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Prólogo

Renato Balderrama Santander[1]

El 19 de julio de 1953 se puso fin formalmente a la Guerra de Corea con el Acuerdo de Armisticio, también conocido como la Paz de Panmunjon. El país quedaría divido en dos partes con la creación de una frontera ficticia establecida en el famoso paralelo 38º Norte. Ambas partes de la península fueron devastadas. Si bien el Norte sufrió un mayor daño por los bombardeos aéreos de las fuerzas aliadas encabezadas por Estados Unidos, Seúl quedó en condiciones deplorables. Nadie en su sano juicio podría haber apostado por la República de Corea (Corea del Sur). Para muchos era un Estado sin futuro.

Al día de hoy, Corea del Sur (en adelante Corea) ha logrado niveles de desarrollo propios de países con fuertes antecedentes industriales de finales del siglo XIX y mitad del siglo XX. En 2009, se convirtió en el primer país que pasó de ser uno de los mayores receptores de ayuda internacional para el desarrollo a ser uno de los que más otorga ayuda a través de donaciones y préstamos. De 1945 a finales de los noventa, Corea recibió más de 12,7 mil millones de dólares en ayuda económica, principalmente de Estados Unidos, Japón y Europa. Muestra inequívoca del desarrollo alcanzado lo marca el año 1996 cuando Corea ingresa a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Corea pasó de tener uno de los ingresos per cápita más raquíticos del mundo en la década de los sesenta a llegar a los casi 30.000 dólares per cápita actualmente. En treinta años, creció trece veces. El informe del Banco Mundial de 1960 sobre el PIB per cápita de 102 países del mundo arrojaba que India estaba en último lugar con 52 dólares, seguida por Corea con 72 dólares per cápita. En tres décadas, su PNB creció de 88 mil millones de dólares a 1.460 mil millones de dólares. Corea no solo logró que su economía creciera de forma acelerada sino también de manera generalizada, notándose una mejoría sostenible en la mayoría de la población. El índice GINI de Corea es de 0,34, uno de los más bajos en Asia y a nivel mundial, lo cual es apreciable si uno viaja por Corea, tanto por sus ciudades como por las áreas rurales. A diferencia de la mayoría de los países de América Latina, donde existe una alta polaridad entre ricos y pobres, entre áreas extremadamente desarrolladas y otras donde no se cuenta ni con los servicios básicos, en Corea se ha consolidado una clase media y ciudades sustentables.

Por donde se le vea, el caso de Corea es excepcional, conocido como el milagro del río Han en honor al río que parte en dos su ciudad capital. Corea cuenta con una exigua dotación de recursos naturales, está lejos de ser autosuficiente en recursos mineros y energéticos, su territorio es sumamente reducido (el lugar 107 a nivel mundial), cabe varias veces en la mayoría de los países de América Latina; así mismo, el tamaño de su población es poco numeroso, menos de 50 millones de habitantes. A pesar de estos factores en contra, Corea es el principal constructor mundial de barcos, representa más del 50% de la producción global (Hyundai Heavy Industries, Samsung Heavy Industries, Daewoo Shipbuilding & Marine Engineering). El grupo automotriz Hyundai Kia es desde 2016 el tercer productor mundial de vehículos, solo detrás de la japonesa Toyota y de la alemana Grupo Volkswagen. En la construcción también es líder mundial, las grandes corporaciones coreanas han desarrollado proyectos de infraestructura portuaria, logística o energética en Asia y Medio Oriente. Samsung C&T Corporation tiene entre sus logros la construcción de las tres torres más altas del mundo: las Torres Petronas en Malasia, el Tapei 101 en Taiwán y el Burj Khalifa, emblema de Dubai.

Al terminar la Guerra de Corea, las tareas más importantes que tuvieron que enfrentar los coreanos fueron no solo la reconstrucción del país sino también del gobierno y sus instituciones; la tarea no fue fácil en ninguno de los dos campos. El inicio de la República fue incierto hasta que por medio de un golpe de Estado llegó a la presidencia el general Park Cheung Hee, quien con mano dura lideró el desarrollo industrial de Corea. El padre de la nueva nación como se le conoce logró, basado en grandes sacrificios sociales, modernizar al país y poner las bases para consolidar una de las economías más avanzadas del mundo. La apuesta tuvo su columna vertebral en tres grandes rubros: una fuerte inversión en la educación a todos los niveles, una política industrial que facilitó la creación de empresas competitivas a nivel mundial priorizando las exportaciones y el desarrollo de infraestructura para facilitar la logística tanto doméstica como internacional. Para ello se hicieron grandes esfuerzos y sacrificios; desde mandar mineros y enfermeras a Alemania occidental en los sesenta con el fin de obtener divisas vía remesas y otros apoyos del país europeo hasta poner vidas en la Guerra de Vietnam para consolidar el desarrollo de los conglomerados coreanos que proveyeron diversos insumos para el ejército de Estados.

