Otras publicaciones:

9789871867523-frontcover

9789877230048-frontcover

Otras publicaciones:

Book cover

12-4388t

Epílogo

Lo periférico en el centro. Otra mirada
al Partido Socialista en la Argentina

María Liliana Da Orden

Los estudios sobre el socialismo en la Argentina clásicamente se han ocupado de su desarrollo en el centro de poder, esto es, la cúpula y las más altas dirigencias si se considera la organización y funcionamiento del partido, la ciudad capital si se tiene en cuenta el acceso a la legislatura nacional en una época como la de las primeras décadas del siglo pasado de la que quiero ocuparme, en que los dirigentes del interior del país todavía no habían aportado a sus bancas. Ambos motivos son válidos aunque insuficientes. Es lógico por una parte que la atención esté dirigida a aquellos ámbitos en los que el socialismo tuvo mayor incidencia tanto por el número de afiliados como por su peso electoral, al fin de cuentas se trata de un partido político. De ahí también que esta perspectiva –más allá de cualquier valorización–, incidiera en las historias realizadas por aquellos que como Jacinto Oddone, Enrique Dickmann o Nicolás Repetto tuvieron un fuerte protagonismo en tales lides. Las fuentes utilizadas, desde La Vanguardia a las distintas publicaciones oficiales, favorecieron ese proceso. La necesidad de reforzar una posición oficial y homogénea desde un presente conflictivo –fuera por las divisiones internas de las primeras décadas, fuera por la traumática experiencia que implicó el peronismo–, convergieron en análogos resultados. Una razón menos visible, puesta en evidencia por la historiografía política argentina de los últimos años, es el impacto de la difícil construcción del Estado nacional y la función que la historia desempeñó en tal sentido. Una matriz centrada en ese Estado, cuya base de poder residía en la ciudad de Buenos Aires, tiñó la historia política aún en sus versiones más renovadas. Regiones y provincias, poco tenían que aportar (salvo en las historias localistas), una vez que este se había consolidado. Menos aún a medida que fue ampliando su injerencia.

Afortunadamente, hace ya tiempo que este enfoque ha comenzado a modificarse. La historia social y el interés por los sujetos, la influencia de la antropología y la microhistoria impulsaron las investigaciones sobre aquellas realidades “descentradas”, donde el socialismo tenía un lugar menos visible. De manera análoga a la de los estudios de otros grupos y partidos políticos, las dimensiones locales, el locus donde se enraízan las prácticas, cobraron así relevancia.[1]

Como señalan Herrera y Camarero al comienzo del libro, esta compilación forma parte de los avances que en esa línea vienen realizándose en los últimos años. Ahora conocemos mucho más del socialismo en Centros y Federaciones regionales, así como de sus diferentes temporalidades. Nuevas lecturas de La Vanguardia y de la documentación oficial permitieron reconstruir una cartografía de la acción partidaria. El análisis de esta inserción está comenzando a llamar la atención sobre la lógica propia de las prácticas políticas en dimensiones donde el peso de los dirigentes y los organismos nacionales parecía incontestable. Identificamos a nuevos individuos de segundas o terceras líneas animando la acción política, pero también económica, social y cultural en lugares apenas visibles.

¿Qué nos dicen estos avances desde las periferias sobre la organización partidaria? ¿Cómo se construyó el entramado político en la escala territorial así ampliada? Es cierto que el socialismo no logró constituirse en un partido de alcance nacional como lo hizo el radicalismo o, más tarde, el peronismo. La ausencia de los recursos estatales que estos tuvieron por su acceso al poder no estuvo al margen de tal dificultad. No obstante, si queremos que estos estudios permitan modificar las visiones convencionales, se hace necesario establecer las conexiones existentes entre espacios cuya actuación no debería verse de manera aislada o a lo sumo referida al centro.

Desde una perspectiva relacional, los sujetos en los distintos niveles de poder tienen mucho que aportar a la hora de abordar las formas concretas del hacer político y trascender la lógica institucional u organizativa.[2] Prestar atención a los recorridos personales puede ser de gran ayuda en esta línea. Así, desde el punto de vista partidario, ¿en qué medida la procedencia de los individuos, el desempeño de cargos en las organizaciones que se dio el socialismo o el ejercicio de funciones en las legislaturas de las diversas jurisdicciones, favorecieron su mayor o menor centralidad? Pero también aquellos itinerarios no necesariamente motivados por la política: los desplazamientos laborales en una sociedad móvil como la de principios del siglo pasado. Pedro E. Pico, Samuel Yussen (considerados por Laguarda y Martocci, así como por Guzmán en este libro), Domingo Risso, del que me ocuparé más adelante, los afiliados que solicitaban pedidos de pase de uno a otro centro, en la medida que se hallaban insertos en diferentes redes personales, ¿cómo incidieron en la conexión de las organizaciones partidarias en el territorio?

