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12 “Defender Santa Cruz”

La performance patagónica del Frente para la Victoria (1991-1992)

Pamela Sosa

Introducción

En el año 1991 el Frente para la Victoria Santacruceña (FPVS) asumió la gobernación de la provincia de Santa Cruz. Esta marca política había sido fundada en 1988 y se expresó en la conformación de un sublema interno del partido justicialista de ese territorio. Su llegada a los niveles superiores de la política provincial se daba en un contexto particular del peronismo en la Argentina, especialmente en sus bases sociales. A nivel nacional –y en términos generales– el debilitamiento y la fragmentación de las bases obreras y sindicales que históricamente habían sido los sostenedores principales del partido devinieron en los años 90 en redes clientelares territoriales que revincularon al partido con los sectores populares (Levitsky, 1995; Auyero, 2001; Sidicaro, 2011).

A nivel provincial, este fenómeno se expresó con sus particularidades. Tempranamente, en 1985 el peronismo perdió por primera vez en su historia las elecciones ante el radicalismo, proceso que puso en evidencia un cambio en sus históricas bases fieles. En Sosa (2014) se puso en evidencia cómo los procesos de cambio social que promediaron en los años 90 afectaron las bases del peronismo santacruceño, traccionadas históricamente por sectores de la ganadería local, trabajadores y sindicatos de las empresas públicas –como YPF y Gas del Estado– y del Estado provincial. El debilitamiento del proyecto nacionalista expresado en el despliegue de las empresas públicas, la desmilitarización de la Argentina de la posdictadura y el repliegue de la industria ganadera tradicional afectaron fuertemente los pilares de la sociedad que el peronismo representaba y que lo sostenía (Sosa, 2014).

La debilidad inicial de la fuerza política no solo se expresó en el debilitamiento de la base electoral que estaba sufriendo el peronismo de Santa Cruz. El contexto de crisis social, institucional y económica de la provincia también formaba parte de la antesala de su ascenso. Entre 1988 y 1992 la provincia atravesó un proceso de crisis económica, social y política marcada por retrasos salariales, procesos inflacionarios y un estado permanente de efervescencia y movilización social transversal a la sociedad (Bona y Vilaboa, 2016; Sosa, 2017).

Esta crisis de carácter estructural tuvo un correlato a nivel institucional y político. En 1987, se le realizó un juicio político al entonces gobernador de la provincia, Ricardo del Val. En reemplazo asumió el vicegobernador -José Ramón Granero–, quien se mantuvo en el cargo solo un año, renunció y fue reemplazado por el presidente de la cámara de diputados Héctor Marcelino García, quien posteriormente le entregó el mando de gobernador a Néstor Kirchner en 1991. El juicio político y la sucesión posterior de gobernadores fue la expresión política de la envergadura de la crisis del gobierno provincial pero también de la vida interna del Partido Justicialista (PJ), que propició e impulsó la destitución de un dirigente político proveniente de sus propias filas.

Este contexto de crisis y la nueva ley electoral formaron parte de las condiciones de posibilidad e ingreso del FPVS a la política provincial pero también implicaron el arribo al poder con una importante debilidad para esta “fracción” partidaria. En esta coyuntura el FPVS debía construir un liderazgo hacia adentro del peronismo y hacia la sociedad movilizada, y navegar la crisis institucional y económica.

En este contexto, para desplazar al sector más fuerte del peronismo provincial, en 1991 tuvo que implementar una alianza con el Movimiento Renovador Peronista (MRP), pero, pese a esta alianza, solo obtuvo el 33% de los votos obtenidos por el peronismo, un porcentaje magro para un sector político que pretendía liderar el espacio político en la provincia. La coyuntura de crisis política y la transformación de las históricas bases del peronismo limitaban a la ascendente fuerza política.

Este trabajo aborda una de las principales estrategias políticas –probablemente la principal– desplegadas por el FPVS para afrontar esta debilidad original: la representación de “la defensa de los intereses de Santa Cruz”. Como hemos mostrado en Sosa (2014, 2016) el principal líder de la fuerza política, Néstor Kirchner, construyó su liderazgo apelando a estrategias de representación y discursos vinculados a la “defensa de los intereses de Santa Cruz ante el poder central” u otros vinculados a la defensa de la “abandonada periferia de la patria”, estrategias que mostraremos a lo largo del trabajo.

Buscaremos a lo largo del trabajo interpretar esta estrategia de representación como una performance exitosa (Alexander, 2011). Desde la perspectiva sobre la dimensión cultural del poder político desarrollada por Jeffrey Alexander –que desarrollaremos en el primer apartado– intentaremos mostrar cómo, a través de esta, el FPVS consolidó bases de apoyo sociales que le permitieron afianzarse en el poder provincial, a pesar del debilitamiento de las bases de su partido y la pérdida de legitimidad de los actores políticos.

En segundo lugar, en consonancia con el espíritu de la presente compilación, el trabajo muestra lo que puede considerarse una performance patagónica. El trabajo de representación del FPVS implicó el establecimiento de un diálogo y una interpretación de “representaciones colectivas” que formaban parte de la cultura social y política de la Patagonia en general y de Santa Cruz en particular. Elementos distintivos de la cultura de esta región como su condición de zona de frontera, su intensa presencia militar, la fuerza de las ideas nacionalistas, así como también su lejanía con respecto a los grandes centros urbanos, sus grandes extensiones, su baja población y su clima, son algunos rasgos propios de la Patagonia que fueron moldeando símbolos y significados arraigados en una matriz cultural. Como veremos en los apartados siguientes, atributos culturales formaron parte del trasfondo sobre el que se desplegó la performance del FPVS para lograr adhesiones sociales y políticas a nivel local, lo que hemos denominado en Sosa (2016) como la cultura de la desconfianza.

En tercer lugar, el período que aborda el trabajo se encuentra delimitado por lo que consideramos el escenario de la performance desplegada: el conflicto entre la Argentina y Chile por el trazado de la poligonal que dividía el territorio entre ambos países resuelto mediante un acuerdo en 1992 entre los presidentes de ambos países, Carlos Menem y Patricio Alwyn. Como veremos en apartados posteriores, el acuerdo entre presidentes generó en la Argentina reacciones diversas y abrió un escenario de conflicto en el que el FPVS se posicionó, desplegando estrategias que, como hemos señalado, fueron centrales en su consolidación.

Para abordar los objetivos señalados se ha utilizado material extraído de la Opinión Austral de Río Gallegos, el diario El Orden de Río Deseado y notas extraídas del diario La Nación. También se ha utilizado un conjunto de información extraída de estudios sobre las características culturales y sociales de Santa Cruz.

La performance social como teoría y como solución a la crisis de legitimidad de las bases del PJ

En contra de las teorías que sostienen que las sociedades contemporáneas se caracterizan por la falta de creencia o constituyen un momento avanzado en los procesos de racionalización, Alexander postula una teoría que intenta mostrar cómo las sociedades actuales, aun con dinámicas más cambiantes y menos clausuradas, siguen siendo organizadas por sistemas de creencias, símbolos y significados que dotan de sentido a la acción social. Situándose dentro de los estudios culturales, Alexander retoma una serie de teorías entre las que se destacan los estudios de la dramaturgia, de la performance teatral, de los rituales y de las teorías del lenguaje, entre otros.

Su postulado principal es que los rituales[1] tradicionales, en tanto formas tempranas de organización social humana, siguen siendo formas de organización que ahora de manera relativa siguen organizando simbólicamente las formas de la sociedad, ya sean nacimientos, relaciones conyugales, la curación de enfermos, las transiciones a lo largo de la estructura de la edad o de la asunción de roles políticos y ocupacionales, así como también la asunción de liderazgos y la celebración de aniversarios (Alexander, 2011, p. 61).

Alexander define a las formas de organización ritual de las sociedades contemporáneas, complejas y de mayor tamaño (en comparación con las primitivas), como cuasi rituales. Ante una sociedad más diversificada, más crítica, con mayores conflictos de creencias, mayor individualidad e integración, los cuasi rituales cumplirían el mismo efecto de integración pero en un sentido más relativo, más momentáneo y con una efervescencia limitada (en contraste con los rituales).

