En la misma colecci贸n

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Book cover

11 Partos en la primera mitad del siglo XX

De las redes informales a la medicalizaci贸n

Mar铆a Paula Lehner

Introducci贸n

La atenci贸n de los partos y los cuidados que recib铆an las mujeres gestantes atravesaron profundas transformaciones durante la primera mitad del siglo XX. Entonces, las mujeres de sectores medios urbanos vivieron experiencias dis铆miles en relaci贸n con la atenci贸n de la salud reproductiva: algunas de ellas no llegaron a realizar ning煤n control m茅dico de sus embarazos, muchas tuvieron a sus hijos en sus propios hogares, mientras que las m谩s j贸venes llegaron a conocer las t茅cnicas del parto sin dolor. De todas las innovaciones que se produjeron entre 1930 y 1960, la m谩s sugerente, sin duda, es el tr谩nsito de parir en la casa a hacerlo en las instituciones de salud. Este cambio redefini贸 aspectos relativos a los conocimientos sobre la reproducci贸n, las instituciones, los espacios y los propios actores involucrados.

En Argentina, la atenci贸n m茅dica tuvo desde sus inicios caracter铆sticas particulares. Sus servicios se ofrecieron en espacios que cubr铆an poblaciones diferenciadas de acuerdo a los ingresos y a la condici贸n social. Los sectores m谩s pobres acud铆an a los hospitales p煤blicos o a las instituciones de beneficencia, mientras los estratos medios y altos pod铆an pagar los servicios de m茅dicos que practicaban la medicina en el hogar del paciente o en sus consultorios privados (Belmartino, 2007). Estas dos alternativas modelaron formas diferentes de percibir la salud y la enfermedad, y dieron lugar a relaciones entre m茅dicos y pacientes tambi茅n desiguales.

Para las mujeres de sectores medios urbanos, los partos domiciliarios tuvieron continuidad con la pr谩ctica de atenci贸n m茅dica en los hogares, costumbre que se vio reforzada por la percepci贸n de que los hospitales eran lugares a los que asist铆a la gente sin recursos, principal clientela de los primeros hospitales p煤blicos surgidos bajo la tutela de la Sociedad de Beneficencia (Belmartino, 2005; Mazzeo, 2006; Moreno, 2009). Asimismo, cabe se帽alar que a principios del siglo XX la pr谩ctica m茅dica no requer铆a a煤n de instalaciones espec铆ficas ni de aparatolog铆a sofisticada. Cuando los avances de la medicina hicieron m谩s complejas las t茅cnicas de diagn贸stico, intervenci贸n y tratamiento de las enfermedades, la mejor atenci贸n solo pod铆a brindarse en instituciones debidamente equipadas.

A comienzos del siglo pasado se registr贸 un aumento de la capacidad hospitalaria instalada, as铆 como la organizaci贸n de algunos servicios vinculados con la maternidad y la infancia. De todos modos, la mayor expansi贸n habr铆a de darse bajo la gesti贸n de Ram贸n Carrillo, quien al abandonar el Ministerio de Salud P煤blica, cont贸 entre sus logros el haber duplicado el n煤mero de m茅dicos y enfermeras, as铆 como el de camas de hospital por habitante en todo el pa铆s. El crecimiento en cantidad fue paralelo a la mejora de la calidad de la atenci贸n y a la renovaci贸n que experimentaron las instituciones de salud, para dar acogida a la nueva clase media en expansi贸n (Belmartino, 2005).

Este trabajo se propone describir las experiencias reproductivas de mujeres de sectores medios urbanos, entre los a帽os 1930 a 1960, haciendo foco en los partos en el marco de las innovaciones que impuls贸 la institucionalizaci贸n de la atenci贸n de la salud. En tal sentido, se analizan esas experiencias para comprender c贸mo se conformaron nuevos saberes en torno a la reproducci贸n, c贸mo se resignificaron actores e instituciones y c贸mo intervinieron las identidades de g茅nero en esas nuevas configuraciones.

Metodolog铆a

Para cumplir con los objetivos, en primer lugar se examina una serie de fuentes secundarias que ayudan a dar cuenta del proceso de institucionalizaci贸n de la salud y los nacimientos. Si bien la literatura sobre el tema es escasa, existen trabajos historiogr谩ficos que lo abordan con minuciosidad y permiten la periodizaci贸n de los cambios que se suscitaron en el campo de la atenci贸n de la salud en Argentina (Belmartino y Armus, 2001; Barrancos, 2002; Nari, 2004; Belmartino, 2005; Moreno, 2009).

