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Disciplina e imagen partidaria

Reflexiones sobre conflictos interpersonales en el socialismo bahiense (1919-1926)

Roberto Cimatti

En los últimos años varios investigadores avanzaron en la problematización de ciertos consensos historiográficos que se instalaron en torno de la caracterización del Partido Socialista (PS), especialmente en lo referido a las prácticas políticas de sus integrantes y a la cuestión disciplinaria en particular (Pérez Branda, 2011; Cabezas, 2014; 2015; 2017b; Barandiarán y Gómez, 2018).

Caracterizado como el primer partido moderno de nuestro país, el PS se distinguió por contar con estatutos que establecieron las pautas que regulaban a la organización y a sus integrantes con el fin de lograr una sólida cohesión interna y una rigurosa disciplina. Tanto el núcleo dirigente como los afiliados valoraron sobremanera las formas institucionales llegando a consolidar cierta rigidez organizativa y una extrema moral partidaria exigida a sus miembros (Aricó, 1999, p. 116). Según el mismo autor, estas características obedecieron en parte a la impronta de Juan B. Justo y su repulsión a la ausencia de organicidad.

Entre 1917 y 1926 el socialismo de Bahía Blanca atravesó un sostenido proceso de consolidación política[1] y amplió su influencia sobre los campos cooperativo y sindical.[2]

El CSBB era el más importante del distrito en cuanto a número de afiliados[3] y para el período 1920-1922 la mayoría de los integrantes eran argentinos (46,20%), seguidos por los españoles (32,28%), los italianos (14,56%) y los rusos (4,43%). En cuanto a categorías ocupacionales, la mayoría eran empleados (31,01%), seguidos por cocheros (8,33%), comerciantes (6,33%) y albañiles (4,43%); en tanto que la tasa de sindicalización ascendía al 42,13% del total de afiliados (Cabezas, 2011; 2013). Su núcleo dirigente fue representativo de la base de afiliados, distinguiéndose por una fuerte presencia de asalariados, en especial si se lo compara con la dirigencia nacional (Cimatti, 2014).

Al acceder al legislativo municipal en 1917, el socialismo bahiense se consolidó políticamente e inició un proceso de ampliación de su accionar a los campos sindical y cooperativo. En los años posteriores aumentó la actividad del centro socialista de Bahía Blanca (CSBB) y su número de integrantes, transformando la dinámica partidaria y generando el surgimiento de conflictos entre afiliados que, a veces, trascendieron los límites partidarios y provocaron preocupación sobre sus potenciales efectos negativos en la imagen que desde el PS se pretendía proyectar hacia el resto de la sociedad.

Utilizando como corpus documental los libros de correspondencia del CSBB,[4] en este trabajo nos centraremos sobre algunos conflictos interpersonales que se desarrollaron en dicho ámbito entre 1919 y 1926. El objetivo es evaluar cómo operaron las normas estatutarias del PS sobre estas disputas en el marco de un contexto de mayor visibilidad pública debido al ingreso de representantes al Concejo Deliberante.

Estatutos y disciplina en el PS

En junio de 1896 se reunió el congreso que estableció los estatutos, la declaración de principios y el programa mínimo del Partido Socialista Obrero Argentino.[5] Si bien inicialmente se reconoció la participación de grupos políticos, sociedades gremiales, círculos de estudios sociales, sociedades de socorros mutuos y cooperativas que adhirieran al programa y el método de acción del PS, en la medida en que se fue consolidando la posición reformista y parlamentarista de Juan B. Justo, la estructura partidaria adoptó al centro socialista como base de la organización. Este se formaba en función de la jurisdicción electoral, debilitando el peso específico de los sectores sindicales y agrupándose con otros en federaciones locales y provinciales (Tortti, 1995, p. 203; 2009, p. 27). Fuera de la ciudad de Buenos Aires los centros socialistas también se convirtieron en espacios irradiadores de cultura, a través de bibliotecas e imprentas, y del asociacionismo cooperativista (Graciano, 2010b, p. 15).[6]

En los estatutos se definieron la estructura organizativa, los mecanismos democráticos de funcionamiento y los derechos y deberes de los afiliados. Si bien se estableció un orden jerárquico de autoridades: voto general de los afiliados, congresos ordinarios y extraordinarios nacionales y provinciales, y los comités ejecutivos nacional y de las federaciones provinciales, en la práctica el órgano que concentró mayor poder fue el comité ejecutivo nacional (Oddone, 1983, pp. 67-73).[7]