Podríamos decir que los cuasi rituales son el corazón de su teoría de la performance cultural. En términos generales sostiene que cuanto más simple es una organización colectiva, menos segmentadas y diferenciadas están sus partes sociales y culturales y mayor será la fusión de la performance social, que es la condición principal para la existencia de la ritualidad. Cuanto más compleja, segmentada y diferenciada sea la colectividad, mayor será la desfusión de estos elementos de la performance social.

Para ser efectivas en una sociedad de creciente complejidad, las performances sociales deben involucrarse en proyectos de refusión. En la medida que logran su refusión, las performances sociales serán convincentes y efectivas, es decir, se aproximarán más al cuasi ritual.

En un intento de combinar la importancia de las estructuras y tradiciones culturales con la capacidad innovadora y pragmática de los actores, Alexander suministra categorías que permiten incorporar estas dos dimensiones de la acción social. Retomando a Marx cuando observó que “en el preciso instante en que” los actores sociales “se comprometen con la creación de algo que jamás había existido revolucionándose a ellos mismos y a las cosas, convocan ansiosamente los espíritus del pasado a su servicio y toman prestados nombres, costumbres y gritos de batalla para presentar en este lenguaje prestado el nuevo escenario de la historia del mundo bajo el disfraz de una larga tradición” (pp. 64-65). Así define una de sus nociones principales: el sistema de representaciones colectivas que conforman el trasfondo de cada acto performativo.

Un segundo elemento central de las performances lo constituyen el proscenio o los denominados guiones que constituyen la referencia inmediata de la acción y/o texto referencial. Es decir que las representaciones colectivas o lo que usualmente denominamos sistema cultura y/o de símbolos no hablan por sí mismas (en el sentido utilizado por las nociones de reproducción) sino que las performances son puestas en escena, son interpretaciones de guiones y acciones en acto que se “hacen” y que no se reproducen sin más.

En este esquema los actores deben estar orientados hacia las representaciones de trasfondo tanto a las situadas en el proscenio. Los textos culturales son escenificados de manera que sus significados puedan ser mostrados a otros. Los “otros” constituyen la audiencia de observadores de la performance cultural. Ellos son los que descodifican lo que han codificado los actores, pero pueden hacerlo de distinta manera. Si los textos culturales han de ser comunicados convincentemente, es necesario que exista un proceso de extensión cultural que se expanda desde el guion y el actor hasta la audiencia.

Para escenificar un texto cultural ante una audiencia los actores necesitan recurrir a cosas materiales cotidianas que permitan llevar a cabo las proyecciones simbólicas. Necesitan unos objetos que puedan servir como representaciones icónicas que les ayuden a dramatizar y hacer vívidos los valores morales y los propósitos invisibles que están tratando de representar: estos se denominan medios de producción simbólica (p. 67).

Con los textos y los medios bajo control y con la(s) audiencias(s) ante ellos, los actores sociales se comprometen con la acción social dramática entrando en y proyectándose hacia el conjunto de gestos físicos y verbales, conformando otro elemento central de la performance: la puesta en escena.

Finalmente, la distribución del poder en la sociedad, especialmente las jerarquías políticas, económicas y de estatus y las relaciones entre sus élites, afecta profundamente el proceso de performance. El poder establece el límite externo de la pragmática cultural en paralelo al límite interno establecido por las representaciones de trasfondo de la performance (p. 68). El poder social es un elemento más de la performance social.

La combinación de estos elementos (de relativa autonomía) nunca natural permite captar el elemento contingente del poder social, evitando así su sustantivación. Alexander sostiene que las perspectivas convencionales sobre el poder como la weberiana o las distintas vertientes marxistas y foucaultianas tienen una mirada del poder como un fenómeno institucional-estructural que deja afuera la realización del poder, las innovaciones, estrategias, contingencias y su inestabilidad intrínseca (pp. 127-128).

Teniendo en cuenta estas definiciones ya estamos en condiciones de formular la hipótesis principal que sostiene este trabajo. Consideramos que el denominado “conflicto por los hielos continentales” y la forma en que el FPVS lo afrontó constituyeron el escenario de creación y despliegue de una performance exitosa que, como mencionaremos posteriormente, fue recreada de distintas formas y en distintos momentos por esta fuerza política mientras ejercía el gobierno provincial.

Consideramos que fue principalmente de esta forma como el FPVS se hizo de un capital político de creencia tanto para reemplazar las pérdidas de legitimidad de los partidos políticos en general y del peronismo en particular, así como también para dotarse de un poder de apoyo ante su debilidad inicial. Consideramos que, a diferencia de otros tipos de revinculación de los peronismos provinciales con sus bases sociales durante los años 90, el FPVS no recurrió al establecimiento de redes clientelares –o por lo menos no solo a esas– para sostener el caudal electoral del PJ.

Efectivamente, el peronismo de Santa Cruz de los años 90 no se ha caracterizado por la construcción y el despliegue de una red de mediadores o punteros como sí ha sucedido en otras partes del país. Más aún, su estructura social no presenta el perfil de conglomerados urbanos que funcionan usualmente como base –y condiciones de posibilidad para ese tipo– de construcción. Tampoco presentaba en esa década los niveles de marginalidad y carencia de bienes materiales típica de los terrenos donde son más usuales ese tipo de vínculos.

En cualquier caso, la idea que queremos sostener aquí no es que esos vínculos no hayan existido, sino que la creencia movilizada y lograda de la performance que intentaremos mostrar de manera desplegada aquí y sus condiciones de éxito –como su vínculo con la cultura santacruceña– muestran la configuración de un tipo de poder muy ligado a la creencia y el carisma que, a nuestro juicio, constituye la clave para comprender tanto su éxito electoral como su continuidad en el tiempo.

Es conveniente en este momento formular otras hipótesis que quisiéramos explorar. Como hemos mostrado en otros trabajos (Sosa, 2014 y 2015), la debilidad de los clivajes internos de la provincia de Santa Cruz limitó históricamente las posibilidades de los partidos políticos de representar hacia adentro generando un sistema político consolidado. Efectivamente, la tesis de Lipset y Rokkan sobre la traducción de los clivajes sociales en el sistema político fue una dificultad por la debilidad de estos. Como hemos mostrado en Sosa (2016), una sociedad de migrantes de diferentes provincias y países y el constante egreso y egreso de población fueron una dificultad histórica para la consolidación del sistema partidario y político que se reflejó en la constante inestabilidad política de los gobiernos, interrumpidos por juicios políticos y condiciones de inestabilidad.

Este pasado inestable en una provincia peronista fue resuelto por el FPVS, que se caracterizó, justamente, por su estabilidad y dominio en el tiempo, al punto de monopolizar no solo el partido justicialista sino también el sistema político. En este contexto, nos realizamos el mismo interrogante principal pero de otra forma. Si la provincia de Santa Cruz poseía un tipo de estructura social que dificultaba la representación de oposiciones sociales internas, ¿cómo resolvió esa dificultad el FPVS? ¿Cómo resolvió esta dificultad ante la crisis de las bases sociales del peronismo? Nuestra hipótesis principal en este sentido es que la clave de la estrategia exitosa de construcción de liderazgo en esa sociedad fue la representación o el vínculo que estableció con un elemento estructural o constitutivo de esa sociedad: la cultura de la desconfianza.

