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2 La constitución de 1895

El fin del Reino Ermitaño

Estefanía Kuhn

Contextualizando una aproximación hacia una Constitución
del siglo XXI

Cuando nos aproximamos al conocimiento del sistema jurídico de un país lo primero que analizamos es su Constitución. En el caso de la República de Corea, la primera Constitución se sancionó en 1948 y consagró un sistema presidencialista –similar al de Estados Unidos– dando nacimiento a la Primera República. Desde entonces, el texto fue atravesando diferentes etapas, pero en 1987 al sancionarse la novena reforma constitucional nació la Sexta República y, en ese momento, la norma fundamental se transformó en la base de la consolidación de Corea como un Estado de Derecho. Cabe destacar que una de las mayores innovaciones de esta enmienda fue el establecimiento de la Corte Constitucional.

De acuerdo a la teoría jurídica, una constitución está conformada por un preámbulo (enunciación de principios), la parte dogmática (derechos fundamentales) y, finalmente, la parte orgánica (división de poderes). Dentro de las numerosas enunciaciones, vemos que la norma fundamental coreana establece en el preámbulo:

Nosotros, el pueblo de Corea, orgullosos de la historia y tradiciones resplandecientes que datan de tiempos inmemoriales, apoyando la causa del Gobierno Provisional de la República de Corea nacido del Primer Movimiento de Independencia de 1919 y los ideales democráticos del levantamiento de 1960 contra la injusticia, habiendo asumido la misión de reforma democrática y de unificación pacífica de nuestra patria y habiendo determinado consolidar la unidad nacional con justicia, humanitarismo y amor fraternal, y para destruir todos los vicios sociales e injusticias, y proporcionar igualdad de oportunidades a todas las personas, proporcionar el máximo desarrollo de las capacidades individuales en todos los ámbitos, incluida la vida política, económica, cívica y cultural, reforzando aún más el orden básico democrático libre propicio a la iniciativa privada y la armonía pública; ayudar a cada persona a cumplir con los deberes y responsabilidades concomitantes a las libertades y derechos, elevar la calidad de vida de todos los ciudadanos y contribuir a la paz mundial duradera y a la prosperidad común de la humanidad y, por lo tanto, garantizar la seguridad, la libertad y la felicidad para nosotros y nuestra posteridad para siempre…

Por otro lado, en el artículo primero la Constitución dice: “La República de Corea será una república democrática”. Por supuesto, esta fórmula democrática que se adoptaba es inseparable del contexto de la Guerra Fría. En rigor, no hubo mucho margen político para un debate sobre la organización constitucional del Estado coreano. Y, sin embargo, una constitución no solo es un conjunto de derechos sino que representa las bases sobre las que se asienta la estructura jurídica de un Estado y, si no es legítimamente sancionado, la justicia social y el desarrollo económico de la sociedad no parecen ser posibles. En otras palabras, no es algo que pueda tomarse a la ligera. Los ciudadanos deben estar amparados por ella, sobre todo en los momentos más difíciles de un contexto social dado.

En agosto de 2008, con motivo de cumplirse veinte años del establecimiento del Tribunal Constitucional, Ha Chul-yong (Secretario General) sostenía que:

Desde que el Tribunal Constitucional fue establecido el 1 de septiembre de 1988 en medio de deseos y expectativas de creación de un Estado verdaderamente democrático, los logros de la Corte durante los últimos veinte años han sido nada menos que sorprendentes. Solo en términos estadísticos, la Corte ha tenido que expedirse en quince mil setecientos casos presentados ante sus estrados. De estos, el número de casos en los que leyes y disposiciones se han declarado inconstitucionales equivalen a aproximadamente quinientos. En otros trescientos casos, la Corte ha dictado sentencias declarando que el poder del Estado había violado los Derechos del pueblo. De esta estadística sola, es fácil ver que los últimos veinte años han sido un periodo de incomparable crecimiento en el derecho constitucional, a diferencia de cualquier otro periodo en la historia constitucional de Corea. Con la consolidación firme del sistema de control constitucional, las actividades tanto de la legislatura como del poder ejecutivo se mantienen constantemente bajo la mirada de la Constitución para asegurar la legalidad y constitucionalidad de cada decisión. Como consecuencia, la Constitución se ha arraigado como norma viva, norma suprema de la tierra que regula el Estado y empodera al pueblo. Además, al resolver diversos conflictos y controversias sobre las principales disputas sociales, el sistema también ha contribuido a la armonía y la unidad del pueblo coreano. Corea fue la primera entre las naciones asiáticas en adoptar una institución independiente dedicada al control constitucional. Esto fue una contribución fundamental para el desarrollo de la democracia… (Corea C. C.: 2-3).

