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8 Figuraciones de la “Patagonia rebelde” en la prensa y la literatura
de la región austral

Betina Ferrante

Este capítulo continúa y presenta una actualización de investigaciones realizadas en el marco de mi tesis doctoral sobre las representaciones de las huelgas patagónicas de los años 20 del siglo xx denominadas “la Patagonia rebelde”[1]. En la prensa santacruceña y metropolitana, en folletos de las sociedades obreras y en algunas manifestaciones literarias correspondientes a ese período, se tramaron figuraciones en un imaginario inicial que pervivió –ya sea para ser recreado o en operaciones de desplazamiento– en manifestaciones literarias y culturales posteriores. Se analizan, a manera de proyecciones y nuevos materiales de un corpus siempre dinámico, dos producciones textuales que no cuentan con abordajes previos. En primer lugar, la novela Los lobos de la Patagonia, de José Seguí Marty. Publicada poco tiempo después del conflicto y caracterizada por su autor como “novela social”, se torna relevante no solo porque no ha sido analizada, sino además porque su autor se desempeñó como director del diario El Orden de Puerto Deseado durante los años 20 del siglo xx. Así, en los cruces entre literatura y prensa este texto dialoga con las imágenes que en estos discursos se configuraron para la época. Como parte de esos entramados reproduce muchos de los tópicos, aristas y temas que van configurando un imaginario. No obstante esto, existe como emergencia un planteo que se encuentra en consonancia con postulados del periódico mencionado y que constituye una novedad dentro de esa trama: el análisis del conflicto obrero según una clave de lectura que lo inscribe, y lo supedita, a la discusión por el derecho a elegir autoridades municipales y jueces de paz. Se propone entonces que esta novela se construye en los cruces entre ese planteo (que, como se mencionó, refuerza un reclamo de El Orden) y las características de un género literario, el folletín, del que, si bien no cumple los rasgos formales más característicos, toma elementos en la constitución de la trama y de los personajes.

Por otra parte, se indagarán las proyecciones que las imágenes sobre las huelgas y sus protagonistas tuvieron en la prensa chilena, a partir del análisis de una pugna surgida en el periódico El Natales, publicado en la región magallánica. Las múltiples relaciones entre las dos zonas australes, que incluyen también los vínculos entre los obreros y huelguistas, representan el marco de estos debates.

Representaciones en torno a las huelgas santacruceñas en los años 20 del siglo xx. Un panorama[2]

Los sucesos ocurridos en Santa Cruz en los años 20 del siglo xx, designados a partir de la pionera y monumental investigación de Osvaldo Bayer (1986) como “La Patagonia rebelde”, fueron el referente periodístico más relevante en las publicaciones locales durante los años en los que transcurrió el conflicto.

Las publicaciones periódicas operarán discursivamente en la conformación de dos campos semánticos antagónicos. Quienes responden a los intereses de los estancieros configurarán imágenes del huelguista como bandolero, anarquista disruptor del orden y, en conjunción, extranjero opositor a la nación. Al otro lado del binomio, los periódicos y manifiestos defensores de la postura de los obreros construirán los sucesos en términos del conflicto laboral. Algunos elementos aportados por el discurso periodístico e historiográfico permiten pensar la elaboración de los episodios de represión de las huelgas como la lucha por sostener el orden hegemónico del Territorio Nacional de Santa Cruz, en el que la estratificada sociedad se encuentra totalmente relegada al poder de los grupos latifundistas, y al que se lo quiere preservar de conflictos sociales. Estos elementos están constituidos, por un lado, por la simplicidad de las reivindicaciones contenidas en los pliegos redactados por los obreros, y por otro, por un dato fundamental para la consideración de los hechos: el artículo que constituyó el mayor impedimento para que los estancieros, quienes en su mayoría formaban parte de la sociedad Anónima Exportadora e importadora de la Patagonia, firmasen el pedido que demandaba el reconocimiento formal del delegado de la Sociedad Obrera de Río Gallegos[3].

En consonancia con la Ley de Residencia y otras acciones estatales tendientes a expulsar a quienes alteraran el statu quo, esto es, a los dirigentes obreros, en su mayoría extranjeros, y siguiendo los postulados de los higienistas sociales que extendieron su preocupación por las enfermedades infecciosas físicas a las “enfermedades” ideológicas, espirituales o morales (Salessi, 1995), se crean las hipótesis de complot contra el cuerpo social, visto esta como un cuerpo orgánico cuyo poder de enunciación se adjudican los hacendados y sus voceros. Este discurso fue el que circuló en los medios metropolitanos: La Nación, La Prensa, La Fronda, El Pueblo (y también en las publicaciones de Punta Arenas, ciudad en la que se sucedieron huelgas obreras que incidieron en las santacruceñas y en varias publicaciones riogalleguenses). El interés de este conjunto de publicaciones se presentará, de acuerdo a las tendencias de cada una de ellas, más orientado a la lucha contra el anarquismo y las corrientes de izquierda relacionadas particularmente con la inmigración europea, o bien a la defensa de los latifundistas, o a la crítica al gobierno yrigoyenista por su participación “débil” durante la primera etapa del conflicto.

