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Reflexiones finales

Buscamos hilar sueños, luchas, esperanzas y ternuras, para tejer una red para la vida, como otra forma de enfrentar la colonialidad del saber, hasta ahora sustentada en la hegemonía de la ciencia y la técnica, de la frialdad de la razón, que construyó un conocimiento disciplinador, alejado de toda forma de afectividad, para que sea instrumental al ejercicio del poder, y que se erigió como único discurso de verdad, para subalternizar, silenciar y desconocer otras formas de tejer conocimiento (Guerrero Arias, 2010: 16).

A continuación, presentamos las reflexiones finales producidas a partir del análisis colectivo de las distintas experiencias con las que nos articulamos en la investigación que en este libro hemos presentado. Estas están organizadas siguiendo las categorías de análisis de las iniciativas trabajadas a lo largo del libro.

Colectivización y politización de las necesidades: cuando “lo personal es político”

Aunque con muchas diferencias entre sí, la mayoría de las experiencias analizadas parten de haber escuchado y prestado atención a lxs niñxs (a sus palabras, dibujos, juegos u otras formas de expresión) en función de visibilizar realidades silenciadas y existencias “otras”. Realidades no contempladas o no suficientemente atendidas por el Estado ni por otras organizaciones o instituciones sociales. Ello desde una comprensión amorosa y respetuosa de las singularidades de las infancias.

En el camino recorrido por las distintas experiencias, se produjo una colectivización y politización de las necesidades (vinculadas fundamentalmente a la salud, la educación, el acompañamiento, el reconocimiento, la identidad, la justicia, la participación, la recreación, etc.), transformando “lo personal en político”. En dicho proceso no solo se generaron intercambios afectivos, cognitivos y materiales orientados al apoyo y a la ayuda mutua, sino también un fortalecimiento de las familias a partir del conocimiento y reconocimiento de las realidades y de los derechos de lxs niñxs.

Complejidades de la participación: escucha activa hacia las infancias y protagonismo de las familias

Más allá de las diferencias existentes, en la mayoría de las iniciativas analizadas, si bien han sido las familias las que se han organizado, ellas lo han hecho contando siempre y según los momentos con el apoyo de sus propias familias extensas (abuelxs, tixs, primxs, etc.), de amistades y personas aliadas (conocidxs, amigxs, profesionales, etc.) y de integrantes de su propia comunidad o de otros lugares del país. En este proceso, ha sido una constante la activa y mayoritaria presencia femenina. Asimismo, el hecho de que, en varias de las experiencias, sean lxs propixs padres y madres luchando por sus hijxs imprime una fuerza increíble a estos procesos organizativos, ya que reconocen haber emprendido acciones que jamás hubieran imaginado o que no hubieran hecho por ellxs mismxs.

Dentro de todo este proceso, lxs niñxs han tenido un lugar central al ser atendidxs, escuchadxs y creidxs en sus decires, haceres y sentires con toda la complejidad y las implicancias que esto ha traído en las distintas situaciones. A veces, este lugar central ha resultado en la generación de espacios y formas de participación directa. Otras veces, dicha participación ha sido más bien indirecta o mediada por las voces de las familias o la comunidad, que, aunque no sea “necesariamente la suya, [hace] trama con ella” (Stolkiner, s/d).

En todos los casos, la participación de las infancias ha sido relacional respecto al mundo adulto. Esta manera de comprender a las infancias refuerza nuestro punto de partida, desde el cual entendemos que la infancia es una categoría sociohistórica, heterogénea y cambiante. Lxs niñxs son sujetxs sociales que actúan en la vida de su entorno y, por lo tanto, son sujetxs reflexivxs. Esto nos invita a atender su punto de vista sobre lo que les sucede a ellxs mismxs, sus representaciones sociales, y la interrelación con las percepciones de lxs adultxs y con las instituciones por las cuales circulan.

Así, en la narración de cada inciativa, se menciona a las infancias, en plural, entendiendo que no existe un solo proceso que las caracteriza, sino una multiplicidad de infancias existentes.

Acciones directas para construir “un mundo donde quepan muchos mundos”[1] y ocupación del espacio público

Algunas de las experiencias analizadas, a nivel interno, organizan espacios alternativos autónomos de encuentro e intercambio entre las familias donde se han generado importantes procesos de apoyo afectivo y emocional. Asimismo, desde esos espacios, las familias se han acompañado en cuestiones que tienen que ver con la vida cotidiana de sus hijxs (escuela, salud, trámites de DNI, justicia, etc.). Estas iniciativas también se han dado una organización interna por áreas o proyectos de trabajo a partir de la cual se dividen tareas.