Las representaciones de trasfondo del FPVS: la cultura de la desconfianza

Todos los sinónimos de la palabra confianza indican cercanía: familiaridad, amistad, intimidad, compañerismo, cordialidad, confidencia y también libertad y seguridad. Contrariamente, la desconfianza es la consideración del otro como alguien en quien no se puede “fiar” (Giddens, 1998). Lejos de ser un problema de carácter individual, la confianza ha sido considerada por múltiples autores como una condición necesaria para la existencia de la sociedad y para el establecimiento de cualquier tipo de intercambio en el contexto de un orden social particular (Giddens, 1998; Simmel, 1977, Luhmann, 2005; Gambetta, 2007). Como hemos sostenido en Sosa (2014 y 2016) la debilidad de los vínculos sociales en Santa Cruz y un conjunto de relatos que fueron significando las distancias sociales relacionadas con la falta de integración alentaron lo que llamamos la cultura de la desconfianza. Este atributo cultural de Santa Cruz supone un tipo de subjetividad que expresa la debilidad de los vínculos sociales, tiende a reproducirlos y es permanentemente acentuada y reforzada por los discursos afines con este tipo de sociedad.

Las distancias sociales que deben ser contempladas para entender cómo la debilidad de los vínculos influyeron en la constitución de este perfil cultural son de carácter tanto físico como social. En primer lugar, Santa Cruz careció de vínculos sociales por fuera del territorio que la incluyan en frecuencias de interacciones que la hicieran más integrada. Las distancias físicas de los principales centros de intercambio social, por un lado, y la ausencia de esquemas económicos que la incorporen al circuito de intercambio nacional, por otro, fueron algunos de los componentes que la ubicaron en un lugar de aislamiento, especialmente en la primera mitad del siglo xx. En segundo lugar, la alta composición interna de migrantes y los clivajes internos, articulados en torno a quién llegó primero, hicieron de esta provincia un lugar culturalmente heterogéneo, carente de dinámicas culturales e identitarias sólidas. En tercer lugar, esta provincia estuvo desde sus orígenes sometida al cambio constante principalmente por los flujos de ingreso y egreso de migrantes permanentes y por el crecimiento exacerbado de su población, expresado en los niveles elevados de su tasa de crecimiento intercensal, muy por encima de la media nacional (Sosa, 2014).

Este tipo de estructura social no fue neutral desde el punto de vista social y político, ya que limitó el desarrollo de las instituciones y tradiciones –entre ellas las políticas– y el establecimiento de lo que Simmel denomina “relaciones de confianza objetiva”, tipos de relaciones que se reproducen y garantizan la existencia de esos espacios de interacción social. Para Simmel la “confianza objetiva” es aquella que se establece independientemente del conocimiento sobre las cualidades personales del otro; es aquella que anida en las instituciones y tradiciones y que se establece por un tipo de conocimiento de los “otros” brindadas por estas. Como señala este autor, las tradiciones e instituciones, el poder de la opinión pública y el rigor de la situación de cada cual, que determinan inexorablemente la conducta del individuo, se han hecho tan firmes y seguros que basta conocer ciertas exterioridades referentes al otro para poseer la confianza necesaria para la acción común (Simmel, 1986). En este tipo de confianza, no es estrictamente necesaria –o posee un carácter complementario– la “confianza personal”, el tipo de confianza que se establece con base en los atributos personales.

Las dificultades para la producción de confianza objetiva no fueron neutrales para la matriz cultural santacruceña. Casi como un elemento superestructural, la cultura tendió a reflejar y alimentar las distancias sociales. Efectivamente, como hemos mostrado en Sosa (2014 y 2016), los discursos políticos e institucionales que atravesaron la historia política y social de la provincia tendieron a acentuar las diferencias y distancias entre los individuos a partir de un conjunto de representaciones que definían al otro como alguien de no “fiar”, un “enemigo” o alguien “amenazante” (Sosa, 2014). Efectivamente, las distancias sociales entre los distintos grupos sociales en el interior del territorio provincial y las distancias sociales de Santa Cruz con grupos representativos de espacios sociales exteriores a la provincia, ya sea por diferencias culturales, de trayectoria o de intereses, fueron significadas desde aquella matriz, y cumplieron la función –en reiteradas ocasiones– de lo que Alexander denomina representaciones de trasfondo.

Es posible identificar la matriz cultural de la desconfianza mirando cómo en esta provincia se expresaron, en distintos momentos, los otros. La matriz de la desconfianza es fácilmente visible, en primer lugar, en la relación entre los de ahí –“nacida y radicada”– y los que vienen de afuera –“recién llegados”–, clivaje que tuvo cierto peso hasta los años 1990[2]. En esta relación el otro se percibe como alguien especulativo que viene a “hacer su diferencia y luego se va”, “que no invierte en el lugar”, “que vino a hacer su capital a la provincia, beneficiarse de riquezas que él no contribuyó a generar y después irse” o, simplemente, “como alguien que pronto se irá”, etc. El otro diferente no aparece como un locutor fiable o, en muchos casos, aparece portando cualidades negativas que limitan el establecimiento de cualquier tipo de relación.

Una segunda relación que puede ser considerada otra expresión de la matriz de la cultura de la desconfianza es la relación con la comunidad chilena. En esta provincia, ha sido sin dudas la comunidad chilena la que más ha sido interpretada desde esta matriz, no solo por los santacruceños sino también por los patagónicos. Sin embargo, fueron el discurso y la fuerte presencia militar y sus hipótesis de guerra lo que acentuó las distancias con esta comunidad de extranjeros, especialmente en los años 70. A las diferencias de nacionalidad que convivían en el territorio, el discurso militar le sumó intensidad, convirtiendo a los chilenos en un enemigo interno (Sosa, 2014 y 2015).

El fenómeno militar tuvo diversos momentos de desarrollo y consolidación. Fue probablemente el desembarco de lo que Bohoslavsky (2009) ha denominado “proyecto nacionalista” lo que moldeó con mayor claridad la matriz militar en Santa Cruz. Dentro de este proyecto se expresaron dos objetivos centrales del Estado nacional: la defensa de la soberanía y el desarrollo de la autonomía energética. La consolidación de esa provincia como área privilegiada para la defensa de la soberanía, en tanto componente central del “proyecto nacionalista”, tuvo dos pilares fundamentales. Por un lado, la conformación y el desarrollo de asentamientos militares y, por otro lado, la regular recreación de la hipótesis de conflicto bélico con otros países en distintas etapas.

En el contexto patagónico, considerado el eslabón débil de la soberanía nacional (Bohoslavsky, 2008), Santa Cruz fue un centro neurálgico y militarmente estratégico tanto en las distintas hipótesis de conflicto, especialmente con Chile en 1978, cuando la Argentina ensayó un Estado de guerra por las disputas por el Beagle, y con Inglaterra en la guerra de Malvinas. Pese a que los conflictos afectaron toda el área patagónica, fuertemente atravesada por la matriz militar, la posición geográfica de Santa Cruz la constituyó en un eslabón militar central en los hipotéticos y reales conflictos bélicos. Durante la última dictadura, toda la región patagónica fue un territorio de alto interés para la Armada, que avanzó progresivamente en su control. Al mismo tiempo, esta provincia fue una de las pocas que permaneció bajo control de gobernadores militares, en este caso de la Fuerza Aérea, durante toda la dictadura, sin ser gobernada nunca por civiles (Canelo, 2013).