Las publicaciones santacruceñas La Unión y El Nacional, que antes y después de los acontecimientos plasmaron en sus páginas las huelgas obreras acaecidas en Santa Cruz durante los años 1921 y 1922, actuaron como dispositivos de fabricación y mantenimiento del statu quo en la Patagonia. Si bien, de manera general, se puede decir que en lo que concierne al tratamiento del conflicto obrero presentan coincidencias, las disidencias surgen debido a las vinculaciones de cada uno de los directores: Brissiguelli (editor de El Nacional) patrocina la intervención y el modo de operar del gobierno radical a partir de la defensa de la figura del ejército. Edelmiro Correa Falcón, secretario de la Sociedad Rural, responde plenamente a los estancieros y por lo tanto es crítico respecto de la primera intervención del teniente coronel Benigno Varela por solicitarles a los hacendados ratificar y suscribir el pliego de condiciones de los obreros. No obstante, en el transcurso de la segunda etapa del conflicto, período de recrudecimiento de los acontecimientos trágicos por la existencia de detenciones y ejecuciones, los dos periódicos sostendrán posicionamientos análogos. En su rol de órgano de expresión del grupo dominante y por tanto de construcción de la hegemonía local, el periódico tomará a su cargo la justificación de la represión y los fusilamientos. Se conforma así una representación del huelguista como un extranjero enemigo de la nación, en asociación a la figura de un cuerpo social sano al que la población de la cual se consideran voceros quiere preservar, y un elemento insano que irrumpe para romper este orden. Otra de las representaciones que se construyen es la que asocia al huelguista con el bandolero. Se omite la referencia a hechos particulares y se va construyendo esta representación a partir de la reiteración de sucesos expresados con vaguedad.

En cuanto a la prensa proobrera en Santa Cruz, el periódico 1° de Mayo y los folletos producidos por los obreros en la región pueden interpretarse a la luz de las metáforas e imágenes que allí se construyen y que permiten pensar que, más allá del conflicto gremial, se desprende la postulación de una sociedad utópica en oposición a la enferma sociedad actual, cuyas características pueden encontrarse a lo largo de muchos de los artículos. Con la inversión del binomio sanidad-insanidad planteado en la prensa vocera de los grupos hegemónicos, presentan el orden futuro como aquel que es sano, mientras que la actualidad es caracterizada como infecta. Alineado ideológicamente con estos textos aparece el periódico La Verdad, de José María Borrero, quien respalda la causa de los huelguistas.

Estas dicursividades se inscriben en el período de emergencia de la prensa obrera nacional. Como señala Mirta Lobato, a finales del siglo xix comenzó la circulación de una gran cantidad de periódicos cuyos destinatarios eran los trabajadores. Estas publicaciones divergían entre sí y se clasificaban a partir de su pertenencia a distintas ideologías; no obstante, podía reunírselas bajo la consigna “saber es poder”, en tanto se erigía el conocimiento como modelo de liberación del dominio burgués. En este sentido, los periódicos gremiales se constituían como dispositivos pedagógicos que buscaban eliminar de la cultura obrera los males que introducía el pensamiento burgués a través de los diarios hegemónicos (2009, p. 10). Gracias a la colaboración de José María Borrero, los obreros pudieron imprimir el periódico 1º de Mayo. Asimismo, circulaba entre los peones un conjunto de variados folletos que se propagaban por la ciudad y, principalmente, por el campo. Los referentes de los artículos cubren una amplia gama que va desde noticias sobre la situación del conflicto, opiniones sobre las divisiones internas de la Sociedad Obrera y sobre los miembros que la integran, consideraciones acerca de los integrantes y poemas sobre los krumiros (obreros que no acataban el paro) hasta prosas de un estilo más cercano a los manifiestos políticos, que reflejan formulaciones sobre la sociedad y los órdenes políticos-culturales escritos con base en un universo de ideas proveniente de autores anarquistas como Bakunin y Eliseo Reclus, que dan cuenta de una formación ideológica y probablemente de operaciones de préstamos e intercambio con publicaciones anarquistas de otros lugares.

Los lobos de la Patagonia

En diálogo con las representaciones anteriores, Los lobos de la Patagonia, de Luis Seguí Marty, objetará las imágenes de extranjería y bandolerismo y adherirá a la causa obrera desde una perspectiva desde la que no se presentarán los hechos en términos de un conflicto de clases, sino que los desencuentros entre obreros y sectores estancieros son responsabilidad del gobernador y de otras autoridades designadas por el gobierno nacional que no están capacitadas para actuar como intermediarios. Así, estas huelgas son una prueba más de que los funcionarios del gobierno deben elegirse mediante el voto y que debe aplicarse la ley y darse lugar a las elecciones municipales y de jueces de paz.

