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¿Un socialismo indigenista en Añatuya?

La experiencia de Carlos Abregú Virreira en una zona rural de Santiago del Estero (1916-1919)

Héctor Daniel Guzmán

A manera de introducción: el socialismo en Santiago del Estero y la cuestión indígena

En este trabajo analizamos la relación que tuvo el socialismo santiagueño con los trabajadores bolivianos y nativos, que se asentaron en los obrajes del sudeste provincial en los inicios del siglo XX. Lo que permite, a su vez, poner el foco de nuestro estudio en una agrupación socialista surgida en la ciudad de Añatuya, la cual estuvo liderada por un dirigente boliviano llamado Carlos Abregú Virreira. Nuestro objetivo fue considerar la trayectoria de Abregú Virreira y reconstruir el uso y el sentido que le dio a su discurso y práctica política, dentro de una coyuntura de debates internos del PS santiagueño. Para ello, describimos los posicionamientos que tuvieron Abregú Virreira y los distintos actores involucrados del PS santiagueño. Además, se tomará como referencia el devenir del socialismo nacional, las vinculaciones que tuvieron estos agentes con los centros de legitimación institucional provinciales y algunas rupturas partidarias locales que originaron en las distintas facciones del PS, un replanteo programático o identitario. Basándonos en fuentes de la prensa local (especialmente diarios de Añatuya y otros provinciales) y en menor medida nacional, indagamos cómo fue la integración al PS de los trabajadores indígenas y nativos en una localidad de una provincia periférica. La escala de análisis permitirá reflexionar sobre la práctica, organización y discurso socialista que surgió en Añatuya entre 1916 y 1919, priorizando de esta manera un “escenario localizado” (Ferreyra, 2012, p. 2). A lo largo del siglo XX, surgió una interesante producción sobre el socialismo en Santiago del Estero,[1] la cual da cuenta de cómo se formó el socialismo, desde la óptica de quienes fueron sus primeros dirigentes en Santiago y La Banda. Otros trabajos realizados por investigadores locales del movimiento obrero solo dedican algún espacio al “socialismo urbano bandeño y capitalino”.[2] Asimismo, no se cuenta con estudios que aborden la problemática del socialismo en el interior provincial. Por último, hay quienes exploraron, desde diversas perspectivas, el PS en distintos espacios, situación que aporta múltiples miradas sobre el socialismo en el “interior”.[3]

En el caso de Santiago del Estero, resulta de mucha utilidad el trabajo de Daniel de Lucía (1997), en el que se estudian los planteos del PS frente a los trabajadores nativos de las provincias del Norte. Este investigador muestra que el PS elaboró informes sobre la situación del proletariado provinciano, que datan de 1900 e incluye la situación del criollo y del indio en “Santiago del Estero y sus ingenios” (de Lucía, 1997, p. 25). Muchos propagandistas del PS recorrieron el norte y produjeron discursos que circularon a principios de siglo, para enmarcar el posicionamiento del PS frente a los nativos. Algunos, como Nicolás Repetto, comunican cierto desaliento ante los logros de una acción socialista entre los obreros norteños, mientras que otros, por ejemplo Gregorio Pinto, aconsejan una mayor actividad en las poblaciones locales. Lo cierto es que pareciera que los dirigentes de Capital no tenían claro qué hacer con los trabajadores provincianos del Norte. Para de Lucía, después de 1909 los socialistas comienzan a construir un discurso negativo sobre la “población indígena” (de Lucía 1997, p. 34) del Norte, mientras sostienen la necesidad de una inmigración masiva, la cual terminará de absorber al nativo. La oposición interior atrasado/litoral moderno (Cabezas, 2017, p. 68), mostraba las dos caras del proceso de incorporación de todos los “territorios nacionales” (Poy, 2016, p. 152) a la civilización moderna. Pero, por otro lado, Adolfo Prieto sostiene que el “discurso criollista” (Prieto, 1988, p. 165) se fue imponiendo en socialistas y anarquistas, como una necesidad de integrar a la población nativa, superando de esa manera su “cosmopolitismo” (Árico, 1999, p. 43). Este criollismo pudo haber tenido diversas formas de expresión o recepción en aquellos espacios periféricos como Añatuya, en los que los socialistas reorientaron su práctica proselitista, hasta poder elaborar una tendencia que pudo asimilar a trabajadores indígenas y criollos.

