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II. 3. Mercosur-China:
una relación posible

Sofía Clara Perini, Agustín Tejeda Rodríguez y Nelson Illescas

Introducción

El presente trabajo, basado en un informe previo[1] de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI, busca responder algunos de los siguientes interrogantes: ¿por qué China es un socio estratégico para el Mercosur?; ¿cuál es el rol de la agricultura en China y cómo influye el desafío de la seguridad alimentaria?; ¿cómo han afectado los cambios estructurales experimentados por China su vínculo comercial con el mundo en general y el Mercosur en particular?; ¿cuáles son las oportunidades que se abren en la relación bilateral?; ¿cuáles son las alternativas existentes para aprovechar estas oportunidades y potenciar los intercambios?

¿Por qué China es un socio estratégico para el Mercosur?

En el contexto actual, donde el coronavirus (COVID-19) se encuentra a la orden del día, es difícil pensar en estrategias de largo plazo, pero el vínculo entre el Mercosur y China es clave no solo para determinar cómo se saldrá de esta crisis, sino para definir una estrategia de inserción internacional del bloque. Para abordar este vínculo, es interesante analizar algunas de las tendencias internacionales que afectan al sector agroindustrial y que ponen a Asia en el centro de la escena.

Si bien se espera que se desacelere el aumento de la demanda mundial en los próximos diez años, se continuarán consumiendo cantidades crecientes de productos agroindustriales. Se prevé que gran parte de la demanda adicional de alimentos provendrá de regiones con un alto crecimiento demográfico, en particular África subsahariana, India y la región de Oriente Medio y África del Norte (OCDE-FAO, 2019)[2]. Aunque el cambio en los patrones de consumo producto de aumentos de ingresos o incorporación de nuevas preocupaciones por la sustentabilidad también generarán una demanda adicional de bienes agrícolas.

Fuente: elaboración propia con base en datos de UN WWP 2019.
Nota: el dato 2030 corresponde a la estimación basada en Variante de Fecundidad Media, 20202100

Como se puede ver en el gráfico, África muestra el mayor crecimiento demográfico en los próximos años. Sin embargo, Asia continuará representando la mayor proporción de la población total (58 %), lo que implica un mercado de cerca de 5 000 millones de personas (UN WPP, 2019) en 2030 y, por ende, la región de mayor consumo a nivel global.

Fuente: elaboración propia con base en datos de OECD. Stat (OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2019-2028).

Cabe destacar que Asia, liderada principalmente por China, ha venido incrementando significativamente su demanda mundial de productos agroalimentarios[3], profundizando su saldo comercial deficitario. En el gráfico se puede observar la evolución del balance comercial neto por región en los últimos 30 años con una proyección de OCDE-FAO para la próxima década. Se puede notar que Asia y África se presentan como importadores netos de estos bienes, mientras que Europa, América Latina y del Norte permanecen como exportadores netos. Esto significará que en los próximos años Europa y América serán responsables de proveer alimentos y productos agrícolas a los países asiáticos y africanos en crecimiento, e incluso América Latina superaría a América del Norte en volumen de exportaciones netas. China explica el 44 % de las importaciones netas asiáticas, y se espera que hacia 2028 continúe siendo el principal demandante, con una proporción apenas inferior en el saldo comercial (41 %).

El continente asiático produce el 43 % de los bienes agroindustriales del mundo con el 42 % del área cultivada mundial (OCDE-FAO, 2019)[4] y 28 % de los recursos hídricos renovables totales (FAO Aquastat, 2017). Se estima que tales porcentajes de producción y área cultivable se mantendrán en la próxima década. Asimismo, se espera que sea el continente que mayor valor aporte al PBI mundial. Actualmente, aporta el 35 % del PBI global (a precios corrientes), por un valor de alrededor de 30 billones de dólares (Banco Mundial, 2018). Incluso, si se considera el producto a valores de Paridad del Poder Adquisitivo (GDP PPP, por sus siglas en inglés), la región contribuye a la economía mundial con el 43 % del PBI.