Esta línea argumental se encuentra en consonancia con los planteos sostenidos por el semanario El Orden de Puerto Deseado, publicación dirigida por Luis Seguí Marty durante un breve período. Esta publicación (sigo aquí el estudio de Ulloa) comienza a circular en Puerto Deseado el 5 de agosto de 1920. Ramiro Ramos, inmigrante español que se radicó en las tierras deseadenses en 1894, fue su fundador, y el origen del periódico se encuentra vinculado a la constitución de la Comisión Promunicipalidad, designada por una asamblea popular, la cual tenía como objetivo realizar las gestiones pertinentes a efectos de conformar la gobernación municipal. En lo que concierne a las huelgas obreras, el inicio del conflicto en Puerto Deseado no está directamente imbricado con el conflicto estructural de trabajo versus capital y las precarias condiciones laborales de los peones rurales, sino que manifiesta otro problema estructural de la época, esto es, la conformación de un sistema de gobierno, en el que el poder político se encuentra en pugna hasta que se logra la conformación de un gobierno municipal. En principio la publicación apoyará los reclamos del sector obrero, pero luego adherirá a algunas figuraciones que lo representan como bandolero (Ulloa, 2017, p. 2).

En la novela se relata la historia de un viajero que por motivos laborales se instala en Puerto Deseado, denominado “Puerto X” en el texto. En el buque en el que llega a la localidad, viaja con dos mujeres; una de ellas, Manuela, será la protagonista femenina de la historia. El hilo argumental trama la desdichada vida de Manuela, quien, en principio, y de manera casi obligada, debe ejercer la prostitución en un cabaret de la localidad y luego parece resolver sus problemas en un feliz matrimonio con un jornalero. Sin embargo, las autoridades locales atentan contra este bienestar con impuestos injustos o con la amenaza de quitarles las tierras para otorgárselas a un estanciero. El protagonista es amigo de la muchacha, queda embelesado con sus virtudes e intentará socorrerla ante las vicisitudes que se presentan. En esta trama característica de la literatura sentimental aparece como referente el conflicto obrero de los años 20 del siglo xx, y se insertan así las representaciones que se inscriben en el género asignado por el propio autor: el de la novela social. Más allá de este subtítulo con el que Seguí Marty cataloga a su propia obra, podemos encontrar en este texto –y esa es la clave de lectura a partir de la cual se lo analiza– las características de la literatura folletinesca, particularmente en la construcción de la trama y la representación de los personajes[4]. Las huelgas se enlazan con la vida del protagonista porque ayudará a la esposa de un obrero que ha sido apresado ya que las autoridades locales encarcelan a algunos huelguistas y asesinan a uno de ellos durante una marcha de protesta.

La obra se vincula con la prensa periódica en varios niveles: en primer lugar, al referenciar las huelgas de 1920/1921, participa de las representaciones que se habían configurado durante el conflicto y se desplaza de manera explícita de algunas de las imágenes que preponderaron. En segundo lugar, su autor, como se mencionó anteriormente, fue director del periódico El Orden de Puerto Deseado durante la década mencionada y las representaciones de las huelgas que aparecen en la novela pueden analizarse en consonancia con planteos de esta publicación en favor de las elecciones para autoridades municipales y juez de paz; y, por último, si bien no se publica propiamente siguiendo las convenciones del folletín –por entregas y en una publicación periódica– la novela adopta algunos de los tópicos propios de este género.

Melodrama y reclamos por derechos de ciudadanía

La historia principal, las desdichas de la muchacha y su relación amorosa con Bartolomé, dueño de una pequeña quinta, se relata en cruces constantes con las huelgas obreras que aparecen solo en una parte de la obra y que quedan supeditadas a la denuncia de la corrupción de las autoridades puestas en el territorio por el gobierno nacional y el reclamo de la efectivización de la elección municipal, que se presenta como la única solución para esta situación. Si bien la obra no cumple con la convención más cristalizada del folletín (que es la entrega en capítulos en la prensa periódica), puede vislumbrarse cómo se apropia de las características de este género en cuanto a la configuración de la trama y la creación de los personajes. La inscripción de la novela en este género, característico de la cultura popular, tiene efectos de sentido sobre la visión del conflicto obrero ya que este se supedita, por un lado, a la historia de amor y desdichas de la protagonista, y, por otro, al reclamo por los derechos de ciudadanía.

Este género y la novela sentimental ya circulaban en la prensa santacruceña en los años 20 del siglo xx, como parte de un fenómeno de proliferación de estos textos y de consumo masivo a nivel nacional. Aparecen así, en distintas publicaciones santacruceñas, tres folletines: Viaje al país de los matreros, de Fray Mocho, publicado por El Radical a partir de enero de 1922 (A.5); Mi conciencia vestida de rosa, de Guy de Chantepleure en El Orden de Puerto Deseado en 1925, y El fuego. Diario de un pelotón, de Henri Barbusse en La Fronda en junio de 1928 (A.6). Asimismo, se menciona en La Unión, en un artículo publicado el 25 de junio de 1923 titulado “Próxima ampliación de La Novela del Día”, las características de la nueva edición de esta publicación, que cuenta, según se manifiesta, con muchos lectores en la región (Ferrante, 2013, p. 243).

