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II. 9. Notas sobre la geopolítica contemporánea de la India

Carlos J. Moneta

A modo de introducción

La concepción moderna de la geopolítica la define como una combinación de prácticas concretas y representaciones destinadas a transformar el contexto espacial, su medioambiente y la organización política de ese espacio. Se requiere sumar a las acciones que se emprenden representaciones y relatos que las expliquen y justifiquen y provean el apoyo social necesario para su materialización. Es decir, en términos contemporáneos, contar con el correspondiente soft power, o “poder blando”.

Este trabajo procura explorar brevemente algunas de las bases del muy rico y complejo pensamiento geopolítico indio, observando su evolución presente por vía de las líneas rectoras de su política exterior. Se pretende que pueda servir como marco general de referencia para el tratamiento del tema referido a la geopolítica de los alimentos en la República de la India.

INDIA: un universo social, cultural y político que aún nos es dado conocer

Por su extensión territorial (3,28 millones de km2), población (más de 1 360 millones; alcanzará casi los 1 600 millones en el 2035), ubicación geográfica y crecimiento económico (se ubica actualmente entre las primeras 10 economías del mundo), le corresponde a la India un papel de alto relieve en el subcontinente de Asia del Sur.

Cuadro 1: Mapa político de la India y sus países limítrofes

https://www.lajornadanet.com/diario/archivo/2013/mayo/20/9.jpg

Fuente: La Jornada, 20 de mayo de 2013. Disponible en https://bit.ly/38UwcxX.

Constituye por su dimensión el segundo espacio territorial en Asia, luego de China, y el séptimo en el mundo. Cuenta con 14 000 km de fronteras terrestres a lo largo de 6 países: Myanmar, Bután, Nepal, China, Bangladés y Pakistán (ver cuadro 1). Dado que los límites de algunos de ellos no están aún completamente delimitados, tensiones y conflictos fronterizos se hallan a la orden del día (por ej.: con China y Pakistán).

La India constituye la nación más antigua del mundo y su diversidad cultural parece exceder a la de cualquier otro país. Las formas del pensamiento religioso y filosófico de Oriente y Occidente, en mayor o en menor medida, han tenido cabida en ella. A ellas se les suma un vasto espectro de contrapartes nativas.

La India contemporánea resulta así el producto de interacciones que se llevaron a cabo a lo largo de cinco mil años entre distintos flujos de inmigrantes, comerciantes, religiosos y conquistadores con las poblaciones indígenas. Indoarios, hunos, persas, mogoles, árabes, afganos, franceses, portugueses, holandeses, turcos y británicos dejaron su huella, lo cual generó un complejo proceso multicultural. Esta situación introdujo fuertes obstáculos al sentido de pertenencia nacional, dado que las estructuras sociales tienden a dirigir las lealtades hacia el clan, la familia o la casta[1].

En este marco, un factor relevante en el desarrollo político de la India hasta nuestros días es la existencia de una estructura que cuenta con un componente formal de “poder del Estado” y “modelos informales de relaciones de poder”[2].

La primera corresponde al desarrollo institucional (vía, entre otras, del imperio mogol y el Raj británico) del aparato del Estado. Surgen así el Partido del Congreso en 1885 y la Liga Islámica en 1906, base de los partidos políticos modernos. Por su parte, la sociedad atiende preferentemente a redes de mando locales organizadas a partir de la familiar y la casta, vínculos con autoridades administrativas, dirigentes rurales y terratenientes.

India, bajo el lema de “Unidad en la diversidad”, congrega entonces complejas interacciones de grupos humanos, religiones (la hindú corresponde al 72,5 % de la población; la islámica, al 14,5 %), lenguas (22, de carácter oficial) y dialectos (más de 300), donde prevalece el papel de los hindúes.

¿Un triángulo de representaciones?: bases para un acercamiento a la historia

Tres paradigmas deben ser tenidos en cuenta para considerar la posición de la India contemporánea: el otro, el extranjero y la modernidad.

El “otro” constituye la representación de lo externo para una sociedad de 5 mil años de existencia, donde 2 500 años a. C. comienza en el Valle del Indo un complejo proceso civilizatorio. En el marco del prolongado dominio del Imperio mogol (1526-1707), se destaca a partir del siglo XVI el capítulo colonial británico. Formalmente, se ubica sus inicios a partir de 1874, con la creación de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, y se extiende a lo largo del período del “Imperio Británico de la India” (British Raj) que finaliza en 1947, cuando se obtiene la independencia con la división de la India y la creación de Pakistán por la corona inglesa.

