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Diálogos sobre el conocimiento, la complejidad, el desarrollo y la geopolítica

Alberto L. Bialakowsky, Marcelo Arnold-Cathalifaud, Paulo Henrique Martins y Jaime A. Preciado Coronado[1]

Nota inicial

Este prefacio de coautoría está motivado por alentar la lectura, sobre todo intercambios y debates. De modo tal que se desprende del formato habitual de presentación para elaborarlo en la forma polifónica, así se ha dividido el texto en cuatro ejes, el conocimiento, complejidad, desarrollo y geopolítica, trazando a partir de ellos un diálogo con los artículos compilados, en oportunidades de manera transversal en otros singularizado, en todos los casos con esta intención dialogante.

El conocimiento en sus laberintos

“Cómo voy a salir de estos laberintos”

Gabriel García Márquez

El general en su laberinto,

Oveja Negra, 1989

Partimos de la necesidad de pensar que la ciencia se compone inescindiblemente de dos espacios, uno que refiere a sus contenidos tales como las teorías, las metodologías y los observables empíricos de los cuáles hace uso para sus producciones, como por el otro, por aquel sustrato que remite al tipo de composición de sus productores.

Con la institucionalización de ciencia europea desde el siglo XVIII, como ciencia oficial, se construye una drástica división entre el saber científico y los otros tipos de conocimiento. Se instituye así una organización que es formalmente reconocida como científica, a la vez que se conforma un colectivo planetario pero fragmentario de productores individuales al tiempo que son agrupados por una creciente división entre disciplinas y especializaciones. El modo científico abarca en consecuencia ambos espacios, contenidos y productores, pero mientras que las “revoluciones científicas” pueden conmover o mutar el edificio de los contenidos, su base productora, queda opacada, tal como si su emergencia se reprodujera naturalmente sin diseño, sin intervención, sin conducción de una escala epistémica.

Las formas organizacionales en que se desarrolla la actividad científica tienen consecuencias. Estas han adquirido la forma homóloga a la contratación de los procesos de trabajo empresariales, con lo cual dicha cooperación puede ser definida, en los términos clásicos de la economía política crítica, como un tipo de “cooperación despótica”. Artefacto por medio del cual se instituye y facilita la ocupación y la desposesión del saber social, de manera que en forma incremental el conocimiento se le expone como un bien transable que resulta reforzado por medio de métricas de productividad y patentes de propiedad, monopolizadas por organizaciones, que coinciden en direccionar unidimensionalmente la innovación científica y tecnológica.

La naturaleza epistémica subyacente a las expresiones arriba descritas queda al descubierto en oportunidad de las actuales crisis, donde los científicos advierten que el sentido de su quehacer y sus formas de construir la composición de sus productores se privatiza excluyendo el conocimiento como un bien común, a la postre el diseño neoliberal coincide, en parte, con el reforzamiento de una tradición del paradigma positivista que confía el conocimiento a una élite aguzando su cúspide en constante debate con el “supuesto peligro” de la masificación de la educación superior y el acceso social a la producción científica.

En el presente siglo la región ha mostrado frente al espectro de la restauración conservadora, que recorre la región y el orbe, múltiples resistencias para no resignar espacios de autonomía y creatividad con expresiones colectivas de los movimientos intelectuales que en el espacio público reivindican el conocimiento como bien social intercultural, el derecho a la educación superior, el rechazo a la segregación en cualquiera de sus expresiones raciales, género o sociales.

De ahí que ALAS como asociación académica, que se nutre y nutre al pensamiento social crítico, puede expresarse como parte de esta corporeidad en la producción de conocimiento social y sociológico. Se abre entonces la necesidad de interrogar nuestras prácticas. Si el alcance de la hegemonía es tan amplio y profundo hoy, toca preguntarse sobre las vías y capacidades del pensamiento crítico para proponer alternativas más sustantivas.

Este texto se inserta en este debate de modo diversificado desde diferentes planos del conocimiento.