En concreto, en este capítulo nos proponemos mostrar la emergencia de una alternativa a los diagnósticos que los socialistas de Capital Federal habían elaborado para analizar las posibilidades de desarrollo socialista en zonas con presencia de población indígena. Esta alternativa solo logra comprenderse en profundidad si analizamos la propuesta intelectual en la trama de los conflictos y las relaciones del socialismo en Santiago del Estero. En particular, nos interesa explorar el modo en que la vinculación con el anarquismo de una fracción, en oposición a las relaciones con los conservadores que proponían otros grupos, pudo operar como mediación entre el socialismo y el discurso criollista. Del mismo modo, al menos en un primer momento, los grupos de izquierda vinculados al sindicato ferroviario parecen haber sido más permeables a las propuestas generadas por militantes que migraban desde el Altiplano. En las próximas páginas intentaremos dar cuenta de estas redes personales y políticas, así como de los rasgos centrales de la propuesta de Abregú Virreira.

El PS en Santiago del Estero y La Banda

En Santiago del Estero, hacia 1917, el PS había logrado expandirse por todo el territorio provincial, siguiendo para ello el patrón nacional de la fundación de “Centros” (Prieto, 2004, p. 485). Para entonces, se destacaban los de Santiago, La Banda, Frías, Añatuya, Termas, Suncho Corral, Colonia Dora, Fernández, Pinto y Clodomira. Y, por otro lado, logró establecer “subcomités electorales” (Iñigo Carrera, 1997, p. 19), ya que uno de sus principales objetivos era la actividad electoral. Como la población rural superaba a la urbana y se caracterizaba por su dispersión y éxodo a otras provincias en busca de trabajo, el PS local orientó sus esfuerzos a conquistar al electorado urbano de las ciudades santiagueñas. Al parecer, los socialistas santiagueños no tenían proyectos propios en materia agraria, aunque sin duda conocían las iniciativas partidarias al respecto planteadas a inicios del siglo XX. En los citados enclaves urbanos el socialismo siguió una táctica nacional de relacionarse con los “poderes públicos” (Barrancos, 1991, p. 14); en este caso, con los gobiernos municipales, accediendo a cargos directivos y administrativos. Como consecuencia de esta convivencia, el PS con sus concejales e intendentes, obtuvo logros para los trabajadores urbanos, como la ley de descanso dominical en 1907 para la capital provincial, en 1912 para la Banda y en 1913 para las otras ciudades. Cada Centro socialista en la provincia tuvo su sede, su diario, sociedad de socorros mutuos y su escuela. Fundados cerca de las estaciones de ferrocarril, recibieron a los inmigrantes, ayudándolos a insertarse en el mercado laboral local. El primero se fundó en la capital santiagueña “en 1898 y estuvo integrado por siete artesanos de origen italiano y alemán; Frías en 1899 con ocho ferroviarios de origen español e italiano; Banda en 1902 con seis ferroviarios de origen español e italiano y por último, Añatuya en 1903” (Mackeprang, 1923, p. 111).

De los cuatro, los de Santiago y Frías estuvieron presentes con sus delegados en la “primera reunión del Consejo Nacional” (Oddone, 1983, p. 155) en 1900, representando a los dos grupos que fundaron el PS en la provincia: ferroviarios y artesanos. Esta cartografía de centros socialistas en la provincia refleja la primera etapa del socialismo santiagueño (1898-1912), caracterizada por una reducida intervención electoral e intensa acción en materia gremial, mutual y cultural entre “trabajadores inmigrantes” (Manfredi, 2016, p. 13). Su escasa densidad de cotizantes los empujó al proselitismo para captar a trabajadores nativos urbanos, como hizo el centro obrero capitalino creado en 1899, el cual estuvo formado por artesanos y obreros de los ingenios. Pero, los socialistas compitieron con los anarquistas entre 1898 y 1904 en los centros urbanos santiagueños, ya que estos últimos comenzaron a crear sus organizaciones culturales y gremiales.