La historia de Corea es de constantes sacrificios y retos mayúsculos. Desde sus orígenes, la península coreana sufrió la división, la guerra y el conflicto permanente entre tres reinos. Poco antes de los inicios de la era cristiana y hasta que el reino septentrional de Silla logró unificar la península en el año 668 d. C., el norte peleaba con el sur y las dinastías en China aprovechaban esta división; de hecho, la alimentaban con el fin de no tener un vecino fuerte cruzando el rio Yalu, una foto muy parecida a lo que hoy acontece. Posteriormente, bajo el reino de Koryo se logró una nueva unidad sociopolítica, de aquí viene el nombre del país (Corea). Sin embargo, sufrió la invasión de los mongoles. Más tarde, la siguiente y última dinastía en Corea, Choson, sufriría en dos ocasiones invasiones japonesas, primero en 1592 en su intento por hacerle la guerra a China, y luego a finales del siglo XIX. Este breve recuento de la historia de Corea da cuenta de su delicada situación geopolítica, pues tiene frontera con dos potencias hegemónicas continentales: con su rival y padre cultural China, así como con Rusia. Y a no pocos kilómetros al sur, allende el mar, se encuentra el archipiélago japonés que, como se mencionó, ha tenido a Corea en su radar expansionista.

Esto redundaría en la invasión y posterior anexión colonial de Corea a Japón desde 1910 hasta 1945. Japón requería mano de obra e insumos para alimentar su industria militar con el fin de lograr una hegemonía en Asia. Este periodo oscuro de la relación bilateral entre ambos países es una herida que aún no sana y permite ver una fuerte cicatriz. El debate del balance de esta presencia no ha llegado a un fin, porque si bien es cierto que el imperio japonés desarrolló instalaciones fabriles y logísticas (trenes, carreteras, telégrafos, puertos, etc.) en la península, por otro lado, el costo de esto fue altísimo al nivel de degradar a los nacionales como ciudadanos de segunda clase con evidentes violaciones a los derechos humanos y también la destrucción de gran parte de esta presencia, tras la guerra que asoló la península de 1950 a 1953. Es decir, treinta y cinco años de ocupación dejaron un legado que se contempla más como un fantasma difícil de vencer en los sueños del pueblo coreano que como un periodo de desarrollo o de bienestar. En todo caso, Corea pasó de ser un vasallo de la corte china a una colonia de Japón y, finalmente, una nación divida en dos desde la posguerra por los intereses de las dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética).

El concepto coreano palli palli que puede traducirse como “de inmediato”, permite dar cuenta de que la Corea de hoy no tiene tiempo que perder. Desde mediados de los años setenta del siglo pasado, Corea ha generado un modelo de desarrollo económico e industrial que le ha permitido ganar mercado mundial en casi todos los rubros industriales. En los anaqueles y aparadores de tiendas minoristas en todo el mundo dominan los televisores y electrodomésticos de las marcas LG o Samsung. En el parque vehicular de los cinco continentes, cada vez es más común ver en las calles un Kia o un Hyundai. Y no solo las manufacturas han sido exitosas en Corea. En años recientes, las industrias culturales (también conocidas como industrias creativas) han logrado generar gran riqueza para el país.

Desde la década de los ochenta, el gobierno de Corea apostó también por estas industrias, rubro en el que Japón había sido líder no solo en Asia sino también mundialmente, sobre todo a través de su anime y manga. Lo que se ha denominado como la Ola Coreana o Hallyu, contempla desde música, juegos, películas, hasta series de televisión y cómics, entre otras industrias. Estas representan exportaciones por más de 6.000 millones de dólares, generando más de un millón de empleos directos y otro tanto indirectos. En 2016 se logró un total de 97.000 millones de dólares en ventas. Por poner un ejemplo, el drama coreano Sonata de invierno logró generar ganancias superiores a los 20.000 millones de dólares desde su lanzamiento en 2002, superando a éxitos de Hollywood como Harry Potter, que en el mismo periodo solo obtuvo 15.000 millones de dólares. Este sector tiene un impacto directo en la atracción de turismo. Corea está dentro de los 20 destinos más importantes para el turismo mundial, y particularmente ha habido un incremento de los turistas de China continental, Hong Kong, Taiwán y del sudeste de Asia, dado que desean conocer las locaciones donde se filman las películas y dramas así como comprar sus productos. Distritos como Myeondgong en Seúl, ahora son abarrotados por turistas chinos que consumen en cantidades todo lo que allí se vende.