La atención a los migrantes internos además de internacionales (experiencias con frecuencia reunidas en un mismo individuo) abre una puerta para la reconstrucción de tales vínculos e interacciones. En un plano institucionalizado, los delegados a los congresos provinciales y nacionales, los dirigentes y activistas en sus giras de campaña y propaganda, los corresponsales de La Vanguardia, entre otros órganos de prensa, ¿qué papel desempeñaron como mediadores cuando se quería “hacer pie” en territorio poco conocido, fuera central o periférico? Una dinámica que, a su vez, debió tener secuencias temporales en diálogo con el contexto general y partidario.

La correspondencia, en especial las cartas personales, constituye una de las vías privilegiadas para acceder a este mundo relacional, tal vez la fuente más utilizada por la historia política clásica. La riqueza de esta documentación fue explorada por Georges Haupt con resultados conocidos y siempre incitantes por su enfoque del socialismo internacional.[3] En nuestro país, el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), ha realizado una contribución invaluable en este sentido, tanto en su actividad archivística como de investigación.[4] El fondo Nicolás Repetto que allí se aloja, la más nutrida correspondencia conocida para el estudio del socialismo argentino, entre otros aspectos permite indicar algunas de las potencialidades para el estudio de la articulación partidaria a la que me refiero.

Es conocida la centralidad de este dirigente: su actuación se halla básicamente referida a la ciudad de Buenos Aires, donde residía y desempeñó distintas funciones como miembro de la cúpula socialista y también como diputado nacional. ¿Qué aporta esta documentación sobre sus vínculos sociales? ¿En qué medida permite avizorar las relaciones personales que estaban en la base de la organización partidaria? Hagamos aquí un breve ejercicio sobre las cartas que se conservan para el decenio comprendido entre su acceso a la Cámara de Diputados y las repercusiones de la renuncia a uno de sus mandatos a fines de 1923.[5] Este segmento del fondo incluye 202 piezas, siete de ellas escritas por Repetto. En la mayoría de los casos (algo más de 140) las cartas fueron remitidas por socialistas, se tratara de dirigentes, afiliados o meramente simpatizantes que escribían por propia iniciativa. Un conjunto más reducido está compuesto por envíos realizados por autoridades de diversos órganos partidarios, desde el Comité Ejecutivo o el de prensa a las federaciones y centros. Unos 83 individuos configurarían en torno a este ego una trama radial de contactos en la que no pueden descartarse lazos transversales, aunque esta rápida aproximación no permita detectarlos. Claro que aquí no se agotan las relaciones que deja entrever este recorte. En una zona intermedia se hallaban aquellos que escribían en nombre de sociedades obreras o rurales, ligadas o no al PS. Fuera de ese círculo, los lazos que remitían a sus diversas actividades e intereses (médicos, intelectuales, políticos de distinto signo, dirigentes vecinales). Un conjunto de personas que aumenta considerablemente la cifra que mencionamos.

Aunque una parte significativa de este fragmento del corpus fue producida en la ciudad de Buenos Aires por figuras como Antonio de Tomaso, Mario Bravo o Federico Pinedo, no todos los emisores tenían esa centralidad. Ello no resulta extraño si tenemos en cuenta que, entre otros aspectos, la diversidad de dirigentes de los Centros socialistas de la capital permite concebirla también como ámbito local. Sin contar a dirigentes de otros países como los uruguayos Emilio Frugoni o Celestino Mibelli, más de la mitad de los individuos escribían desde el interior. Las cartas provenían de una treintena de localidades distribuidas en la provincia de Buenos Aires y otros distritos del país: ciudades como La Plata, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Paraná o Santa Rosa, pero también pequeños núcleos de población como Leones, La Paz o Alta Italia.

