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12 Exposición al riesgo vinculado a la sexualidad y las relaciones de género en el ámbito de las interacciones virtuales en jóvenes de sectores medios

Ana M. Mendes Diz, Patricia K. N. Schwarz, Victoria Sánchez Antelo, Josefina Itoiz, Noelia Trupa, Juan P. Marchetto, Eliana Montero


 Este trabajo se realizó en el marco del Proyecto de Reconocimiento Institucional (PRI Nº R10-262, 2010) “Exposición al riesgo de los jóvenes en el campo de la sexualidad y las relaciones de género en el ámbito de las interacciones virtuales” dirigido por Patricia K. N. Schwarz y cuyo equipo integran: Ana M.Mendes Diz, Ana Dominguez Mon, Josefina Itoiz, Juan P. Marchetto, Eliana Montero, Victoria Sánchez Antelo y Noelia Trupa.


 Las relaciones virtuales representan una forma específica de sociabilidad e implican nuevas formas de producción de significados. Las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTICs) se constituyen por medio de un nuevo tipo de lenguaje y práctica que estructuran nuevos tipos de subjetividades. Los rasgos del paradigma informático coinciden con los de la modernidad tardía: interconexión, flexibilidad, porosidad, experiencia en la superficie, entre otros (Baricco, 2008). Estas formas de construcción de sentido impregnan las prácticas e interpretaciones de la sexualidad y de las relaciones de género, continuando con normativas heterosexistas y androcéntricas, así como también generando nuevos escenarios para posibles transformaciones.

Las condiciones en que se habita el ciberespacio refuerzan la sensación de control sobre lo que allí ocurre, produciendo un sentimiento de seguridad que se traslada al encuentro cara a cara, invisibilizando y redefiniendo las posibilidades y condiciones de exposición a riesgos en general y, en especial, los relacionados con la salud.

Asimismo, en el marco actual de oferta de consumo de tecnologías y sustancias para mejorar la performance de los cuerpos en lo relativo a la sexualidad, internet resulta un vehículo eficaz para acceder al consumo de Viagra y Poppers[1], así como para conseguir información y compartir experiencias.

En este nuevo escenario, entonces, nos interesa analizar las condiciones de riesgo en el uso de NTIC’s, específicamente en lo referido a los estereotipos de género en el uso de internet, los sentidos del riesgo, la exploración de la propia sexualidad a través del espacio virtual y el consumo de Viagra y Poppers. Se presentan hallazgos de una investigación con abordaje cualitativo realizada por nuestro equipo en base a entrevistas individuales y grupos focales con varones y mujeres de entre 13 y 22 años de sectores medios que habitan en la ciudad de Buenos Aires.

Estereotipos de género en el uso de Internet

Los entrevistados se han autoidentificado como varones o mujeres; en este sentido, entendemos el sexo como una construcción cultural, como todo aquello que tiene asignado un significado, que en nuestra cultura se encuentra definido en un universo de sentido androcentrista organizando la interpretación de las subjetividades y de los cuerpos en términos dicotómicos y jerarquizados (varón, universal/ mujer, particular). El género es el significado cultural que el cuerpo sexuado asume, pues el sexo se constituye a través del género, el sexo es género (Butler, 2001)[2]. Consideramos el género como una categoría analítica que permite analizar las posiciones relacionales de los sujetos en una estructura jerárquica de poder que recorta, en el juego de las diferencias, sus identidades y espacios propios de acción. Permite analizar las diversas formas de sentir, comportarse, decidir, vivir la sexualidad, entre otros aspectos referidos a la manifestación y conformación de la propia identidad. El género, entonces, se hace colectivamente y se expresa en individuos que producen particularidades mientras repiten performances normatizadas. La legitimidad de la reiteración de la normativa genérica se evalúa según su eficacia simbólica y material. El género es algo que se construye a lo largo de la vida; no es algo que alguien es sino algo que alguien hace, construye e interpreta (Butler, 2001).

