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7 Salesianos: asentamiento y tránsito binacional en el archipiélago fueguino

Rodrigo González Vivar

Resumen

La Congregación Salesiana llegó a fines del siglo xix al territorio patagónico fueguino de Chile y la Argentina respectivamente, estableciendo misiones religiosas a propósito de la colonización occidental y las luctuosas consecuencias para las naciones originarias. Las misiones estaban bajo la responsabilidad de los Salesianos e Hijas de María Auxiliadora, quienes tenían el objetivo de protegerlos de la violencia armada y además de convertirlos de “salvajes paganos” a “ciudadanos cristianos”. Este capítulo presenta el caso de dos misiones ubicadas en el archipiélago fueguino: Tierra del Fuego e isla Dawson. A través de un breve análisis, se presentarán antecedentes de la colonización y la fundamentación salesiana en su presencia binacional, describiendo esta inédita situación que presenta el libre tránsito de los misioneros en ambos países.

La colonización occidental y sus consecuencias

El 15 de febrero de 1899 Federico Errázuriz y Julio Roca, presidentes de Chile y la Argentina respectivamente, concurrieron al estrecho de Magallanes para reunirse en un acto oficial a propósito del litigio sobre la soberanía nacional acordada en el Tratado de Límites de 1881. Este hecho, conocido históricamente como el “Abrazo del estrecho”, simboliza la aceptación de ambos países frente al litigio fronterizo, haciendo acto soberano del territorio patagónico fueguino, pero que no consideró a las naciones originarias. En esta circunstancia, el presidente Federico Errázuriz realizó una visita protocolar a la isla Dawson, teniendo en conocimiento que la isla estaba siendo usufructuada por los Salesianos a través de una misión religiosa[1]. Pero ¿por qué la isla estaba siendo ocupada con esta misión evangelizadora? ¿Por qué con los salesianos y no otra congregación? Para iniciar el análisis respecto a estas y otras preguntas, debemos plantear el contexto del territorio respecto a la ocupación soberana y la explotación de recursos naturales: la colonización. En definitiva, el Tratado de Límites de 1881 permitió que ambos países, Chile y la Argentina, pusieran a disposición el territorio y sus riquezas en manos de capitales privados, quienes desarrollaron, entre otros negocios, la ganadería. Esta industria generó el interés de grupos nacionales y extranjeros para desarrollar sus negocios, apelando al progreso que traería consigo para el territorio la cadena de producción y trabajo que generaría la ganadería, considerando por supuesto la creación de asentamientos urbanos.

Si bien esta idea de fomentar el desarrollo ganadero se llevó a cabo en las nuevas provincias, nos interesa considerar lo ocurrido en la isla Grande de Tierra del Fuego, donde el gobierno de Chile cedió un millón de hectáreas a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego[2] en 1893; en paralelo, el gobierno argentino concedió trescientas mil hectáreas a José Menéndez. En ambos territorios, el discurso ganadero promovió la idea de que el desarrollo de la industria ovina estaba bajo la amenaza de los indígenas fueguinos[3], quienes se dedicaron a matar el ganado y atacar a los foráneos que se instalaban en sus tierras. Existe una relación directa entre la instalación de las estancias con el despojo de los ocupantes nativos de Tierra del Fuego, el pueblo Selk’nam[4], que a partir de la concesión y luego privatización de la tierra despojaron a todas las familias fueguinas de su territorio. Aquí es en donde se perpetraron actos de violencia a través de persecuciones, vejámenes y matanzas por parte de expediciones occidentales, buscadores de oro y empleados de las empresas ganaderas. Existen registros históricos de “cazadores de indios”, que recorrían los campos con armas de fuego en las zonas perimetrales; señalaban que las armas las utilizaban para protegerse de posibles ataques, aunque fueron denunciados públicamente en la prensa escrita los ataques a indígenas[5], e incluso llevados ante la justicia a través de un juicio iniciado el 2 de diciembre de 1895 en Punta Arenas[6]. Algunos fueguinos lograron sobrevivir a estas correrías, pero su destino fue el destierro, la servidumbre en casas prestigiosas de la sociedad magallánica (una alegoría a la esclavitud) e incluso en procesos de aculturación[7] durante la colonización bajo políticas públicas que no daban solución al conflicto.

El relato de los colonizados ha sido soterrado a través del discurso hegemónico occidental sostenido en el tiempo, que con una vasta producción bibliográfica ha establecido una epopeya histórica ganadera[8]. El paisaje se configuró en torno a la ocupación económica, en donde se situaron millares de ovejas para la producción industrial demandada por los mercados internacionales, por lo que Chile y la Argentina se posicionaron con un discurso político sobre el paisaje patagónico fueguino. Desde esta perspectiva, podemos considerar lo planteado por Brinckerhoff, quien plantea la existencia de un “paisaje político”:

… en el paisaje político al entorno natural no le es inherente una identidad propia; es simplemente, un medio para alcanzar un fin, un fin humano, y el espacio se organiza consecuentemente de modo que cada grupo, cada actividad tenga su propio espacio bien definido (2010).

Desde la segunda mitad del siglo xix, con el inicio de la colonización de la Patagonia y Tierra del Fuego por los Estados nacionales chileno y argentino, se generaron diversas especulaciones (y preocupaciones) respecto a la decisión que se tomaría frente a la entrega de tierras para el pastoreo, en donde se contaba con el antecedente de concesiones de hijuelas rurales en condiciones de arrendamiento a mediano y largo plazo. Aun antes de la demarcación de las fronteras, se extendieron las peticiones de tierras, inicialmente en grupos pequeños que posteriormente conformaron grandes grupos ganaderos. Con la inversión en infraestructura y tecnología se crearon las “estancias”, transformando la estepa austral en un complejo rural que se implementó a partir de una planificación arquitectónica rural funcional con la actividad ganadera industrial, consolidando un modelo latifundista, cuyos límites se definieron a través del sistema de alambrados. De acuerdo al estudio de Calderón (1937), en enero de 1897, en la parte continental del estrecho de Magallanes, desde el seno de Última Esperanza hasta la punta Dúngenes, existían 123 estancias, con una cabida total de 1.403.642 hectáreas, mientras que en la Argentina podemos tomar como ejemplo el estudio sobre las propiedades asociadas a Mauricio Braun (y sociedades donde participó) de acuerdo a lo planteado en el Informe de la Dirección General de Tierras y Colonias (1931), que señaló que fue dueño de 1.893.580 hectáreas, más la ocupación de tierras fiscales correspondiente a 1.811.920 hectáreas; podemos decir que se explotaban 3.705.500 hectáreas entre los que en ese entonces eran los territorios nacionales del Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Es así como en la Subdivisión de Tierras en Magallanes[9] se plantea que hasta el año 1885 la isla de Tierra del Fuego permaneció absolutamente inhabitada, salvo por algunos mineros aventureros y tribus de “indios Onas”. Era evidente que esta intervención de carácter industrial en la estepa fueguina mermaría la situación de los indígenas, pues con la subdivisión y entrega de tierras traducidas materialmente en el alambrado se constituyó la propiedad privada. La instalación de alambrados generó una nueva forma de organización del territorio a partir de la privatización de la tierra para beneficios económicos y la gestación del latifundio. Para 1897, el gobernador de Magallanes, Mariano Guerrero Bascuñán, señaló la existencia de 2.145.290 kilómetros de alambrado, cuya fecha coincide con la posesión efectiva de arriendo de terrenos fiscales bajo la Recopilación de Leyes i Decretos del Supremo Gobierno sobre Colonización desde 1810 hasta 1896[10]. Los grupos de estancieros denunciaban el robo de alambre u ovejas para el consumo, pero no era el objetivo principal de los ataques: denunciaban los ataques indígenas en los campos, señalando los peligros de promover el desarrollo económico y la urgencia de sacarlos del territorio: “Los onas en continuo acecho, aprovechando el menor descuido del personal de la estancia para penetrar en ella durante la noche, destruir los corrales i cercos i llevarse o degollar enteras majadas”[11].

