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Prólogo

Hernán Camarero y Carlos Miguel Herrera

Durante muchos años, los estudios sobre las vicisitudes del socialismo argentino en el “interior” del país parecieron limitarse a una solitaria referencia, el trabajo del militante partidario Isidro Oliver (1951), precisamente titulado El socialismo en el interior argentino. Obra descriptiva, y ante todo propagandística, que quizás como signo de distancia suplementario, se publicaba en la provincia de Santa Fe, y en un período particularmente difícil para el PS, los primeros años 1950, bajo el gobierno del general Perón.

Por cierto, en el libro que durante décadas sirvió de precipitado de la historia del socialismo argentino, la obra homónima de Jacinto Oddone que veía la luz en 1934, no podía faltar un capítulo sobre “la acción socialista en el interior del país” (Oddone, 1934, p. 321).[1] Allí subrayaba lo que tenía de épico el trabajo socialista cuando se alejaba de lo que llamaba, quand même, “el centro más avanzado y progresista del país”. En cambio, “las más cruentas batallas por la verdad y la honestidad electorales” se habían librado en el interior del país. Quizás el reciente asesinato del diputado provincial José Guevara, durante un acto público en la provincia de Córdoba, en septiembre de 1933, daba un tono más crudo a esa situación. El cariz centralista aparecía, no obstante, apenas se enumeraban los obstáculos de esa lucha, ya que la “resistencia de la población a aceptar una idea” venía antes que la oposición de las clases dominantes… El prejuicio no era menor cuando se describía a los militantes socialistas como “hombres sencillos, de trabajo rudo”, como si no hubiera habido dirigentes letrados fuera de Buenos Aires, como el cordobés Arturo Orgaz o el mendocino Benito Marianetti, para traer a cuenta solo dos nombres que trascendieron nacionalmente desde su lugar de origen.

En cualquier caso, la escasez bibliográfica contrastaba con una historia partidaria que se atisbaba mucho más anchurosa que aquella que transcurría por los carriles metropolitanos. ¿No era acaso en una localidad del interior bonaerense –San Nicolás de los Arroyos– donde el socialismo alcanzaba, en noviembre de 1903, su primer representante en un cuerpo deliberativo –la llegada de Agustín Reynés al Concejo deliberante de aquella ciudad– aún antes de la llegada de Alfredo L. Palacios al Congreso nacional, un año después? El propio Oddone resumía la trascendencia específica del trabajo partidario en el interior, ya que el ideal socialista chocaba allí aun con más fuerza contra el caudillismo y los peores elementos de la tradición política del país. Si en este capítulo de su libro, Oddone asociaba todavía con mayor exceso la lucha política con la lucha electoral, no dejaba de borronear ciertas particularidades de la labor socialista en el interior del país. En efecto la obra práctica del socialismo, ese “hoy y aquí” del que hablaba, alcanzaba mayor acuidad a escala de “los gobernantes de la provincia y administradores de la comuna”, donde la abstracción doctrinal cedía el paso a los “propósitos de sana e inteligente administración”. Ya en marzo de 1904, en ocasión de las elecciones en la segunda sección electoral de la Provincia de Buenos Aires aparecía un “programa mínimo provincial”, que centraba sus reivindicaciones en torno al trabajo agrícola.

Cuando coordinamos, en 2005, la publicación del primer libro universitario sobre la historia del socialismo argentino que asumía la perspectiva de un enfoque global, señalábamos la investigación sobre su devenir en el interior del país como una de aquellas facetas que debía alcanzar mayor peso, para evitar toda reconstrucción “abusiva o arbitraria” (Camarero y Herrera, 2005, p. 66). En verdad, y de manera general, lo que siguió a esa primera obra superó con creces nuestra expectativa: los libros, las tesis, los artículos, se multiplicaron, y para marcar los 10 años de aquel encuentro se creaba en 2014 la Red de Estudios sobre el Socialismo Argentino – RESA.[2]