Los ordenamientos jurídicos son el fruto de normas creadas por muchas generaciones que consolidan un determinado sistema legal para una sociedad establecida o varias sociedades en el tiempo. El proceso histórico que nos ubica en el actual derecho constitucional coreano comenzó hace varios siglos, cuando la península coreana era un reino confuciano y ermitaño.

Confucio: un sistema de valores

La mayor influencia en la construcción de una tradición filosófica en las sociedades asiáticas provino de China, del sistema tributario. Y, más específicamente, de un filósofo que nació en el 551 a. C. llamado Confucio (Kong-Fu-zi), que creó un código de ética y de comportamiento. El contexto en el que vivió fue una época de gran inestabilidad política y sus principales enseñanzas no fueron escritas por él mismo sino por sus discípulos, que han sido compiladas en las Analectas. Allí se agrupan los pilares de la filosofía confuciana: por un lado, el camino correcto o dao (que es el medio mediante el cual se llega a un mundo mejor, un mundo humano[1]); por otro lado, la piedad filial (que va junto con el respeto a los antepasados y la tradición). Además, la filosofía confuciana enaltece la rectitud entendida como el respeto al lugar que cada uno ocupa en la sociedad y el llevar adelante acciones que nacen con el deber pero que también son moralmente correctas; y el hacer el bien a los demás, entre otras. Este conjunto de valores o principios morales influyó no solo a China sino también a otros países del Este asiático y se mantiene hasta nuestros días en muchos casos.

No se puede dudar entonces de la fuerte influencia que Confucio ha tenido en la formación de la sociedad coreana y en los valores que ella comparte. La mayor parte de lo que se conoce como cultura o tradición coreana fue el resultado de una reorganización social que comenzó en el siglo X (Cumings, 2004). La adopción del confucianismo se produce de manera paulatina pero nace con la dinastía Choson a través de las enseñanzas neoconfucianas de Chu Hsi, que establecía preceptos para la renovación social y política.

La dinastía Choson y la elite impusieron el confucianismo como sistema dominante de pensamiento. El impacto más profundo vino de la modificación de las costumbres, las prácticas religiosas y las relaciones sociales hasta el nivel familiar (Kiung Monn, 2010). De hecho, se estructuró la sociedad por tres tipos de relaciones[2] y el comportamiento obedecía a cinco mandatos[3], todo derivado del confucionismo. Con el tiempo, la doctrina se convirtió en miles de observancias rituales (León Manríquez, 2009).

Además de las virtudes filiales, lo que en la práctica mantenía unido al sistema era la educación, siendo la figura central el denominado verdadero caballero, el funcionario virtuoso y culto que gustaba por igual de la poesía y de la política. A lo largo de la dinastía Choson, todos los registros oficiales, toda la educación formal y la mayoría de los discursos escritos estaban en chino clásico, como lo estaban los exámenes que constituían el centro de la civilización coreana. Uno de los aspectos más sobresalientes de la educación influenciada por el confucianismo fue la implementación de exámenes para los funcionarios públicos. Todo esto se proyectó en la formación de un Estado confuciano que duró 500 años, durante los cuales el rey fue considerado siempre el padre del Estado (León Manríquez, 2009).

El sistema de valores confucianos institucionalizados durante la dinastía Choson influyó también en las relaciones políticas y económicas con los países vecinos. En lo económico, se siguió la promoción activa de la agricultura y el control estricto del comercio. En lo político, las relaciones eran consideradas como una extensión de las relaciones interpersonales; por eso, el emperador chino debía ser reconocido como el hermano mayor del rey coreano (León Manríquez, 2009). Esto configuró lo que se conoce como orden mundial chino o sistema tributario chino.