La tragedia indígena fue condenada por diversos actores relevantes en el campo científico, como por ejemplo lo que sostiene el sacerdote y etnólogo Martín Gusinde, quien denunció que

… los Estancieros llegaron desde Europa provistos con grandes perros de raza; muchos niños encontraron la muerte con los mordiscos de aquellas fieras. Si conseguían atrapar algún niño o joven les inyectaban un virus contagioso y los dejaban volver de nuevo a los bosques para que contaminaran a sus familias. Otra inhumanidad era poner un trozo de carne de carnero, envenenado con estricnina (1951, pp. 101-102).

El reconocido investigador sueco Otto Nordenskjöld escribió una carta dirigida al director del diario La Nación de Buenos Aires (Argentina), donde denuncia públicamente los vejámenes y la situación de persecución que se estaba llevando a cabo: “Los Onas son perseguidos en todas partes por los colonizadores, i la única posibilidad de salvarlos consiste, a mi modo de ver, en la ayuda eficaz de parte del Gobierno i de los particulares a las misiones salesianas” (Guerrero, 1897). En estas circunstancias, la opinión pública consideraba que los gobiernos debían encargarse de la situación[12], pero en realidad primó el interés de ampliar la ocupación del territorio y explotación de sus recursos naturales.

La negligencia de los gobiernos fue decisiva en ese sentido. Promotores y aliados de la explotación ganadera, pretendieron confundir en ella los intereses nortinos. No obstante, la colonización chilena y argentina debió lidiar con la expansión de otros intereses en la región, como lo fueron los de las sociedades misioneras internacionales (Bascopé, 2018, p. 16)[13].

José Fagnano fue uno de los protagonistas en las acciones desplegadas para desarrollar una estrategia de asentamiento de la Iglesia católica en el territorio austral. Se presentó ante diversas autoridades locales y nacionales, logrando respuestas positivas en ambos países. En Chile, se entregó en concesión de la isla Dawson (estrecho de Magallanes, Chile) a la Congregación Salesiana por un plazo de veinte años para concentrar a los indígenas fueguinos. Esta decisión fue concedida por el presidente José Manuel Balmaceda a través del Decreto Supremo N.º 2180 del 11 de junio de 1890 (ver ANEXO 1). Con este decreto, los trabajadores de las estancias de Tierra del Fuego y grupos de salesianos tuvieron la potestad de sacar a los fueguinos de sus tierras, en donde se planteó que lo mejor sería llevarlos a la misión salesiana en isla Dawson, poniendo en evidencia la solución frente a la resistencia indígena[14]. Posteriormente, Fagnano continuó realizando gestiones con la clase política y familias católicas, adquiriendo favores y recursos pecuniarios para crear pequeñas ciudadelas donde recibirían a los indígenas desterrados desde Tierra del Fuego[15]. Para concretar este acuerdo, se consideró la presencia de la Iglesia católica a través de los misioneros Salesianos, quienes establecieron dos misiones: la Misión de San Rafael en 1887 (isla Dawson, Chile) y la Misión La Candelaria en 1893 (Tierra del Fuego, Argentina). Tal como se planteó previamente, con el decreto presidencial chileno se iniciaron las deportaciones a isla Dawson:

Visto lo expuesto por el misionero Fray José Tognano [sic] en la presentación que precede y, considerando que conviene estimular los esfuerzos que tiendan a sustraer al estado de barbarie a los indígenas que habitan el territorio de la República, decreto: Se destina la suma de un mil pesos para auxiliar a los miembros de la comunidad salesiana encargados de establecer en Punta Arenas un centro de misiones en favor de los indios tehuelches y fueguinos que existan en el territorio de Magallanes (Aliaga, 2000, p. 21).

Allí serían evangelizados, reeducados y civilizados para poder insertarlos en la vida ciudadana y en trabajos rurales e industriales. Sin embargo, esta estrategia solo sirvió para acelerar el proceso de violencia en Tierra del Fuego, pues el salesiano José Beauvoir relató algunos de los hechos más luctuosos en sus memorias, señalando algunos responsables de los actos de sangre:

Unos comerciantes de Punta Arenas, los Sres. Werhan y Cía. viniendo a Porvenir, puerto al NNO de Tierra del Fuego sobre el estrecho, y pasando a Bahía Gente Grande, vieron que esos campos eran excelentes para la cría de ovejas y echaron allí unos miles de ellas reportando considerable provecho. Los pobres indígenas que allí moraban, si bien tuvieron que retirarse más al Sur y al Este, acosados tal vez por el hambre y viendo la gran facilidad con que podían adueñarse de esos animales que ellos llamaban Guanacos blancos, tomaron algunas y se las comieron, naturalmente sin permiso y sin haber dado cuenta a los nuevos dueños de aquellos campos que hasta entonces habían sido suyos. En malhora lo habían hecho! Al enterarse los estancieros, viendo que sus animalitos poco a poco iban desapareciendo, pusiéronse en acecho y cuando los indios incautos, con tanto gusto como destreza volvieron a ejercitar su fácil caza, se les indigestó para siempre porque el rifle y el machete los despacharon sin más al otro mundo. Si atacados en un lado pisaban otro también allí oían zumbar las balas y como a pesar de estas lecciones los indios aún no escarmentaban, y seguían engolosinados con su guanaco blanco. ¿Qué hicieron los estancieros? Formaron cuadrillas de peones a caballo, que armados de buenos rifles y cuchillos recorrían en todo su largo y ancho las alambradas y a cuantos indios encontraban, perseguíanlos a balazos hasta alcanzarlos y cortándoles la cabeza se la llevaban a sus dueños que les daban por cada una, una libra esterlina[16].