El ciberespacio construye y está constituido por lógicas normativas materiales que dialogan con la realidad virtual pero que la preceden temporalmente. No debemos olvidar que internet es una posibilidad gestada desde occidente y desde los países centrales, al menos en principio; aun cuando pueda ser utilizado para reconfigurar los valores que propone (Vio y Fritzsche, 2003).

Las investigaciones sobre la relación entre género e internet se plantean desde perspectivas complementarias. Una de ellas se basa en el acceso de la población femenina a las NTICs, mientras que otras se preocupan por las imágenes negativas y degradantes y los estereotipos que circulan en la red. Con respecto a la primera, Monserrat Boix (2002) y Larrondo Ureta (2005) analizan particularmente la relación de las mujeres con la web. Proponen una mirada crítica sobre el fenómeno de la utilización de la red por parte de las mujeres, en donde dicha utilización se constituye en una estrategia en lo que refiere a la desarticulación de los estereotipos de género que circulan por este medio. Ambas autoras toman las ideas de Sadie Plant (1998) al considerar a la red como un lugar de flexibilidad en donde no necesariamente están presentes las jerarquías y asimetrías, lo que permitiría anular las diferencias de género. Es por ello que las autoras plantean una serie de aspectos para el uso crítico de la web por parte de las mujeres. Entre ellos, la elaboración de contenidos específicamente femeninos, la organización y coordinación de las mujeres a partir de los medios, como así potenciar y exigir la capacitación de las mujeres en la comunicación y sus estrategias de información. En este sentido, la principal búsqueda es ampliar y reforzar las estrategias comunicativas del feminismo. A ello se refiere Larrondo Ureta (2005) cuando señala a la plataforma digital como un escenario de reivindicaciones nunca visto en la historia de los medios ni del feminismo. Desde una perspectiva optimista esta autora pone el énfasis en las posibilidades de ampliar y reforzar los lazos de solidaridad entre las mujeres que brinda la red, a la que considera como una solución efectiva a la discriminación de las mujeres en los medios.

Por otra parte, autoras como Stofenmacher (2005) no coinciden con esta perspectiva y, en cambio, consideran que, a pesar del potencial creativo de la tecnología, persiste la circulación de imágenes que humillan a la mujer y, frente a la promesa de un mundo sin sexos, la realidad virtual reproduce estereotipos de género, clase social y etnia.

En ello mismo hace hincapié Olga Paz (2007) cuando señala la importancia de preguntarse en qué medida las NTICs están favoreciendo la proliferación de estigmas, prejuicios, como el afianzamiento de exclusiones, discriminaciones y dominaciones. Sin embargo, estas autoras ven la aparición del ciberfeminismo como una posibilidad del nuevo horizonte que brindan las NTICs, en donde se conjuga teoría y práctica feminista[3].

Hoy en día encontramos múltiples ciberfeminismos en la red, lo cual destaca la importancia de la creación y del activismo social por parte de las mujeres. Boix (2002) menciona como principal objetivo de estos movimientos el de unir la fuerza de las mujeres como única posibilidad de alcanzar el empoderamiento necesario para cambiar las estructuras patriarcales y conseguir así un mundo más igualitario. Sin embargo, al interior del ciberfeminismo, hallamos posturas que sostienen que la cibercultura no ha cambiado los estereotipos de género, sino que incluso ha servido en la profundización de las desigualdades entre hombres y mujeres.

Si bien la sociabilidad esconde intersticios difíciles de definir en sus potencialidades de cambio, en los discursos de los entrevistados observamos la ambigüedad de sus posibilidades, en ellos se manifiesta cómo se reproduce la lógica binaria androcéntrica sin reflexión crítica, así como también en otros casos esta se cuestiona.

Según la opinión de los jóvenes indagados, la accesibilidad de internet es independiente del género y del sexo; aun así, la matriz interpretativa de la información circulante y de las posibilidades dispuestas para cada perfil de usuario de la red, continúa reproduciendo los patrones de sentido hegemónicos de la vida social toda (material y virtual).

