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7 “¿Qué nos pasa, la violencia no tiene límites en nuestra sociedad?”

Una apuesta sociológica
para pensar el estallido de papel

Evangelina Caravaca

Introducción

¿Cuándo empieza y cuándo termina un estallido social? ¿De qué formas -múltiples, profundas, azarosas- impacta en la vida social? ¿Acaso alguna vez deja de suceder? Desde hace algunos años, me pregunto por la naturaleza social de los estallidos sociales en Argentina, y sobre las formas posibles de pensarlos. Con la extraña sensación de que el objeto se escapa siempre de la manos (y acaso de la compresión), su aparente condición “fugaz” los torna un tanto indescifrables para las ciencias sociales. ¿Cómo estudiarlos? ¿Entran en el universo de la protesta social? Sólo en los últimos 18 años han tenido lugar una diversidad de estallidos sociales en ciudades pequeñas e intermedias de la Argentina (también en grandes urbes). Una presencia esporádica, pero potente (parecen venir a cuestionarlo todo). Aun así, ocupan un lugar poco destacado en las agendas de investigación.

Potente y fugaz, es un fenómeno federal y urbano que resulta escasamente investigado al tiempo que es sobre interpretado por la política y los medios de comunicación. En el marco de este breve texto pensaremos a los estallidos sociales, por un lado, como manifestaciones de protesta social contemporánea, al tiempo que como formas de emotividad callejera, y como tomas de posesión colectivas en espacios públicos (Mauger, 2007).

Como se advierte en muchos de los textos que integran este libro, pocas dimensiones de la vida social suscitan las emociones y respuestas colectivas que despiertan las violencias. En la lucha por su definición, se movilizan saberes, prácticas y estéticas. Y aunque se suele suponer que existen violencias frente a las cuales habría respuestas unánimes, lo cierto es que nunca estamos frente a un todo homogéneo cuestionador de las mismas. Pensar en ese “todos” homogéneo frente a las violencias (incluso las más repudiadas en un contexto dado), supone licuar las diferencias y singularidades. Es justamente en la propia definición de las violencias, (definición académica pero también política-social), donde identificamos campos discursivos atravesado por relaciones de poder y conflictividad social.

Para pensar sociológicamente los estallidos, comprendidos aquí en tanto violencias colectivas, tomaremos como insumo analítico un trabajo de campo realizado en el ciudad bonaerense de Baradero entre 2010 y 2016[1]. Con la muerte de dos jóvenes motociclistas en marzo de 2010, se produjo un estallido sin precedentes, en una localidad aparentemente tranquila. “Acá, donde nunca pasa un carajo”, como me dijo varias veces Daniel, uno de los entrevistados.

Los despliegues en torno a la muerte de estos jóvenes y los eventos posteriores permiten aproximarnos a un conjunto de posicionamientos para pensar las configuraciones de sentido en torno a las violencias colectivas. Al calor de estos eventos esta comunidad ensayó diversas formas y apropiaciones para pensar las violencias colectivas como también las disputas en torno a las delimitaciones morales de una muerte justa o injusta o una forma de protesta ilegal pero efectiva. Desde aquel 20 de marzo de 2010 aparece todo un cúmulo de interrogantes y cuestionamientos locales: ¿Cómo llegamos a esto? ¿Somos violentos? ¿Cuándo nos convertimos en esto? ¿Cuándo dejamos de ser un pueblo tranquilo?

Cómo apuesta para pensar este tipo de eventos diremos que los “hechos” no hablan por sí solos. Siguiendo a Mauger (2007), pensaremos que el establecimiento de los hechos -“lo que realmente pasó”- y el sentido que se les atribuye -“lo que se debe pensar de aquello que pasó”- son motivo de luchas simbólicas. Luchas en torno a las cuales se enfrentan quienes-desde diversas profesiones y espacios sociales- reproducen al mundo social. En este sentido, tomaremos como objeto una selección de notas periodísticas y declaraciones de políticos y funcionarios, que han orientado, aunque no necesariamente determinado, las percepciones sobre estas violencias y sus implicancias. Para el análisis nos valdremos del concepto de “revuelta de papel”, el cual supone que las editoriales, declaraciones y notas periodísticas contribuyen necesariamente a los relatos posibles sobre estas violencias. La apuesta es pensar estos materiales -diversos, desigualmente distribuidos- como factores que construyen también las violencias en tanto las ordenan, seleccionan y orientan las percepciones sobre ellas. La noción de “revuelta de papel” resulta útil para pensar un estallido que se vive reproduciendo, que retorna constantemente a través de notas periodísticas y discursos políticos, y que es resignificado al calor de nuevos casos. Es en este sentido que proponemos analizar las narrativas que diversos actores, pertenecientes a los sectores medios (periodistas, políticos, trabajadores sociales, psicólogos y docentes), asignan a las violencias colectivas en Baradero.

