Otras publicaciones:

9789871867691_frontcover

Book cover

Otras publicaciones:

Book cover

9789877230550-frontcover

Agradecimientos

En los agradecimientos de un libro, recordamos con alegría que todo lo bueno que pudimos hacer es una responsabilidad compartida. Todo hacer humano es social, desde los deseos más elevados (y los más bajos), hasta las entrañas. Es social por el ambiente de la época que compartimos, por las lecturas que nos animaron y por el acumulado de saberes y preguntas que millones de personas nos heredaron en siglos de historia. Por los amigos que nos ayudaron, por las influencias diarias de quienes queremos, por el contraste con aquellos de quienes nos distanciamos. El mundo de las ideas se parece poco a una caverna aislada; recuerda mucho más a una conversación animada y desordenada donde todos hablan a la vez. Pero alguien tiene que hacerse cargo de los errores, las malas interpretaciones y las omisiones de cualquier escrito; así que ahora puedo rememorar con placer a quienes estuvieron cerca cuando gozaba del viejo y repetido privilegio de escribir.

Michiel Baud y Pablo Andrade, como tutores de la tesis que dio origen a este libro, se dieron el paciente trabajo de leerla entera, criticarla y hacer aportes que siempre agradeceré. Los miembros del tribunal que asistieron a la defensa doctoral me ayudaron con comentarios y preguntas agudas: Bárbara Hogenboom, Rutgerd Boelens, Dirk Kruijt, Kees Koonings y Abbey Steele. También la leyeron completa y me hicieron inteligentes sugerencias Marco Romero, Juan Maiguashca, Cristina Cielo y mi madre, Mercedes Peralta, con el cariño y la bondad de siempre. Andrés Guerrero leyó algunos pedazos primero y luego se dio el paciente trabajo de leerla entera y escribir el prefacio con el afecto de una amistad antigua. Muchos otros leyeron algunos capítulos o una versión resumida que hice pensando en que pocos podrían aguantar un ladrillo de quinientas páginas. Algunos de los que hicieron comentarios a estas distintas versiones y a quienes agradezco infinitamente fueron Enrique Ayala, Ramón Pajuelo, Liisa North, Jorge León (que ya no está con nosotros para criticar amistosamente el libro), Hernán Ibarra, Sofía Ortega, Xavier Guachamín, Paco Moncayo, Carlos de la Torre, Carlos Landázuri, Silvia Vega, Susana Rochna, Esteban Nicholls, Nicolás Cuvi, Mila Ivanovic, Germán Rodas, César Montúfar, Edison Paredes, Francisco Muñoz, Francisco Pareja, Wolf Grabendorf, Galaxis Borja, Santiago Ortiz y David Gómez. Leyeron, comentaron y bebieron conmigo, mis queridas paraninfas honorarias en Ámsterdam Alejandra Espinosa, Karolien van Teijlingen y Cristina Bastidas.

Fue de invalorable ayuda el inteligente trabajo de archivo de Lorena Rosero y Manuela Sánchez; ellas y yo sabemos que aportaron muchas ideas y ayudaron a perfilar varios de los principales argumentos de este trabajo. Aunque no hizo comentarios al texto, Valeria Coronel y yo tenemos una acalorada controversia sobre la época desde hace varios años: contribuyó mucho, mediante el contraste, a las ideas de este trabajo. A mis compañeros de militancia, en la Comisión de Vivencia, Fe y Política, en la lucha universitaria y en el apoyo a organizaciones y movimientos populares, les debo la motivación tras la escritura, gracias a la cual todas las preguntas de este libro, y sus respuestas, cobran su verdadero significado. La reflexión se me antoja más valiosa cuando acompaña la acción.

Agradezco a las personas que colaboraron en la revisión editorial, a Annamari de Piérola y Patricia Mirabá, en la jefatura de publicaciones de la Universidad Andina, y a Laura Díaz, de la Editorial Teseo, en Buenos Aires.

Con mi familia no fueron solo las conversaciones sobre el tema y la obsesiva pasión por la lectura que me legaron, sino esa íntima vocación por enredar la lucha por la felicidad de cada uno en la lucha por la felicidad de todos. Amalia Ospina sabe que su amor siempre se esconde en cada línea de todo lo que escribo y todo lo que soy. A Sofía Ortega, compañera y cómplice, no alcanzan las palabras, quedan los abrazos, callados, suaves, nuestros.



Deja un comentario