Así su desarrollo no es lineal, plantea los extremos colonizadores de la dominación tecnocientífica como a la vez emergen instrumentos cognoscitivos para nutrir una con-ciencia emancipadora, cuya fuente no sólo reposa en utopías sino en las rupturas con el entropismo del sistema que fluyen desde experiencias regionales, las que por una parte recuperan las promesas del socialismo, como por la otra, las cosmovisiones insurgentes que provienen de la inspiración de sectores populares o de nuestros pueblos originarios, a condición de construcción dialogante como lo propone en su artículo Pablo González Casanova. Otra clave para el pensamiento crítico latinoamericano y caribeño, se sitúa en atribuirse como traductor de una rica experiencia multi-contextual. Efectivamente, en estas dos primeras décadas de siglo, aún en tránsito, se ha (de)mostrado la capacidad regenerativa de las formas populares, cuyo signo implica una presión para la progresión de nuevos derechos políticos y sociales, y por ende una potenciación de las capacidades reflexivas para resistir la hegemonía del pensamiento neoliberal. Si bien hacia finales de esta década, la restauración conservadora sobreviene en oleaje continental, de persistirse en aquella hipótesis, acerca de la necesaria reciprocidad existente entre contexto social y teoría crítica, podría comprenderse en profundidad y en tránsito de etapa, tanto los cursos latentes que anidan dichos acumulados como así superar sus limitaciones, con un doble re-conocimiento, por medio de un compromiso que aúne teoría crítica y praxis político contextual tal como lo postula Emir Sader.

Dos metáforas sintetizan un recorrido histórico de la sociología latinoamericana contemporánea desde la segunda mitad del siglo XX a la actualidad, para debatirse entre la ira y la esperanza finisecular para arribar al dilema expuesto por Raquel Sosa Elízaga de confrontar entre la decolonialidad y la lucha por la supervivencia. Mientras que en aquellos años 60 y 70 se marcaban con autorías precisas gestas fundadoras e identidades teóricas, el nuevo tiempo trae aparejado, con la pérdida de los grandes relatos y dilución de campos geopolíticos de oposición, no menores sino aún mayores desafíos a los que otrora descubriera aquella vital teoría de las dependencias. Ya que la totalización unidimensional del presente exige dirimir teorías decoloniales en los límites de las constricciones que aherrojan la producción intelectual, sellada ésta por matrices del control neoliberal (Raquel Sosa Elízaga).

No cabe duda que una temática central para la producción del conocimiento incluye explorar intensivamente, en lo que nos toca, los espacios claves en la formación intelectual, como sin duda cumple el sistema educativo en el diseño y la acumulación del intelecto social, tal es singularmente la función universitaria, como “educación superior”. Concebida en apariencia “naturalmente” neutral y universal. Este espacio históricamente, como en la actualidad, cobra una relevancia que escapa a su análisis continúo en el hacer cotidiano. Esta naturalidad encubre la unidad sistémica entre sus actores intelectuales, estudiantes, docentes, investigadores, administradores, agencias gubernamentales e internacionales. La praxis académica puede ignorar estos eslabonamientos, lo cual no implica poder eludir sus mutuas determinaciones y diseños gestados para la distribución y apropiación del conocimiento y sus recursos productivos. Orientación actualmente guiada políticamente hacia la concepción del universitario y del conocimiento científico como mercancías con la puesta en juego de competencias, tal el devenir en la experiencia peruana como señala Jordán Rosas Valdivia.

Observaciones críticas éstas extensibles a todo el diseño regional impuesto bajo la égida del pensamiento neoliberal, para exacerbar un individualismo (no subjetivista) que enmascara su dominio sobre el colectivo fragmentario, que se descorre en oportunidad de la crisis de los soportes epistémicos de su paradigma académico, como así, y especialmente descubiertos en ocasión de las resistencias que ofrecen los movimientos sociales dirigidos a interpelar al intelecto colectivo, como exploran Alberto L. Bialakowsky y Cecilia Lusnich. Cabe interrogarse si, acaso la producción de saber se trata de meras formas intelectuales superfluas en cualquiera de sus aspectos conceptuales, técnicos o estéticos, o bien como se comprueba, se trata en todo su espectro de componentes cognoscitivos sustanciales que nutren su metabolismo. Efectivamente se trata de piezas vitales para nutrir su reproducción.