La novela se publica en los años 20 del siglo xx (no existen datos sobre la fecha exacta), se señala que es una edición del autor y se la subtitula como “novela social”. Desde el inicio se presenta el conflicto en la voz del protagonista. Existen en Puerto X dos sectores enfrentados: aquellos que pugnan porque el gobierno central en cumplimiento de la ley implemente las elecciones “en administración autónoma de los intereses locales, es decir, que eligiera su municipalidad y su juez de paz” (31)[5]. Este conflicto se expone ya desde el epígrafe, que consiste en un artículo del diario La Nación de 1923. Luego de señalar la autoridad que tiene el diario fundado por Bartolomé Mitre, se reproduce el fragmento de una nota denominada “El problema de los territorios”, la cual se plantea cómo estos espacios son materia para enviar autoridades a las que el gobierno central se ve obligado a designar algún cargo. Los términos de análisis de la novela siguen esta línea y se explican los problemas de la región a partir de los enfrentamientos entre grupos antagónicos que promueven o se oponen a la ejecución de la norma que permite las elecciones. Entre los segundos se encuentran las autoridades locales nombradas por el gobierno central, que no quieren perder sus beneficios y privilegios:

Las tierras áridas y malditas –según Darwin– han sido domeñadas y convertidas en frente de producción, de riqueza y de prosperidad, gracias a la labor, perseverante, ardua, gigantesca, en verdad admirable y merecedora de encomio, desarrollada por pobladores y hacendados […] en vez de autoridades han recibido desde tiempo inmemorial, bandas de logreros, de vividores son honor, que les han explotado y martirizado en nombre de gobiernos nacionales (p. 36).

El fragmento expone la representación principal que en el texto se instala sobre los problemas del territorio en reenvíos a discursos que se constituyeron en la creación de los primeros imaginarios sobre la Patagonia sur: aquella formada en el relato de viajes, en este caso de viajeros ingleses, pues se retoma la figura de Charles Darwin, quien instaló la imagen de tierra desierta y estéril[6] y, además, se entroniza al pionero como esa figura que logró constituir un espacio de prosperidad en medio de innumerables dificultades.

Por su parte, la relación entre prensa y construcción de ciudadanía fue un fenómeno de gran relevancia en Santa Cruz y en la Patagonia en general durante las tres primeras décadas del siglo xx. Esta importancia se debe particularmente a que la región formaba parte de los territorios nacionales en los que los habitantes eran (en términos de Martha Ruffini) ciudadanos nominales debido a que su derecho al voto estaba restringido. No eran ciudadanos, ya que para ser considerados tales deberían poseer plenos derechos sociales, civiles y políticos. Los territorios se regían por la ley 1532 sancionada en 1884, mediante la cual se crearon nueve divisiones administrativas fuera de los límites atribuidos a las provincias, y se estableció que cuando alguna tuviera 30.000 habitantes constituiría su propia legislatura, y cuando alcanzara los 60.000 podría ser declarada provincia. Las poblaciones de más de 1000 habitantes tendrían concejo municipal electivo; el resto, comisiones de fomento designadas por el gobernador, representante y delegado nombrado por el poder ejecutivo nacional. La ley apuntaba a fusionar los intereses locales y evitar los principios de división, de manera de subordinar el interés regional al nacional y lograr así la homogeneización de la futura sociedad. Para esto se consideró indispensable llevar a cabo una acción unificadora por parte del gobierno central. Esta legislación, que surge y se manifiesta con carácter provisorio, regirá hasta los años 50, momento en el que se provincializan los territorios nacionales (1955 en el caso de Santa Cruz)[7].

En cuanto a su inscripción literaria, al apropiarse de convenciones del folletín, la novela expone los hechos en torno a una trama correspondiente a la literatura sentimental en la que el amor y las peripecias tienen un lugar central. Como género privilegiado dentro de la cultura popular, el folletín ha sido objeto de análisis en los términos que traman el debate sobre este tipo de cultura y que tiene como eje los efectos que causó en el público que los consumía, mayormente capas de la población recientemente alfabetizadas. La época de mayor proliferación es la misma de los sucesos de “la Patagonia rebelde” y las consecuencias que se le atribuyeron como efectos en las prácticas de lectura oscilan entre la evasión y la conformidad o la toma de conciencia de las problemáticas sociales que esos textos abordaban. Así se los analiza desde perspectivas que sostienen que causan en los receptores efectos de manipulación y subordinación y otras, que, en las antípodas, piensan que pueden ocasionar agitación revolucionaria. En cuanto a las primeras, se concibe a la literatura popular como un producto destinado a entretener a los lectores. En este sentido, esta ofrece un modo de consuelo y de realización en el mundo de la ficción frente a los males soportados y los sueños incumplidos en la vida; por ello, la oposición entre individuo y cuerpo social no se refleja en sus tramas. Sus formas recurren a la repetición y el encuentro con matrices conocidas como uno de los mecanismos para lograr el placer de la lectura. El segundo grupo de perspectivas teóricas, en oposición, vislumbra la posibilidad de una toma de conciencia y consecuente rebeldía, así como de un modo de influencia sobre la conducta en general, como efectos de la lectura.

