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11 Treinta y cinco años de evolución de la Teoría del Desarrollo en las ciencias sociales en América Latina

Daniel Camacho Monge[1]

Parte I. La Teoría del Desarrollo

Las Ciencias Sociales son tan amplias y complejas que no podemos abordarlas todas, pero podemos decantar el tema para hacerlo caber en el espacio limitado de este resumen. Para ello, es necesario centrar la atención, no en todas las ciencias sociales, sino en la Teoría del Desarrollo Social, la cual involucra, aunque no todas, a varias Ciencias Sociales, comenzando por la Economía, entendida, según lo explican Hinkelammert y Mora (2008) como oikonomía, o sea, “el arte de gestionar la producción y distribución de los bienes necesarios para abastecer a la comunidad y satisfacer las necesidades humanas” y no como crematística, o arte del lucro.

La Teoría del Desarrollo Social también involucra a la Sociología, la Sicología Social, la Antropología, por supuesto la Historia, las Ciencias Políticas e, incluso la Teología, en su vertiente liberadora.

En ese marco, la tesis central que se sostiene aquí, se puede expresar de la siguiente manera:

  • De un importante interés en el Tema del Desarrollo y sobre todo de la dicotomía desarrollo-subdesarrollo, prevaleciente en la década de los setenta del siglo XX, se va pasando a temas especializados.
  • En la década de los ochenta en vista del desplome del socialismo en Europa y algunas grandes derrotas de esa corriente en América Latina, como el derrocamiento de Allende en Chile, pierden fuerza los paradigmas globalizadores y el interés por la Teoría del Desarrollo.
  • El modelo inspirado en las teorías keynesianas entró en crisis al perder su eficiencia para mantener el crecimiento y, por ello, la lealtad de las masas.
  • Dejó así libre el paso para el enfoque neoliberal el cual se entronizó como estrategia económica hegemónica. Este entra a su vez en crisis al final de la primera época del siglo XXI y abre posibilidades a otros enfoques de indudable interés.

En la década de 1970, el tema del desarrollo dominaba el panorama. Se disputaban, no sólo su interpretación, sino la elaboración de estrategias de desarrollo, las siguientes corrientes teóricas:

La herencia del pensamiento social[2]

Se denomina así a los pensadores que produjeron grandes interpretaciones del desarrollo antes de que la concepción “científica” del análisis social se tornara hegemónica. Esos grandes ensayistas, despreciados por los autollamados “científicos”, aportaron importantes destellos interpretativos de la sociedad. Una incompleta referencia debería mencionar por lo menos a los siguientes:

Los movimientos que auspician la libertad de culto tienen en el mexicano José María Ruiz Mora, un ardiente defensor de esa idea, así como de la secularización de las tierras de la Iglesia.

El colombiano Germán Arciniegas (1952) es referente de los movimientos políticos antidictatoriales.

Las luchas por la autodeterminación de los pueblos y su consiguiente rechazo de la intervención imperialista es expresada por el cubano Enrique José Varona (1933) y por el argentino José Ingenieros (1972).

También por la autodeterminación de los pueblos, una figura cumbre es el nicaragüense Augusto C. Sandino (1977), organizador de la primera guerra de guerrillas del Continente en contra de la invasión norteamericana y autor de una profusa obra epistolar, de entrevistas, decretos y proclamas.

Los movimientos de defensa de la cultura propia cuentan con el puertorriqueño José María de Hostos (1938) y con el mexicano José Vasconcelos quien además, propugna por la unidad latinoamericana.

Juan B. Justo (argentino) Ricardo Flores Magón (mexicano) José Carlos Mariátegui (peruano) Domingo F. Sarmiento (argentino) y Alfonso Reyes (mexicano) son también inexcusables en esta limitada lista.

Una de las cumbres es el gran José Martí, con su idea de Nuestra América que incluye y unifica a la gran diversidad de orígenes, culturas y cosmovisiones del subcontinente.

Entre los pensadores centroamericanos la defensa de la nación y el antiimperialismo estuvieron muy presentes, sobre todo en la primera mitad del Siglo XX. Expresiones de esa posición fueron el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1942) el costarricense Vicente Sáenz (1983) el hondureño Froilán Turcios (1930-1940) y Joaquín García Monge (1920-1939)[3].