El traslado de los indígenas a las misiones o a ciudades fue un proceso poco riguroso, que implicó una mayor relevancia para las autoridades cuando los medios de comunicación escritos denunciaban lo que ocurría en la colonia de Punta Arenas[17], pues se realizaron prácticas ilegales e ilegítimas con los fueguinos y fueguinas, cuyos actos están siendo reinterpretados a partir de diversos análisis que se pretenden comentar en este acápite. De acuerdo a estas primeras líneas presentadas, podemos sostener que la colonización merece toda nuestra atención, al considerar el contexto de la llegada de los misioneros, y sobre las gestiones que se realizarán en los países de la Argentina y Chile:

La otra cara de lo ya señalado anteriormente, la constituye el papel adjudicado a las misiones salesianas como constructoras de la nacionalidad tanto para Argentina como para Chile, lo que les venía bien a las élites gobernantes para organizar el Estado-nación hacia finales del siglo xix (Bustamente, 2010, p. 72).

Salesianos en territorios australes

Así, negociando paralelamente con ambos gobiernos, Fagnano pudo fundar dos misiones, una en cada lado de la frontera.

Los Salesianos llegaron a la Argentina en 1875, estableciendo posteriormente una red eclesiástica binacional en todo el territorio austral. Con el establecimiento asegurado, surgió la Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas en 1883. Ella era el fruto del interés misionero de Don Bosco y su gran amistad con el Papa León xiii[18]. Dentro de la situación de ruptura de relaciones en la que se encontraban el Vaticano y el Estado chileno, es de comprender que la creación de la prefectura fue realizada sin consulta a las autoridades chilenas, mientras que en la Argentina el Estado promulgaba la Ley de Territorios Nacionales en 1884[19]. El trabajo inicial será responsabilidad de Juan Cagliero y José Fagnano, que desarrollaron dos modelos misionales, el itinerante y el reduccional respectivamente. Hay que considerar un evento clave en la proyección de la acción salesiana, y se relaciona con el viaje de un grupo de militares argentinos hacia Tierra del Fuego bajo la responsabilidad de Ramón Lista. El 25 de noviembre de 1886 ocurrió un trágico encuentro entre el grupo expedicionario y un grupo Selk’nam en la bahía San Sebastián (Tierra del Fuego, Argentina). De acuerdo a lo señalado por el historiador chileno Alberto Harambour, “Ramón Lista inició las exploraciones argentinas con la matanza de veintiséis selk’nams” (Harambour, 2019, p.177). Esta expedición contó con la presencia de José Fagnano, que describió su experiencia como testigo del peligro que corrían los indígenas ante las eventuales expediciones para la colonización del territorio:

Nos hallábamos en la Tierra del Fuego, en una expedición científico-militar. Su jefe, el señor Lista, hombre de índole dura y violenta, había ordenado hacer fuego contra un reducido grupo de indios, de los que algunos cayeron para no levantarse más. El sacerdote Fagnano, capellán de la expedición, así que oyó los disparos corrió al lugar del suceso. Y encontró allí al jefe, con 25 soldados y algunos indígenas salvajes heridos, que lanzaban gritos y lamentos[20].

Fagnano presentó quejas formales en ambos países, denunciando que los gobiernos no tomaban acciones de defensa para los indígenas, quienes eran cruelmente asesinados o sujetos a prácticas hostiles de violencia. Se ofreció la cooperación por parte de la Iglesia para remediar el daño causado a los nativos, sosteniendo que los misioneros serían los defensores de los indígenas. Mientras que en Chile las acciones de la Iglesia católica permitieron la concesión de isla Dawson en 1890 (a pesar de estar instalados desde 1889), en la Argentina las negociaciones se iniciaron al menos en 1892, cuando Fagnano se dirigía a las autoridades estatales solicitando tierras para crear la misión. Frente a la inútil espera, el misionero compró 5000 hectáreas; fueron 2500 hectáreas a nombre de Fagnano y las restantes en fragmentos a los otros misioneros, pues por ley nacional no podían venderle una cantidad mayor por persona[21]. Una vez resueltos los asuntos legales, la zona archipelágica fueguina fue clave para el desarrollo misional de los Salesianos, ya que se procedió a crear una misión en Chile y otra en la Argentina.

Misión San Rafael (isla Dawson [Chile])

A bordo de la goleta Fueguina, arribaron a isla Dawson los salesianos Antonio Ferrero y Juan Bautista Silvestro, quienes además contaron con casi una docena de hombres contratados para labores constructivas y de campo. Así inició la misión de San Rafael el 3 de febrero de 1889, instalándose primero en bahía Willis, pero que rápidamente cambiaron por la bahía Harris. La isla Dawson se ubica en el centro del estrecho de Magallanes, lo que permitió una ubicación privilegiada para incorporar a los indígenas canoeros que navegaban por los canales y cercana al sur de la isla Grande de Tierra del Fuego para la llegada de Selk’nam. El territorio insular proporcionó una gran cantidad de recursos naturales (agua dulce, maderas, avifauna y mamíferos acuáticos, entre otros), que fueron una gran ventaja para la instalación del asentamiento misionero. Inicialmente se construyó un gran galpón que permitió la instalación de los Salesianos, además de seis casas para recibir a los indígenas. La misión se construyó con base en la sugerencia urbanística del salesiano arquitecto/ingeniero Juan Bernabé. El etnólogo francés Josep Emperaire señala que en este lugar “se edificaron una casa, una escuela, una enfermería y una capilla […] una estancia con 500 bovinos, 7000 ovejas, un importante aserradero mecánico y talleres de carpintería” (1963, p. 75). Los primeros indígenas en llegar al lugar, de acuerdo a los registros salesianos, fue un grupo de diecisiete Kawésqar, que fue creciendo rápidamente con el pasar del primer lustro. Hacia 1895 se inició el proceso de despoblamiento de Tierra del Fuego; despojados de sus territorios, los Selk’nam fueron agrupados y trasladados hacia isla Dawson. La Hija de María Auxiliadora, Sor Herminia Sánchez, relata sus memorias en un documento del Archivo Central Salesiano:

A menudo llegaban a la Misión. Sabían todos que había la Misión, los vapores que daban vuelta alrededor de la Misión conducían las familias que podían. En 1896 en junio salió de la Misión la Goleta “María Auxiliadora” con el Reverendo Padre Pisttone y dos Hermanos salesianos para los canales más cercanos a la Misión en busca de indios al fin de mes regresó de los canales y trajo como unas 18 personas entre las cuales habían también niñas. En su principio de vida doméstica; lloraban y con la inclinación muy viva de escapar; luego las ya civilizadas insinuadas por la Hermana, les hallaban haciendo la intérprete de la Hermana; y una y otra en su lengua les hacían explicaciones[22].