En un segundo momento, se analizan las experiencias de mujeres de sectores medios urbanos que vivieron el proceso de medicalizaci贸n. Para ello se analiza un corpus de datos primarios que forman parte de una tesis doctoral ya defendida, que abord贸 aspectos relacionados con la nupcialidad y los comportamientos reproductivos de las mujeres pertenecientes a los sectores medios del 脕rea Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, en el per铆odo que va de 1930 a 1960. La aproximaci贸n a estos temas se realiza desde un enfoque cualitativo basado en testimonios de mujeres adultas mayores obtenidos por medio de entrevistas en profundidad, herramienta que permite explorar las vivencias de las mujeres en tanto protagonistas de la 茅poca mencionada. Se utiliz贸 una muestra no probabil铆stica e intencional y se contactaron a 35 mujeres que para formar parte de la muestra deb铆an residir en el 脕rea Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, haber nacido entre los a帽os 1910 a 1930 y haber tenido al menos una uni贸n e hijos. Se aplic贸 una gu铆a de entrevista semi-estructurada para conocer las trayectorias familiares y reproductivas de las mujeres. Los encuentros tuvieron lugar entre septiembre de 2000 y junio de 2001. Siguiendo a Marshall y Rossman (1989), los testimonios de las entrevistadas han sido relacionados con otras fuentes hist贸ricas que permiten contextualizar los procesos estudiados. Con el prop贸sito de ilustrar las cuestiones hist贸ricas abordadas en el presente trabajo se recuperan algunos testimonios de las entrevistadas, en ocasiones como citas textuales y en otras como narraci贸n resumida de sus relatos. Para preservar la identidad de las mujeres y para cumplir con el compromiso de confidencialidad, sus nombres han sido cambiados, as铆 como cualquier otra informaci贸n que facilitara su individualizaci贸n. Los fragmentos que se transcriben se acompa帽an con el nombre de fantas铆a, el a帽o de nacimiento, el n煤mero de hijos nacidos vivos y el lugar donde ocurrieron los partos.

La intenci贸n de este trabajo es contribuir a la comprensi贸n de las experiencias de las mujeres en relaci贸n con la reproducci贸n, sin la pretensi贸n de hacer generalizaciones para el total de la poblaci贸n argentina, ya que no ser铆a pertinente dada la 铆ndole del estudio y el dise帽o de la muestra. Sin embargo, ante la escasez de trabajos que privilegien un enfoque socio-hist贸rico y dada la riqueza del material obtenido, su valor reside en explorar e iluminar aspectos poco conocidos de las experiencias reproductivas femeninas.

Resultados

a. Saberes, actores e instituciones

Desde la antig眉edad los cuidados relacionados con el embarazo y el parto estuvieron en manos de mujeres: madres, abuelas, suegras y hermanas, con quienes se compart铆an experiencias similares. De all铆 que la obstetricia se considere una de las ocupaciones femeninas m谩s antigua y universal de la humanidad (Gonz谩lez, 1990).

La medicalizaci贸n de la vida en general y de la salud reproductiva de las mujeres en particular no fue un proceso exclusivamente local, sino que se experiment贸 en todo occidente desde fines del siglo XVIII. El desarrollo de la cirug铆a y la anestesia, el adelanto en las t茅cnicas de sutura, la incorporaci贸n de nuevo instrumental como el f贸rceps son algunos de los conocimientos que la medicina incorpor贸 a lo largo de los a帽os. La higiene se volvi贸 una nueva 茅tica y la generalizaci贸n de los principios de asepsia en los hospitales hacia finales del siglo XIX permiti贸 el descenso de los niveles de mortalidad (Knibiehler, 2001). Sin embargo, las mujeres quedaron excluidas de la adquisici贸n de estos saberes, ya que sus habilidades de comadronas fueron asociadas con la brujer铆a y poco a poco las cuestiones relativas a la maternidad se convirtieron en un asunto de varones. Asimismo, cuando los hospitales se volvieron lugares m谩s seguros, asepsia mediante, los partos dejaron de ser domiciliarios. Las parteras ingresaron a los hospitales pero en una posici贸n subalterna, bajo las 贸rdenes de los m茅dicos, que se convirtieron en los nuevos expertos en cuestiones reproductivas.

