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14 Construyendo
abastecimiento alimentario

El camino de los agricultores familiares de General José de San Martín, Chaco

Gerardo Roberto Martínez[1], Elena Beatriz Piemontese[2]
y Silvia Teresa Vargas[3]

Introducción

El presente trabajo se propone reflexionar sobre el abastecimiento alimentario de la localidad de General José de San Martín, Chaco, considerando las particularidades de la producción familiar, la historia de la comercialización local y la conformación y el rol que ha tenido la Mesa de Certificación de la Agricultura Familiar.

El Departamento Libertador General San Martín se encuentra ubicado en la región nororiental de la provincia del Chaco (Mapa 1). Este departamento, que cuenta con una superficie de 7.800 km², se ubica en el tercer puesto en cuanto a tamaño en la provincia.

Mapa 1: Área de influencia del Municipio de General José de San Martín en el Departamento Libertador General San Martín

Fuente: elaboración propia realizada sobre la base de Dirección de Vialidad Provincial – Provincia del Chaco, 2014.

Las lluvias, que se concentran en los meses de octubre a abril, promedian 1.214 mm por año y el clima es templado húmedo, con una temperatura media anual de 22° C, con máximas superiores a 40º C y mínimas bajo cero unos pocos días al año. Estas condiciones hacen al Departamento muy favorable para la producción agropecuaria. Desde los inicios del siglo XX, el cultivo de algodón fue muy importante en la zona, luego surgió el tabaco y la ganadería bovina de cría, que hizo que el Departamento sea uno de los principales productores en el espacio provincial. Además, se producen hortalizas (diversas especies de zapallos, mandioca, verduras de hoja y tomate, principalmente) y animales menores (cerdos, ovejas, cabras, aves de corral para producción de carne y huevos) para consumo de las propias familias y las comunidades cercanas (Imagen 1).

Imagen 1: Producciones hortícolas y de granja

Crédito: Luis Antonio Passamano.

En el contexto provincial chaqueño, Libertador General San Martín es uno de los departamentos donde hay mayor preponderancia de productores de pequeña escala de superficie, 802 familias (55 % de los productores), que ocupan menos de 100 ha poseen 35.123 ha, lo que pone de manifiesto que tienen solo el 6 % de la superficie productiva departamental, según reflejan los datos del Censo Nacional Agropecuario 2018 (INDEC, 2021).

El Departamento se subdivide en siete municipios, siendo General José de San Martín la localidad cabecera, área de interés en este trabajo. En este municipio existe un entramado institucional compuesto por el Consejo de Planificación de Políticas Públicas y Desarrollo Local, Mesa de Organizaciones, Mesa de Técnicos, Consorcios de Servicios Productivos Rurales y establecimientos técnicos educativos que trabajan en conjunto en el fortalecimiento de este importante sector social y productivo (Martínez, Passamano et al., 2020).

La situación de los agricultores familiares en la zona

Al caracterizar a la agricultura familiar en la zona —o productores minifundistas, como se los denominaba a fines del siglo XX—, se mencionaba que estas familias, en su mayoría, residían en el mismo lugar de producción, trabajaban con mano de obra familiar, excepcionalmente ocupaban mano de obra transitoria para la carpida y cosecha, su nivel de capitalización era escaso y con difícil acceso al crédito, siendo precaria la tenencia de la tierra y realizando temporalmente trabajos extraprediales (Ferrario, 2007).

Si bien muchos de estos problemas o dificultades continúan, han logrado ir resolviendo algunos —al menos parcialmente— gracias al acompañamiento social y técnico de diversas instituciones y a la fuerza organizativa que lograron las familias. Por ejemplo, las viviendas, que eran construidas con materiales de la zona —palma y barro—, lentamente se fueron reemplazando con viviendas de ladrillos, con piso de material y techo de chapa de zinc que compraron con los ingresos generados con la venta local de sus productos. Respecto al transporte de sus producciones para la venta, que se realizaba en bicicleta, carro, alquilando un vehículo o por la buena voluntad de algún vecino, han logrado adquirir sus propios vehículos (moto o auto), que les permite llevar mayor cantidad de productos, en mejores condiciones y con menor esfuerzo, además de poder ir varias veces a la semana a comercializar. Asimismo, el contar con un vehículo motorizado, les facilita, al regresar a sus hogares, llevar mercaderías, insumos para continuar produciendo u otro material que necesitaran y que adquieren con los ingresos generados, lo que les resultaba un contratiempo si utilizaban vehículos de terceros. Para resolver la problemática de acceso al crédito, a comienzos del año 2008 varias organizaciones de base comenzaron experiencias de formación y gestión de fondos rotatorios autogestionados, las cuales fueron expandiéndose a otras organizaciones. Actualmente, existen ocho fondos rotatorios, que no solo dan respuesta a los agricultores familiares, sino también a otros sectores, como jubilados o desocupados (Martínez, Passamano y Piemontese, 2020).