El extranjero es la consecuencia del período colonial al cual sucintamente se ha hecho referencia. La lucha por la independencia conduce a la inserción de la India en un mundo percibido como relaciones de fuerza en constante pulsión. Promueve nuevas configuraciones de la visión geopolítica a partir de los padres fundadores, Jawāharlāl Nehru y Mohandas Gandhi.

La modernidad se vincula con el período poscolonial. La India inicia una nueva etapa de su historia. Es en ese contexto en que corresponde inscribir las bases contemporáneas de su actual política exterior, que ya se registra en los escritos de Nehru y las acciones de los primeros períodos de gobierno tras la independencia.

India: algunos elementos y visiones geopolíticas que nutren su política exterior

“ARTHASHASTRA” (siglo 4 a. C.): un Maquiavelo con características indias

En el 324 a. C. el emperador Chandragupta Maurya fundó una dinastía que unió los valles del Indo y del Ganges; tras un período guerrero, adoptó la Ley de Buda de la Rectitud (dharma) y predicó el amor y la no violencia (ahimsa) como ideal de vida.

El Arthashastra, “libro de los temas materiales” o “ciencia de gobierno y política exterior”, escrito por el Brahman Chanakya, también conocido como Kautilya, representó la obra de cabecera del emperador, de quien era asesor. Constituye un aporte de carácter político y estratégico de gran trascendencia a través del tiempo, que la ubica como un valioso antecedente de Maquiavelo y las teorías contemporáneas de la política de poder.

Su propósito era expandir el poder del príncipe por vía de múltiples acciones articuladas entre sí de carácter militar, psicológico, económico y social en un contexto externo percibido en permanente conflicto. En todas sus formas e instancias, desde la guerra a la paz, debían ser utilizados si servían a los intereses del príncipe. La perspectiva dominante era el deseo de conquista. En términos contemporáneos, correspondería a un sistema multipolar, donde sus Estados estarían en permanente competencia.

Cuando el príncipe se decide a expandir sus dominios, debe asegurarse de que dispone de los siete elementos constituyentes del poder estatal, que coinciden en gran medida con los conceptos modernos de “poder nacional comprehensivo”. Estos elementos son: territorio y población adecuados, poder militar, fortificaciones, liderazgo político, gobernabilidad y aliados[3].

El núcleo central presentado por Kautilya es un Mandala: “Los círculos de Estados”, por medio del cual relaciones cada vez más complejas pueden ser examinadas. Teniendo como centro el “Estado del Príncipe”, se consideraba que siempre existirían tensiones y conflictos con el “Estado A” que le es limítrofe, mientras que al “B”, dada su posición, le convendría establecer alianzas con el príncipe, en función de su vecindad con “A”, y así sucesivamente.

Gráfico 1: El círculo de Estados

graf 1 cap 2.9

El territorio intervenido puede incluir Estados fuertes, débiles, neutrales o vasallos. La correcta identificación de su naturaleza permite definir la política exterior a aplicar. Utiliza ya el concepto de que “el vecino de un enemigo debería ser considerado un potencial aliado”[4].

En este marco, cabe señalar que, si bien puede también encontrarse el concepto de “los Círculos de Estados” en China Imperial, la percepción de la organización y el papel de los círculos es opuesta a la de la India.

En el caso de esta última, en la medida en que se avance en las alianzas establecidas, cada círculo exterior es superior en calidad con respecto a la de los anteriores. Por el contrario, en la visión china el círculo central es el más poderoso (por ej.: concepto del “Imperio Chino del Centro”). Los círculos externos a él adyacentes van cubriendo áreas/pueblos cada vez más primitivos, menos avanzados (los “bárbaros”). La acción cultural china morigeraba esas características, cooptando en la mayor parte de los casos a los entes sociales y políticos más próximos a su territorio[5].

Un aporte principal de Arthashastra es que ha servido de sustentación a una de las dos líneas principales de la política exterior india observadas durante el período contemporáneo: la “pragmática” (basada en la realpolitik) frente a la “secular” o “liberal” que predominó durante el gobierno de Nehru[6].

