos procesos contradictorios. Por una parte, la educación como derecho (en muchos países como Perú por ejemplo, al menos declarativamente, la educación es obligatoria y gratuita hasta la culminación de la secundaria) ha propiciado la masificación estudiantil, fenómeno que se irradia hasta en sus niveles universitarios. Y por otra parte, la necesidad de la competitividad y la producción del conocimiento en el mundo globalizado. En otros términos y de manera resumida: la universidad en nuestros días ¿debe ser selectiva?, es decir, ¿debe estar conformada por una elite intelectual? No olvidemos que las universidades mejor posicionadas en los ránkings internacionales, son aquellas que necesariamente no son multitudinarias. Uno de los ítems utilizados en estos procesos de posicionamiento, tiene que ver con la selectividad académica, es decir, con la Tasa de aceptación que considera precisamente, la proporción de alumnos seleccionados sobre el total de postulantes[3].

Coaligado a lo anterior, en nuestros días también debe visualizarse otra incompatibilidad. Y tiene que ver con la declarada necesidad de la eficiencia, las competencias y el éxito que dimanan de las exigencias económicas del mercado por una parte, y su compatibilización con un quehacer educacional que tenga en cuenta la necesidad de una adecuada formación académico-humanística, es decir, artística y cultural, que por lo demás, ha sido y debe ser es una función básica, tradicional e irrenunciable de la universidad. De lo que se trata entonces, es que sobre la base crematística y utilitaria de la época asaz por demás, también compulsivamente debiera enhebrarse un quehacer humanístico.

Si se fundamenta y acepta la incompatibilidad, entonces la universidad ¿no se colocaría irresponsablemente de espaldas a las necesidades de la realidad actual?

Contradicciones que por lo demás, difícilmente serán superadas en el sistema actual.

La problemática universitaria

La universidad debe cumplir sus funciones mediante la docencia para la formación profesional, la investigación, la extensión y proyección social, la asistencia técnica y la promoción del arte y la cultura. Está basada en dos soportes fundamentales: el estudiantado[4] y la docencia[5].

En el caso de la problemática universitaria, ésta no es ajena ni aséptica de la problemática general de la educación en cada uno de los países y aún no está exenta de las determinaciones e influjos de las estructuras sociales prevalecientes.

Por tanto, está imbricada umbilicalmente con la problemática económico-social de la que es parte constitutiva. En tal suerte que es sumamente compleja e intrincada y requiere un análisis fino en su tratamiento.

En la época en que vivimos, una era avanzada de conocimientos científicos y modernidad, la creatividad y la innovación tecno-científica en todas sus ramas debieran ser asumidas como cruciales para lograr coadyuvar a los procesos de desarrollo social. En este sentido, la educación especialmente de nivel universitario, debe constituir uno de sus soportes primordiales para la consecución de los fines u objetivos que se proponen. Y es en este sentido, que en América Latina, en los últimos años, desde el Estado se han creado organismos para tal fin[6].

Sin embargo, por diversidad de circunstancias, en la región, y especialmente en el Perú, la universidad lejos de constituirse en un factor que ostensiblemente contribuya a la mejora de la calidad de vida de los sectores poblacionales de mayor pauperización, pareciera devenir en un obstáculo.

En los últimos años, se ha informado respecto a los rankings universitarios. Dentro de las 100 mejores universidades del Mundo, curiosamente no figura ninguna de Latinoamérica. Sin embargo, las de mayor desarrollo, que no pasan de cinco, se ubican ente el puesto 101 y 200. ¿Y las demás?

Y es que el panorama económico-social que es complejo en la región, en el ámbito universitario es asaz disímil y heterogéneo. Situación que obligatoriamente debe llevarnos a efectuar un análisis desapasionado y propositivo.