Los deberes de los afiliados vinculados con la moral partidaria o con las conductas personales fueron fijados en el quinto congreso nacional (1903), siendo aquellos: observar “la buena administración”, respetar “al programa y el método de acción” y acusar a los posibles infractores. Todo cargo de gravedad “formulado o insinuado públicamente por un miembro del Partido contra uno o varios otros” debía ser probado, consignándose que en caso contrario el denunciante debía retractarse y pedir disculpas bajo pena de ser expulsado. Finalmente, se fijó que dos tercios de los presentes eran la mayoría necesaria para la suspensión o expulsión de afiliados “en defensa del programa, del método, de la moralidad y de la armonía”, siendo dichas resoluciones inapelables (Oddone, 1983, pp. 67-73).

La explicitación del deber de acusar a quienes infringieran las normas estatutarias puede vincularse con la práctica de la denuncia que está presente en todas las sociedades y que ha sido abordada por la historiografía desde hace unas décadas (Fitzpatrick y Gellately, 1996, pp. 759-764).[8] Desde los estatutos partidarios se estableció el fomento de la denuncia, exaltándose a las obligaciones estatutarias como virtuosas, teniéndose como objetivos mantener el control de los órganos directivos sobre los afiliados, de los principios ideológicos y de la moral partidaria dentro de un marcado centralismo.

Si bien en la historia del PS los estatutos fueron utilizados para zanjar diferencias ideológicas, aplicándose sanciones a grupos internos y a afiliados en particular,[9] en el presente trabajo nos centraremos en algunas acusaciones que tuvieron como protagonistas a integrantes del CSBB, ya que como señalan Fitzpatrick y Gellately, “a very large number of denunciations in most societies are against ordinary people –neighbors, fellow villagers, work colleagues– against whom the denouncer has an everyday grievance”[10] (Fitzpatrick y Gellately, 1996, p. 764). Es precisamente la cotidianeidad del CSBB sobre lo que pondremos el foco para analizar cómo se desarrollaron ciertos conflictos interpersonales.

La disciplina en un centro socialista bonaerense. Entre el control y las denuncias

Durante las últimas décadas se ha avanzado en el estudio de las actitudes sociopolíticas de los individuos en el marco de diferentes espacios organizacionales y/o contextos históricos, aunque todavía resulta complejo consolidar consensos historiográficos amplios ya que “es necesario comprender que las actitudes son dinámicas y cambiantes” (Hernández Burgos, 2014, p. 90).

En el caso de las prácticas concretas de los afiliados del CSBB vinculadas con la disciplina partidaria, Cabezas destaca la existencia de un control que se extendió más allá del ámbito político, abarcando lo laboral e incluso lo privado, y que propició un clima de constantes denuncias entre aquellos (Cabezas, 2017b).[11] En efecto, parece haberse tratado de una característica general del PS, ya que los artículos estatutarios referidos al deber de acusar a quien violara “el programa y el método de acción” partidarios fueron utilizados en las disputas internas, fueran estas ideológicas o personales.

El material relevado nos permite afirmar que en el CSBB la disciplina partidaria fue valorada principalmente por dos cuestiones: la de mantener el orden interno y la de lograr un mayor compromiso de los afiliados en la militancia cotidiana.[12] Lo disciplinario adquirió una mayor trascendencia cuando el PS logró acceder al legislativo municipal, lo que aumentó la visibilidad pública y supuso una mayor responsabilidad ante los ciudadanos bahienses. En este sentido, hacia 1919 el afiliado Matías Caballero[13] señaló que el CSBB “está llamado a sostener importantes luchas con la burguesía, a consecuencia de las cuales deveremos [sic] asumir serias responsabilidades ante el Pueblo Bahiense”, cuestionó la apatía de la mayoría de los afiliados y propuso a la comisión administradora “que todos […] se coloquen dentro de las prescriciones [sic] estatutarias para bien de nuestro Centro y para no resentir la disciplina del partido”.[14]