Lo antedicho pone de manifiesto que Asia debe volcarse al comercio internacional para hacer frente a la demanda creciente de alimentos y productos agrícolas, con recursos limitados; y es ahí donde Latinoamérica puede tener un rol central. Dado que, con solo 8 % de la población mundial (650 millones de habitantes), América Latina y el Caribe producen el 20 % de los alimentos y bienes agrícolas del mundo, con el 13 % del área cultivada (OCDE-FAO, 2019)[5] y 35 % de los recursos hídricos renovables mundiales (FAO Aquastat, 2017), siendo Brasil el país con mayor disponibilidad de agua (16 %).

China y su importancia global

En los últimos años, China se ha convertido en uno de los principales jugadores de la escena internacional. Este nuevo posicionamiento global se plasma en los principales indicadores socioeconómicos y comerciales del país. Representa un 20 % de la población mundial, con un mercado de cerca de 1 400 millones de consumidores, con una clase media en ascenso. Siendo la 2.º economía internacional detrás de EE. UU., aporta el 16 % del Producto Bruto Interno (PBI) global en términos nominales (2018, Banco Mundial). Incluso, si se toma en consideración el producto a valores de Paridad del Poder Adquisitivo China, resulta la 1.º economía mundial.

Su relevancia también la demuestran los flujos de comercio e inversiones. China es el tercer inversor mundial detrás de EE. UU. y Japón, aportando alrededor de 130 mil millones de dólares en 2017 (UNCTAD)[6], y el segundo receptor de Inversión Extranjera Directa (IED), recibiendo alrededor de 140 mil millones de USD para ese mismo año, también detrás de EE. UU. Por último, en términos de comercio global, se ubica como 1.º exportador y 2.º importador de bienes (2018), y entre los primeros puestos en comercio de servicios (2.º importador y 5.º exportador en 2017).

En particular, analizando los intercambios de bienes agroindustriales de China, resulta el 2.º comprador global (detrás de EE. UU.) y el 4.º vendedor (luego de EE. UU., Brasil, y la UE). Ha experimentado un crecimiento exponencial de sus importaciones agroindustriales en los últimos 20 años, luego de su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, como se puede apreciar en los gráficos a continuación. Sus compras mundiales han crecido a una tasa del 17 % anual (desde 1999), lo que se tradujo en 2018 en más de 120 mil millones de dólares de importaciones. En particular, este aumento ha sido motorizado por varias cuestiones, entre las que cabe mencionar: el aumento de ingresos, el incremento en la urbanización y el cambio en los patrones de consumo, que involucra una menor demanda de cereales tradicionales y un aumento en el consumo de proteínas de origen animal como carnes y lácteos.

graf cap. 2.3

Fuente: elaboración propia con base en datos de WITS.

graf 2 cap. 2.3

Fuente: elaboración propia con base en datos de WITS.

Las importaciones agroalimentarias de China están dominadas por productos primarios utilizados como insumos en la industria alimentaria local, al tiempo que los productos procesados para consumo final son categorías clave de exportación. Los productos más demandados por China en promedio 2016-2018 fueron: porotos de soja, fórmula infantil, aceite de palma, carne bovina congelada, vino, preparaciones alimenticias, despojos comestibles, harina y pélets de pescado, entre otros.

Mención especial merecen los porotos de soja, que explican una tercera parte de las compras mundiales chinas, representando un 60 % de la demanda global de este bien. Precisamente, ha sido este producto el principal afectado por el conflicto comercial con Estados Unidos. Cabe destacar, por tanto, que China presenta alta concentración de sus importaciones en pocos productos: los primeros 10 bienes agrícolas importados representan un 52 % de sus compras.