El legado del período imperial

Su figura principal es el emperador Ashoka (siglo 3 a. C.). Su adhesión al budismo estableció principios y reglas de conducta que se difundieron y aceptaron socialmente a lo largo y ancho de toda la India: “piedad filial; reverencia a todo lo viviente; respeto por los Maestros y tolerancia a las creencias heterodoxas”.

En suma, algunos de los aportes de períodos históricos previos a la Independencia presentan la aceptación de guías para la acción de los gobernantes basadas en políticas de poder que incluían el ejercicio de la violencia. Otras constituyen aportes de orientación budista, que impulsaban la no violencia como eje político central y doctrinas que aceptaban la existencia de otros hubs-Mandalas configurados por valores, intereses y modos de acción distintos.

En ese contexto, existen además otros Mandalas donde el subcontinente indio –junto a sus espacios costeros, que en algunos casos incorporaban inclusive al Asia Central y países del Golfo Pérsico– es considerado una unidad geopolítica, económica y cultural.

Al respecto, debe tenerse en cuenta que, al igual que sucedía en Occidente, en esa etapa del pasado los límites entre los imperios resultaban mucho más fluidos y variables. De igual manera, cabe señalar que, en el período de la Independencia, se evaluó que el subcontinente indio y los territorios al este y oeste del Océano Índico, incluyendo Irán, Irak y Yemen, ofrecían la posibilidad de alcanzar cierta unidad geopolítica y geoeconómica a partir de vínculos de una historia forjada en común.

El período de la Independencia

A diferencia de la situación existente en la etapa anterior, tras la Segunda Guerra Mundial el subcontinente se hallaba dividido en Estados independientes que poseían límites territoriales ya determinados. En ese marco la India surgió como el más poderoso. En la percepción de sus líderes, las principales pulsiones en términos de seguridad resultaban determinadas en el plano subcontinental.

Esa visión mantiene básicamente su vigencia, si bien el escenario internacional actual ha tornado más complejas las situaciones a enfrentar. En este contexto, se entiende que la influencia de la India no podría expandirse sin antes trascender los límites políticos que dividen al continente asiático[7].

Por ejemplo, surgen como obstáculo los conflictos con Pakistán para avanzar en una mayor interacción constructiva con China y en los Himalayas, que constituyen una parte del perímetro de seguridad indio aun cuando se incluya en él a otros países, como es el caso de Nepal y Bután. De igual manera, actualmente surgen restricciones al accionar indio en Asia Central en razón de la presencia de China y Rusia en el área.

Por lo expuesto, el desafío en la etapa contemporánea ha sido reconciliar los intereses económicos y de seguridad con la realidad de una pólis subcontinental/asiática dividida geográfica, económica, cultural y políticamente. Nehru –que siempre enfatizó la necesidad de preservar la libertad de acción, combinando idealismo con los intereses nacionales– consideraba que Asia debía “marchar hacia el mundo del futuro”, donde las culturas nacionales iban a “interactuar y combinarse”. Para ello, se debía “cooperar con los otros en una tarea común”, pero no suplicarían “por el favor de los otros o su patrocinio”[8].

Una potencial “Pax India” requería contar con dimensiones de poder muy difíciles, si no imposibles de obtener, y era contraria a los ideales de Nehru –quien respetaba valores que percibía como universales– y de Gandhi, quien consideraba (aun cuando aceptaba que la no violencia total era improbable) que “las naciones no pueden estar verdaderamente unidas si no reconocen expresamente y aceptan la ley del amor en las relaciones internacionales”[9].

Se debían poner en práctica políticas que facilitaran el acercamiento a partir de visiones e intereses comunes. La “no alineación” y el “tercer mundo” constituyeron poderosas ideas-fuerza, acompañadas por acciones políticas que contribuyeron a ese propósito, permitiendo además extender la influencia del pensamiento indio al África y a América Latina.

Siglo XXI: ¿qué desafíos y oportunidades?

La visión y rol planteado conciben un papel global para la India como actor independiente que en el pasado ha puesto en práctica políticas no expansivas, no agresivas y de no interferencia, basado en su “unicidad”, su carácter multiétnico y multicultural y la dimensión y el enorme valor de su historia[10].

Se trata de articular adecuadamente el realismo y los principios éticos en su política internacional, partiendo de los valores que presenta su democracia, el pluralismo y la moderación que ofrece la civilización india. Se procura actuar en el “punto medio” de democracia, desarrollo y defensa[11]. Ese es el estándar por el cual los líderes indios evalúan el rol mundial de su país y también el que esperan que asuman los gobernantes de otros Estados en sus tratativas con la India.