En ese marco de renovación historiográfica, podemos estimar que la cuestión de los saberes sobre el interior es una en la que más se ha avanzado. Sin duda, el hecho de que una de las organizaciones que se reivindican del viejo linaje socialista alcanzará por primera vez en la historia la cabeza del Ejecutivo de una de las principales provincias del país –Hermes Binner, electo gobernador Santa Fe en 2007–, dio un nuevo impulso para la tarea, más allá de las agendas académicas. No era casual que el nuevo mandatario, sucedido, en dos períodos consecutivos, por otros miembros de su partido, provenía de una fuerza socialista que tuvo, entre sus particularidades, la de surgir y conservar su núcleo dirigente en un ámbito provincial, para alcanzar luego proyección nacional.[3]

La aparición del libro que estamos prologando hoy marcará sin duda un momento importante en el desarrollo de este campo. Sus editores, Silvana Ferreyra y Federico Martocci, son representativos del avance de esta renovación producida a partir de 2004, habiendo realizado ambos investigaciones académicas centradas respectivamente en la experiencia marplatense del Partido Socialista Democrático posterior al peronismo o sobre la labor cultural del socialismo pampeano –obras que permiten contrastar, de hecho, dos escenarios disímiles para el desarrollo del PS en el interior: el de una gran ciudad con el de una región de perfil más nítidamente agrario–.

Cómo lo recordáramos en el estado de la cuestión de nuestro libro de 2005, existía ya una serie de trabajos importantes sobre el PS, al menos desde fines de los años sesenta, alimentados primero por los ensayos sobre el movimiento obrero tras ese hito en las luchas sociales que significó el Cordobazo, y más tarde por la irrupción de una nueva historia política, al calor de la profesionalización que sigue al regreso democrático de 1983 (Camarero y Herrera, 2005, p. 66-67). Pero hasta entonces, los estudios enfocados en el desarrollo del socialismo en el interior del país se ocupaban de aquellas experiencias donde la fuerza había sido importante (la ya recordada ciudad de Mar del Plata) o en regiones o provincias determinantes por su peso económico en la vida de la República (Mendoza, Córdoba). La profusión y el vigor de la prensa socialista en las distintas regiones ofrecían ricos archivos para tal tarea. Sin abandonar esta veta, ha surgido ahora una preocupación metodológica más consecuente del que esta obra es una expresión.

Si el Partido Socialista, contrariamente a ciertas caricaturas, era nacional –es decir tenía estructuras en todo el país– su incidencia en cada ámbito local fue muy diferente, como también podía ser el aporte de los hombres surgidos del interior en la estructura partidaria nacional. Esta presencia podía construirse a partir de un baluarte municipal (la larga experiencia de gestión en Mar del Plata durante la década del ’20, que iba a renovarse sobre otras bases tras el derrocamiento del peronismo, o, en menor medida, la intendencia de Bahía Blanca entre 1932 y 1936 son ejemplos paradigmáticos en ese sentido), un dinamismo partidario en la política provincial (el caso de la Federación Socialista de Mendoza en los ’30), o la existencia de figuras que se perfilaban nacionalmente sin perder el lazo con el lugar de origen (Agustín de Arrieta y Benito Marianetti en esos mismos años ’30, Teodoro Bronzini en los ’40, Guillermo Bonaparte en los ‘50). Algunos de estos lugares presentaban cierta inestabilidad para la presencia partidaria socialista, incluso cuando contaban con una estructura productiva y una vida política importante, como ocurría en las provincias de Córdoba o aun de Santa Fe. En otro orden de cosas, a veces encontramos al PS interesado en fomentar el trabajo en otras regiones: es conocido el caso de Justo a partir de su instalación en la ciudad bonaerense de Junín a inicios del siglo XX, pero los años del peronismo ven una preocupación análoga por las protestas obreras y sociales que surgen en las provincias.