A su vez, el Centro socialista de la capital santiagueña procuró dirigir a los otros centros de la provincia. Una muestra de ello fue el envío de una delegación a la fundación de las sedes del partido en las localidades santiagueñas, o la supervisión durante la creación de escuelas socialistas, como la de La Banda de 1902. Pero, donde notamos con más claridad la dirección del Centro capitalino, fue en la participación de Santiago del Estero en el 4º Congreso del PS en la Plata, designando a Adrian Patroni en 1901 como representante de la provincia en el evento, sin consultar a sus pares provinciales. La elección de congresales porteños para representar a centros provinciales es una pauta que, tal como hemos visto en el capítulo de Alex Ratto sobre el socialismo en Rosario a principios del siglo XX (en este mismo volumen), no parece una excepción santiagueña. Asimismo, en la huelga de panaderos de 1903 encontramos a Federico Mackeprang como secretario del PS en Santiago del Estero, quien firmó el apoyo del socialismo a la movilización y abrió el Centro a la actividad del sindicato de resistencia de panaderos. Estas medidas de Mackeprang cimentaron el control del PS en manos del grupo de la capital provincial lo que le valió un reconocimiento con la dirección nacional.

En las elecciones provinciales de 1903 se le permitió participar al PS: obtuvo “11 votos”[4] y se produjo un acercamiento entre Mackeprang y el gobernador Pedro Barraza (1901-1904), quien reclutó socialistas para las escuelas estatales y puestos administrativos. El PS renovó el ambiente político con nuevas prácticas como repartir en los puntos clave de la ciudad votos y manifiestos del partido, o realizar charlas entre los trabajadores. Pero luego de la Semana Roja (1909) le fue prohibido participar en política, aunque eso no impidió su crecimiento en adherentes y su obra socio-cultural.

De manera paralela, comenzaron a emerger problemas internos entre Mackeprang y los Centros socialistas de La Banda (Teitelbaum, 2012, p. 233), Añatuya y Frías, quienes reclamaban su espacio en la dirección provincial. Estos estaban formados por ferroviarios de la Fraternidad, quienes pidieron al Comité Ejecutivo Nacional el envío de ayuda para su organización. Esto era un síntoma de que las relaciones con el grupo de Mackeprang no pasaban por un buen momento. Las visitas de Bernardo Irurzun a La Banda como delegado del Comité Ejecutivo nacional del PS a inicios del siglo XX, a las que refiere Manfredi (2018, p. 378), intensificaron la acción política del grupo bandeño opositor a Mackeprang, quien había creado la “escuela Libertad” (Manfredi y Martínez, 2018, p. 17), una biblioteca y un diario. Esta serie de acciones derivó en el cierre del centro obrero y de la primera escuela del PS bandeña que respondía a Mackeprang, en la cual había estado Irurzun hasta ser expulsado junto a su grupo por disidente.

