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5 Las revoluciones centroamericanas y la audacia de la vanguardia

Marco A. Gandásegui, hijo[1]

Los procesos revolucionarios son acompañados por movimientos masivos de grupos organizados que coinciden con una o más propuestas. La propuesta apuesta a un factor desestabilizador del orden establecido.

En años recientes, en América latina han surgido movimientos sociales con propuestas políticas, unos con propósitos abiertamente desestabilizadores y otros con objetivos reformistas que no cuestionan el orden establecido. En la primera década del siglo XXI -ante la crisis del modelo neoliberal de los gobiernos encabezados por las elites– surgieron numerosos gobiernos con aspiraciones desestabilizadores del statu quo y otros con proyectos reformistas. Las diferencias entre el uno y el otro era el papel del sujeto transformador. Mientras que los gobiernos reformistas pretendían introducir cambios en las políticas públicas sin la participación de las organizaciones populares, en el caso de los proyectos desestabilizadores el “pueblo” jugaba un papel central en las decisiones políticas.

El sujeto del proceso revolucionario es la población o dicho en otros términos: el pueblo. La dirección del proceso revolucionario lo representan quienes logran articular mejor la propuesta desestabilizadora. La vanguardia tiene que desarrollar su estrategia en tres momentos.

En primer lugar, tiene que compatibilizar sus propuestas con las de aquellos grupos organizados comprometidos con el movimiento en general del pueblo. En segundo lugar tiene que tener una estrategia para asumir el poder en representación del pueblo. Por último el pueblo movilizado tiene que defender el poder frente a los grupos desplazados.

La correlación de fuerza entre los grupos sociales definirá el desenlace final de la “revolución”: Si las fuerzas enfrentadas tienen acceso a igual número de recursos, el desenlace será largo, extendido y cualquiera puede resultar vencedor. Si existe una asimetría el resultado de las lucha es rápida y contundente.

Las experiencias revolucionarias que han sido objeto de más estudios son aquellas encabezadas por los grupos organizados de la clase burguesa enquistadas en formaciones sociales feudales. Son movimientos revolucionarios que logran movilizar grandes segmentos de la población que se identifican en torno a uno o más propuestas de cambio. También se destacan las revoluciones encabezadas por vanguardias que han asumido los intereses de la clase trabajadora. Basado en los textos de Carlos Marx, que analizan las contradicciones de las formaciones sociales capitalistas, sectores radicalizados han logrado tomarse el poder político. Entre estos se destacan, en alguna medida, las revoluciones rusa, china, cubana y nicaragüense.

La audacia de la vanguardia

Lo interesante de todos estos procesos revolucionarios es como la vanguardia exitosa tuvo que variar los esquemas derivados de los textos para alcanzar el triunfo. Un ejemplo es la Revolución rusa y las Tesis de Abril (de 1917) de Lenin, quien fuera poco después el primer secretario del Partido Comunista soviético. Mientras que Lenin entendió la necesidad de variar la táctica revolucionaria en una coyuntura determinada (la caída del zarismo en Rusia en febrero de 1917), en China, Mao emprendió la “gran marcha” que culminó con el triunfo revolucionario en 1949 sumando las fuerzas campesinas a la ecuación política (Snow, 1978). En Cuba la Revolución popular fue dirigida por una consigna articulada por Fidel Castro que era la unidad del pueblo contra la dictadura. La lucha en las ciudades sería complementada por una vanguardia guerrillera en la sierra.

Fernando Martínez Heredia nos recuerda 1961.

“Aquel año es tan famoso y recordado por la campaña de alfabetización como por la batalla de Girón. La primera fue la vía para la multiplicación de los actores capacitados en el proceso de la Revolución: una masa enorme se apoderó de la palabra escrita y la esgrimió como una conquista de la sociedad liberada… La segunda fue la puesta en práctica del armamento general del pueblo que había preconizado Marx como requisito de las revoluciones proletarias, en una apoteosis de sangre y victoria que confirmó la capacidad de defenderse de la Revolución…”. Fernando Martínez Heredia, 1961

El imperialismo y las revoluciones del siglo XX

En todos estos casos, el imperialismo jugó un papel central. En 1917 Rusia estaba en medio de una guerra imperialista por la conquista de mercados y territorios. A fines de la década de 1930 China fue ocupada por tropas imperiales de Japón que aspiraba convertir a ese enorme país en su colonia. En el caso de Cuba, la totalidad de la isla era explotada por corporaciones norteamericanas que controlaban durante la primera mitad del siglo XX los gobiernos títeres a su servicio.

