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15 Diálogos en el territorio

Una experiencia de extensión a través del WhatsApp con familias productoras del noroeste argentino

María Fernandez Valdes[1] y Daniela Iriarte[2]

Introducción

Este trabajo aborda la formación de un espacio comunitario mediado por la virtualidad en el contexto de pandemia por covid-19, del cual participaron productores y productoras del noroeste argentino, extensionistas y comunicadoras del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Recordemos que durante 2020 se establecieron limitaciones a la circulación por el territorio y reuniones presenciales ante la declaración de emergencia pública en materia sanitaria. Esta situación implicó diagramar nuevas formas de comunicación atendiendo a las situaciones y realidades de los distintos actores con los que el INTA trabaja. En el caso que aquí se analiza, las limitaciones de conectividad de las familias productoras de Catamarca, La Rioja, Salta, Jujuy y Tucumán condicionaban aún más las modalidades de relacionamiento. Así, la pandemia ocasionó un doble aislamiento (Iriarte, 2022), es decir, sin conectividad no hay acceso a la red de internet, dado que hay una relación de interdependencia de una con respecto a la otra. A su vez, esta situación visibilizó la manera en que la tecnología permitía el acercamiento, y en ese contexto en particular, más allá de las distancias físicas que lo limitaban, estar en contacto presencial. Estar lejos restringe la interacción cara a cara, el sentir y el tocar, provocando añoranza de los seres queridos, pero la experiencia mediada por la tecnología permite calmar la ausencia física a través de las aplicaciones y redes sociales. Si bien el contacto físico es irreemplazable, las videollamadas, las fotos y los audios de voz devinieron en sucedáneos del contacto presencial y dieron lugar a una experiencia mediada (Iriarte, 2022).

Dado que el WhatsApp era de frecuente uso por las familias productoras de estas provincias, se lo eligió como medio para continuar el trabajo de capacitación y comunicación, conformándose un grupo cerrado —denominado “Conversemos en Red”— del cual formaron parte 60 productores y productoras familiares hortícolas. Este espacio se mantuvo activo durante el desarrollo de las capacitaciones, y se constituyó en lugar de encuentro de los y las participantes durante el tiempo que transcurrió la experiencia.

El objetivo de este trabajo es describir el aspecto comunicacional de la experiencia, basándose en la sistematización de las notas de campo de observaciones participantes, las actas de las conversaciones y los balances realizados por el equipo promotor, como una forma de organizar el conocimiento generado en la situación y orientarlo hacia la acción (Berdegué, Ocampo y Escobar, 2007). El capítulo mostrará cómo la experiencia mediada por la tecnología se valió de recursos que se constituyeron en refuerzos para acompañar la interacción entre los y las participantes.

La región del noroeste argentino

El noroeste argentino (NOA) es una región histórico-geográfica de la Argentina integrada por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. Ocupa algo más de una quinta parte de Argentina y representa un poco más del 20 % del territorio nacional. La región está fundamentada en consideraciones de índole histórica y geográfica, y se relaciona con la llamada Región del Noroeste Argentino desde 1999, una subdivisión de la Región del Norte Grande Argentino y, por lo tanto, la circunscripción política del NOA.

Desde el punto de vista natural se trata de una región muy heterogénea. En ella se encuentran diversidad de climas —desde el subtropical serrano con lluvias abundantes en el este, hasta el árido de altura en el oeste—, debido a dos factores importantes: la disposición y altura de los cordones montañosos y de la Puna, y la dirección de los vientos húmedos que originan las precipitaciones. A partir de la interrelación entre los diferentes relieves y la variedad de climas se pueden apreciar las siguientes subregiones: Puna, Cordillera Oriental, Sierras Subandinas y Llanura Chaqueña. Las condiciones ambientales presentes en cada una de ellas determinan a su vez la realización de distintas actividades productivas.

