¿De quién es este bosque milenario lleno de riquezas y de alimañas? De patrón Luis Antonio Urresta, respondió el interrogado, en tono de letanía. Y luego, al pasar por las tierras altas: ¿de quién es el páramo infinito? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y la cañada que se ve en el fondo? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y la sierra que corta el horizonte? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y el viento y la tempestad? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y el verde, el naranja y el amarillo de los campos? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y las chozas? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y los indios? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y el aire? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y la fiebre y el hambre, y los reptiles venenosos? De patrón Luis Antonio Urresta. ¿Y la muerte? De patrón Luis Antonio Urresta.
Jorge Icaza
En las Calles, 1935[1]
¿Cuáles fueron las condiciones socioeconómicas que hicieron posible el surgimiento del Estado transformista ecuatoriano durante la transición al capitalismo entre 1920 y 1960? ¿Cuál fue la específica configuración de las clases dominantes rurales titulares del “pacto de dominación” que dio origen a este tipo particular de Estado capitalista de la periferia?
Sobre las clases dominantes ecuatorianas de inicios del siglo XX, pesaba la herencia de la fragmentación regional. La Costa, la Sierra norte y la Sierra sur contaban con economías diferenciadas, productos variados, estructuras de la propiedad distintas y familias dominantes diferentes. Cada región operaba como una especie de prisma que obliteraba las influencias exteriores y marcaba con su tono y su sello las dinámicas del cambio social. Desde hacía mucho, las oligarquías regionales ecuatorianas venían sufriendo una lenta transformación interna por la subordinación al capitalismo mundial y por el cambio en las relaciones de trabajo. Sin embargo, en todas las regiones dominaban todavía distintas variantes de las relaciones de trabajo servil. Por lo tanto, en estricto rigor, las clases dominantes que dieron origen al Estado transformista ecuatoriano eran oligarquías cuya conversión en burguesías se realizaría lenta y acumulativamente a lo largo de la transición al capitalismo siguiendo las líneas de la fractura regional. El progresivo y desigual eclipse de las relaciones de trabajo servil y su reemplazo por relaciones salariales fue la base objetiva de una “crisis de lealtad” regionalmente diferenciada entre las clases subalternas.
El orden de la argumentación de la primera parte sigue de cerca estos elementos estructurales. El capítulo I muestra que el tránsito al capitalismo ocurrió lentamente a lo largo del siglo XX. Sobre la base de una confrontación con la literatura histórica y sociológica ecuatoriana, se afirma que la revolución liberal de 1895 no fue una revolución burguesa, sino la culminación del orden oligárquico que dominó el siglo XIX. El tránsito al capitalismo se produjo en Ecuador entre 1920 y 1972 sin revolución burguesa. La cronología de ese cambio socioeconómico mayor coincidió, punto por punto, con el fenómeno político del velasquismo. El capítulo presenta enseguida las peculiaridades del desmoronamiento de las oligarquías regionales y su conversión en modernas burguesías. La conversión al capitalismo de las oligarquías de la Costa se produjo catastróficamente. Ocurrió una auténtica sustitución de las aristocráticas familias cacaoteras tradicionales por nuevos grupos de origen urbano, migrante y moderno a partir de los años 1940. En la Sierra, en cambio, la conversión ocurrió paulatina y progresivamente, pero también se aceleraría a partir de la segunda mitad de la década de 1940, fisurando de forma menos catastrófica, pero no menos clara, la unidad regional que habían mostrado sus oligarquías. Para fines de la década de 1950, la burguesía costeña estaba mucho más integrada que la serrana, pero ninguna de las dos mostraba contradicciones entre fracciones económicas con intereses claramente diferenciados. Su fragmentación era más regional que funcional; no cristalizó ninguna fracción moderna opuesta a fracciones tradicionales. Junto a ello, el debilitamiento alternado y sucesivo de cada una de las oligarquías evitó la confluencia de una crisis en la lealtad subalterna que fuera catastrófica para todos al mismo tiempo. De este modo, las oligarquías en mutación a burguesías se alternaron en el control de la situación y ganaron tiempo hasta encontrar modos distintos de ejercer su dominio sin perder, a la larga, las riendas del país.
Los capítulos II y III abordan el problema de la crisis de lealtad en el seno de las clases subalternas rurales. Nos limitamos al análisis de los campesinos y excluimos a los obreros, artesanos y clases medias porque la abrumadora mayoría de la población subordinada del Ecuador en esta época era rural.[2] Y en ese mundo rural, la lealtad de los subordinados se resquebrajó por desajustes “arriba”, es decir, fue un efecto de la reconversión diferenciada de cada una de las clases dominantes regionales que dejaron de cumplir sus obligaciones paternales. Por eso, la crisis en la fidelidad subalterna siguió de cerca la cronología de la crisis y la reinvención de las oligarquías dominantes. La mayor insubordinación se produjo en la Costa entre 1920 y 1945, mientras que en la Sierra los aparatos políticos y sociales ligados al funcionamiento de las haciendas tradicionales lograron preservar el orden y el respeto a las jerarquías hasta bien entrada la década de 1940. Cuando el orden conservador empezó a resquebrajarse en la Sierra entre 1945 y 1960, nuevas formas de manejo de las demandas subalternas centradas en los mecanismos de transacción transformista dirigidos por el Estado se asentaron para restablecer la autoridad de las nuevas clases dominantes. La fragmentación regional, el desencaje temporal de la crisis de lealtad y la persistente eficiencia de los mecanismos paternalistas de subordinación jugaron en Ecuador, como en la Italia posterior al Risorgimento, a favor de la “hegemonía de los moderados” en la transición al capitalismo y en la construcción del Estado.
- Icaza (1985 [1935]: 23).↵
- En la tesis doctoral que sirvió de base a este libro se abordan algunas de las peculiaridades del movimiento obrero y artesanal ecuatoriano, así como la conducta electoral de las clases medias (únicas titulares de derechos ciudadanos en aquellos años). En lo esencial, la introducción del análisis de dichos grupos no cambia las conclusiones sobre la actitud general de los subalternos en esta época (cfr. Ospina 2016b: 81-7).↵