Centro América no se sustraía de los movimientos revolucionarios del siglo XX. La Capitanía de Guatemala que unía a las cinco provincias centroamericanas durante la colonia se transformó en la Federación Centroamericana a principios del siglo XIX. Sin embargo, la unión duró muy poco y se disolvió después de que los movimientos independentistas culminaran. La invasión de filibusteros norteamericanos a mediados del siglo XIX unió a todos los sectores sociales del istmo para enfrentar el enemigo y derrotarlo. En la época predominaba una casta de terratenientes y una clase de artesanos organizados en los tres países del norte. En el sur predominaban pequeños productores agrícolas (campesinos). En el caso de Panamá, que no era parte de la Capitanía que unía a Centro América, predominaba un clase de comerciantes en torno a la “ruta de tránsito” y productores agrícolas dispersos en el resto de la geografía.

La llegada de los filibusteros y del Ferrocarril Transístmico a mediados del siglo XIX a la región anunciaban las transformaciones que experimentaría la región producto de la revolución industrial. Los terratenientes rápidamente se transformaron en exportadores de rubros cotizados en los mercados de Europa y EEUU. Los artesanos fueron transformados en obreros y los campesinos en peones de las nuevas plantaciones. Más al sur se iniciaban los conflictos entre los aspirantes a convertirse en exportadores y campesinos. En Panamá se consolidó una clase mercantil y pequeños productores agrícolas mercantiles en permanente enfrentamiento. Mientras que en Centro América EEUU no logró hacer valer sus intenciones anexionistas, en Panamá si logró separar el istmo de Colombia para construir el Canal de Panamá.

A principios del siglo XX la totalidad del istmo centroamericano –al sur de México– había sido invadida por las corporaciones mineras, fruteras y bancarias de EEUU. Las oligarquías locales se entendían muy bien con Washington y sus aparatos represivos estaban al servicio de las empresas explotadoras del norte. En el proceso de cambios desaparecieron las asociaciones de artesanos y las organizaciones de pequeños productores agrícolas. Con el apoyo de EEUU, la nueva oligarquía basada en la economía agro-exportadora monopolizó el poder político y eliminó toda oposición. En el proceso hizo su aparición una clase obrera incipiente ligada a las plantaciones bananeras, a las minas y a las empresas manufactureras y comerciales tanto locales como de EEUU.

La Revolución mexicana, la Revolución rusa, así como las experiencias de organización obrera en otras latitudes tuvieron un fuerte impacto sobre el movimiento reivindicativo de los trabadores en la región. Aparecieron los sindicatos y los partidos que proponían transformaciones revolucionarias en toda la región. Al mismo tiempo, los aparatos represivos de los gobiernos oligarcas se armaban mejor para reprimir a la nueva clase social que se preparaba para tomarse el poder.

Las revoluciones centroamericanas

En la década de 1920 surgió en medio de enfrentamientos entre liberales y conservadores una alternativa encabezada por Cesar A. Sandino, un mecánico formado en la industria petrolera de Tampico, México. En ese mismo período, el gobierno panameño pidió la intervención del Ejército de EEUU para acabar con el movimiento inquilinario encabezado por el Sindicato General de Trabajadores. En la década de 1930 el maestro Farabundo Martí, en El Salvador, lideró una insurrección que puso en aprietos a la oligarquía gobernante. Con inusitada crueldad el movimiento fue reprimido llegando al extremo de pretender liquidar las costumbres y cultura popular.

En el caso de Guatemala, en 1944 colapsó el régimen pro imperialista que fue reemplazado por un gobierno que promovía instituciones democráticas. Surgió una alianza política encabezada por la burguesía nacional (industriales con capital nacional) con apoyo popular. El mismo fue derrocado 10 años más tarde por una intervención directa de EEUU que financió una invasión militar del país. A partir de ese momento se desató una guerra popular que se extendió a las montañas donde encontró apoyo campesino e indígena. En Costa Rica el movimiento popular fue cooptado por los cafeteros conservadores que controlaban el gobierno. Los pequeños productores de café, los artesanos y capas medias del valle central le dieron un golpe de Estado a la oligarquía creando una democracia que aún perdura después de 70 años.