Es enorme el aporte que esos pensadores entregan al tema del Desarrollo Social. Son muy importantes, puesto que cultivan el género del ensayo, apto para un público muy amplio, el cual efectivamente los lee. Por ello, su contribución a la creación de una idea colectiva del desarrollo es tanto o más importante que la de los llamados científicos sociales, quienes a menudo los desprecian calificándolos de pre científicos aunque la audiencia de aquéllos, los “científicos”, está a menudo reducida a los organismos técnicos o a la academia.

De manera alguna esos autores coinciden plenamente entre sí. Por el contrario, su variedad y hasta la oposición de sus puntos de vista es una de sus riquezas. Sin embargo tienen en común su preocupación por un futuro mejor y su reflexión acerca de cómo estarían mejor los países latinoamericanos.

Una idea recurrente es la relación con los países centrales o desarrollados y aquí hay dos corrientes. Por un lado, los que conceden consecuencias negativas a esa relación calificada a menudo de imperialista y, por otro, los que encuentran allí los derroteros hacia el desarrollo.

La idea de la libertad también es recurrente. Libertad frente a las dictaduras, libertad frente a la Iglesia, libertad frente a los países dominantes en el campo internacional, libertad frente a la pobreza.

Este último tema lleva al del igualitarismo. Es abundante la reflexión sobre las diferencias sociales entre sectores e individuos y la búsqueda de correctivos. El mínimum vital de Masferrer es buena muestra de ello.

Asimismo, está presente la defensa de una cultura propia, reconociendo las diferencias y resaltando las bases comunes como la tradición indígena, española o la africana.

La unidad latinoamericana ocupa un lugar preponderante. Desde muy temprano Bolívar (1985) la enarboló y ha sido una idea pertinaz en la obra intelectual y en el imaginario popular.

En términos generales, se observa una corriente preponderante, aunque con fuertes disidencias y detracciones, en la cual se dibuja la utopía de una sociedad latinoamericana desarrollada gracias a logros como la libertad, el igualitarismo, la presencia de las culturas propias, la unidad latinoamericana y la liberación de la dominación externa.

Los temas alternativos

A finales de la década de los setenta y como consecuencia de lo señalado antes (dictaduras, derrotas de las luchas sociales, desplome del socialismo, crisis de paradigmas) comienza a abandonarse la Teoría del Desarrollo para pasar a temas más especializados que permitieran observar la nueva realidad.

En Centroamérica, incendiada por las guerras civiles, las dictaduras militares, la doctrina de la seguridad nacional y su concepto perverso del “enemigo interno”, los temas son la Sociología de las guerras civiles, de la paz y de de los militares (Aguilera, 1984 y 1994; Córdova, 1990) el tema de la paz y los derechos humanos (Camacho, 1990). También la movilización popular y el conflicto social (Camacho y Menjívar, 1989) las relaciones entre teología y sociedad (DEI, 1985) y la historia demográfica, la comparada y la historia económica (Cardoso y Pérez Brignolli, 1977)

A fines de los ochenta y en la década de los noventa se instala el neoliberalismo, se abandona la Teoría del Desarrollo y se vuelve efectivo el paradigma de la colonialidad del saber, denunciado por González Casanova (1970).

Sin embargo, la atención de los científicos sociales que resisten esa colonialidad se centra sobre temas que escapan de ella, como los movimientos sociales, la nación, la subjetividad, la ciudadanía (Lechner, 1991) y estudios especializados como la educación, tales como los que se desarrollaron en las sedes de la Flacso en Chile y Argentina.

Los estudios acerca del carácter del Estado se hacen presentes. No podría ser de otra manera en vista de una doble y contradictoria circunstancia. Por un lado las dictaduras que ponen el aparato del Estado a su servicio. Por otro –y de manera más tardía- la avalancha del neoliberalismo que pretende desmantelar el aparato estatal. Adquieren mucha importancia los estudios alrededor de lo que se llamó la reforma del Estado. También los que se ocupaban del Estado autoritario. Autores destacados en este último tema son Guillermo O’Donnel (1975) y René Zavaleta Mercado (1979).