En Argentina, alrededor de 1920, cuando se vislumbr贸 el freno de la inmigraci贸n de ultramar, el cuidado de la salud reproductiva de las mujeres se volvi贸 el centro de las preocupaciones m茅dicas y sociales. Ante el estancamiento del crecimiento demogr谩fico se encendi贸 la alarma por la despoblaci贸n y la desnatalidad, y se puso toda la atenci贸n en el crecimiento vegetativo. Esta concepci贸n ubic贸 en un lugar privilegiado de las agendas de pol铆ticos y m茅dicos lo que se denomin贸 el binomio madre-ni帽o, relaci贸n indisoluble que se privilegi贸 sobre cualquier otra para que las mujeres aceptasen el destino biol贸gico de ser madres (Nari, 2004). De modo que la medicina se volc贸 hacia las nuevas especialidades que se ocupaban de los cuidados reproductivos y la infancia: la ginecolog铆a, la obstetricia y la puericultura.

Desde los inicios del siglo XX los m茅dicos en Argentina fueron muy conscientes de la importante funci贸n social que desempe帽aban y se auto-constituyeron como las 煤nicas voces autorizadas para abordar los problemas relativos a la salud, la enfermedad, su prevenci贸n y su cura. Educados en ambientes selectos 鈭抋l que solo acced铆an los varones de sectores sociales privilegiados, ya que las universidades en sus inicios negaban el ingreso de las mujeres鈭 gozaban adem谩s de elevado prestigio y reconocimiento social como profesionales. Hacia principios del siglo XX los m茅dicos demandaron al Estado la regulaci贸n del ejercicio profesional, logrando al mismo tiempo que se desacreditaran las pr谩cticas de curanderos, mercantilistas y charlatanes (Belmartino, 2005).

La medicalizaci贸n por definici贸n supuso la exclusi贸n de comadronas y sanadoras que hasta entonces se hab铆an ocupado de algunas cuestiones relacionadas con la salud de las mujeres y se ilegalizaron ciertas pr谩cticas y saberes femeninos. Las primeras parteras diplomadas aparecieron alrededor de 1850, eran egresadas de la Facultad de Medicina o eran parteras extranjeras que revalidaron sus t铆tulos en la Argentina. Atend铆an los partos en los domicilios de las mujeres y, en algunas ocasiones, acondicionaban sus propias viviendas para atender a las parturientas. En esta lucha por el campo de la salud reproductiva, los m茅dicos definieron a las parteras como sucias, ignorantes y pervertidas; las atacaron por desconocer los 煤ltimos adelantos de la medicina y las culparon de las muertes maternas por aborto, mientras ellos se declararon defensores de la vida (Armus y Belmartino, 2001).

La profesionalizaci贸n de las parteras fue paralela a su subordinaci贸n; las parteras emp铆ricas con conocimientos dom茅sticos y pr谩cticos fueron sustituidas por las nuevas tituladas. Dicho proceso fue acompa帽ado por una serie de transformaciones relacionadas con los adelantos cient铆ficos y tecnol贸gicos que la obstetricia incorpor贸 (asepsia, cirug铆a, anestesia), la apropiaci贸n diferencial de esos avances entre m茅dicos y parteras, dando lugar a una nueva divisi贸n de trabajo al interior del campo obst茅trico. Pero, adem谩s, las nuevas pr谩cticas mudaron de espacio social: si los partos 鈭抍omo otros cuidados m茅dicos鈭 se desarrollaban en el espacio dom茅stico, los cambios mencionados lograron trasladarlos hacia el 谩mbito institucional. Fue entonces, cuando los partos se comenzaron a atender en los hospitales, que los m茅dicos logran cristalizar su autoridad y obtener mayor control sobre la atenci贸n de la salud reproductiva.

Ya desde 1880, el Hospital Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires dispuso de mayores recursos para enfrentar la lactancia mercenaria y la atenci贸n de los partos domiciliarios: el empe帽o en las cuestiones relacionadas con la atenci贸n materno-infantil fue, as铆, una constante. Si bien las parteras quedaron bajo la tutela de los m茅dicos, se orden贸 su formaci贸n, se reglamentaron sus pr谩cticas y alcanzaron, de ese modo, una mayor legitimidad profesional. Sin embargo, la subordinaci贸n de las parteras a los m茅dicos puso fin a una forma esencial de solidaridad entre mujeres y cuestion贸 la autoridad femenina al descalificar un oficio tan importante y antiguo (Gonz谩lez, 1990).