Con relación a la tierra, la gestión gubernamental que asumió la conducción de la provincia en 2007 otorgó a varias familias el título de propiedad. Además, el 13 de mayo de 2009, el Poder Legislativo del Chaco aprobó la Ley N° 6.332, que dispone la expropiación de unas 500 ha de tierra y así beneficia a 20 familias de pequeños productores que trabajaban en la banquina de las rutas de la zona.

Otra dificultad que se presenta en muchas áreas rurales es la ausencia de escuelas, especialmente de nivel secundario, para que los jóvenes puedan terminar su educación. En Paraje Buena Vista (ubicado a 15 km al este de General José de San Martín), a partir de la iniciativa de las familias, se creó en abril de 2008 la Escuela de la Familia Agrícola Fortaleza Campesina. Luego, incorporaron un Bachillerato Libre de Adultos y dos carreras del ciclo terciario: Tecnicatura en Agroecología y un Profesorado de Educación Secundaria en Agronomía.

En cuanto a lo estrictamente productivo, históricamente el cultivo principal que se realizaba en la zona era el algodón y/o tabaco, complementado con la actividad ganadera y/o forestal para leña, postes y carbón (Ferrario, 2007). Hacia finales del siglo XX, estas economías regionales afrontaban una situación de crisis debido a los bajos precios que recibían por sus cultivos comerciales tradicionales y a contingencias climáticas adversas. En el área de influencia de General José de San Martín, las familias que cultivaban algodón y tabaco habían sido afectadas por las inundaciones de 1998 y la crisis socioeconómica que finalmente explotó en 2001. Estos fenómenos habían afectado tanto las producciones para el mercado como las que se obtenían para la subsistencia familiar.

El camino recorrido de la comercialización local

Buscando una alternativa frente a las múltiples crisis y, especialmente, buscando favorecer el abastecimiento local de alimentos, se realizaron reuniones entre las organizaciones de agricultores familiares y las instituciones de apoyo y un viaje a la provincia de Misiones en 1998, para conocer la incipiente experiencia de las ferias francas de aquella provincia. Como resultado, el 7 de agosto de 1999 se puso en marcha la primera feria franca de General José de San Martín (Martínez y Pereira, 2020). Esta feria —hoy llamada “Mi Chacra”— fue creada por la Ordenanza Municipal Nº 1.448/99 que enmarca la modalidad de ventas en la feria franca, permitiendo la venta de excedentes de la producción de diferentes productos agropecuarios (Martínez y Pereira, 2020).

Al sancionarse en 2012 la Carta Orgánica Municipal de General José de San Martín, en su artículo 38, se estableció: “Es deber del Municipio promover la planificación integral como un instrumento flexible tendiente a establecer estrategias de desarrollo local que contemplen los intereses propios, provinciales, regionales y nacionales” (Convención Constituyente Municipal, 2012). Para ello se creó el Consejo de Planificación de Políticas Públicas y Desarrollo Local —integrado por los distintos sectores públicos y privados—, que se organizó internamente en grupos temáticos: industria, comercio y turismo rural, educación, producción e infraestructura y servicios. En el grupo de producción se propuso que uno de los ejes centrales considere esta localidad como productora y proveedora de alimentos (Ordenanza N° 5191, 2018).