Algunos documentos nos permiten conocer cómo los afiliados internalizaban las normas estatutarias, llegando incluso a tomar decisiones que, en ciertos casos, los colocaron en situaciones incómodas. Así, por ejemplo, en un informe del periódico Lucha de clases[15] su administrador Emilio Bournaud señaló las dificultades económicas que atravesaba la publicación, autocalificándose como un “mal administrador”. Confesó haberle pagado a un cobrador para recaudar las suscripciones y haber entregado todo lo recaudado al operario que lo imprimía. Al final del informe se excusó por no haber cumplido “escrupulosamente” sus funciones y expresó: “si merezco censura, suspensión o separación acataré la disciplina, pero siempre con la convicción de tener la consciencia limpia”.[16]

En febrero de 1921 el afiliado Cayo Tejero pidió que aceptaran su renuncia indeclinable por haber cometido una falta que le impedía continuar en el PS.[17] Si bien desconocemos el motivo de dicha decisión, es interesante observar lo resuelto en una asamblea del CSBB: aplazó el tratamiento de la renuncia y formó una comisión investigadora.[18] Los integrantes de esta visitaron a Tejero en su vivienda, quien reconoció haber dañado al PS y manifestó que no se iba a retractar por temor a perder su empleo, ya que “su patrón no permitiría bajo ningún [sic] concepto que fuera afiliado del partido y se dedicara con esto á [sic] la propaganda socialista”.[19] Luego de la visita, la comisión elaboró un informe recomendando rechazar la renuncia y expulsar a Tejero, señalando de manera lapidaria que aquél era “un ser poco activo, formal y consecuente para la causa”.[20]

En abril de 1921 el afiliado Francisco Navas presentó su renuncia al PS porque no podía cumplir con una resolución del CSBB que establecía la obligatoriedad de agremiación, aunque afirmando que no “por esto deje de ser socialista”.[21]

Estos ejemplos permiten observar hasta dónde estuvieron dispuestos algunos de los afiliados a acatar las normas estatutarias, poniendo en duda sus procederes, su honorabilidad y hasta sometiéndose a investigaciones por parte de otros integrantes del CSBB. Lo que resulta complejo es precisar con exactitud en qué medida las actitudes adoptadas por los afiliados respondieron al control partidario, o a las personalidades de cada uno de ellos; y cómo cada uno, desde su subjetividad, procesaba e internalizaba las normas estatutarias. No obstante, en línea con lo analizado por Cabezas respecto de las renuncias presentadas ante la imposibilidad de pagar las cuotas de afiliación (Cabezas, 2014; 2017b), podemos arriesgar que el desacato a la disciplina partidaria y las sanciones que ocasionaron fueron separadas por los afiliados de sus convicciones ideológicas.

Los casos del concejal Pérez y de Camilo Di Santi: la indisciplina de las dirigencias

Dentro del material relevado nos llamaron la atención dos conflictos protagonizados por afiliados del CSBB y personas ajenas a este. Motivados por asuntos particulares, se prolongaron durante varios meses y pusieron en tensión las conductas y actitudes concretas de los integrantes del PS con la disciplina y la moral partidaria.

En abril de 1921 el secretario de Nuevos Tiempos[22] recibió una nota de la Cooperativa Obrera de Tabaco de Buenos Aires, en la que se denunciaba que el concejal José Pérez[23] les debía dinero y le pedían que intercediera ante el deudor bajo amenaza de dar conocimiento del hecho a un concejal del radicalismo bahiense, quien “nos a [sic] expresado el deseo de publicarlo en los diarios de esa, cosa que nosotros por el decoro del partido, no haríamos”.[24]

Hacia mediados de mayo de 1921, Pérez manifestó su imposibilidad de pago debido a que estaba atravesando dificultades económicas y pidió tiempo a los integrantes de la comisión administradora del CSBB.[25]

En medio de la indefinición del conflicto que puso en el centro de la escena a un integrante de la bancada de concejales, el dirigente del gremio de los conductores de carruajes Matías Caballero cuestionó duramente la complacencia y tolerancia de las autoridades del CSBB para con la conducta de Pérez. Caballero manifestó su preocupación de que pudiera verse afectada la imagen pública del PS, ya que desde su integración al legislativo municipal “de todas partes salen perros a ladrarnos, no debemos producir ruidos discordantes para dar motivo a que esos perros nos ladren con alguna razón”.[26] Al mismo tiempo denunció a Pérez por utilizar en su negocio a un peón no afiliado al sindicato, quien además trabajaba en una cochería que estaba siendo boicoteada por los trabajadores.[27] Por último, solicitó la expulsión de Miguel Cabezas y de Pérez, a quien también le exigió su renuncia a la concejalía. Así, lo dejó plasmado en la publicación de la prensa partidaria

deseo manifestar a los compañeros que al plantear las cuestiones que planteo no lo hago guiado por ningún odio personal para nadie, sino como lo digo más arriba, lo hago para que brille en todo su esplendor el ideal socialista por el cual vengo luchando de tantos años atrás.[28]