A las mujeres se las instruía en trabajos domésticos y textiles, mientras que los hombres trabajaron en la pequeña estancia ganadera que crearon los Salesianos, desarrollando labores rurales, de carpintería y aserradero. A las niñas se las educaba en labores domésticas (cocina, planchado, lavado, sastrería, etc.), mientras que los niños aprendían labores de apoyo al trabajo de los hombres y clases musicales. La escolarización elemental fue practicada por niñas y niños, considerando aritmética, religión, geografía y lecto-escritura. Tras más de veinte años de funcionamiento, la misión debió concluir su funcionamiento debido al término del contrato firmado por el presidente Balmaceda. El 23 de septiembre de 1911 fue el último día en que estuvieron los fueguinos y misioneros salesianos en isla Dawson. Dentro de la nómina aparece “Indios hombres: Pedro Gama, Eliseo, Lorenzo Brasito, Miguel Vuelto, Pablo Nicolini” (Aliaga, 1984, p. 101). Pero ¿cuál fue el fin de estos fueguinos?

El 23 de setiembre de 1911 el P. Marco Zanchetta junto con nueve hermanos coadjutores salesianos, cuatro religiosas de las Hijas de María Auxiliadora y veinticinco indígenas sélknam (5 hombres adultos, 11 mujeres adultas y 9 niños y niñas) que conformaban la totalidad de los últimos residentes de la Misión Salesiana de San Rafael (isla Dawson) se embarcaron a temprana hora de la mañana en el vapor que los conduciría desde Puerto Harris a Punta Arenas (Martinic, 2011, p. 98).

Tras este viaje, algunos indígenas fueron llevados desde Punta Arenas hacia Río Grande, donde se los reubicó en la misión La Candelaria[23]. Casi un siglo después, esta situación es comentada desde la academia salesiana chilena, a propósito de la publicación del investigador Fernando Aliaga Rojas, doctor en historia y sacerdote, que planteó que esta situación pasó inadvertida por la opinión pública y por las autoridades nacionales, considerando la poca preocupación respecto a lo que sucedía con los indígenas:

Entretanto, en la misión de La Candelaria, en Río Grande (Argentina), el grupo de los indios sobrevivientes tendrá un lugar que los acogerá. Causa extrañeza que ninguna autoridad chilena de aquel entonces reclamara por el hecho de que los indios fueran sacados del territorio nacional para ser llevados a la Argentina. En realidad, esto confirma que los indígenas de Tierra del fuego fueron considerados siempre como un estorbo (Aliaga, 2000, p.140).

Misión La Candelaria (Río Grande [Argentina])

La presencia de misioneros en la isla Grande de Tierra del Fuego es anterior al tratado de límites entre la Argentina y Chile (1881), pues los británicos se instalaron con una serie de misiones anglicanas a partir de la segunda mitad del siglo xix:

La zona argentina de la Tierra del Fuego estaba habitada sobre todo por los onas. A los que se les fueron sumando otros elementos de diversa y variada extracción. Se había creado, en lo que hoy es Ushuaia, una misión anglicana permanente por enero de 1869, después de algunas tentativas infructuosas. A ella se agregaban otras dos también permanentes –conforme a una relación de Antonio Oneto–: la de Lwya, en la isla de Navarino y la de Banner Cove, en la de Picton, más otras cinco temporarias (Bruno, 1981, p. 446).

Siguiendo con lo planteado por el historiador salesiano Cayetano Bruno, antes de la llegada de Fagnano a Tierra del Fuego existe un antecedente que merece ser presentado. Se trata de una propuesta de proyecto por parte de Antonio Oneto, que pretendía crear una misión católica en la bahía de San Sebastián, a través de cartas y memorias dirigidas a las autoridades en Buenos Aires, específicamente al delegado apostólico Luis Matera. Esta propuesta inició y concluyó en 1880 tras la respuesta del vicariato general Antonio Espinoza: “Si no se ha sostenido un consejo formado con todo empeño por el excelentísimo señor Arzobispado para la conversión de los vecinos pampas, menos podrá sostenerse una sociedad en favor de los lejanos habitantes de Tierra del Fuego”[24].

A principios de 1893, monseñor Fagnano viajó junto a José María Beauvoir a un viaje de reconocimiento a Tierra del Fuego para elegir un lugar apropiado para erigir la próxima misión. El 11 de noviembre de 1893 se fundó Nuestra Señora de la Candelaria en el margen del río Grande denominado “Barrancos Negros”; allí se iniciaron los primeros contactos con los selk’nam, pero decidieron cambiar la ubicación a un lugar más apropiado para las labores de evangelización. La siguiente construcción se realizó en la zona conocida como Los Chorrilos, y permanecieron allí hasta que un incendio destruyó las edificaciones el 12 de diciembre de 1896. Finalmente, la misión se estableció en las cercanías del cabo Santo Domingo hacia fines de 1897 (Salerno y Guichón, 2017). El proyecto misional se inició sin decreto presidencial, y bastó un permiso oral del presidente argentino para ocupar el terreno, que fue posteriormente adquirido (González, 2022). De acuerdo a lo que señala Cayetano Bruno, José Fagnano envió una carta al Congreso Nacional en Argentina:

Pido […], como premio de mis trabajos, la cantidad de 30.000 hectáreas de terreno en la Tierra del Fuego, donde pienso establecerme para beneficio de los pobres indios, y no dudo se me negará, pues se hizo una concesión hace dos años al señor Tomás Bridges de la misión protestante (Bruno, 1981, p.454)[25].

Presencia binacional: ¿realidad o quimera salesiana?

Una vez que se establecieron ambas misiones funcionando en paralelo, los Salesianos pudieron organizar distintos aspectos de su quehacer, presentes en los sectores norte y sur de Tierra del Fuego, y además en cercanía con los océanos Atlántico y Pacífico (y en el corazón del estrecho de Magallanes). Indudablemente la presencia salesiana en Chile y en la Argentina despertó la inquietud de algunas autoridades locales y nacionales[26]. La situación era preocupante, pues la presencia de la Iglesia no era de extrañar, pero en este caso se trató del arribo de una congregación foránea, que sostenía una propuesta de soberanía religiosa, y que precisamente no era condescendiente con la soberanía nacional chileno-argentina. Al revisar un extracto de la memoria del gobernador Manuel Señoret (1896), quien plantea su inquietud respecto a lo que ocurre entre las misiones de San Rafael y La Candelaria[27],

Por otra parte, los misioneros salesianos que se cambian de Dawson, territorio chileno, a Río Grande, territorio argentino, tienen que predicar a los neófitos indígenas allá el amor a la patria chilena i acá a la patria argentina. Esto es inaceptable i se halla en pugna con los sentimientos que despierta la palabra patria (p. 36).

Sin embargo, la propuesta de los Salesianos en cuanto a la presencia binacional articulada en un tránsito regular fue real. Consideraremos dos ejemplos para analizar brevemente las acciones que tomaron los salesianos.

