Otras publicaciones:

Book cover

Book cover

Otras publicaciones:

12-1891t

9789877230130-frontcover

3 Avatares en el proceso de apertura económica
de Corea del Norte

El caso del Complejo Industrial de Kaesong

Matías Benítez

Introducción

El 17 de diciembre de 2014 se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, cristalizándose así de manera oficial un cambio de orientación de ambos países respecto de las políticas del uno hacia el otro. Por parte de Estados Unidos, era el reconocimiento del fracaso de su política de más de 50 años de hostigamiento y bloqueo y, en cuanto a Cuba, este afloje y principio de reconciliación con el gobierno norteamericano le permitiría una profundización de las reformas económicas en la isla en continuación de la senda marcada por las resoluciones del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en 2011. En el mismo se aprobaron lineamientos tendientes a la actualización del modelo socialista con medidas más amigables para potenciar la llegada de capitales privados y con el fin, además, de propiciar el aumento de la productividad y la eficiencia de los trabajadores cubanos. La distensión de las relaciones entre ambos países llevó a que el 20 de julio de 2015 abrieran sus respectivas embajadas.

Así como en el caso de Cuba las políticas de apertura económica ayudaron, en parte, a lograr una incipiente reconciliación entre el régimen de los Castro y Washington,[1] estas medidas también se pueden pensar como puntal para bregar por la pacificación de la península coreana. En este sentido, nos interesa abocarnos al caso del Complejo Industrial Kaesong (CIK) inaugurado en 2004. Consideramos al proyecto de esta Zona Económica Especial (ZEE) como un punto nodal para dar cuenta del lento y sinuoso proceso de reformas económicas en la República Popular Democrática de Corea, apuntando además a la cooperación intercoreana con la perspectiva de un desarrollo común y sostenido. Para ello vamos a establecer una periodización de la economía norcoreana partiendo desde el fin de la Guerra de Corea en 1953 hasta la apertura del Complejo Industrial Kaesong. A partir de ahí abordaremos en profundidad el caso del CIK desde su puesta en operaciones hasta su cierre en 2016, basándonos en el análisis de los datos presentes en trabajos académicos y en informes gubernamentales surcoreanos. Debemos aclarar que ante el hermetismo del régimen norcoreano para proporcionar datos económicos (y estadísticas oficiales de cualquier tipo), tenemos que asumir que muchos de los datos con los que contamos son estimaciones. En este caso, teniendo en cuenta lo planteado más arriba, optamos por trabajar con los datos provistos en los informes publicados por el Ministerio de Unificación de la República de Corea (MoU) y con las elaboraciones hechas en textos académicos que cruzan esta fuente con otras.

Finalmente, concluiremos presentando cuáles fueron, según nuestro criterio, las limitaciones y potencialidades que tuvo el proyecto del Complejo Industrial Kaesong, y destacaremos, en vista de lo expuesto, las perspectivas que se avizoran a futuro en la reestructuración capitalista que atraviesa Corea del Norte.

Estadios de la economía norcoreana

Más allá del aspecto aparentemente “monolítico” con el que medios de comunicación y gobiernos opositores caracterizan al régimen norcoreano, podemos hacer referencia a periodos diferenciados en su historia económica. En ellos vamos a ver cómo, al contrario del relato que muestra a una Corea del Norte que permanece “sin cambios”, han acontecido varias transformaciones en su modelo económico en las últimas décadas. Si bien este trabajo se centra especialmente en la última década y media, consideramos pertinente tener en cuenta algunos elementos del desarrollo histórico de la economía norcoreana que, con fines esquemáticos, dividiremos en 3 estadios. Desde la Guerra de Corea hasta la crisis del petróleo (1953-1973), desde 1974 a 1990 (del auge al estancamiento y la crisis) y finalmente desde 1991 hasta 2003 que englobaría todo el periodo de crisis estructural pos disolución de la Unión Soviética, junto con los primeros intentos consolidados de reformas económicas y políticas para paliar sus repercusiones.

Reconstrucción, industrialización y modelo económico centralizado (1953-1973)

Luego de la guerra fratricida que se libró entre 1950 y 1953, en ambos lados del paralelo 38º se atravesaba una situación económica aparentemente similar, al menos en cuanto a producción de riqueza se refiere. Lo que se evidencia al dar cuenta de que la evolución del PBI per cápita siguió una trayectoria similar en ambas Coreas hasta mediados de los setenta. Desde entonces, el PBI per cápita surcoreano crecerá aceleradamente (casi duplicándose entre 1973 y 1983) y el de Corea del Norte se estancará (Noland, 2000: 60). Aunque debemos tener en consideración además el grado de igualdad que había en esa distribución. En el norte de Corea se realizó antes del estallido de la guerra, en 1946, una reforma agraria radical, que eliminó los resabios del antiguo régimen colonial expresados en los colaboracionistas japoneses y en la clase terrateniente (Cumings, 2004: 249).