A nivel externo, estas experiencias han producido acciones alternativas autónomas directas en los ámbitos cotidianos donde transita la vida de sus niñxs (salud, educación, justicia, etc.), ámbitos que ellas mismas habitan como familias que sostienen, abrazan y cuidan a la vez que generan acciones de información y formación en los ámbitos sociales más amplios (conversatorios, formación a docentes, capacitaciones a policías y bomberxs, intervenciones en supermercados, etc.). Asimismo, estas iniciativas son organizadoras o participan, junto a otras organizaciones, de grandes eventos sociales (movilizaciones, jornadas públicas, campañas de sensibilización, aparición en medios de comunicación, etc.) que buscan concientizar y visibilizar las realidades de estas infancias (trans, con autismo, víctimas de violencia, con diversidad funcional, etc.), teniendo dichos eventos una clara incidencia simbólica y política a nivel local, regional y nacional. Por último, estas iniciativas participan de espacios interinstitucionales y organizan acciones de tipo colaborativo y/o confrontativo orientadas a incidir en la formulación o efectivización de ciertas políticas públicas.

En este accionar incesante y sumamente rico, las experiencias analizadas entablaron numerosas articulaciones con distintas organizaciones, redes y sectores del Estado, proceso en el cual los medios de comunicación y las redes sociales fueron actores esenciales.

A través de todas estas iniciativas, las experiencias analizadas posibilitan que las realidades de las infancias vayan ocupando un lugar en la agenda política rompiendo las líneas abismales (De Sousa Santos, 2010) impuestas socialmente y cuestionando el carácter normalizador-binario-patriarcal-colonial de la sociedad y de las políticas públicas (Mafía, 2020). En ese sentido, siguiendo el camino señalado y transitado por estas iniciativas, se hace necesario pensar en políticas públicas que partan de la escucha de las voces de las niñeces, sus familias y sus comunidades, y que incluyan sus diversidades sin patologizar ninguna forma de existencia y sin tampoco establecer precondiciones (de diagnóstico, género, condición, etc.) para efectivizar sus derechos (Barcala y otros, 2018).

Los significantes privilegiados que articulan los procesos de movilización: la búsqueda por deconstruir las miradas binarias, patriarcales, capitalistas y adultocéntricas

Como ya dijimos anteriormente, las experiencias analizadas confluyen en la búsqueda por visibilizar realidades silenciadas y existencias “otras”, en escuchar y prestar atención a lxs niñxs, a la vez que coinciden en mostrarnos a las infancias en toda su diversidad.

Asimismo, estas iniciativas cuestionan nuestra sociedad desde la raíz y rompen con el adultocentrismo imperante en ella, apostando por un mundo que se pueda construir a partir de las vivencias, las miradas y las voces de las infancias. Estas infancias impugnan una sociedad que es adultocéntrica, homogeneizadora, heteronormativa y binaria.

Se trata, por lo tanto, de considerar a lxs niñxs como verdaderxs sujetxs epistémicxs y políticxs productorxs de conocimiento acerca de lo que viven y de lo que les sucede y de considerar como valiosos los aportes que ellxs puedan hacer para la elaboración de políticas públicas que lxs involucran directamente.

La defensa de los derechos humanos de las infancias en general y de las infancias y adolescencias trans, con autismo, víctimas de situaciones de abuso, con discapacidad, etc., en particular constituyó un articulador simbólico central de todas las experiencias. En este sentido, las iniciativas demandan respuestas que implican la intervención del Estado. Una acción gubernamental debe contemplar el reconocimiento de las identidades, las subjetividades y los modos de solucionar los conflictos que las experiencias se proponen (De Piero, 2020).

Emocionalidades y afectividades que habitan las experiencias comunitarias

Las experiencias narradas no solo dan cuenta del importante lugar que tienen las emociones y afectividades en los procesos de movilización y organización social, sino que muestran cómo el afecto y la emoción, a veces tristes, otras más alegres, opera como motor configurando la multiplicidad de acciones colectivas desplegadas. Asimismo, ellas revelan cómo el dolor, por tremendo que sea, al colectivizarse, se politiza y se transforma en una fuerza arrasadora. Esperanzas, expectativas, temores, impotencia, frustraciones, tristezas, alegrías, dolores, broncas, indignaciones, frustraciones, entre otras, son parte de las experiencias de las organizaciones que, en cuanto emociones y afectividades complejas, conviven en los cuerpos y en los colectivos de manera imbricada, superpuesta, entremezclada.