En los últimos años, en un contexto de guerra comercial e incremento del proteccionismo a nivel global, Brasil pasó a liderar el ranking de proveedores de China, desplazando a EE. UU., que históricamente ocupó ese lugar. Esto ubica al Mercosur como primer proveedor agroindustrial de China en promedio 2016-2018, liderado principalmente por Brasil (responsable del 22 % de esas compras). Los principales proveedores abastecen en conjunto cerca del 60 % de la demanda agroindustrial china: Mercosur provee 27 % de las compras agroindustriales chinas y le siguen en importancia EE. UU. (17 %), Australia (7 %), Canadá (5 %) y Nueva Zelanda (5 %). Varios de los principales proveedores tienen algún tipo de acuerdo, comercial o de inversiones, vinculante con el gigante asiático[7], lo que se traduce en una ventaja competitiva. Aunque generalmente el principal competidor en el mercado chino es el propio productor local. Por su parte, en el Mercosur la situación difiere según el país: mientras Brasil escaló posiciones en los últimos 10 años, Argentina y Paraguay han retrocedido algunos puestos como proveedores de China, y Uruguay se ha mantenido en la misma posición.

El desafío chino de la seguridad alimentaria

La agricultura es un pilar fundamental de la economía china ya que significa el 27 % del empleo y el 8,2 % del PBI (2019, OCDE)[8]. China se enfrenta al gran desafío de abastecer una demanda creciente con recursos limitados, ya que alimenta a casi el 20 % de la población mundial con un 7 % del agua y un 13 % de las tierras cultivables del mundo.

Pese a que la producción de granos en China ha crecido significativamente en el marco de una política de autoabastecimiento, el país es importador neto de alimentos. Históricamente la autosuficiencia de granos es considerada una cuestión de legitimidad política para los gobernantes chinos. Como destaca Hongzhou Zhang en su libro Securing the ‘Rice Bowl’ (2019, Springer Singapore_Palgrave Macmillan), un viejo adagio político cita: “An economy without healthy agriculture is fragile, and a country without sufficient grain will be chaotic [Una economía sin una agricultura saludable es frágil, y un país sin suficientes granos será caótico]”.

La producción de granos se duplicó en 40 años (1978-2018), pasando de 321 a 658 millones de toneladas[9]. La producción local de carnes también se incrementó sustancialmente en función de las nuevas demandas de la sociedad, lo que implicó una mayor importación de piensos. Según la Consejería Agrícola Argentina en China, se estima que para 2020 las importaciones de soja rondarán las 90 millones de toneladas, mientras que de otros piensos[10] serán unos 30 millones de toneladas.

Pese a haber crecido, en los últimos años la agricultura china aún enfrenta importantes desafíos: demanda creciente de productos agrícolas con recursos escasos, instalaciones de infraestructura débiles en áreas rurales, insuficiente innovación tecnológica y capacidad de extensión, costos crecientes de producción y una gran brecha en los ingresos y servicios públicos entre áreas rurales y urbanas.

Esta tensión entre oferta y demanda de alimentos ha dado lugar a una serie de cambios en su política agrícola. La autosuficiencia (del 95 % en granos y total en trigo y arroz) como medio para garantizar la seguridad alimentaria de su población continúa siendo el centro de su estrategia, aunque en los últimos años el foco de las políticas ha ido modificándose, flexibilizando algunos de estos objetivos históricos e incorporando nuevos con base en otras preocupaciones y necesidades.

Estos cambios se vienen plasmando en los documentos de políticas más importantes publicados por el Partido Comunista chino. Entre ellos, cabe mencionar los Planes Quinquenales (en particular, el de 2016-2020) y el Documento Central de Políticas n.º1, publicado anualmente todos los febreros por el Comité Central del Partido y el Consejo de Estado, que desde el año 2004 se refieren a la cuestión agrícola, reflejando la máxima prioridad que le otorga el gobierno a las cuestiones de la agricultura, el desarrollo rural y el bienestar de los agricultores. En tal sentido, en el Documento n.º1 del año 2016 ya se plasmó la necesidad de “confiar en los mercados y recursos nacionales e internacionales para alcanzar la seguridad alimentaria en granos”.

graf cap. 3

Es interesante ver en el gráfico cómo estas referencias no hacen más que reconocer lo que ya se observaba en la práctica, con una reducción de la tasa de autosuficiencia alimentaria de alrededor de 94 % en 2015/2016 a 85 % en 2018/2019, al tiempo que continúa la tendencia de crecimiento de las importaciones. La flexibilización de la política de autosuficiencia y el reconocimiento al rol del comercio internacional son probablemente consecuencia del fracaso de la política agrícola implementada en los últimos años para lograr, precisamente, ese objetivo de autosuficiencia.