Asimismo, durante la reconstrucción de posguerra si bien casi toda la infraestructura fabril norcoreana (heredada de la ocupación japonesa) quedó destruida, Pyongyang recibió una importante ayuda de distintos países del bloque socialista (Armstrong, 2005). Esto, sumado al conocimiento técnico que ya poseían los norcoreanos, permitió una industrialización acelerada orientada a la rama pesada y armamentística (Cumings, 2004). Al mismo tiempo, Corea del Sur estaba en plena transformación de una estructura económica agraria de baja productividad y calidad técnica a una incipiente industrialización de productos medios (Manríquez y López Aymes, 2009: 156). Esta progresión del Sur se verá a través del despliegue de los distintos planes quinquenales que redundarán en un impresionante despegue económico a partir de mediados los setenta. Hasta entonces, las condiciones de vida de la mayoría de la población y el modelo productivo estaban más desarrollados en Corea del Norte que en Corea del Sur (Park, 2003: 3).

Durante este periodo es que Corea del Norte obtenía casi todos sus recursos a través del comercio o de la concesión de distintas prestaciones de la Unión Soviética (Anderson, 2007) y, en algunos momentos, de China (como cuando se produjo el cisma sino soviético, donde Corea del Norte nunca terminó de alinearse ni con Moscú ni con Beijing). En tanto que Corea del Sur obtenía gran parte de los capitales para el financiamiento de los planes quinquenales principalmente de su alianza con Estados Unidos y Europa occidental (Couret, 2015: 17).

Del auge al estancamiento (1974-1990): primeros síntomas de crisis

En este periodo, Corea del Norte entra en un estancamiento debido al agotamiento de su modelo económico. El constante desvío de recursos hacia el sector militar y la industria armamentística (recursos naturalmente improductivos, dada la falta de desarrollo de todos los demás sectores) derivó en una escasez crónica y persistente en la distribución de alimentos para la mayoría de la población (Escalona, 2009: 205).

Por su parte, Corea del Sur tuvo un despegue vertiginoso de su economía pasando de una industria liviana hacia una pesada y de complejidad, a lo que se le sumó la profesionalización de su mano de obra y de los cuadros técnicos. En este contexto, la particular situación territorial (en cuanto a la escasez de tierra y recursos naturales) llevó a la economía surcoreana a ser dependiente de sus exportaciones y del comercio exterior, caracterizándose este por la importación de bienes primarios o recursos naturales (alimentos, minerales e hidrocarburos en bruto) y la transformación de estos en productos de alto valor agregado, exportados a todo el mundo y destacándose por su calidad. Esta situación fue generando una mayor autonomía de Seúl al no necesitar de la ayuda estadounidense como en los primeros tiempos de posguerra (Manríquez y López Aymes, 2009: 158). Justamente, Corea del Norte pasó a depender cada vez más del soporte económico de Moscú para paliar los efectos de los traspiés que tuvo su economía a partir de mediados de esa década (León, 2004: 401). Tengamos en cuenta que a mediados de los setenta Corea del Norte hizo una compra masiva de bienes de capital a Occidente para actualizar su tecnología (Park, 2003: 3). El shock en los precios del petróleo y el desplome de los precios de exportación de los minerales (principal fuente de divisas para Corea del Norte) ocasionó que el país no pudiera afrontar los empréstitos contraídos para hacer esas compras. Corea del Norte quedó virtualmente sin acceso a tecnología de punta y fuentes de financiamiento internacional desde entonces. A partir de ahí, su modelo económico empezaría a declinar irremediablemente.

Como cuestión muy relevante que enmarca todo el periodo, debemos dar cuenta del inicio de las reformas económicas en China de la mano de Deng en 1978. Con el fin del periodo maoísta, donde el modelo económico era de planificación centralizada, se pasa progresivamente a uno de “socialismo de mercado” (León, 2004: 411) donde, si bien el control de los medios de producción y de la banca seguían en manos del Estado, también se incentivaba la participación del capital privado y la inversión extranjera (cuestión que no se daba desde la era del Kuomintang). Esto se verá con la creación de las Zonas Económicas Especiales y el surgimiento de una nueva burguesía funcional a los intereses del Estado (Meisner, 2013), parcialmente reconvertido a un capitalismo con características aún duales (entre la planificación centralizada y el modelo de mercado). La dirigencia norcoreana se inspirará en este modelo, en una escala más pequeña y de una forma más errática, para llevar adelante su propio proceso de reformas. Desde ya que esto no era solo por la apertura de China, sino también por la misma crisis que atravesaba el bloque socialista a fines de los ochenta y que se cristalizaría con la caída del Muro de Berlín en 1989. Ante una inminente caída de los regímenes burocráticos colectivistas del Este europeo, el gobierno de Corea del Sur jugó sus cartas para poder capitalizar los espacios vacantes que dejaba la economía norcoreana al perder esos mercados, por un lado y, por el otro, ante el riesgo cada vez mayor de que se produzca una anexión económica por parte de China. En este sentido, cabe destacar que el 7 de julio de 1988 se firma una declaración entre ambas Coreas con el fin de promover el intercambio comercial.