El pedido de Caballero fue tratado por una asamblea realizada en julio de 1921 que resolvió expulsar al afiliado Miguel Cabezas, pero no al concejal Pérez. Unos días después este último envió una nota al CSBB informando que había llegado a un arreglo con la Cooperativa de Obreros del Tabaco para cancelar su deuda y aclarando la situación del peón a su cargo.[29] El acuerdo fue posible debido a la paciente espera de la entidad cooperativa que presidía un socialista, situación que de alguna manera favoreció a Pérez.

La resolución del caso descripto muestra claramente la disparidad de tratamiento de las conductas y de las eventuales sanciones entre la base de afiliados y el núcleo dirigente, siendo la aplicación de las normas más flexible para los integrantes del segundo.

Es importante señalar que el asunto del concejal Pérez se desarrolló simultáneamente al proceso de escisión de los “terceristas” luego del IVº Congreso Extraordinario del PS, realizado en enero de 1921 en Bahía Blanca. La disputa interna y las renuncias de afiliados al CSBB repercutieron en el campo sindical en general y en los gremios en particular, así en el caso de los conductores de carruajes la presencia de destacados militantes socialistas como Caballero y Antolino Turiel,[30] este último integrante del tercerismo, permitirían explicar en parte la preocupación del primero para que se resolviera la cuestión del concejal Pérez y evitar presentar flancos de ataque para los sectores “terceristas”.

El otro conflicto que nos llamó la atención por su singularidad y sus ribetes novelescos fue el que implicó al afiliado Camilo Di Santi.[31] En 1926 su hermano Miguel Di Santi inició una serie de pedidos a las autoridades del CSBB con el objetivo de que sancionaran a Camilo, quien con su conducta supuestamente atentaba contra la moral y la disciplina partidaria.

En marzo de aquel año Miguel envió una nota al CSBB preguntando si se “acostumbra a velar por la buena conducta de sus afiliados”[32] y unos meses después en una nueva misiva cuestionó la falta de accionar de las autoridades partidarias para preservar la “moral socialista de sus afiliados”, ya que no se ocupaban de sancionar a su hermano, afiliado “para vergüenza del partido”.[33] Además, señaló que “en el Partido Socialista no se debe ocultar las faltas e inmoralidad de un afiliado sea este quien sea”[34] e insistió sobre el juzgamiento de la conducta de su hermano.[35]

A mediados de 1926, Miguel Di Santi describió en una extensa carta la situación que soportaba su familia con la presencia de su hermano que “va y viene de Bahía Blanca media docena de veces al año, con una enfermedad que se llama ‘nada’”, se instalaba en la casa de sus padres en Coronel Pringles y vivía como un “burguez [sic]”.[36] Además, informó que Camilo había sido expulsado del centro socialista pringlense y luego fue admitido por el de Bahía Blanca, exhortando a las autoridades de este último: “si ese centro no desea enseñarle al señor don Camilo, los deberes morales de un socialista no me queda otro remedio que hacer pasar otro bochorno al partido, denunciando a ese señor ante la justicia burguesa”.[37]

La insistencia y las amenazas de Miguel Di Santi llevaron a las autoridades del CSBB a ocuparse del reclamo y responder acerca de la situación de Camilo. El secretario general José Cimadamore le envió una nota a Miguel, informándole que la comisión administradora analizó sus denuncias y consideró que se trataba de una cuestión privada y familiar, desentendiéndose en consecuencia del tema por no poder aplicar una sanción. Finalmente, Cimadamore afirmó que la comisión “no cree conveniente el procedimiento que Ud. usa para acusar á su hermano. Más práctico sería que vuestros padres intervinieran directamente y pusieran entre ambos, las cosas en su lugar”.[38]