La misma Carta Orgánica (2012) en su artículo 27 establecía: “… Estimula a los emprendedores y la generación de productos y servicios locales. El Municipio impulsa la creación del Mercado Regional de Alimentos provenientes de la Agricultura Familiar”. El artículo 28 del mismo cuerpo normativo manifestaba: “El Municipio impulsará la agroecología, la agricultura familiar urbana y periurbana para abastecer los mercados locales con productos sanos y sin agrotóxicos”.

En el mismo año 2012 comenzó a funcionar el segundo espacio de comercialización directa del productor al consumidor de la localidad: la feria franca El Zapallar. Cuatro años después empezó a ofrecer el servicio de entrega domiciliaria, para permitir a comerciantes, profesionales y trabajadores que cumplen horarios laborales el acceso a los productos expuestos en la feria sin necesidad de abandonar sus actividades habituales.

A partir de la experiencia de las ferias francas, en 2017 se creó Oferta Campesina, un espacio que nucleaba aproximadamente a medio centenar de familias que proveían de alimentos a los consumidores locales. La idea primigenia era vender los productos que, por su perecibilidad, no iban a poder ser canalizados a través de las ferias y se vendieron a un precio menor que el ofrecido en estas.

En 2018 se puso en funcionamiento la Feria Social Falucho, un espacio de comercialización que, además de agricultores familiares, incluía a diversos emprendedores locales que comercializaban sus trabajos artesanales.

Al suspenderse el funcionamiento de las ferias el 15 de marzo de 2020 —consecuencia de la pandemia—, sus integrantes decidieron iniciar un proceso de venta de verduras y hortalizas a través de bolsones. Esta práctica se pudo implementar rápidamente, dadas las experiencias previas que habían generado vínculos de confianza entre productores y consumidores (Martínez, Piemontese et al., 2020).

Inconvenientes en el camino y búsqueda de soluciones

La senda que transitaron y continúan transitando las familias que quieren comercializar en el mercado local no ha sido sencilla; como decía Antonio Machado: “… se hace camino al andar”.

Uno de los principales problemas planteados por los productores eran las limitantes para la venta de excedentes dentro del ejido municipal por no encontrarse encuadrados dentro de la legislación presente en el Código Alimentario Argentino ni en normativas de SENASA —como decía un productor que ocupaba tierra a la vera del camino: “Vivimos al margen de la ruta, al margen de todos los derechos”—. Esto implicaba, por ejemplo, el riesgo al decomiso de la producción en controles camineros, porque se los consideraba mercaderías robadas.

Ante los reclamos de productores, se comenzaron a buscar soluciones de forma conjunta en 2009, entre la Mesa de Técnicos de la Agricultura Familiar, la Mesa de Organizaciones de la Agricultura Familiar[4] y otras instituciones involucradas en la temática (Bromatología municipal, SENASA, Gendarmería y Policía Rural). Un año después lograron consensuar una modalidad de trabajo articulado para las ventas de fin de año. En ese momento se confeccionaba un listado de productores habilitados para comercializar dentro del ejido, quienes pertenecían a la Mesa de Organizaciones y que eran acompañados técnicamente por el municipio y la Secretaría de Agricultura Familiar. Este listado se encontraba en el Área de Bromatología del municipio y se entregaban copias a las fuerzas de seguridad.

Esta forma de trabajar demandaba la actualización del listado anualmente, por lo cual se planteó la necesidad de contar con una herramienta de certificación para los productos comercializados por los agricultores familiares en el mercado local. Para ello, se trabajó interinstitucionalmente a lo largo del año 2018 en la elaboración de un proyecto de ordenanza, el cual se aprobó por unanimidad en el Concejo Deliberante de General José de San Martin y dio origen a la Mesa de Certificación de la Agricultura Familiar para abastecimiento del mercado local (ordenanza Nº 5.191/18). A través de ella, se extiende un carnet a los productores que cumplen con los requisitos establecidos y que se encuentren en el área de influencia del Municipio de General José de San Martín.