Las relaciones interestatales en este orden mundial tenían ciertas características. El emperador chino debía ser tratado como el único emperador en el mundo, los demás Estados (menores) debían enviar emisarios a la corte o, si China enviaba emisarios, estos debían ser tratados con solemnidad. En ese marco se perseguía también el intercambio comercial –particularmente de oro, plata y ginseng– por parte de los emisarios coreanos y, estos últimos, recibían telas de seda, satín, hierbas medicinales y otros bienes. En suma, China demandaba del reino Choson obediencia, la presentación del tributo y una coexistencia pacífica basada en la no interferencia en los asuntos internos (León Manríquez, 2009).

La cultura es la identidad de un pueblo. El entendimiento de una cosmovisión distinta puede ser complejo, pero a través del conocimiento se pueden crear puentes para evitar situaciones del pasado o nuevos conflictos culturales. Cuando el sistema de valores confuciano se encontró con el cristianismo en Corea, hubo distintas reacciones. El encuentro con Occidente había comenzado indirectamente a principios del siglo XVII cuando los enviados de Corea a China iniciaron sus contactos con las ideas cristianas y la ciencia europea. En un comienzo los coreanos lo llamaban simplemente “el aprendizaje occidental” y, más allá de la curiosidad intelectual, ese conocimiento comenzó como un desconcierto sobre esa nueva cultura y cierta aversión a elementos que parecían totalmente contrarios a los principios confucianos. Con el tiempo, tanto el gobierno como las elites dominantes rechazaron el cristianismo. ¿Qué significó para Corea aceptar el cristianismo? No significó que un ciudadano libre pudiera elegir una religión o una iglesia entre muchas. Tampoco significaba para un coreano elegir la enseñanza confuciana o el cristianismo. Más que cualquier otra cosa, significaba pasar a un marco totalmente diferente del significado del camino, la verdad, y la vida, del “vivir y actuar en consecuencia”. El imperativo cristiano implicaba una reorientación radical de la vida de ese momento. La nueva religión occidental no podía introducirse sin causar un cambio en la cosmovisión de la población coreana. La introducción del cristianismo fue posible en la medida en que el sistema coreano, luego de mucho tiempo, estaba en un estado de desorden (Chung, 1997).

El Reino Ermitaño

La península coreana fue gobernada por la dinastía Choson desde el siglo XIV hasta 1910, si bien desde 1894 la influencia japonesa va incrementándose. El sistema legal y el de gobierno estaban basados en los principios y el orden neoconfuciano. Esta filosofía fue la ley suprema que gobernó a la dinastía, la burocracia y justificó el poder de la elite dominante. Configuraba, además, una serie de normas o guías de comportamiento. Y, como consecuencia, la ley existía como una fuerza secundaria que sostenía los principios neoconfucianos. Por lo tanto, estructuralmente el sistema jurídico estaba compuesto por normas penales o administrativas. A pesar de que las leyes no tenían referencia a elementos espirituales o divinos, el Estado era la única autoridad moral capaz de impartir justicia (Yoon, 2010).

Por la proximidad con China, Corea era un miembro muy importante del sistema tributario encabezado por aquel país. La obra de Immanuel (2000) da cuenta de que, entre 1637 y 1894, no menos de 507 misiones coreanas fueron a Beijing, mientras que 169 misiones chinas viajaron a Corea. Tan importante era la península para China que en 1592 la dinastía Ming envío 211.500 hombres a Corea para defenderla de una invasión japonesa y lo mismo hizo en 1597, según los registros del mismo autor. Los coreanos siempre estuvieron agradecidos y fueron muy respetuosos de China. Vivian bajo sus políticas y su cultura, y describían sus relaciones con el país como “sirviendo al grande”, para distinguirlas con el tipo de relación que tenían con Japón que era más bien de “vecinos”.

Desde 1637 los coreanos cerraron su país por estas y otras invasiones sufridas y no mantuvieron relaciones con los demás Estados, salvo con las misiones tributarias a China y delegaciones ocasionales a Japón. Por esta razón, Corea, era conocido como el Reino Ermitaño (Immanuel, 2000). Si se considera esta perspectiva, se entiende cuál era la razón por la que la elite coreana quería abolir la influencia externa en su territorio: deseaban mantener el delicado equilibrio del orden imperante, impidiendo el libre flujo de ideas (León Manríquez, 2009).