Los movimientos revolucionarios en la región tomaron otro curso después del triunfo de la Revolución cubana en 1959. En Guatemala se declara una guerra civil en la década de 1960 al igual que en El Salvador y Nicaragua. La táctica es similar a la usada por el Movimiento 26 de Julio en Cuba: La guerra de guerrillas en la montaña y la agitación política en las ciudades.

Guatemala

El 7 de febrero de 1962 un grupo de jóvenes dirigidos por Yon Sosa y Turcios Lima, formaron el Movimiento Revolucionario 13 de noviembre con el fin de derrocar al gobierno por medio de las armas. Después de la fundación del Movimiento se crearon las Fuerzas Armadas Rebeldes, brazo militar del MR-13. Entró en crisis a fines de la década de 1960 y en 1972 surgió el Ejército Guerrillero de los Pobres. Este junto con otros grupos fundaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG-MAIZ) el 7 de febrero de 1982, como resultado de la coordinación de cuatro grupos guerrilleros: El Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Partido Gutemalteco del Trabajo (PGT). La URNG presentó un avance en la lucha revolucionaria a inicios de 1980, en Quiché, Huehuetenango y San Marcos en la zona occidental del país.

Tras un proceso de paz mediado por Naciones Unidas, la guerrilla depuso las armas y se firmó, el 29 de diciembre de 1996 un acuerdo de paz entre el gobierno y la URNG poniendo fin a 36 años de insurrección. En 1997, se inició la conversión de la URNG en partido político.

El Salvador

El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) fue creado el 10 de octubre de 1980 como un organismo de coordinación de las cinco organizaciones político-guerrilleras que lucharon contra el gobierno militar entre 1980 y 1992. A partir de esta última fecha se constituyeron en un partido político legal en el marco de los acuerdos de paz.

El FMLN fue constituido por las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) y el Partido Comunista Salvadoreño (PCS).

El origen de lo que sería el FMLN se remonta al 1 de abril de 1970, cuando Salvador Cayetano Carpio renunció como Secretario General del PCS y junto a otros seis militantes formó las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL).

Después de la ofensiva-insurrección de 1981 y su derrota, el FMLN como organización político-militar pasó a la total clandestinidad y sus estructuras -así como sus diferentes mandos- fueron trasladados a las montañas en diferentes regiones del país. El FMLN debió pasar de la organización de simples células y comandos guerrilleros urbanos a organizar formaciones militares mucho más complejas.

En 1992 el FMLN firmó los acuerdos de paz con el gobierno salvadoreño en el castillo de Chapultepec en la ciudad de México.

Honduras

Miembros del Partido Comunista de Honduras (PCH), crearon el Frente de Acción Popular (FAP) en las montañas próximas a El Progreso, Yoro, entre finales de 1963 e inicios de 1964. El grupo entabló relaciones con otros grupos armados opositores del Partido Liberal.

El 30 de abril de 1965 el grupo guerrillero del PCH que operaban en las montañas de la Comunidad de El Jute, jurisdicción de El Progreso, Yoro, recibió un golpe fatal cuando una patrulla del ejército sorprendió a siete guerrilleros desarmados y los asesinó, incluyendo al dirigente campesino Lorenzo Zelaya, uno de los fundadores de la Federación Nacional de Campesinos de Honduras (FENACH) en 1962.

Tomás Nativí y Fidel Martínez, abandonaron las filas del PCH entre finales de 1979 y principios de 1980. El primero dará vida a la Unión Revolucionaria del Pueblo (URP), el segundo al Movimiento Popular de Liberación Cinchonero (MPL-C). Recibe su nombre en honor a Serapio Romero, más conocido como “Cinchonero”, que en 1868 dirigió una rebelión contra el gobierno de José María Medina (1864-1872).

El MPL-C no sería la única organización guerrillera, ya que por esas mismas fechas surgen también las Fuerzas Populares Revolucionarias “Lorenzo Zelaya” (FPR-LZ), el Frente Morazanista para la Liberación de Honduras (FMLH), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos de Honduras (PRTCH) y, un poco más tarde, el Frente Patriótico Morazanista (FPM).