Por otro lado, en los eventos sobre los cuales nos interesa reflexionar, nos encontramos, por un lado, con una impugnación al Estado y sus atributos, como partícipe de un tipo de violencia particular (por ejemplo, en casos de violencia policial), o bien, como cómplice de la impunidad ante el encubrimiento de ciertas muertes. En la gran mayoría de los casos, la muerte de un joven junto a las implicancias de agentes estatales en dicha muerte, suele funcionar como disparador de acciones de protesta y violencia. En este sentido, como mencionamos anteriormente, diremos a lo largo de texto que la muerte violenta, en plena juventud, irrumpe con una fuerza particular en la experiencia e imaginación del colectivo social, produciendo un hecho que resulta a la vez notorio y memorable (Carozzi, 2006). Y, frente a las muertes violentas de los jóvenes, pero también de los adultos, las disputas simbólicas en torno a “lo que se debe pensar de lo que ocurrió” potencian – o en su reverso, impiden – la construcción de un caso memorable. Allí, ciertas matrices sociales más amplias (las narrativas sobre la inseguridad vigentes, o sobre los DDHH, por ejemplo), funcionan como máquinas de interpretar y clasificar muertes, víctimas, y en algunos casos, culpables. Cuando la muerte de un/a joven en base a rumores y sentidos compartidos es percibida colectivamente como consecuencia directa de un “exceso” o abuso policial, la víctima puede ser transformada en una figura de potente identificación. En este punto, la emoción, la solidaridad y los rumores pueden propiciar una rápida escalada de violencia. Entonces, la muerte aparece como punto límite, un umbral moral que ha sido quebrado. Allí, el historial de persecuciones, confiscaciones y detenciones también va a operar como parte de una “economía moral”. Siguiendo a Pita (2010), las narraciones sobre estas muertes -violentas- son también narraciones sobre sus vidas. Son narraciones sobre formas de morir, pero también sobre formas de vivir y sobre una praxis.

Estallido de papel

“¿Qué nos pasa, la violencia no tiene límites en nuestra sociedad?”, se titula una nota publicada en el portal web “Baradero Hoy”. Las violencias, (como diagnóstico social, como temor, como discurso sobre el presente), ocupan un espacio privilegiado en los medios de comunicación contemporáneos, incluidos los medios de comunicación locales (en nuestro caso, los medios “Baradero Hoy”, “Baradero te informa”, “El diario de Baradero”). Los discursos mediáticos sobre las violencias producen lazo social al tiempo que configuran un relato sobre una “comunidad vulnerada”. Creemos así que los medios en general, y los periodistas en particular, constituyen un eslabón imprescindible para un análisis sobre las violencias. Esto es válido en tanto y en cuanto sostenemos que los medios despliegan un rol particular en la construcción de las violencias: animan prácticas y discursos, las explican, ordenan y clasifican (Martini y Contursi, 2015).