Asimismo, se hace necesario mencionar la especial potencia que tiene la visibilización del malestar en las infancias para producir sentimientos de empatía y conmover a otras personas. Esos sentimientos subyacen y dan movimiento a las acciones, a la lectura de las necesidades, las reivindicaciones y las exigencias que hacen y plantean lxs adultxs que integran estos espacios colectivos. Politizar, hacer públicas las emociones y los afectos de las infancias tiene una fuerza de movilización que se asienta en la inclusión de sus voces y experiencias como verdaderxs protagonistas.

De igual modo, importa destacar el enorme impacto de la dimensión afectiva y emocional no solo como condición de posibilidad de las iniciativas, sino también en nosotras mismas como investigadoras. Durante todo el proceso de investigación, nos fuimos emocionando con las familias, alegrándonos en algunos momentos hasta las lágrimas, entristeciéndonos en otros, e indignándonos en muchos. Esto nos permite afirmar no solo que la afectividad atraviesa el proceso de investigación como nos señalan las epistemologías feministas, sino que dicha afectividad es un recurso valiosísimo –ya nunca más un obstáculo como lo plantea la concepción tradicional de ciencia– de toda producción de conocimiento. Ella nos permite “garantizar la integridad independiente del mundo a la vez que es consciente de nuestra conectividad y continuidad con él” (Fox Keller, 1989). A la vez, nos permite enfatizar la necesidad de realizar investigaciones corazonadas que se contrapongan a esas epistemologías dominantes colonizadoras de nuestro ser (Guerrero Arias, 2010).

Incidencias materiales y simbólicas e impactos en las políticas públicas

Desde su lucha, estas iniciativas no solo generan teorías y saberes muy específicos y expertos que crean colectivamente a partir de escuchar y prestar atención a lxs niñxs o a partir del protagonismo directo de ellxs, sino que, además, se constituyen en actorxs fundamentales en asuntos de interés público al incidir en el contenido o alterar el curso de las políticas públicas (Leiras, 2007), sea este un objetivo buscado explícitamente o no por dichas iniciativas.

Esta incidencia se da en distintos niveles de las políticas públicas (generación de lobby, participación en espacios de consulta, colaboración en la implementación y evaluación de políticas públicas, monitoreo del cumplimiento de las leyes vigentes, etc.), demostrando la importancia de crear políticas desde el territorio y desde las voces de lxs niñxs, sus familias y la comunidad. Así, se produce una inclusión de

los niños como interlocutores válidos para la planificación de políticas, [en cuanto ellos son] sujetos portadores de conocimiento, que pueden dar cuenta de sus necesidades y contribuir en la búsqueda de soluciones [desde incluso] el reconocimiento de nuevas prácticas sociales [inventadas por ellos] (Giberti, 1997, en Colángelo, 2003: 8).

Las experiencias analizadas también se caracterizan por vehiculizar la participación de diferentes actorxs sociales en los Estados y operan de alguna manera sobre el nivel de las representaciones sociales mediante sus demandas. Así, varias iniciativas se plantean en sus objetivos la incidencia e intervención en programas específicos que se llevan a cabo desde los Estados, mientras que otras, sin concebir como fin explícito la incidencia en las políticas públicas, la alcanzan de forma indirecta desde su hacer cotidiano a partir del establecimiento de relaciones de cooperación, complementación, etc.

De este modo, son numerosas las influencias tanto en el ámbito legislativo como en el ejecutivo que estas experiencias han establecido a lo largo del tiempo analizado, aunque no siempre ha sucedido lo mismo en el ámbito judicial. Incluso, cuando las iniciativas no logran que se incorporen todas sus sugerencias en los programas en los que participan, son un gran puntapié para fortalecer los espacios de deliberación.