Este desacuerdo de Irurzun con Mackeprang se basó en su práctica política, mucho más abierta que la del grupo capitalino santiagueño, pues no solo pactaba con conservadores sino también con anarquistas a través de la masonería (Manfredi, 2017, p.67), un espacio adecuado para formar un frente laico y “librepensante” (Usieto Blanco, 2005, p. 22). A partir de su participación en actos patrióticos del gobierno provincial logró que lo elijan como secretario de la séptima comisión municipal bandeña y que su escuela Libertad reciba un subsidio gubernamental.[5] Mientras que con los libertarios formó el “Centro Obreros Unidos” (Pérez y Visgarra, 2010, p. 17), que unificó intervenciones gremiales y culturales de las citadas tendencias obreras. La sede de esta entidad funcionó en la Escuela Libertad, donde también lo hizo la “Logia 23 febrero”.[6] Este fue el canal por donde Irurzun pudo establecer relaciones con “anarquistas”,[7] como Teodosio Castaño, quien le allanó el camino para actividades conjuntas. Esta última táctica de unión obrera no fue aprobada por Mackeprang, como por otros “compañeros”[8] quienes pidieron su expulsión del Partido. A esta visión de la estrategia socialista de Irurzun para Santiago también debemos sumarle sus contactos nacionales, como Alejandro Mantecón, secretario general del partido en 1906, al cual acudió muchas veces al no ser recibido en el Centro socialista capitalino. Estos conflictos por la dirección del PS provincial llevaron a Mackeprang a descalificarlo con notas en La Vanguardia sobre su accionar en La Banda, como por ejemplo que se lo había visto por las calles “cantando el himno nacional”.[9] Estas luchas internas hicieron fracasar las “huelgas ferroviarias provinciales” (Críado, 1985, p. 147) que se produjeron entre 1904 y 1912, en las que tuvieron un rol importante los socialistas que mantenían un centro activo en La Banda (Manfredi, 2017, p. 66), ciudad que poseía el mayor número de ferroviarios de la provincia. Por su parte, los anarquistas y sus acciones violentas generaron en el gobierno santiagueño una desconfianza hacia el PS, situación que llevó a la aplicación de la “ley de defensa social en todo el territorio provincial”.[10] Ello implicó que le fuera impedido al PS participar en las elecciones municipales, se prohibieron sus actos y se retiraron los subsidios a las escuelas socialistas. Como protesta, los socialistas denunciaron la situación en Buenos Aires y lograron que en 1914 Enrique del Valle Iberlucea se ocupara del caso de Santiago, denunciando la “emisión falsa de papel moneda y la situación de los trabajadores”.[11] A pesar de este contratiempo, el PS siguió articulando alianzas electorales municipales y provinciales con el Comité Independiente o Popular,[12] un sector reformista del conservadorismo local formado por el Partido Demócrata Progresista y la Unión Democrática, que le permitió al PS lograr para sus adherentes puestos de trabajo en el Estado provincial y municipal. Pero el crecimiento más destacado del PS en esos años se localizó en las “estaciones ferroviarias” (Irurzun, 1972, p. 17) del centro y sudeste santiagueño, donde no solo había inmigrantes de ultramar sino nativos de países y provincias limítrofes, que atraídos por el trabajo del obraje se concentraban en el Chaco Santiagueño.

Un acercamiento al centro socialista de Añatuya: ferroviarios e indigenismo

El centro de la zona obrajera fue Añatuya (Alen Lascano, 1972, p. 81), que era en 1914 la tercera ciudad de Santiago del Estero, con líneas ferrocarrileras que la comunicaban con Santa Fe, Córdoba y Chaco. Eso generó una creciente movilidad de trabajadores inmigrantes y nativos. Dicha ciudad, según el informe de la La Voz de Añatuya, concentró el “80 % de la comunidad boliviana provincial, proveniente de Cochabamba y Oruro, la cual compartía los campamentos, con europeos y mestizos de Corrientes y Paraguay”.[13] Según el Censo de 1914, el Departamento santiagueño 28 de Marzo tenía 723 extranjeros, de los cuales “71 eran bolivianos” (Alvarez, 1993, p. 264), quienes formaban parte de los “5000 trabajadores de los obrajes cercanos a Añatuya”.[14] Los socialistas de la zona, a medida que avanzaba el ferrocarril hacia el norte, fueron construyendo Centros con cocinas económicas para desocupados, a los cuales ayudaban a conseguir un nuevo trabajo. Estos trabajadores fueron definidos por el socialista Casimiro Trilla como “indio manso”,[15] una categoría que identificaba a aquellos nativos provincianos y migrantes de países limítrofes, que junto al inmigrante compartían experiencias laborales en el tendido de líneas férreas o en los obrajes.