Aunque a inicios de la década de 1980 existían signos de vientos revolucionarios –en la misma línea de los países vecinos- la sociedad rural hondureña no se había polarizado lo suficiente. Esto explica porque el MPL-C fue restringido al área urbana, con un carácter de organización conspirativa, que se extinguió a inicios de la década de 1990 (Canizalez, 2012).

Nicaragua

Nicaragua no era una excepción. Cuando C.A. Sandino emprende su lucha, el país centroamericano se encontraba ocupado por tropas norteamericanas. Washington debatía el status de la patria de Darío: Colonia o protectorado. Sandino levanta la bandera de la soberanía y logra aglutinar una mayoría significativa del pueblo que apoya su lucha. En el plano militar Sandino y sus seguidores son aplastados por la enorme fuerza del Ejército y Marina de EEUU. Sin embargo, políticamente el triunfo de Sandino se realiza históricamente. A pesar de contar con una oligarquía complaciente, EEUU no puede someter a su dominación a los nicaragüenses y no alcanza a ejercer su hegemonía sobre los trabajadores del campo y de la ciudad, ni de las capas medias ni tampoco de sectores empresariales.

Washington decidió crear en Nicaragua un régimen militarizado encabezado por la familia Somoza que logra mantenerse en el poder a la fuerza por 45 años (1934-1979).

Las revoluciones sociales comparten tres elementos básicos. El primero es la audacia, el segundo es el conocimiento del terreno y el tercero es el conocimiento de la psicología del sujeto revolucionario, el pueblo. Hemos visto como en el caso de la Revolución rusa, los bolcheviques con Lenin a la cabeza producen las Tesis de Abril. Una estrategia política que rompe con todos los esquemas esperados. En el caso de Nicaragua, Fonseca lleva la guerra contra el orden establecido a la montaña a principios de la década de 1960. Aún cuando Fonseca cae en una emboscada, el FSLN siguió sumando fuerzas muy diversas (a veces, incluso, contradictorias) en el país y en el extranjero.

Un pasaje ilustra la audacia del FSLN. Según el comandante Carrión, su escuadrón intercepta una carta de un informante somocista que decía que habían llegado a combatir “como mil guerrilleros”. Carrión relata que “el tipo no nos vio juntos, sino que vio pasar uno por aquí, otro por allá; entonces, eso en vez de hacernos daño nos ayudó”. El comandante sandinista señala que

“la Guardia se aterrorizó, y teníamos como cuarenta fusiles y un RPG-2, y nada más. Entonces se aislaron, se desplomaron, no tenían información y no estaban preparados. Esa sensación de saber que todo un pueblo está contra ellos desde meses anteriores a la insurrección, debe de haber sido insoportable”.

Panamá

En la década de 1930, bajo la ocupación militar de EEUU, aparecieron en Panamá los partidos Comunista y Socialista. El primero con un programa que promovía la alianza con los sectores más ‘progresistas’ de la burguesía, allegado a la 3ª Internacional. El Partido Socialista promovía la alianza obrero-campesina y la acción revolucionaria. En un pacto informal con los liberales, los socialistas decidieron organizar en 1940 focos guerrilleros para combatir a un gobierno conservador (Arnulfo Arias). Derrotados, dejaron abierto el camino para otras experiencias guerrilleras.

En 1968 fue derrocado Arnulfo Arias (en su tercera experiencia en el poder político) por un golpe militar encabezado por un grupo de jóvenes oficiales (entre ellos el teniente coronel Omar Torrijos). Los militares tuvieron que enfrentar una resistencia armada tanto de la derecha (simpatizantes de Arias) como de la izquierda (el Movimiento Unido Revolucionario –MUR– y la Vanguardia Agraria Nacional –VAN–). A fines de 1969 los dos movimientos se fusionaron para fundar el Movimiento de Liberación Nacional – 29 de noviembre, que aún existe en la actualidad. Fue derrotado militarmente a principios de la década de 1970. Optó por competir en los torneos electorales a principios del siglo XXI.