Existen datos que expresan de manera contundente la medicalizaci贸n de los nacimientos en la ciudad de Buenos Aires. Si en 1930 el 30% de los nacimientos de la ciudad ten铆an lugar en las maternidades, en el transcurso de una d茅cada esta cifra se duplic贸, de modo que para 1940 seis de cada diez nacimientos se produc铆an en esas instituciones de salud (Nari, 2004). Este acontecimiento tambi茅n puede ser analizado a la luz de los resultados de un censo escolar realizado en 1943, que da cuenta del elevado nivel de hacinamiento colectivo de la ciudad. En la capital del pa铆s las familias ten铆an mayores probabilidades que en ning煤n otro distrito de compartir la vivienda que habitaban con otras familias, en condiciones escasamente confortables (Torre y Pastoriza, 2002). Habitar en un inquilinato o un conventillo supon铆a compartir espacios como el ba帽o y la cocina, con lo cual es probable que muchas mujeres no hayan encontrado en estos lugares la intimidad ni la privacidad para realizar un parto y por ello tambi茅n hayan acudido a las instituciones de salud que se renovaban.

Hacia mediados del siglo XX, el rol del Estado tambi茅n fue determinante, ya que entre sus prioridades sanitarias se hab铆a propuesto bajar la mortalidad infantil. Esta disminuy贸 un 20% durante el primer peronismo, cuando se complet贸 la institucionalizaci贸n de los partos (Moreno, 2009). Los efectos positivos del traspaso de los partos del 谩mbito privado a las instituciones de salud son conocidos: se trata del descenso de la mortalidad neonatal y materna gracias a los avances de la obstetricia, la ginecolog铆a y la neonatolog铆a. Pero el sendero que se inicia con estas transformaciones llegar谩 tambi茅n a crear situaciones cr铆ticas para las mujeres, una vez que los procedimientos de intervenci贸n m茅dica se vuelvan rutinarios. Asimismo, se sostiene que el paso previo a la medicalizaci贸n y tecnologizaci贸n de la maternidad supone un proceso de patologizaci贸n de los embarazos y los partos. Al convertirlos en objeto m茅dico, se habilita la intervenci贸n de diferentes especialistas creando fronteras artificiales en un proceso que deber铆a ser continuo (Colectivo de las Mujeres de Boston, 1982; Climent, 1987). Esto supone un cambio en el modo en que se conceptualiza, tanto m茅dica como socialmente, el embarazo, el parto y el puerperio, en las modalidades de atenci贸n, en el espacio social en que tiene lugar el parto y en las formas que asume la relaci贸n partera-m茅dico obstetra.

A las mujeres entrevistadas se les pregunt贸 sobre los controles que hicieron de sus embarazos y las respuestas muestran que la mayor铆a los realizaron de forma peri贸dica; algunas, solo una vez antes del parto, y solamente una mujer reconoce que nunca realiz贸 controles. En el imaginario de algunas de las mujeres entrevistadas, acudir al m茅dico suponer sentir alguna dolencia, como responde Dora, (1916, 3 hijos, partos domiciliarios): 鈥淓l m茅dico era para cuando ten铆as fiebre鈥. Sin embargo, el hecho de que la mayor铆a realizara controles demuestra que la medicalizaci贸n de la salud reproductiva de las mujeres ya se hab铆a iniciado. La finalidad de esos controles era preservar la vida de la madre y sus hijos, aunque se supone que adem谩s intentaban desincentivar el aborto, prevenir las enfermedades ven茅reas y evitar el abandono de los reci茅n nacidos (Nari, 2004).

Los motivos de las que no hicieron todos los controles radican en causas diversas, como el hecho de no sentir dolencias y tomarlo con naturalidad. Otro de los factores que inciden es la edad de las entrevistadas, ya que se observa que las m谩s j贸venes hicieron controles de manera m谩s frecuentes que las de mayor edad, como si se tratara de una pr谩ctica que se fue instalando con el paso del tiempo. Hay que se帽alar que el proceso de medicalizaci贸n consolid贸 un tipo de relaci贸n social in茅dita: la que establecen los m茅dicos y las pacientes en edades reproductivas. Fueron estas generaciones de mujeres de sectores medios urbanos las que inauguraron y cristalizaron la pr谩ctica de los controles m茅dicos peri贸dicos antes, durante y tras el embarazo. Como se帽ala Rita (1920, 4 hijos, 2 partos domiciliarios y 2 partos en maternidad) 鈥淵o cuando era primeriza, 驴sabe cu谩ndo me hice revisar? A los ocho meses. No ten铆a partera, no ten铆a nada… Despu茅s ya con los otros ya te empezaban a hacer an谩lisis de sangre y orina.鈥 Desde el presente, las mujeres interpretan esas vivencias en t茅rminos de 鈥渋gnorancia鈥, un concepto nativo, asociado a la identidad femenina, que alude a la falta de informaci贸n y al pudor sobre las cuestiones reproductivas (Lehner, 2008). Como recuerda Esther (1924, 2 hijos, partos en maternidad Sard谩) 鈥淓l m茅dico me dec铆a: 鈥橳en茅s que venir todos los meses鈥. Pero como yo me sent铆a bien, 驴viste? Fui cuando [ya estaba por nacer mi hijo] Mir谩 que ignorancia, 驴no?鈥