En este contexto, en el Centro socialista de Añatuya, compuesto por “jóvenes gráficos, ferroviarios y bancarios”,[16] en 1915 fundaron un Ateneo Social que mantuvo una biblioteca y un periódico cuyo nombre era Cultura. Entre los eventos realizados por el Centro, la prensa destacaba la puesta en escena de Juan Moreira, una obra exitosa entre la “población quichuista”.[17] Ello obligó a los organizadores, Casimiro Trilla y Pico Pérez, a llevar el espectáculo a cada campamento cercano a Añatuya o Colonia Dora. Trilla y Pérez, ambos obreros gráficos de origen español, son los que abrieron la puerta a nuevos simpatizantes provenientes del mundo nativo; entre ellos, Carlos Abregú Virreira, quien nació el 26 de agosto de 1896 en Cochabamba (Bolivia) y, como muchos otros, llegó a la Argentina con su familia en busca de trabajo. Como parte de su periplo laboral, primero probó suerte en Rosario, antes de radicarse definitivamente en Añatuya, donde cursó la escuela primaria y luego se convirtió en un ávido lector de la biblioteca socialista de la citada ciudad. Pero su primera actividad social tuvo lugar junto a los “anarquistas añatuyenses”,[18] a quienes solía escuchar en sus mitines, conociendo de esa manera las obras de Alberto Ghiraldo y otros referentes libertarios (Abregú Virreira, 1916, p. 3).

En 1915, con veinte años de edad, se unió al PS añatuyense, se nacionalizó argentino y conoció a Irurzun, que era un dirigente muy influyente en el grupo de Añatuya. Progresivamente, Abregú Virreira se convirtió en referente socialista para los obreros nativos de la zona. Primero fue trabajador gráfico, después obrero en los obrajes cercanos a Añatuya, enclave “quichuista” (Abregú Virreira, 1948, p. 201), habitado por indios y gauchos que vivían en “ranchos y carpas” (Abregú Virreira, 1956, p.3). En 1916, producto de las experiencias con el proletariado nativo, publicó en su diario Cultura una nota titulada “Indigenismo”, en la que respondía a las críticas mordaces por su origen indígena. Algunos inmigrantes y criollos locales lo llamaron kolla; por eso explicaba que kolla “es un indio nómada del altiplano andino, un curandero que ofrece soluciones basadas en medicina natural (yerbas) y sabiduría natural”.[19] Luego realizó una defensa de los kollas, usando para ello varias razones: la primera, el rol desempeñado por estos en la campaña libertadora de San Martín en el Perú; la segunda, sus funciones de médico y docente, en el imperio inca, para poder mantener la unidad de la comunidad y la tercera, que el conocimiento que tenían formaba parte de una cultura milenaria de los pueblos andinos. Esta visión de Virreira se completaba con una crítica hacia algunos integrantes del PS, que consideraban “un delito ser indio […] por conocer sólo a extranjeros del proletariado europeo”.[20]

Esta búsqueda por formar su ideario socialista americano lo acercó a Ricardo Jaime Freyre (Abregú Virreira, 1970, p. 44), quien entre 1914 y 1917 dio charlas en la provincia. Si bien estaba nacionalizado argentino, Freyre era de origen boliviano y estuvo ligado al socialismo en esos años, razón por la cual se convirtió en un guía para Virreira. Este último comenzó a viajar a Tucumán para visitar a Freyre y, al parecer, comenzó a tener diferencias con su maestro Irurzun. Para ese dirigente del PS, las ideas de Virreira se inscribían en una “filosofía social subjetiva” (Abregú Virreira, 1917, p.5), expresión que entonces tenía cierto carácter despectivo respecto de las propuestas para integrar a los obreros nativos nacionales y extranjeros. Hacia 1917, Virreira contaba con el apoyo de Lucas Ibarra y Guillermo Abregú Virreira, dos obreros gráficos, el segundo de ellos hermano de Carlos. Ambos se afiliaron al PS y, desde ese lugar, apoyaron la postura de Abregú Virreira en cuanto a la “nacionalización de los inmigrantes limítrofes y agremiación de los peones de los obrajes”.[21] Además, Casimiro Trilla, en Añatuya y Samuel Yussem, nuevo representante de La Vanguardia en Santiago, se interesaron en sus ideas y le propusieron a Abregú Virreira publicar un libro sobre el tema de los obrajes. Así, cuestiones como el analfabetismo, las proveedurías, la esclavitud de los trabajadores nativos e indígenas, el poder de los obrajes, el agua y otros temas, fueron difundidos por una voz que provenía del propio interior argentino.