En lo que refiere a la conexión entre la noción de riesgo y la normativa de género, existen particularidades de acuerdo al lugar ocupado dentro de las jerarquías de poder genéricas. En el caso de las mujeres, la cultura patriarcal las considera en una posición de mayor vulnerabilidad que la de los varones. En el terreno de la sexualidad esto se profundiza particularmente: la posición pasiva y subordinada aparenta únicamente la garantía de protección en el matrimonio y la familia nuclear. En el caso de los varones, dentro de este paradigma, el riesgo está asociado a la virilidad y a experimentar sin tener en cuenta conductas de cuidado (Vance, 1992). En este sentido, los entrevistados varones se sienten menos en riesgo que las mujeres y dicen no necesitar cuidarse en sus prácticas virtuales.

El sexo, la sexualidad y el género son resultado de la interacción entre las condiciones materiales y simbólicas de existencia. Están atravesados, a su vez, por la representación y el lenguaje mediante la clase, etnicidad, edad, religión, entre otras dimensiones de la vida social y psicológica (Moore, 2000).

Sobre el riesgo y las interacciones virtuales

Consideramos al riesgo como una construcción social que denota los sentidos asignados a prácticas definidas socialmente como potencialmente dañinas y cuya aceptabilidad en relación con la gravedad está regulada también socialmente. Es, a su vez, cambiante a lo largo del tiempo (Garcia Jiménez, 2010). A nuestro entender el proceso de decisión, asunción y aceptación de la contingencia está regulado por sentidos, normas y valores socialmente compartidos que atraviesan al protagonista de la decisión. Desde esta definición de riesgo nos alejamos de las perspectivas utilizadas por la epidemiología acercándonos a un planteo más amplio que resalta los aspectos socioculturales. Es clave desde esta perspectiva incluir el rédito –placer- que se evalúa como posible de obtener mediante una decisión de riesgo (Faura Cantarell, Sánchez Antelo et al., 2007).

Partimos de una perspectiva crítica, en oposición a la visión técnico-cientificista y de la teoría económica racionalista clásica, que rescata la dimensión sociocultural en tanto producto y regulación de las prácticas sociales (Farràs, Bosch, & Torrente, 2001). Estas prácticas, que producen y reproducen los sentidos del riesgo, conforman un proceso de decisión que implica la elección entre distintas alternativas conocidas, un grado de incertidumbre respecto del resultado futuro y un sujeto responsable que evalúa las contingencias de dicha elección.

Asimismo, es necesario distinguir entre riesgo, que refiere a posibles eventos negativos derivados de una decisión y de los cuales el sujeto posee información (conoce los posibles eventos negativos), y la noción de peligro, que refiere, en cambio, a los eventos negativos desconocidos. El peligro existe cuando el individuo carece de información suficiente y por tanto le es imposible actuar sobre los factores que lo producen impidiendo que reduzca/aumente su contingencia (Mendes Diz, 2001). Desde esta óptica toda práctica social implica oportunidad de experimentar factores positivos/placenteros y riesgos/peligros de sufrir efectos negativos/no deseables (Pere-Oró & Sánchez Antelo, 2010).

En el contexto específico de las interacciones virtuales protagonizadas por jóvenes, los estudios consultados centran su atención en esta nueva forma de socialización que abre un nuevo abanico de potenciales riesgos. Por ejemplo, desde la psicología de las adicciones, Beranuy y Carbonell (2010) analizan la correlación entre conductas adictivas en torno al uso de las NTIC’s y otras patologías psicosociales. Encuentran que las interacciones virtuales, como las demás formas de socialización, se han convertido en un escenario más en el que se ponen en juego diversos conflictos psicosociales previos, pero con adaptaciones a los distintos formatos.