El NOA es una de las áreas con mayor proporción de pobladores campesinos, ubicados principalmente en la Puna y sus bordes, la Quebrada de Humahuaca y los Valles Calchaquíes (Bilbao, Chavez, Quiroga Mendiola y Ramisch, 2010). Su población rural conserva una economía de subsistencia, donde alternan el trabajo en sus parcelas —cultivadas con hortalizas, flores, vegetales frescos o papas y quinoa— con la ganadería nómada y el trabajo asalariado en la zafra azucarera. Gran parte de estos pueblos, en especial los de la Puna, quedaron prácticamente deshabitados por la emigración de sus pobladores. Emprendimientos turísticos, la explotación petrolera y la actividad minera conviven en este contexto, así se entremezclan lo tradicional y lo moderno, de modo que la región presenta profundos contrastes y desequilibrios sociales, económicos y territoriales. La población, mayoritariamente rural, vive dispersa o se concentra en pequeños pueblos, eslabonados por caminos que siguen fielmente los ejes de circulación naturales, las quebradas y los valles. Además, se caracteriza por producir en escasa superficie y con mano de obra familiar, aislada (alejada de los centros urbanos y sin conectividad) y con bajo volúmenes de producción de hortalizas (papa, zapallo, zanahoria, lechuga) destinada al autoconsumo y su excedente a la comercialización.

En cada zona se desarrollan actividades productivas con particulares destinos: autoconsumo, mercado local, regional, extrarregional e internacional. En la Puna la actividad productiva predominante es la ganadería extensiva de tipo pastoril, consistente en la cría de ovinos, caprinos y llamas principalmente, y de mulas, burros y vacunos en menor importancia. La agricultura es una actividad de subsistencia relegada a pequeños oasis, zonas protegidas con disponibilidad de agua. En los valles, que abarcan las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy, es muy importante la producción de caña de azúcar, tabaco, hortalizas aromáticas, oleaginosas, forrajeras, frutales. En los Valles Calchaquíes (Tucumán, Salta y Catamarca) predomina la producción de viñedos. Además, la citricultura es de importancia, destacándose la producción de limón en Tucumán (Bevilacqua, 2018). Los pequeños productores combinan cítricos con la producción de hortalizas y en general los venden en el mercado interno. Los medianos y grandes productores tienen mayor acceso a tecnología y en la diversificación productiva incorporan legumbres y frutas exóticas (paltas, mangos, guayabas, etc.) destinadas a la exportación. Asimismo, se destacan poroto y soja. En el Valle de Lerma (Salta) se cultivan hortalizas, tabaco, aromáticas, entre otras. La horticultura en la zona de los valles está orientada a la obtención de primicias, especialmente de tomates, legumbres y pimientos. En las zonas de los valles además se producen cultivos aromáticos tales como menta, cúrcuma y citronela. En las provincias de Catamarca y La Rioja es muy importante la producción de vides y olivos en los valles centrales de La Rioja (en especial Chilecito), para lo cual se utiliza riego. También ganadería (caprino, bovino, etc.) y la producción de frutos secos (nogales, almendros).

En las Sierras Subandinas se destaca la producción de llamas de doble propósito: carne y fibra. El 50 % de los suelos son de aptitud ganadera con diversos tipos de limitaciones y el resto son de aptitud forestal con diversas restricciones, en general bien provistas de materia orgánica en las provincias de Salta y Jujuy (Del Castillo, Zapater, Gil y Tarnowski, 2011; Fundación Proyungas-TEREA, 2014). Las actividades predominantes son la ganadería y la extracción forestal para leña, carbón y madera. En relación con esta última las principales especies que se utilizan son: curupay, cedro coya, quina del monte, lapacho rosado, nogal criollo y tipa blanca, etc. En Tucumán, en el pie de las sierras, se destacan el cultivo de cítricos y de caña de azúcar principalmente en las zonas que rodean al Gran San Miguel de Tucumán y en menor proporción se observan también cultivos de frutas y hortalizas. La Llanura Chaqueña se extiende por las provincias de Salta, Santiago del Estero, Tucumán, una parte de Catamarca y La Rioja. La actividad predominante es la ganadería bovina de cría y recría y la extracción forestal para postes, leña y carbón, y taninos (Del Castillo, Zapater, Gil y Tarnowski, 2011). En esta zona las especies que se destinan al aserrado son principalmente algarrobo y quebracho.