Cierto, la problemática universitaria en América Latina, es enrevesada y con multiplicidad de aristas. Un listado incompleto, desde la perspectiva peruana sobre sus principales manifestaciones podrían visualizarse en:

  • La proliferación irracional de universidades, y su baja calidad académica. Por ejemplo, en el Perú el año 2000 se contaba con 72 universidades, y ya en el 2013 este número subió a 142, es decir en casi 10 años, se duplicó (de las 142, 51 son públicas y 91 privadas). Estos datos, por supuesto que son preocupantes toda vez que el Perú, con 30 millones de habitantes, en América Latina tiene el mayor número de universidades después de Brasil (230 millones de habitantes), y más que México (130 millones), Colombia (50), Argentina (46)
  • En la actualidad, en América Latina y particularmente en el Perú, la creación de la mayoría de universidades particulares se efectúa bajo la lógica del mercado y pertinentemente para la obtención de ganancias. Desdichadamente lejos de un quehacer académico aceptable, la presencia de estas universidades ha significado para sus propietarios, accionistas o promotores, la creación de verdaderos centros de enriquecimiento. Tal el caso de Alas Peruanas.
  • Coaligado a la proliferación indiscriminada de universidades y centros de educación superior, nos encontramos con la masificación estudiantil en todas las carreras, lo que conlleva irremisiblemente después a la desocupación profesional. Y es que esta proliferación, va de la mano con el deterioro de la calidad académica y lo que es más preocupante, con el engrosamiento de las filas de desocupados con título profesional. Hoy en día, un pasajero toma un taxi y le pregunta al conductor qué profesión tiene, y recibe de respuesta: profesor, abogado, contador, etc. O si nos asomamos a las calles donde se arropa el comercio informal, y realizamos la misma pregunta a las vendedoras, posiblemente nos responderán: enfermeras, asistentes sociales.
  • No olvidemos que desde la época del positivismo, se creía que uno de los factores de mayor gravitación en el desarrollo de los pueblos, estriba en incentivar las carreras ligadas a las ingenierías. En efecto, se consideraba que eran mucho más necesarios los ingenieros que los abogados y sacerdotes.
  • En nuestro tiempo, se asocia la ciencia a la tecnología, y ambas a las mayores posibilidades de obtener vacante en el competitivo mercado laboral. En efecto, la realidad pareciera dar en alguna medida la razón a esta visión de antigua data.
  • En el diario La República (Perú, 07.08.2017) se señala que el 44% de los profesionales universitarios termina en el subempleo, sin embargo, “siguen faltando egresados de carreras técnicas en el país”. “Hay un 70% de los egresados de colegio que aspiran a la universidad y un 30% a seguir sus estudios en una institución técnica”. Y la gran pregunta, aflora de inmediato: ¿qué hacer para revertir la tendencia?
  • Ciertamente hay un deterioro del nivel académico, ostensible en la escasa preparación profesional de los egresados.
  • No existe responsabilidad e idoneidad en los procesos de admisión, tanto en la conformación de la plana docente como en el sector estudiantil.
  • En la gran mayoría de universidades, sobre todo nacionales, la precariedad presupuestal es una característica recurrente, y con consecuencias desequilibrantes para la vida institucional.
  • La politización en las universidades especialmente públicas. Cuando la participación, docente y estudiantil, en los organismos de gobierno (consejos de facultad, consejo universitario y asamblea universitaria) tiene un carácter partidario y excluyente, evidentemente se genera una distorsión con graves consecuencias para la marcha institucional. En algunos casos se genera una dictadura, a través del tercio estudiantil.
  • Un caso patético, sobre la injerencia política de organizaciones que nada tienen que ver con la academia, lo constituyó la senderización del claustro en la década del 90. La imposición de una doctrina -con exclusión de las otras- y la persecución a profesores y estudiantes, llegando hasta su aniquilación física en pleno salón de clases. Ciertamente, todo fenómeno educacional, posee un componente político. Máxime en la universidad, donde la autonomía académica, debe concretizarse en la libertad irrestricta de ideas y doctrinas. En todo caso, la crítica estriba en rechazar la intolerancia y la politización partidaria, que ha llevado a la universidad pública a su bancarrota académica, y de la cual todavía no puede resarcirse.
  • Contrato y nombramiento de profesores sin idoneidad intelectual ni moral.
  • Tomas de locales y tachas injustas contra profesores de calidad en el ámbito peruano, un caso paradigmático, es el de Víctor Andrés Belaúnde en la Universidad de San Marcos en la década del treinta en el siglo pasado.
  • Por otra parte, debe señalarse que la composición etárea y de género, conlleva una serie de características que hacen de la enseñanza universitaria, un quehacer diferente a la del colegio y a la del nivel primario e inicial.
  • Los niveles de formación del docente universitario y su problemática salarial disímil.
  • Una primera aproximación a la composición de la plana docente, nos revela la disimilitud de especialidades: ingenieros, médicos, abogados, enfermeras, administradores, etc., etc. La didáctica universitaria, debería plantearse además, la necesidad de capacitar a los profesores para la actividad docente, sobre todo, a los que no tengan formación pedagógica