Una conexión terrestre

La visión geopolítica de José Fagnano respecto al funcionamiento de las misiones nos revela la intensión de crear una ruta terrestre que permitiera el tránsito entre las misiones de isla Dawson y Río Grande, estableciendo una ruta para las comunicaciones y para internarse en el territorio sur, cercano al seno Almirantazgo, al río Azopardo y al lago Fagnano.

En los primeros días de febrero, monseñor Fagnano, que hacía frecuentes viajes desde Magallanes (entonces Punta Arenas) a la isla Dawson, conversó largamente sobre el proyecto que venía acariciando desde algún tiempo, de encontrar un camino que desde el seno del Almirantazgo condujera directamente a Río Grande (Massa, 1950, p. 6).

Los expedicionarios fueron elegidos por José Fagnano, que decidió nombrar como jefe de la expedición al director de la misión de San Rafael, el sacerdote Luis Carnino. Una vez que se acordó esta decisión, fue el mismo Carnino que se encargó de elegir al grupo expedicionario, contando con la presencia de los coadjutores salesianos Juan Síkora, Valentín Stlabostz, Bernardino Occelli y Juan Ferrando, además de un joven chileno llamado Ramón Vera. El 10 de febrero de 1909 inició el viaje desde isla Dawson en el cúter Juanito con rumbo a Tierra del Fuego, específicamente al río Azopardo. Tras una serie de excursiones de reconocimiento en el territorio, emprenden el viaje rumbo al lago Fagnano; tras varios intentos de cruzar las zonas fluviales, llegaron al monte Hoppe. Una vez que llegaron a estas tierras altas, lograron percatarse de que el camino escarpado no permitía el paso a caballo, pues ya escalar estas piedras a pie era todo un logro. Más aún fue la desazón de los exploradores al poder observar con sus propios ojos desde las alturas el resultado de su expedición, confirmar que no se puede concretar una ruta salesiana entre las misiones de San Rafael (Chile) y La Candelaria (Argentina):

… después de observar con los anteojos de larga vista los terrenos que se extendían ante los exploradores, éstos hubieron de persuadirse que estaban cubiertos de inmensos turbales, salpicados de lagunas de aguas amarillentas. Con esto quedaba demostrada la imposibilidad de hallar una ruta a Río Grande y los lugares aptos para establecer la anhelada Misión de los onas (Massa, 1950, p. 37).

Otro intento misional en la zona aledaña al lago Fagnano fue una misión instalada en 1911, pero no tuvo el éxito deseado. A continuación, se pretende analizar la otra opción que tuvieron los salesianos para establecer su circuito misional: una ruta marítima.

Conexiones marítimas

La primera goleta que adquirieron los salesianos se llamó Fueguina. Posteriormente se decidió venderla para adquirir una nave de mejores cualidades. El 30 de septiembre de 1891, José Fagnano le encomendó a José Beauvoir realizar la compra de una nueva goleta para los objetivos de la Prefectura Apostólica a través del transporte marítimo. Beauvoir señala en sus memorias[28] la conversación sostenida con Fagnano para la importante adquisición:

Un día, finalmente, me llama y me dice: No te parece que compremos una goleta para nuestros viajes a Dawson y para poder recorrer los canales en busca de indígenas, atraeros a la Misión y así conseguir más fácilmente el logro de nuestros anhelos, o sea, la civilización de estos salvajes que vagan aún esparcidos por las islas del Archipiélago? (…) Deme no más el dinero necesario tanto para la compra de la embarcación con sus útiles inherentes como para contratar a la gente que deberá traerla. –¿De qué dinero hablas?, me dijo, vete, Dios te ayudará –Cómo vete! Vete! ¿cree Vd. por ventura que la embarcación me la van a regalar? –vete, vete, repitió, hombre de poca fé! Yo te daré alguna recomendación para personas conocidas y Dios te ayudará.

Beauvoir tuvo una idea acertada para lograr viajar fuera del territorio, en donde debía conversar con el gobernador José Antonio Soto Salas en vista de la presencia de militares en la ciudad. En Punta Arenas, y probablemente en otras ciudades de Chile, se enviaron tropas militares para sitiarlas, pues se daba fin a la guerra civil tras el golpe de Estado que derrocó al presidente José Manuel Balmaceda en 1891[29]. Tras el despliegue de la milicia a nivel nacional, Beauvoir aprovechó la instancia de rearticulación de las tropas a la metrópoli, por lo que gestionó una autorización del gobernador para que fuese enviado en el vapor Amazonas en calidad de capellán:

Voy en seguida a ver al Gobernador, le hablo, acepta mi propuesta y yo, con mi altarcito para poder celebrar la santa Misa a bordo, con un hermano que me acompaña, me embarco si bien con el bolsillo vacío pero con mucha confianza en el buen Dios al cual nunca nadie recurre en vano. Embarcamos en el Amazona (que así se llama el transporte que nos debía llevar al Norte) yo y el hermano Francisco Forcina, el día 30 de setiembre de 1891[30].

Como compañero de viaje, Beauvoir viajó con el sacerdote Francisco Forcina, quien tenía experiencia como marinero; primero viajaron a Santiago y posteriormente se dirigieron a Ancud para realizar el encargo de Fagnano. Una vez adquirida la nueva goleta, a la que se bautizó como “María Auxiliadora”[31], contrataron a cinco marineros con un sueldo de $ 20 y un timonel práctico por $ 70 mensuales. Beauvoir y Forcina llegaron a Punta Arenas el 23 de abril de 1892, que lograron atravesar alrededor de 2350 kilómetros, en donde se vieron en problemas con el personal a bordo de la nave, y peor aún, las inclemencias climáticas y accidentes geográficos que dificultaron la navegación[32].

La goleta María Auxiliadora fue comprada en Dalcahue, pueblecito de Chiloé, al señor don Silvestre Navarro y pagada en dos mil quinientos pesos de moneda chilena. La María Auxiliadora no era bonita, siendo más bien tosca de formas, pero que era un buen barco, sólido y resistente, tan así que a los pocos días de estar nos ofrecieron por compra la cantidad de cinco mil al contado. (…) Desde entonces menudearon las comunicaciones con Punta Arenas, y la Misión de Dawson. Las ideas y venidas de los Superiores, de los hermanos, empleados, hermanas de María Auxiliadora, y de los mismos indios, eran casi semanales, proveyendo de víveres, vestidos, útiles de labranza, animales vacunos, caballares, lanares[33].