En ese sentido, las investigaciones que quedan por emprenderse son importantes y van en múltiples direcciones, empezando por una historia, interna, del desarrollo del Socialismo en el interior del país, que atendiese a sus diferentes períodos, ligados a la propia temporalidad de la vida económica y política del país, de sus clases populares, etc.[4]. Incluso la Capital Federal debería ser considerada en su doble dimensión: sede de los organismos centrales del Partido, pero también Federación específica, donde cabría analizar la representación en el Concejo deliberante, la interrelación con la cooperativa el Hogar Obrero, una de las principales realizaciones institucionales del PS, o la proyección, muchas veces limitada, de los dirigentes de una agrupación que durante muchos años no tenía autonomía orgánica –se trata, una vez más, de “provincializar” el centro–. También sería interesante reconstruir los relatos que se ensayaron desde el interior –el de Oliver, pero también el del bonaerense Juan Nigro, entre otros– para presentar el ideario del PS; aunque no había fuertes rupturas con la narrativa que venía desde Buenos Aires, tal vez surjan vetas hasta ahora opacadas, que pueden aparecer aún más nítidamente prestando atención a los intelectuales locales. La experiencia del gobierno, durante treinta años, de la ciudad de Rosario en el período post 1983 debería movilizar el interés de la historia reciente. En esa perspectiva, las escalas municipales y provinciales deberían también ser distinguidas con mayor precisión al interior de la configuración de lo local, ya que expresan sin duda aspectos diferentes. La tensión propia entre un programa socialista de un partido que se veía la expresión política legal de la clase obrera y la cultura política argentina, y que hacían calificar de “unitario” su proyecto ya en los primeros estudios de la novel ciencia política argentina, tienen también un peso propio en esa historia.

A partir de esta complejidad, se abren muchos caminos para inquirir acerca de las concepciones que el viejo partido tenía respecto al federalismo, sin agotarlo a sus referencias histórico-culturales, sino atendiendo a los modos concretos en que se desenvolvió en el acontecer argentino. ¿Cómo se posicionó ante las recurrentes intervenciones provinciales propiciadas desde el Ejecutivo y en qué casos el propio partido las creyó viables o necesarias? También existe una indagación pendiente respecto a los comportamientos de los legisladores partidarios sobre las discusiones presupuestarias e impositivas en donde estaban en juego los derechos y reclamos provinciales, sobre todo cuando la bancada se pobló de hombres de otras provincias. Ello conduce al problema del Senado, una institución que el socialismo inicialmente llamó a disolver por sus perfiles de reaseguro oligárquico, pero a la que accedió por la Capital Federal desde 1913. En definitiva, reflexionar acerca de las maneras específicas en las que el partido concibió el sistema federal y la realidad de las provincias. Sin olvidar la cuestión de los Territorios Nacionales, aquellos espacios de transitoria inaplicabilidad de las garantías del autogobierno federal, y monitoreados desde las autoridades centrales, en los cuales el PS había conocido un grado de inserción nada desdeñable, en especial, en Chaco y La Pampa. ¿Cómo interactuaron las realidades, aspiraciones y limitaciones, locales y nacional del PS, en este tópico particular?

Proyectar los análisis del PS en el interior de la Argentina implica al menos restituir de modo más genuino los alcances del proyecto socialista, poniendo a prueba, a través de una perspectiva local, su cultura política, identidad y tradición. No solo su actuación no fue igual en la Capital Federal que en una lejana comarca del norte del país, en los deshabitados parajes patagónicos o del Chaco boreal; también se procesó en sentidos distintos en otros importantes centros urbanos como Córdoba, Mendoza o Rosario. En esta pluralidad de escenarios, los discursos y el tipo de retórica de sus dirigentes o militantes, los rasgos adquiridos en sus órganos de prensa, las interpelaciones a sus adherentes y votantes, los modos en entender su propio sentido de pertenencia y el carácter de sus enemigos o adversarios, la forma como era definido su lugar en el devenir del pasado nacional, no asumió siempre el mismo carácter. Lo mismo puede decirse sobre los tipos de articulaciones del socialismo con la cuestión de la lucha por el derecho al voto de la mujer y las reivindicaciones feministas, las cuales podían asumir modulaciones variadas según las fisonomías mayormente tradicionales, patriarcales o clericales de tal o cual región.