El poder dual

El FSLN está en el poder político en Nicaragua, controlando la Presidencia y el poder legislativo. Igualmente, el FMLN está en el poder sin haber derrotado militarmente a la oligarquía salvadoreña. En el caso de Guatemala, las guerras populares declaradas contra las dictaduras militares y los gobiernos oligarcas (neoliberales) sólo le permitió a los movimientos que optaron por las armas tener acceso, en la actualidad, a un número reducido de curules en el Congreso. El caso de Honduras es aún más trágico, con gobiernos que siguen persiguiendo y eliminando toda forma de oposición popular. En Panamá después de la invasión militar norteamericana en 1989, se ha consolidado un régimen oligárquico que ha logrado elegir 6 presidentes en igual número de elecciones.

Aún cuando el FSLN y el FMLN son las excepciones en la región, tienen que compartir el poder político con representantes de la burguesía financiera, comercial y agrícola de Nicaragua y El Salvador, respectivamente. El FSLN reconoció que está táctica era la más conveniente. Pudo derrotar a Somoza en el terreno militar pero sólo pudo empatar con EEUU en la guerra (“contra”) que el imperio le declaró en la década de 1980. El cansancio de todas las partes le permitió a la oligarquía nicaragüense recuperar el poder pero no la hegemonía. El FSLN regresó al poder a principios del siglo XXI pero en alianza con sectores de la burguesía.

En El Salvador, la Paz de Chapultepec en 1992 fue un triunfo militar y político para el FMLN. Mediante fraudes y maniobras de todo tipo, la oligarquía salvadoreña logró mantenerse en el poder por poco más de una década. Sin embargo, el FMLN derrotó en las urnas no sólo a la oligarquía, sino también a Washington cuya presencia se hace sentir permanentemente. El FMLN es hegemónica pero no controla la organización de la producción y a las fuerzas armadas.

Los sandinistas y los partidarios del FMLN ocupan las posiciones de poder en el Ejecutivo haciendo valer su hegemonía tanto en Nicaragua como El Salvador, respectivamente. Sin embargo, comparten el poder real con las viejas oligarquías y EEUU. Es una situación que René Zavaleta, el sociólogo boliviano, llamó poder dual. Zavaleta “no sólo analiza momentos precisos y etapas. Es muy importante la descripción que hace de la recomposición de la revolución burguesa y del papel del ejército, el cual puede ser nacionalista y antioligárquico, pero no necesariamente revolucionario. La distinción entre el sentido antioligárquico y revolucionario es fundamental. En América Latina tenemos una rica experiencia antioligárquica que diríamos, en términos de su definición como tal, es muy consecuente; sin embargo, no podemos confundirla con una revolución propiamente.

Según Zavaleta (1974), analizando la revolución boliviana de 1952, “en los hechos, la clase obrera conquistó el poder, pero la administración quedó en manos de la pequeña burguesía, que reproduce la ideología burguesa al extremo de que la clase obrera no se desprendía de la visión pequeñoburguesa”. Zavaleta señala que la falta de ideología y el poder proletario fueron la causa de la posición obrera, el mayor infortunio de la historia de la izquierda boliviana que tendrá sus efectos hasta nuestros días. Considera que la causa inicial de esa desventura es el impulso espontáneo, es decir, el carácter espontáneo del movimiento de masas que se “mantendrá implantado en el modo de ser de los obreros y los campesinos durante mucho tiempo”. Según Zavaleta el espontaneísmo, que se funda en la mayor autenticidad y profundidad de las masas, domina a menudo el movimiento de masas. La espontaneidad es la causa de sus derrotas, pues en ausencia de una ideología, las bases de la sociedad continúan siendo instrumentos de los gobiernos de turno. En el caso de Bolivia, la insurrección de abril de 1952 eliminó el Ejército de la burguesía. Sin embargo, su hegemonía ideológica estaba intacta a través de la influencia del partido de la pequeña burguesía. La ideología burguesa dominaba tanto en el polo burgués como en el polo proletario, pues la COB no lograba impedir que los obreros sirvieran y pertenecieran al Estado democrático burgués. En los hechos, la hegemonía absoluta de la clase obrera no produjo el poder proletario que debía transformar la revolución burguesa en revolución socialista. Unos 50 años más tarde, una alianza encabezada por las organizaciones de base indígenas llegarían al poder.