Aunque la colección solo registra una o dos cartas de la mayoría de los emisores, lo cierto es que cerca de medio centenar de socialistas enviaban sus opiniones sobre la vida del partido o la actuación parlamentaria –adhiriendo, censurando, brindando informes, haciendo propuestas o pedidos–, desde fuera de la ciudad de Buenos Aires. Información que no debiera desestimarse a la hora de considerar la gestión de este dirigente en los ámbitos donde actuaba. Ahora bien, ¿qué motivaba a estos individuos a enviar una misiva que, con frecuencia, solo manifestaba una adhesión o un saludo? La expectativa, cuanto menos, de recibir una respuesta no debía carecer de importancia, habida cuenta del respaldo que podía suponer en lo personal pero también frente a o para los socialistas del lugar.

Aunque las respuestas de Repetto son escasas, como indican los aportes de otras disciplinas que consideran las reglas del género (Bouvet, 2006; Dauphin, 2013-2014), las cartas personales, aquí mayoritarias, suponen una suerte de conversación. Con la opacidad que conlleva todo diálogo, en este caso mediado por la escritura y el tiempo transcurrido entre los envíos, es posible detectar los intereses de los sujetos: quien escribe pero también –en la medida que este espera obtener respuesta–, el destinatario o la imagen que del mismo se forjó el remitente. De manera que, además de la información, la frecuencia de los envíos, los términos empleados, las omisiones, los complejos recursos argumentativos siempre presentes más allá de las competencias escriturarias, permiten considerar aspectos reveladores aunque menos evidentes. Tal como se conserva, el fragmento del fondo que me ocupa no permitiría este tipo de análisis. Sin embargo, ¿en qué medida lo preservado tras pérdidas o selecciones dice algo sobre aquél a quien estas cartas iban dirigidas? Que esta importante colección sea más nutrida en algunos años, no necesariamente los más cercanos en el tiempo, probablemente no sea ajeno a la intencionalidad de Repetto o aún de Juan Antonio Solari, quien fue su depositario.[6] También sugerente es la conservación de envíos realizados por individuos de difícil identificación frente a la ausencia de otros que, presumimos, debieron ser numerosos. Las estancias en el campo de Córdoba, el viaje al Congreso de La Haya o los recorridos dentro del país, ¿no fueron momentos privilegiados para el intercambio epistolar con figuras del círculo íntimo como Juan B. Justo, Enrique Dickmann u otros socialistas más o menos cercanos?

No obstante, los historiadores debemos sacar partido de fuentes que siempre resultan escasas o incompletas. ¿En qué medida las cartas aisladas de distintos individuos pueden formar un conjunto de sentido? ¿Cabría la posibilidad de construir algún tipo de serie? Esta cuestión resulta particularmente válida para avanzar en el tema que propongo.

Una posibilidad, la más transitada y en cualquier caso necesaria, es la de cruzar estos testimonios con otros que den cuenta de los sujetos y las circunstancias en que escriben. Pongamos un ejemplo: a mediados de 1920, Domingo Risso envió dos cartas desde Mar del Plata. En ellas manifestó su apoyo a la Revolución Rusa e incluso propuso una forma de solidaridad que podía tramitarse a través del partido. También se manifestó crítico con respecto a de Tomaso.[7] Ignoramos si además le escribió a Juan B. Justo, con quien había compartido algunos años de militancia –fue uno de los oradores en el Primer Congreso Socialista y dirigió La Vanguardia antes de desplazarse a la localidad del sudeste bonaerense donde participó en los comienzos del socialismo local–. A pesar de haber sido candidato a diputado provincial en 1914 y 1915, se habría retirado a sus ocupaciones laborales –era el propietario bastante exitoso de un corralón de materiales– y también literarias, si tenemos en cuenta que El Trabajo, órgano del Centro marplatense desde fines de 1915, solo lo menciona con motivo de su deceso ocho años más tarde. ¿Por qué este antiguo dirigente aparentemente distanciado del núcleo del poder manifestó una posición disidente con la línea que pretendía imponerse en las agitadas aguas del partido? Dado el pacto subyacente en la escritura epistolar, es factible pensar que el remitente confiaba en el eco que podía hallar en el destinatario, quien debió enviar una respuesta si tenemos en cuenta el intervalo de 16 días que separó los envíos. De hecho, alrededor de un mes antes, en “Puntos de vista sobre la Revolución Rusa”, Repetto había evidenciado una comprensión con la situación de ese gobierno que poco se condecía con las manifestaciones de Justo en sus conferencias de abril y mayo, también publicadas en La Vanguardia (Justo, 1947, pp. 303-335; Pittaluga, 2015).