Desde el año 2006 los subsidios agrícolas aumentaron significativamente, hasta convertir a China en el país que otorga el mayor monto de ayudas del mundo, por un valor de 250 mil millones de dólares anuales, superando lo otorgado por la UE y EE. UU. (ver gráfico a continuación). Entre los programas de ayudas, pueden encontrarse: pagos directos a productores de granos, programas de sostenimiento de precios, subsidios para insumos agrícolas y variedades mejoradas de semillas (por unidad de tierra), para compra de maquinaria agrícola, para la consolidación parcelaria, y sistemas de riego.

Según datos de la OCDE, el apoyo a precios de mercado es el canal principal para brindar apoyo a los agricultores chinos. Se proporciona a través de políticas nacionales, como los precios mínimos de compra de arroz y trigo, y políticas comerciales, que incluyen aranceles, contingentes arancelarios (TRQ) y comercio estatal. El nivel Estimado de Apoyo al Productor[11] (%PSE) en China se ha estabilizado en los últimos años en torno al 14-16 % de sus ingresos agrícolas (2016-2018).

Sin efectos considerables en los niveles de producción, estos programas generaron consecuencias negativas que alentaron las reformas, de forma que dio marcha atrás en la implementación de algunos de los programas más distorsivos. Entre estas consecuencias, pueden mencionarse: altos stocks, precios domésticos superiores a los del mercado mundial, altos costos operativos, demandas ante la OMC y degradación de los recursos naturales.

De esta manera, la actual política agrícola china mantiene objetivos tradicionales como la autosuficiencia y la lucha contra la pobreza a través de la mejora del ingreso de los agricultores, pero comienza a incorporar nuevos con eje en la modernización de la agricultura y la sustentabilidad. Las nuevas incorporaciones están orientadas a la innovación, desarrollo y adopción de tecnologías, la mecanización de la agricultura, el desarrollo de infraestructura y servicios públicos, la formalización de los derechos de propiedad de la tierra y el desarrollo de nuevos modelos de agronegocios. Por el lado de las preocupaciones ambientales, se incluyen disposiciones acerca del uso racional de los recursos, la fertilidad de los suelos, el cuidado del medio ambiente, y la calidad y seguridad de los productos agrícolas.

Los cambios mencionados se extienden a los mecanismos a través de los cuales se alcanzarían dichos objetivos: subsidios agrícolas, buscando disminuir los efectos distorsivos y hacerlos más compatibles con la normativa OMC; inversiones en Asia, África y Sudamérica, para fortalecer su gobernanza en la originación de granos; y comercio, aumentando la confianza en el mercado mundial.

La oportunidad de la coyuntura

Existen en la actualidad una serie de factores que agregan una dificultad adicional al desafío de la seguridad alimentaria en China, y podrían acelerar en el corto plazo el proceso de apertura. Situaciones como la guerra comercial entre EE. UU. y China y la peste porcina africana ofrecen una oportunidad para el comercio y la negociación, especialmente para el Mercosur y el resto de los países de la región.

Las restricciones arancelarias en el marco de la guerra comercial han afectado principalmente a los productos agrícolas de EE. UU. destinados a China, y en especial a la soja (principal producto de importación). Este conflicto tuvo efectos positivos y negativos para la región.