Crisis estructural, catástrofe humanitaria y liberalización económica (1991-2003)

Este periodo es fundamental en ambos países, ya que se ven atravesados por un profundo cambio tanto económico como social y de su rol o papel en la geopolítica global. Como primer punto, destacamos la caída y desaparición de la Unión Soviética porque cae el principal sostén económico y financiero de Corea del Norte. Así, esa dependencia se fue trasladando gradualmente hacia China y su creciente rol en la economía global. Este hecho, además de aislar políticamente aún más al régimen norcoreano, significó el completo estancamiento de su economía y el padecimiento de su peor crisis humanitaria hasta la fecha (Escalona, 2009: 206). A la desaparición del bloque socialista habrá que sumarle las inundaciones de 1995 y 1996, y las sequías de 1997 y 2001 que, junto a las políticas de bloqueo externo (fomentadas por el programa nuclear norcoreano congelado en 1994 y restablecido en 2002), desencadenaron hambrunas que mataron a más de un millón de personas. Todo esto en el contexto de la muerte de Kim Il-Sung en 1994, cuya sucesión por parte de su hijo Kim Jong Il trajo aparejada la expectativa de una serie de reformas aparentemente pro occidentales (cosa que, como daremos cuenta, no sucedió) a la par de otorgarle una mayor preponderancia a los sectores militares. Esto se verá en la conformación de la doctrina Songun (también conocida como “el ejército primero”) en tanto actualización y superación de la doctrina Juche. El cambio principal que introduce es la preponderancia de las fuerzas armadas. Kim Jong Il lo expresa de la siguiente manera: “El partido es el mismísimo ejército y el ejército es el mismísimo partido” y “El ejército es el pueblo, el Estado y el partido” (Larre, 2015: 44).

Por otra parte, Corea del Sur atraviesa su primer periodo de democracia representativa plena, con traspasos del poder en forma pacífica y entre partidos opositores. En este marco se destaca la presidencia de Kim Dae-jung, quien sería uno de los que más abogaría por la paz y la reconciliación con Corea del Norte. En cuanto a la política económica, se “libera” el sector bancario, la regulación estatal de la actividad privada se recorta marcadamente, los sectores productivos se modernizan y cobran relevancia las nuevas tecnologías como la electrónica, informática, química, biotecnología y demás (Manríquez y López Aymes, 2009: 174). En 1997, este modelo sufre su primera gran crisis y el gobierno debe acudir al financiamiento externo. La misma sería rápidamente superada como puede evidenciarse con las tasas de crecimiento de su PBI, que muestra que para 1999 ya se había recuperado la senda del crecimiento.[2] En cuanto a su contraparte del norte, en el año 1998 se hace una serie de reformas a la Constitución incorporándose la posibilidad de que exista la propiedad privada (artículo 24), sumada a una referencia a la inclusión de incentivos materiales a la producción (artículo 32) y un apartado que alude a “costos, precios y ganancias” (artículo 34). Estos artículos fueron incluidos con el fin de facilitar la inversión extranjera directa, de la que destaca el proyecto turístico Kumgang iniciado en 1998 por la empresa surcoreana Hyundai, entre otros emprendimientos que corrieron con menor suerte debido a las limitaciones y problemas cotidianos que debían enfrentar lidiando con los repentinos cambios en las reglas del juego por parte del régimen de Kim Jong Il (León, 2004: 406).