Dentro de las primeras perspectivas se encuentran los planteos de Beatriz Sarlo (2000), quien indaga la novela semanal de las primeras décadas del siglo xx. El análisis se centra en la retórica y efectos de lectura de estas narraciones, evaluando principalmente el consumo masivo de que fueron objeto. En una economía discursiva ajustada a la trama sentimental, la felicidad se logra con la falta de imprevistos; el lector no es interpelado ni el proceso de lectura requiere esfuerzo. Los efectos, por tanto, son altamente satisfactorios: el placer de la repetición, del reconocimiento y el encuentro con matrices conocidas. Caracteriza a estas narraciones como regionales definiéndolas a partir de la hegemonía de un mismo referente y la insistencia en el tratamiento de una misma temática referida a la subjetividad, a las emociones como el amor, el deseo y la pasión. En Lobos de la Patagonia la trama principal responde a una historia de amor y sufrimiento: la de la bella y pobre muchacha que padece primero las vicisitudes de la vida en un burdel y luego las injusticias que se comenten contra su esposo, a quien quieren quitarle la porción de tierra que les permite sobrevivir. Se reiteran tópicos vinculados con cada uno de los padecimientos de la muchacha y en cada caso recibe ayuda por parte del protagonista. Las historias vinculadas con las huelgas se constituyen como narraciones secundarias respecto de este conflicto. Sarlo señala asimismo que estos textos muestran un mundo poblado de una injusticia que siempre es puntual, como por ejemplo un oponente que no permite el amor. En la novela son autoridades específicas, el gobernador y el grupo que lo apoya y que se opone a las elecciones en los cargos municipales y de juez de paz, que en principio encarcelan a los obreros y, en segundo lugar, no saben mediar entre obreros y estancieros; de este modo aparecen como causantes de los problemas de la región, incluidas las huelgas.

Así, la responsabilidad por la situación del territorio y de los problemas de los obreros que se van agravando, aunque la novela no llega hasta la instancia final de los fusilamientos, se atribuye a estas autoridades y aunque se menciona cómo los estancieros solicitaban medidas en contra de los huelguistas, se configuran imágenes de un espacio en que la convivencia entre sectores sociales antes del conflicto era ideal y sin disrupciones:

Hablábase de huelgas armadas, de actos de bandidaje, de asaltos a estancias y de un montón de horrores de este tenor que alarmaban a la población, tranquila hasta ese entonces, y hasta entonces confiada, en la buena amistad que había siempre entre sus habitantes. Era un ambiente de verdadera democracia, diré de camaradería, en que pasaron años y años sin menoscabo de gerentes y patrones, ni engreimientos ni procacidades de inferiores y obreros (p. 51).

Esta cita exhibe también cómo en la novela se discute con el imaginario creado por publicaciones como El Nacional y La Unión, objetando las representaciones de bandolerismo. Sin embargo, pueden interpretarse como fundamentos para justificar el miedo de los estancieros y enfatizar así en la falta de capacidad de los funcionarios del territorio para mediar en el conflicto. En este sentido también, la crítica literaria plantea que en los textos de la cultura popular, si bien las causas de los obstáculos a la felicidad del mundo íntimo surgen en el seno del orden social, no se plantea el cambio de sus reglas. Las clases sociales y las inscripciones desiguales en el orden social no representan un conflicto en la novela; existe una situación puntual que surge de la falta de elecciones. De este modo, la Sociedad Anónima Exportadora e Importadora de la Patagonia (sector comercial y latifundista de mayor relevancia durante las huelgas) se representa con el nombre de La Sudamericana y se expresa (además del temor que en sus miembros suscitan las figuraciones falsas, como lo indica la cita precedente) su voluntad de cumplir con el pliego de requerimientos realizado por los trabajadores:

La sucursal La Sudamericana aceptaba casi en su totalidad las condiciones del pliego […] la actitud de los huelguistas continuaba siendo pacífica y correcta […] el modesto funcionario, que, por azares de la fortuna, desempeñaba el cargo de gobernador, demostró en tal emergencia a cada paso su incapacidad para tan importante puesto en las difíciles circunstancias del momento (p. 50).

Los obreros se mencionan siempre, como en este fragmento, como un grupo; en ningún momento se los individualiza. Constituyen un conjunto que se encuentra preso o que está en una manifestación. Conocemos el primer conflicto con el que se encuentran, el del encarcelamiento, a partir de la voz de la esposa de uno de ellos, personaje que lo enuncia al personaje principal. Asimismo, se manifiesta la forma pacífica de su accionar y el protagonista, que narra los hechos en primera persona, señala su simpatía por ellos y la solidaridad con la causa.

Otra convención del género es la del recurso de la mirada que aparece vinculado con la figura de la bella pobre que es por excelencia la protagonista de las novelas semanales, pues la mayoría tienen por personaje principal a mujeres cuya belleza supera su condición socioeconómica. Esta belleza hace que hombres que según las convenciones sociales no deberían ser sus objetos de deseo conozcan y se interesen por estas protagonistas, que se debaten entre la aceptación o rechazo de las propuestas amorosas debido a las problemáticas que generan las desigualdades sociales en el amor. Así, el personaje que pertenece a un sector social diferente a la de Manuela queda embelesado con su mirada desde la primera vez que la ve y aunque solo habrá entre ellos un vínculo de amistad resaltará siempre su beldad, particularmente la de su mirada, pues ella “atraía con sus simpáticos ojos, oscuros, grandes y melancólicos” (p. 16).