  • El estudio constituye la principal actividad para la adquisición de conocimientos. Por tanto, existe la imperiosa necesidad de investigar sus condiciones. Las diferencias por estrato socio-económico, por condiciones fisiológicas y psíquicas, por la accesibilidad a los materiales de estudio y los recursos técnicos, etc. Desde esta perspectiva, la asignatura de un curso de metodología del trabajo universitario, puede ser de gran ayuda para que los estudiantes alcancen sus metas.
  • Hoy en día, dados los avances de la ciencia y la tecnología, el internet, la comunicación satelital, la robótica, etc., debieran ser utilizados por el profesorado y el estudiantado, en sus quehaceres habituales.
  • Los sistemas de evaluación (docimología), constituyen otra de las preocupaciones de la problemática de la educación superior. Evidentemente, no podemos evaluar con las mismas pruebas a un estudiante de ingeniería, de derecho o enfermería.
  • La obsolescencia de los currículos universitarios y la exigencia de mayor versatilidad y flexibilidad curricular.
  • Otra preocupación tiene que ver con la tesitura moral del personal que integra la comunidad universitaria.
  • El nepotismo como una de sus principales lacras. Nadie niega el derecho consustancial que tiene cada ser humano al trabajo. Pero este derecho se resquebraja y resulta enervante cuando un padre o una madre aprovechándose del cargo, logra que su hija, hijo, nieto, yerno, nuera, cuñado, etc., obtenga el puesto de docente o administrativo en la universidad donde labora. Y entonces encontramos verdaderas telarañas familiares, que impiden ciertamente un nivel académico adecuado y competitivo. Pero el asunto resulta mucho más urticante, cuando algunas instituciones especialmente de índole particular, han prescrito en sus estatutos, el derecho de que tienen los profesores titulares de colocar a sus hijos en la plana docente o administrativa.
  • El provincianismo ramplón en algunas instituciones. En el mundo de la globalización y el conocimiento, la internacionalización de los procesos de aprendizaje se imponen. Esto quiere decir, que el profesorado que realiza sus estudios de post grado fuera de su universidad de origen y mejor aún si los hace en el extranjero, debiera ser emulado y tener algún reconocimiento. Sin embargo, existen universidades que lejos de alentar el perfeccionamiento exterior, en los concursos para contrato o nombramiento y aún en los de ascenso, bonifican con un puntaje mayor,  a sus propios egresados, alentando de esta manera la conformación de una visión localista, estrecha y falsa sobre el mundo del cual tanto hablamos.
  • La gran mayoría de universidades en sus correspondientes facultades no han logrado la evaluación, y acreditación tal y conforme lo prescribe la Ley 28740, como que tampoco han alcanzado el licenciamiento que prescribe la actual Ley Universitaria.
  • Elección de autoridades por consigna partidaria.
  • En algunos casos la elección de autoridades es un asunto que linda con el delito o al menos con la corrupción.
  • Muchos docentes que aspiran a los cargos mayores, asumen que la elección es una inversión y que después redituará con creces, y para su concretización se hacen préstamos bancarios, o los profesores de mayor cercanía realizan sus cuotas, muchas veces a suma alzada. Y por cierto, a los electores se les ofrecen cambios de régimen, ascensos, contratos para los familiares, etc., etc. Casi siempre, las reuniones donde se acuerdan los planes de acción, tienen un carácter subrepticio. La víspera de la elección, entre gallos y medianoche, los designados en sus vehículos van de casa en casa para recordar a los profesores respecto a los compromisos que con antelación asumieron.
  • En el caso de los estudiantes. En el Perú, la antigua Ley universitaria 23733 prescribía que el tercio estudiantil participa en las elecciones, y por tanto los profesores que se disputaban los cargos, se desgañitaban en atenciones a sus jóvenes electores, mediante regalos como computadoras, dinero, trago, hoteles con señoritas para su mejor atención, y por supuesto el compromiso (generalmente cumplido) de contratárseles como docentes apenas terminasen la carrera. Como quiera que con la nueva Ley 30.220, las elecciones tienen un carácter universal, pues todos los estudiantes participan, a los dirigentes se le otorga las canonjías anteriormente descritas, en tanto que a la masa estudiantil, se les obsequia polos, gorros, llaveros, lapiceros con los nombres de los candidatos; asimismo, se les ofrece parrilladas amenizadas con orquestas o bandas del lugar, donde las cajas de cerveza circulan por doquier.
  • Por cierto que en estos menesteres, las propuestas académicas y de mejora institucional, quedan reducidas a la mínima expresión. 
  • Asimismo, para ser objetivos, debe señalarse que en no todas las universidades del Perú se da el panorama anteriormente descrito, pues hay instituciones que han alcanzado merecido prestigio, donde la superación, la eficiencia y la moral constituyen sus más altas banderas.
  • Por tanto, reiteremos, colocar a todas las universidades en el mismo rasero, no constituye una actitud serena, imparcial ni objetiva. En América Latina, como en el Perú, existe un pequeño número de instituciones tanto nacionales como de carácter particular, que a través del tiempo, y debido a la selección de sus integrantes (a nivel docente y estudiantil), y la rigurosidad de sus funciones, principalmente académicas e investigativas, han logrado espacios de prestigio, que demandan el reconocimiento de sus comunidades como del país al que pertenecen.