Desde una perspectiva de g茅nero, lo novedoso de estas relaciones es que los m茅dicos eran mayoritariamente varones, mientras que las pacientes eran mujeres acostumbradas a atenderse con parteras. Este es un aspecto que, para la subjetividad femenina de la 茅poca, no puede soslayarse, ya que la inhibici贸n, la verg眉enza y el pudor aparecen como elementos que ti帽en las vivencias de los embarazos y que se trasladan a las nuevas modalidades de atenci贸n de la salud. Nari (2004) interpreta la resistencia femenina a la consulta m茅dica por lo novedoso, pero tambi茅n, por la abrumadora presencia masculina en temas que hasta entonces se consideraban femeninos. A las diferencias de g茅nero deben sumarse las diferentes pertenencias sociales de m茅dicos y pacientes. Como ya se ha se帽alado m谩s arriba, eran los varones de los sectores m谩s privilegiados los que ten铆an acceso a la universidad; por lo cual, al hecho de ser var贸n se le sumaba la distancia social y cultural entre unos y otras. Es comprensible, entonces, que las mujeres no se sintieran c贸modas para hacer preguntas, expresar sus dudas y necesidades. En este sentido Aurora (1918, 2 hijos, partos en hospital) expresa:

[鈥 yo fui al hospital Rivadavia. [鈥 Y el doctor me preguntaba c贸mo estaba, c贸mo me sent铆a, me revisaba. Pero siempre como con verg眉enza. 隆Como una est煤pida! Porque estaba mal ense帽ada. Tanto en la casa, en la casa, en la casa.[risas]. Ah铆 nadie te pregunta nada.

El relato de Aurora pone en relaci贸n esos dos espacios que entrar谩n en disputa: el 谩mbito privado de la casa donde 鈥渘adie te pregunta nada鈥 y el nuevo espacio p煤blico donde las mujeres son interpeladas por los m茅dicos y en el que deber谩n aprender a relacionarse y moverse, sobreponi茅ndose al pudor y a la verg眉enza. Las mujeres que realizaron pocos controles parec铆an especular con el l铆mite de tiempo, ya que muchas acud铆an cuando ya estaban a punto de dar a luz, como si ya no tuvieran otra alternativa y se vieran obligadas. As铆, los embarazos pod铆an transcurrir con o sin controles m茅dicos, sobre todo si las mujeres no acusaban ning煤n malestar. En cambio los partos, al ser un momento m谩s puntual en las trayectorias reproductivas de las mujeres, requieren la atenci贸n de una persona capacitada. Veamos, pues, c贸mo fueron esas experiencias entre las mujeres entrevistadas.

b. La atenci贸n de los partos

Estudios hist贸ricos se帽alan que, en la antig眉edad, el parto era un momento capital en la vida de las mujeres y se viv铆a colectivamente (Knibiehler, 2001). Edward Shorter (1984) describe que para esas ocasiones pod铆an reunirse hasta treinta personas en la casa de la parturienta, que era el lugar donde naturalmente se daba a luz. En general esta experiencia se compart铆a solo con otras mujeres de la familia y con una figura central que era la comadrona o partera.

A diferencia del embarazo, el parto es un momento m谩s acotado y tiene un significado m谩s trascendente en la vida de las mujeres. Adem谩s hasta los inicios del siglo XX sigui贸 siendo peligroso y las mujeres ve铆an llegar ese momento con aprensi贸n (Knibiehler, 2001; Shorter, 1984). Los miedos no eran infundados ya que las tasas de mortalidad materna e infantil eran elevadas, con lo cual, el riesgo de muerte para la madre y el reci茅n nacido era alto (Mazzeo, 2006).

La falta de informaci贸n y el temor que sintieron algunas de las mujeres entrevistadas las lleva a relatar los partos como momentos desbordados, empleando t茅rminos como 鈥渟alvajada鈥 o 鈥渃arnicer铆a鈥. Otras califican sus partos de 鈥渘aturales鈥 para contraponerlos con los partos actuales donde la intervenci贸n de las diferentes especialidades y pr谩cticas m茅dicas se ha generalizado, al menos entre los sectores medios urbanos.