Por otra parte, Antonio Gramsci, quien establece una categorización para la novela popular, cuyas formas, según plantea, si bien no aparecen en estado puro, se presentan como formas de características generales definidas. La primera tiene carácter ideológico y político; la segunda es de tipo sentimental, no político en sentido estricto, pero en el cual se expresa lo que se podría llamar “una democracia sentimental”; luego expone en la tipología a la novela de intrigas pura, que tiene un contenido ideológico conservador reaccionario. La cuarta es la novela histórica que además de su carácter histórico tiene un carácter ideológico-político, pero menos evidente; siguen la novela policial y la novela tenebrosa (fantasmas, castillos, etc.), la novela científica de aventuras geográfica, que puede ser tendenciosa o simplemente de intriga y, por último, la que representa una tentativa inconsciente por satisfacer las exigencias culturales de algunos estratos populares culturalmente más complejos (Gramsci, 1985, pp. 131-132). Entre la novela sentimental y la histórica se encuentra Los lobos de la Patagonia. El final de la obra responderá a una característica muy usual del folletín y de las narraciones pertenecientes a la cultura popular, que es la de tener un “final feliz” que surge por motivos puntuales, que no responden al cambio del orden social o a una transformación siquiera parcial. Este tópico ha hecho que gran parte de la crítica literaria y cultural vea en esta convención una forma de generar conformismo, pues el efecto de la lectura radica en esperar que las cosas se resuelvan, o bien mediante hechos que se vinculan con el azar o la magia, o bien surgen de soluciones puntuales, ocasionadas en general por personajes que ayudan a quien está en problemas. En la resolución de la novela, Manuela y su esposo se despiden del protagonista, que regresa a Buenos Aires. Exponen que se quedarán en esas tierras australes porque a pesar de todos los obstáculos están convencidos de que los problemas se resolverán. Además, aparece la esposa del obrero encarcelado, que ha sido liberado. Se resuelven así, por un lado, los problemas del matrimonio, que espera prosperar, y, por otro, el de los obreros injustamente encarcelados que han salido, y en ese punto de la huelga terminará la representación. Las acciones siguientes y los fusilamientos no aparecerán mencionados. De este modo, en los cruces entre el folletín y los reclamos por la ciudadanía se lee una parte de las huelgas en lo que concierne a los hechos sucedidos específicamente en Puerto Deseado en los inicios del conflicto.

Figuraciones transfronterizas

El periódico El Natales publica en marzo de 1922 dos notas vinculadas con las huelgas santacruceñas. Este semanario fue fundado el 1.º de marzo de 1921 en la ciudad de Puerto Natales por Juan M. Aliberti y Andrés Ribas, quien fue además su primer director. Los múltiples intercambios y vínculos entre las dos regiones australes durante esta década tienen su correlato en las relaciones entre las sociedades obreras de Magallanes y de Santa Cruz a partir de reuniones sindicales y de la llegada de obreros chilenos al territorio nacional argentino. En este marco, las figuraciones sobre el conflicto y sobre los obreros se representan a uno y otro lado de la frontera. Un artículo de opinión publicado el 22 de marzo titulado “Bandidos en Magallanes” representa la antinomia en estas imágenes y reproduce el binomio que en la prensa argentina, tanto metropolitana como regional, se había configurado en términos de bandolerismo, complot soviético y extranjería, por un lado, y la defensa de las reivindicaciones solicitadas, por el otro.

La nota reproduce en primer lugar un artículo publicado por El Imparcial, diario de San Fernando, con el título mencionado para luego refutar cada uno de sus postulados. En el primer periódico se menciona a un “ejército de 2.500 bandidos, perfectamente armados que se encuentra a solo 40 leguas del territorio chileno” (p. 7). Estos bandidos, según El Imparcial, habían combatido a los soldados enviados, asesinado a ciento veinte de ellos, y se habían apoderado de ametralladoras, automóviles y caballos. Avanzaban entonces sobre campos y poblaciones de la frontera. Así, varios tópicos que circularon en la prensa santacruceña se reiteran aquí: el del bandido, el del combate armado y el avance sobre poblaciones, enfatizando en la nota el tema de la frontera, lo que incrementa su peligrosidad debido al ingreso en el territorio magallánico. Luego estos huelguistas cobran una caracterización específica que también tiene ecos de las representaciones argentinas:

Se sabe que no se trata de bandidos vulgares, sino de una verdadera insurrección de los elementos maximalistas extranjeros, que han invadido impunemente el Territorio de Magallanes y parte de la Patagonia, estarían actuando entre los insurrectos, conocidos elementos maximalistas europeos, con fuertes sumas de dinero traídas desde Rusia (p. 7).