Ante la respuesta de Cimadamore, Miguel Di Santi manifestó que el conflicto con su hermano no era una cuestión personal ya que lo denunciaba para evitar “un bochorno al partido”, advirtiendo además que “estoy completamente decidido a entregar el asunto no directamente a la justicia Radical [sic] sino al comité Radical en ésta [Coronel Pringles], para que hagan proceder, y para que vean como proceden los socialistas para que les sirvan de propaganda”.[39] Unos días después envió una nueva nota adjuntando una carta de Adolfo Dickmann, integrante del comité ejecutivo nacional del PS,[40] y haciendo referencia a la misiva del dirigente nacional para avalar su denuncia, señaló:

En mis casi doce años que llevo de suscriptor de “La Vanguardia” creo que he leído y he aprendido un poco más que cualquier Camilo Di Santi, de los que hay y por haber, de moral socialista.

Repito, que si ese centro no desea de darle algunas lecciones de moral socialista y no llame al orden al farsante don Camilo, después no vayan a echarme en cara, que me halla [sic] dirigido á [sic] los radicales la culpa será de ustedes. Al señor don Camilo no se le debe expulsar del partido se le debe llamar al orden y darle algunas lecciones de moral socialista.[41]

A pesar de que para agosto de 1926 el CSBB consideró terminado el asunto Di Santi, todavía en diciembre Miguel Di Santi continuó denostando a su hermano y señaló: “espero que el centro socialista le dé su merecido”.[42]

La moral y la disciplina partidarias fueron invocadas por Miguel Di Santi para denigrar a su hermano Camilo ante el resto de los integrantes del CSBB e incluso ante las autoridades nacionales del PS con el objetivo de que le aplicaran una sanción en el marco de un conflicto estrictamente familiar. Lo sucedido en este caso permite demostrar la relevancia que tenía para los socialistas, aún en conflictos de naturaleza privada, por un lado, el respeto de los estatutos y por el otro el temor de que esos asuntos trascendieran las fronteras partidarias.

A manera de conclusión. Más cerca, más denso, menos disciplina

Hemos abordado algunos de los conflictos interpersonales que tuvieron como protagonistas a integrantes del CSBB entre los años 1919 y 1926, años convulsionados por las internas partidarias. Sin desconocer la importancia que al interior del PS tuvo el cumplimiento de los estatutos, es posible afirmar que en general las situaciones atravesadas por los afiliados denunciados no afectaron la adscripción de aquellos a los principios ideológicos socialistas, aunque las denuncias pusieran en entredicho su honor personal o se sintieran expuestos frente al resto de los integrantes del CSBB.

En el caso del concejal Pérez, las autoridades del CSBB adoptaron una actitud de complacencia y esperaron que aquél resolviera la deuda con la entidad cooperativa de la ciudad de Buenos Aires. Consideramos que el accionar de la comisión directiva estuvo motivado por evitar que la cuestión tomara estado público, dado que Pérez integraba la bancada socialista en el Concejo Deliberante y el núcleo dirigente del CSBB. El concejal se vio favorecido por el hecho de que la cooperativa fuera dirigida por socialistas, ya que, si bien se amenazó a las autoridades partidarias con informar del conflicto a concejales radicales de Bahía Blanca, los cooperativistas se mostraron dispuestos a esperar que Pérez pagara lo adeudado. Respecto de la intervención del afiliado Matías Caballero, si bien apuntó a alertar a la comisión directiva para que acelerara la resolución del caso ya que la prolongación del caso afectaría la imagen del PS ante la ciudadanía bahiense, en parte obedeció a un conflicto que atravesó al gremio de conductores de carruajes al que pertenecía y en el que el concejal Pérez estuvo comprometido como empleador. También es posible aventurar que la disputa en dicho gremio se intersectara con el conflicto partidario en torno al posicionamiento del PS frente a la IIIa Internacional, ya que junto a Caballero participaba en su organización sindical Antolino Turiel, quien renunció con un grupo de afiliados “terceristas” al CSBB en febrero de 1921.

En el conflicto entre los hermanos Di Santi resulta interesante observar que si bien Miguel apeló principalmente a denostar a su hermano Camilo desde lo moral, también lo cuestionó ideológicamente (“traidor al socialismo”). Ante la decisión de las autoridades del CSBB de no hacer lugar a los pedidos de Miguel por considerar que se trataba de un mero asunto familiar, aquel atacó la resolución elevando sus denuncias a las autoridades nacionales y amenazó con informarlas a miembros del radicalismo o presentarlas ante la justicia. Desconocemos cómo finalizó aquel enfrentamiento, ya que en los libros de correspondencia relevados no existen documentos en los que se mencione el asunto con posterioridad al año 1926.