Con la visión de crear una red marítima autónoma de transporte, los Salesianos podrían eventualmente acceder por el estrecho de Magallanes al territorio argentino y chileno, estableciendo una ruta binacional. Lamentablemente, al igual que el plan de crear una ruta terrestre, sus acciones se vieron frustradas debido a la destrucción de la goleta María Auxiliadora:

Pero ¿Qué diremos de los servicios que esta goleta prestó abriéndonos las puertas del fatídico Río Grande? Y dándonos por ende, entrada libre, al centro mismo de la Tierra del Fuego, para formar aquella que debía ser la principal industria y la más importa de las Misiones Salesianas que debía cobijar, y salvar a tantos centenares de salvajes. (…) Esta goleta fue la providencia de la Misión Salesiana prestándole inmensos beneficios, durante toda su existencia que desgraciadamente no fue larga, habiéndole dejado estrellarse suelta y sin gobierno contra las piedras de la punta Kelp cerca de la Misión San Rafael, apenas transcurridos seis años a mediados de 1898[34].

Consideraciones finales

A través de la presentación de algunas referencias históricas respecto a la presencia salesiana a finales del siglo xix en territorio chileno y argentino, específicamente en el territorio insular fueguino adyacente al estrecho de Magallanes, podemos abrir el debate respecto al rol que tuvieron los Salesianos. Las misiones de San Rafael y La Candelaria fueron dos lugares singulares durante el proceso de colonización decimonónica, cuyas acciones tuvieron implicancias directas e indirectas en las políticas de soberanía nacional e indígenas, así como también las acciones de los Salesianos. En Chile, tras el cierre de la misión San Rafael, la isla Dawson se convirtió en una villa industrial (astillero, forestal y estancia) hasta que se dejó en manos de la Armada, que, tras el golpe de Estado de 1973, convirtió la isla en un campo de concentración militar para presos políticos. En la Argentina, la misión de La Candelaria se convirtió en una institución de educación agrotécnica bajo la responsabilidad de los Salesianos.

Otra situación que podemos citar es la particular presencia del arquitecto salesiano Juan Bernabé[35], que fue el creador de la arquitectura salesiana en toda la Patagonia y Tierra del Fuego, y que, para este caso en particular, es el responsable del diseño urbanístico y arquitectónico de ambas misiones descritas en este capítulo. El aporte de Bernabé en la arquitectura austral es bastante particular, pues sus obras fueron erigidas entre 1887 y 1932, y se construyeron alrededor de 22 templos y cinco establecimientos educacionales (Fernández, 2003). Sin profundizar en el legado de Bernabé, es necesario recordar una situación que nos entrega una perspectiva diferente sobre la idea de un tránsito binacional de los Salesianos, sino que además con los fueguinos. Primero, es necesario poner una información de contexto muy importante para los Salesianos: el abastecimiento de madera para las nuevas construcciones:

Por espacio de quince años, [la misión de San Rafael] proporcionará madera para las construcciones de la isla y para las otras obras de los salesianos en Magallanes. Más adelante, Mons. Fagnano, junto con informar que el aserradero provee de maderas para sus diversas obras en Río Gallegos y en La Candelaria (Aliaga, 2000, p. 99).

Con la instalación del aserradero de vapor, la misión de San Rafael explotó los bosques de isla Dawson, proveyendo de madera al mercado local y las necesidades de la congregación. Considerando que Bernabé era el director de la misión, emprendió un viaje junto con dos carpinteros y cuatro “indios onas”[36] rumbo a Río Gallegos para construir una capilla, que actualmente conocemos como la Iglesia Catedral de Nuestra Señora de San Luján. Esta situación nos plantea algunas preguntas respecto a su singular condición, que le permite ser el responsable de lo que ocurre desde la misión de San Rafael, viajando regularmente para el diseño y construcción de templos y decidiendo las personas que lo acompañan. Hay que detenerse en la información señalada respecto a los “4 indios onas”, pues es relevante saber quiénes eran, cómo se llamaban y si realmente lograron adaptarse a la vida occidental. ¿Tenían también la posibilidad de moverse en este tránsito binacional a su antojo? ¿Tenía acaso Bernabé una cuadrilla en particular de fueguinos? Es de suponer que parte de los indígenas que lograron adecuarse a las labores que les presentaban los salesianos en las misiones (carpintería, labores forestales y ganaderas, o labores domésticas en el caso de mujeres, niños y niñas) pudieron haber sido llevados a diversos lugares y hogares[37]. Actualmente, incluso, se están realizando estudios que pretenden seguir la pista de los fueguinos sobrevivientes a la colonización[38], y en gran parte las fuentes de información salesianas contienen datos que pueden ayudar a identificar personas en Chile y la Argentina:

Para aproximarnos a la política indígena en la región, la organización de los archivos salesianos es un primer indicio. Dispersos entre Chile, Argentina e Italia, replican el espacio geopolítico donde fueron producidos y la estrategia internacional de las misiones (Bascopé, 2018).

A modo de conclusión, podemos señalar que la situación de tránsito y asentamiento salesiano en territorio chileno y argentino fue una realidad que continúa en la actualidad, donde la actividad misionera se ha transformado en una institución educativa escolar y eclesiástica, aunque no tienen las mismas libertades de movimientos entre las fronteras de ambos países que sostuvieron a fines del siglo xix.

Agradecimientos

Esta investigación ha sido posible gracias al apoyo del Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes y Cape Horn International Center (CHIC), proyecto CHIC ANID/BASAL FB210018. Además, es necesario agradecer a la Dra. Flavia Morello Repetto por el apoyo académico y por las oportunas orientaciones, a través del proyecto FONDECYT 2019 N.º 1190984 “Archipiélago Fueguino, interacciones dinámicas entre cultura, sociedad y ambiente para los últimos 2000 años de la Finis Terrae (52º-56º Sur)”.

Documentos y Archivos

Archivo Judicial de Magallanes, Expediente N.º 112.

Archivo Central Salesiano, Buenos Aires (Argentina).

Bolletino Salesiano (Italia)

Centro de Documentación Patrimonial Fuego Patagonia (Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes).

Diario El Magallanes (Chile)

Diario El Chileno (Chile)

Diario La Razón (Chile)

La Subdivisión de Tierra en Magallanes: Reportaje al Administrador General de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (1912).

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ANEXO 1: decreto 11 de junio de 1890

Vista la solicitud i antecedentes adjuntos, i considerando:

                       

-Que hai conveniencia en que el Estado favorezca i estimule a empresas que tengan por objeto civilizar a los indijenas de Tierra del Fuego;

-Que a mas de los fines humanitarios que se persiguen con tal sistema, también se contribuye con él a facilitar la colonizacion de tan apartados territorios de la Republica; i finalmente

-Que la propuesta que se dice en la solicitud arriba mencionada no impone al Fisco gravamen de ninguna clase,

                          

Decreto:


-Se concede al R.P. José Fagnano, como superior de loes misioneros salesianos establecidos en Punta Arenas, el uso i goce de la isla Danwson, situada en el estrecho de Magallanes, a fin de que se establezcan en ella una capilla, una enfermeria, una escuela destinada a la enseñanza de los indijenas i las demas construcciones que creyeran necesarias para la esplotacion de sus terrenos.