Estas representaciones aparecen en ambas naciones cuando el conflicto obrero adquiere una gran relevancia en el marco del temor que la Revolución rusa había suscitado, que se había acrecentado en la Argentina luego de la denominada Semana Trágica de 1919, y que se asociaba además con medidas como la Ley de Residencia. En este sentido, algunos autores plantean cómo en este marco las élites argentinas que comenzaron a sentirse amenazadas ante las posibles derivaciones de la Revolución rusa percibían que la tibieza del gobierno de Yrigoyen permitía la amenaza al régimen social y económico por parte del maximalismo (Rouquié, 1981, pp. 207-214). Más adelante en la nota, se explicita que ya se encuentran en territorio chileno y se anuncia que hay acuerdos entre las cancillerías de ambos países para enviar al ejército: “La situación sería muy delicada y se estaría tramitando un acuerdo con la Cancillería de la Argentina para enviar un poderoso ejército que logre volver la normalidad y la calma a los territorios del sur” (p. 7). El primer señalamiento de El Natales a El imparcial, además de la paradoja de su nombre, es que los hechos no están sucediéndose en Magallanes sino en la región austral de la Argentina. En cuanto a las representaciones enfatiza cómo los obreros en huelga nunca pueden ser caracterizados como bandidos, aun en el caso de que se trate de un conflicto violento:

En segundo lugar, elementos obreros que están en huelga violenta, no son bandidos, podrán ser a lo sumo revolucionarios se destaca el carácter revolucionario de cualquier huelga y se apoyan así las reivindicaciones y métodos de la lucha obrera y sindical y se indica que la huelga ha sido sofocada por un déspota con métodos dignos de la barbarie: “la huelga ha sido pronto y bárbaramente sofocada por un déspota que hoy día en la Cámara Legislativa argentina, es acusado francamente de asesino por la minoría socialista” (p. 7).

Si bien no hay una mención explícita a los fusilamientos, aparece la impugnación de los métodos y, además, existe un reenvío textual a una nota publicada días antes –el 15 de marzo– en el mismo periódico, El Natales, acerca del pedido de un diputado del Partido Socialista en la Cámara argentina:

Durante las sesiones extraordinarias de la cámara, la minoría socialista presentó una moción solicitando de la cámara venia para nombrar una comisión que vaya a Santa Cruz e investigue sobre varias acusaciones contra la gendarmería y tropa tomando en consideración para su entrada pero dúdase que sea aprobado (p. 7).

Esta información anuncia un hecho estudiado exhaustivamente por Osvaldo Bayer y que consistió en un pedido por parte del diputado socialista Antonio De Tomaso ante la Cámara que integraba, para formar una comisión investigadora por los hechos ocurridos en el territorio nacional de Santa Cruz. Bayer transcribe todo el discurso, que comienza así:

El llamado bandolerismo de la Patagonia, señores diputados, ha sido un movimiento gremial y no es ésta una afirmación sectaria, caprichosa o equivocada. La Cámara encontrará la prueba en papeles de carácter oficial. Yo sé que los papeles oficiales no se leen con mucha frecuencia en este país. Sin embargo, a veces se encuentran en ellos datos interesantes. Y en este caso, para evitar que se atribuya a nuestro juicio un carácter interesado, quiero hacer hablar respecto de lo que viene ocurriendo en la Patagonia desde 1920, al propio gobernador del territorio de Santa Cruz, que ha producido, a pedido del Departamento Nacional del Trabajo, un informe en el cual se relatan con gran acopio de datos las principales características de la vida del trabajo en aquella región (1986, p. 254).

Luego expone las condiciones de vida de los trabajadores y finaliza con la denuncia de los fusilamientos. Responsabiliza al gobierno radical y al ejército, principalmente centrándose en la figura de Varela. Finalmente, luego de varias sesiones en los que el tema reaparece, se decide por mayoría no hacer lugar a la conformación de esa comisión (Bayer, 1986, pp. 253-260). Asimismo, en la nota del 22 de marzo se señala cierto nivel de literaturización como procedimiento constructivo de estas representaciones. Se plantea que más que en datos específicos, El imparcial se basa en fuentes como Las mil y una noches en la construcción del relato, inscribiendo de este modo no solo a la nota de El Imparcial sino a las muchas figuraciones que se tejieron para la época en el imaginario social en el orden de los relatos de ficción:

Y en tercer lugar, en la conciencia, está la plena convicción, de que lo que menos ha intervenido acá en esta zona ha sido la idea y e1 dinero de Rusia; porque (que hoy día es mayoría en el vecino país). El colega aludido debe haber leído los cuentos de las Mil y Una noches, por el género de Literatura a que se dedica. Seguramente se ha enfrascado en lo de los ogros, los bandidos que roban tesoros y en su imaginación revolera habrá creído que Magallanes es uno de los Reinos de Birlibirlo que, donde hay princesas y castillos encantados y brujas y Genios del mal y del bien. Pero en Magallanes no hay nada que eso puede ocurrir en San Fernando pero no acá (p. 7).

No obstante esta pugna con el periódico de San Fernando, El Natales publica en enero de 1925 un homenaje a José Menéndez, uno de los miembros más relevante de la sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, por el aniversario de su obra, en una nota denominada “Cincuentenario de la fundación de la casa Menéndez homenaje de El Natales”, en la que destaca su actividad como pionero, comerciante y benefactor de la región. El discurso tiene como intertexto la imagen del pionero como hacedor de la civilización en medio del desierto y como factor de desarrollo en una región austral caracterizada por el periódico como árida y de clima desfavorable, con representaciones que pueden colocarse en la línea con que Charles Darwin caracterizó a la Patagonia:

La prensa toda de Magallanes, sin distinción de credo, ha ocupado sus páginas de honor cantando este magno acontecimiento […], Don José Menéndez fue un segundo Lázaro Bíblico, fue el que venciendo la crudeza del clima y la aridez de las extensiones dio vida lo que yacía sumido en las tinieblas de la inactividad (p. 3).