En ese sentido, las organizaciones sociales realizan una tarea importantísima ya que no solo “parten de”, sino que terminan cubriendo vacíos dejados por el Estado. Vale explicitar que esto último no debería ser así ya que, si bien resulta positivo que las organizaciones sociales pongan en agenda ciertas temáticas, sostengan espacios de intercambio entre las familias, etc., no corresponde que sean ellas las que cubran de forma permanente funciones que debe cumplir el Estado y que busquen la salida a las distintas vulneraciones que este provoca.

Por último, es necesario decir que el reconocimiento de estas importantes incidencias materiales, simbólicas y políticas no implica desconocer que aún hay aspectos que seguir trabajando, dado que muchas de las problemáticas a partir de las cuales surgieron estas iniciativas todavía deben ser superadas.

Transformaciones de la acción colectiva en tiempos de pandemia

Si bien las experiencias investigadas son muy diferentes entre sí, la mayoría de ellas coinciden en haber pasado de un activismo offline, con cierta presencia de un activismo online, a una hibridación de activismo online y offline, con fuerte preeminencia del primero sobre el segundo. Mientras que antes de la pandemia el espacio virtual se utilizaba, sobre todo, para dar cuenta de las actividades presenciales que se hacían, a partir de marzo del 2020, dicha virtualidad se constituyó en el espacio de acción principal (de encuentro, gestión, capacitación, difusión de información, etc.). Así, la tecnología ya no solo constituyó un medio o instrumento, sino que fue el espacio donde se instauró la acción colectiva y donde se produjeron procesos de subjetivación con otrxs.

Algunas experiencias adecuaron los recursos y desarrollaron actividades específicas y posibles dentro del contexto de ASPO, a la vez que generaron formas de gestionar las emociones y los malestares propios de transitar la pandemia. Otras, no obstante, quedaron por fuera de este proceso de virtualización ya que no pudieron o no quisieron aggiornarse al formato online.

Activismos y transformaciones en los formatos de investigación

En consonancia con lo anterior, y como ya explicitamos en la introducción, durante el tiempo de pandemia, fuimos implementando dispositivos inéditos y recreando los que ya veníamos utilizando en función de poder sostener el proceso investigación. Para ello, durante este tiempo, nos fuimos nutriendo de aportes de la etnografía virtual, los cuales nos han servido para reconceptualizar los procesos metodológicos puestos en marcha.

Asimismo, la investigación aquí narrada ha ido tejiendo y articulando, a veces con algunos avances y retrocesos y otras veces muy armónicamente, el investigar con el hacer. En ese proceso, han ido surgiendo proyectos de acciones conjuntas entre las experiencias y el equipo de investigación. Algunos ejemplos de dichos proyectos son los siguientes: la socialización de la experiencia Madres con Madres a través del Programa de Actualización de Postgrado Salud Mental Perinatal, Vínculo Temprano y Primera Infancia (FACE-UNCo); la propuesta de hacer un relevamiento de infancias y adolescencias trans que se realizó en coordinación con NC y el Observatorio de Derechos Humanos de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Ciudadanía de la Provincia del Neuquén; la iniciativa “Hacia una ESI NO BINARIA”, que se está desarrollando con NC la participación en la Red de Salud Infancias y Adolescencias Trans; el Ciclo de Conversatorios Virtuales “Invisibilidades que producen desigualdades: existencias diversas y realidades silenciadas en infancias y adolescencias”, que se organiza desde un Proyecto de Extensión Universitaria de la FACE-UNCo donde participan integrantes del equipo de investigación; entre otros.

Por último, insistimos en que la relación generada con algunas de las experiencias investigadas, especialmente Nueva Crianza y con Cannabis Medicinal Río Negro, así como las acciones que fueron surgiendo de manera conjunta con ellas, trascienden la investigación tradicional y le imprimen un carácter absolutamente militante y activista a nuestro quehacer investigativo que puede conceptualizarse desde las propuestas de la investigación militante (Colectivo Situaciones, 2004) y del trueque constructivo (León Cedeño, 2007).

Hacia una sociología de las emergencias y una politicidad en clave femenina

Según las dimensiones de análisis de las iniciativas comunitarias abordadas en este libro, podemos comprender las acciones y los sentidos presentes en ellas, desde lo que De Sousa Santos (2010) llama sociología de las emergencias. Dicha sociología busca visibilizar y validar otras maneras de ser, conocer y sentir este mundo, a la vez que intenta abrir espacios analíticos para realidades “sorprendentes”. Así, ella complementa y se contrapone a la sociología de las ausencias, aquella que “tiene como objetivo mostrar que lo que no existe es, de hecho, producido activamente como no existente […] siempre que una cierta entidad es descalificada y considerada invisible, no inteligible o desechable” (De Sousa Santos, 2010).