Según el CNA 2018, en Catamarca se registran 166.847,3 ha con explotaciones agropecuarias (EAP), de las cuales 5.185,3 se destinan a hortalizas; mientras que en Jujuy existen 1.543.945,7 ha EAP de las cuales 2.911 se utilizan para hortalizas. En La Rioja el total de superficie para EAP es de 3.011.399 ha, mientras que la superficie para hortalizas es de 973,00 ha. Las hectáreas destinadas para EAP en Salta representan 1.139.048,70 y 30.273,30 son para hortalizas. Para Tucumán la superficie de EAP es de 1.154.302,7 ha, siendo 6.467,2 ha cultivadas para hortalizas (Azcuy Ameghino y Fernández, 2021).

Cabe destacar que la región cuenta con muchos caminos y vías de comunicación sin pavimentar, de ripio y consolidados, o caminos de tierra que, pese a las dificultades del relieve, conectan comunidades en los valles, quebradas, puna y zonas pedemontanas.

Con respecto a los inconvenientes en la ruralidad por falta de conectividad se tomó, para su comprensión y contexto, información de una encuesta realizada por un proyecto del INTA a referentes locales de todo el país que puso de manifiesto el impacto de la pandemia en la vida cotidiana rural (Alcoba, González, Chavez, Salatino, Quiroga Mendiola y González Ferrin, 2021). El estudio en términos generales evidenció la profundización de problemáticas estructurales e históricas, asociadas con accesos dificultosos y deficiente infraestructura comunicacional y de base. Se resaltaron los problemas derivados de la marginalidad de algunos territorios y sectores productivos, así como los obstáculos para acceder al sistema de salud, financiero y educativo, la falta de trabajos y empleos formales, la migración de jóvenes, entre otros. Además, reveló las dificultades que genera el acceso limitado a las nuevas tecnologías (TIC) en contexto de aislamiento y la necesidad de fortalecer el trabajo con los municipios y otras instituciones de proximidad durante la emergencia. Si bien predominaba una evaluación positiva de las medidas implementadas frente a la emergencia por parte de las autoridades, esa valoración decaía en relación con la institucionalidad gubernamental más próxima, lo que se atribuyó a falta de medios y/o desconocimiento sobre propuestas, iniciativas y estrategias en la emergencia sanitaria. El estudio también puso sobre el tapete que la falta de entramados socioproductivos sustentables no favorece el desarrollo de los territorios y el arraigo de jóvenes rurales.

El inicio de la experiencia

Ante los desafíos para el relacionamiento que el contexto de pandemia imponía, en junio de 2020, se realizó un encuentro entre coordinadores, coordinadoras y comunicadoras de proyectos del INTA a fin de analizar y proponer estrategias de comunicación para las Plataformas de Innovación Territorial (PIT) del INTA con injerencia en el noroeste argentino[3] (Mapa 1).

Mapa 1: Cobertura de Plataformas PIT.

Fuente: Documento Plataforma de Innovación Territorial Regional Zona Central Catamarca-La Rioja).

A partir de la reflexión sobre las realidades y problemáticas de la zona se plantearon acciones comunes para abordar la comunicación desde y para los territorios. Se destacó la pertinencia de llevar a cabo seminarios y capacitaciones a partir de plataformas virtuales, cuyo uso fue ampliamente difundido en la pandemia (Zoom, Meet, Skype). Asimismo, se identificaron otras posibles acciones para abordar la comunicación con quienes tenían dificultad en el acceso a internet y el uso de estas plataformas, lo cual conducía a una acentuación de la brecha digital (Iriarte et al., 2021).