Este homenaje dos años después de publicadas las impugnaciones a El Imparcial permite analizar que en lo que concierne a la “Patagonia rebelde” el conflicto entre sectores obreros y latifundistas y la denuncia del orden imperante no se encuentran en la línea editorial de esta publicación, que, no obstante, desmiente el carácter de bandolerismo y de complot maximalista de los obreros.

A modo de conclusión, en cruces con las representaciones formuladas principalmente en la prensa sobre las huelgas y sus protagonistas, la novela Los lobos de la Patagonia se apropia de convenciones del género folletinesco y de la literatura sentimental y esto tiene efectos del sentido sobre la visión del conflicto obrero que se enmarca en una historia de amor y desventuras, y que tiene una resolución favorable ya que los huelguistas son liberados pero no se representa el final del conflicto real: los fusilamientos. La oposición entre individuo y cuerpo social no se refleja en sus tramas, como característica inherente a este género el problema es puntual: la ineficacia del gobernador y otras autoridades locales para mediar entre el sector obrero y los grupos latifundistas. Los trabajadores, caracterizados como un conjunto homogéneo, son víctimas de esta situación y los estancieros ceden ante el temor de las representaciones falsas creadas por la prensa y por eso exigen a las autoridades que se tomen determinaciones. Las menciones a que la solución que necesita la localidad de Puerto X (Puerto Deseado) es la elección de autoridades municipales y jueces de paz se reiteran en la obra y se vinculan con la historia principal –los problemas de los protagonistas, quienes padecen el cobro de impuestos injustos y la amenaza de la quita de sus tierras– y la secundaria –los huelguistas son encarcelados por orden de las autoridades y el gobernador no tiene capacidad para resolver el conflicto en buenos términos–.

Por su parte, el mapa de representaciones circulantes en la prensa regional (en consonancia con la metropolitana) se amplía más allá de la frontera nacional y se vislumbra cómo en la Patagonia austral de Chile, una zona muy vinculada con el territorio nacional santacruceño, se debate el conflicto obrero en términos similares, con el énfasis en la peligrosidad en que se encuentra el territorio magallánico. Por otra parte, el mismo periódico que desmiente que los obreros sean maximalistas, complotadores extranjeros o bandoleros reivindica en otras notas a figuras asociadas con los sectores estancieros participantes del conflicto, como José Menéndez, por lo que no hay un análisis en torno a las responsabilidades de los distintos actores.

Bibliografía

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El Natales (2022). https://bit.ly/3rcpldh

Ferrante, Betina (2013). Prensa y prácticas literarias santacruceñas en las primeras décadas del siglo veinte: Del centroporteño a la periferiapatagónica (1900-1930) [en línea]. Tesis de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica. https://bit.ly/3SEkFs7

Gramsci, Antonio (1976). “Las tendencias populistas”. En Cuadernos de la cárcel: literatura y vida nacional. México: Juan Pablos Editor.

Livon-Grosman, Ernesto (2003). Geografías imaginarias. El relato de viaje y la construcción del espacio patagónico. Rosario: Beatriz Viterbo.

Lobato, Mirta (2009). La prensa obrera. Buenos Aires: Edhasa.

Pierini, Margarita (2008). “Entre historia y ficción: dos imágenes de la Patagonia Trágica en las novelas semanales”. En Luorno Graciela y Edda Crespo (coordinadoras), Nuevos espacios. Nuevos problemas. Los territorios nacionales. Neuquén: Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Universidad Nacional del Comahue y Centro de Estudios de Estado, Política y Cultura.

Rouquié, Alan (1981). Poder militar y sociedad política en la Argentina. Buenos Aires: Emecé.

Ruffini, Martha (2007). La pervivencia de la República posible en los territorios nacionales. Poder y ciudadanía en Río Negro. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.

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Seguí Marty, Luis (192?). Los lobos de la Patagonia. Buenos Aires: Edición del autor.

Ulloa, Nicolás (2017). “Orden y Progreso en la Santa Cruz de 1920-1921. Discursos y representaciones sobre los peones rurales huelguistas: el caso del Diario ‘El Orden’ de Puerto Deseado”. En XVI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad Humanidades. Universidad Nacional de Mar del Plata, Mar del Plata, 2017.


  1. En Ferrante (2013).
  2. Estas representaciones fueron estudiadas en la tesis citada.
  3. El diario La Verdad señala este hecho en varios artículos.
  4. Para un estudio de otros folletines que tuvieron como referente a las huelgas santacruceñas de los años 20 del siglo xx véase Pierini (2008), quien analiza textos publicados en La Novela Semanal durante esa época.
  5. Todas las citas pertenecen a la obra editada por el autor.
  6. Livon-Grosman analiza los relatos de Darwin y de otros viajeros extranjeros y criollos y exhibe las operaciones de escritura que existen detrás de estas narrativas que colonizan simbólicamente espacios en consonancia con una colonización efectiva (2003).
  7. La ley del 15 de junio de 1955 que lleva el número 14408 creó las provincias de Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.


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