En cuanto al intercambio entre las dos Coreas durante este periodo, destacamos la firma del Acuerdo Básico Intercoreano en 1991, el cual representaría un importante marco institucional por medio del cual ambas Coreas fortalecerían el intercambio económico. A partir de este y otros acuerdos, el comercio intercoreano se vería favorecido alcanzándose un volumen de 106 millones de dólares en 1991 y 163 millones en 1992 (MoU, 2016: 76). Este volumen iría amesetándose, para luego caer en 1994 debido a la crisis humanitaria en Corea del Norte y posteriormente a la crisis en Corea del Sur. Cabe destacar que la crisis al norte del paralelo 38° sería muchísimo más pronunciada que en el Sur. Comparando ambas tasas de crecimiento de sus PBI, tenemos que la variación acumulada para el periodo 1990-2002 sería un crecimiento del 80,7% para Corea del Sur y una caída del 22,2% para Corea del Norte (León, 2004: 402). Recién a partir de la adopción de la Sunshine Policy en el gobierno de Kim Dae-jung volverá a crecer el comercio intercoreano, lo que también ayudará a la recuperación de la vapuleada economía norcoreana.

La Sunshine Policy (1998-2007) consistió en una serie de medidas tendientes al acercamiento con el gobierno norcoreano: la creación del Ministerio de la Unificación (que tiene el fin último de lograr la reunificación de la península coreana), la puesta en marcha del proyecto del área industrial de Kaesong y el estrechamiento de las relaciones con el gobierno de Kim Jong Il. Este enfoque novedoso en las relaciones intercoreanas se basó en 4 principios: “no agresión militar entre las dos Coreas, la no intervención de países extranjeros en el proceso de reunificación, la cooperación mutua y, muy especialmente, el reconocimiento mutuo de la soberanía norcoreana y surcoreana” (Boltaina, 2016: 57). Esta nueva orientación rompe casi medio siglo de tensiones constantes entre las dos Coreas y prometía ser el principio del fin del conflicto imperante. En junio de 2003, en el pico de este clima de reconciliación, se llevó a cabo una ceremonia innovadora cerca de la ciudad norcoreana de Kaesong. En la misma se lanzó la construcción de un proyecto que en su debido tiempo se volvería el Complejo Industrial de Kaesong, el proyecto conjunto Norte-Sur más grande realizado hasta el momento.

Avances y retrocesos en la apertura: el caso del Complejo Kaesong (2004-…)

El sucesor de Kim Dae-jung, del mismo signo político progresista, Roh Moo-hyun continuó la senda orientada a la confluencia y la cooperación intercoreana. En este sentido, se inscribe el inicio de las operaciones en diciembre de 2004 del Complejo Industrial Kaesong. El mismo consistió en una iniciativa intercoreana, por medio de la cual empresas surcoreanas se establecen en este complejo industrial (que se encuentra situado en territorio norcoreano, a 16 km de la frontera con Corea del Sur, a 160 km de Pyongyang y 70 de Seúl) aprovechando la mano de obra barata (por lo tanto obteniendo beneficios de la operación en dicho país) y, a su vez, ayudando al gobierno norcoreano por la transferencia de divisas para el pago de salarios. Además, se les brinda a los trabajadores norcoreanos (seleccionados por el Estado) la posibilidad de un puesto y condiciones laborales que difícilmente encuentren en su propio territorio (Chang, 2016).

Este proyecto no solo implica una atractiva fuente de ganancias para las empresas instaladas, sino que además tiene un peso político y simbólico muy profundo. Esto es así porque obliga a los gobiernos de ambos países a mantener un mínimo de condiciones para las relaciones bilaterales que permitan balancear los intereses que tienen en juego en la región. A su vez, los vaivenes del proyecto son un termómetro de la coyuntura en la península, en cuanto a tensiones militares y políticas. El proyecto fue concebido en el año 2002, y en año 2004 se instalaron las primeras empresas surcoreanas, que hasta el momento de su cierre llegaron a ser más de 100 empleando a casi 55 mil norcoreanos (en su gran mayoría mujeres) (MoU, 2016: 89).

En un inicio se contemplaban metas ambiciosas: la participación de al menos 250 empresas y el empleo 100.000 norcoreanos para el año 2007 y de 700 mil para el año 2012, cubriendo una superficie de 65 km2 (Lankov, 2015). Claramente, si se compara con las metas iniciales, parecería que el proyecto tuvo resultados más bien modestos. Aunque tal vez los objetivos eran demasiado ambiciosos tratándose del primer emprendimiento de este tipo entre ambos gobiernos. Sin embargo, esto no debe hacernos sacar la conclusión apresurada de que fue un fracaso. Pues al contrario, acrecentó los canales de cooperación comercial intercoreana a la vez que propició el desarrollo por parte del Pyongyang de nuevas zonas económicas especiales y de reformas de flexibilización económica.

Si acudimos a los datos proporcionados por los informes del Ministerio de Unificación, podemos ver de manera más contundente estos impactos en el desarrollo económico bilateral.