En el recuerdo de algunas mujeres los partos fueron situaciones muy dif铆ciles de transitar, como Esther (1924, 2 hijos, partos en maternidad Sard谩) quien reconoce que 鈥淸鈥 ahora est谩 todo tan adelantado, te hacen ejercicios respiratorios, y antes no, era m谩s salvaje tenerlo, viste, pero los m铆os vinieron bien.鈥 Testimonio que da cuenta de los significativos cambios que acompa帽aron la atenci贸n de los partos a lo largo de esos a帽os.

Para caracterizar el momento del parto se les pregunt贸 a las mujeres entrevistadas qui茅n las acompa帽aba. Aquellas que describen partos domiciliarios incluyen la presencia, en principio, de otras mujeres como sus madres, hermanas, suegras, cu帽adas; por supuesto, las parteras y eventualmente alg煤n m茅dico. 鈥淪iempre estaba mi mam谩 y la partera鈥, recuerda Irene (1917, 2 hijos, partos domiciliario y en casa de la partera). En el mismo escenario del parto era extra帽a la presencia de varones, salvo la del marido al lado de la parturienta, ya que se consideraban momentos femeninos. As铆 lo afirma Ana (1921, 1 hijo, parto domiciliario) 鈥淵 茅l no lo presenciaba, 驴ves? No. Estaba en la otra habitaci贸n.鈥

Los maridos aparecen en los relatos en actitudes diversas, en ocasiones escondidos, 鈥渟ufriendo鈥, alejados de la escena del parto; en otras m谩s activos y hasta dando 贸rdenes a los facultativos, como lo recuerda Delia (1916, 1 hijo, parto domiciliario):

[鈥 se llam贸 enseguida a la partera y despu茅s la partera cuando vio que eso no ven铆a bien llam贸 al m茅dico… Este鈥 vino el m茅dico y dijo: 鈥淏ueno, 驴c贸mo se hace esto?鈥 Entonces mi marido dijo: 鈥淣o, no, no, ni hospital, ni sanatorio. Arreglen para que lo tenga aqu铆 en mi casa鈥.

Una vez que la atenci贸n de los partos se traslada a las instituciones de salud es obvia la presencia de los m茅dicos, las enfermeras y las parteras, mientras que la parentela, incluido el marido, tiende a dispersarse, como lo recuerda Lidia (1916, 2 hijos, partos en hospitales) 鈥淢e acompa帽贸 siempre mi hermana la mayor. Porque mi esposo trabajaba鈥︹

Los relatos de las entrevistadas dejan ver las limitaciones de las propias parteras quienes, en reiteradas oportunidades, se vieron obligadas a recurrir a los m茅dicos cuando se presentaba alguna dificultad en los partos. Esta situaci贸n no debi贸 ser del agrado de los m茅dicos, quienes se ve铆an convocados para resolver los partos que se complicaban, en condiciones precarias y bajo la mirada de la parentela congregada para la ocasi贸n. Este tipo de hechos tiene que haber presionado para que la atenci贸n de los partos se mudara a las instituciones de salud y quedaran bajo una mayor responsabilidad de los m茅dicos. Asimismo, en la percepci贸n de las mujeres est谩 la idea de que en un hospital las cosas hubieran sido distintas. El recuerdo de Elisa (1913, 2 hijos, partos domiciliarios) refleja la actitud de los m茅dicos: 鈥淭anto es as铆, que cuando el segundo parto estuve muy mal y el doctor me dice 鈥橲e帽ora es la 煤ltima vez que la atiendo en casa鈥, me dijo el doctor, […], dice: 鈥榶o no puedo hacer igual ya atenderla ac谩 en casa, hay que internarse.鈥欌

El parto domiciliario era una pr谩ctica habitual y se puede trazar cierta continuidad con la ya mencionada costumbre, entre los sectores medios urbanos, de guardar reposo en los hogares y evitar la internaci贸n en instituciones de salud. En la percepci贸n de las mujeres entrevistadas el traslado de los partos a las maternidades supone un cambio cualitativo que suele ser valorado positivamente, sobre todo, entre aquellas mujeres que tuvieron experiencias dif铆ciles o traum谩ticas. Cabe se帽alar que hasta las primeras d茅cadas del siglo XX solo las personas pobres concurr铆an a parir a los hospitales que eran considerados 鈥渓a antesala de la muerte鈥 (Gonz谩lez, 1990). Esto coincide con la opini贸n de Dora (1916, 3 hijos, partos domiciliarios) que dice: 鈥淣o, en el hospital era de gente pobre. Era como la miseria. [Risas] Qu茅 equivocaci贸n, 驴no?鈥