Sostendremos que los estallidos sociales son fenómenos sociales que se caracterizan también por su mediatización. La mediatización no solo contribuye a su visibilización en el centro de la atención, sino que los construye, delimita y dinamiza. Tomemos como caso la televisación de los estallidos: tuvo un fuerte efecto de sentido, y construyó un determinado relato sobre los mismos, visibilizando una forma posible de análisis y comprensión. Pero además, los relatos televisivos sobre este tipo de eventos suelen apoyarse en dos ejes centrales: por un lado, se centran en la violencia, especialmente en su espectacularización y por otro lado, se hace énfasis en el rol pasivo de las fuerzas públicas ante el desborde de los manifestantes (Hurtado Arroba, 2005). Siguiendo el modelo llevado adelante por Galar en su estudio sobre muertes violentas en las provincias de Buenos Aires y Mendoza, el análisis de la prensa escrita local es una fuente privilegiada en tanto espacio de constitución de temas capaces de concitar el interés de agencias, actores políticos y audiencias. Pero especialmente, por el registro sistemático – y la omisión- de aquellos discursos en disputa por la definición de las cuestiones que suscitan debates públicos en torno a las violencias (Galar, 2017).

“Tragedia y furia: Inspectores chocan una moto, hay dos menores muertos”, es la primera nota que publica el portal “Baradero te informa” (en adelante BTI) la mañana del 21 de marzo de 2010. La nota describe los sucesos (accidente, ataque a la camioneta y posterior quema del Palacio Municipal) y coloca en los jóvenes locales un rol protagónico:

“Muchos jóvenes que por ser la hora de salida de los locales bailables se encontraban en la zona, indignados y presos de ira desataron su furia quemando la camioneta” (“Tragedia y furia: Inspectores chocan una moto, hay dos menores muertos”, 2010)

Los jóvenes aparecen descritos como un actor social de emociones volátiles, dado que no serían capaces de controlar su ira y en virtud de esto, actuarían en consecuencia (“llevado por la furia”). La nota estaba acompañada de fotografías, y propició un extenso intercambio de 84 comentarios en el portal. Uno de ellos, aludía a la responsabilidad de los jóvenes por sus propias muertes:

el accionar d los inspectores no fue el correcto xq lamentablement termino con la vida d dos jovenes, pero tampoco es justificable el accionar de la gent, esas personas q decian estar pidiendo justicia x el hecho solo eran NEGROS dispuestos a romper, robar y dejar d nuestra ciudad un caos total…. ahora yo pregunto…los jovenes conducian con toda la documentacion…llevaban casco, tenian prudencia ….nooo nada de eso, x eso huian, mi mas sincero respeto y pesame a su flia pero tmbien q esto le sirba a cada uno para rafleccionar, ser conscientes y vivir con respeto hacia los demas. Hechar culpas es facil, q el intendente, q los consejales, q esto y lo otro….tambien son sumamente responsable cada uno d los padres x permitirle o bien darle esa arma a sus hijos. TOMEMOS CONCIENCIA; DEJEMOS D SER IGNORANTES Y HAGAMONOS CARGO DE CADA CAGADFA SIN BUSCAR LA MIERDA AJENA!!!!!!!!!!!!!!! (“Tragedia y furia: Inspectores chocan una moto, hay dos menores muertos”, 2010)[2]

En el extenso intercambio de mensajes que habilita el artículo digital en su sección de comentarios, se disputa el argumento principal que atribuye cierta legitimidad a los jóvenes: frente a la construcción de jóvenes como “presos de su ira e indignación”, los comentarios oponen la construcción de un joven irresponsable, violento y oportunista.

El 23 de marzo, una marcha convocada por familiares de los jóvenes, reúne a cerca de 700 personas. El portal BTI, en una nota titulada “Multitudinaria marcha por Giuliana y Miguel” describe los eventos de la jornada. La nota cierra con un conjunto de fotografías de la marcha y la mención a la cobertura mediática del caso: “La marcha contó con la presencia de los medios periodísticos a nivel local y nacional que llevan a cabo toda la cobertura del caso” (Multitudinaria marcha por Giuliana y Miguel”, 2010). La presencia de medios nacionales en el cierre de la nota evidencia una mixtura en la construcción del caso: en el cruce entre lo nacional y lo local se montan las descripciones de las violencias y las protestas. BTI enfatiza un relato que localiza las demandas y la problematización de los casos.