Finalmente, la matriz de codificación del otro como alguien de no fiar propia de la desconfianza puede verse también en el vínculo –por supuesto distante– con el gobierno nacional, las otras provincias y/o el resto del país. El déficit de interacciones con estas instituciones o espacios sociales fue significado históricamente con un conjunto de relatos que en el marco del discurso del “aislado y abandonado” sostiene la tesis de que, de alguna manera, producto de los otros y sus acciones, a Santa Cruz “no le va bien”. El siguiente relato, que refiere a los gobiernos nacionales y a algunas provincias, muestra este tipo de discurso:

¿Cómo “salvar” a Santa Cruz? Desde que fui a la escuela primaria vengo oyendo que en la Patagonia están las reservas de la Patria, sin embargo, la realidad es que desde hace décadas se están extrayendo y explotando esas reservas, esas riquezas, que parecen ser infinitas, en beneficio del potencial económico de todo el país, sin que la Patagonia –y por ende Santa Cruz reciba compensación o regalías, lo que evidentemente le pertenece. Nadie pretende egoístamente la parte del león, pero sí pienso que es lamentable que tengamos que dramatizar tanto para que el progreso que ansiamos llegue a ritmo tan poco alentador […]. En “El orden” de la semana anterior leí un comentario que señalaba que el gobierno de Mendoza está reclamando airada y documentadamente al gobierno nacional, bastante más de mil millones de pesos viejos que dejó de percibir por regalías petroleras ¿Percibe Santa Cruz, principal productora del país, lo que realmente le corresponde en este rubro? ¿Y en lo que concierne a Gas del Estado, Yacimientos Carboníferos Fiscales, coparticipaciones impositivas, etc. etc. funcionaran bien las computadoras? […]. Debemos coincidir que sin economía fuerte no iremos a ninguna parte ni habrá “salvación” para Santa Cruz. ¿Si ya mismo no salimos de nuestras limitaciones económicas para preparar condiciones favorables, cuando no recibamos regalías, ni pocas, ni muchas, qué será de Santa Cruz? El vaticinio está al alcance del menos avisado, y por tal debemos romper el esquema colonialistas que impera en los gobiernos centrales con relación a la Patagonia (carta del lector publicada en el diario El Orden de Puerto Deseado en julio-agosto de 1971. Citado en Auzoberría, Luque y Martínez, 2007, 1971, pp. 137-138. Las cursivas son nuestras).

En los apartados siguientes reconstruiremos el despliegue de la performance del FPVS, sus particularidades y su relación con las representaciones de trasfondo que hemos descrito en este apartado. La idea principal que queremos sostener es que la capacidad de movilización del liderazgo de Néstor Kirchner se debió a su interpretación, representación y escenificación de la cultura de la desconfianza.

La centralidad y el significado de la estrategia de “defender” Santa Cruz

En diciembre de 1996 un jurado de 60 líderes de opinión consultados por la revista Noticias eligió a Néstor Kirchner como mejor gobernador del país[3]. Según la revista, el liderazgo de Kirchner podía obedecer a un rol opositor al tratado de los Hielos Continentales, en ese entonces impulsado por el gobierno de Carlos Menem. Entre 1992 y 1996 el gobierno de este gobernador se había opuesto, en varias ocasiones, al trazado de la poligonal que dividía el territorio entre la Argentina y Chile que afectaba una porción de los Hielos Continentales que hasta el momento eran considerados suelo argentino[4]. Según señalaba la revista, a partir de esta oposición Néstor Kirchner había consolidado un perfil crítico dentro del justicialismo, caracterizado por anteponer los intereses provinciales por sobre la disciplina partidaria[5]. El gobierno de este dirigente colocaba, señalaba la revista, a Santa Cruz en un plano de protagonismo nacional que nunca antes había alcanzado esa provincia[6]. Tempranamente, en 1992 el FPVS había comenzado a establecer diferencias con el gobierno nacional, diferencias que marcaron el inicio del enfrentamiento entre Néstor Kirchner, los dirigentes nacionales del FVS y Carlos Menem. Como veremos posteriormente, “el conflicto por los Hielos Continentales” fue el escenario inicial de este posicionamiento político y origen de lo que se puede considerar la performance más exitosa de la nueva fuerza política.

La estrategia de “defender los intereses de los santacruceños ante el poder central” como estrategia de representación no era algo absolutamente novedoso en la política de esa provincia. Existían antecedentes en la política provincial sobre la pretensión de conformar a Santa Cruz como grupo de referencia (o base de representación) a partir de la reivindicación de su autonomía y la acentuación de sus diferencias con el resto del país y, especialmente, con Buenos Aires. Desde el proceso de provincialización existían en la provincia actores políticos que habían intentado aunque con poco éxito reivindicar el carácter periférico de esta como una forma de legitimarse ante la sociedad[7]. Estos actores estaban interesados en hacerse de una base social propia, por fuera de los partidos nacionales en el territorio, actores que, producto de su condición de nacionales, tendían a posicionar a la provincia como “parte” de un concierto nacional, poniendo en segundo plano reivindicaciones políticas vinculadas a los diferentes reclamos de autonomía. Estos tipos de posicionamientos abundaron especialmente en el momento de mayor acentuación de diferencias entre los Nacidos y Criados (NyCS) y los Venidos y Quedados (VyQS), a fines de 1960 y 1970, cuando aquellos que habían sostenido el territorio desde sus orígenes vieron amenazados sus intereses por aquellos que desembarcaron bajo el proyecto nacionalista y energético (Sosa, 2015).

Las características del discurso de los “defensores” de los intereses provinciales o de lo que podemos llamar la construcción de la “periferia de la patria” como grupo de referencia estuvo basada, pasada la primera mitad del siglo xx, en la identificación y denuncia pública de la sensación de aislamiento de la provincia en relación con otras provincias y centros de poder, a las condiciones de vida adversas vinculadas al clima, la ausencia de población, los limites en la obtención de bienes básicos y necesarios para la vida cotidiana, la distancias internas y en relación con la Argentina, etc. La noción de “periferia de la patria” como identidad construida desde el discurso político y arraigado en un conjunto de características sociales que expresaban los efectos negativos de los déficits de integración puede ser considerada una variante de la cultura de la desconfianza.

Fue sin dudas en el “conflicto por los Hielos Continentales” cuando Néstor Kirchner comenzó a acentuar y a construir una imagen que lo diferenciaba taxativamente del gobierno nacional y a posicionarse como el garante de la defensa de los intereses de los santacruceños “amenazados o ignorados por los poderes ubicados en el centro del territorio nacional”[8]. La estabilización y la ausencia de enemigos políticos y clivajes sociales internos y definidos para representar –elementos que históricamente habían limitado la consolidación de un sistema de partidos en la provincia– convirtieron el enfrentamiento con el gobierno nacional en el caballo de batalla más importante de la política, que, aunque se expresaba en un espacio político y con actores extraprovinciales, tenía fuertes impactos en la legitimidad a nivel interno.

El conflicto por los Hielos Continentales

La imagen de defensor y delegado de los intereses de los santacruceños a nivel nacional que expresó la figura de Néstor Kirchner se fue construyendo a través de distintos conflictos políticos entre el gobierno nacional y provincial en diferentes etapas de la política local. El conflicto por los Hielos Continentales fue sin dudas el hecho político que inauguró el uso de la idea de “defensa” –concepto que da por sentado un ataque– y se constituyó en un escenario en el que hacer creer o, en otros términos, hacer verosímil la existencia de un ataque y de una “real” y “genuina” defensa, fue el principal desafío político. El perfil de este conflicto le dio a Néstor Kirchner una visibilidad de carácter nacional, con fuertes impactos de legitimidad interna, ya que su posición no implicaba solo defender los intereses de los santacruceños sino también la soberanía, un componente central de la identidad de los argentinos y un pilar del nacionalismo argentino (Boholabsky, 2008). El escenario o la puesta en escena de la performance de la defensa trascendió los límites provinciales y abarcó la atención de medios nacionales y encuentros en instituciones nacionales, como la Cámara de Diputados.

El conflicto por los Hielos Continentales se desató frente a la propuesta del trazado de la poligonal propuesto por el Poder Ejecutivo nacional dirigido por Carlos Menem, bajo las directivas de su canciller Guido Di Tella. Esto inauguró la primera etapa de conflicto con el gobierno nacional, que tuvo lugar desde el 2 de agosto de 1992, cuando se firmó un acuerdo entre los presidentes de ambos países, Menem y Alwyn. Mediante el tratado se dividían 1057 km para Chile y 1278 km para la Argentina, alegando una “imposibilidad geofísica de determinar dónde están las altas cumbres que dividen las aguas, razón por la cual se hace difícil, oneroso y prolongado los estudios y trabajos destinados a demarcarla”[9].