Por lo expuesto, en el nuevo siglo, se pone en práctica un “compromiso regional y global de gran intensidad”. Corresponde al diseño y materialización de políticas multidimensionales –preferentemente bajo la forma cooperativa– capaces de generar redes de interdependencia que le permitan alcanzar sus metas.

Uno de los elementos centrales que hasta entonces habían alimentado el pensamiento y acción de sus élites políticas e instituciones –particularmente en el cuerpo diplomático, los centros de pensamiento y en los sectores más conservadores de su sociedad– fue la “autonomía estratégica”, sucesora de la “no alineación”. Esta le permitió a la India manejarse con flexibilidad frente a las interacciones EE. UU.-Unión Soviética en el período de la “Guerra Fría”.

El breve interregno posterior de la cuasihegemonía estadounidense permitió a la India comprender que se requería adoptar posiciones más flexibles y cercanas a la superpotencia. El multidimensional ascenso de la RP China, el creciente multipolarismo y las tendencias principales que orientan el proceso de globalización indicaron claramente que se requería formular una política exterior más acorde con la época.

Los conceptos directrices debían evolucionar de acuerdo a la experiencia y los cambios que se registran en la situación nacional, regional y global. Surgió entonces un crucial debate interno entre los seguidores de la “autonomía estratégica” y aquellos que, sin negar su importancia, insistían en la necesidad de “abrirse al mundo”. La India debía procurar su inserción en la economía mundial y, muy particularmente, avanzar en la construcción de relaciones estables y mutuamente beneficiosas con las grandes potencias.

Así, por ejemplo, evoluciona a partir del proceso de apertura de los años noventa el objetivo de convertir la economía india en una fuente real y potente de poder, sumándose como un nuevo núcleo de su política exterior. Se impone el concepto de “geometría variable” en las relaciones externas, considerando que la seguridad de la India y el estatus internacional que se le adjudique desde el exterior dependerán de su estabilidad política y la fortaleza tecnológica y económica que pueda lograr[12].

Visión geopolítica de la India contemporánea

Por lo expuesto, cambios en las tendencias e intereses predominantes del sistema internacional en la actual etapa de globalización impulsaron la introducción de importantes modificaciones en la política exterior.

Esta nueva inserción comprende:

  • Asignar mayor importancia al comercio, finanzas, factores económicos, obtención de nuevos mercados, materias primas y tecnología.
  • Modificar el criterio previo de privilegiar siempre la dimensión política. Se acepta que los intereses y acuerdos comerciales influyan sobre los aspectos políticos de las relaciones. Así, la configuración estratégica asigna a la política comercial el carácter de instrumento que puede generar ganancias de carácter político.
  • En consecuencia, relaciones de “geometría variable” deben acomodar sectores de relevantes intereses (por ej.: relaciones económicas) con otros que corresponden a los ámbitos de política o seguridad (por ej.: interacciones India-China).

En ese contexto, se ponen en marcha varios ejes prioritarios:

  • Asignar mayor importancia al “regionalismo” por vía de Tratados de Libre Comercio (TLC). Tales son los casos de SAARC (Asociación de Cooperación Regional de Asia del Sur), donde existe la intención de incluir en el futuro a Myanmar, Afganistán, Irán y algunas repúblicas de Asia Central; SAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de Asia del Sur); TLC India-ASEAN; y en América Latina, TLC con Chile y el Mercosur (acuerdos de alcance parcial), al igual que el inicio de nuevas negociaciones.
Cuadro 2: India en las organizaciones económicas y de desarrollo de Asia del Sur y Sudeste Asiático

mapa cuadro 2 cap 2.9

  • La política del “Buen Vecino” con Asia del Sur, procurando que se obtenga un área de nuclearización limitada y regulada (por ej.: caso Pakistán).
  • La Look East Policy (transformada actualmente en “Acting East”). Su propósito es estrechar vínculos económicos y políticos con el Sudeste Asiático y, por esa vía, insertarse en Asia del Pacífico.
  • Expandir y afianzar la aún limitada presencia económica y política india en Asia Central.
  • Construir gradualmente una relación funcional de “iguales e independientes” con las grandes potencias (EE. UU., UE, Japón y Rusia) y consolidar su cooperación tecnológica con ellos. En ese marco, se considera a UE, Japón y Rusia como “socios” de gran interés económico y geopolítico. Este último, en términos de su esperable contribución a la generación de situaciones de balance de poder en el sistema internacional.
  • Continuar incrementando relaciones funcionales de cooperación con China. Estarán apoyadas en el crecimiento del comercio y un potencial desarrollo de intereses coincidentes (por ej.: otorgar prioridad a un desarrollo asiático sin interferencias mayores de actores externos a la región. Estarán comprendidas en un marco de “complementariedad/competencia/tensión” (mientras India continúa su crecimiento durante las próximas décadas, su diplomacia debe contribuir a balancear la actual superioridad china en el ámbito económico y militar).
Cuadro 3: El escenario de tensiones/cooperación/competición sino indio