En relación con la peste porcina africana, China se encuentra luchando contra la enfermedad desde agosto de 2018 y, a pesar de los controles implementados, se estima que hacia el final del 2019 se acumulaba una pérdida de la mitad de su stock de cerdos (Rabobank, 2019). Esto reviste mayor importancia si se considera que China es el principal productor y consumidor de cerdo del mundo. Esto podría traducirse en un aumento en las importaciones para cubrir las necesidades de consumo. Esperando una caída en el consumo de carne de cerdo y un incremento en el consumo de otras carnes (aviar, bovina). Debido a la menor producción doméstica, como contrapartida se ve afectada la demanda de granos y harinas proteicas para alimentación animal[12].

En lo que respecta a Argentina, la guerra comercial afectó negativamente el crushing local de soja al favorecer la exportación de poroto sin procesar hacia China, situación agravada por la quita del diferencial de los derechos de exportación y la sequía que afectó la campaña agrícola 2017/2018, al tiempo que abrió ventanas de oportunidad para algunos productos de los cuales EE. UU. es un proveedor de relevancia[13]. En tanto, la peste porcina produjo una mayor demanda de carnes, que se tradujo en un aumento del 129,7 % de las exportaciones de carne bovina argentina a China en 2019, superando los 2 000 millones de dólares, según datos del INDEC.

Por su parte, Brasil experimentó un incremento del 34,6 % en las exportaciones de soja a China en 2018, aunque sufrió una caída del 25 % en 2019, según datos de TradeMap, debido principalmente a que la demanda de soja está destinada a alimentación animal. Precisamente por la caída en la producción de carne porcina a causa de la peste, China tuvo que aumentar las importaciones de carnes, y en tal sentido, Brasil incrementó sus envíos un 80 % de carne bovina, un 53,6 % de carne aviar y un 102,7 % de carne porcina.

Con estos ejemplos, puede apreciarse cómo Argentina y Brasil se vuelven socios naturales de China en estas situaciones donde, al ser los mayores exportadores netos de alimentos del mundo, tienen capacidad para abastecer la demanda del gigante asiático resolviendo necesidades de corto plazo y presentándose como socios estratégicos para el largo plazo. Más allá de los casos mencionados, las fuentes de volatilidad son amplias y pueden provenir de múltiples variables, afectando tanto a países exportadores como importadores, lo que vuelve fundamental la construcción de normas bilaterales, regionales y multilaterales que permitan garantizar el acceso a mercados de interés, consolidando las oportunidades que se presentan en un marco de previsibilidad.

La relación comercial bilateral

A principios de los 90, los principales destinos de las exportaciones agroindustriales[14] del Mercosur eran socios históricos como la UE y EE. UU., representando el 65 % de sus ventas mundiales. El comercio al interior del Mercosur representaba un 5 % y China apenas recibía un 1 % de las exportaciones del bloque (13.º destino). Dos décadas después, se observa una diversificación de destinos de las exportaciones agroindustriales desde el Mercosur, ocupando China un rol preponderante: pasa a ser el 1.º destino de las exportaciones del bloque comprando cerca de una cuarta parte de esos bienes, por un valor de 28 360 millones de dólares en promedio 2016-2018. Le siguen en importancia la UE (17 %), el propio Mercosur (6,5 %) y EE. UU. (5 %).

Fuente: elaboración propia con base en datos de WITS.

No obstante, pese a que China ganó posiciones entre los destinos del Mercosur, el desempeño de los países del bloque en el mercado chino ha sido disímil, mientras que Brasil y Uruguay han crecido a tasas anuales de 25 % y 40 % en las últimas dos décadas, respectivamente, muy por encima del promedio mundial (17 %) y ganando (o manteniendo) su posición como proveedor del gigante asiático; Argentina y Paraguay han tenido un peor desempeño frente a sus competidores globales, por lo cual perdieron lugares como proveedores y crecieron a tasas por debajo del promedio mundial (9 % y 14 %, respectivamente). Por su parte, EE. UU. también ha crecido por debajo del promedio mundial (15 %), como se mostró en los gráficos de importaciones chinas. En efecto, se observa que hasta 2008 el país crecía a tasas similares al Mercosur (gracias a Brasil, principalmente), pero desde entonces estas han venido reduciéndose.

Fuente: elaboración propia con base en datos de TradeMap.