En ese sentido, se acordó utilizar la red social de WhatsApp para realizar capacitaciones con las familias productoras dado que era el medio de comunicación más utilizado y acorde con la conectividad existente en las zonas rurales[4]. Por sus características, no exigía una conexión sincrónica del productor, era accesible en función de su cobertura y disponía de la posibilidad de intercambiar información en múltiples formatos (texto, imagen, audios, videos, etc.) de una manera horizontal. La horizontalidad se refiere a que se valoró la posibilidad de retomar diálogos con y entre productores —que antes transcurrían en talleres, encuentros, jornadas, ferias—, a partir del planteo de temáticas de interés común donde se ponderaban los saberes locales (como por ejemplo, respecto de la autoproducción y conservación de semillas).

El grupo de WhatsApp “Conversemos en Red” se conformó luego del encuentro entre comunicadoras y coordinadores de PIT, y alcanzó la participación de 60 productores y productoras hortícolas de distintas localidades de las provincias de Catamarca (La Puerta, Paclin, Balcozna, Santa María, Santa Rosa), La Rioja (Catuna, Chamical, Colonia los tres Pozos, Sanagasta, Nonogasta), Jujuy (comunidad aborigen Ojo de Agua, Abra Pampa), Tucumán y Salta (Santa Victoria, Cafayate).

Las invitaciones a participar de esta experiencia fueron realizadas conjuntamente por los coordinadores de los PIT y los jefes de Agencias de Extensión Rural (AER) de la región NOA, quienes identificaron a los productores que podrían estar interesados en las temáticas productivas y técnicas propuestas.

En el caso de esta experiencia, el WhatsApp se constituyó en un ámbito de interacción entre productores y productoras que tenían las mismas problemáticas y necesidades y se sentían contenidos entre pares. Así se apropiaron del espacio virtual para compartir imágenes, videos y audios de su saber-hacer.

“Conversemos en Red” en funcionamiento

El equipo de comunicadoras generó una identidad visual específica para este espacio, considerando las características y pertenencia de los territorios, respetando la identidad institucional en cuanto a logos y anclajes. Se eligieron los colores verdes, naranjas y marrones para hacer alusión a los tonos de los paisajes norteños y además el violeta como símbolo de transformación (Figura 1).

Figura 1: Placa para la presentación del espacio

Fuente: elaboración propia.

Asimismo, se editaron distintos dispositivos comunicacionales como disparadores del diálogo y la reflexión: videos cortos de los productores contando sus experiencias, placas informativas sobre los distintos momentos de la charla además de otras específicas con recomendaciones técnicas y audios. De igual manera, se definieron moderadores encargados de guiar las conversaciones y canalizar las dudas que pudieran surgir.

“Conversemos en Red” contó con tres instancias de encuentro durante 2020. Si bien fueron planificadas para un determinado día y horario, la comunicación fue asincrónica ya que ella se estableció entre los y las participantes de manera diferida en el tiempo y en función de sus posibilidades de conectividad.

En el encuentro inicial, realizado el 9 de septiembre de 2020, se explicó el objetivo de la convocatoria y la dinámica propuesta, que incluía una presentación técnica, el intercambio entre productores, y luego del cierre de cada conversatorio, el envío de la síntesis del encuentro. A continuación, se realizó la presentación de los participantes a través de mensajes escritos o grabados, donde algunos compartieron fotos y videos de sus cultivos. También se acordaron una serie de pautas para la participación y convivencia dentro del grupo (Figura 2).

Figura 2: Placa para nombrar pautas de convivencia

Fuente: elaboración propia.