En la primera mitad del siglo XX, los partos domiciliarios estaban muy lejos de lo que hoy se conoce como parto humanizado[1]. Desde los a帽os 40 las diferentes modalidades de partos 鈥揺n el hogar y en las maternidades ir谩n convergiendo hacia un modelo 煤nico medicalizado e institucionalizado, siendo raros los partos domiciliarios durante la segunda mitad del siglo pasado. Siguiendo a Gonz谩lez (1990) se produjo un desplazamiento, en la toma de decisiones, de los no expertos hacia los expertos a trav茅s del despliegue de una complejidad de los procedimientos y los controles. El manejo de elementos t茅cnicos juega a favor del poder y autonom铆a de los m茅dicos, les permite la evaluaci贸n de los problemas y la identificaci贸n de las posibles soluciones. Con el traspaso de los partos hacia los centros de salud, el m茅dico asume la autoridad de imponer sus decisiones y al mismo tiempo evita las presiones y emociones de los familiares, las redes informales pierden presencia y al mismo tiempo posibilidades de intervenir. El testimonio de Ana (1921, 1 hijo, parto domiciliario) da cuenta de este proceso:

Si. Y, mucha gente ten铆a en casa. Si. Pero viste que despu茅s, 隆Dios m铆o! Lo que era un horror tenerlo en casa. Ya empezaron鈥 es que las cosas empezaron a complicarse. No s茅 por qu茅, 驴viste? Y las parturientas pensaban en estar en un sanatorio o en un hospital, atendidas por cualquier cosa, 驴viste? Yo felizmente estuve muy bien.

Las redes sociales han sido definidas por Guzm谩n, Huenchuan y Montes de Oca (2003) como una pr谩ctica simb贸lica-cultural, un conjunto de relaciones interpersonales que integra a las personas con su entorno, les permite mantener el bienestar material, f铆sico y emocional, y ayudan a enfrentar dificultades, crisis o conflictos. Seg煤n sus atributos pueden ser caracterizadas como formales e informales, de acuerdo con el tama帽o, la distribuci贸n, la densidad, siendo una de sus particularidades la de activarse ante una necesidad. As铆, se observa que mientras los partos transcurren en los hogares, cobran relevancia las redes informales, las familias se convierten en un gran gestor (Batista de Almeida, 2009).

Adem谩s, una parte sustancial de la medicalizaci贸n se relaciona con la incorporaci贸n de tecnolog铆a y procedimientos en los partos. En los relatos de las mujeres aparecen una serie de intervenciones que no se circunscriben exclusivamente a la atenci贸n en las instituciones de salud, sino que tambi茅n se utilizan en los hogares. Tal es el caso del uso del f贸rceps, como lo recuerda Delia (1916, 1 hijo, parto domiciliario) 鈥淢e tuvieron que hacer un f贸rceps, y mi marido no quiso que me sacaran de mi casa. As铆 que me lo hicieron en mi casa, arriba de la mesa del comedor.鈥

Por 煤ltimo, se destaca en las narraciones de las mujeres que la falta de conocimiento, as铆 como la preparaci贸n para transitar la gestaci贸n y el alumbramiento con m谩s recursos, son cuestiones que se ir谩n modificando con el paso del tiempo, incluso en las distintas experiencias que tuvieron las mujeres a lo largo de sus propias trayectorias reproductivas.

Esther (1924, 2 hijos, partos en maternidad Sard谩)

Cuando tuve el primero, yo no sab铆a lo que era una bolsa, no sab铆a lo que era nada, 驴viste? y siento que cae agua, entonces el se帽or, donde nos alquilaba a nosotros, le digo, 鈥淛os茅, le digo, me cae agua鈥. 鈥淟lam谩 a tu marido 鈭抎ice鈭 que se te rompi贸 la bolsa鈥. Le digo 鈥溌縬u茅 bolsa?鈥 [Risas].

Marta (1922, 3 hijos, partos en hospital, maternidad y cl铆nica)

Ahora el tercero [鈥 No sent铆 nada porque me prepar茅 yo para el parto sin dolor y cuando ven铆a as铆 contracci贸n, yo hac铆a ejercicio de respiraci贸n profunda y eso me aliviaba much铆simo. [鈥 cuando qued茅 de este chico ya exist铆a el m茅todo, porque antes no exist铆a el m茅todo, del parto sin dolor. Esto fue una cosa que se fue presentando.