Con esta emergencia del problema rural en Santiago del Estero, Abregú Virreira interpelaba al programa socialista santiagueño que había sido establecido en 1912 y retomaba cuestiones como la implementación progresiva del impuesto sobre la renta del suelo, el régimen electoral con base en la representación proporcional, la separación entre Iglesia y Estado, el divorcio absoluto y la ley de accidentes de trabajo, entre otras.[22] De esta manera, la problemática de esos trabajadores de las zonas rurales adquiría un peso inédito en la agenda de ciertos dirigentes del PS santiagueño. Por cierto, Abregú Virreira comenzó a dar charlas en La Banda y la capital provincial sobre esas temáticas, auspiciadas por Yussem y Diego Herrero, miembros del PS que cuestionaban tanto a Irurzun como a Mackeprang, y también la convivencia gubernamental que tenían con los conservadores. Yussem y Herrero recorrían el interior santiagueño para recabar información sobre la situación de los trabajadores rurales, la cual era procesada en sus bases: el centro obrero hebreo de Capital y el centro obrero de la sociedad cosmopolita de la Banda. Abregú Virreira pasó a formar parte de este grupo y visitó Añatuya para participar de los eventos organizados por el “Cuadro teatral obrero añatuyense”[23] y para interiorizarse de la marcha del centro socialista de la localidad.

En ese contexto, estalló la Revolución Rusa, la que produjo una movilización en los obreros de la provincia y el apoyo de algunos centros obreros entre los cuales estaban los de Yussem, Herrero y Abregú Virreira. Pero este último, si bien acompañó en un primer momento el evento ruso y “sus principios revolucionarios”,[24] más tarde se alejó de sus simpatizantes santiagueños. En esta etapa revolucionaria, dio charlas en La Banda, Frías y Añatuya “en apoyo de los ferroviarios en huelga”.[25] En 1918 llegó a Loreto, por lo que se convirtió en un conferencista muy exitoso en el interior, en donde combinaba el quichua con un enciclopedismo que reunía un público diverso de inmigrantes y criollos. En esta coyuntura invitó a Gustavo Navarro, socialista boliviano en gira por Santiago del Estero, a visitar Añatuya. Navarro dio una charla sobre la raza india en dicha localidad. Este evento fue una réplica de la que brindó en la capital santiagueña, donde desarrolló los valores de la civilización inca para llevar adelante un tipo de revolución social incaica, basada en el comunismo andino. Para Navarro, “el problema sindical ya había sido solucionado por los incas, por lo que consideraba a estos superiores a los griegos y a la propia Europa”.[26] Lo que podemos destacar de este acto cultural es que Navarro habló en “quichua”,[27] lo que indica que el público estaba formado por obreros nativos de distinta procedencia. El uso del folklore quichuista al final de este acto descripto descubre a una facción del socialismo santiagueño que se había configurado teniendo en cuenta el ambiente socio-cultural de la zona. El éxito de Navarro en Santiago del Estero fue conocido por Ricardo Jaime Freyre,[28] quien lo invitó a visitarlo en Tucumán. La reacción ante estos sucesos fue una nota de su maestro Irurzun, que seguía desconfiando del trabajador nativo, al cual veía como “resignado a la civilización”.[29]