Entre los principales productos agrícolas que el Mercosur exporta a China, se encuentran porotos de soja, carne bovina deshuesada congelada, trozos y despojos comestibles de gallo o gallina, azúcar de caña, tabaco, aceite de soja en bruto, algodón, camarones y langostinos congelados, carne porcina congelada, entre otros. Como se puede apreciar en el gráfico a continuación, los porotos de soja explican el 81 % de las ventas agroindustriales desde el bloque sudamericano, y los 10 primeros productos representan un 97 % del total. Esto significa que las exportaciones están altamente concentradas en unos pocos productos. En contraposición, al interior del Mercosur y con otros socios regionales con los que se mantienen acuerdos comerciales, existe una estructura más diversificada de exportaciones.

De esta manera, puede concluirse que Mercosur tiene aún mucho por ganar en la relación comercial con el gigante asiático a través de una diversificación de sus exportaciones. De acuerdo con un análisis del potencial de exportaciones del Mercosur a China[15], basado en un cruce de los flujos de comercio existentes, se descubrió que existen posibilidades para productos que representan el 67 % de la oferta exportable del bloque sudamericano.

Estos productos, para los que se detectaron oportunidades a partir de un análisis de ventajas comparativas, pueden agruparse en 3 categorías: una que incluye productos con potencial en los que China ya representa un destino significativo de las exportaciones (la porción del gráfico de torta en color rojo), luego productos en los que el Mercosur tiene una presencia significativa en el mercado chino (porción celeste), y, por último, la categoría más interesante, que se denominó “productos a desarrollar” (porción verde), donde podría haber oportunidades, pero en la actualidad no se presenta comercio bilateral o este es poco significativo[16]. Cabe aclarar que este comercio potencial surge de un análisis estático con base en el comercio real actual. Podría ser mayor si se considerara el crecimiento en la demanda china para los próximos años y, en un marco de flexibilización de su política agrícola, una posible apertura de importaciones a productos para los que actualmente se autoabastece.

¿Cómo aprovechar el potencial?

En principio, la región debe continuar con los esfuerzos que se han venido desarrollando en los últimos años, tanto públicos como privados, que han fortalecido los vínculos bilaterales y abierto posibilidades de negocios. Para el caso de Argentina, esto se vincula al proceso de apertura de mercados, a través de la firma de Protocolos Sanitarios y Fitosanitarios, los avances en la aprobación de eventos biotecnológicos, la firma de instrumentos como Memorandos de Cooperación, las misiones comerciales, la participación en ferias, conferencias, seminarios y reuniones, como así también la recepción de delegaciones. Como alternativa valiosa, estos esfuerzos deberían realizarse, en tanto sea posible por la temática involucrada, por todos los miembros del bloque de menara conjunta.

Reforzando este camino, parece importante que la relación avance hacia otro nivel, especialmente teniendo en cuenta el interés de China por la región latinoamericana, manifestado en más de una oportunidad en distintos documentos. Por citar un ejemplo, aún no se ha respondido, ni individual ni regionalmente, a propuestas concretas de China como las establecidas en el Libro Blanco de 2008 (reiteradas en el Libro Blanco de 2016) o la propuesta de un estudio de factibilidad de un acuerdo comercial (2012).

En el Libro Blanco sobre América Latina y el Caribe de 2008, se presenta una serie de propuestas sobre la forma en que podrían potenciarse las relaciones y los intercambios entre las dos regiones. La nueva versión del Libro Blanco 2016 que reafirma la intención china de continuar ampliando su presencia y relacionamiento con los países de la región propone fortalecer el trabajo conjunto en seis áreas: política, económica-comercial, social, cultural, colaboración internacional (incluidas gobernanza global, desarrollo sostenible y respuesta al cambio climático) y paz, seguridad y asuntos judiciales.