-Esta concesion se hace por un plazo de veinte años, contados desde la fecha en que se dé al mencionado padre Fagnano posesion de la mencionada isla; pero si el Estado resolviera dar otro destino a los terrenos otorgados podrá reivindicarlos, dando a1 concesionario, para los efectos del desahucio i con dos años de anticipacion, el aviso correspondiente.

-Las mejoras en los edificios introducidos en la isla Dawson las abonará el Fisco a justa tasacion de peritos nombrados, uno por cada parte, si los referidos misioneros no alcanzan a disfrutar diez años los terrenos concedidos.

                      

Autorizase al Gobernador de Magallanes para que, en representacion del Fisco, proceda a reducir a escritura pública el presente decreto.

Tómese razon, rejistrese i comuníquese. -(Firmado)* BALMACEDA – Juan. E. Mackenna

                            

(Fuente: Señoret, M. (1896) Memoria del Gobernador de Magallanes, la Tierra del Fuego i sus naturales).


  1. La congregación religiosa católica Pía Sociedad de San Francisco de Sales o Salesianos se constituyó en Turín en 1859, una ciudad italiana que, según la tradición, su fundador Juan Bosco (o “Don Bosco”) tenía el propósito fundamental de atender a la educación y a la promoción de la juventud (Martinic, 2006, p. 766). Posteriormente se sostuvo la idea de llegar a América con misiones religiosas, pero específicamente en el cono sur, instalándose con misiones evangelizadoras-civilizatorias en la Patagonia y Tierra del Fuego, en Chile y en la Argentina, convenciendo a las autoridades respectivas para establecerse en el territorio y conformar un espacio que permita la llegada de indígenas. La visita del presidente chileno a la misión San Rafael no es otra cosa que la aceptación oficial del gobierno respecto a la presencia salesiana en el territorio.
  2. En Chile se creó la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SETF), que a través de un grupo inicial de inversionistas (Peter Mc Clelland, Sara Braun, Mauricio Braun y José Menéndez, entre otros) inició su funcionamiento en 1893 con la intensión de expandirse en el territorio austral. Entre 1893 y 1973 se explotaron alrededor de 3.000.000 de hectáreas, convirtiéndose en el latifundio más grande de América del Sur. Mientras que en la Argentina la situación era similar, pues los inversionistas eran los mismos, podemos citar lo planteado por la historiadora argentina Romina Casali: “Desde un principio se manejaron códigos expansionistas, comprando otras firmas ganaderas y ensayando con éxito una diversificación productiva que incluía graserías, plantas de faenamiento y frigorización de alta tecnología, una fábrica de carnes de Río Grande en 1906 y el afamado Frigorífico de la Corporación Argentina de Productores de Carnes en Río Grande, en 1917 (Casali, 2017, p. 65).
  3. El gentilicio fueguino o fueguina aparece recurrentemente en las crónicas australes decimonónicas, pero no especifica a qué grupo étnico se refieren; esta observación es sostenida por el salesiano Agostini, que plantea que es “de significado únicamente geográfico y no racial” (2005).
  4. Existía una subdivisión interna en el pueblo Selk’nam según su ubicación geográfica: los Herrshkas eran los que vivían en la zona sur de la isla, en la parte boscosa y montañosa, por lo que no tuvieron contacto directo con los estancieros. Los Parikaas vivían en el norte de la isla, en la estepa fueguina, por lo tanto fueron los principales afectados tras la instalación de las estancias, debiendo enfrentarse a las hostilidades que llevaron a los supervivientes a salir de su hogar. En el momento que comienza la diáspora fueguina al interior de la isla, se transgredió el territorio ancestral organizado desde los tiempos míticos en los Haruwen. Chapman (2002) confirma que “la isla estaba repartida en por lo menos ochenta territorios [Haruwen], según mis datos, sesenta y nueve de los cuales eran Selk’nam y los demás Haush”.
  5. “A nuestra llegada a Punta Arenas hemos recibido pormenores de la continuación de la caza humana, que se hace más cruelmente que nunca. Se asegura que son muchos los indios muertos a consecuencia de las últimas correrías, emprendidas por los empleados de diversos concesionarios, en Tierra del Fuego, expresamente pagados para ello” (Diario La Razón, 28 marzo de 1895, p. 2).
  6. Punta Arenas, Legajo N.º 75, Archivo Judicial de Magallanes, Expediente N.º 112.
  7. La aculturación se puede concebir como un proceso que conduce a la eliminación de los dichos “valores negativos” de la cultura indígena y la adopción de los valores y de las normas “positivas” de la cultura hegemónica nacional, en que la sociedad capitalista moderna se constituye en el modelo al cual los indígenas deben integrarse (Aravena, 2005).
  8. Yrarrázaval (1910), “El ganado lanar en Magallanes”; La subdivisión de tierras en Magallanes (1912); Díaz, Contardi y Cía., (1919); “Ganadería, Industrias y Comercio del Territorio de Magallanes”; Kramarenko y Sackel (1934), “Colonizadores de Tierra del Fuego 1934”; Martinic (2001), “Menéndez y Braun Prohombres patagónicos”, entre otros.
  9. Reportaje al Administrador General de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, 1912.
  10. Las condiciones del remate fueron publicadas en el Diario Oficial N.o 2268 con fecha 10 de noviembre de 1896.
  11. Carta enviada por Rodolfo Stubenrauch (empresario y cónsul alemán) al diario El Magallanes el 7 de enero de 1900.
  12. Se recomienda revisar Martinic, M. (1979), “La política indígena de los gobernadores de Magallanes 1843-1910”. Anales del Instituto de la Patagonia (Chile), Vol. 10, pp. 7-58.
  13. De acuerdo a lo planteado por Bascopé, los antecedentes que se podrían considerar en este planteamiento sobre las “políticas indígenas” corresponde a la instalación de una “sucursal” de la South American Missionary Society (1869) en el canal Beagle y la creación de la Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas (1883).
  14. Otras experiencias similares acontecieron frente a la resistencia de los pueblos originarios. Entre 1861 y 1883 aproximadamente se llevó a cabo la “Pacificación de la Araucanía” en Chile, y la “Conquista del Desierto” en territorio argentino entre 1878 y 1885. Queda claro que ambos hitos llevan un título eufemístico que oculta la violencia que ejercieron las fuerzas militares para asesinar pueblos y despojarlos de su territorio. “La imposición de eufemismos en el discurso público tiene la misma función que el ocultamiento de muchos hechos desagradables de la dominación y su transformación en formas inofensivas o esterilizadas” (Scott, 2000, pp. 78-79).