Frente a la firma del tratado, la postura de los distintos dirigentes de Santa Cruz, especialmente los legisladores nacionales, fue reivindicar el tratado de la Argentina y Chile de 1881, que sostenía que la línea limítrofe pasaba por las altas cumbres, que era la división de las aguas. Las diferencias entre “la perspectiva santacruceña” sobre la delimitación de las fronteras y la del gobierno nacional desató la ola de movilizaciones más intensa y más masiva que sin duda tuvo esa provincia durante los años 90. El volumen y la intensidad de la movilización permiten apreciar no solo la sensibilidad que la sociedad poseía frente a los discursos que resaltaban el carácter periférico de la provincia sino también el poder de la matriz cultural de la desconfianza.

La siguiente cronología y la descripción del posicionamiento de los actores sobre el conflicto muestran la evolución de las movilizaciones y el posicionamiento de representantes de distintos sectores políticos. Se observa, en este sentido, el carácter multipartidario de la convocatoria y el poder de movilización del discurso de la “defensa de los intereses de los santacruceños” y su carácter transversal. Todo el arco político y social de la provincia se vio interpelado por la movilización.

Fecha

Protesta

4/08/1992

Movilización en defensa de los Hielos Continentales en R. Gallegos. En defensa de los hielos continentales (La Opinión Austral, 5/08/1992)

9/08/1992

Acto masivo en Piedra Buena. “Masivo acto en Piedra Buena” (La Opinión Austral, 10/08/1992)

12/08/1992

Viajan Chacho Álvarez y Juan Pablo Cafiero en representación del grupo de los 8 y en defensa de los Hielos Continentales (La Opinión Austral, 13/08/1992)

12/08/1992

Diputados realiza asamblea extraordinaria en los Hielos Continentales con presencia de dirigentes nacionales que apoyan la causa (La Opinión Austral, 13/08/1992)

12/08/1992

Se movilizan estudiantes secundarios y denuncian a Di Tella como traidor a la patria (La Opinión Austral, 13/08/1992)

19/08/1992

Se movilizan 700 personas hacia la zona de los Hielos Continentales. El gobernador lidera un acto en el que están presentes todos los integrantes de la legislatura provincial, todos los intendentes y ciudadanos de toda la provincia. Apertura a cargo del gobernador y realización de sesión extraordinaria de la cámara provincial frente al glaciar Perito Moreno.

6/09/1992

Se frenó en el Congreso el tratado del gobierno nacional que demarcaba la zona de los hielos. Pasan la discusión del tratado a 1993. “Hielos Continentales: el triunfo de Santa Cruz” (La Opinión Austral, 7/09/1992)

Posicionamiento de los actores

Dirigente histórico del PJ con fuertes vínculos con Menem:

La enorme presencia del pueblo de Santa Cruz evidencia el rechazo y el repudio que los santacruceños sentimos por la acción del canciller, cuya falta de valor ni siquiera le permite presentarse aquí para exponer las razones por las que quiere despojarnos del territorio de Santa Cruz, cosa que jamás vamos a permitir […]. “En defensa de los hielos continentales” (La Opinión Austral, 5/08/1992).

Dirigente de la UCR:

Me embarga un sentimiento de bronca, pero también una tremenda ilusión al ver que la gente está predispuesta, más allá de las banderías políticas a tener ejes convocantes como este. Acá hay un claro ejemplo de lo que significa el valor de la patria, no puede existir ninguna razón de Estado que justifique el cercenamiento de un pedazo de patria y esto es lo que manifiesta aquí la gente […]. “En defensa de los hielos continentales” (La Opinión Austral, 5/08/1992)

Dirigente del MOFESA. Sector del PJ crítico del FVS:

Más allá de cualquier tipo de circunstancia, todos los santacruceños y sobre todo los que tenemos responsabilidades tenemos que aunar criterios, cambiar ideas y buscar que la posición de Santa Cruz sea unívoca frente a los temas que hacen a la política nacional […]. “Diputado Puricelli. Aunar Criterios” (La Opinión Austral, 6/08/1992).

Néstor Kirchner lideró, a partir de su postura en oposición al gobierno nacional –muy atravesada por la intervención de los medios de comunicación– esta movilización. La movilización social y la sensibilidad que la sociedad de Santa Cruz mostraba por el territorio alentaron a Néstor Kirchner a oponerse al gobierno nacional. Más aún, fueron los actores políticos que no venían del peronismo los que condicionaron al flamante gobernador, aumentando la representatividad de su opositor, al mostrar una postura de “defensa” ante lo que codificaban como “el avance del gobierno nacional sobre los intereses de los santacruceños”. Efectivamente, el presidente del MID de la provincia de Santa Cruz, José Ramón Granero, criticó la “tardía reacción del gobernador Kirchner y sus ‘tibias decisiones’, poniendo en evidencia la sensibilidad que el tema despertaba en la sociedad y la actitud expectante del entonces gobernador de Santa Cruz (La Opinión Austral, 24/07/1992).

En los hechos Menem no solo era el presidente de la Nación sino también el principal dirigente del partido al que Kirchner pertenecía. Sin embargo, los costos de no sumarse a la contienda podrían haber sido mayores que la confrontación y, como puede observarse, las actitudes “tibias” no eran una posibilidad. Cualquier dirigente político de la oposición o de su propio partido podría capitalizar una movilización social sin antecedentes en la provincia. De ahí en más el principal dirigente del FVS acentuó, a través de una cantidad de gestos políticos, la imagen de defensor, probablemente por comprender el efecto, la sensibilidad, legitimidad y apoyos que emanaban de la sociedad ante ese tipo de actos, pero también, como veremos posteriormente, por su condición de nacido y criado en la Patagonia –una pertenencia social fuertemente afectada por la movilización– y también por la performance política confrontativa que el FPV tenía desde su fundación.

La siguiente declaración del principal dirigente del FVS sobre los hielos continentales muestra la construcción de esta imagen de delegado y defensor de los intereses de Santa Cruz ante el poder central:

Las relaciones entre Nación y SC nunca fueron fáciles y lo siguen siendo porque tenemos un concepto diferente por la cuestión de los Hielos Continentales. Evidentemente esto tiene que hacer tomar conciencia al pueblo de SC que defender principios trae sobrecargas que hay que saber sobrellevar con absoluta dignidad. Esto genera una situación difícil pero no me hace olvidar de la defensa de los intereses de SC, los que están por encima de mi propia identidad partidaria […]. Estoy tratando de generar una conciencia en el conjunto de los santacruceños para que se den cuenta de que muchas veces apelar solamente a una posición coyuntural tratando de levantar su divisa partidaria va en contra de los intereses globales de Santa Cruz (“Kirchner viajó a Bs. As”, La Opinión Austral, 7/08/1992).

Posteriormente, el 21 de agosto de 1992 la dirigencia política de Santa Cruz organizó una sesión parlamentaria extraordinaria en los Hielos Continentales como un gesto de representatividad de la defensa y del carácter real de esta. Como muestran las imágenes, durante la sesión Kirchner caminó sobre los Hielos Continentales y afirmó que se encontraba allí “para estar junto al pueblo de Santa Cruz, llamando la atención de los que conducen los destinos de la Nación y tienen la máxima responsabilidad de decidir en el Congreso”:

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LOP, 28/02/09.

El acto fue realizado de manera simultánea a la reunión de gobernadores en Buenos Aires en la que se firmaba un nuevo pacto federal al que asistió en su reemplazo Julio de Vido. La ausencia de Kirchner en una reunión típicamente asociada con la “causa de las provincias” y su desempeño en la escena de un acto en contra de la política impulsada por el presidente probablemente haya sido considerada evidencia del carácter “genuino” y “firme” en la defensa de los intereses provinciales, posicionamiento acompañado por “la renuncia a los privilegios de la pertenencia partidaria”. Es muy posible que este tipo de gestos “firmes” en contraposición a posiciones “tibias” hayan hecho verosímil su compromiso con la causa, garantizando así una performance exitosa.

La búsqueda de lograr encarnar un rol genuino en este tipo de escenarios fuertemente atravesados por la cuestión nacionalista, transversal a la sociedad y fuertemente emocional, explica, en cierta forma, la necesidad y cierta “obligación” de distanciarse de la política del partido, así como también la obligación de mostrar gestos fuertes y convincentes ante la posibilidad de ser objeto, justamente, de desconfianza; cargando –justamente– con el mote de “antipatria”.