La llegada de Occidente

A pesar de la intención de mantener a Corea “protegida” del exterior, a finales del siglo XVIII comenzaron a tener lugar ciertas situaciones que hacían pensar que ese hermetismo no iba a poder seguir adelante por mucho tiempo más. Es a través de China que las primeras ideas cristianas llegan a Corea, traídas por los mismos emisarios del sistema tributario. El contexto mundial de ese entonces había estado marcado por las denominadas revoluciones liberales europeas que, de alguna u otra manera, transformaron el sistema social y económico de la mayoría de los países. Por esta razón, al arribo del cristianismo le siguió en 1797, 1816 y 1832 la presencia de barcos de guerra y naves comerciales en las costas coreanas provenientes del Reino Unido, Francia y Rusia en demanda de comercio (León Manríquez, 2009). Es decir, el declive de la China imperial da lugar a una mayor influencia de Occidente en la región. Es en este periodo donde comienzan a sancionarse las primeras constituciones occidentales liberales que incluían principios como la división de poderes en el sistema político, la protección del individuo, una clara división entre el Estado y la sociedad, la propiedad privada, entre otros. Estas ideas también llegarían a la península coreana y serían absolutamente contrarias al orden confuciano.

Luego de la llegada de Occidente al este asiático, Corea se vio obligada a ingresar al sistema de comercio capitalista, a adoptar valores religiosos diferentes a los propios de ese momento y a la apertura de las relaciones diplomáticas. Pero la elite se oponía a todos estos cambios sosteniendo que su país era muy pequeño y pobre para comerciar con el exterior y su población incapaz de entender el cristianismo (Immanuel, 2000). Así, los líderes coreanos eran conscientes de que la posición de China se había transformado por el arribo de los poderosos buques de guerra y comerciantes occidentales, pero reaccionaron a la Primera Guerra del Opio cerrando aún más fuertemente las puertas de Corea al contacto con Occidente.

En el año 1864, Taewon-gun[4] toma el poder pero su restauración no traía una ideología nueva, no había una renovada conexión con el pueblo, no había un modelo nuevo de política estatal, ni tampoco había planes de utilizar la tecnología occidental para construir un país diferente. Si bien enfrentó a la aristocracia y por eso perturbó el balance real de poder en la burocracia agraria, era un conservador, sostiene Cumings (2004). En un contexto donde las condiciones sociales del reino no eran las mejores y había señales fuertes de deterioro, la sociedad de Choson se enfrentaba a un dilema entre el cambio y la tradición.

Al optar por el aislacionismo, Taewon-gun logró preservar la unidad de la nación pero eso puso un freno a la posibilidad de cambio social que se requería para superar el aislamiento económico (León Manríquez, 2009). El escenario que nos enseña Corea, a partir de 1870, es aún más complejo. Por un lado, existía una dificultad muy fuerte de emprender reformas debido al conservadurismo de la ideología política dominante; había además un enfrentamiento faccionario con que solían zanjarse asuntos políticos, había corrupción de la burocracia, pero además los miembros de la elite buscaban el consejo de aliados entre las potencias extranjeras. En este escenario se configuró, inevitablemente, una marcada distancia entre el gobierno y el resto de la población (León Manríquez, 2009).

Esta fue la coyuntura en la que finalmente Japón comienza a intervenir en los asuntos internos de la península coreana. Luego de un incidente militar, en 1876, se firma el Tratado de Kanghwa, el cual era una copia de los tratados desiguales que las potencias habían impuesto a China y a Japón. El mismo estipulaba la apertura de los puertos coreanos y el derecho de extraterritorialidad para los japoneses residentes en Corea. Pero el punto más destacado, y al que China no se opuso, estaba en el artículo 1: se sostenía que Corea era un Estado independiente y soberano. Además, Japón se garantizó el uso de su moneda en los puertos coreanos, la exención de impuestos a la importación de productos japoneses, el establecimiento de una misión diplomática en Seúl y consulados en los puertos comerciales (León Manríquez, 2009). De modo que el declive chino no solo abrió el terreno para la mayor influencia Occidental, sino también del Japón que venía modernizándose desde la Reforma Meiji. Analizando este momento histórico se puede sostener que con la llegada de las potencias industriales comienza una modernización de Corea; no obstante, se dejaba de lado un proceso fundamental: la participación política de los campesinos comunes (Cumings, 2004). La modernización no era política.