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Fuente: Kajian Internasional Strategis. Disponible en https://bit.ly/2Ci6Xtk.

  • Procurar modificar la actual ecuación de relaciones con los países del Golfo Pérsico caracterizada por flujos de ingresos vía mano de obra migrante india y adquisición de energía versus discriminación y débil cumplimiento de los derechos humanos por parte de esos países.
  • Mantener una identidad de intereses externos diferenciada de los de EE. UU. y de la UE en el marco de sus relaciones con Palestina, Irán e Irak. Preservar el eje estratégico de cooperación militar y tecnológica con Israel.
  • Poner a disposición de los países de África y de otras regiones la experiencia india en materia de desarrollo (por ej.: salud, educación, crecimiento económico).
  • Ampliar y afirmar su presencia económica y vínculos políticos en América Latina.
  • Otorgar particular importancia a la “Iniciativa de la Bahía de Bengal para la Cooperación Económica y Técnica Multisectorial” (BIMSTEC), a la “Comunidad del Océano Índico” y a la “Organización de Cooperación de Shanghái” desde el punto de vista estratégico.
  • Concretar el anunciado “Corredor de Crecimiento Asia-África” (AAGG). Este es un proyecto nipo-indio en el marco de su cooperación estratégica. Tiene por propósito impulsar la presencia de ambos países en África y generar un espacio de competencia con la “Ruta de la Seda” de la RP China.

La política exterior en el período del Premier Narendra Modi (2014-actualidad)

Narendra Modi pertenece al Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio, de orientación nacionalista hindú). Durante doce años como primer ministro del Estado de Guyarat, logró superar su atraso, transformándolo en un ejemplo de desarrollo para todo el país.

Líder carismático, de amplia presencia mediática y muy hábil negociador internacional, alcanzó su reelección para un segundo mandato en 2018. Su agenda de gobierno procura, por vía de la modernización del Estado y del país, ubicar a la India en el grupo de las potencias más avanzadas. Ha encarado, entre otros temas, la reforma de la burocracia, la digitalización masiva de la sociedad, la “industria india 2025” y la incorporación de amplios sectores sociales a los beneficios económicos que esta reforma trae aparejados.

En ese marco, constituyen objetivos principales de su política exterior:

  • Posicionar a la India como potencia internacional de primer rango, fortaleciendo su dimensión económica, estratégica y de seguridad. A esos efectos ha priorizado el desarrollo de “diálogos” y “asociaciones estratégicas” con los EE. UU., Rusia, la UE (se destacan sus vínculos con Alemania, Francia e Inglaterra), Australia, Japón, Vietnam, Indonesia, Israel, Canadá, Pakistán y la RP China.
  • Obtener –manteniendo una predominante perspectiva nacionalista– una acción diplomática más eficiente, moderna e integral, basada en la cooperación y apertura económica, que le permita atraer IED, ETN y tecnología.
  • Mantener la primacía en Asia del Sur. Mejorar los vínculos con Pakistán y países vecinos (en ese concepto incluye los de Asia Central) incrementando los intercambios financieros, comerciales y tecnológicos.
  • Ampliar y consolidar la presencia india en los mercados de África y América Latina.
  • Avanzar en negociaciones para incorporar a India a la APEC (Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico) y al Consejo de Seguridad de la ONU en carácter de miembro permanente.
  • Fortalecer la capacidad militar india y sus avances en el campo nuclear, marítimo, espacial y digital.

India: hacia el 2050

Numerosos estudios que procuran determinar escenarios de futuros para el período 2030-2050[13] ubican a los países asiáticos –y en particular, a la RP China y a la India– en los primeros puestos de crecimiento económico y desarrollo mundial. Así, por ejemplo, un análisis de PWC (Price Waterhouse Coopers) estima que en 2050 las posiciones en términos de PIB podrían ubicar en primer lugar a la RP China, en el segundo, a la India, en el tercero, a los EE. UU., cuarto, a Indonesia, y en quinto lugar, al Brasil[14].