Tales orientaciones muestran, por un lado, los citados rediseños educativos trasnacionales, como por otra, las dramáticas coerciones cernidas sobre sus productores universitarios, como expone Eduardo A. Velásquez Carrera, en la trágica experiencia de Guatemala. Y nuevamente aquí una herida mortífera que recorrerá como espectro los claustros en adelante. Realidad que impone arribar a la reflexión sobre la unidad existente entre las ideas y las determinaciones políticas, económicas y sociales que operan sobre la conformación de la comunidad intelectual. El paradigma vigente incrementa dicha opacidad en la medida que se privilegia un dualismo que fragmenta científicamente conocimiento y corporeidad, colocando en abstracción la materialidad de sus ligaduras.

Una de las fortalezas de la sociología es la capacidad de (auto)reflexión sobre su campo disciplinario. En tal sentido, Nora Garita Bonilla concluye en su trabajo que “El panorama global de la sociología latinoamericana es de una disciplina fructífera en producción, aunque de escasa visibilidad a nivel mundial; rica en temáticas nuevas: incorporación de lo cotidiano, de las subjetividades, del cuerpo, de las emociones, también viejos temas con novedosos abordajes, y grandes desafíos ante los nuevos movimientos sociales y avances metodológicos que requieren mayor difusión”.

La producción sociológica en el congreso de ALAS en Costa Rica (2015), que analiza Nora Garita Bonilla, refiere al trabajo interdisciplinario en comunicación con la antropología, desde donde se han enriquecido y ampliado las agendas de investigación y propiciado nuevos abordajes metodológicos. Cita el doble olvido señalado por Boaventura de Sousa Santos (2002): “de que las divisiones disciplinarias son construcciones y los objetos que las separan son construidos también. Este olvido tiene como consecuencias los (des) vínculos con prácticas sociales y con otros saberes.” Para ella, “La sociología latinoamericana podría entonces, ser más indisciplinada manteniendo su identidad”, de acuerdo con Z. Bauman y T. May (2007), lo importante es el tipo de preguntas que se planteen y el respeto a las “reglas rigurosas del discurso responsable”. Lo que distingue a la sociología, según el mismo autor, es visualizar las acciones humanas como componentes de configuraciones más amplias: es decir, de conjuntos no azarosos de actores entrecruzados en una red de dependencia mutua”.

En el quehacer sociológico, se trata, de acuerdo con Nora Garita Bonilla, de “Romper la colonialidad de la mirada y del saber, implica desarrollar un diálogo entre la ciencia social y los movimientos, acciones y resistencias. Son las pensadoras y los pensadores indígenas, las feministas comunitarias y descoloniales, los estudiantes y grupos de resistencias urbanas, quienes están realizando prácticas emancipatorias de nuevo tipo y proponiendo desde sus propios saberes, avances al pensamiento crítico no eurocéntrico”.

Desarrollo y colonialismo una funcionalidad originaria

“Mejor es modificar nuestros deseos que la ordenación del mundo…” DESCARTES

 

“El Primer Magistrado reflexionaba en voz alta: -`Ésos, ésos, cuyos intereses he defendido como nadie; ésos, que han conseguido de mí todo lo que querían, me atribuyen todo lo malo que ocurre en el país. Y no quieren admitir que la crisis no es cosa nuestra; es general, es universal…”

Alejo Carpentier

El recurso del método, Siglo XXI, 1974

La relación entre capitalismo, desarrollo y colonialismo es orgánica en la historia de América Latina y el Caribe. Como lo muestra la crítica teórica, sobretodo en el transcurso del siglo XX, las ideas desarrollistas se plantean desde una diversidad de modos de colonialidad articulados a la expansión imperialista. El contexto actual, como lo demuestra este libro, ofrece nuevos desafíos para comprender la conexión entre los términos. Theotonio dos Santos en el texto “La ofensiva del gran capital y las amenazas para América Latina” revela preocupación de subrayar el lugar del capital financiero en la fase actual de neoliberalismo exigiendo el análisis de la crisis financiera de 2007 con las limitaciones del sistema mundo para garantizar la sobrevivencia de la humanidad. Y concluye: “Está, pues, al orden del día una batalla de ideas que se dibuja en el planeta con fuertes colores. Nuestra capacidad de movilización contra la ofensiva del gran capital es crucial”. Siguiendo su sugerencia entendemos que tal movilización en el plano de los movimientos intelectuales tiene que considerar el estado actual de la crítica teórica al capitalismo y al desarrollo y los avances de las tesis críticas sobre la colonialidad.