El control chino llegó a su fin en 1894, cuando quedó fuera del control gubernamental el movimiento Tonghak, una revuelta campesina que preconizaba la igualdad social. Las causas del levantamiento fueron el daño que sobre la vida de los campesinos infringían el autoritarismo y la corrupción gubernamentales, la ineficiencia de su aparato administrativo y la intrusión extranjera. El avance logrado por los rebeldes obligó al gobierno coreano a solicitar, como había hecho en otras oportunidades, la ayuda militar de China. En respuesta, Japón también envió tropas dando lugar a un enfrentamiento entre ambos países que terminó con la derrota china. El Tratado de Simonoseki de 1895 viene a presentar la génesis de un nuevo orden en el Este Asiático y eso representó un shock cultural y psicológico para la sociedad coreana, un ingrediente externo crucial para comenzar el proceso interno de reforma e iluminismo, dice Kiung Monn (2010).

Las reformas Kabo

Como consecuencia de todo este proceso, entre 1894 y 1896, se sucedieron una serie de reformas en Corea conocidas como reformas Kabo. Se trató de un movimiento de modernización, orientado hacia Japón y el Oeste (Duncan y Kim, 2009). Fue la conclusión de un proceso de cuestionamiento del sistema establecido y el intento por llevar adelante una serie de reformas que mostraran las diversas ideas occidentales que los coreanos habían aprendido e incorporado en sus vidas. Hasta ese entonces la tradición había construido un Estado piramidal, basado en las jerarquías del confucionismo.

Todo este nuevo programa político fue llevado adelante por una entidad especial conocida como Consejo Deliberativo, que tenía como misión discutir y tomar posición sobre las oficinas gubernamentales centrales y provinciales, las oficinas de distritos y condados, todos los reglamentos relativos a asuntos administrativos y judiciales, todas las reformas relativas a cuestiones fiscales y financieras, la administración de la educación y militar, todos los asuntos relativos a la industria y al comercio y todos los asuntos relativos a la defensa del reino. El Consejo Deliberativo estaba compuesto por un presidente (Primer Ministro), un vicepresidente (el miembro de más alto rango del Consejo) y entre diez y veinte consejeros. El grupo más numeroso en el Consejo, el grupo Kabo, estaba formado por funcionarios de edad avanzada provenientes de las elites político-sociales. Muchos miembros de este grupo habían sido partidarios de las reformas al estilo “la vía oriental con máquinas occidentales”. Sin embargo, ellos se sorprendieron frente a la ineptitud de las fuerzas del ejército y la armada de la dinastía Qing y estaban dispuestos a contemplar la posibilidad de una reforma más radical (Duncan y Kim, 2009).

Un segundo grupo, conocido como el grupo Kapsin, se componía principalmente de hombres jóvenes que creían en la “civilización e ilustración” y que habían apoyado el golpe de Estado fallido de 1884. Sus filas incluían a hombres que habían estudiado en el exterior, ya sea en Japón o Estados Unidos, e incluía también a varios hombres que como hijos de concubinas habían sufrido discriminaciones tanto legales como sociales bajo el sistema antiguo. Este grupo tendía a admirar mucho los logros del Japón Meiji y esperaba sacar provecho de la presencia militar japonesa en Seúl para impulsar un programa de reformas radicales al estilo occidental (Duncan y Kim, 2009).

Un tercer grupo, conocido como el Club Chongdong, estaba formado principalmente por hombres de origen elitista, pero también incluía a algunos hijos de concubinas. Este grupo compartía con el grupo Kapsin el deseo de reestructurar el gobierno y la sociedad de una manera rápida y profunda. Sin embargo, los líderes de este grupo estaban preocupados por las intenciones de Japón en Corea. Ellos habían pasado un tiempo en Estados Unidos y Rusia y buscaban usar a estos dos países como contrapeso frente a Japón (Duncan y Kim, 2009).

Por último, un pequeño grupo llamado Taewŏn’gun estaba integrado por funcionarios miembros de la familia real o estrechamente vinculados a ciertos elementos de la Corte. Ellos tendían a ser bastante conservadores, si no abiertamente reaccionarios, y trabajaron detrás de escena en un esfuerzo por impedir que el Consejo Deliberativo implementara ciertas reformas. Desde esta “Asamblea” salieron algunas de las ideas más revolucionarias para el statu quo, teniendo en cuenta la estructura que tenía el orden confuciano. En primer lugar, una de las primeras resoluciones fue que “incluso un plebeyo que verdaderamente tenga ideas que beneficien al Estado y el bienestar de la gente puede presentar un memorial para que sea debatido en el Consejo…” (Duncan y Kim, 2009: 16).