Auscultar al socialismo desde el interior también permite iluminar bajo otras tonalidades la dinámica de las rupturas y escisiones del histórico tronco partidario: ¿cuántas de esas divisiones nacionales pueden comprenderse más cabalmente a partir de la plena integración de experiencias locales antes desatendidas? De modo inverso: ¿cómo una experiencia de anterior comunión partidaria local quedó desbaratada ante la irrupción de una fuerza facciosa general que la afectó y condujo a su dispersión o división? Por caso, la ruptura y escisión de la fracción izquierdista que a fines de 1917 impulsó el PS Internacional parece haber condicionado como proceso global a los núcleos socialistas de las federaciones santafecina y cordobesa que la acompañaron, aunque la presencia provincial no alcanzó el peso que tuvo la federación de Mendoza en la dinámica que consolidó la corriente de izquierda conformadora del PS Obrero en los años treinta. Allí no fue solo la importancia de la cabeza del nuevo partido, sino una verdadera alianza interprovincial que iban a forjar los disidentes en Tucumán, Entre Ríos, La Pampa. ¿Qué ocurrió, al contrario, cuando las escisiones tuvieron mayor dificultad a traspasar los límites porteños-bonaerenses y cómo interactuó en algunas otras provincias? Aquí, más que en ningún otro tema, la influencia de ese peculiar repertorio organizacional que fueron las “giras” de los cuadros y dirigentes adquiere una importancia crucial. Esos viajes y estadías adquirían una entidad fundamental para la transmisión de informaciones, convencimientos y discusiones, es decir, eran redes de circulación y de formación de opiniones entre un pueblo, una ciudad o una provincia y otros, que poseen tal vez más valor para el examen de situaciones concretas que la lectura de La Vanguardia.

Esta mayor riqueza en el conocimiento del PS captando las especificidades locales y provinciales, puede resultar además una contribución válida a la historia de las izquierdas en su conjunto. Cada vez más progresan los enfoques relacionales, los que establecen puntos de confluencia y ruptura entre las distintas culturas y corrientes ideológico-políticas de este gran espacio, en las que el socialismo compartió y confrontó con el anarquismo, el sindicalismo revolucionario, el comunismo, el trotskismo o, en sentido más amplio el liberalismo progresista, el georgismo o la masonería. Todo ello se combinó de maneras inesperadas, a veces inéditas, en ocasiones similares a Buenos Aires, pero siempre marcando matices propios en las distintas provincias. Los avances de las investigaciones sobre el PS muchas veces están inaugurando estos saberes sobre las izquierdas de tal o cual región.

Otro tanto puede decirse con respecto a temáticas referentes a la clase trabajadora, el movimiento estudiantil, al campo intelectual y cultural, a las organizaciones cooperativas, el asociacionismo agrario o a las sociedades barriales. Decenas de nuevas investigaciones sobre estos aspectos van acercando un mayor conocimiento a nivel local o regional, en ocasiones a escalas muy reducidas, y en muchos de ellas se aprecian indicios y datos acerca del PS: no solo en referencia a los modos como esos actores sociales fueron alcanzados por la participación socialista sino también a la manera en que el partido fue afectado en su configuración por aquellos sujetos sociales, políticos o culturales. Por ejemplo, en el caso del movimiento obrero, la vida de las federaciones provinciales o uniones obreras locales permite diseñar un cuadro notablemente más matizado a nivel general.

Por todo ello, este es un libro útil y oportuno para la historia del socialismo argentino. Las contribuciones que siguen en sus páginas dejan entrever incluso diferentes posicionamientos metodológicos sobre el problema, en particular entre aquellos que alientan miradas microanalíticas, incluso “a ras del suelo”, y quienes promueven una reconstrucción de más vasta escala. Lejos de ser un obstáculo, es la prueba de la vitalidad del tema. Después de todo, el pluralismo metodológico promovido desde aquellas jornadas de 2004, y abonada por la RESA desde entonces, fue cauce principal de la increíble profusión de investigaciones que le siguió.


  1. El polifacético Oddone había sido uno de los fundadores de la segunda federación provincial bonaerense, en Avellaneda, habiendo ocupado por un corto período la intendencia de la ciudad en 1920.
  2. La RESA ya celebró dos jornadas nacionales (en 2016 y 2018) mientras prepara la tercera, habiendo organizado un coloquio sobre Juan B. Justo, y numerosas actividades académicas sobre el socialismo y el movimiento obrero, sobre el socialismo argentino, la Internacional y Jean Jaurès, sobre los orígenes del PS a finales del siglo XIX, sobre el socialismo después de 1958, sobre la historiografía socialista, etc., así como la presentación de libros y dossiers sobre el tema aparecidos desde entonces.
  3. Una serie de trabajos se dedicó a la cuestión. Ver ahora el capítulo de Fernando Suarez en este libro.
  4. Ya contamos con una primera contribución en Poy (2016). El capítulo de R. Martínez Mazzola en este libro va en el mismo sentido.


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