En su texto “Ciclos políticos na América Latina: o desenvolvimento includente e a dependência neoliberal conservadora” José Vicente Tavares dos Santos y César Barreira sugieren considerar cinco ciclos de desarrollo en la región desde el siglo XX y que en la actualidad se está viviendo el conflicto entre dos modelos de desarrollo, un desarrollo socialmente inclusivo o bien un desarrollo dependiente neoconservador. Queda así en responsabilidad de los movimientos sociales y los partidos políticos considerar a la política como dispositivo de producción para generar otras utopías destinadas a una sociedad comprometida con una democracia más profunda. A su vez, Daniel Camacho Monge en su texto sobre “Treinta y cinco años de evolución de la Teoría de Desarrollo en las Ciencias Sociales en América Latina” contextualiza el debate sobre el concepto de desarrollo, proponiendo el rescate histórico de esta teoría para explicar en este contexto regional el cambio de ciclos. Considerando que, es importante articular neoliberalismo y desarrollo pues “a fines de los ochenta y en la década de los noventa se instala el neoliberalismo, se abandona la Teoría del Desarrollo y se vuelve efectivo el paradigma de la colonialidad del saber”. Aun en este contexto adverso observará, que las nuevas movilizaciones y movimientos sociales resisten a este nuevo modo de dominación neoliberal y apuntan al rescate de una utopía destinada a una sociedad distinta que valore bienes relevantes tales como los derechos humanos, de género, la diversidad cultural como el medio ambiente entre otros.

En paralelo, Pablo González Casanova con su enfoque sobre el “Capitalismo Corporativo y Ciencias Sociales” opta por re-significar el neoliberalismo que desorganiza los modos tradicionales de desarrollo nacional conducido hacia un capitalismo corporativo. Y en resistencia al avance de este nuevo modo de colonialidad interna postula con rigor la creación en el hacer, es decir a la clásica alternativa de “reforma o revolución” se añade la idea-fuerza de crear “ese otro mundo posible” en las propias organizaciones que luchan por alcanzarlo… Así, los nuevos movimientos históricos por la emancipación y por la vida se encuentran “en un proceso creador genuino de organización de la libertad, de la organización del pluralismo ideológico y religioso, de la organización de la justicia social y los derechos humanos de personas, trabajadores, y comunidades”. Lo cual implica reflexionar, como se refería ut supra, igualmente sobre un punto sustancial del debate que refiere al lugar que ocupa la ciencia, los científicos, las universidades y del pensamiento crítico. En cualquier caso, “todos, como especialistas en ciencias sociales no sólo tenemos que impulsar el conocimiento emocional y racional que aumenta la fuerza de las voluntades emancipadoras. Tenemos que organizarnos para elaborar un informe riguroso, confiable y válido, sobre los peligros de destrucción del mundo, a que inevitablemente vamos, de seguir predominando el proyecto depredador y re-colonizador actual del capital corporativo”.

Mientras, que por su parte Alberto Bialakowsky y Cecilia Lusnich con su aporte sobre “Universidad y pensamiento crítico. Hegemonías y resistencias en América Latina siglo XXI” explican que la movilización de intelectuales académicos de ciencias sociales y otras para responder a las expectativas de un nuevo pensamiento de la práctica es una tarea compleja pues “La aplicación de los modelos de internacionalización universitaria conlleva un conflicto, que se expresa de manera latente en los ajustes presupuestarios, regulaciones sobre la productividad y la transformación cultural, como así a la agudización de las tensiones entre la educación como derecho universal o bien como mercancía, como objeto de cambio despojado de fin social o cultural”. Contra tal tendencia se observan, a su vez, resistencias de movimientos sociales para interpelar y transformar el intelecto colectivo latinoamericano y caribeño, y proponer una perspectiva autónoma, necesaria para repensar “a la universidad como el ámbito apropiado para la gestión estratégica e integral, redirigiendo a la internacionalización asimétrica hacia el colectivo y el contexto para enfrentar las connotaciones negativas del mundo globalizado”. De este modo, el avance de la reacción de los intelectuales académicos no puede quedarse en fase de sus obstáculos. La crítica intelectual debe profundizar el conocimiento del contexto contemporáneo para reinventar nuevos senderos.