Este tipo de respuestas al ideario socialista de Virreira, de alguna manera, da cuenta de que sus planteos cuestionaban la mirada tradicional del PS urbano santiagueño. Por eso, socialistas como Trilla acusaban al PS de usar “artículos de importación”[30] que no servían para la realidad en Santiago y la Argentina. Dicha voz, en defensa de Abregú Virreira, criticaba también la antigua alianza entre el socialismo local y el conservadurismo. Trilla hacía hincapié en el mal uso de la tierra, que estaba en manos de una elite que se había enriquecido al amparo del Estado, ya que eso favorecía los negociados de los latifundistas en detrimento de los trabajadores, a quienes se los expoliaba impunemente sin intervención alguna del PS (a cuya dirigencia acusaba de complicidad). De este modo, Trilla y Abregú Virreira fueron dirigentes que destacaron problemas agrarios santiagueños, como por ejemplo la “población flotante” del interior que se veía empujada a emigrar por la política de la tierra de los grandes señores latifundistas.[31] Incluso, La Vanguardia se hizo eco de esta problemática, ya que Yussem informaba sobre lo que ocurría en Santiago del Estero, una provincia que era vista como escenario de “barbarie política” con un electorado analfabeto e irregularidades de la clase política local en todo el territorio.[32] Abregú Virreira, finalmente, rompió con el grupo socialista de Irurzun y Mackeprang en 1918, y luego fue invitado por Yussem para unirse al sindicato de resistencia de obreros gráficos (con sede central en la capital santiagueña), pero no logró convertirse en un dirigente socialista como Yussem o Herrero, aunque sí en un intelectual que solía ser invitado a dar conferencias o a escribir en los diarios. Mientras que las agrupaciones lideradas por Yussem y Herrero se unieron al Partido Socialista Internacional santiagueño[33] y los añatuyenses se dividieron, Abregú Virreira se quedó en el PS y sostenía que su “kollismo nada tienen que ver con los agitadores marxistas como Lenín”. [34]

Entre 1918 y 1919 Añatuya fue sede de huelgas ferroviarias (Gordillo, 1988, p. 86), las cuales serían reprimidas por el ejército.[35] Anarquistas y comunistas intervinieron en dichos sucesos, mientras que el PS condenó la intervención militar pero no se unió a la huelga ferroviaria añatuyense. Esta medida debió impactar en el grupo de Abregú Virreira, que guardó silencio sobre los citados hechos mientras que el jefe comunal de Añatuya (el socialista Pibernus) era detenido y “acusado de ser cómplice de los ácratas”.[36] Ante estos sucesos, Virreira abandonó Añatuya a principios de 1919 y dejó a la agrupación a cargo de su amigo Lucas Ibarra para probar suerte en la capital santiagueña. En dicha ciudad, se le nombra secretario de la Biblioteca Socialista capitalina, pero “renuncia por diferencias” con Mackeprang y abandona definitivamente el PS.[37] Luego viajó a Tucumán para visitar a Freyre y este le presentó a Mario Bravo,[38] con quien encontró afinidades sobre el problema obrero en el interior. Pero Abregú Virreira ya estaba entonces lejos del PS y encontró un trabajo seguro en la prensa oficial del gobierno de José Cabanillas en Santiago del Estero, mientras interactuaba con músicos, intelectuales y pintores interesados en estudiar todo tipo de expresión folklórica rural. Con la partida de Abregú Virreira, el grupo socialista añatuyense se fue diluyendo hasta desaparecer en 1920. No obstante, el legado indigenista que sembró en las filas socialistas de esa región permite repensar las prácticas político-culturales desplegadas en ambientes rurales del interior argentino para interpelar a trabajadores con perfiles étnicos diversos, así como las características, posturas y conflictos entre los dirigentes socialistas santiagueños a comienzos del siglo XX.

Palabras finales. ¿Un socialismo como flor exótica en el “interior”?

El caso de Añatuya, en el interior de Santiago del Estero, permite advertir el peso que tuvo la conformación de un Centro socialista con trabajadores indígenas y criollos en un espacio situado, a la vez que devela las tensiones internas entre los socialistas santiagueños. La propia formación de dirigentes socialistas indígenas, como Carlos Abregú Virreira, pone en un primer plano las iniciativas culturales del PS, pero al mismo tiempo subraya el rol de ciertos dirigentes, como Casimiro Trilla, que dejaron atrás las visiones cosmopolitas que los socialistas habían construido sobre las poblaciones del Norte argentino. En una coyuntura signada por la emergencia de grupos obreros socialistas dirigidos por Samuel Yussem y Diego Herrero, opuestos a los referentes de La Banda y la capital provincial, se consolidaron nuevas agrupaciones rurales como la indigenista de Abregú Virreira. Esta investigación constituye un primer acercamiento a las críticas de dichos sectores sobre la participación local del socialismo, en especial a partir de la recuperación del ideario de Abregú Virreira, quien elaboró un discurso de ruptura en el universo socialista santiagueño a través de un indigenismo que buscaba, al menos en parte, replantear el programa que el PS había sostenido desde sus inicios en Santiago del Estero. De esta manera, abrimos una puerta a los debates sobre la dinámica cultural y política del PS en el Norte argentino, más específicamente en zonas rurales donde las relaciones sociales y los vínculos interétnicos jugaban un papel central. En esa clave, la experiencia socialista en Añatuya y la figura de Abregú Virreira podrán sin duda ofrecer matices y permitir comparaciones con otros espacios del interior del país.