Estas circunstancias habilitan una consideración sobre el socialismo marplatense pero también sobre la figura de uno de los dirigentes de la cúpula partidaria. En principio, las cartas citadas evidencian un interés que no coincidía con el alejamiento de la vida política que se atribuía a este socialista. ¿Hasta qué punto eran un indicio de las luchas que conmovían a la organización marplatense de las que El Trabajo apenas se ocupaba? En diciembre de ese año solo el informe de una votación señalaba la derrota de la posición favorable a la III Internacional, mientras que dos meses después de la definición del Congreso Extraordinario de Bahía Blanca que confirmó esa postura, el mismo sector apoyó el sometimiento de “la cuestión de las internacionales” al voto general del partido, con el mismo resultado y la renuncia de algunos dirigentes y afiliados.[8] La definición de Risso, el hecho mismo que se dirigiera al diputado socialista, otorgan pues un relieve al debate que parece intrascendente a través de la prensa partidaria local. Nada de esto salió a la luz en el centro de poder: la mención a esta figura que Justo hiciera en una conferencia de fines de 1921 solo señala su actuación como, “obrero carpintero entonces [1896], que hace ahora magníficas traducciones de Carducci y de Pascole en Mar del Plata, donde cría cerdos al mismo tiempo” (Justo, 1947, p. 357). Aunque con ello quería ilustrar la movilidad social existente en el PS, las apreciaciones por lo menos ambiguas poco se condicen con la aludida posición del traductor de “Odas Bárbaras”, publicada tres años antes bajo el seudónimo B. Contreras. El agradecimiento a Roberto Giusti que allí figuraba por el apoyo que le había brindado, lo muestran mucho menos distante del centro si tenemos en cuenta que el director de Nosotros en ese año se había afiliado al PS al mismo tiempo que adhería al nuevo gobierno ruso. Las cartas así consideradas arrojan luz, entonces, sobre el socialismo en Mar del Plata y también en el centro de poder. Es dable pensar que su contenido pueda además mostrar los matices de la actuación del dirigente nacional que oficiaba de destinatario.

Así, pues, una buena parte de las cartas de sujetos sin aparente vinculación podrían cobrar el sentido sobre el que nos preguntamos anteriormente. Por entonces la confrontación entre de Tomaso y Repetto no era desconocida. El enfrentamiento, dirimido en el X Congreso Ordinario de Mar del Plata de 1923 en favor del primero, ocasionó la renuncia del segundo a su banca en la Cámara de Diputados. La rivalidad que tenían como eje las formas de ejercer el poder partidario pareció combinarse en la coyuntura con la posición en torno a la Revolución Rusa y, en el plano personal pero tal vez inescindible, con el proceso de divorcio entre Victoria Gukovsky y el joven dirigente, yerno del renunciante. Las cartas en torno a las dos primeras cuestiones confluyen temáticamente, los escritos de Frugoni, el dirigente uruguayo a quien Repetto encargó la gestión del divorcio de la que consideraba como una hija, si solo convergen temporalmente con las anteriores, coinciden con los actores en conflicto. Desde esta perspectiva, un importante número de las cartas que recibiera entre 1920 y 1924 podrían considerarse como una serie. Desde distintos puntos de Buenos Aires, pero también desde Rojas, San Nicolás, Morón, La Plata, Tucumán, General Lavalle, Córdoba, Paraná, Bahía Blanca o Lomas de Zamora, además de Mar del Plata, arribaron los escritos ligados a una problemática así complejizada. La censura a de Tomaso y al sector de “la reacción”, los “rumores”, la preocupación por el partido, las denuncias (desde un incidente protagonizado por Pinedo en Gualeguay al manejo de cargos en San Nicolás), vinculan a los emisores de distintos puntos del país. Algunos, como Francisco Dagnino, Alfredo Bianchi o Alejandro Castiñeira, son reconocidos dirigentes o intelectuales socialistas, otros desarrollan una actuación local o provincial que conocemos gracias a los estudios recientes sobre las realidades del interior, por último, un tercer grupo de individuos de los cuales hasta el momento solo conocemos el nombre. De este modo, un número nada despreciable de socialistas, activos o no en los Centros locales, manejaba información crítica para la vida partidaria y se alineaba en torno a uno de los contendientes. En tanto que la censura a las prácticas de de Tomaso coincidía por convicción o desplazamiento con el apoyo a la revolución comunista, estos escritos proponen una visión del destinatario bastante menos cristalizada de la que pueda suponerse. Sugieren una probable genealogía de su postura ante hechos así imbricados o al menos una visión de las variadas formas en que los emisores percibían la ubicación de este dirigente. La afirmación o el rechazo contenidos en las respuestas o incluso la falta de ellas formaban parte del doble juego entre centro y periferia. De este modo, el “socialismo local” se insertaba en una amplia trama formada por individuos que lo configuraban a la vez que lo trascendían. Una aproximación a las formas en que operaba la articulación partidaria en el territorio, a los cambios que afectaban las circunstancias locales y extra locales, más dinámica y flexible que la que ofrecen las formas organizativas, también operantes, aunque de manera bastante más rígida y abstracta a juzgar por los testimonios oficiales.