Dejando por fuera las problemáticas psicosociales, esta nueva forma de sociabilidad, acorde a las normativas de la modernidad tardía, nos impone un análisis sobre las construcciones de sentido que moldean las percepciones acerca de los potenciales riesgos derivados de su uso. La mayor coincidencia entre las investigaciones consultadas señala la preocupación presente tanto en jóvenes como en los adultos de su entorno cercano sobre las implicancias que puede tener el acceso ilimitado a una variedad de información “sin filtros”. Puntualmente, cabe destacar las conclusiones del estudio de las españolas Espinar y López (2009), quienes centran su atención en las percepciones de los jóvenes respecto de la utilización que hacen de las NTIC’s –diversos aplicativos de Internet y el uso del teléfono móvil– y sobre las amenazas, reales o potenciales, que identifican en ellas. Para ello contrastan las opiniones de los jóvenes con las de madres, padres y docentes. El discurso de estos últimos es utilizado como síntesis del sentido común adultocéntrico respecto de los jóvenes y de las tecnologías. Las autoras señalan que mientras los adultos construyen un discurso de alarma acerca de los “problemas de sociabilidad” derivados del uso intensivo de estas tecnologías (sentimientos de dependencia, tendencia al aislamiento y vida solitaria), los jóvenes, en cambio, destacan la ventaja que brindan las NTICs para la ampliación y potenciación de sus redes sociales previas.

En la última década, en varios estudios se explora el acceso a contenidos considerados no apropiados, en particular de carácter pornográfico (Mitchell et al., 2003), el cyber-bullyng (acoso a través de la red) y el grooming (suplantación de la identidad por parte de adultos que se hacen pasar por menores), o, simplemente, la exposición de datos privados en la red (Smith et al., 2006).

En una investigación europea en la que participaron 18 países (Hasebrink et al., 2009), se ha explorado la manera en que adolescentes y jóvenes utilizan internet a los fines de identificar los factores de riesgo relativos a la seguridad en las redes. Uno de los resultados más salientes alude a la preocupación de los padres por el tipo de contenidos a los que sus hijos pueden tener acceso: imágenes explícitas de sexo o violencia (65%), que sean objeto de grooming (60%), o que accedan a información relativa a la anorexia o al suicidio (55%). En coincidencia con esto, en otra investigación realizada en 9 países europeos (MEDIAPPRO, 2005), se analizó la diferente percepción que padres e hijos tienen sobre los riesgos que ofrece la red: los adultos los asocian con violencia o pornografía, y los adolescentes y jóvenes, con los virus informáticos.

En el mismo sentido, los resultados de una investigación realizada en México (García Piña, 2008) dan cuenta acerca de que niños y adolescentes pueden acceder sin mayores dificultades a páginas con contenidos inapropiados para su edad o dar datos de contacto a través de Internet, con la exposición al riesgo que conllevan estos hechos.

En nuestro estudio, los jóvenes entrevistados, tanto mujeres como varones, vinculan al riesgo, entre otros aspectos, con amenazas sexuales dirigidas a las mujeres específicamente. También el cyber-bulling es motivo de preocupación por parte de ellos. En cuanto a quiénes se consideran como de mayor vulnerabilidad frente al uso de las NTICs, hay acuerdo, sobre todo, en los entrevistados de mayor edad en que son los menores quienes están más expuestos a riesgos potenciales, particularmente las mujeres. Nos parece pertinente destacar que los varones, acorde a la norma androcéntrica tradicional en la que la adopción de riesgos es un rasgo masculino positivo, muestran una actitud de menor vulnerabilidad ante los posibles riesgos emanados del uso de las NTICs.

Algunos entrevistados ponen el acento en la falta de información de los usuarios de menor edad como carencia que los expone más a los riesgos potenciales del uso de NTICs; en este sentido, hay quienes plantean la necesidad de educar, en la familia, en la escuela, para disminuir la exposición a riesgos.