Dentro del pensamiento y la teoría de la resistencia podemos ubicar el gigantesco proyecto Perspectivas de América Latina dirigido por Pablo González Casanova (1984) en el marco de la Universidad de las Naciones Unidas y el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, del cual don Pablo era Director. Me tocó participar desde la Flacso, de la cual era el Secretario General, coordinando el proyecto Movimientos Sociales en América Latina. El mega proyecto dirigido por González Casanova produjo, entre 1984 y 1992, cincuenta y cinco libros que incluyen 1028 artículos sobre los siguientes temas: movimientos sociales, democracia emergente, Estado y partidos políticos, crisis, cultura, conflictos, historia de las predicciones, futurología y entidades federativas.

Es una obra monumental colectiva dirigida por Pablo González Casanova, esa enorme figura que ha predominado en las ciencias sociales latinoamericanas desde la década de los sesenta hasta hoy, cuando sigue proponiendo caminos científicos novedosos como el del paradigma de la complejidad.

La sociología científica

La otra importante teoría sobre el tema del desarrollo–subdesarrollo en la década de los setenta, es la llamada sociología científica. Tiene como sus grandes exponentes a autores como Gino Germani (1964) Jorge Graciarena (1970), Aldo Solari (1965) y muchos otros. Se ubica esta corriente en el campo de quienes consideran el desarrollo como la repetición del modelo de los países industrializados. Germani propone una estrategia de desarrollo, inspirado en el sociólogo estadounidense Irwin Hoselitz quien atribuye el desarrollo de esa nación a ciertas pautas culturales, las cuales se reflejan en índices que contrastan con los latinoamericanos. En consecuencia, la estrategia de desarrollo que se deduce de esta propuesta es transformar la cultura propia para adoptar, del modelo norteamericano, pautas culturales como las siguientes: el universalismo en la asignación de roles desechando el particularismo que supuestamente prevalece en América Latina. Asimismo, adoptar las realizaciones como criterio de avance social y no las asignaciones como es aquí. En cuanto a las tareas por cumplir debe asumirse la especialidad prevaleciente allá, en lugar de la difusión existente aquí. De estos enfoques surgen otras propuestas para el desarrollo como los modelos psicologistas que propugnan adoptar las propensiones culturales al trabajo y al ahorro las cuales, según se sostiene, existen escasamente acá.

Lo mismo se aconseja en cuanto al espíritu de empresa y el espíritu pionero, pretendidamente fuertes allá y débiles en nuestro medio.

Como quedó dicho, la influencia del pensamiento auto llamado científico se concentra en los medios técnicos y académicos. Pero no hay que despreciar las filtraciones de ese pensamiento hacia sectores más amplios. De hecho, la idea de que el progreso social equivale a asimilarse a los Estados Unidos, o sea la idea del subdesarrollo como retraso, está bastante arraigada en amplios sectores de la población latinoamericana. Por lo demás, esa idea también estuvo presente en otras concepciones académicas o científicas por radicales que pudieran aparecer.

El desarrollismo estructuralista

La otra gran tesis, el desarrollismo estructuralista, como es bien conocido, se produce en la Comisión económica para Nuestra América (Cepal, 1969) con el gran maestro Raúl Prebisch (1984 y 1987) a la cabeza. Su idea central es la del centro-periferia, según la cual la sociedad internacional tiene dos polos, el centro desarrollado y la periferia subdesarrollada. Esta última tiene posibilidades de alcanzar a la primera y para lograrlo, esta escuela de pensamiento propone, de manera muy clara, una estrategia cuyos principales aspectos son los cambios estructurales destinados a disminuir la influencia del centro sobre la periferia y encontrar un camino propio. Entre esos cambios estructurales se encuentran: la sustitución de importaciones, la modernización del Estado y la sociedad, la reforma agraria, la industrialización y la planificación. Está sumamente clara aquí la idea del subdesarrollo como retraso. De igual manera que la anterior, la corriente cepalina se filtra también hacia amplias capas no intelectuales de la población.

La teoría de la dependencia

El diagnóstico de la llamada Teoría de la dependencia acerca del subdesarrollo se centra en la contradicción entre dos polos, uno que acumula y otro que nutre la acumulación. Es una reformulación de la teoría cepalina del centro y la periferia. Según la Teoría de la Dependencia, unos países son desarrollados a causa de que explotan a los subdesarrollados, o sea, el subdesarrollo de unos se debe al desarrollo de los otros. Dentro de ella hay dos orientaciones. Una que enfatiza la explotación entre naciones y otra que la centra en las clases sociales. Esta última no niega la explotación entre naciones, pero considera a las contradicciones de clase del país subdesarrollado como las potenciadoras de la explotación de unas naciones por otras. O sea, la acumulación de los países desarrollados a costa de los subdesarrollados, pasa por la interiorización de esa dependencia en estos últimos. En éstos hay clases sociales que se benefician, se enriquecen y acumulan gracias a su alianza con el país dominante en el campo comercial, industrial, financiero y cultural. Autores relevantes dentro de esta orientación de la Teoría de la Dependencia son André Gunder Frank (1968), Theotonio Dos Santos (1970), Ruy Mauro Marini (1973), Vania Bambirra (1973), Octavio Ianni (1974) entre otros.