En el contexto de las sesiones extraordinarias Kirchner buscó diferenciarse de las posturas nacionalistas clásicas, caracterizadas por la oposición a los gobiernos y ciudadanos de la comunidad chilena, y orientó su oposición y disconformidad ante el gobierno nacional y a su partido, apelando a las históricas matrices discursivas de la provincia “abandonada” y “no reconocida”:

Esto no pasa por una cuestión coyuntural de nuestra historia o por resolver si una divisa partidaria se puede imponer a la otra u obtener una victoria política pírrica (en el que obtiene más daño el vencedor que el vencido) que no pasa por un hecho de reduccionismo político ni por descalificarnos queriéndonos comparar con figuras del régimen pasado chileno, por el contrario, nuestra historia indica que siempre estuvimos en la vereda opuesta y en la defensa permanente de la democracia […] “en la política no todo es teórico, sino fundamentalmente aplicar a la realidad el pragmatismo, el amor, el afecto sobre esta tierra, y sobre la integración que tenemos con el pueblo chileno […]. Cuesta creer que digan que somos belicistas, si estamos integrados desde siempre quienes tenemos familia chilena, quienes nos hemos criado jugando con niños chilenos, con quienes hemos compartido todo, no se puede hablar con tanta irresponsabilidad desde tan lejos, señaló Kirchner […]”. Kirchner y los HC. No se puede hablar con tanta irresponsabilidad (LOP, 22-08-2009).

Estamos todos juntos y hemos recibido el apoyo de todas las legislaturas patagónicas y de otras provincias. Pero nos gustaría que cada vez que redescubrimos a Santa Cruz no sea precisamente por estos temas como en el 78´, 82´y este ahora. Si no que también empezáramos a ser escuchados […]. No se acuerden de nosotros nada más que por estas cuestiones, recuerden que nosotros siempre estamos allí y mientras más seamos en Santa Cruz más podremos defender la soberanía”. 29-08-1992 (p. 11).

Evidencias de la efectividad política de la performance: el aumento del apoyo electoral

Uno de los interrogantes que se desprenden de los planteos de Alexander sobre la performance es su real efectividad. ¿Cómo sabemos, efectivamente, que las performances desplegadas han logrado el poder sobre las audiencias? Una respuesta a esta pregunta está dada por la observación de apoyos electorales y ciudadanos como parte de reacción a esta. Más aún si, como hemos planteado al principio de este trabajo, se busca entender cómo el FPVS consolidó una nueva base social de apoyos, habiendo surgido con una cuota de votos escasas representando a un partido también endeble en la relación con sus bases.

El análisis de los procesos de elecciones internas del PJ –realizados en el contexto de conflicto con el gobierno nacional por los Hielos Continentales– permite ver cómo la performance política del FPVS se tradujo efectivamente en un aumento del poder electoral. Las elecciones internas de 1996 estuvieron atravesadas (se dieron de manera simultánea) por la nueva etapa del conflicto por los Hielos Continentales. El 12 de diciembre de ese año Menem y Frei habían firmado el protocolo adicional al trazado de la poligonal firmado en 1991 y la dirigencia política nacional, entre quienes se destacaba Néstor Kirchner, comenzó a movilizar la consulta popular. En este contexto de nuevo ciclo de conflicto se realizaron las internas partidarias.

A diferencia del conflicto en 1992, Arturo Puricelli, el contrincante de Kirchner en las internas del partido, en 1996 quedó fuertemente asociado con Carlos Menem. En marzo de ese año, este dirigente había sido nombrado jefe del servicio postal estatal (ENCOTESA) por Carlos Menem y era considerado públicamente como “un hombre del presidente”[10]. Naturalmente, en el contexto de conflicto Puricelli quedó asociado con Menem, que, ante la continuidad del conflicto por los hielos –que tuvo su segundo capítulo en 1996–, era considerado “antipatria” y denunciado por “ir en contra de los intereses de Santa Cruz”. Como efecto, Puricelli tuvo que salir a desmarcarse del entonces presidente:

No soy un delegado de Menem en Santa Cruz. Lo que la sociedad sabe es que yo apoyo todas las cosas positivas, como ya hice, en lo que no estoy de acuerdo voy a hacer oír mi voz sobre toda aquella opinión que los santacruceños tengan. No soy responsable de nadie. Soy el representante de los peronistas en el partido y cuando nuestro sector interno se presente en la disputa de cargos electorales, queremos ser la expresión de los santacruceños […]. Puricelli confía con cambiar las cosas desde el PJ. Queremos ser la caja de resonancia de los reclamos (LOP, 12/12/1996).

El resultado de las elecciones mostró un avance extraordinario de Kirchner sobre el partido y la monopolización de las estructuras; luego de estas elecciones ya no habría otras líneas internas en el interior del peronismo (Sosa, en prensa). El FPVS superó por más del 75% de los votos a Puricelli: 8733 frente a 2890 (Blanca vs. Verde) (LOP, 16/12/96).

Así mismo el triunfo aparecía significado y relacionado con el conflicto por los hielos. En los festejos por los resultados los adherentes del FPVS lo señalaban:

Conocidas las contundentes cifras arrojadas los adherentes al FPVS ganaron la calle en manifestación y se dirigieron a la casa rosada donde se encontraba el Dr. Kirchner. El júbilo expresado por el triunfo, se asociaba con las gestiones que en los últimos días realizara el Gobernador. Al grito de “los hielos no se van” y las consignas “los hielos son santacruceños” prácticamente acorralado por abrazos y saludos, pudo expresarse brevemente, aunque muy poco dada la efervescencia y los cantos de aclamación […]”. Internas en el justicialismo. Categórico triunfo del Dr. Néstor Kirchner. (16/12/96)

“Defender Santa Cruz ante el poder central” como cuasi ritual de la desconfianza

Podríamos interpretar, en clave de Alexander, los sucesivos momentos atravesados por hipótesis de conflicto bélico y confrontación militar y política por el territorio entre la Argentina y Chile de la historia política de ambos países como sucesivos rituales para sostener la cohesión interna bajo el manto de un nacionalismo sostenido en el territorio. De hecho, como ha sostenido mucha bibliografía, la Patagonia y la defensa de su territorio ha sido un elemento central del imaginario nacionalista que funcionó históricamente como un imaginario aglutinante ante una sociedad fragmentada, con un territorio extenso, diversa, nueva y carente de tradiciones y conformada por migrantes recientes de diversas nacionalidades como la Argentina.

Sin embargo, la situación social, el escenario y las actuaciones del principal líder político en el contexto del conflicto por los hielos continentales durante los años 90 no fue uno de aquellos rituales clásicos de nacionalismo. La principal reinterpretación del texto histórico del nacionalismo que realizó el FPV fue ligar la amenaza al territorio al gobierno nacional que consideraba aliado del gobierno chileno en la “entrega del territorio nacional”. De esta manera, el FPV no confrontó abiertamente con la comunidad chilena de Santa Cruz –como había sido común en los conflictos anteriores por el territorio– y generó mediante la escenificación del conflicto con el gobierno nacional lo que Alexander denomina el fenómeno de “extensión cultural”, que supone la identificación psicológica de las audiencias con el texto propuesto con los actores que, en términos generales, puede considerarse transversal a la sociedad santacruceña. Así mismo, este tipo de identificación tuvo un carácter totalizante, ya que no implicó la identificación de una parte de la sociedad, sino que abarcó a la totalidad de los habitantes del territorio. Así, el nacionalismo funcionó como una representación colectiva de trasfondo, pero con una interpretación y escenificación creativa acorde a la situación presente.

Los elementos de la cultura nacionalista fueron combinados en esa escenificación creativa con las representaciones de trasfondo que ligaban los malestares y el destino negativo de la provincia a la responsabilidad del poder central. Estas ideas ya habían sido trabajadas por los partidos políticos que habían querido conformar un partido provincial que se encargara de representar los verdaderos intereses de los santacruceños.