Asimismo, cierta sensación de inseguridad los hace preferir preservar su intimidad: cuidan qué tipo de fotos, videos y datos personales subir al Facebook, evitan el encuentro cara a cara con desconocidos que contactaron a nivel virtual únicamente; la mayor parte de las interacciones virtuales se producen con personas conocidas, amigos o amigos de amigos y valoran las relaciones cara a cara.

Los hallazgos comentados en este apartado son coincidentes con los observados en una investigación española (García Jiménez, 2010) similar a la nuestra con adolescentes madrileños de entre 12 y 17 años.

La exploración de la propia sexualidad

La sexualidad no se refiere propiamente a algún atributo de los cuerpos; es una producción cultural: representa la apropiación del cuerpo humano y de sus capacidades fisiológicas por un discurso ideológico. La sexualidad no es una cosa, un hecho natural e inmóvil en la subjetividad humana, sino el juego de efectos producidos en los cuerpos, conductas y relaciones sociales por un despliegue de una tecnología política compleja (Foucault, 1977/2002). Consideramos a la sexualidad en sentido amplio, no meramente restringida a la genitalidad, sino referida también a la emocionalidad, la afectividad y la subjetividad, entre otros aspectos; y, específicamente, prestamos atención aquí a la sexualidad que se desarrolla en vinculación con el contexto virtual.

Nuestros entrevistados tienen contacto frecuente con imágenes o información referidas a prácticas sexuales que aparecen sorpresivamente en su pantalla vendiendo algún producto, servicio o pornografía; en otros casos, son los mismos jóvenes los que buscan páginas para tener experiencias sexuales o información. Cuando aparece información o imágenes sorpresivas sobre prácticas sexuales lo comentan con los padres o con los amigos, particularmente, cuando se trata de algo que los impresionó o conmovió. Incluso en ocasiones lo traen a colación en la escuela para tratar el tema. Cuando es así, en general, los adultos advierten sobre los riesgos de contactarse con extraños en internet y sobre la posibilidad de información falsa en este espacio. Hemos observado adherencia por parte de los jóvenes a estos consejos, contrariamente a lo que suele considerarse en el sentido común respecto de las prácticas juveniles.

En lo referido a los encuentros sexuales a través de la computadora, casi la totalidad de los entrevistados manifestaron no haberlo practicado nunca y no agradarles ese tipo de práctica; aluden a la insatisfacción que les produce la falta de contacto físico, resultando además disruptiva la mediación cibernética.

La pornografía accesible on-line es un recurso utilizado tanto para masturbarse como para explorar el propio cuerpo y la experimentación de placer y deseo sexual. Estas visitas son explícitamente interpretadas como experiencias individuales mediadas por la computadora en intimidad y sin riesgos.

Un fenómeno que observan autores como Beatriz Cavia y Angel Gordo (2002) es la sexualización del ciberespacio, al que analizan como parte de un proceso mayor de acople y ajuste entre las nociones de cuerpo y sexualidad y los mecanismos de producción y consumo de información. Dicha sexualización armoniza, entre otras cosas, las supuestas contradicciones identitarias sin que por ello se produzcan cortes u obstrucciones en la vida real (calificativo que la opone a lo virtual). En la red, para estos autores, la sexualidad se presenta de modo más explícito y más condensado debido al anonimato corporal e identitario que brinda.

Consumo de sustancias y espacio virtual: el Viagra

La práctica discursiva de la modernidad produce cuerpos que considera pasibles de ser mejorados a partir de tecnologías y sustancias desarrolladas por el conocimiento técnico-científico. En este contexto, la vinculación entre estas modalidades de administración de los cuerpos, la sexualidad y el consumo de sildenafilo (conocido comercialmente como Viagra) y Nitritos (Poppers) resulta de gran interés. Se trata, por una parte, de sustancias relativas a la maximización de placeres derivados de diversas prácticas sexuales (Pere-Oró & Sánchez Antelo, 2010). Por otra, revisten especial interés, en tanto que su promoción –puntualmente en el caso del Viagra– se produce en internet de forma protagónica (Williams et al., 2008), existiendo incluso foros de discusión entre supuestos jóvenes sobre el tema, sobre cómo tomarlo y adquirirlo[4]. Esta accesibilidad que otorga internet se acopla al proceso de medicalización de la sociedad (Conrad, 2007).