Los retos que enfrenta Corea en el siglo XXI tienen que ver no solo con su ubicación y situación geográfica (desde la unificación y la amenaza nuclear norcoreana hasta la creciente hegemonía china y la visión conservadora en Japón), sino también con los tremendos desafíos internos. El reto mayor lo encuentra en su demografía, ya que tiene uno de los índices de natalidad más bajos en el mundo, un envejecimiento prolongado de su sociedad y un creciente desempleo entre los jóvenes. Esto creó incertidumbre en el futuro, porque se verifica una gran presión sobre la nueva generación que llevará a cuestas la carga de estos desbalances sobre todo al momento de tener que soportar financieramente la jubilación y el bienestar social de una sociedad envejecida.

No es cosa menor tampoco la preocupación permanente de las empresas y la economía de Corea vis a vis el gran competidor que es China: su tamaño de mercado,[2] de territorio, sus Fuerzas Armadas y hasta su herencia cultural. Y si bien Corea supera a China en índices de innovación y en investigación y desarrollo, lo cierto es que Beijing ha acortado la brecha en poco tiempo. De hecho, en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial China, ha superado ya a Corea como mejor ecosistema de emprendimiento. El poder de los conglomerados coreanos (Chaebol), en cuanto a su capacidad para innovar y su valor de marcas a nivel global, permite mantener por ahora una distancia con sus rivales chinos. Sin embargo, los Chaebols también se han convertido en uno de los retos de la economía y de la sociedad de Corea. Los diez conglomerados más importantes controlan el 80% de su economía, tan solo Samsung representa el 25% de su PNB. No existe ningún caso parecido dentro de las economías más importantes del mundo, una codependencia de este nivel no es sana.

Por lo tanto, como nunca antes, Corea necesita ser más global. Este pequeño territorio con poca población debe hacer todavía mayores esfuerzos por instalar sus fábricas fuera y por ganar más mercados. Y si bien es Asia su principal mercado y lugar de abastecimiento de insumos, América Latina se ha colocado como la segunda región más importante para Corea. Las inversiones coreanas en la región dan muestra de ello, tan solo México pasó en pocos años a contar con casi 2.000 empresas coreanas, duplicando la presencia de las japonesas que no solo llegaron desde los sesenta, sino que dominan la manufactura automotriz local. Corea firmó su primer tratado de libre comercio con una nación latinoamericana, con Chile en 1999. Al día de hoy, ha hecho lo mismo con Perú y Colombia, buscando replicarlo con otras naciones como México. Es uno de los principales donantes en la región, sus bancos empiezan a abrir sucursales en diversos países latinoamericanos, sus empresas están desarrollando puertos, carreteras, trenes, plantas de luz, entre otros sectores de infraestructura por toda nuestra geografía. Corea es miembro en calidad de observador de las instituciones y organismos más importantes en el hemisferio y, sin dudas, las comunidades coreanas empiezan a ser más numerosas e importantes en nuestros países.

Hoy más que nunca es imperativo para el sector académico en América Latina el ahondar en los estudios sobre este país y la región en la que está inserta Corea. La casi inexistencia de expertos en estudios coreanos en la región da cuenta de las oportunidades que existen para aquellos que puedan dominar el idioma coreano, entender los retos que tiene este país y poder apoyar en la construcción de puentes de entendimiento y diálogo para el beneficio mutuo. Afortunadamente, diversas instituciones académicas en nuestro hemisferio han puesto mayor atención en la importancia de impulsar y apoyar los estudios asiáticos, así como en estrechar vínculos con contrapartes en aquel país. Como muestra de este esfuerzo compartido está el Korea Foundation e-School Program para América Latina, que desde 2013 ha apoyado los esfuerzos de muchos colegas por fomentar e incentivar los estudios sobre Corea. La prolongación en el tiempo de esfuerzos como los cursos en línea y las más recientes publicaciones de investigaciones sobre estas temáticas –como las que contiene este nuevo libro– dan cuenta de que está germinando la semilla del conocimiento y que tendremos mejores oportunidades de enfrentar el siglo XXI hombro con hombro, Corea y América Latina.

San Nicolás de los Garza, Nuevo León,
15 de diciembre de 2017.


  1. Director de la Korea Foundation e-School Program for Latin America. Director del Centro de Estudios de Asia, Universidad Autónoma de Nuevo León.
  2. China tiene 27 veces más población que Corea y un PNB que supera al de Corea once veces.


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