Las Tesis de Abril de Lenin

Lenin llegó a San Petersburgo (capital de Rusia) hace un siglo, en abril de 1917, poco después de la caída del Zar y la aparición de un gobierno provisional representativo de la burguesía clientelista rusa. El gobierno burgués que controlaba la Duma (Palamento) lograba mantener un delicado juego de alianzas entre fuerzas sociales a su derecha e izquierda. A la derecha, los residuos más “progresistas” del ancien regime zarista compuesto por grandes terratenientes. A la izquierda, los partidos de los trabajadores –los “mencheviques” (la minoría del Partido Social Demócrata Obrero ruso)– y de las capas medias radicalizadas. La burguesía en una maniobra muy hábil, nombró al líder de los mencheviques Kerensky como miembro del consejo de Ministros.

En las Tesis de Abril redactadas por Lenin recién bajado del tren (en la Estación de Finlandia) que lo trajo de Suiza, esta correlación de fuerzas entre los partidos que controlaban la Duma es analizada cuidadosamente. Lenin, sin embargo, también analiza otra situación que se desenvolvía en forma paralela en los momentos que convulsionaban a Rusia. Observa la reaparición de los consejos (soviet) de los trabajadores y soldados en las fábricas, haciendas agrícolas y cuarteles en todo el país y su coordinación. Más aún, en el análisis de Lenin se percata que los Soviet tienen en su poder la producción de todas las riquezas del país (sindicatos, cooperativas, etc.) y, además, las armas de guerra (en los cuarteles) (Lenin, 2017).

Lenin era el secretario general de la facción mayoritaria del Partido Social Demócrata Obrero ruso –Bolchevique– cuya dirigencia se encontraba, hasta ese momento, disperso en el exilio, presos en Sibería y en ciudades sin comunicación en Rusia. Le correspondía a los bolcheviques –marxistas estudiosos del capitalismo- apoyar a las fuerzas de izquierda en la Duma que proponían reformas radicales al régimen zarista recién derrocado. Sin embargo, Lenin propuso en las Tesis de Abril otra estrategia que en su momento le pareció equivocada a sus propios camaradas bolcheviques. Resumido en pocas palabras planteó como consigna “Todo el poder a los Soviet” (Zavaleta, 1974). Según René Zavaleta,

“Lenin no era muy aficionado a la separación entre la consigna y el rigor teórico, y los bolcheviques, por lo demás, hicieron con gran éxito de las consignas complejas un método partidario. Debe distinguirse la sencillez de la expresión de las consignas, de la complejidad de su contenido”. Zavaleta, 1974.

En Rusia, los bolcheviques reconocen la presencia masiva y mayoritaria de los trabajadores del campo pero concentran sus fuerzas en las ciudades y en el centro político del país. En Nicaragua, de una manera similar, las áreas rurales son claves pero la insurrección se concentra en Managua, la capital. Según el comandante Carrión, cuando el FSLN arranca con el Frente Norte Carlos Fonseca, todas sus acciones fueron exitosas. Sin embargo, disuelven el Frente Norte Carlos Fonseca y mandan a la gente a las ciudades del Pacífico. Esa fue una decisión audaz, muy audaz. Carrión reflexiona y plantea que si “yo me pongo a pensar, si ese Frente lo hubiéramos hecho nosotros, y hubiera ido tan bien, no sé si yo me hubiera atrevido a hacer eso. Yo hubiera dicho, espérate, si todo va bien, para qué lo vamos a joder”.

La ortodoxia política aconseja que un movimiento militar que cuenta con el apoyo de la población, después de un triunfo, tiene que consolidar su dominio sobre el terreno conquistado y diseñar una táctica adecuada para dar el siguiente paso. Los sandinistas procedieron con el signo de la audacia, conociendo el terreno del país y la psicología del pueblo, dando el salto para enfrentar el enemigo mejor armado, preparado y financiado. El golpe resultó un éxito, obligando a la plana mayor del gobierno somocista a salir volando –literalmente– hacia refugios en Miami y otros destinos.