Las consecuencias de esta teoría en la elaboración de políticas y estrategias de desarrollo, incluye el rompimiento de esas relaciones de dependencia. En la primera orientación, eso se consigue mejorando los términos de la relación económica entre las naciones del centro con las de la periferia. En la segunda, modificando las relaciones de clase a lo interno de los países subdesarrollados.

Uno de los autores principales de la primera orientación es el sociólogo Fernando Henrique Cardoso quien, al desempeñarse posteriormente como Presidente de Brasil, la tuvo muy en consideración. Baste recordar, entre otras cosas, que bajo su presidencia, Brasil contuvo el proyecto estadounidense de la Alianza Comercial de las Américas, ALCA, por considerar que profundizaba esas relaciones de dependencia. El otro autor importante es Enzo Faletto (1969) a quien sus colegas de la época, en conversaciones con el autor de estas líneas, le atribuyen una contribución preponderante -sobre cualquier otro autor- en la formulación de esta primera orientación de la Teoría de la Dependencia.

Los proyectos socialistas revolucionarios

Esa década de los setenta fue rica también en estrategias de desarrollo más radicales, como las contenidas en los proyectos socialistas revolucionarios. El socialismo es, entre otras cosas, una estrategia de desarrollo social integral. El socialismo revolucionario se propone cambiar desde sus raíces, el pacto social sobre el que se sustentan las relaciones entre individuos y grupos en una sociedad. Eso implica la superación del capitalismo y su sustitución por formas colectivas de producción, la rigurosa planificación, no sólo económica sino de la sociedad toda, el cambio absoluto de los valores, la construcción de una nueva concepción de la vida, todo en busca de un desarrollo humanista y superior de las personas y los pueblos. La revolución cubana representa todo esto en el imaginario de sectores de la población, aunque otros sectores incorporan la visión negativa ampliamente difundida por los medios de comunicación más influyentes.

En la década de los setenta, además del cubano, otros proyectos socialistas inflamaban la imaginación de las gentes. Uno es el enorme y heroico esfuerzo de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile por construir lo que llamaron el socialismo en libertad. Otro es la revolución en Centroamérica con el triunfo revolucionario y la primera etapa carismática del gobierno sandinista en Nicaragua, así como el fortalecimiento de propuestas políticas similares en los países vecinos, especialmente El Salvador, sin olvidar la experiencia de la isla caribeña de Granada, arrasada sin piedad por el ejército de los Estados Unidos.

En el campo de la producción sociológica este enfoque es encarnado en autores como Gerard Pierre Charles (1979) y Agustín Cueva (1979)[4].

Todas estas ideas, ensayismo social, teoría científica, desarrollismo cepalino, teoría de la dependencia, socialismo revolucionario y otras, quedan en la imaginación de los pueblos, quizá no de forma sistemática, porque entre ellas hay profundas contradicciones, pero sí como sustrato de su aspiración por una vida mejor.

El capitalismo regulado

Una de las propuestas teóricas más influyentes fue el keynesianismo. La crisis de 1939 dejó bien claro a las élites económicas y políticas, tanto de los países centrales como de los periféricos, la necesidad de estrategias correctivas para aminorar los efectos de los ciclos económicos.

Esas dos motivaciones, contrarrestar la influencia del socialismo sobre las grandes masas y aplicar una política anticíclica, impusieron la necesidad de regular el capitalismo. John Maynard Keynes y su teoría económica estaban ahí para ello.

Así nace la etapa del capitalismo regulado, la cual contiene una concepción del desarrollo, a través de sus políticas destinadas a conseguir el pleno empleo y evitar los extremos en la concentración de la riqueza y en la pauperización. Para el Estado se reserva un papel sumamente importante en esa intermediación entre capital y trabajo: regula y supervisa, garantiza tanto la acumulación como la redistribución. Es el Estado de bienestar.