En este punto, es importante remarcar que aún con heterogeneidades, las coberturas nacionales tienden a construir equivalencias regionales: en una nota publicada en la edición impresa del diario La Nación (“Esto fue un lamentable acto de vandalismo”, 2010), se mencionan inicialmente datos de Baradero (situación del intendente, inspecciones de tránsito, quema del palacio municipal). Al final de la misma, se citan protestas que podrían ser descritas como “vecinales”: la nota enumera cinco episodios de protestas en ciudades pequeñas del país ocurridas entre el 10 de febrero al 12 de marzo de 2010. Los motivos que propician las movilizaciones son diversos: inseguridad, ambientalismo, delitos sexuales y aumento de tarifas. Así, la cobertura del diario La Nación inscribe los eventos de Baradero en una serie que involucra ciudades pequeñas, protestas y conmociones diversas.

En un mismo sentido, la Revista Noticias publicó una nota de opinión de Silvio Juan Maresca titulada “Violencia Exprés”. La bajada de la nota menciona: “Por qué cada vez son más frecuentes puebladas como las de Baradero. Falta de límites y crisis de representatividad” (Maresca, 2010). En la nota el autor problematiza sucintamente el fenómeno de las violencias, desde la antigüedad, hasta llegar al caso de Baradero. Allí, menciona:

En el seno de una población mansa, tranquila, entregada a sus tareas cotidianas estalla de pronto una furia colectiva incontenible que arrasa con todo lo que huele a poder establecido. Así ocurrió en diversas manifestaciones de jóvenes contra boliches por la violencia de los “patovicas” (Maresca, 2010).

Por un lado, identificamos la construcción de un actor social “manso” que “estalla” ante un determinado evento. Pero además la inscripción de los eventos de Baradero en una serie que compartiría con “manifestaciones de jóvenes contra boliches por la violencia de los “’patovicas’”.A las violencias, el autor las entiende en el marco de una crisis de representatividad que atraviesan sujetos e instituciones (políticas y familiares). De lo que hablaría Baradero es de la necesidad de esos actores sociales de lograr justicia en tiempo record. En esta lógica, Baradero es narrado como muestra de una sociedad más violenta que ha perdido hasta la paciencia.

El 22/03/2010, Página 12 publica una nota titulada “Cuando las tensiones incendiaron Baradero”. El primer párrafo de la nota menciona “una sumatoria de absurdos previsibles”, para luego listar los eventos principales del 21 de marzo, así como las versiones y rumores que motivaron esos eventos. Hacia el final, el autor menciona:

Tiene que investigar la justicia” sostuvo Carossi mientras intentaba apuntalarse contra la acometida de micrófonos de la TV, que avanzaban con preguntas sobre el estado procesal de los inspectores, con un insidioso hincapié en que habían sido liberados, mientras en off los relatores documentaban el incendio de la municipalidad, cuestionaban moralmente el vandalismo del incendio y los transformaban en un curioso giro moral de vandalismo justiciero (Cecchi, 2010).

El párrafo final pone en escena las tensiones en torno a las diferentes versiones de los hechos (la versión “oficial”, en contraposición a la de los “jóvenes”), como un campo de disputas en el que los medios, a través de sus periodistas, cumplen un rol importante. Pero además, en la mención al “giro moral de vandalismo justiciero”, se hace evidente una construcción particular sobre las violencias: no se mencionan las violencias como un factor que ha “vulnerado a la comunidad” sino como un factor dotado de cierta positividad social.

En este punto, resulta útil analizar la elaboración que el periodista local Darío Javier Difalco en su nota, ”21 de marzo: día por la memoria, la verdad y la justicia”. En un movimiento análogo al que llevan adelante los jóvenes firmantes de la carta que fuera leída en el primer aniversario (2011), el autor de la nota ilustra aspectos centrales de la última dictadura militar argentina. Seguidamente menciona la muerte de los jóvenes, las confusas y desordenadas horas que rodean la muerte de los jóvenes. Y finalmente anuncia: “Yo propongo que Baradero tenga su propio día de la memoria, la verdad y la justicia, y que sea el 21 de marzo” (Difalco, 2012).Al retomar en su nota los tres elementos aglutinantes que definen (Memoria, verdad y justicia), la lucha de los movimientos de defensa de Derechos Humanos en relación a los crímenes de la última dictadura militar, suscribe estas muertes en el marco de las violencias de Estado, desplegando al mismo tiempo otro movimiento: posiciona su explicación y demanda de justicia en el marco del amplio y dinámico espacio de las memorias sociales. Las memorias sociales sobre el pasado reciente, sus evocaciones movilizan y suscriben al mismo tiempo un conjunto de tensiones, que sobrepasan los límites de la jornada del 21 de marzo de 2010.