Con independencia de que se alcance esa posición, es dable esperar que la India vaya a estar situada en los primeros puestos mundiales (ya ocupa el cuarto lugar del PIB medido en poder de paridad de compra). Si se trata de un orden entre las regiones, existe ya un alto grado de consenso en el cual Asia Pacífico irá reemplazando al eje transatlántico EE. UU.-UE como centro de gravedad de la economía mundial.

En ese contexto, una pregunta a la cual procuran dar respuesta académicos, funcionarios, diplomáticos y autoridades de la India se refiere a la posible configuración que adopte el orden regional asiático.

En su entender, los esfuerzos de la India deberían estar orientados a que ese orden sea multipolar. Consideran que –atribuyendo supuestas intenciones hegemónicas a China–, si no se satisface esa condición, no podría esperarse una evolución positiva en el plano global. Como señala un destacado especialista[15], quien pudiera detentar un rol hegemónico en Asia, se hallaría en mejores condiciones para trasladar esa condición al nivel mundial.

En suma, existe en la práctica un alto nivel de acuerdo en la India sobre la conveniencia de un orden multipolar que pudiera sustentarse en acciones cooperativas con otros grandes poderes. En forma coincidente con los intereses chinos, la India necesita un sistema internacional estable, pacífico y abierto para expandir su comercio y desarrollo.

En este marco general, India y Argentina comparten un creciente interés en estrechar sus lazos políticos y la vinculación de sus mercados, como lo han señalado el expresidente Mauricio Macri y el primer ministro Modi en sus dos últimos encuentros (2016 y 2019). La siguiente sección procura identificar nuevas posibilidades en el sector de agroalimentos.

Se presentarán algunos procesos, ya en marcha en la India, que podrían contribuir cuantitativa y cualitativamente a incrementar nuestra participación en esos mercados. Estos últimos presentarán profundas transformaciones durante las próximas décadas, orientadas a satisfacer un consumo en vigoroso crecimiento.

Geoeconomía en la India

El análisis de la evolución de la situación de los alimentos en la India admite tanto una lectura geopolítica como geoeconómica. El foco de esta última radica en la puesta en marcha de acciones orientadas a la transformación económica de un espacio dado que convoca el interés de productores, inversores y consumidores, vinculados por múltiples redes de interdependencia, competencia y cooperación.

Entre los numerosos desafíos actuales vinculados a la producción y consumo, cabe resaltar la importancia, a los fines de este trabajo:

  • de la evolución de la futura demanda interna;
  • de la capacidad con que podría contar India para satisfacerla;
  • de los volúmenes a asignar y requerimientos que enfrentará la importación;
  • de la evolución del factor demográfico;
  • de los procesos de urbanización y su incidencia en la demanda y oferta de alimentos;
  • de la incidencia de los factores tecnológicos en todos estos procesos.

Dado que no es posible considerar la totalidad de estos temas en función de la extensión limitada de este estudio, se tendrán en cuenta, a modo de ejemplo, el factor demográfico y los procesos de urbanización.

Demografía y urbanización como vectores de incremento del consumo: nuevas y distintas oportunidades para la Argentina

Desde el punto de vista de los intereses argentinos vinculados a la exportación de servicios y productos alimenticios, cobran gran importancia, en el ámbito de la infraestructura y urbanización de la India, los planes ya en marcha y los proyectos que se estima serán de pronta materialización vinculados al “dividendo demográfico”.

Los próximos veinte años resultarán claves para el desarrollo de la India en múltiples aspectos. Uno de sus recursos principales, el capital humano, presentará importantes cambios. Según las proyecciones de la CEPAL, partiendo de los 1 367 millones de habitantes que alcanzaría en el 2020, una década más tarde, con una población muy joven del orden de 1 485 millones, superaría a su competidor chino, a quien corresponderían poco más de 1 460 millones.

Cuadro 4: 2030: Escenarios alternativos para el consumo futuro en la India (indicadores aproximados)

cuadro cuadro 3 cap 2.9

Fuente: elaborado a partir de The Future Of Urban Development & Services: Urban Development Recommendations for the Government of India, World Economic Forum – Accenture, abril de 2015.