  15. José Fagnano escribió una carta (16 de mayo 1895) a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego para solicitar ayuda financiera para el traslado y manutención de los fueguinos y fueguinas que llegaban a isla Dawson: “El agente de la Sociedad Explotadora don M. Braun, ha trasladado a la isla Dawson, más de ochocientos fueguinos, que tenían su asiento en los campos de dicha sociedad, en los campos de bahía Inútil, prometiendo que el Directorio nos ayudaría a la mantención de ellos. […]. A lo menos dos veces al año se recorrerán los campos recogiendo indios para la Misión. Llamando los sentimientos humanitarios de los Directores y confiando en su perspicacia en los negocios, espero una favorable resolución a mi pedido”. Frente a esta carta, la respuesta de la empresa ganadera fue la siguiente: “La junta discutió esta solicitud y opinó unánimemente que aunque los reverendos recibían una subvención del Estado, con el objeto que recogiera y civilizara a los indios de Tierra del Fuego, era justo que la Sociedad contribuyese con algo a ese fin y se acordó: Que por cada indio que la Sociedad llevase a las misiones, se daría a los Reverendos Padres una libra esterlina por una sola vez”, firmada por Moritz Braun (Perich, 1995).
  16. Documento “Matanza de indios”, alojado en el legajo Memorias del Padre José M. Beauvoir (transcripción mecanografiada del original), p. 71. Caja N.º 5.5, Carpeta N.º 5, Beauvoir, Sac. José María-Memorias y relaciones sobre su vida misionera, Archivo Central Salesiano, Buenos Aires, Argentina.
  17. Específicamente se realizaron denuncias a nivel central por la publicación del diario El Chileno, 8 de noviembre de 1895. Además podemos considerar, al menos para este ejemplo, dos noticias locales; primero, el 28 de marzo de 1895, el diario La Razón publicó: “A nuestra llegada a Punta Arenas, hemos recibido pormenores de la continuación de la caza humana, que se hace más cruelmente que nunca. Se asegura que son muchos los indios muertos a consecuencia de las últimas correrías, emprendidas por los empleados de diversos concesionarios, en Tierra del Fuego, expresamente pagados para ello”. El Magallanes publicó a mediados de ese año, precisamente el 9 de junio: “Nuestros lectores recordarán toda la bulla hecha en Punta Arenas alrededor de los supuestos asesinatos de indios en la Tierra del Fuego con motivo del envío á la isla Dawson de algunas mujeres y niños sorprendidos en bahía Inútil en pleno ejercicio de robo de ganados”.
  18. Con la firma del cardenal Juan Simeoni (Prefecto de la Sagrada Congregación de Propaganda FIDE), el 16 de noviembre de 1883 se decretó la orden de erigir la Prefectura en la parte meridional de la Patagonia, incluyendo las Islas Malvinas e islas adyacentes al estrecho de Magallanes. Esta orden fue planteada el 2 de septiembre de 1883 por el Papa León xiii (Bruno, 1981).
  19. Malvestitti y Nicoletti (2019).
  20. Manuscrito “Le Missione Salesiane”, del salesiano Lino del Valle Carvajal. Este documento data de 1900 y se halla en el ACS Roma (Bruno, 1981, p. 452).
  21. Es necesario considerar lo sostenido por la historiadora argentina María Andrea Nicoletti respecto a la gestión de Fagnano: “Como el gobierno se reservaba para usos fiscales el lote donde estaba la misión, monseñor Fagnano solicitaba en 1897, además del lote pedido, otros trece colindantes. En 1899 le volvió a pedir al presidente Roca diez lotes lindantes con la propiedad de Menéndez, solicitud que aprobó el Senado, pero archivó la otra Cámara” (2006, p. 158).
  22. “Apuntes de la misión de Dawson por Sor Herminia Sánchez, Hija de María Auxiliadora”. Sección Otras Inspectorías, Dawson, Caja 302. Archivo Central Salesiano, Buenos Aires, Argentina.
  23. “Al momento del cierre de la misión, el coadjutor Asvini llevó por tierra a dieciséis indígenas a la misión argentina de Nuestra Señora de la Candelaria, en Tierra del Fuego” (Fonseca, 2014, p. 28).
  24. Toda la documentación relativa a Antonio Oneto y sus demandas sobre Tierra del Fuego se conservan en el ASV Nunziatura di Rio de Janeiro, caja 58, Repúblicas Españolas VII (Bruno, 1981).
  25. Bruno indica la fuente del documento en el Archivo Central Salesiano de Roma (ACS, Roma, 273/31-Mons. Giuseppe Fagnano).
  26. En Santiago, a su vez, encontramos que, a juicio del diario La Ley, los puntos claves de la oposición a la misión de Dawson son: el mercantilismo desenfrenado de los misioneros y la especulación con el suelo, de los animales e indígenas; el ser extranjeros y vivir en pugna con las autoridades civiles de la zona. Están siempre dispuestos a ponerse de parte de las autoridades argentinas. Por lo demás, sus superiores residen en Buenos Aires (Aliaga, 2000, p. 60).
  27. La relación entre el gobernador Manuel Señoret y los Salesianos fue áspera, especialmente con José Fagnano, con quien incluso mantuvo un acalorado debate en los medios de comunicación escrita, donde se interpelaban mutuamente respecto a las acciones que se tomaban con la situación de los fueguinos.
  28. “Memorias del Misionero Salesiano don José María Beauvoir” (p. 87). Caja N.º 5.5 –Carpeta Nº 5–. Beauvoir, Sac. José María. Archivo Central Salesiano, Buenos Aires, Argentina.
  29. Fue el presidente Balmaceda quien otorgó la concesión de isla Dawson a los Salesianos.
  30. “Memorias del Misionero Salesiano don José María Beauvoir” (p. 88). Caja N.º 5.5 – }Carpeta N.º 5–. Beauvoir, Sac. José María. Archivo Central Salesiano, Buenos Aires, Argentina.
  31. El nombre original era Cristina (Massa, 1945, p. 307).
  32. Bolletino Salesiano, dicembre 1892, Anno XVI, N.º12, pp. 246-248.
  33. “Utilidad y servicios prestados por la Goleta ‘María Auxiliadora’ a las misiones durante su breve existencia como y donde se perdió”. Documento P. José Beauvoir, Archivo Central Salesiano, Buenos Aires, Argentina.
  34. Ibídem.
  35. Además, hay que considerar que Bernabé fue director de la misión San Rafael a partir del 18 de abril de 1896.
  36. Junto a la parroquia, hay una placa informativa que contiene el siguiente mensaje: “Monumento Histórico Nacional. El templo fue construido por el Sdb. Juan Bernabé con ayuda de 4 indios onas. Inaugurado el 25 de febrero de 1900”.
  37. Respecto a la distribución de fueguinos a fines del siglo xix, recomendamos consultar el documento titulado “Sumario de vejámenes inferido a los indios de Tierra del Fuego”, disponible en la página web del Museo Regional de Magallanes https://bit.ly/3SsaUhe
  38. https://bit.ly/3LOXYiC


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