Por otro lado, resulta interesante la cantidad de comentarios que recibió u ocasionó ese artículo. Encontramos por una parte, comentarios que abonan la visión del autor, suscribiendo la mirada en la lógica de las memorias sociales y en el reclamo de justicia:

Muy buena nota de un triste y lamentable suceso. Todo aún continúa impune, desgraciadamente. Memoria, verdad, justicia y nunca más. Alberto (Difalco, 2012).

Ahora bien, esta visión moviliza tensiones en y de la ciudad. Así, llama nuestra atención como nuevamente se activan las tensiones y disputas en torno a los hechos de violencia de la jornada del 21 de marzo de 2010:

Las personas que destruyeron la municipalidad son delincuentes!!! No tienen respeto por nada. Anónimo (Difalco, 2012).

Hoy el tiempo le tapa la boca a muchos oportunistas que usaron la muerte de Miguel y Giuliana con fines políticos. Pueblada? Espontánea? Qué alguien me diga de donde salió espontáneamente tanto combustible para prender fuego la municipalidad?. Mario. (Difalco, 2012).

Es relevante el movimiento de traslado de responsabilidad hacia los jóvenes y, en este movimiento, cómo los cargan con la responsabilidad sobre sus propias muertes. Las elecciones de estos jóvenes (conducir sin casco y beber alcohol), jugarían así un rol explicativo y decisivo para la jornada. En oposición a la despolitizada imagen llevada adelante por familiares y amigos, estos fragmentos movilizan representaciones sobre estos jóvenes, que los sitúa por un lado como irresponsables en sus actitudes, y, por otro, como artífices del desenlace

Por último, el último comentario citado remite directamente a la autoridad adulta, o en tal caso, a la falta de ella. El extenso intercambio de comentarios surgidos a partir de la lectura de la nota tomaba como uno de los ejes centrales esta problemática: el rol de los padres y la ausencia de educación como explicación nodal. Los repertorios morales sobre las formas de ser y estar en familia se movilizan en este punto, y no sólo se impugna una ausencia o un excesivo permiso familiar (en este caso, el propio uso de la motocicleta), sino que se va más allá: lo que se cuestiona es la propia forma de las familias, y en este caso particular, la forma familiar y relacional de los sectores populares.

Por otro lado, el análisis de los repertorios morales que se movilizan en las disputas por la legitimación de la violencia implicó, entre otras cosas, acercarnos a un fenómeno social mediatizado. Violencias (pero también delitos), comunidades relativamente pequeñas y mediatizaciones se conjugan en una trama atrapante y muchas veces indescifrable.

Las violencias, ¿las narramos entre todos?

Nos propusimos pensar las violencias colectivas enfatizando un abordaje multidimensional del concepto. Pero, ¿qué queremos decir con esto?

En primer lugar, que el disparador inicial del trabajo (y de varios de sus interrogantes) comienza con el análisis de episodios de violencias colectivas en una localidad bonaerense. Allí, definimos un recorte metodológico que, por un lado, se ocupa de un tipo específico de violencias (colectivas, es decir, masivas, públicas, que no se encuentran mediadas por una institucionalidad dominante). Además, se indagó en un tipo particular de espacio urbano (específicamente, una ciudad intermedia). Así, la dimensión colectiva de la violencia, en alguna de sus formas arquetípicas, resultó ser la puerta de entrada al estudio de las violencias en general. Ahora bien, este abordaje podría acercarnos a un argumento meramente fisicalista de la violencia (aquel que piensa las violencias en tanto daño físico que produce un daño). Con todo, si bien el análisis de los casos estudiados es plausible de ser entendido en estos términos, buscamos articularlo a lo largo del texto con una visión de las violencias entendidas como dilemas morales de la Argentina contemporánea. Eso es, en torno a la producción de repertorios morales que disputan su legitimidad y visibilidad. Este doble juego con respecto a las violencias opera como un claroscuro: lo que la visión fisicalista no nos permite ver (el terreno de las disputas morales y la construcción de versiones más-menos legítimas de las violencias), cobra sentido a través del análisis de ciertos repertorios morales que debaten, al tiempo que construyen, un discurso posible y deseable sobre las violencias. Porque además, como vimos a través del análisis de las notas periodísticas de nuestro corpus, aquello que sea llamado violencia y/o violento, queda sujeto a los repertorios morales que lo vuelven inteligible.