El grito de Córdoba: la reforma universitaria y su trascendencia en América Latina

No podríamos cerrar estas reflexiones, sin aludir al movimiento estudiantil. Y es que una adición pertinente a lo señalado, se desprende del análisis de cómo los estudiantiles en alguna medida se posicionaron en la historia al lograr una ruptura epistémica sobre la hegemonía imperante desde principios del siglo XX. Nos referimos principalmente, al Mayo francés del 68, a la masacre de Tlatelolco, a los movimientos Magisteriales, Ayotzinapa en México, a la movilización de los estudiantes chilenos, etc.

Todos estos acontecimientos, deben llevarnos a enhebrar un hecho de la mayor trascendencia y que debería relievarse no sólo como referencia histórica, sino para observar sus resonancias actuales en América Latina puesto que en la gran mayoría de universidades de la región persiste la autonomía, el cogobierno, la asistencia libre, la extensión universitaria, los concursos de oposición. etc. Tiene que ver con la Reforma Universitaria iniciada en Córdoba en 1918. Y es que este acontecimiento, en nuestros países ha tenido, sin duda alguna, mayor gravitación por su concreción práctica que el propio “mayo francés” del 68. Su influencia no sólo tiene que ver con las universidades argentinas sino y de manera principal, con las latinoamericanas; influencia que por lo demás, en muchos de sus aspectos, está plenamente vigente.