Marcelo Arnold-Cathalifaud situará como reenfoque que, el problema no se trata sólo desde dimensiones políticas o teóricas en sentido limitado sino de comprender, y de asumir, la realidad como complejidad que exige una exploración que va más allá de las divisiones disciplinarias. Se trata de salir de nuestros espacios de confort. En estas aportaciones acerca de “algunas imágenes de la complejidad de la sociedad contemporánea”, que incluyen conceptualizaciones de Niklas Luhmann, se aborda como “la complejidad de la sociedad contemporánea supera con creces las capacidades de nuestras disciplinas” pues, “nuestra comprensión de los fenómenos sociales, aunque efectivamente es más completa que en el pasado, sigue siendo parcial y limitada”, lo cual se asume como una efectiva pérdida. La urgente necesidad de robustecer nuestras disciplinas vale tanto si se las conciben como medios de ilustración o de emancipación. Por lo tanto se trata desde el enfoque de la complejidad abarcar, para comprender, la realidad e interrogar tanto la lógica como los paradigmas de conocimiento que le subyacen. Se trata, en suma, de no conformarse con la pura intuición o el voluntarismo.

En clave de las “Reflexiones sobre la tradición sociológica, los dilemas de nuestro tiempo y el porvenir” Raquel Sosa Elízaga colocará en debate las construcciones teóricas que están implicadas con el ideario de la colonialidad, con profundización y convergencias con las tesis desarrolladas por la crítica decolonial de P. González Casanova, A. Quijano, E. Lander, I. Wallerstein, W. Mignolo y otros en esta corriente de pensamiento. La colonialidad del saber, no sólo y necesariamente constituye un debate teórico dentro de las ciencias sociales sino que inciden directamente sobre el tratamiento de temas tan centrales como el desarrollo continental. Ya que “resulta particularmente preocupante que las problemáticas de pobreza, desigualdad, violencia y exclusión –que son, a todas vistas, las dominantes en la vida social real en nuestra región- reciban escasa atención de las instituciones académicas”. Para no dejar de subrayarse, como se citaba antes, el hecho que muchas de las universidades y producciones académicas en ciencias sociales en América Latina quedan obturadas por tal colonialidad del saber.

En esta línea la contribución esencial de Aníbal Quijano al postular en clave “El regreso del futuro y las cuestiones del conocimiento”, deja en análisis que el “desarrollo” no dejará de representar una parodia eurocéntrica mientras se sustente incólume la colonialidad del poder, para postular en oposición a esta dominación la tesitura de recuperar la cosmovisión del Bien Vivir que “para ser una realización histórica no puede ser sino un complejo de prácticas sociales orientadas a la producción y a la reproducción democráticas de una sociedad democrática, un otro modo de existencia social, con su propio y específico horizonte histórico de sentido”.

La vinculación más tradicional de esta tesis al tema de las resistencias de los pueblos originarios, si por un lado, fue trascendente el avance de sus movimientos y movilizaciones en América Latina, por el otro, han contribuido a comprender el poder colonial de modo más amplio y totalmente actual. Tales los significados que Paulo Henrique Martins coloca en juego de verdad sobre “La actualidad de la teoría del colonialismo interno para el debate sobre la dominación y los conflictos inter-étnicos”. Para incidir con su análisis en actualizar y extender los usos de la tesis, expresando que el colonialismo interno explica no solo la asociación existente entre los elementos de clase y etnicidad desde los explotados sino también desde los explotadores. Así, la contemporaneidad de esta teorización contribuye a “entender la naturaleza plural de los conflictos postcoloniales emergentes, debiendo aún ser ampliada por la inclusión de otros marcadores importantes como los de género, religiosidad y medio ambiente además de los (citados) de etnicidad, clases y nacionalidad ya integrados”.