Durante la primera ronda de reformas se establecieron las medidas que reflejaban claramente el proceso de cambio que abarcaba la vida de todos los coreanos. Por un lado, el calendario no debía más basarse en el chino imperial sino en aquel que había establecido la dinastía Choson en 1392 (Kiung Monn, 2010), y el uso del alfabeto coreano obligatorio en todos los documentos oficiales. En cuanto a las relaciones diplomáticas, fue el establecimiento de un pie de igualdad y autonomía con respecto a China, pero cedió a las demandas militares y económicas de Japón. Es así que se resuelve “contratar un asesor extranjero en cada ministerio” y de ese modo ingresaron los asesores externos (japoneses) al gobierno de Corea (Duncan y Kim, 2009).

En cuanto a las reformas políticas y administrativas, se abolió el sistema de exámenes para el servicio civil y se implementó un nuevo sistema de examinación; el rey se convirtió en un monarca constitucional, se organizaron ocho ministerios y un Consejo de Estado, se introdujo un sistema burocrático en base al modelo japonés, entre otras medidas. En relación a la economía, se creó el Ministerio de Finanzas y un sistema monetario pero no se reformó la propiedad de la tierra ni el orden impositivo.

En cuanto a lo social, la tradicional sociedad de Choson puede caracterizarse como un sistema centrado en el estatus de los Yangban. Las reformas en este sentido buscaron abolir todas las prácticas abusivas de la elite: se abolió el reclutamiento de oficiales basado en el estatus. Se estableció un orden social y democrático, la emancipación de esclavos, la abolición de las restricciones que iban en contra de segundos hijos, un mejor trato a la mujer y reformas matrimoniales. En cuanto a la educación, la creación de un ministerio de Educación separado del antiguo Ministerio de Ritos refleja el espíritu revolucionario de estas propuestas.

No mucho tiempo después de comenzadas las reformas Kabo, el gobierno japonés, preocupado de las distintas discordias que se generaban dentro del gobierno coreano por las ideas que se proponían al consejo, toma una intervención mucho más fuerte en la segunda rueda de reformas:

Dado que todas las fuerzas de la dinastía Qing en Choson han sido derrotadas en la batalla de Pyonyang, aquellos coreanos que mostraban una actitud ambigua, que jugaban a dos puntas en espera de ver de qué manera proseguía la guerra, ahora abandonarán sus dudas y tendrán una orientación fija. Si seguimos dejando la conducción de la gestión institucional de Corea y los asuntos exteriores en manos de los inexpertos coreanos, no hay manera de saber qué cosas no deseadas podrían suceder causando […] que Corea se convierta en nada y también trayendo resultados desfavorables para nosotros. Debemos aprovechar el cambio en la mentalidad de la gente después de la victoria de Pyonyang, el Primer Ministro se centra en la expansión de nuestro poder sobre la Corte Coreana (Duncan y Kim, 2009: 131).

Se promulgan muchas leyes, convocando a los consejeros japoneses a todos los ministerios, y se reorganiza el sistema judicial. Corea tenía ahora un sistema judicial legal y racional, y una policía nacional que abarcaba todo el país. En total, se sancionaron 208 leyes y todo fue incorporado a la Constitución de 1895. Los nacionalistas coreanos ven estas reformas como el fomento de los intereses económicos y políticos de Japón en Corea (Cumings, 2004).

Los líderes coreanos intentaron revertir algunas reformas, pero el ministro japonés, Miura Goro, decide terminar con la oposición y asalta el palacio Kyonbok que termina con el asesinato de la reina Min y levantamientos en todo el país. Ante esta situación, el rey pidió ayuda en Rusia y es aquí donde esta potencia comienza a influir en el gobierno coreano. En 1897 el rey se instala en el palacio Toksu y se nombra emperador, porque consideraba que el título de rey no era propio para un soberano de un Estado independiente (León Manríquez, 2009).