Es la percepción sobre el cumplimiento de los estándares esperados por el grupo de pertenencia la que permite ubicar la necesidad del consumo de Viagra en los casos en que se alejan del patrón adulto-joven.

En Argentina, en los últimos años se han publicado artículos periodísticos[5] señalando el aumento entre los varones jóvenes del consumo de sustancias vinculadas a las prácticas sexuales, como Viagra y Poppers. Incluso, un estudio realizado en el sector farmacéutico de la ciudad de Buenos Aires, citado por los medios (2009), concluye que tres de cada diez ventas de sildenafilo corresponden a menores de 21 años. Según los autores, de este cálculo se excluyen las ventas fuera del circuito farmacéutico.

En nuestro estudio indagamos las opiniones de los jóvenes acerca de los contenidos que aparecen en la red relativos a las sustancias (sean estas legales o ilegales). La mayoría reconoce haber estado expuesto involuntariamente a información sobre sustancias; aunque también existe una búsqueda de información activa por parte de los jóvenes, ya sea para trabajos en el colegio o por motivación personal. Reconocen que la publicidad sobre drogas aparece, pero en general ocurre cuando el usuario se introduce con temas afines.

Cabe aclarar que, en la voz de nuestros entrevistados varones, es la dimensión del placer y la mejora de la performance sexual masculina las que abren las reflexiones en torno al consumo de Poppers y Viagra. La pertinencia de ese consumo –cuando se justifica el inicio del mismo– se vincula con el displacer que supone no cumplir con el estándar esperado, preocupación presente en las conversaciones con el grupo de pares. Sin embargo, leer en clave de placer habilita la reflexión de algunos entrevistados sobre la posibilidad de otros consumos de sustancias ilegales. Aun así, los riesgos identificados en estas prácticas funcionan como un parte aguas a la hora de decidir acerca de ellas.

Reflexiones finales

La revolución tecnológica, la revolución lingüística, el imperialismo estadounidense y el comercio masivo coadyuvaron a que las expresiones culturales se difundieran con rapidez y masividad a través de la generalización de una lengua simple que simula romper con los privilegios de acceso a la comunicación y a la información. Sin embargo, esto no implica pensar la construcción de las diferencias sociales exclusivamente del lado del consumo (perspectiva culturalista), como tampoco únicamente por el lugar ocupado en el sistema productivo (perspectiva marxista ortodoxa), sino, desde la óptica de Pierre Bourdieu (1998), en el espacio de las relaciones sociales, históricamente determinadas, que establecen el valor de los diferentes tipos de capital, tanto económicos como educativos o sociales en juego. Todo lo cual supone centrar la atención en los estilos de vida como conjunto de prácticas que los individuos adoptan para darse una identidad y un lugar en la sociedad. Esta nueva modalidad de vida empezó en nuestro país con jóvenes de los sectores más altos y en las grandes ciudades, extendiéndose gradualmente a los sectores de menores recursos y a las ciudades de menor tamaño.

Argentina es el primer país latinoamericano en el ranking mundial de alfabetización electrónica. En las sociedades desarrolladas y con un nivel de digitalización avanzada comienza a abrirse un nuevo tipo de brecha digital: se trata del acceso intelectual a los contenidos; un problema con dos flancos: el idiomático y el económico. En relación con ello, es necesario referir a la brecha digital como uno de los indicadores que muestran y refuerzan estas brechas sociales (Hernández, 2005; Hopenhayn, 2003). Los obstáculos de acceso a internet parecen vincularse al costo de la inversión inicial y su actualización (Cristini y Bermúdez, 2005). Lo anterior puede observarse en el hecho de que los entrevistados de nuestro estudio, todos ellos de sectores medios, tienen acceso a los recursos digitales, tanto en lo que refiere al equipamiento como a la calificación para saber utilizarlo. Un factor clave en esta posibilidad de acceso es que se trata de jóvenes urbanos y particularmente del centro urbano más importante de nuestro país.