Revolución, utopía y progresismo: la fuerza fundadora de lo público social

“… la participación auténtica es el rompimiento de la relación de dependencia y sumisión que se ha implantado histórica y tradicionalmente entre un sujeto y un objeto. Cuando se rompe esa relación y pasa a ser de sujeto a sujeto, aparece la verdadera participación…”

Orlando Fals Borda

Ciencia propia y colonialismo intelectual, C. Valencia, 1987

Desde su fundación, en 1951, ALAS enfrenta un debate que sigue vigente, entre el positivismo y el funcionalismo, que enfatizan los métodos cuantitativos, y el cuestionamiento del sentido que aporta la filosofía desde su énfasis cualitativo. Las ciencias sociales contemporáneas, como legado de la sociología, ofrecen una arena de confrontación entre dos posiciones que se han simplificado dentro del debate entre una “ciencia” supuestamente apegada al método científico experimental, y una filosofía del conocimiento que introduce cuestionamientos epistemológicos sobre la validez de la razón instrumental. Aunque ALAS ha preservado el respeto a la pluralidad de enfoques, esta Asociación se viene decantando por el impulso de un movimiento intelectual crítico del pensamiento social, que sea capaz de conciliar lo que se considera un falso debate entre lo cuantitativo y lo cualitativo, o entre ciencia y filosofía.

En las formulaciones de la teoría crítica destaca la recuperación del realismo y su enfoque sobre la totalidad social, pero tomando distancia de las metanarrativas y del economicismo que caracterizaron a un marxismo dogmático y esclerotizado, tal como lo planteó la Escuela de Frankfurt en sus tres generaciones (esquemáticamente: T. Adorno, J. Habermas y A. Honneth, como representantes de cada generación[2]). Influido por la Filosofía de la Praxis, como el aporte de Antonio Gramsci, que fueran recogidos por el pensamiento crítico latinoamericano. Con lo cual el corazón del debate sociológico se situó más allá del realismo y del pragmatismo que le acompaña, al subrayar el sentido y la dirección histórica la transformación social, incluyendo los valores de justicia, equidad y de satisfacción en la calidad de vida. Por ello, sus ejes de discusión giraron en torno de tres ejes fundamentales: (1) la teoría del desarrollo, cuestionando la base material y subjetiva de la economía política; (2) la teoría de la democracia, como escenario paradójico de la transformación política de las relaciones sociales –particularmente la dialéctica entre reforma y revolución marcarán esta discusión desde la posguerra hasta los años 70-, y (3) las políticas de reconocimiento en las esferas públicas, privadas, sociales y estatales, tal como lo expresa una prolija sociología de los movimientos sociales.

Desarrollo, democracia (revolución-socialismo) y reconocimiento de la esfera pública social, algo cercano a la “sociología pública” de Michael Burawoy, como superación de los enfoques “estadolátricos”, requirieron de un giro epistemológico en la interpretación e involucramiento intelectual con el cambio social. El enfoque holístico se amplió con el acercamiento geopolítico y de la ecología política, como coloca en debate Jaime Preciado Coronado, que recuperan a la naturaleza en su centralidad y determinación de toda forma de vida; se trata de la transformación de la naturaleza por un poder históricamente situado. El giro geopolítico recuperó, además, el papel del poder en todas sus acepciones y ámbitos: en la crítica a la modernidad / colonialidad del poder del “sistema-mundo” (I. Wallerstein, A. Quijano), y en todas sus escalas: planetaria, internacional-interestatal, supranacional, nacional, local y del cuerpo.

Se relativizó el protagonismo de los estados nacionales en las relaciones de poder: centro-periferia; este-oeste; norte-sur, junto con una epistemología del sur que opuso una política, una filosofía, incluso una teología de liberación, frente a una modernidad que nunca existió (Latour, 2007). Se hizo transversal también la crítica al régimen patriarcal, con los estudios de género como parte de un enfoque unitario. Además, como herencia del realismo crítico, la sociología y las ciencias sociales latinoamericanas, incluyen la dinámica capitalista, especialmente en la fase actual de acumulación por desposesión bajo una economía (neo)extractivista, como lo muestra Jaime Preciado Coronado. En esa proyección geopolítica del poder, el tema militar, de la seguridad y la violencia, la geopolítica crítica contrapone el imaginario de la paz con justicia y dignidad, dentro de una revalorización de la política como espacio para negociaciones y manejo del conflicto en todas sus escalas.