Corea, a finales del siglo XIX, deja definitivamente de ser el Reino Ermitaño. Lleva adelante un intento de modernización pero no toma estas decisiones solo, y las consecuencias se ven en la invasión japonesa de 1904. Ya con la derrota de Rusia a manos del Japón, en 1905, se termina de consolidar el ascenso de la potencia asiática. Y la península coreana fue el escenario del imperialismo japonés en Asia. Es decir, no quería abrirse a Occidente, pero como sostiene Cumings: “Japón era la meca del progreso, y para los coreanos que gemían bajo el yugo de una aristocracia que, casi en total colapso, parecía solo reservar más privilegios para ella misma, las reformas fueron un antídoto bien recibido…” (Cumings, 2004: 134).

Conclusión

Luego de analizar a lo largo de este trabajo todas las circunstancias que hicieron posible la sanción de la Constitución de 1895 como ley fundamental del Estado coreano de finales de siglo XIX, vemos que esta receptó varias ideas del constitucionalismo occidental y, fundamentalmente, rigió para toda la península. Mantuvo ciertos elementos confucianos, pero su mayor crítica es el poder que le otorgó a Japón. Las consecuencias de este ordenamiento no fueron previstas por el Consejo de Reformas, cuya primera intención había sido organizar y receptar en distintas leyes los cambios que la sociedad coreana ya había manifestado. Tras la culminación del imperialismo japonés, en 1948, en la península se sanciona en la República de Corea la primera constitución que pone fin al sistema confuciano y se adoptan lineamientos del constitucionalismo liberal. Casi al mismo tiempo se sanciona la Constitución de la República Popular Democrática de Corea, dando nacimiento a un nuevo Estado y oficializando la división de la península, que ya no es ocupada por las fuerzas de Japón pero que sí queda bajo la influencia de las nuevas potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética: “No hay justificación histórica para la división de Corea […] no hay pretexto interno alguno tampoco […] Las divisiones políticas e ideológicas asociadas a la Guerra Fría fueron las razones para la división de Corea…” (Cumings, 2004: 206).

A principios del siglo XXI, en la República de Corea, menos del 2% de la población cree en el confucianismo como religión.[5] El sistema jurídico está basado en una Constitución con principios democráticos y liberales. La sociedad ha protagonizado distintos procesos a lo largo de más de un siglo para dejar de ser el Reino Ermitaño, una sociedad que –de acuerdo al preámbulo– está orgullosa de “la historia y tradiciones resplandecientes que datan de tiempos inmemoriales”.

Bibliografía

Chai-sik, Chung (1997). “Korean Confucian response to the West: a semiotic aspect of culture conflict”. Journal of Chinese Philosophy, 24, 361-399, Honolulu, Hawaii: Dialogue Publishing Company.

Cumings, B. (2004). El lugar de Corea en el sol: una historia moderna. Córdoba: Comunicarte.

Duncan J. y Jung-Kim, J. (2009). Historia viva de Corea, 1894: las reformas Kabo. Manual del estudiante, UCLA.

Hsü, Immanuel Chung-yueh (2000). The Rise of Modern China. New York: Oxford University Press.

Kyung Moon Hwang (2010). A History of Korea. Basingstoke: Palgrave MacMillan.

León Manríquez, J. L. (coordinador) (2009). Historia mínima de Corea. México: El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África.

Yoon, Dae-Kyu (2010). Law and Democracy in South Korea. South Korea: Institute for Far Eastern Studies, Kyungnam University Seoul.

Páginas Web consultadas

República de Corea, Asamblea Nacional, documentos varios. Disponible en: https://goo.gl/XJBTti

República de Corea, Constitución Nacional. Disponible en: https://goo.gl/4kTWfg

República de Corea, Korea.net, “Culto y religión”. Disponible en: https://goo.gl/sJuRzk


  1. No como la idea cristiana de llevar una vida virtuosa para llegar al reino de los cielos, sino una mejor vida terrenal.
  2. Gobernante y súbdito; padre e hijo y marido y esposa.
  3. Honrar al gobernante, al padre y a los hermanos mayores; ubicar al marido y a la esposa en ámbitos diferentes de deber y obligación y hacer que la fidelidad uniera a los amigos.
  4. Príncipe Yi Ha-Yung, padre del niño de 11 años que sucedió en el trono al rey Cholchong.
  5. República de Corea, Korea.net, “Culto y religión”, disponible en: https://goo.gl/sJuRzk


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