Estando en vísperas de su centenario, el análisis sobre su trascendencia en los distintos espacios de la universidad se hace imprescindible, a efecto de ponderar entre otros aspectos, su vigencia y las maneras cómo la Reforma de 1918 ha posibilitado u obstaculizado el desarrollo universitario y social de América Latina en la vorágine de la globalización y los procesos de colonialidad del saber.

Algunas ideas sobre el quehacer en la educación actual

Múltiples son las tareas para encarar la problemática educacional, que tiene diversidad de expresiones y aristas; todas ellas, intrincadas y casi con la potestad recreativa de la Hidra mitológica. Nosotros a manera de propuesta, a grandes trazos bocetamos las siguientes:

Revalorar el legado de las culturas nativas y propiciar el descubrimiento de los “saberes sumergidos”. A través de la recuperación de la identidad, de las tradiciones, del conocimiento popular y el folklore, los imaginarios, y las subjetividades colectivas. Y esto tiene que hacerse a efecto de evitar la depredación de las poblaciones originarias en América Latina, su explotación y su inexorable “epistemicidio” y “etnicidio” cultural[7].

Tener una actitud crítica sobre los procesos de colonización y neo colonización del saber y propiciar proyectos alternativos que tengan en cuenta la originalidad y las peculiaridades de América Latina. Por supuesto que aquí no se trata de ninguna actitud xenofóbica. En este sentido, al aplicar al quehacer educacional recreemos la frase de Mariátegui, cuando afirmaba: “…No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica…” (Mariátegui, 1969).

En América Latina, en contamos con una pléyade de grandes maestros que bien podrían servirnos de paradigmas. Entre otros, mencionamos a: Simón Rodríguez, Andrés Bello, Faustino Sarmiento, Aníbal Ponce, José Antonio Encinas, José Carlos Mariátegui y Paulo Freire.

Bibliografía

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Galindo Cáceres, Jesús 1998 Técnicas de Investigación en sociedad, Cultura y Comunicación (México).

Historia Universal 2003 El Comercio. (Lima) N° 16.

Mariátegui José Carlos 1969 Ideología y Política (Lima: Biblioteca Amauta)

Ortega y Gasset, José 1964 “La Rebelión de las Masas” en Revista de Occidente (Madrid).

Torres Rivas, Edelberto 2001 Acerca del pesimismo en las ciencias sociales (Guatemala: Flacso).

Tuning 2007 “Reflexiones y perspectivas de la Educación Superior en América Latina” en Informe final Proyecto Tuning América Latina.

Villareal Montoya, Beatriz 2002 Las Ciencias Sociales: Historia y significado a fines del Siglo XX (Guatemala: Ed. Ó. de León).