China propone trabajar con los países de América Latina y el Caribe para construir un nuevo marco para una cooperación pragmática, guiado por el Plan de Cooperación China-América Latina y el Caribe (2015-2019),

utilizando el comercio, la inversión y la cooperación financiera como fuerzas impulsoras, e identificando como prioridades de cooperación: la energía y los recursos naturales, la construcción de infraestructura, la agricultura, las manufacturas, la innovación científica y tecnológica y las tecnologías de la información[17].

En el área económica, se destaca que se realizarán esfuerzos para aprovechar el potencial comercial, promoviendo el comercio de productos especializados, bienes con ventajas competitivas o productos de alto valor agregado e intensivos en tecnología, y fortaleciendo el comercio de servicios y la cooperación de comercio electrónico. Con base en el principio de reciprocidad y beneficio mutuo, manifiestan su voluntad de considerar el establecimiento de relaciones comerciales estables a largo plazo con países de América Latina y el Caribe y diversos acuerdos de facilitación del comercio, incluidos los de libre comercio.

Con relación a la agricultura, se subrayan esfuerzos para alentar a las empresas de ambas partes a participar activamente en el comercio agrícola, impulsar nuevos intercambios y cooperar en ciencia y tecnología agrícolas, capacitación del personal y otros campos, además de profundizar la cooperación en ganadería y avicultura, silvicultura, pesca y acuicultura, y promover conjuntamente la seguridad alimentaria.

Posibilidades para profundizar el vínculo

El contexto actual parece favorable para una profundización del vínculo bilateral, tanto por la voluntad expresada por China como por la oportunidad que presenta la coyuntura. En este sentido, resulta imprescindible avanzar en una respuesta al interés chino, para lo que se requiere definir primero una estrategia de inserción internacional del Mercosur en la que se establezca el rol de China en términos comerciales, económicos y de inversiones.

La agroindustria puede constituirse en la plataforma para avanzar en el relacionamiento bilateral y consolidar el acceso al mercado e inversiones, aprovechando el contexto. Para lograr esto, la región debe presentarse como proveedor confiable de alimentos, otros productos y servicios biobasados y tecnología agrícola.

El Mercosur puede –y debe– ser utilizado como plataforma de negociación, como estrategia para superar las limitaciones propias de los esfuerzos nacionales que han prevalecido hasta ahora. Incluso la respuesta podría ser en conjunto con los países que conforman la Alianza del Pacífico, aprovechando los fuertes vínculos en materia de comercio e inversiones que existen entre estos con China y el Mercosur.

Como parte de la respuesta regional, debería explorarse la posibilidad de avanzar en un acuerdo comercial, teniendo en cuenta la experiencia reciente de China en materia de negociaciones, con la firma de acuerdos con cláusulas a medida de su contraparte, y las flexibilidades que otorgan las normas de la OMC para acuerdos entre países en desarrollo. Existe la posibilidad de alcanzar, en una primera instancia, un tratado comercial con acento en el sector agroindustrial, que contemple las sensibilidades del bloque sudamericano.

Afianzar la relación con China a través de un acuerdo de estas características podría implicar beneficios económicos y comerciales, mediante el incremento de exportaciones de productos identificados con potencial o de inversiones en áreas estratégicas. Argentina, Brasil y Perú son los países de Sudamérica que más inversiones han recibido de China en la última década, siendo Brasil el mayor receptor. La inversión acumulada en los últimos diez años ronda los 60 000 millones de dólares en Brasil y 11 400 dólares en Argentina, en ambos casos el sector energético ha sido el que mayores inversiones recibió. Entre los principales sectores de inversión de China en el extranjero, se destacan energía, transporte y agricultura, en donde existen amplias posibilidades de complementación y los cuales le permitirían a la región superar importantes desafíos en materia de infraestructura e innovación (ver gráfico a continuación).

Finalmente, no deben subestimarse los beneficios institucionales que traería una profundización del vínculo a través de algún instrumento legal como un acuerdo. No solo permitiría consolidar a largo plazo el acceso al mercado conseguido mediante el aprovechamiento de oportunidades coyunturales, sino que también permitiría establecer reglas de juego claras con uno los países más importantes, en un mundo que parece alejarse cada vez más del ámbito multilateral.