La mesa de certificación está integrada por representantes de la Municipalidad de General José de San Martín, organismos técnicos (Ministerio de la Producción, Instituto de Agricultura Familiar y Economía Popular, INTA, Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena), de control sanitario (SENASA), de seguridad (Gendarmería Nacional, Policía Rural y Policía Caminera[5] de la Provincia del Chaco), establecimientos educativos (Escuela de Educación Agropecuaria N° 8, Escuela de la Familia Agrícola UEP N° 141), organizaciones de productores de la agricultura familiar (Cooperativa de Productores de la Agricultura Familiar COOPRAF Ltda., Consorcios de Servicios Productivos Rurales, Cooperativa Apícola Chaco Ltda. y Ferias Francas) y representantes de los consumidores. El objetivo de la mesa es agilizar y dar formalidad a la comercialización de productos de la agricultura familiar en el ejido del Municipio de General José de San Martín, garantizando que estos provengan de agricultores familiares. También busca elaborar los protocolos de producción y transformación para las diferentes actividades agropecuarias; promover, habilitar y regular los sitios de ventas institucionales y espacios públicos donde participen los productores de la agricultura familiar; realizar el seguimiento técnico de los productores inscriptos y que comercializan a nivel local; y elaborar un plan de capacitaciones y actividades a realizar con las organizaciones y productores inscriptos.

La Mesa de Certificación en funcionamiento: sus aportes

La Mesa de Certificación comenzó a funcionar desde el mismo momento de su creación, en diciembre de 2018, con una frecuencia mensual de reuniones (la que se vio interrumpida durante la pandemia de covid-19) a la cual asisten los delegados de cada organización e instituciones. Se han alcanzado los siguientes acuerdos:

  • Presentación de declaraciones juradas de las familias interesadas en certificar sus productos, quienes debían reunir ciertos requisitos formales: poseer RENAF, RENSPA, boleto de marca y señal, libreta sanitaria, debiendo asistir a las capacitaciones obligatorias según rubro. Cada productor interesado en obtener el carnet debe estar avalado por su organización de base como agricultor familiar.
  • Asistir a las capacitaciones sobre aspectos legales, zoonosis[6] más importantes (triquinosis, hidatidosis, brucelosis y tuberculosis), buenas prácticas de manejo, buenas prácticas agrícolas y producción agroecológica.
  • Predisposición de productores para recibir acompañamiento técnico y realizar análisis y procedimientos que correspondan, llevar registros, control de calidad de agua, saneamiento, aplicar calendario sanitario, etc.

Los productores pueden certificar solo su producción, no se permite la reventa.

En 2019, de un total de 59 declaraciones juradas presentadas, 24 familias productoras (41 %) cumplieron con todos los requisitos para recibir el carnet. En 2021 se presentaron 68 familias para certificar. Sin embargo, la imposibilidad de completar las capacitaciones —dado que en septiembre de 2021 se pudo retomar la realización de eventos presenciales— hizo que en diciembre se tomara la decisión de autorizar y/o prorrogar las autorizaciones previas para permitir la comercialización en fiestas navideñas y de fin de año. En el primer semestre de 2022 comenzaron a realizarse visitas cruzadas con técnicos y referentes de organizaciones de productores a familias que poseían carnet, para evaluar su utilidad y los avances en los sistemas productivos y de acondicionamiento de productos. Al realizar visitas cruzadas, se buscaba que productores de un determinado lugar visitaran otra zona, no a sus propios vecinos, para asegurar una cierta independencia en el momento de realizar las evaluaciones.

Se alcanzó al 15 % de las familias autorizadas y se finalizaron las capacitaciones para acceder a los carnets definitivos para quienes las iniciaron en 2021. En este año solo 18 % de quienes se presentaron lograron su carnet, lo que obliga a analizar cuál es el motivo del descenso respecto a años anteriores.

Asimismo, se confeccionó una base de datos con un sistema de capacitación continua —Buenas Prácticas Agropecuarias, Buenas Prácticas Agroecológicas (Imagen 1), Buenas Prácticas Legales y Buenas Prácticas de Manufactura— que permite a los productores mantenerse informados en diferentes aspectos relacionados con la inocuidad de los alimentos que presentan.

Con el acompañamiento que se fue realizando, los agricultores familiares se incluyeron gradualmente en las formalidades necesarias para comercializar sus productos (inscripción al RENAF, RENSPA, boletos de marca y señal, libreta sanitaria, inclusión en el monotributo social agropecuario, etc.).