Esta matriz cultural replicaba –de la misma forma que la matriz nacionalista– dos elementos: el carácter transversal y común a todos los habitantes del territorio y los elementos centrales de la desconfianza. Las dos representaciones de trasfondo se sustentaban en la existencia de otros que venían a quitar derechos propios, otros amenazantes o enemigos u otros que eran los responsables históricos de los males de Santa Cruz, elementos afines con la desconfianza. Probablemente por esto aparece y se instala la idea de “defensa” como texto, ya que esta encierra en sí misma la existencia de un ataque o el tipo de acción que debe ser desplegada ante aquellos que vienen a “quitar”, “amenazar”, “atacar” o simplemente son “sospechosos” o de no “fiar”.

Así mismo, estas representaciones colectivas expresan distintas formas narrativas típicas del mundo simbólico. La noción de defensa y la idea de ataque son metáforas que homologan el conflicto político con el bélico militar, la idea de que los hielos continentales son santacruceños responde a un formato sinécdoque –que toma la parte por el todo– y la idea de que hay una riqueza que se posee, que inclusive es brindada a otros, pero que es poco retribuida o saqueada y genera los malestares locales puede ser considerado un mito local.

El capital de credibilidad logrado a través de la performance de la defensa que, como hemos visto, tuvo cierta traducción en apoyos electorales y un posicionamiento mayoritario del FPV en el partido provincial no fue un capital acumulado en 1992 y preservado sin más durante todos los gobiernos de esa fuerza política. Acorde con la mirada no sustancialista del poder, el caso muestra no solo la acción social simbólica, la producción creativa de símbolos y puestas en escenas verosímiles que se lograron traducir en apoyos: también muestra cómo los mismos guiones escritos durante el conflicto fueron nuevamente puestos en escena en sucesivas ocasiones y volvieron a ofrecer similares identificaciones al público de la provincia.

Efectivamente, a la cuestión de los Hielos Continentales –que tuvo varios capítulos durante los años 90[11]– se sumaron otros posicionamientos que formaron parte de la construcción de la imagen de delegado y defensor de los intereses de los santacruceños que recrearon distintos capítulos del “drama” político de la provincia. La postura de gobernador apartidario fue desplegada por Néstor Kirchner en cada uno de los sucesos políticos que se vinculaban con el escenario político nacional y también en las acciones de los representantes de la provincia a nivel nacional. Especialmente Cristina Fernández de Kirchner, primero senadora nacional (1995-1997) y luego diputada nacional por la provincia (1997-2001) y una de las dirigentes principales del FVS.

Néstor Kirchner, encarnando la “defensa irrestricta” de los intereses provinciales, mantuvo una actitud de reclamo por mejores condiciones económicas ante la discusión del régimen de coparticipación de 1993, se opuso temporalmente a la firma del pacto fiscal federal del mismo año y se opuso coyunturalmente a la transferencia de las escuelas frente a la descentralización de la educación en 1992, solo para nombrar algunos hechos políticos significativos.

Cada uno de estos posicionamientos, más allá de su origen ideológico –una dimensión de análisis que debe ser considerada en sus propios términos–, alimentó y consolidó la imagen de delegado y defensor de los intereses de la provincia de Néstor Kirchner, en su condición de “periferia de la patria”, y fueron una de las fuentes de legitimidad de un liderazgo que representaba una organización que, como hemos señalado, había llegado al poder sin un caudal de legitimidad propio y debía posicionarse ante la sociedad. La siguiente nota periodística muestra la imagen de gobernador rebelde y delegado que fue consolidando el principal referente del FVS a nivel nacional y sus impactos a nivel interno:

Entre el optimismo del Dr. Kirchner y la dura réplica de Bauzá, Ruckauf y el propio Cavallo, quedan varias preguntas sobre cuál fue el saldo del encuentro entre el presidente de la nación y el gobernador de Santa Cruz. En apariencia y para no irritar más a Bs. As, el Dr. Kirchner trató de disimular su firmeza en el rechazo plano al pacto fiscal y a partir de allí se tejieron versiones diferentes de un mismo encuentro. Sin entrar a esclarecer lo de un nuevo pacto para las provincias patagónicas rebeldes o la figura de reparación histórica o acuerdo fiscal a instrumentar, lo que quedó claro después de este encuentro es que al Dr. Kirchner le quedan pocos amigos en Buenos Aires, su rebeldía caló hondo en la epidermis del poder y más que errores de interpretación entre personas que dominan el idioma castellano existe una reprobación concreta del gabinete nacional sobre la posición tomada por el gobernador santacruceño […]. Evidentemente, esta posición no puede mantenerse indefinidamente, en el pasado ocurrió algo similar con la transferencia de escuelas y finalmente Santa Cruz firmó. Si esto conviene o no al interés provincial lo dirá el tiempo, por lo pronto las represarías están a la vista, el ministro Cavallo que en Río Gallegos prometió la introducción de rodados para la actividad turística con arancel cero, decidió suspender el beneficio y de aquí en más, cabe suponer, que las transferencias de los fondos nacionales para emprendimientos puntuales, van a sufrir “atrasos por mal tiempo” […]. Electoralmente la controversia con Bs. As. beneficia al gobernador, el sentimiento federal que anida en la sociedad santacruceña se exalta ante cualquier gesto que signifique mojarle la oreja a Bs. As. y el pronunciamiento de los distintos sectores sociales y políticos le sirven al Dr. Kirchner para no sentirse solo en la madrugada […]. Lo que también quedó expuesto en Bs. As. tras declaraciones del gobernador a medios gráficos y televisivos, es la realidad de una Santa Cruz que sufre más que otras provincias, los efectos de un ajuste que han producido éxodo, desocupación y que mantienen en niveles indignos las retribuciones de los agentes públicos provinciales”. (Mario Brigando. Panorama político semanal, La Opinión Austral, 8/09/1993. Las cursivas son nuestras).

La performance de la defensa también fue expresada por otros dirigentes de la fuerza. La actitud confrontativa, autónoma e inorgánica de Cristina Fernández de Kirchner en relación con el Partido Justicialista en su trayectoria política nacional como diputada y senadora, que le valió la expulsión en 1997 del bloque del partido en la cámara alta, puede y debe ser leída en esta clave. Desde su primera experiencia política nacional, como senadora de la provincia, Cristina Fernández manifestó una actitud autónoma y en muchos casos opuesta a los posicionamientos orgánicos del PJ, acciones que le valieron el mote de “La Rebelde”, como la apodó, por aquellos años, la revista El parlamentario[12]. Estas actitudes de autonomía y en muchos casos de oposición al partido tuvieron como resultado la expulsión del bloque oficial.

Sus declaraciones frente al suceso reflejan muy bien cómo esta postura apartidaria expresaba una estrategia de legitimación, en la línea que venimos argumentando, hacia el interior del territorio. La joven senadora se fue del bloque denunciando que la decisión del partido representaba un castigo para su provincia y prometía armar, en compañía del segundo senador por la provincia, el bloque “Santa Cruz”[13].

Pese a que podríamos decir que la situación de los hielos continentales y la fuerza de las representaciones colectivas de Santa Cruz como una provincia abandonada y carente del reconocimiento merecido por los gobiernos centrales fue una reinvención propia de la coyuntura de 1992, existen algunos rasgos del FPV que ya formaban parte de la identidad de la fuerza y que incluso configuraban un tipo de relación con las estructuras partidarias.

Mostrarse confrontativo con los sospechados formaba parte, podríamos decir, del ADN de la fuerza. Como hemos mostrado en Sosa (2017), la condición de actor político marginal del Ateneo Juan Domingo Perón configuró en los miembros originales de esa organización una forma de codificar los problemas políticos de una forma particular: denunciando como responsables del mal estado social a los que estaban adentro. Aquella experiencia originaria le imprimió al FVS una perspectiva particular y un punto de vista que se expresó en todos sus vínculos políticos: pensarse por fuera. La pureza de quien aún no forma parte de las estructuras y la superioridad moral ante los políticos sospechados, reivindicación propia de las fuerzas políticas que pujan por entrar, lejos de ser un discurso pasajero, se convirtió, como hemos mostrado en Sosa (2016), en un discurso constitutivo.