En ese sentido, de lo que se trata es de transformar “objetos [sujetxs] ausentes en objetos [sujetxs] presentes” (De Sousa Santos, 2010), socavando la violencia epistémica que reproduce las líneas abismales que dividen la realidad social en dos universos, “este lado de la línea” y el “otro lado de la línea”. De este modo, se opone a aquellas concepciones normativas de lo humano que, “a través de un proceso de exclusión, producen una multitud de vidas invivibles cuyo status político y legal se encuentra suspendido” (Butler, 2006). Al mismo tiempo, dicha sociología rompe con las líneas abismales que separan lo humano de lo subhumano y que han sido creadas histórica y socialmente.

En ese sentido, escuchar “los gritos sin voz”[2] y visibilizar las realidades diversas de las infancias y adolescencias tiene que ver con amplificar las pistas que ellas nos dan para poder generar una transformación profunda de este mundo adultocéntrico, patriarcal, capitalista, binario y heteronormativo en el que vivimos. Mundo signado por la pedagogía de la crueldad (Segato, 2018) y que tanto sufrimiento trae especialmente a aquellas personas que se sienten fuertemente discriminadas por ser diferentes, donde, además, todxs nos empobrecemos “ante el desperdicio de la experiencia” (De Sousa Santos, 2010).

Asimismo, considerando los ámbitos en que desarrollan sus acciones y los sentidos que gestan estas iniciativas comunitarias, sostenemos que ellas, en mayor o menor medida, generan un tipo de politicidad en clave femenina que sigue un camino anfibio al plantear su lucha no solo desde fuera del Estado, sino también desde dentro de él (Segato, 2018). Esta politicidad “otra” se contrapone al ADN masculino de nuestros Estados patriarcales y se visibiliza en

  1. tener un arraigo espacial y comunitario en los ámbitos donde las infancias y adolescencias desarrollan sus vidas (familia, salud, educación, etc.);
  2. ser pragmática y próxima a las situaciones que se dan en el día a día (gestiones, trámites etc.);
  3. enfatizar en los procesos y no solo en los resultados (escucha, participación, etc.);
  4. ser solucionadora de los problemas que se dan en los distintos momentos y ámbitos de la vida (protocolos, políticas públicas, accesibilidad, garantía de derechos, etc.); y
  5. ser preservadora de la vida cotidiana (creación de espacios amorosos y amigables).

Esta politicidad insta a la reciprocidad y produce comunidad.

Así entendidas, estas experiencias pueden ser pensadas como potentes iniciativas comunitarias que nos muestran claramente que lo que necesitamos como investigadorxs es desarrollar la capacidad de generar articulaciones o conexiones parciales (Haraway, 1991) que nos permitan acompañar estos procesos desde una posición inspirada en una investigación militante y en un trueque constructivo. Articulaciones que nos posibiliten aprender lo que estas iniciativas tienen para enseñarnos, en todo sentido, pero sobre todo en términos de un ejercicio de la política en clave femenina y anfibia (Segato, 2018) encarnada desde, para y con las infancias y adolescencias.

En ese sentido, como ya dijimos anteriormente, estas experiencias nos enseñan que es necesario pensar políticas públicas que partan de la escucha de las voces de lxs niñxs, lxs adolescentes, sus familias y sus comunidades, que incluyan las diversidades de las infancias y de las adolescencias y que garanticen sus derechos. Articulaciones que nos posibiliten fortalecer estos procesos organizativos desde una posición de retaguardia y no de vanguardia (De Sousa Santos, 2010) que apueste por un proyecto histórico de los vínculos (Segato, 2018).

Un proyecto anticapistalista, antripatriarcal y anticolonial que sea construido desde una ecología de saberes y desde una justicia cognitiva (De Sousa Santos, 2010), que reconozca el carácter epistémico y la potencia de estos espacios colectivos y que se mueva entre la acción comunitaria y las políticas públicas.


  1. Lema emblemático del Movimiento Zapatista, Chiapas, México.
  2. Video “12 años de prisión para Marcelo Tatavitto”. Recuperado de Facebook Radio Génesis 25. Disponible en fb.watch/3z1ubiw5_v. Consulta: 30-09-2020.


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