Una demografía sumamente favorable y los procesos de urbanización ya en marcha o planificados para su concreción futura traerán aparejada una profunda transformación social y económica en el país, donde el consumo jugará un rol fundamental. En 2030, India contará con una población de 31 años como promedio (frente a 42 en China y 40 en EE. UU.), por lo cual se presentará como el país de mayor población económicamente activa. Según proyecciones de las Naciones Unidas, India alcanzaría su pico de población alrededor del año 2090, con 1 750 millones de personas.

Este proceso demandará un drástico incremento, entre otros sectores, de las inversiones en infraestructura. Su dimensión supera los recursos financieros con que podría disponer el gobierno, requiriendo contar con un apreciable aumento de IED. A modo de ejemplo, a mediados de la presente década se recibieron 39,3 billones de dólares de inversión extrajera directa, de los cuales 4,2 billones fueron orientados a la construcción.

En este marco, los requerimientos para infraestructura urbana 2012-2030 (caminos y transportes urbanos, infraestructura de soporte al tráfico) serían del orden de los 378 billones de dólares[16].

En su conjunto, la población urbana ha crecido de 222 millones en 1990 (26 % de la población) a 410 millones en 2014 (32 %). Se espera que alcanzará los 814 millones (50 % de la población) en la mitad del presente siglo.

Mientras que se observa que las ciudades pequeñas pierden gradualmente parte de sus habitantes o solo pueden mantener su número, la población urbana se concentra en ciudades de más de 100 000 habitantes. A las que cuentan con una población mayor al millón, les corresponde actualmente más del 45 % del total. Esta situación podría cambiar con la creación de las nuevas ciudades más pequeñas y de los corredores industriales que conectan los principales polos de desarrollo de la India: Delhi-Mumbai; Mumbai-Bangalore; Chennai-Bangalore; Vizag-Chennai; Channai-Bangalore; Amritsar-Delhi-Kolkata (ver gráfico adjunto).

Gráfico 2: India: el papel de los corredores industriales en el desarrollo

mapa graf 2 cap 2.9

Fuente: World Economic Forum, “The Future of Urban Development & Services: Urban Development Recommendations for the Government of India”, 2015.

El gobierno ha concebido y comienza a poner en práctica numerosos proyectos destinados a la creación de 100 “ciudades inteligentes”, la renovación de 500 ciudades, la regeneración de las ciudades con patrimonio histórico o que están localizadas en áreas de turismo, ciudades satélites para aquellas metrópolis con población superior a 4 millones de personas (9 ciudades) y para las que cuentan con una población de 1 a 4 millones de habitantes (35 ciudades)[17].

Se incorporarán alrededor de 90 millones de nuevos hogares habitados por millenials dotados de una mejor educación, mayores ingresos y oportunidades de empleo. Debe aquí agregarse, 370 millones de jóvenes de la “generación Z” (de 10 a 25 años), criados en un ambiente que ha incorporado los productos de alta tecnología y han crecido con una alimentación sofisticada y rica en proteínas.

Según estudios realizados por el Foro Económico de Davos[18], para el 2030, 40 % de los indios serán residentes urbanos. Las 9 grandes metrópolis y las 31 ciudades de crecimiento más acelerado concentrarán una parte importante del ingreso urbano-rural, pero existirán además 5 000 nuevas pequeñas ciudades urbanas (de 50 000 a 100 000 personas cada una) y 50 000 ciudades rurales modificadas (de 5 000 a 10 000 personas cada una) que podrían alcanzar perfiles de ingreso equivalentes.

Se estima que el consumo rural per cápita crecerá más de cuatro veces para 2030 (comparado con 3,5 veces en el sector urbano). Este incremento permitiría equiparar los ingresos en las ciudades rurales más desarrolladas con los del sector urbano. Un mayor acceso a internet contribuiría a establecer condiciones más equitativas para superar la brecha urbano-rural (otro factor clave, la infraestructura, aún presenta mayores dificultades; deben ser superadas las actuales limitaciones de inversión).

Como en el caso de China, donde se lleva a cabo un gigantesco programa de urbanización y localización de población rural, tendiente a disminuir la asimetría de ingresos y de posibilidades de consumo con sus contrapartes urbanas mediante la creación de ciudades medianas y pequeñas, vinculadas a clusters [19], la India presentará una configuración socioeconómica y una localización distinta de su población en las próximas décadas.

