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Introducción

Matías Ghilardi y Brenda Matossian

Interrogarnos acerca de la noción de frontera implica, en principio, entenderla en cuanto concepto polisémico. Esto en la actualidad no deja de ser casi un cliché dado que lo que resulta complejo es encontrar un concepto cuya definición y uso se encuentren mayormente consensuados. Aun así, resulta importante reconocer que los procesos vinculados a la globalización han transformado portales, umbrales, lugares de paso, que antes se encontraban más restringidos. Desde los más obvios, como los límites internacionales, a los más sutiles, como los condicionamientos inmateriales a las movilidades en ciertas áreas de las ciudades de nuestros días. La arbitrariedad e intencionalidad de muchas “líneas divisorias”, en cuanto construcciones sociales e históricas, se pueden ver simultáneamente reforzadas, tensionadas, controladas, resistidas y cuestionadas a múltiples escalas, por prácticas cotidianas, lógicas y roles que ejercen representantes de los Gobiernos y por los intereses de mercados globales diversos, entre otros. De allí entendemos buena parte de su riqueza heurística.

Las preguntas en torno a las fronteras tienen ya un largo recorrido, y el contexto en el cual se presenta este libro se halla en uno particular: una línea de investigación nacida desde una perspectiva geográfica que se fue expandiendo reticularmente hacia diversas disciplinas y campos temáticos compartidos. Da cuenta de este recorrido el hecho de tratarse ya del tercer libro producido en el marco de los seminarios Bordes, límites, frentes e interfaces del Grupo de Estudios sobre Fronteras y Regiones (GEFRE), radicado en el Instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires), pero que cuenta con la participación activa de más de 20 investigadoras/es de Argentina y de otros países de América Latina. El tercer seminario fue realizado en el mes de octubre de 2018 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, y esta particularidad regional puede verse reflejada en los diversos intereses temáticos, estudios de caso y abordajes escalares de los capítulos que componen este libro.

La estructura general de esta obra colectiva está compuesta por cuatro partes o bloques temáticos que agrupan los capítulos de acuerdo a las formas de abordaje de las fronteras como objeto de estudio.

En el caso del primer bloque, titulado “Cruces y pasajes fronterizos”, se presentan tres capítulos con foco en los pasajes a través de los espacios de fronteras internacionales. En el primer capítulo de Natividad González, Andrea López y Liliana Bergesio, se recorre un abordaje desde la antropología para el estudio de los tránsitos, prácticas y movimientos en su intersección con las normas, controles e imposiciones definidos por el Estado en el límite entre Argentina y Bolivia, en las ciudades de La Quiaca y Villazón. Para ello profundizan respecto a las prácticas de las paseras, el desarrollo de la Fiesta Manka y la visión que tienen algunas instituciones estatales (nacionales) en relación con esta frontera, a fin de problematizar los complejos procesos de porosidad que allí se desarrollan.

El trabajo de José Navarro-Conticello y Guillermo Alonso-Meneses aborda las estrategias desplegadas por argentinas/os residentes en el espacio fronterizo entre Estados Unidos y México, más precisamente entre las ciudades de San Diego y Tijuana. Allí, desde una perspectiva exploratoria y cualitativa, los autores dan cuenta de las estrategias socioeconómicas que se despliegan y los significados que ponen en juego estos cruces.

El capítulo de Alejandro Rascovan, por su parte, analiza el caso de la frontera argentino-uruguaya. Su aporte releva movilidades de personas y vehículos entre las ciudades de Concordia y Salto, a la vez que identifica, para luego comparar, marcos de referencia y regulatorios (nacionales, provinciales, locales e internacionales) de los servicios de transporte urbano de pasajeros terrestres y fluviales. El estudio da cuenta tanto de las dificultades de la integración regional a nivel local y en zonas fronterizas, como de la necesidad de pensar normativas conjuntas para estos espacios de naturaleza compleja.

En el segundo bloque de este libro, “Materialidades e imaginarios sobre las fronteras en la ciudad”, se propuso repensar los ámbitos urbanos como productores de barreras más o menos consolidadas desde miradas diversas.

En primer lugar, el trabajo que tiene como escenario el partido bonaerense de La Matanza (Provincia de Buenos Aires, Argentina), bajo la autoría de Cecilia Melella, Brenda Matossian y Mauro Escobar, indaga la relación entre literatura y territorio. Esta propuesta muestra cómo las fronteras urbanas en estos espacios percibidos y narrados son puestas en relieve como un modo de reconocer una identidad territorial propia, no necesariamente como barreras.

Por su parte, Matías Ghilardi y Julieta Dalla Torre proponen un trabajo anclado en torno a las formas materiales y simbólicas que adquieren las fronteras urbanas en el ámbito de la ciudad de Mendoza (Argentina). Allí, analizan a escala local un espacio público de gran dinamismo y profundas transformaciones socioterritoriales recientes, con el fin de plantear la posibilidad de que los espacios fronterizos puedan tornarse escenarios de integración con una intervención estatal que priorice a los espacios públicos y de recreación como oportunidades de construcción colectiva junto con las comunidades.

El siguiente bloque, dedicado a las fronteras del extractivismo, consta de dos apartados temáticos: el primero de ellos profundiza sobre las particularidades del sector productivo y el segundo, sobre los mercados inmobiliarios.

Dentro del primer apartado, el capítulo de Esteban Salizzi propone una lectura sobre la expansión del modelo productivo del agronegocio aplicado al caso del sur de la provincia de Santiago del Estero (Argentina). Su estudio permite interpretar el avance de la frontera agraria moderna como un área móvil donde se desarrolla un proceso complejo y dinámico de transición en el que se produce una competencia desigual por el acceso a la tierra entre diferentes sujetos sociales.