Las autoridades del CSBB se mostraron preocupadas en aquellos conflictos interpersonales que pudieran trascender el ámbito partidario y actuaron permanentemente para evitar que tomaran estado público. El temor de que la imagen partidaria se viera dañada fue una preocupación constante del núcleo dirigente local, sobre todo desde que los socialistas bahienses contaron con representación en el legislativo municipal.

La exploración a ras del suelo permite conocer el peso que tuvieron las normas estatutarias del PS sobre las conductas de sus afiliados y también cómo la aplicación de aquellas varió si el afiliado denunciado formaba parte del núcleo dirigente o contaba con cierta trayectoria dentro del CSBB. Más difícil resulta precisar el grado de internalización de los mandatos partidarios y en qué medida quienes ingresaron al PS modificaron sus hábitos, presionados por unos estatutos que apuntaron a lograr una fuerte cohesión interna y a imponer como deber la acusación de todo aquel que atentara contra los principios, el método, la moralidad y la armonía partidaria.

Varios textos clásicos sobre la historia del PS han destacado que esta formación política proyectó hacia la sociedad una imagen de sólida organicidad, de dirigentes circunspectos, de estricto apego a la disciplina y de afiliados guiados por la razón en el marco de los estatutos partidarios (Walter, 1977; Berensztein, 1991). Sin embargo, aquella imagen comienza a desdibujarse en la medida en que podemos explorar a escala local las prácticas concretas de sus afiliados y de sus interacciones y conductas cotidianas en el ámbito de un centro socialista.