Dadas las características del epistolario tomado como ejemplo, los vínculos e intercambios se dirigen a un ego doblemente central, tanto por la configuración de la red que permite reconstruir la documentación que le estaba dirigida como por su posición político partidaria. Como mencioné, esto no excluye otras interacciones posibles con dirigentes o mediadores con distinto grado de centralidad y, obviamente, también entre estos. A partir de las cartas, personales o no, inéditas o publicadas en los numerosos órganos periodísticos del PS, podría reconstruirse un entramado relacional más denso que contribuya a explicar no solo cómo circulaba la información sino también cómo se conformaba, las influencias ejercidas y los canales empleados por los máximos dirigentes para afianzar su posición frente a las alternativas que se barajaban. Y en dicha interrelación, la configuración de liderazgos locales y el hacer de los individuos que desde ese ámbito pasaron a la vida política provincial o nacional. Claramente, esto constituye un gran desafío heurístico y analítico. No obstante, el interés que ha merecido en los últimos años el espacio local parece propicio para el hallazgo de nuevos epistolarios que favorezcan este tipo de abordaje.

La cuestión de las formas concretas en que se construyó el socialismo mucho más allá del ámbito capitalino sin contar con los recursos de otras fuerzas partidarias constituye un terreno sobre el que debería avanzarse. Ir más allá de los espacios locales vinculándolos horizontal y también verticalmente con los órganos partidarios, analizando los contactos e interacciones de los individuos que los dirigían, es una instancia a mi juicio necesaria para historizar las hegemonías y rupturas o, dicho de otro modo, el papel que desempeñó Justo y el “justismo” en la trayectoria partidaria.

Por último, quiero traer aquí el testimonio vívido de Joaquín Coca. Su mención a “la ciencia de preparar congresos” da cuenta de la necesidad de atender a la interacción entre dirigentes de distintas líneas a la que vengo refiriéndome. Las divergencias entre los órganos locales de la ciudad capital, la delegación de una provincia que fuera “trabajada por la camarilla” o la “táctica de utilizar a los socialistas del interior contra los de la capital” (Coca, 1981, pp. 67, 68, 95 y 102), independientemente de la tesis que buscan abonar o, mejor, por el calor de la lucha que la misma transmite poniendo de relieve aquello que las historias oficiales pretenden aplanar, son otras tantas huellas que llaman la atención sobre la forma en que el “centro” actuaba sobre la “periferia” pero también sobre el juego de reciprocidades implícito en esa dinámica.


  1. Desde los liderazgos y las organizaciones provinciales a lo largo del siglo XIX, a la construcción de agrupaciones políticas con distinto grado de institucionalización, desde el roquismo al peronismo, por mencionar ejemplos extremos (Alonso, 2012; Tcach y Macor, 2003).
  2. En tal sentido, continúan siendo fructíferas las herramientas conceptuales y metodológicas procedentes del análisis de las redes sociales propuesto por la antropología. Por razones de espacio no menciono la abundante bibliografía que nutre el conocimiento de la historia política y en particular del socialismo en este y otros ámbitos. Referencias a los estudios más clásicos en Da Orden (1994).
  3. De su ingente tarea de recopilación dan cuenta las más de 1000 cartas y telegramas de dirigentes socialistas que se alojan en el fondo de la Fondation Maison des Sciences de l’homme que lleva su nombre. Véase https://nabu.fmsh.fr.
  4. Por ejemplo, Petra (2004) y el dossier publicado en Políticas de la memoria (2014-2015), n° 15.
  5. Para ello, me baso en los descriptores del corpus realizado por Petra (2004).
  6. Respecto del origen y características de este y otros fondos, ver Tarcus (2004).
  7. Fondo Nicolás Repetto, F. R-35. 7 y F. R.-35.9 (Petra, 2004, p. 146).
  8. Las referencias biográficas de los individuos citados en Tarcus (2007). El Trabajo, 1920 y 1921 (Mar del Plata), 13 y 20 de diciembre y 4 de marzo.


Deja un comentario