Por su parte, Diego Bombal aborda el desarrollo del modelo minero en la República Argentina (en particular la zona cordillerana de la provincia de Mendoza) haciendo énfasis en la desregulación del sistema concesional y su posterior apropiación de los recursos minerales desde el año 1990 en adelante. A partir del estudio de las concesiones mineras otorgadas por el Estado nacional, surge la propuesta que motiva a este capítulo en el que el estudio de la categoría frontera puede sernos de utilidad para echar luz sobre este asunto y además abordar la convergencia entre la frontera estatal y la frontera extractiva global.

La transformación de la vitivinicultura experimentada en la provincia de Mendoza (Argentina) en las últimas décadas del siglo XX trajo como consecuencia la ampliación de la frontera agrícola hacia sitios otrora poco atractivos para el capital. Virginia Groso analiza este proceso en su capítulo y lo pone en diálogo con la aparición de emprendimientos turísticos e inmobiliarios que complementan la explotación vitivinícola en zonas de piedemonte. En este proceso las desiguales formas de acceso al agua desarrollan lo que ella identifica como “fronteras del lujo”.

El segundo apartado de “Fronteras del extractivismo” comienza con el texto de Sergio Braticevic, enfocado en las lógicas del mercado inmobiliario en zonas de frontera. Se centra en mostrar distintos procesos recientes de valorización de la tierra en escalas y espacios de frontera, con especial referencia del Norte Grande Argentino (específicamente en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Formosa, Chaco y Misiones). Esta región se caracteriza por diversas problemáticas: escasa integración socioterritorial interna, baja productividad de la tierra seguida de una potente expansión sojera durante los últimos decenios y creciente migración hacia los principales centros urbanos.

La frontera urbano-rural es una temática con amplio desarrollo en las últimas décadas. El capítulo de Matías Estevez, Romina Sales y Bárbara Guida-Johnson integra el concepto de “paisaje cultural” como una herramienta para analizar las transformaciones asociadas a los cambios de uso del suelo en las áreas de contacto difusas entre el campo y la ciudad. Su trabajo analiza el Oasis Norte de Mendoza (Argentina) para comprender las transformaciones territoriales relacionadas con la expansión urbana, prestando especial atención a los usos del suelo, las fronteras urbano-rurales e intermunicipales y la percepción de los habitantes.

El último apartado de esta obra, concebido como “Estados, políticas y fronteras”, tiene como objetivo indagar en diferentes fenómenos y procesos que han permitido la consolidación de los Estados nación modernos y, por consiguiente, la delimitación de sus fronteras. En el primer capítulo, Roberto França presenta el caso de la frontera argentino-brasilera, específicamente en la provincia de Misiones. Este espacio tiene la particularidad de constituir un triple punto de contacto (junto a Paraguay) en el que confluyen importantes flujos de personas, información y mercaderías. Este contexto ha puesto a la zona en la mira de los Estados Unidos, declarándola como “zona de máxima seguridad”, por las actividades que allí se desarrollan. El autor reflexiona sobre las consecuencias locales que conlleva el desarrollo de una frontera basada en el control y el miedo.

Seguidamente, Emilio Silva se adentra en el estudio de las relaciones de cooperación en el espacio fronterizo entre Uruguay y Argentina, y entre Uruguay y Brasil respectivamente. Este capítulo compara las acciones de integración y cooperación entre los dos espacios fronterizos, teniendo en cuenta tanto la escala local como la nacional.

La contribución de Rose Chabot adquiere un matiz especial ya que avanza en la creación de un cuadro teórico en diversas escalas para abarcar los procesos de fronterización estatal, pero desde una perspectiva proveniente de los estudios feministas. En esa línea, analiza de qué manera impactan los procesos de fronterización sobre los colectivos de paseras y bagalleras del norte de Argentina.

Por último, Andrea Cantarelli reconstruye la conformación de la frontera sur de la provincia de Mendoza durante el siglo XIX y comienzos del XX. Además de generar un aporte geohistórico a los estudios fronterizos, la autora incluye en su análisis variadas dimensiones, como las sociedades que habitaban estos territorios en disputa y la representación de este espacio en documentos cartográficos.

Así, con abordajes que recorren estrategias metodológicas y fuentes diversas, desde la literatura hasta estadísticas, desde observaciones participantes hasta archivos históricos, el abanico de propuestas de este libro nos invita a seguir formulando preguntas y ensayando respuestas.

Una mención aparte para agradecer a quienes colaboraron para que este libro pudiera concretarse. En primer lugar, a los/as autores de los capítulos que componen esta obra colectiva, por sus valiosos aportes. A quienes participaron del seminario que dio origen a esta publicación, por los trabajos presentados, debates gestados y comentarios compartidos en un constante clima de respeto, amabilidad y genuino trabajo colectivo. También a quienes colaboraron con la organización y logística desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo y del propio GEFRE, también desde Buenos Aires. A Alejandro Benedetti, quien promueve esta forma de investigar por caminos que exceden los individualismos académicos y alimentan perspectivas colaborativas. Agradecemos su confianza en nosotros para la compilación de este libro, la libertad con la que estimula e invita a bordar la trama de este grupo como una red que ya tiene peso propio. Finalmente, a las instituciones que financiaron y posibilitaron la realización del seminario y la publicación de este libro: a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, a la Universidad de Buenos Aires y a la Universidad Nacional de Cuyo.



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