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Prólogo

Concluida la Guerra Fría, no fueron pocos quienes imaginaron la estabilidad mundial. En el campo de la filosofía política, se soñó en un “fin de la historia” y un afianzamiento de la “pax americana”, más allá del “choque de las civilizaciones”. En el terreno económico, la globalización impulsada por la revolución tecnológica encontró un apalancamiento en la liberalización del comercio, la apertura de las economías y la extensión transfronteriza y global de muchas cadenas de valor. Los commodities encontraban “superciclos”, e imaginábamos un nuevo plateau para sus precios internacionales. El mundo era chato y el orden mundial, aunque perfectible, era incuestionado: en definitiva, los países en desarrollo crecían a tasas altas y la quimera de un catch-up económico y tecnológico era alcanzable. El mundo continuaba convulso, por la propia naturaleza humana, pero el orden mundial podía imaginar una convergencia política y económica hacia el desarrollo de sociedades libres y prósperas, bajo grandes paradigmas compartidos y con un orden institucional basado en la arquitectura de la posguerra de la Segunda Guerra. El viejo pacto transatlántico de Churchill y Roosevelt continuaría trascendiendo su época.

Sin embargo, durante la última década, y en particular el último quinquenio, la geopolítica nos muestra no solo nuevas tensiones, sino, y sobre todo, muy significativas modificaciones en las relaciones internacionales.

Parte de estas turbulencias son la creciente fragilidad y obsolescencia de los organismos multilaterales y otros mecanismos institucionales que hacen a la gobernanza mundial. Poco a poco tomamos conciencia de que estamos entrando en una nueva era de las relaciones internacionales.

En este mundo complejo, el propio concepto de “seguridad nacional” comienza a reformularse reflejando otras preocupaciones que inciden de manera directa en las relaciones internacionales. Las principales, que están en el centro del conflicto entre EE. UU. y China, son de carácter tecnológico, principalmente las vinculadas a la información, digitalización e inteligencia artificial. Sin embargo, otros objetivos estratégicos también se hacen más presentes como componentes importantes en la conformación de las relaciones internacionales, tales como la seguridad alimentaria y las estrategias nacionales de mitigación y adaptación al cambio climático.

Fue en este contexto en que a principios de 2019 fuimos madurando la idea de que para los países del Mercosur, que son grandes productores de alimentos, era importante analizar y entender las nuevas alianzas y posicionamientos de poder que se están perfilando a nivel global y cómo estas definen y condicionan el ámbito más específico de la geopolítica de los alimentos.

En respuesta a esta convicción, durante el año 2019 organizamos, en el ámbito del CARI y con la colaboración de la red GPS, en la cual los dos participamos, un ciclo de seminarios en los cuales oradores especialistas hicieron una presentación y, posteriormente, prepararon un trabajo escrito. Estos trabajos fueron escritos hacia fines de 2019, y los capítulos IV y V, durante los primeros meses de 2020. En un mundo en el cual los cambios y transformaciones están ocurriendo a gran velocidad, es posible que la información presentada y algunas observaciones que se hacen ya estén superadas por los hechos.

Los trabajos escritos por los distintos autores que contribuyeron al libro son la columna vertebral de este, y queremos agradecer a las personas e instituciones que lo hicieron posible.

En primer lugar, a todos los participantes del ciclo de seminarios por sus contribuciones, y muy especialmente a los autores de los trabajos incluidos en el libro, que están listados en una sección final de la publicación.

Un agradecimiento especial al CARI y a sus funcionarios por el apoyo recibido, al secretario académico Juan Battaleme y al presidente Adalberto Rodríguez Giavarini por su permanente apoyo institucional.

A Horacio Sánchez Caballero, coordinador de la red GPS, por su participación personal y apoyo a las actividades realizadas.

Finalmente, a Karina Romero y Marcelo Iglesias por su colaboración en la preparación y edición del manuscrito.

 

Martín Piñeiro
Guillermo Valles



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