Del keynesianismo surge no una, sino varias teorías del desarrollo. Constituye una escuela de pensamiento de la cual la teoría de la Cepal es tributaria.

El capitalismo regulado y su teoría keynesiana, presiden un prolongado periodo de prosperidad y se han asentado en el ideario popular sobre el desarrollo. Sin embargo, al final de los años setenta, entra en una triple crisis: una crisis de acumulación, una crisis de racionalidad y una crisis de legitimación.

  • La crisis de acumulación consiste en una disminución del incremento de la tasa de ganancia del capital. Se produce porque el Estado o, más bien, el aparato estatal, se convierten en un obstáculo para la acumulación, en lugar del instrumento eficaz para ello, como lo fue hasta ese momento.
  • La crisis de racionalidad se produce porque, desde la perspectiva de los sectores hegemónicos, al debilitarse la capacidad de incrementar la acumulación, el modelo pierde su racionalidad instrumental.
  • La crisis de legitimación proviene de la pérdida de eficacia del modelo: siendo una política para el pleno empleo, el capitalismo regulado llegó al límite de sus posibilidades y el desempleo se disparó sin posibilidades de reactivarlo. Ante esos fracasos pierde la lealtad de las masas y esa es una herida de muerte. Eso explica por qué la Teoría del Desarrollo emanada del capitalismo regulado y su Estado de Bienestar pierde su vigencia al principio de los años ochenta.

La nueva derecha y el neoliberalismo

En esas circunstancias, en los inicios de los ochenta, la nueva derecha, que se encontraba al acecho, llena el vacío, con su propuesta neo liberal, la cual es una alianza contra natura entre el liberalismo (anti oligárquico, anticlerical, pro capitalista) y el conservadurismo (anti capitalista, religioso, oligárquico). Esa nueva derecha produce el consenso de Washington, base ideológica y programática del proyecto neo liberal, el cual propugna la liberalización comercial, la desregulación en las relaciones laborales y la consecuente disminución de los salarios, las facilidades para la operación de las compañías trasnacionales, el desmantelamiento del Estado y otras medidas similares. Fruto de esa concepción, es la apertura comercial y los consecuentes tratados de libre comercio.

El neoliberalismo, se convierte en la política hegemónica de desarrollo y es adoptada por gobiernos y organismos internacionales. Igualmente es asimilada en buena medida por buena parte de la sociedad.

Sin embargo, durante su reinado se produjeron algunas propuestas sobre el tema del desarrollo, algunas con carácter alternativo.

El neo estructuralismo

El principal exponente del neo estructuralismo es Osvaldo Sunkel (1995) para quien esta propuesta es la única alternativa neo social demócrata al liberalismo, en vista de que la economía actual está ampliamente basada en el mercado, la empresa y el capital privado especialmente externo, con un papel reducido, pero efectivo del Estado. Para Sunkel el neo estructuralismo parte de la misma base del estructuralismo que él ayudo a formular desde la Cepal, pero con ajustes obligados por la nueva realidad nacional e internacional: atención a los desequilibrios financieros, monetarios y macroeconómicos, restablecimiento del equilibrio roto por los excesos del neoliberalismo con base en tareas como el diseño de políticas públicas, la promoción de inversiones de mejoramiento regional, la promoción de industrias, el apoyo a sectores sociales desprotegidos. El neo estructuralismo considera inviables algunas propuestas antiguas del estructuralismo como la planificación, la reforma agraria y las nacionalizaciones. No es tan clara la diferencia entre el neo estructuralismo así descrito y las versiones más moderadas del proyecto neoliberal.

El paradigma del desarrollo humano

Otra propuesta interesante es el paradigma del desarrollo humano de Amartya Sen (1998) quien construyó los índices de desarrollo humano que utiliza el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, PNUD. El pensamiento de Sen sobre el desarrollo está basado en la importancia de las capacidades humanas. El desarrollo se alcanza si se potencian las capacidades humanas que él resumen en tres: leer, comer y votar. Por supuesto, de cada una de ellas se desprenden varias que, a su vez se desglosan en otras y así sucesivamente, hasta crear el amplio sistema de indicadores que utiliza el PNUD en sus Informes de desarrollo humano. Del enfoque de las capacidades se derivan algunas consecuencias como las siguientes:

  • El desarrollo se logra cuando las personas son capaces de hacer más, no cuando puedan comprar más.
  • Desarrollo es cuando hay equidad de género.
  • El hambre no proviene de la baja producción, sino de la mala distribución.
  • En consecuencia, la pobreza no se debe atacar por el incremento del ingreso, sino por el aumento de las capacidades y la cooperación.