  1. Durante el período mencionado funcionaron en el partido de Bahía Blanca los centros socialistas de Bahía Blanca, de Ingeniero White y de Punta Alta. Este último, hacia fines de 1919, tuvo una disminución de afiliados y se subordinó temporariamente al CSBB. Además, se constituyeron organizaciones autónomas pero de orientación socialista como la agrupación juvenil “Fuerza y Voluntad” en Villa Mitre (1919), el Centro Cultural Socialista “Enrique del Valle Iberlucea” en Villa Rosas (1922) y el Centro Cultural “Juan Bautista Alberdi” de Villa Mitre (1925).
    En las elecciones municipales de 1916 el PS logró colocar tres representantes en el Concejo Deliberante y mantener en los años posteriores una bancada que fluctuó entre los tres y los cinco concejales.
    En 1924 el PS bahiense obtuvo una diputación por la sexta sección electoral de la provincia de Buenos Aires.
  2. A instancias de Juan B. Justo, los socialistas bahienses incursionaron por primera vez en el campo cooperativo al fundar la efímera Sociedad Cooperativa Obrera Económica de Bahía Blanca en 1911. Posteriormente, durante el período mencionado participaron en la creación de la Cooperativa de Consumos de Empleados y Obreros del Ferrocarril Noroeste-Sección Pacífico (1919) y en la Sociedad Cooperativa Obrera Ltda., Molinera, Panadera y anexos (1920).
    Hacia los años 20 el Centro Socialista de Bahía Blanca (CSBB) consolidó sus vínculos con las entidades que agrupaban a albañiles, fideeros, empleados de comercio, sastres, ferroviarios, conductores de carruajes, metalúrgicos, carpinteros, ebanistas, lustradores, mozos, cocineros, pasteleros, gráficos y peluqueros. En junio de 1920, socialistas y sindicalistas revolucionarios confluyeron en la Federación Obrera Regional Bahía Blanca.
  3. Según un informe del Secretario General, hacia fines de 1919 alcanzó los 83 afiliados, llegando a los 128 a principios de 1921 con posterioridad a la escisión de los “internacionalistas”, y manteniéndose durante los años siguientes por encima del centenar. Ver Informe semestral del Secretario General del CSBB, 24 de diciembre de 1919, en LCCSBB 1919 y Cabezas (2013, p. 13).
  4. En adelante utilizaremos la sigla LCCSBB para referirnos a los libros de correspondencia, a la que agregaremos el año al que corresponden.
  5. El proceso de construcción de un partido político obrero se inició unos años antes. En abril de 1894 diversas agrupaciones socialistas organizadas por nacionalidades iniciaron un proceso de convergencia que permitió que en 1895 se creara el Comité Central del Partido Socialista Obrero Internacional (PSOI), estableciéndose una carta orgánica y un programa mínimo. En octubre de 1895 se reunió una convención que modificó la denominación partidaria por la de Partido Socialista Obrero Argentino (PSOA) y creó un Comité Ejecutivo para reemplazar al Comité Central integrado por un menor número de miembros que debían ser ciudadanos argentinos. En marzo de 1896 el PSOA se presentó por primera vez a elecciones legislativas nacionales y en 1900 el Tercer Congreso Nacional resolvió adoptar la denominación de Partido Socialista.
  6. Los centros tenían una gran importancia en el poder interno del PS ya que designaban delegados para participar en los congresos en los que se elegían las autoridades partidarias nacionales o provinciales. En 1926 mediante una reforma estatutaria se estableció el voto general de los afiliados como el mecanismo de elección de las autoridades (Pérez Branda, 2011, pp. 60-61).
  7. El comité estaba integrado por un secretario general, un tesorero y dos secretarios con duración de dos años, reelección y revocatoria de mandatos. Sus atribuciones fueron: instrumentar las resoluciones de los congresos y el voto general de los afiliados, convocar a los congresos y hacer cumplir sus resoluciones, administrar los fondos económicos, realizar la propaganda, garantizar los preceptos establecidos en el estatuto y en los programas partidarios, y vincularse con organizaciones afines al PS. Además, bajo su órbita quedó el periódico oficial La Vanguardia, aunque su comité editorial era elegido por los congresos.
  8. En el caso argentino podemos destacar los trabajos de Flavia Fiorucci (2015) y Silvana Ferreyra (2018) durante el peronismo y en el período posterior al golpe cívico-militar de 1955 respectivamente, así como el de Daniel Lvovich (2017) para la última dictadura.
  9. Ejemplos de esto fueron la expulsión de Alfredo Palacios (1915) y la posterior creación del Partido Socialista Argentino, o las escisiones de los “internacionalistas” (1917) y de los “terceristas” (1921). Campione ha destacado la utilización de la cuestión disciplinaria en el caso de la disputa entre el grupo parlamentario y los internacionalistas (Campione, 2001, pp. 1-27).
  10. “Un número muy alto de denuncias en la mayoría de las sociedades son contra gente ordinaria –vecinos, paisanos, colegas de trabajo– contra los cuales el denunciante tiene una querella cotidiana”.
  11. Cabezas se centra en las conductas de los afiliados frente al pago de cotizaciones, en las asambleas o en la participación en comisiones y actividades partidarias (Cabezas, 2017b).