Desde esos contextos conflictivos, América Latina protagoniza imaginarios sociales portadores de alternativas: a la discriminación y el racismo contra los pueblos originarios y afrodescendientes, se opone con el imaginario incluyente del Abya Yala a la incapacidad del Estado liberal moderno para reconocer la diversidad étnica y cultural, se oponen profusos procesos constituyentes que desembocan en el imaginario del Estado plurinacional; al impacto depredador del capitalismo privatizador sobre la biodiversidad y los bienes públicos, se opone el imaginario del Estado del Buen Vivir, o del Bien Vivir (Aníbal Quijano), y se prefigura un Estado de los comunes, que actualiza y amplía la idea de los bienes públicos al incluir la interculturalidad y “otra” forma de integración social y con la naturaleza desde el imaginario heterotópico (Martins, 2012) de los pueblos como sujetos históricos sociales.

Las revoluciones en América latina se han distinguido por combinar la lucha armada contra el orden establecido y movimientos de masas que lo cuestionan. Marco A. Gandásegui, hijo, plantea en Las revoluciones centroamericanas y la audacia de la vanguardia, que el proyecto revolucionario se sustenta en el “sujeto transformador”, pero siempre acompañado por las tensiones entre reforma y cambio radical, en donde la participación activa de las organizaciones sociales, ha sido el catalizador que galvaniza los alcances y límites del nuevo orden social y del régimen político que lo sustenta. Las revoluciones Rusa, China y Cubana en el siglo XX son antiimperialistas y su legado en Centroamérica aúna esa dimensión internacional al proceso de luchas por la liberación nacional que se registraron en Guatemala, El Salvador, Honduras Nicaragua y Panamá. A partir de las Tesis de Abril de Lenin, Marco A. Gandásegui ofrece una lectura del proceso revolucionario centroamericano, que se distingue por la audacia, el conocimiento del contexto y la emergencia del sujeto que hace la revolución, recrea la soberanía en el “pueblo” rebelde que desestabiliza el orden, transforma y da vigencia al pensamiento social crítico.

Gerónimo de Sierra Neves, aborda el tema de la vigencia del gobierno progresista, en El Uruguay frenteamplista en el horizonte progresista sudamericano reciente, desde un acercamiento a la realidad latinoamericana en sus distintas latitudes y diferencias, que permiten un ejercicio intelectual comparado. Reflexiona sobre la importancia de los actores subordinados y los movimientos sociales en la construcción y acción de una idea diferente de política que en momentos ha llevado a la revolución. América Latina, en su vertiente desarrollista, se ha pensado desde la integración y el mercado, por lo que resaltan los proyectos de democratización y de integración en un momento polémico sobre el socialismo y el cambio revolucionario. Como lo muestra la formación y consolidación del Frente Amplio, el cual ha conjugado su éxito electoral con alianzas políticas amplias con clases medias y subalternas, en el ejercicio de una agenda de gobierno progresista.

Treinta y cinco años de evolución de la teoría de desarrollo en las ciencias sociales en América Latina, de Daniel Camacho Monge, distingue la teoría del desarrollo en dos vertientes, la académica que produce la literatura influida por la sociología del desarrollo positivista y funcionalista, contra la producida por y desde la sociedad en movimiento, cuya producción es permanentemente re conceptualizada por los movimientos sociales. Construido desde una perspectiva multidisciplinar, el pensamiento social sobre el desarrollo ha tenido momentos de auge y decadencia en su debate conceptual y como metodología de la acción en Latinoamérica. El cuestionamiento sobre la variedad y heterogeneidad de autores sobre la teoría del desarrollo, frente a los movimientos sociales como procesos culturales y políticos, desafían las teorías desarrollistas, redefinen el concepto mismo –lo que Maristella Svampa y Enrique Viale, llaman el Maldesarrollo-, y fortalecen la centralidad del actor, sus prácticas y movimientos, en el pensamiento social.