El principal líder de la fuerza no solo poseía una trayectoria atravesada por la distancia, reticencia y crítica de las estructuras y grupos políticos, sus pertenencias sociales y los grupos sociales sobre los que se había construido el Ateneo Juan Domingo Perón eran efectivamente sectores marginales de la política local y su impronta outsider y de denuncia de las estructuras partidarias y sus formas de representación expresada en su impronta originalmente “confrontativa” le había impreso cierta identidad a la fuerza. Probablemente, algo de esta impronta explique en cierta medida la naturalidad y la destreza del FPV para representar –en este y en otros momentos de su historia– los guiones de conflicto. A modo de hipótesis podríamos preguntarnos si la puesta en escena de un conflicto con aquellos sobre los que se sospecha y la puesta en escena de la desconfianza ante la denuncia del ataque o de la amenaza a los intereses o sobre representaciones colectivas asociadas a la desconfianza no han sido o pueden considerarse fuentes de legitimidad, especialmente en sociedades donde la desconfianza puede considerarse un rasgo estructural.

Conclusiones

Este trabajo aborda una de las principales estrategias políticas desplegadas por el FPVS en su consolidación en la provincia de Santa Cruz, en el contexto de debilitamiento de las bases del peronismo y crisis partidaria. Hemos mostrado cómo la representación de la “defensa de los intereses provinciales ante el poder central” y/o la defensa de la “abandonada periferia de la patria” fue un eje central de la construcción del liderazgo de Néstor Kirchner, el principal referente de la nueva organización política en el poder.

El trabajo reconstruye principalmente la mencionada estrategia en el contexto del conflicto entre la Argentina y Chile por el trazado de la poligonal –que dividía el territorio entre ambos países– resuelto mediante un acuerdo en 1992 entre los presidentes de ambos territorios, Carlos Menem y Patricio Alwyn. El acuerdo entre presidentes generó en la Argentina reacciones diversas que abrieron un escenario de polémica en el que el FPVS se posicionó, desplegando una estrategia que, como hemos señalado, fue central en su consolidación.

A lo largo del texto buscamos interpretar esta estrategia de representación como una performance exitosa, partiendo de las categorías de Alexander (2011). Desde su perspectiva sobre la dimensión cultural del poder político intentamos mostrar cómo el FPVS consolidó –mediante esta– apoyos sociales que le permitieron afianzarse en el poder provincial, a pesar del debilitamiento de las bases de su partido y la pérdida de legitimidad de los actores políticos.

Así mismo, mostramos cómo esta construcción implicó el establecimiento de un diálogo y una interpretación de “representaciones colectivas” que formaban parte de la cultura social y política de la Patagonia en general. Su condición de zona de frontera, su intensa presencia militar, la fuerza de las ideas nacionalistas, así como también su lejanía de los grandes centros urbanos, sus grandes extensiones, su baja población y su clima, fueron moldeando durante el siglo xx símbolos y significados arraigados en una matriz cultural denominada “cultura de la desconfianza” (Sosa, 2014 y 2015). La puesta en escena de un guion político construido con elementos propios de este rasgo social fue, como hemos tratado de mostrar, un elemento central de su éxito político.

“Defender Santa Cruz”, como la misma frase expresa, supone la existencia de un ataque. Esta fue la definición política que recibió el trazado de la poligonal que expresaba el acuerdo entre los presidentes de Chile y la Argentina. El FPVS se instaló, mediante esa definición, como el “defensor”, pero no ante la “amenaza chilena” sino ante el principal líder del PJ a nivel nacional y presidente de la nación. Posteriormente, el gobierno de Kirchner recurriría de manera reiterada a la figura del defensor tanto en lo que refería al conflicto por los hielos continentales –que tuvo posteriores capítulos durante los años 90– como ante diversas políticas en las que logró volver a recrear el sentimiento local de desconfianza, principalmente a todo aquello asociado con Buenos Aires, el “centro” y el carácter “abandonado” de Santa Cruz.

Bibliografía

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  1. Alexander define los rituales como “episodios de comunicación cultural repetida y simplificada en la que tanto participantes directos en una interacción social como quienes la observan comparten una creencia común en la validez descriptiva de los contenidos simbólicos de la comunicación y aceptan la autenticidad de las intenciones respectivas. Los rituales tienen su efecto y su afecto debido a la existencia de esta comprensión compartida de su intención y su contenido, así como a la validez intrínseca de la interacción. La eficacia ritual renueva la energía de los participantes vinculándolos mutuamente, refuerza su identificación con los objetos simbólicos de la comunicación e intensifica la conexión de los participantes y los objetos simbólicos con la audiencia de observadores, la “comunidad” relevante en general (2011, p. 61).
  2. NYCS y VIQS.
  3. La descripción sobre la nota publicada en la revista Noticias fue publicada en “Gobernador Kirchner fue elegido el mejor gobernador” (La Opinión Austral, 31/12/1996).
  4. Documento Hielos Continentales. A propósito del trabajo ¿Aprobación, rechazo o superación? Que firman los senadores Cafiero, De la Rosa, Gioja y Sala realizado por la Senadora Nacional Cristina Fernández de Kirchner.
  5. Véase “Gobernador Kirchner fue elegido el mejor gobernador” (La Opinión Austral, 31/12/1996).
  6. Ibíd. anterior.
  7. Un sector que expresó este tipo de posicionamientos fue un grupo de intelectuales y profesionales que de manera muy activa conspiraron contra el gobierno provincial del Comodoro Raynely en los años 70, liderados por un exdiputado de la UCRI y reconocido intelectual de la política santacruceña, Alcides P. Pérez Gallart (Auzoberría, Luque y Martínez, 2007). Estos sectores, liderados por el exdiputado, observaban un espacio vacante en el electorado provincial denominado como la “Tierra de Nadie”, expresado en aquellos que no se sentían representados por los grandes partidos con representación nacional, los cuales siempre daban prioridad a las “directivas” nacionales, incluso a veces contra los intereses provinciales (Auzoberría, Luque y Martínez, 2007).
  8. La importancia que fue adquiriendo el discurso que denunciaba el carácter de periferia de la patria de la provincia, en detrimento del discurso que señalaba como principal virtud del gobierno su capacidad de generar orden, es muy visible ante la comparación de los distintos discursos de inauguración de sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia durante toda la década de 1990. A propósito, pueden consultarse los discursos inaugurales publicados en los diarios de sesiones parlamentarias de los años 1992 hasta 1999 detallados en el apartado de fuentes.
  9. Fragmentos del acuerdo Menem-Alwyn del 2 de agosto de 1991. Extraído del documento Hielos Continentales. A propósito del trabajo ¿Aprobación, rechazo o superación? Que firman los senadores Cafiero, De la Rosa, Gioja y Sala realizado por la senadora Nacional Cristina Fernández de Kirchner.
  10. El diario La Nación titulaba el 8 de marzo: “Menem puso a un hombre suyo en el correo” (La Nación, 8/03/1996).
  11. Durante 1997 el conflicto por los hielos tuvo un nuevo capítulo. En esa ocasión, se montó el mismo escenario que en 1992, con algunas variaciones. En esa ocasión se realizó el programa Hora Clave de Mariano Grondona desde los Hielos con el apoyo del diario La Nación, fuertemente interpelado por la causa nacionalista. Para una descripción del escenario, véase https://bit.ly/3M39Bms
  12. Véase “Hace 10 años echaban a Cristina Kirchner del bloque del PJ”. Por José Ángel Di Mauro (Parlamentario. Com., 11/05/2007).
  13. Véase “Hace 10 años echaban a Cristina Kirchner del bloque del PJ”. Por José Ángel Di Mauro (Parlamentario. Com., 11/05/2007).


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