Según el White Paper On Korean Unification publicado en 2016 por el Ministerio de Unificación de la República de Corea, se registra una tendencia al alza del volumen comercial (importaciones más exportaciones) entre ambas Coreas a partir de la implementación de la Sunshine Policy. Este crecimiento sustancial está cimentado en casi su totalidad en las actividades del Complejo Kaesong. Por otro lado, las caídas registradas en los años 2009, 2011 y 2013 son explicables por rispideces surgidas en torno al programa nuclear y misilístico.

Respecto a esto último no debemos dejar de aludir a esta problemática como uno de los condicionamientos principales en los que se enmarca el despliegue del CIK. Luego de las tensiones generadas en torno a este programa durante los noventa, parecía que al comprometerse la puesta en marcha del CIK, el régimen de los Kim dejaba atrás (o al menos ponía en suspenso) su ambición nuclear y la consecuente conflictividad en la región. Lamentablemente no fue así, ya que en 2002 retomó el programa de armamento nuclear a causa (en parte) del incumplimiento por parte de Estados Unidos del acuerdo de 1994 en el cual se comprometía a levantar las sanciones económicas a Pyongyang, entregar 500 mil toneladas anuales de petróleo y proveer dos reactores nucleares de agua liviana. Esto sumado a la inclusión en el “Eje de Mal” por parte de George Bush en 2002, que implicó el retiro de Corea del Norte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 2003 (Rubio, 2012: 336). En aquel contexto, para darle solución a esta problemática, se iniciaron las “conversaciones a seis bandas” (Estados Unidos, Rusia, China, Corea del Norte, Corea del Sur y Japón) las cuales –más allá de algunos compromisos iniciales que avanzaron muy lentamente– se encuentran actualmente congeladas. En este sentido, a todo estancamiento o retroceso en el desarrollo de la cooperación económica intercoreana se le suele atribuir como principal responsable el ambiguo e impredecible comportamiento de Kim Jong-un (sucesor como líder de Corea del Norte de su padre Kim Jong Il fallecido en 2011). Bajo esta caracterización unilateral, desde la asunción de Lee Myung-bak en 2008 se acentuó la situación regional con episodios de tensión crecientes (algunos originados por acciones de Pyongyang). El primero de ellos fue ese mismo año cuando varias ONG surcoreanas lanzaron globos hacia Corea del Norte con mensajes antigubernamentales. Ante la pasividad cómplice de la administración Lee, Pyongyang resolvió restringir el número de gerentes que podían estar presentes en el CIK a 800 (Lankov, 2015). Por otro lado, ese mismo año también se produjo la clausura del proyecto turístico conjunto del Monte Kumgang a causa de la muerte de una mujer surcoreana a manos de un soldado norcoreano que le disparó por haberse salido de un sendero preestablecido. Luego de eso, Pyongyang decidió congelar los bienes de Hyundai, y expulsó a su personal del sitio. Más allá de la insistencia por parte de Corea del Norte para reabrir el complejo, el mismo no ha sido reabierto aún, estándose por cumplir 9 años de su clausura. A esta postura oficial de endurecimiento (o de condicionada reciprocidad) por parte de Seúl, Corea del Norte respondió con la misma moneda. El 25 de mayo de 2009, el régimen realizaría su segunda prueba nuclear, a lo que correspondieron una serie de sanciones según lo estipulado por la Resolución 1874 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 12 de junio de ese mismo año. En la misma se profundizaba lo sancionado por la Resolución 1718 de junio de 2006, como respuesta ante la primera prueba nuclear de Pyongyang (en octubre de 2006), respecto a los embargos de armas, congelamiento de cuentas bancarias y otras trabas para la obtención de financiamiento. Como era de esperarse esto generó un descenso en el comercio intercoreano de ese año que tuvo una caída del 8% respecto del año anterior, pasando de tener un volumen comercial de 1.820 millones de dólares en 2008 a 1.679 millones en 2009 (MoU,2016: 76). Si bien hay una recuperación en 2010, las relaciones intercoreanas volverían a empeorar a causa de dos episodios: el hundimiento de la corbeta Cheonan el 26 de marzo y el incidente de la isla Yeongpyeong el 23 de noviembre de ese mismo año (Park, 2015: 197). En el incidente de la isla Yeongpyeong las fuerzas armadas norcoreanas dispararon 170 rondas de artillería contra la isla de ese nombre, situada en el mar Amarillo, muy cerca de la costa de Corea del Sur. En el ataque murieron cuatro surcoreanos y se tuvo que evacuar a los 1.400 habitantes de la isla. En cuanto al primero (Cheonan), consistió en el hundimiento de una corbeta que navegaba cerca de la frontera con Corea del Norte, a la que Corea del Sur responsabilizó, tratándose de un incidente que acabó con la vida de 46 personas. Ante esta situación, Seúl decretó un paquete de sanciones económicas y marítimas contra Pyongyang, que son conocidas como “sanciones del 24 de mayo de 2010”. En las mismas se establece la prohibición de todos los intercambios económicos y de personal intercoreanos, con la excepción del parque industrial conjunto en el poblado fronterizo de Kaesong, en la RPDC. Esto ocasionó que el comercio intercoreano se reduzca en un 11,4% entre 2010 y 2011, pasando de 1.912 a 1.714 mil millones de dólares respectivamente. A pesar de ese descenso, la producción en Kaesong no se redujo sino que aumentó un 20% pasando de 322 millones de dólares a 401 millones (MoU, 2016: 90). La cantidad de obreros también creció pasando de 46 mil a casi 50 mil (MoU, 2016: 89). Como se puede apreciar, si bien las relaciones entre ambas Coreas empeoraron a causa de la línea dura de la administración Lee y las respuestas de Corea del Norte que refuerzan el endurecimiento de la orientación de su contraparte, el complejo Kaesong mantuvo su crecimiento sin ser considerablemente afectado por la coyuntura. Las caídas registradas en el volumen comercial en 2009 y 2011 fueron recuperados por los crecimientos de 2010 y 2012.