Desde la sociología y las ciencias sociales latinoamericanas, se da vida a una interrogante que el pensamiento social anglo-euro-céntrico posmodernista desechó: ¿son vigentes las utopías? En el caso de sus primeros 60 años, la revolución cubana ha mostrado que es posible un socialismo que ha aprendido a evitar el fracaso experimentado por los países del eurocomunismo y luego por los países de la ex Unión Soviética. Luis Suárez Salazar, da una respuesta positiva a esta compleja pregunta, en Las utopías de la revolución cubana: una mirada en las proximidades de su 60 aniversario, pero desde consideraciones que incluyen dificultades y contradicciones propias y externas, como es el reciente proceso de “actualización del socialismo” en Cuba, donde a la par de encuentros e involucramiento del pueblo cubano, persiste una mirada crítica sobre la dirección de los cambios del socialismo cubano en el sentido de la utopía fundadora. La utopía es internacional y autóctona, no se puede aislar de la realidad política internacional protagonizada por Estados Unidos pero, tampoco, se puede dejar de lado que la revolución cubana enfrenta un doble desafío como utopía transformadora en los cambios políticos y sociales, en su escala nacional y en su impacto global, ya no como modelo o recetario a seguir, sino como utopía compartida.

En suma, los textos presentados reflejan de muy buena manera la tradición del pensamiento social y de producción sociológica que interesa en ALAS. Su diversidad y sus oscilaciones, que los acercan o alejan de las formas hegemónicas de producción de conocimientos, son un claro signo de la porfiada complejidad social que nos acompaña.

Desde Latinoamérica y Caribe podría contribuirse con mucha evidencia comparativa sobre, por ejemplo, los conflictos, desigualdades y precariedades sociales y su tratamiento -temas que bien van conociendo y experimentando europeos, chinos y estadounidenses. También con estudios sobre los efectos sociales que se relacionan con rápidos e inequitativos crecimientos económicos que han dado lugar al creciente protagonismo político de los sectores medios emergentes, sobre las vulnerabilidades de la variante neoliberal del capitalismo contemporáneo, o de cómo las aspiraciones de los individuos y sus familias se procesan con mejores posiciones de consumo dando lugar a vidas cotidianas que se desenvuelven, sin respiro, bajo un futuro pleno de incertidumbres. Así el pensamiento social y las ciencias sociales regionales podrían hacer importantes aportes e incluso anticipar tendencias globales.

“Si estas son tus huellas,

¿cómo habrán sido tus pasos?”

Eduardo Galeano

El cazador de historias,

Siglo XXI, 2016

Bibliografía

Bauman, Zygmunt y May, Tim 2007 Pensando sociológicamente, 2da.ed. (Buenos Aires: Ed. Nueva Visión).

Borsani, María E.; Quintero, Pablo (Compiladores) 2014 Los desafíos decoloniales de nuestros días: Pensar en colectivo (Neuquén, Argentina: Universidad Nacional del Comahue).

Burawoy, Michael 2005 “Por una sociología pública” en Política y Sociedad (Norteamérica), 42, sept.: http://revistas.ucm.es/index.php/POSO/article/view/24186

De Sousa Santos, Boaventura 2002 Introdução a uma ciencia pós-moderna (Porto: EdiÇoes Afrontamento).

Entel, Alicia; Lenarduzzi, Víctor y Gerzovich, Diego 1999 Escuela de Frankfurt. Razón, arte y libertad (Buenos Aires: Ed. Eudeba).

Lander, Edgardo (Compilador) 2003 La colonialidad del saber: eurocentrismo y Ciencias Sociales (Buenos Aires: CLACSO).

Latour, Bruno 2007 Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica (Buenos Aires: Ed. Siglo XXI).

Martins, Paulo Henrique 2012 La decolonialidad de América Latina y la heterotopía de una comunidad de destino solidaria (Buenos Aires: Ediciones Ciccus-Estudios Sociológicos).

Portantiero, Juan Carlos 1999 Los usos de Gramsci (Argentina: Ed. Grijalbo).

Quijano, Aníbal 2014 Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder / Selección a cargo de Danilo Assis Clímaco, (Buenos Aires: CLACSO).

Svampa, Maristella y Viale, Enrique 2014 Maldesarrollo. La Argentina del extractivismo y el despojo (Buenos Aires: Katz Editores).


  1. Agradecemos muy especialmente por su invalorable colaboración con la edición de esta obra a la Magister María Ignacia Costa (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires).
  2. Entre los intelectuales latinoamericanos que analizaron la herencia de la Escuela de Frankfurt, puede citarse a Gino Germani, Jesús Martín-Barbero o Alejandro Roig, entre otros. Véase: Entel, Lenarduzzi y Gerzovich, 1999.


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