La economía para la vida

Franz Hinkelammert y Henry Mora Jiménez (2008) proponen una visión del tema del desarrollo novedosa y desde una perspectiva teórica y metodológica muy diferente al neo liberalismo. Esta propuesta tiene como fundamento teórico epistemológico el paradigma de la causalidad compleja, regresa al valor de uso como categoría analítica y recupera la subjetividad, los valores y, por lo tanto, la ética en el análisis económico. Redefine y rescata la utopía y la ética en la ciencia y la política económicas.

La epistemología de la complejidad

Es de importancia extrema para construir una concepción del desarrollo. Sus principales autores son Pablo González Casanova y Boaventura de Sousa Santos (2004) para quienes la sociedad es un sistema complejo, una dialéctica de interrelaciones entre los individuos con la totalidad social y la totalidad social con los individuos. A medida que pasa el tiempo, la constante es la emergencia de nuevas realidades[5].

Este es un paradigma emergente que parte de lo que se ha llamado el fin de las certidumbres, en alusión a la incapacidad de la razón para explicar la realidad. Nacido en la Ciencia Física (Prigogine, 1983) adopta de las ciencias naturales el concepto de futuro indeterminado, lo cual significa que el equilibrio es la excepción y lo permanente es la autoorganización como proceso complejo. En otras palabras, en la sociedad no hay sosiego, el equilibrio es poco frecuente, lo cotidiano es el movimiento, el cambio, la auto organización.

El modelo científico racional que viene desde el Siglo XVI se está agotando. Los fenómenos se enfrentan a sucesivas alternativas y no a determinismos preestablecidos,

En resumen

Se puede resumir todo lo anterior repitiendo nuestra tesis inicial:

  • En la década de los setenta existían varias propuestas, a veces contradictorias entre sí, que intentaban interpretar el desarrollo y el subdesarrollo.
  • En general, tenían como fundamento teórico la teoría keynesiana y como política económica y social el capitalismo regulado, también de base keynesiana.
  • Cuando ésta, a su vez, entra en crisis, es sustituida por el neo liberalismo que, al final de la primera década del Siglo XXI, entra a su vez en una profunda desbandada, lo cual da oportunidad a nuevos caminos teóricos y políticos.
  • Los estudios de Amartya Sen, por un lado, y de Hinkelammert y Mora por otro, así como el paradigma epistemológico de la complejidad, son la base teórica, metodológica y ética, para la formulación de propuestas novedosas y humanistas para el desarrollo social.

Parte II. Las nuevas tesis sobre el Desarrollo Social

Entramos así a la segunda parte de este trabajo porque, desde esta última perspectiva, se trata de un desarrollo definido de manera radicalmente distinta.

¿En qué consiste esa nueva manera de concebir el desarrollo desde una perspectiva ética, integral, utópica y humanista que nos sugieren autores como González Casanova, Sousa Santos, Amartya Sen, Franz Hinkelammert y Henry Mora Jiménez?

En primer lugar en redefinir desde sus raíces conceptos y categorías de análisis, comenzando por el propio concepto de Desarrollo.

Para ello es necesario acudir a la sociedad misma y, específicamente a su manifestación más dinámica que son los movimientos sociales.

La perspectiva de los movimientos sociales

En su pensar y actuar, los movimientos sociales van construyendo concepciones, conceptos, modos de razonar, métodos de estudio. (Camacho, 1989). Por su lado, las contribuciones intelectuales y teóricas que se acaban de analizar, de una u otra manera llegan a amplias capas de la sociedad y, sobre todo, a los movimientos sociales. Estos las procesan y construyen sus propias visiones. Adoptan unas ideas, rechazan otras, toman nota de las discusiones y divergencias, de los enfoques contradictorios y de las ideas recurrentes. De todo eso hacen su propia síntesis y la incorporan paulatinamente en su cultura. Al fin y al cabo esa es la gran misión del pensamiento y la teoría: acumular y sistematizar conocimiento para el avance de la humanidad.