  1. Son numerosos los trabajos sobre el socialismo santiagueño escritos por ferroviarios de la Fraternidad y dirigentes del PS. Ver Mackeprang (1923), Irurzun, (1972), Criado (1985), Peréz, y Visgarra (2002).
  2. Los historiadores locales han explorado cómo nació el socialismo en Santiago del Estero enfocando su formación gremial y cultural en las principales ciudades santiagueñas. Ver Tenti y Salas (1995) Manfredi y Martínez (2011), Manfredi (2017 y 2018).
  3. Ver Teitelbaum (2012), Ferreyra (2015), Martocci (2015), Poy (2016) y Cabezas (2017a).
  4. El Siglo, 1903 (Santiago del Estero), 4 de octubre.
  5. Un interesante análisis sobre este conflicto en torno a las fiestas escolares puede hallarse en Becerra (2005).
  6. El Fígaro, 1919 (La Banda), 8 de septiembre.
  7. Ideas, 1912 (La Banda), 4 de mayo.
  8. El Siglo, 1904 (Santiago del Estero), 8 de agosto.
  9. La Vanguardia, 1905 (Buenos Aires), 16 de agosto.
  10. El Liberal, 1911 (Santiago del Estero), 10 de enero.
  11. El Siglo, 1914 (Santiago del Estero), 3 de junio.
  12. El Siglo, 1914 (Santiago del Estero), 3 de junio.
  13. La Voz de Añatuya, 1912 (Añatuya), 7 de julio.
  14. El Imparcial,  1914 (Añatuya), 7 de enero.
  15. El Chaqueño, 1914 (Añatuya), 24 de diciembre.
  16. La Voz de Añatuya, 1915 (Añatuya), 8 de septiembre.
  17. La Voz del Chaco, 1915 (Añatuya), 9 de septiembre.
  18. La Voz de Añatuya, 1914 (Añatuya), 3 de julio.
  19. Cultura, 1916 (Añatuya), 3 de abril.
  20. Cultura, 1916 (Añatuya), 5 de julio.
  21. Cultura, 1917 (Añatuya), 8 de septiembre.
  22. El Imparcial, 1916 (Añatuya), 8 de mayo.
  23. El Liberal, 1917 (Santiago del Estero), 29 de diciembre.
  24. El Socialista, 1918 (Santiago del Estero, 26 de agosto.
  25. El Socialista, 1917 (Santiago del Estero), 24 de noviembre.
  26. El Liberal, 1917 (Santiago del Estero), 3 de octubre.
  27. El Imparcial, 1917 (Añatuya), 5 de octubre.
  28. El Socialista, 1918 (Santiago del Estero), 20 de julio.
  29. El Chaqueño, 1918 (Añatuya), 19 de julio.
  30. El Chaqueño, 1918 (Añatuya), 28 de octubre.
  31. El Chaqueño, 1918 (Añatuya), 11 de noviembre.
  32. La Vanguardia, 1918 (Buenos Aires), 8 de marzo.
  33. El Imparcial, 1918 (Añatuya), 6 de agosto.
  34. El Imparcial, 1918 (Añatuya), 9 de septiembre.
  35. El Imparcial, 1919 (Añatuya), 14 de enero.
  36. El Imparcial, 1919 (Añatuya), 17 de enero.
  37. El Socialista, 1919 (Santiago del Estero), 18 de mayo.
  38. El Imparcial, 1919 (Añatuya), 8 de noviembre.


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