En el caso de la caída de 2009, que se enmarca en la segunda prueba nuclear de Corea del Norte, debemos entender la recurrente insistencia del régimen en desarrollar armas nucleares como un instrumento de disuasión para cualquier intento de intervención extranjera en su territorio y, además, como una carta para ser un jugador de peso en la región. Lo cual trae aparejado una concatenación de reacciones por parte de Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, China y demás países; quienes en distinto grado –con intereses que en algunos casos coindicen y en otros son divergentes– suelen reaccionar con condenas diplomáticas y aplicando sanciones económicas, que en muchos casos repercuten negativamente para generar un clima de flexibilización económica. Ante esto Corea del Norte responde con amenazas y con la clausura o limitación de la actividad de las empresas surcoreanas en Kaesong.

Estas llamadas “provocaciones” por parte de los surcoreanos y los estadounidenses se inscriben en la estrategia del “juego a la crisis” propuesta por Pyongyang, la cual consiste en una formulación referida a crear condiciones para presionar al adversario, calculando los riesgos y posibles consecuencias de las maniobras, amenazas o tácticas utilizadas. En particular, el juego consiste en la magnificación de circunstancias que derivan en provocaciones (ficticias o reales), fanfarroneo y mostrarse como víctima de amenazas (ficticias o reales). En el juego, la información (o la falta de) es un factor clave (Agüero, 2009: 202). Este “juego a la crisis” con sus respectivas cadenas de reacciones se repiten en forma recurrente y las reacciones en un lado y el otro suelen ser las mismas.

Durante la presidencia de Park Geun-hye (2013-2017), esta lógica de endurecimiento de las reacciones recíprocas entró en una dinámica de espiralización acelerada llegando al punto de generarse situaciones de muy alta tensión como las de la crisis de marzo/abril de 2013. En la misma, ocasionada por la tercera prueba nuclear de Corea del Norte, se generó una escalada en las hostilidades que llevó a que Pyongyang declarara “nulo” el armisticio de 1953 y que, ante los ejercicios militares conjuntos que iba a realizar Seúl con Estados Unidos, resolviera unilateralmente cerrar el CIK y reubicar a los trabajadores en otras actividades. Luego de casi 5 meses de negociaciones que mantuvieron el complejo cerrado por 134 días generando pérdidas calculadas en aproximadamente 830 millones de dólares, el CIK volvió paulatinamente a estar operativo.

Esto ocasionó un abrupto descenso en el volumen del comercio intercoreano entre 2012 y 2013, pasando de 1.971 millones de dólares a 1.136 (aproximadamente una caída del 42%). También se redujo la producción en el CIK pasando de 469 millones de dólares a 223 millones (un descenso del 52,5%) y la cantidad de empleados en el complejo que pasaron de 53.400 en 2012 a 52.300 en 2013 (un declive del 3%). Ya entre 2014 y 2015 el comercio intercoreano, la producción de Kaesong y su número de trabajadores volverían a aumentar (MoU, 2016).