Así, por ejemplo, a efectos de controlar una de las zoonosis más importantes de la zona —brucelosis—, se dio continuación a trabajos que ya se venían realizando desde años anteriores a la conformación de la Mesa, tarea que se prosiguió en el año 2022, priorizando el ganado lechero e incorporando en los análisis a rodeos caprinos. Con la articulación interinstitucional lograda, los productores de la agricultura familiar tienen disponible de manera gratuita los análisis del agua utilizada para consumo y producción[7], así como los análisis de brucelosis en vacas de tambo y chivos, a lo que sumaron análisis de calidad de leche para quienes comercializan productos lácteos en la localidad.

Del trabajo realizado con las fuerzas de seguridad, particularmente con la Policía Caminera, se ha logrado que los distintos vehículos utilizados para el transporte de los productos a ser comercializados —especialmente ciclomotores— cumplan con las reglas exigidas en cuanto a espejos retrovisores, personas transportadas, luces reglamentarias. Estos cambios han sido un impacto adicional y no previsto originalmente, pero que contribuye a la seguridad vial.

En la reunión ampliada realizada el 11 de julio de 2022, se efectuó una evaluación de lo trabajado en los dos años de funcionamiento de la Mesa de Certificación. Como resultado se propuso identificar con una marca o sello los productos que certifica y unificar entre todos los organismos técnicos el listado de productores que realizaron las capacitaciones ofrecidas. Esto pone de manifiesto una deuda pendiente referida a la necesidad de acordar los protocolos locales de cada rubro productivo que respalden la sanidad y calidad alimentaria. También se buscará dinamizar la organización de los consumidores, para que esta voz sea escuchada en el ámbito de decisión de la Mesa de Certificación, haciéndola más participativa. Una de las dificultades identificadas fue que, en la vida de las instituciones, las personas que se encuentran al frente de ellas van cambiando, lo que obliga a renegociar permanentemente los acuerdos logrados.

Conclusiones

Transcurrido casi un cuarto de siglo de la apertura de la primera feria en el Departamento Libertador General San Martín, actualmente existen seis ferias que trabajan —con diferentes modalidades— sobre la base de una relación directa productor-consumidor. A esto debe adicionarse a productores que venden en la modalidad puerta a puerta, a los comercios locales o que esporádicamente venden los excedentes de su producción dentro del ejido municipal. Merced a estos espacios de venta directa, aproximadamente 200 familias se fueron reconvirtiendo en productores-feriantes o abastecedores locales, transitando un camino de reconversión productiva: desde monocultores de cultivos industriales (algodón o tabaco) a productores diversificados de alimentos destinados al mercado local. Asimismo, estas familias abastecen de forma directa a un millar de consumidores locales, quienes buscan productos frescos, producidos en cercanía. Según señalan productores que han transitado este proceso, la reconversión les ha permitido continuar viviendo en el campo, que su descendencia también pueda hacerlo y pueda estudiar, incluso en niveles superiores. Incluso varias personas feriantes han logrado acceder a la educación, lo cual les permite producir mejor, presentar mejor sus productos, acompañar de mejor manera a sus hijos.

También se destaca el alto grado de compromiso de las instituciones de apoyo y de las organizaciones de productores y la importancia de contar con espacios interinstitucionales de acuerdos. Particularmente se resalta que en la Mesa de Certificación se cuente con la presencia de representantes de las fuerzas de seguridad, como así también incluir en las capacitaciones las buenas prácticas legales. La articulación entre instituciones permitió difundir y visibilizar la participación de la agricultura familiar en el abastecimiento local. Su rapidez en la respuesta al iniciarse la restricción debido a la pandemia es una muestra del reconocimiento de los consumidores a la calidad de sus productos y de su posicionamiento en el mercado local.

La sanción de una ordenanza para crear la Mesa de Certificación de Productos de la Agricultura Familiar, que trabaja participativamente, muestra el grado de conciencia que la mayoría de las familias tienen respecto de mejorar su modo de producir, de presentar los productos y de comercializar. Saben que están acercando alimentos a otras familias, por lo tanto, que estos deben ser de la mejor calidad.