En nuestra investigación, el riesgo es asociado con amenazas sexuales dirigidas a las mujeres y con el cyber-bulling. Los entrevistados consideran que los niños, y algo más las mujeres que los varones, están más expuestos a riesgos a partir de experiencias en las interacciones virtuales. De todas formas, para prevenir situaciones de riesgo, la totalidad de los entrevistados no publican datos privados y evitan el encuentro cara a cara con gente conocida solamente de modo virtual.

Las páginas pornográficas con fotos y videos de encuentros sexuales son visitadas tanto para experimentar como para conocer acerca de la propia sexualidad y la de otros. Consideran que la información obtenida a través de internet sobre Viagra y Poppers no estimula el consumo, pero facilita su acceso y refuerza la noción de la potencia viril de los estereotipos de género androcéntricos.

Durante la última década, el porcentaje de usuarios del ciberespacio entre la población adolescente y joven supera notablemente al de los usuarios de la población adulta. Este crecimiento exponencial en el uso de internet viene acompañado por una creciente alarma social por los riesgos a los que se ven sometidos en su relación cotidiana con estas tecnologías. Nos preguntamos si los jóvenes pueden verse como los principales impulsores de la sociedad de la información en la medida que se constituyen como sus usuarios mayoritarios, y aun como los principales creadores de contenidos en estos medios, o como sujetos inmaduros, susceptibles de ser afectados por una diversidad de peligros y riesgos potenciales que los adultos asocian a internet y a las redes sociales.

Referencias bibliográficas

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  1. Popper es el nombre genérico que designa a un tipo de drogas que se toman por inhalación y que están compuestas por nitritos de alquilo (principalmente el nitrito de isopropilo, el 2-propil nitrito y el nitrito de isobutilo, además del nitrito de amilo y el nitrito de butilo). El Viagra es sildenafilo (compuesto UK-92,480). Son fármacos utilizados para tratar la disfunción eréctil y la hipertensión arterial pulmonar (Williams et. al., 2008).
  2. Es pertinente aquí aclarar que para facilitar la lectura, a lo largo de este trabajo utilizamos el artículo masculino cuando nos referimos a sujetos en plural o a un tipo de sujeto en general. Sin embargo, queremos remarcar la trascendencia que reviste el uso del lenguaje en las relaciones de poder. Utilizar el masculino en estas ocasiones y con esto hacer desaparecer al sujeto femenino tiene implicancias políticas profundas que consideramos perjudiciales para el género femenino en general. Es por esto que no queremos omitir la problemática y hacemos la salvedad para dar cuenta de la relevancia de este aspecto.
  3. El ciberfeminismo puede considerarse como una rama del movimiento feminista que nace en 1991 en foros de la red a partir de la interacción de un grupo de mujeres y que combina reclamos feministas con el uso de las nuevas tecnologías. Se focaliza, particularmente en los medios digitales y en las cuestiones que suscita la sociedad mediática y la cultura globalizada.
  4. Cf. En un foro vinculado a las videoconsolas se debate el tema y comparten experiencias sobre el consumo de Viagra: http://foros.3dgames.com.ar/sexualidad-en-el-rincon-alessandra.259/459344.viagra-en-los-jovenes.html
  5. Cf. Clarín del 24/03/09: “Para su debut sexual, ahora los chicos consumen Viagra”; La Nación del 05/02/10: “¿Por qué toman Viagra los más jóvenes?”; Miradas al Sur del 14/02/10: “Peligroso uso del Viagra”;