  1. Ex Presidente ALAS, XXIV Congreso, Arequipa, Perú 2003. Miembro del Consejo Consultivo de ALAS
  2. El término competencia se utilizó desde 1970 en el ámbito laboral, Sin embargo, desde 1980 empezó a ser utilizado en el ámbito de la educación, para elaborar modelos de competencias en diferentes niveles educativos, hasta abarcar su totalidad. En este sentido, tiene importancia los acuerdos del Proceso Bologna, el proyecto DeSeCo (1997) de la OCDE y posteriormente Tuning tanto el europeo (2000), como el latinoamericano (2004-2007).
    Este modelo sostiene que el conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano que lo realiza a partir de los esquemas que ya posee características del modelo por competencias aplicadas a la universidad:
    Centrado en el estudiante Orientado al dominio de competencias, es decir, a la resolución de problemas Basado en la consecución de resultados pues está enfocado en la consecución del éxito Desarrolla competencias para el mundo de hoy. Se inspira en las necesidades del mercado Las competencias deben ser genéricas Reconocimiento de los aprendizajes previos Se basa en la metacognición y aspira al aprendizaje autónomo (aprender a aprender). Se basa en demostrar el dominio de conocimientos, habilidades, actitudes y valores. El conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano. Implica nuevos desempeños y aprendizajes tanto para los estudiantes, como para el profesor. El docente, es un facilitador del aprendizaje. Se basa no en la cantidad de información que los estudiantes reciben, sino la calidad de la misma Reconoce que la capacidad de aprender se da a lo largo de la vida. Permite y fomenta la participación activa Considera que estamos en la era digital.
  3. Alberto Bialakowsky y Cecilia Lusnich en su artículo: Universidad y pensamiento crítico. Hegemonías y resistencias en América Latina siglo XXI, señalan un conjunto de contradicciones entre la educación superior como derecho universal y las necesidades del mercado para asumir a esta educación como mercancía.
    Si bien es cierto, la UNESCO en octubre de 1998 llevó a cabo la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, señalando que: “El acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos… no se podrá admitir ninguna discriminación fundada en la raza, el sexo, el idioma, la religión o en consideraciones económicas, culturales o sociales, ni en incapacidades físicas”. Sin embargo, desdichadamente, hoy en día, embozada o abiertamente, en nuestros países sobre todo, preponderan las discriminaciones y los afanes mercantilistas en todos los ámbitos de la vida social, pero especialmente en materia educacional. Por ello, la pregunta que nos planteamos ahora, estriba en ¿Qué tenemos que hacer para erradicar la discriminación en todas sus formas?
    Inclusive, Bialakowsky y Lusnich nos recuerdan que en la Conferencia Regional de Educación Superior (Cartagena de Indias, Colombia, 2008), se presentó el Documento Base CRES2008 – “Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe”, acordando que “La Educación Superior es un derecho humano y un bien público social. Los Estados tienen el deber fundamental de garantizar este derecho. Los Estados, las sociedades nacionales y las comunidades académicas deben ser quienes definan los principios básicos en los cuales se fundamenta la formación de los ciudadanos y ciudadanas, velando por que ella sea pertinente y de calidad”.
  4. En cuanto a la problemática de los alumnos, podemos señalar: (a) Bajo rendimientos académico aptitudinal, (b) Repetición de cursos, (c) Ausentismo, (d) Hábitos inadecuados para el estudio, (e) Poca capacidad de atención y concentración, (f) Baja comprensión lectora, (g) Dificultades en la expresión oral y escrita, (h) Problemas de comportamiento, (i) Retraimiento y timidez, (j) Agresividad, (k) Desorientación profesional y ocupacional, (l) La violencia estudiantil, (m) Embarazos no deseados, (n) Problemas familiares, (o) Problemas económicos, (p) Carencia de tutoría y servicio psicológico y social.
  5. Los perfiles o competencias requeridos para una docencia de calidad podrían estar dados por: (a) Capacidad legal para el ejercicio docente, (b) Actualización, (c) Capacidad didáctica, (d) Comunicación verbal y para verbal, (e) Perfeccionamiento, (f) Idoneidad moral, (g) Investigación y publicación de obras, (h) Identidad con el centro laboral, (i) Participación en las actividades institucionales, (j) Humanismo, (k) Educar con el ejemplo (video sobre la puntualidad), (l) Empatía, (m) Utilización de los códigos presenciales, (n) Sensibilidad social, (o) Ser motivador.
  6. Bialakowsky y Lusnich en este libro nos recuerdan que, “Movidos por las inquietudes generadas por estos fenómenos de productividad e internacionalización, en los últimos años de la década de los ochenta y a comienzos de la siguiente comenzaron a crearse organismos nacionales de evaluación de la Educación Superior. Así pueden citarse que en México se creó en 1989 la Comisión Nacional para la Evaluación de la Educación Superior (CONAEVA), en Colombia en 1992 el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) y en Argentina en 1995 la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). En años posteriores les seguirían muchas otras, en un proceso que aún no ha concluido, pues se asiste a la creación de nuevas agencias nacionales”. En el Perú por mandato de la nueva Ley universitaria 30220, se creó el SUNEDU Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria. Organismo autoproclamado como protector de la calidad universitaria en el Perú.
  7. Inexorable, si no cambian las condiciones de supervivencia actuales.


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