El análisis de las violencias colectivas a través de la noción de “estallido social” nos permitió pensar a éste como un hecho social con forma espacial, donde fragmentación social y espacial se encuentran yuxtapuestas. El estallido del 21 de marzo es entendido como una manifestación espacial, que se anuda a un problema social: los jóvenes involucrados en el accidente, sus amigos, sus familiares, circulan por el centro de la ciudad, pero no habitan ese espacio. Y, en todo caso, su visibilidad es construida como un problema. Entonces, el espacio urbano es un espacio a merecer, en base a principios ordenadores de justicia – espacial–. Los mismos se apoyan en repertorios morales legítimos –dominantes–, en el marco de los cuales ciertos jóvenes son asociados a la figura de la violencia y la peligrosidad. De allí que su presencia sea entendida como invasora o extraña, cuando no amenazante.

A la hora de pensar en las formas en que las violencias son narradas, resulta pertinente indagar en los distintos actores sociales que intervienen en la construcción de un caso a nivel local. El análisis de fuentes periodísticas presentada en este texto, tuvo la tarea de reconstruir un conjunto plural de voces y discursos que buscaban definirlas y disputarlas. Fue posible advertir cómo periodistas y políticos potencian la construcción de un discurso sobre las violencias. Se trate de las violencias llamadas “sociales” (con toda la dificultad de pensar en tales términos), como las de las agencias del Estado, no todas las formas de violencia son repudiadas, o incluso, llegan a ser concebidas como “violencia”.

Y así como tampoco se protesta contra todas las violencias, no todos los casos que involucran violencias, incluso las más repudiadas, se transforman en casos emblemáticos. En este sentido, consideramos que en la construcción de un caso emblemático, confluyen procesos y actores sociales reunidos ante un determinado sufrimiento, que es individual y al mismo tiempo colectivo, y que además ha traspasado determinado umbral moral. De allí que en la transformación de un evento en caso emblemático, distintos actores sociales se encolumnen en ciertos repertorios morales vigentes, para legitimar y visibilizar, pero también como vimos, para cuestionar, el estatus y honor de las víctimas.

En consecuencia, el corpus de prensa local fue analizado en el marco de las luchas por la definición de las violencias. Y si bien todos los actores estarían a priori habilitados a hablar y disputar esa definición, no todas las voces que se alzan están dotadas con la misma legitimidad.

Además, del análisis de la prensa gráfica local nos interesaba comprender su registro -u omisión – de aquellos discursos en disputa por la definición de las cuestiones que suscitan debates públicos en torno a las violencias (Galar, 2017). Vimos de qué modo, en términos generales, los jóvenes son narrados como un actor social volátil, que no controlaría su ira y actuaría en consecuencia llevado por la furia y la violencia).

Aún con heterogeneidades, las coberturas nacionales tendieron a construir equivalencias regionales para pensar el caso: como analizamos en la nota publicada en la edición impresa del diario La Nación el 22/03/2010 titulada “Esto fue un lamentable acto de vandalismo” inicialmente dan cuenta de datos de Baradero para luego vincular estos eventos “vecinales”: la nota enumera cinco episodios de protestas en ciudades pequeñas del país ocurridas entre el 10 de febrero al 12 de marzo de 2010. Los motivos que propician tales movilizaciones resultan por más diversos: inseguridad, ambientalismo, delitos sexuales y aumento de tarifas. Así, la cobertura de este diario inscribe los eventos de Baradero en una serie, que involucra ciudades pequeñas, protestas y conmociones diversas.