El conocimiento al detalle de esta nueva configuración podría ofrecer distintas situaciones de consumo (localización, volumen y valor agregado de los productos) y de acceso para las futuras exportaciones argentinas de agroalimentos.

Por último, cabe la posibilidad de vincularse con proyectos endógenos y ya en marcha, destinados a generar una verdadera revolución en términos de las posibilidades de crecimiento y desarrollo de los sectores rurales más carenciados, que, al igual que el caso previamente citado, contribuirá a modificar la situación presente.

Al respecto, el Plan PURA (Soluciones Innovativas hacia el Desarrollo Sustentable), creado por el muy prestigioso Dr. A. P. J. Abdul Kalam[20], ofrece otro espacio potencial relevante de cooperación y de inserción para nuestros profesionales, emprendedores y sectores técnicos especializados.

Entonces, nos corresponde también a nosotros poner en práctica un “compromiso nacional y regional de gran intensidad”, el diseño y concreción de políticas cooperativas, capaces de generar redes de interdependencia que satisfagan mutuos intereses.


  1. Eva, Borreguero, Hindú. Nacionalismo religioso y político en la India contemporánea. Madrid, Catarata, 2004, cap. I.
  2. Ibíd., pág. 23.
  3. Shyam Saran, How India Sees the World. New Delhi, India. Juggernaut Books. 2017: 13.
  4. Ibíd., pág.13.
  5. Carlos Moneta, dictado de cursos de política exterior de la India, PowerPoint “Especialización en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India”, Buenos Aires, UNTREF, 2017-2018.
  6. Rajendra M. Abhyankar. Indian Diplomacy. Beyond Estrategic Autonomy. New Delhi, India, Oxford University Press. 2018: “Introduction”: XXII.
  7. Shyam Saran, How India Sees the World. New Delhi, India. Juggernaut Books. 2017:13.
  8. Jawāharlāl Nehru, The Discovery of India, Ahmednagar, Fortagra, India, Anchor Books, 1960: 417.
  9. Luis Corman, Une Êcole d´Heroisme. Les Campagnes non violentes de Gandhi. París, Stock 1951: 164.
  10. Rajendra M. Abhyankan. Indian Diplomacy. Beyond Estrategic Autonomy. New Delhi, India, Oxford University Press. 2018: “Introduction”: XXII.
  11. Carlos Moneta, “¿Dónde pastan los elefantes? La política exterior de la India en el Siglo XXI”, en Sergio Cesarin y Carlos Moneta (editores). India: Democracia, Desarrollo y Poder en el Tablero Mundial del Siglo XXI, Buenos Aires, EDUNTREF (E-book), 2019.
  12. Carlos Moneta, en “¿Dónde pastan los elefantes? La política exterior de la India en el Siglo XXI” en Sergio Cesarin y Carlos Moneta (Editores) India: Democracia, Desarrollo y Poder en el Tablero Mundial del Siglo XXI, Buenos Aires, EDUNTREF (E-book). 2019.
  13. Entre otros, pueden verse: Le Monde en 2030 vu par la CIA, Editions des Équater, París, 2013; Asia 2050 Realizing The Asia Century. Singapur, ADB, 2011; European Union Institute for Security Studies (EUISS), Global Trends 2030. Citizens in an interconnected an polycentric world. París, 2012; Indian Foreign Policy. Challenges and Opportunities. New Delhi, Diplomatic Academic Foundation, 2007.
  14. PWC. “The Long View”. How will the Global Economic Order Change by 2050. Reino Unido, 2017.
  15. Shyam Saran, How India Sees the World. New Delhi, India. Juggernaut Books. 2017: 13, p. 265.
  16. The Future Of Urban Development & Services: Urban Development Recommendations for the Government of India, World Economic Forum – Accenture, abril de 2015.
  17. The Future Of Urban Development & Services: Urban Development Recommendations for the Government of India, World Economic Forum – Accenture, abril de 2015.
  18. Future of Consumption in Fast-Growth Consumer Markets: INDIA, World Economic Forum, January 2019 by Oxford Economics, Euromonitor, PRICE Projections, Surveys 2014, 2016, 2018.
  19. Carlos Moneta, dictado de cursos sobre evolución económica y desarrollo chino, PowerPoint “Especialización en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India”, Buenos Aires, UNTREF, 2017-2018.
  20. A. P. J. Abdul Kalam. Target 3 Billion. New Delhi, Penguin Books, 2011.


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