En el caso de Rusia, la Gran Guerra europea había agotado a todos los sectores sociales. Terratenientes, burguesía, capas medias, trabajadores y campesinos. Las consignas eran paz y pan. Los bolcheviques convirtieron las consignas en hegemonía. En Nicaragua, el FSLN convirtió su lucha en hegemonía sobre un pueblo ansioso de poner fin a la tiranía somocista y construir un país nuevo. Según Carrión,

“en síntesis, esos fueron los elementos que explican la hegemonía del FSLN (Tercerista). Ellos tuvieron una visión correcta de cómo colocar las piezas claves en su lugar, al punto que, de alguna manera, todos contribuimos a hacer realidad esa estrategia, porque nosotros mandamos al carajo todas las tesis de vanguardia”. Carrión

Los triunfos de los bolcheviques y de la guerrilla del FSLN comparten el elemento de la audacia. Lenin insistió en la consigna de “Todo el poder para los Soviet”, cuando la tarea supuestamente era consolidar las posiciones en la Duma donde la izquierda se había convertido en una fuerza minoritaria respetable. Igual 60 años más tarde en Nicaragua, el FSLN había consolidado su presencia en los frentes rurales del Norte y del Este, pero en un movimiento inesperado movilizaron todas sus fuerzas para encabezar la insurrección en Managua y sellar el triunfo de la revolución.

Comentarios finales sobre las revoluciones centroamericanas

Los movimientos revolucionarios en Centro América sacudieron la región durante tres décadas 1960 a 1990. Mostraron que hay pueblos vibrantes y organizados. Cuentan con juventudes audaces y dispuestos a sacrificar todo por sus causas revolucionarias. Los Frentes de Liberación Nacional –Sandinista y el Farabundo Martí– están en el poder político. ¿Qué significa el poder?

A pesar de sus enormes triunfos en el campo político y militar, hay que preguntarse si los movimientos revolucionarios centroamericanos –a nombre de las clases explotadas– controlan los medios de producción, de comunicación social o de la cultura. En otras palabras, son movimientos que han creado una nueva visión de país en los sectores mayoritarios de sus respectivos países. Es decir, son hegemónicas.

En la terminología gramsciana, existe la noción del “empate catastrófico”. Ninguno de los dos bloques sociales enfrentados puede derrotar al otro. La oligarquía con el apoyo de EEUU ha logrado neutralizar el avance de las fuerzas revolucionarias en Nicaragua, El Salvador y también en Guatemala. Existe un equilibrio entre las fuerzas enfrentadas en los primeros dos países. Hay dos pueblos movilizados, con una ideología hegemónica y una oligarquía a la defensiva. Pero esta no ha sido derrotada.

En los otros países centroamericanos, la hegemonía es de la oligarquía y de sus aparatos represivos (educativos y militarizados). Pero en cada uno de ellos existen condiciones para que el pueblo se movilice y alcance objetivos revolucionarios. En la segunda mitad del siglo XX, al igual que el Movimiento 26 de Julio en Cuba, el FLSN y el FMLN abrieron la brecha con la audacia de una juventud que ocupó la vanguardia de la lucha del sujeto revolucionario: los pueblos.

Las revoluciones inconclusas del siglo XX en la región centroamericana y en el resto de América latina siguen su marcha en la nueva centuria. Cada generación acumula fuerzas, experiencia y capacidad para crear condiciones donde la audacia de la juventud triunfará.

Panamá, 15 de agosto de 2017.

Bibliografía

Canizales Vijil, Rolando 2012 El fenómeno de los movimientos guerrilleros en Honduras: El caso del Movimiento Popular de Liberación “Cinchonero” (1980-1990) (Tegucigalpa: El Socialista Centroamericano).

Lenin, Vladimir 2017 “Las tareas del proletariado en la presente revolución. Las tesis de abril”, en Tareas N°157, (en imprenta), septiembre-diciembre.

Martínez Heredia, Fernando 2014 Revolución, cultura y marxismo (La Habana: Unión de Periodistas de Cuba) 11 de febrero.

Snow, Edgar 1978 Red Star over China (Nueva York: Bantam Books).

Zavaleta Mercado, René 1974 El poder dual en América Latina (México: Siglo XXI ed.).


  1. Ex Presidente ALAS, XIII Congreso, Ciudad de Panamá, Panamá 1979. Miembro del Consejo Consultivo de ALAS.


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