Si bien se ha recorrido un largo camino, quedan aún muchas cuestiones por resolver para llegar al autoabastecimiento local de productos alimentarios. Desde los equipos técnicos, es necesario evaluar cuál es el aporte que las familias productoras realizan al mercado local de alimentos. Se cuenta con una mayor cantidad de feriantes o abastecedores locales, número de espacios y canales de comercialización, ferias y consumidores, pero no se tiene información cuantitativa sobre la contribución al abastecimiento local.

Por otro lado, aunque está presente en las capacitaciones la visión de la producción agroecológica, este es aún un camino a seguir transitando de forma articulada entre productores, técnicos y consumidores para promover el consumo de productos saludables y locales.

En cuanto a lo institucional, se busca ir estableciendo consensos, esto no implica la desaparición de las distintas lógicas institucionales ni la eliminación de intereses divergentes, sino de encontrar puntos de acuerdo para alcanzar objetivos precisos.

En síntesis, hay resultados positivos para continuar afianzando y aspectos a mejorar, pero el balance positivo muestra los resultados de contar en el territorio con el trabajo articulado entre actores políticos, los técnicos y las organizaciones de productores. El autoabastecimiento alimentario de la población no solo es una salida económica para las familias productoras sino un servicio necesario para la comunidad y un aporte a la soberanía alimentaria.

Referencias

Carta Orgánica Municipal de General José de San Martín. 2012. Convención Constituyente Municipal.

Dirección de Vialidad Provincial – Provincia del Chaco (2014). “Mapa Departamento Libertador General San Martín – Provincia del Chaco”. SigVial Chaco. https://bit.ly/3naK960.

Ferrario, H. O. (2007). Plan Estratégico Región Norte Chaco Argentina. Mimeo, Universidad Nacional de San Martin, Maestría en Desarrollo Local, Buenos Aires.

INDEC (2021). Censo Nacional Agropecuario 2018. Resultados definitivos. https://consultascna2018.indec.gob.ar/.

Martínez, G. R. y Pereira, D. (5 de agosto de 2020). “La feria franca Mi Chacra celebra 21 años de existencia”. IndyMedia Argentina. https://bit.ly/3naKl5e.

Martínez, G. R., Passamano, L. A. y Piemontese, E. B. (noviembre de 2020). “Los fondos rotatorios como herramienta organizativa”. Administración Economía & Negocios, 3 (4), 57-72.

Martínez, G. R., Passamano, L. A., Ferrario, H. O., Piemontese, E. B. y Vargas, S. T. (julio de 2020). “Espacios interinstitucionales de articulación para el desarrollo territorial”. Apuntes Agroeconómicos. https://bit.ly/3yZ0tcU.

Martínez, G. R., Piemontese, E. B., Passamano, L. A. y Monfardini, J. L. (2020). Frente a la pandemia, productores familiares abastecen la ciudad. Youtube. https://youtu.be/PFzceU8penE.

Ordenanza Municipal N° 5191. 2018. Concejo Municipal de General José de San Martín – Provincia del Chaco.


  1. Agencia de Extensión Rural San Martín, Estación Experimental Agropecuaria El Colorado, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. martinez.gerardo@inta.gob.ar.
  2. Agencia de Extensión Rural San Martín, Estación Experimental Agropecuaria El Dorado, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
  3. Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena.
  4. En el año 2007 se constituyó la Mesa Zonal de Organizaciones de la Agricultura Familiar, espacio integrado por doce organizaciones de los Municipios de Laguna Limpia, Ciervo Petiso, Pampa Almirón y General José de San Martín. Agrupaban a casi 200 familias que participaban a través de sus delegados o representantes (Piemontese, 2019). En 2018 constituyeron la Cooperativa de Productores de la Agricultura Familiar COOPRAF Ltda.
  5. Se incorporó con posterioridad a la formación de la Mesa, ya que al momento de su constitución no tenía sede en la localidad.
  6. Enfermedad infecciosa que puede ser contagiada de animales a humanos.
  7. Acerca del aseguramiento de la calidad del agua, se puede mencionar como antecedentes análisis realizados en 2013 para 8 familias por parte de la Secretaría de Agricultura Familiar y la Dirección de Bromatología de la Provincia del Chaco, así como en 2015, la realización de análisis para 18 familias desde la SAF y la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste.


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