Además de la producción, también se observa un crecimiento sostenido de los trabajadores norcoreanos contratados. De los 6 mil trabajadores que producirían casi 15 millones de dólares en 2005 se pasaría a casi 55 mil trabajadores y más 560 millones de dólares de producción en 2015. Esto implica un aumento del 900% en cantidad de mano de obra y otra suba del 3.700% en cuanto al valor de la masa total de bienes producidos. Otra cuestión que se desprende de los datos del informe es que no solo subió el número de obreros sino que además se elevó la productividad (MoU, 2016). Esto se debe al despliegue de las inversiones realizadas por empresas surcoreanas alentadas por la alta rentabilidad garantizada por los bajos salarios y la calificación de la mano de obra a la par de su escasa o nula conflictividad.

Como aspecto destacable de este crecimiento, entre 2014 y 2015 se registra un despegue en la producción de bienes eléctricos y electrónicos. En esta rama se pasó de producir 67 millones de dólares a producir 124 millones (un aumento de aproximadamente un 54%). Si bien se parte del piso al que se llegó durante el cierre de 2013 (y aun teniendo en cuenta los niveles de 2011), el registro no deja de ser promisorio. Para el año 2015, la rama con mayor volumen de producción es la textil con 301 millones de dólares (el 55% del total de ese año). Le siguen muy atrás la rama de electricidad y electrónica (22%), y maquinaría y metales (17%). Esta distribución a su vez nos da la pauta de la composición de las empresas instaladas en el Complejo (MoU, 2016: 90). Si bien del total de empresas instaladas (125 para el año 2015) la mayoría son textiles (un 58%), las empresas de la rama de electricidad y electrónica tienen una productividad muchísimo mayor. Si consideramos el valor que tiene en promedio la producción de cada empresa, en las textiles (73 en total para el año 2015) es de 4 millones 100 mil por cada una, y en el caso de la rama tecnológica (13 en total para el año 2015) es de 9 millones 500 mil por unidad. Este aumento que se había dado se puede entender en el marco de una mayor inversión en otras industrias, aparte de la textil, por parte del capital surcoreano. Y a su vez, algo de protagonismo puede tener la orientación del gobierno norcoreano de afianzar los instrumentos para desarrollar la capacidad técnica de su industria en el marco de la nueva doctrina de desarrollo paralelo (Byungjin), planteada por Kim Jong-un en 2013 y reafirmada en las resoluciones del VII Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea celebrado en mayo de 2016. A diferencia de la doctrina Songun, que daba primacía a lo militar, el desarrollo paralelo plantea a una combinación entre desarrollo armamentístico y económico (es decir, la construcción económica y seguridad nacional). En esa línea, la doctrina Byungjin “no es una contramedida temporal para hacer frente a la situación en brusco cambio, sino la línea estratégica a tomarse invariablemente mientras existan la amenaza nuclear y las arbitrariedades del imperialismo”.[3]

Entre las “arbitrariedades” que se denuncia se encuentra el cierre del CIK de manera unilateral por parte de Seúl en febrero de 2016 luego de que Pyongyang efectuara su cuarta prueba nuclear. Otro de los motivos por los que se justificó el cierre es porque se acusó a Corea del Norte de utilizar los fondos que percibía por medio del Complejo para financiar su programa nuclear[4]. Esta clausura tiene como marco el agravamiento de las relaciones intercoreanas ocasionada por la profundización de la línea de confrontación por parte de Seúl. Esta postura mantuvo el plano retórico de la cooperación intercoreana por medio la formulación de una “política de confianza” o Trustpolitik (Park, 2011), pero en los hechos terminó fracasando en disuadir a Pyongyang de que desista de su programa misilístico y nuclear. Más bien al contrario, lo reforzó, ya que durante 2016 se realizaron 2 pruebas nucleares, más varias otras de tipo misilístico.

Balances y perspectivas

Lo primero que podemos argüir es que la serie de episodios ocurridos en torno al CIK en los últimos años llevan a la desconfianza general y desincentiva a otras empresas a invertir en Kaesong y en otros proyectos de zonas económicas especiales. Esto se ve claramente en que entre 2010 y 2015 tan solo 4 empresas iniciaron operaciones en el CIK (pasando de 121 a 125 en total) mientras que en los primeros años hay un crecimiento mucho mayor (de 18 a 121 entre 2005 y 2010). Y por otro lado, traban las posibilidades de un desarrollo menos accidentado para la economía norcoreana, a la par que aumenta su dependencia de China (país que absorbe un 90% del total de su volumen comercial), al encontrarse mayores restricciones para comerciar con Corea del Sur (aunque actualmente esa restricción significa virtual imposibilidad).