  12. Hacia fines de 1919 el Secretario General afirmaba que “el movimiento socialista es sostenido por la minoría de afiliados”, en Informe semestral del Secretario General del CSBB, 24/12/1919, en LCCSBB 1919.
  13. Caballero fue un destacado militante sindical y dirigente del gremio de constructores de carruajes. Llegó a ocupar la secretaría de actas (1920) y la secretaría general (1921) de la Federación Obrera Regional Bahía Blanca.
  14. Nota de Matías Caballero a la Comisión Administradora del CSBB, sin fecha, en LCCSBB 1919.
  15. Lucha de Clases fue el “órgano de los centros socialistas de Bahía Blanca”, de salida semanal, comenzó a editarse el 1º de octubre de 1913.
  16. Informe del administrador de “Lucha de Clases” (trimestre octubre, noviembre y diciembre de 1917), enero de 1918, en LCCSBB 1918.
  17. Nota de Cayo Tejero a la Comisión Administradora del CSBB, 1/2/1921, en LCCSBB 1921.
  18. La asamblea se realizó el 5 de febrero de 1921 y designó integrantes de la comisión investigadora a José Cimadamore, Vicente Martínez y Primo Reyero, quienes se apersonaron en la casa de Tejero el 13 de febrero.
  19. Informe de la comisión investigadora sobre afiliado Cayo Tejero, 14/2/1921, en LCCSBB 1921.
  20. Informe de la comisión investigadora sobre afiliado Cayo Tejero, 14/2/1921, en LCCSBB 1921.
  21. Nota de Francisco Navas a la Comisión Administradora del CSBB, 19/4/1921, en LCCSBB 1921.
  22. El bisemanario Nuevos Tiempos fue sucesor de Lucha de clases.
  23. Pérez era concejal desde 1918, se desempeñó como secretario general del CSBB en 1919, fue socio fundador de la Sociedad Cooperativa Obrera e integró su primer consejo de administración en 1920.
  24. Nota de la Cooperativa Obrera de Tabaco, 26/4/1921, en LCCSBB 1921. Con fechas del 18 de enero, 18 de febrero y 15 de marzo de 1921, la cooperativa le reclamó la deuda a Pérez sin obtener respuestas. En la de marzo, el presidente de la entidad acreedora le manifestó al concejal que “Si Ud. no da cumplimiento a este pedido me voy a valer de publicaciones en diarios de esa localidad. Siento mucho hacerle esas manifestaciones porque voy a perjudicar el honor del partido al cuál pertenezco.” La referencia a las cartas enviadas desde principios del año 1921 en: Nota de la Cooperativa Obrera de Tabaco, 2/5/1921, en LCCSBB 1921.
  25. Nota de José A. Pérez a la Comisión Administradora, 12/5/1921, en LCCSBB 1921.
  26. Nota de Matías Caballero, 29/5/1921, en LCCSBB 1921.
  27. Nota de Matías Caballero, 29/5/1921, en LCCSBB 1921. Caballero acusó a Pérez de tener un peón que manejaba su coche y no era afiliado de la Unión de Conductores de Carruajes, además el empleado era de la cochería “La Moderna” que estaba siendo boicoteada por los trabajadores bahienses. Aparte de esta acusación, Caballero señaló que Pérez como agente en la ciudad de la Cooperativa Obreros de Tabacos de Buenos Aires había retenido de manera indebida dinero que debía entregar a la entidad.
  28. Nota de Matías Caballero, 29/5/1921, en LCCSBB 1921.
  29. Nota de José Pérez, 11/7/1921, en LCCSBB 1921.
  30. Turiel fue un militante sindical socialista que llegó a ocupar la secretaría general del gremio de conductores de carruajes, fue vocal del primer consejo federal de la Federación Obrera Regional Bahía Blanca, e integrante del grupo de afiliados terceristas que renunció al CSBB en febrero de 1921.
  31. Sastre de oficio, Di Santi ingresó al CSBB en septiembre de 1922 con pase desde el Centro Socialista de Coronel Pringles y llegó a ocupar el cargo de secretario general entre julio y diciembre de 1923. Agradecemos estos datos sobre Di Santi que nos aportó el Lic. Gonzalo Cabezas.
  32. Nota de Miguel Di Santi, 9/3/1926, en LCCSBB 1926.
  33. Nota de Miguel Di Santi, 6/5/1926, en LCCSBB 1926.
  34. Nota de Miguel Di Santi, 6/5/1926, en LCCSBB 1926.
  35. Nota de Miguel Di Santi, 5/7/1926, en LCCSBB 1926.
  36. Nota de Miguel Di Santi, 17/7/1926, en LCCSBB 1926.
  37. Nota de Miguel Di Santi, 17/7/1926, en LCCSBB 1926.
  38. Nota del secretario general del CSBB José Cimadamore a Miguel Di Santi, 30/7/1926, en LCCSBB 1926.
  39. Nota de Miguel Di Santi, 3/8/1926, en LCCSBB 1926.
  40. El diputado nacional Dickmann le expresó a Di Santi que su consulta era “vaga y general” y que “la moral socialista es una sola. La vida privada de los afiliados debe estar en consonancia con los principios que sustentamos”, Nota de Adolfo Dickmann a Miguel Di Santi, agosto de 1926, en LCCSBB 1926.
  41. Nota de Miguel Di Santi, 7/8/1926, en LCCSBB 1926. En la nota señala que se ha retirado del PS “por no hacerme cómplice de ese inmoral y por evitar cuestiones personales”.
  42. Nota de Miguel Di Santi al Secretario del CSBB, 3/12/1926, en LCCSBB 1926. En sus misivas Miguel calificó a su hermano como “haragán”, “traidor del socialismo”, “fomentador de odio”, “chupador de sangre de trabajadores”, “célebre traidor del partido socialista” y “sinvergüenza profesional”.


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