  1. https://bit.ly/2OQzsRI.
  2. OCDE/FAO (2019). OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2019-2028. OECD Publishing. París/Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, https://bit.ly/2OSemSQ.
  3. Productos incluidos en las Perspectivas Agrícolas de OCDE-FAO, excluidos el etanol y biodiesel: carne bovina, porcina, aviar y ovina, caseína, algodón, DDG, pescado, harina y aceite de pescado, lácteos (manteca, quesos, leche), jarabe de maíz con alto contenido de fructuosa (HFCS), maíz, melaza, otros granos, otras semillas oleaginosas, harinas proteicas, azúcar, arroz, raíces y tubérculos, soja, trigo, aceites vegetales, etc.
  4. OCDE/FAO. (2019). OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2019-2028. OECD Publishing. París/Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, https://bit.ly/2WOSLiM.
  5. OCDE/FAO. (2019). OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2019-2028. OECD Publishing. París/Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, https://bit.ly/2WPj34d.
  6. UNCTAD (2018). Informe sobre las inversiones en el mundo. Recuperado de https://bit.ly/3f6Arsy.
  7. De los primeros 10 proveedores, China posee acuerdos comerciales con Australia, Nueva Zelanda y los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Malasia, Indonesia, Brunéi, Vietnam, Camboya, Laos, Birmania, Singapur, Tailandia y Filipinas). Asimismo, mantiene un acuerdo de inversiones con Canadá y se encuentra en negociaciones para un Acuerdo de Inversiones con la UE.
  8. OCDE/FAO (2019). OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2019-2028. OECD Publishing. París/Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, https://bit.ly/3iEuR2I.
  9. Información brindada por la Consejería Agrícola Argentina en China. Consejería Agroindustrial Argentina en China (2019). Situación de Acceso Sanitario al Mercado Chino.
  10. Alimento elaborado para alimentación animal.
  11. El Estimado de Apoyo al Productor (PSE) es un indicador del valor monetario anual de las transferencias brutas de los consumidores y contribuyentes para apoyar a los productores agrícolas, medidos a nivel de la finca, que surgen de las medidas de política, independientemente de su naturaleza, objetivos o impactos en la producción agrícola o en los ingresos.
  12. Para mayor información sobre este fenómeno, ver informe “Fuentes de incertidumbre en el mercado mundial: análisis de impacto de la Peste Porcina Africana” – BC / INAI. Bolsa de Cereales & Fundación INAI. (2019). Fuentes de incertidumbre en el mercado mundial: análisis de impacto de la Peste Porcina Africana. Recuperado de https://bit.ly/2NZX7Ph.
  13. Ver informe “El arte de la guerra comercial: Implicancias para la agroindustria argentina de la escalada del proteccionismo” de la Fundación INAI. Fundación INAI (2018). El Arte de la Guerra Comercial. Recuperado de https://bit.ly/2ChXSQT.
  14. Ver informe “El arte de la guerra comercial: Implicancias para la agroindustria argentina de la escalada del proteccionismo” de la Fundación INAI. Fundación INAI (2018). El Arte de la Guerra Comercial. Recuperado de https://bit.ly/3f8kiTh.
  15. Análisis de Ventajas Comparativas Reveladas. Para determinar Potencial Exportador del Mercosur, lo que se midió fue: 1) que existiera una ventaja en las exportaciones de Mercosur y una ventaja importadora de China, 2) que las exportaciones e importaciones mundiales de Mercosur y China fueran relevantes –superiores al millón de USD–, 3) que las exportaciones del Mercosur superen sus importaciones al mundo.
  16. El valor del comercio potencial se calcula como el mínimo entre valor de exportaciones del Mercosur al mundo y valor de importaciones mundiales de China.
  17. “Full text of china’s policy paper on Latin America and the Caribbean” (2016). China internet information center. (2016). Full text of china’s policy paper on Latin America and the Caribbean. Recuperado de https://on.china.cn/2Z6gAEh.


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