Se impone entonces la tarea de hurgar en esa construcción cultural de los movimientos sociales en el campo de los conceptos que tiene que ver con el desarrollo social, a fin de contribuir a su sistematización.

En otras palabras, se impone la tarea de revisar conceptos en compañía de la gente que actúa. Esa gente está en los movimientos sociales. Ahí se encuentra una base conceptual, construida socialmente, que abre caminos teóricos y estratégicos. Es reto de los científicos sociales, junto con la gente y en la perspectiva de la sociedad y de los movimientos sociales, la tarea de deconstruir, reconstruir y construir categorías capaces de ver más allá de lo formal, de lo superficial, de lo hegemónico y de acercarnos al desarrollo humano integral, ético, incluyente y utópico. Esa tarea de deconstrucción y construcción de categorías empezó hace mucho tiempo.

Deconstruir categorías

El concepto mismo de desarrollo. Casi todas las teorías, incluso algunas que se ubican en el campo crítico o alternativo, parten de la imagen del desarrollo “realmente existente” en los países llamados desarrollados. Es la concepción, mencionada párrafos atrás, que concibe al subdesarrollo como retraso. Por ahí ha de empezar la crítica. El estilo de vida de esos países se construye a partir de las dos necesidades del capitalismo: el consumo y la acumulación. Por eso el desarrollo se concibe como el tener, poseer cosas.

La tarea comienza por deconstruir esa concepción y construir, con la gente, una nueva utopía. Desde los movimientos sociales, hace tiempo se viene desarrollando esa construcción utópica. Y también desde ciertos proyectos políticos en ejecución. Hay que volver, sin miedos ni prejuicios, la mirada a Cuba. Ahí los parámetros de acumulación y consumo son otros. Quizás tengamos algo que aprender.

Sociedad civil. El Banco Mundial tomó ese rico concepto y lo despojó de los contenidos que trabajosamente habían elaborado Locke, Hobbes, Rousseau, Marx y Gramsci entre otros (Rea, 2001) y se lo endosó a otra cosa: las organizaciones sociales no estatales. Es una manera cómoda de evadir el uso y la presencia de los movimientos sociales.

Gobernabilidad. Es otro concepto del Banco Mundial que a veces se apropia de la sugerente expresión “buen gobierno”. La deconstrucción de este concepto pasa por entender que, en la acepción bancomundialista, el verdadero contenido es la tranquilidad política, la ausencia de protesta.

Cohesión social. Este concepto es de estirpe europea. Allá funcionó como el mecanismo para que, en el proyecto comunitario europeo, los países ricos trasladaran recursos a las zonas deprimidas, con el fin de disparar en ellas el consumo y activar la acumulación, cosa que en efecto sucedió.

Pobreza. Amartya Sen (1998) según lo dicho antes, ya hizo una buena contribución para deconstruir la forma como se usa esta categoría.

Políticas públicas. Se entiende como la traducción de “public choice”, o sea, escoger el camino público para enfrentar un reto o problema, porque no hay manera de hacerlo por la vía privada. Lo público como residual.

Ciudadanía. En los ochenta se utiliza en la ciencia social latinoamericana como un sucedáneo de movimientos sociales y éstos lo había sido de las clases sociales. Se fortaleció en el periodo neoliberal y tiene que ver con gobernabilidad. Tiene un presupuesto falso según el cual se gobierna para ciudadanos iguales y libres.

Construir categorías con la gente

Es gran aporte de los movimientos sociales que sus propuestas constituyen, por lo general, profundos cambios culturales. Cada uno propugna un cambio cultural en la materia que le atañe. La conjunción de todos esos cambios constituiría una sociedad absolutamente distinta de la actual. Todos juntos, los movimientos sociales de carácter popular, están diseñando la nueva concepción de desarrollo, la nueva estrategia para alcanzarlo, la nueva utopía. Los movimientos sociales ya han hecho sus construcciones conceptuales desde la gente, a veces acompañada por sus intelectuales orgánicos. Los contenidos que mencionaremos someramente, son recogidos de la construcción de los movimientos sociales mismos. Veamos algunos:

Derechos Humanos. El inventario de los Derechos Humanos se viene ampliando. Ya no son los mal llamados “fundamentales”. Cada vez se conciben menos como “generaciones”. En el seno de los movimientos sociales la gente ha venido creando un concepto integral.