Por el contrario, los medios de comunicación de la localidad tendieron a generar un relato periodístico que sitúa las demandas y la problematización de los eventos en términos locales. Además, en los relatos periodísticos de distribución nacional se identificó la construcción de un actor social “manso” que “estalla” ante un determinado evento inscribiendo a los eventos de Baradero en una serie que compartiría con “manifestaciones de jóvenes contra boliches por la violencia de los “patovicas””. De allí que las violencias son entendidas en el marco de una crisis de representatividad que atraviesa sujetos e instituciones (políticas y familiares). Entonces, de lo que hablaría Baradero es de la necesidad de los actores sociales de lograr justicia en tiempo record. En esta lógica, Baradero es narrado como una muestra de una sociedad más violenta que ha perdido, entre otras cosas, la paciencia.

Finalmente, el texto buscó mostrar el poder aglutinante que movilizan las violencias en términos locales. Advertimos que no todos los actores se encuentran legitimados social y públicamente a intervenir en este debate sobre la definición de las violencias y de lo violento. En la economía moral de las violencias estas son construidas como un síntoma amenazante, como una enfermedad a curar, ocupando un lugar de privilegio en los dilemas argentinos contemporáneos. Sostenemos en este sentido que sobre las violencias se apoyan relatos sobre aquello que en un momento dado, un determinado orden social considera tolerable o intolerable, merecido o inmerecido, justo o injusto, posible o imposible. Y en este juego, no se trata solamente de merecer o no las violencias, sino también de ser un actor social legitimado para hablar en nombre de, y por ellas.

Bibliografía

Galar, Santiago (2017) Problematizar el problema: apuntes para complejizar el abordaje de la inseguridad en la dimensión pública; en Papeles de Trabajo N°11. UNSAM

Hurtado Arroba, Edison (2005) “Lo que pasó en CIESPAL. Apuntes etnográficos sobre el poder, los medios y los sin-sentidos de la violencia” en Iconos Revista de Ciencias Sociales. N° 23. Quito: FLACSO Ecuador

Martini, Stella y Contursi, María Eugenia (comp.) (2015) “Crónicas de las violencias en la Argentina. Estudios de comunicación y medios”, Buenos Aires: Imago Mundi

Mauger, Gérard (2007) “La revuelta de los suburbios franceses: una sociología de la actualidad”, Buenos Aires: Antropofagia

Pita, María Victoria (2010). “Formas de morir y formas de vivir. El activismo contra la violencia policial Buenos Aires: Editores del Puerto.

Fuentes periodísticas

Cecchi, Horacio (22 de marzo de 2010). “Cuando las tensiones incendiaron Baradero”. Pagina12. Recuperado de http://bit.ly/2m8VDaM

Difalco, Darío Javier (20 de marzo de 2012). 21 de Marzo: Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Baradero Te Informa. Recuperado de http://bit.ly/2kERT0j.

“Esto fue un lamentable acto de vandalismo” (22 de marzo de 2010). La Nación. Recuperado de http://bit.ly/2m9p6kX

Maresca, Silvio Juan (2 de abril de 2010). “Violencia Exprés”. Revista Noticias.

“¿Qué nos pasa? ¿La violencia no tiene límites en nuestra sociedad?” (1 de septiembre de 2014). Baradero Hoy. Recuperado de http://bit.ly/2kAQLus

“Tragedia y furia: Inspectores chocan una moto, hay dos menores muertos” (21 de marzo de 2010). Baradero Te Informa. Recuperado de http://bit.ly/2mC8faz

“Multitudinaria marcha por Giuliana y Miguel” (23 de marzo de 2010). Baradero Te Informa. Recuperado de http://bit.ly/2mBRfRQ

“Una violenta pueblada conmocionó a Baradero” (22 de marzo de 2010). La Nación. Recuperado de http://bit.ly/2kARQm0


  1. Este texto retoma fragmentos de mi tesis de doctorado “Nunca fuimos violentos. Violencias colectivas y dilemas sociales en la Argentina contemporánea” dirigida por el Dr. José Garriga Zucal (UNSAM-CONICET) defendida en marzo de 2017 (FSOC-UBA).
  2. Se respeta la redacción y ortografía original de los comentarios.


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