Otra cuestión para mencionar son los ambiguos mensajes que pretende dar Estados Unidos, participante primordial en los conflictos de la región: por un lado, pretende la apertura y libertad hacia el sector privado en Corea del Norte (tal vez como medio para lograr una mayor apertura política en el país), y por otro, traba el comercio de todo bien proveniente de la región industrial de Kaesong, siendo esta la primera actividad capitalista privada en gran escala en el país (si bien ya hay otras zonas económicas especiales, la de Kaesong ha sido por lejos la más exitosa). Todo esto considerando su estrategia más global de hacer colapsar al régimen de Corea del Norte junto con su programa nuclear recurriendo al ahogo económico y el aislamiento internacional por medio de sanciones.

Aun así, a pesar de este clima hostil, vemos que el comercio intercoreano más que se duplicó a 11 años de inaugurado el Complejo: se pasó de 1.056 millones en 2005 a 2.714 millones de dólares en 2015. El valor total de los bienes producidos en el CIK alcanzó los 3,23 mil millones de dólares en sus 11 años de operaciones antes de su cierre en 2016.

Lo que se rompió con la clausura del CIK fue la válvula de seguridad que permitía un intercambio relativamente fluido entre las dos Coreas impidiendo así una ruptura sin retorno. Dada esta situación que cercenó el principal canal de cooperación, una disminución de las tensiones en la península no va a ser plausible mientras la clausura persista. Estas, entre otras cuestiones, son las que dificultan el proceso de apertura que de todas maneras ya se está dando y que, con sus idas y venidas, más pronto que tarde también hará que en el Reino Ermitaño se generen paulatinamente relaciones preponderantemente capitalistas. Y ante esos nuevos desarrollos se le planteará a la dirigencia norcoreana el desafío de llevar adelante el proceso de transición sin cambios sustanciales en el régimen político. Es decir, una Perestroika sin Glasnot.

Bibliografía

Anderson, D. (2007). “Una aproximación a la historia económica de Corea del Norte”. III Congreso Argentino de Estudios Coreanos, Universidad Nacional de Tucumán.

Anderson, D. (2012). “Corea del Norte y sus relaciones con América Latina durante el conflicto sino-soviético”. VII Congreso Argentino de Estudios Coreanos, Universidad de Buenos Aires.

Chang, B. (2016). “The Real Economics of Kaesong”. 38 North. Disponible en: https://goo.gl/E6QySq

Couret, B. (2015). “La reconstrucción de las tierras del Sur”, en Muñoz, C. (coord.), Explorador: Corea del Sur (pp. 15-19). Buenos Aires: Capital Intelectual.

Larre, L. (2015). “Del Juche al Songun: cambios en la política de Corea del Norte (1994-1998)”, en Iadevito, P. y Lanare, L. (comps.), Estudios coreanos en el escenario Sur-Sur (pp. 43-59). Buenos Aires: Imago Mundi.

León, J. (2004). “¿Autosuficiencia, socialismo de mercado o ayuda económica? Los dilemas actuales de la economía norcoreana”, en Mera, C. (comp.), Estudios coreanos en América Latina (pp. 399-412). La Plata: Al Margen.

Manríquez, J. y López Aymes, F. (2009). “Corea del Sur”, en Historia mínima de Corea. México: El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África.

Republic of Korea, Ministry of Unification (2016). White Paper on Korean Unification. Disponible en: https://goo.gl/7LwGb4

Noland, M. (2000). Avoiding the Apocalypse: The Future of the Two Koreas. Washington: Institute for International Economics.

Park, Chae-soon (2015) “Esfuerzos para la paz en la península coreana. El caso de las conversaciones a seis bandas”, en Iadevito, P. y Lanare, L. (comps.), Estudios coreanos en el escenario Sur-Sur (pp. 191-200). Buenos Aires: Imago Mundi.

Park, Soo-Bin (2004). “The North Korean Economy: Current Issues and Prospects”, Carleton Economic Papers, N° 45, 3/2004. Department of Economics, Carleton University.

Rubio, C. (2012). “Estados Unidos y la cuestión nuclear norcoreana”, en Mera, C. y Iadevito, P. (comps.), Presencias culturales en el mundo global (pp. 333-345). Buenos Aires: Mnemosyne.


  1. Incipiente reconciliación que quedó trunca por la orientación de la administración Trump, que endureció las sanciones contra Cuba.
  2. En ese año el crecimiento sería de un 10,9% dejando atrás la caída de un 6,7 % de 1998 (León, 2004).
  3. “Kim Jong Un dirige la rama de investigación de armas nucleares”, KFA Euskal Herria. Disponible en: https://goo.gl/yaSWZ8
  4. “Seúl acusó a Pyongyang de quedarse con el 70% del salario de los obreros de un complejo industrial intercoreano”, Infobae, publicado el 13/02/2016. Disponible en: https://goo.gl/77YQkh


Deja un comentario