La perspectiva de género. Es una de las más revolucionarias desde el punto de vista cultural. Implica cambios profundos no sólo en el ámbito de las mujeres sino en la sociedad toda. Esto incluye la transformación de la masculinidad, no sólo en los roles sociales que cumplen los hombres, sino en su posicionamiento dentro de las relaciones sociales integrales, que nunca volverán a ser las de antes. No se trata solamente de que ahora los hombres deben hacer las cosas de forma diferente en el seno de la familia, la economía, la educación y los otros ámbitos de la vida social. Se trata de que, en la perspectiva de género, hay otra forma de ser mujer y otra forma de ser hombre. Es una cuestión ontológica.

Diversidad cultural. El contenido cultural de los conceptos en construcción por parte de los movimientos sociales no es completo si no se incluyen las otras perspectivas culturales como la étnica, la basada en la tradición local (el campesino en la ciudad, p.ej.) la diversidad de opciones sexuales, los inmigrantes, la reivindicación pluricultural y pluriétnica.

La perspectiva etaria. No sólo se trata de considerar a los jóvenes y viejos, sino las personas de edad intermedia. La concepción de la niñez y la juventud como realidades en sí mismas y no más la concepción de que el niño, la niña, la o el joven son simplemente un proyecto de adulto.

El ambiente. Hay diversas formas de concebir el ambiente. Por ejemplo en la Conferencia internacional sobre el agua, convocada por poderosos consorcios interesados en el tema, una de las ponencias principales fue elaborada y expuesta por la Coca Cola, que tiene todo el derecho a hacerlo. Sólo que su concepción es la del agua como mercancía. Desde los movimientos sociales el agua se concibe como un derecho humano y no como mercancía. También hay concepciones encontradas en cuanto a la reforestación (la autóctona frente al monocultivo) y otros aspectos ambientales importantes.

El conocimiento libre. Hay un movimiento social mundial por el conocimiento libre. Los resultados de la investigación deben ser accesibles a todos. El software Ubuntu y la conexión Mozilla son parte de ello.

Epílogo

Ahí está esa enorme, fructífera, imaginativa y rebelde producción de pensamiento, con una vertiente teórica académica y otra producida por la sociedad en movimiento. Las dos juntas constituyen una base sólida para la búsqueda de propuestas viables para construir sociedades desarrolladas en el sentido integral, ético y humano, donde quepamos todos. Es una tarea que espera con avidez a científicos sociales ligados con los intereses populares, líderes sociales ligados con el pensamiento. El terreno es fértil. ¿Frente a este excitante reto qué van a hacer las nuevas generaciones de pensadores, científicos y dirigentes sociales?

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  1. Ex Presidente ALAS, XI Congreso, San José de Costa Rica, Costa Rica, 1974. Miembro del Consejo Consultivo de ALAS.
  2. Varias fuentes son la base de estos párrafos sobre el “Pensamiento Social”. Una de las principales es el libro González Casanova, Pablo 1970 Sociología del desarrollo latinoamericano. Guía para su estudio. (México: UNAM). Otra es el número de la Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica (número 33 de setiembre de 1986) dedicada a la Historia de las Ciencias Sociales en Centroamérica. El material preparado para esta conferencia me sirvió de base para el capítulo titulado el Derecho al Desarrollo de un libro que se encuentra en prensa en México sobre la construcción de la cultura de los Derechos Humanos en América Latina. En ese libro los temas se ubican en un contexto de mayor amplitud.
  3. Para una exposición más completa del pensamiento social centroamericano ver el número 33 de setiembre de 1986 de la Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica. Esa entrega está dedicada a la Historia de las Ciencias Sociales en Centroamérica. Se puede visitar en el sitio web revistacienciassociales.ucr.ac.cr
  4. En el libro mencionado arriba Debates sobre la Teoría de la Dependencia y la Sociología Latinoamericana (Daniel Camacho comp.) se recoge el debate que tuvo lugar durante el citado XI Congreso de ALAS entre estas orientaciones teóricas.
  5. Una clara y completa explicación del paradigma de la complejidad es el excelente artículo -que ha sido muy útil para redactar este párrafo- de Julio Mejía Navarrete (2009) incluido en la Revista Estudos da sociologia. Revista do programa de pos-graduaçao en sociología da UFPE, Recife. Brasil, Vol. 14. N°14, 37-60


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