En este breve recorrido por las experiencias de las mujeres en relaci贸n con los partos se constata el proceso de medicalizaci贸n de la salud reproductiva. Poco a poco, y a veces en el curso de vida de una misma mujer, se puede observar la novedosa presencia de pr谩cticas, actores e instituciones de salud.

A modo de cierre

La aplicaci贸n en la pr谩ctica m茅dica de nuevos saberes y tecnolog铆a desarrollados en torno a la salud reproductiva impulsaron el proceso de medicalizaci贸n del que se ha dado cuenta. Estos nuevos conocimientos encontrar谩n un espacio id贸neo de ejecuci贸n en las instituciones de salud que, gracias a dichos adelantos, se volver谩n lugares menos riesgosos. Asimismo, el nuevo rol asumido por el Estado impuls贸 la expansi贸n del bienestar, facilit贸 la democratizaci贸n de los avances de la medicina hacia sectores cada vez m谩s amplios de la poblaci贸n y permiti贸 el traspaso del cuidado de la salud del 谩mbito privado del hogar hacia los espacios p煤blicos.

En torno a estas transformaciones compitieron parteras y m茅dicos por el cuidado y la atenci贸n de la reproducci贸n, y por el dominio de un campo de salud en expansi贸n. Los m茅dicos se apropiaron de esos avances y las parteras pasaron a ocupar una posici贸n subordinada, asociada con pr谩cticas param茅dicas auxiliares y desprestigiadas. Los partos pasaron de las manos de las parteras emp铆ricas a las tituladas para luego quedar bajo el dominio de la corporaci贸n m茅dica, consolidada tambi茅n durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, los testimonios de las entrevistadas revelan que, en reiteradas ocasiones, m茅dicos y parteras trabajaban en conjunto. M谩s bien lo que se desprende de los relatos es que las parteras recurr铆an a los m茅dicos, poniendo en evidencia sus limitaciones si ten铆an que atender un parto complicado. Esta situaci贸n incomodaba a los m茅dicos, quienes se ve铆an obligados a resolver los casos dif铆ciles ante la demanda de las parteras. Adem谩s, deb铆an hacerlo en los hogares, un 谩mbito que ya no era el lugar de sus pr谩cticas, donde no dispon铆an de los avances de la medicina y estaban bajo la presi贸n de los familiares. Es as铆 que en ocasiones los m茅dicos aparecen en los relatos a favor de la internaci贸n de las parturientas. La casa ir谩 perdiendo el estatus de lugar donde se atienden a los partos 鈥搚 dem谩s dolencias鈥 a la vez que los hospitales ganar谩n en higiene y asepsia.

Desde el punto de vista de las mujeres podemos pensar que esta transformaci贸n disgreg贸 las redes familiares a favor de las instituciones de salud, en el marco de unas relaciones m谩s fr铆as e impersonales. Para algunos autores, las mujeres pierden poderes y saberes con la medicalizaci贸n de la reproducci贸n. Las entrevistadas no parecen tener la misma percepci贸n. Muy por el contrario, ellas creen que la medicalizaci贸n y tecnologizaci贸n de la reproducci贸n es algo positivo, un adelanto del que muchas veces se vieron privadas en el momento en que fueron madres; y creen que es una ventaja con la que se benefician las mujeres hoy en d铆a. Se muestran optimistas respecto de los cambios y los avances que, a lo largo del siglo XX, ha tenido la atenci贸n de la salud reproductiva. Es cierto que en la actualidad el uso y abuso de la capacidad de intervenci贸n de los m茅dicos ha dado lugar a la rutinizaci贸n de ciertas pr谩cticas, provocando serias cr铆ticas por cercenar los derechos femeninos. Todas reconocen el valor del acceso a la informaci贸n, tema que aparece en los testimonios como una condena a la ignorancia y la verg眉enza.

Los resultados obtenidos ponen en evidencia que la medicalizaci贸n de los embarazos y los partos se percibe como un proceso irreversible, capaz de salvar vidas y valorado positivamente por las mujeres entrevistadas. Adem谩s, los relatos ponen de manifiesto nuevos modos de hacer nacer conforme los saberes sobre reproducci贸n se profesionalizan e inauguran una relaci贸n m茅dico-paciente marcada por las relaciones de g茅nero.

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  1. La expresi贸n parto humanizado hace referencia a una serie de recomendaciones que en 1985 public贸 la Organizaci贸n Mundial de la Salud para evitar las rutinas m茅dicas invasivas.