La primera conversación se realizó el 10 y 11 de septiembre de 2020 y abordó la selección y conservación de semillas de papa andina, quínoa, maíz, cultivos de la huerta, entre otros. El intercambio entre productores y productoras acontecía luego de la presentación de videos cortos (máximo tres minutos) en los cuales relataban experiencias propias. Por ejemplo, una integrante de la comunidad aborigen Ojo de Agua (Jujuy) compartió sobre producción y autoconservación de semillas de papa andina; un productor de Paclin (Catamarca) habló sobre producción y autoconservación de semillas de zapallo y una productora de la Cooperativa Mujeres Campesinas Organizadas de Chañar (La Rioja) comentó sobre producción y autoconservación de semillas de lechuga. También cabe mencionar que, en algunos casos, eran hijos, hijas, nietos, nietas, sobrinos o sobrinas quienes interactuaban a través de la red social, colaborando con los integrantes mayores de sus familias.

Asimismo, las consultas técnicas fueron respondidas por referentes del INTA. En el cierre de este conversatorio se compartieron en el grupo algunas placas recuperando lo dicho (Figura 3), en especial los saberes de los participantes, y algunas recomendaciones técnicas.

Figura 3: Respuestas de los técnicos sobre consultas

Fuente: elaboración propia.

La segunda conversación, efectuada el 15 de octubre de 2020, abordó la temática de manejo integrado del almácigo: procesos de preparación, uso de sustratos, compostaje y manejo integrado de plagas. Se utilizaron como disparadores del diálogo audios, placas y videos cortos elaborados por técnicos del INTA sobre siembra directa de almácigo, preparación de recipientes para la siembra, cómo elaborar una abonera y control de plagas.

Durante la tercera conversación, llevada a cabo en diciembre de 2020, se trabajaron distintos aspectos de la plantación de hortalizas, como la elección del sitio de producción, las buenas prácticas, las labores culturales del cuidado de suelo, la planificación de rotaciones y asociaciones, el riego y el compostaje.

Cabe señalar que en el transcurso de la experiencia se fueron haciendo algunos ajustes, como el horario de las charlas técnicas, las cuales se programaron luego de las 18 h dado que garantizaba una mayor participación sincrónica. No obstante, en algunos casos, también se notó la preferencia, disponibilidad de tiempo y posibilidades de conectividad de las familias productoras, quienes realizaban la lectura de las charlas por la noche, dejando luego sus comentarios.

Por otra parte, el grupo de WhatsApp devino en un espacio de diálogo e intercambio fluido entre pares —más allá de las instancias puntuales de capacitación—, quienes se consultaban frecuentemente sobre determinadas acciones para mejorar sus producciones y compartir experiencias. Es decir que funcionaban de manera autónoma. En la actualidad el grupo sigue abierto pero la participación es esporádica y durante 2022 no se realizaron más propuestas de capacitación.

Consideraciones finales

La pandemia trajo consigo muchas dificultades y desafíos que agudizaron las problemáticas existentes en el territorio, como el aislamiento y la falta de acceso a información. Las disposiciones que limitaban la circulación y la reunión de las personas aislaron aún más a los pobladores rurales. El acceso a internet se volvió más necesario, y así quedaron en evidencia las deficiencias de conectividad en estas comunidades. En consecuencia, el acceso a las propuestas institucionales era restringido, por lo que resultaron excluidos de las formas de capacitación y actualización propuestas por las instituciones en pandemia.

Si bien se pretendía restablecer la llegada institucional a los pobladores de los diferentes territorios con diversas acciones institucionales (jornadas y seminarios virtuales, etc.), estas no podían paliar las dificultades de comunicación dentro y entre las comunidades acrecentadas por la pandemia. Con este estado de situación, se originó la búsqueda de otras opciones.

En esta experiencia, la comunicación se planteó como una estrategia transformadora para el desarrollo del sector, generando capacidades fortalecidas para interactuar y vincularse mediante redes sociales.

La participación en el espacio de WhatsApp se caracterizó por el empleo de diferentes lenguajes comunicacionales anclados a una identidad territorial que pretendieron contener y acompañar a productores y productoras durante la pandemia. Además, implicó una resignificación de la herramienta en cuanto al uso cotidiano, que se transformó en un espacio de encuentro colectivo para los participantes y en uno de trabajo para el grupo del INTA. Allí convergieron el saber-hacer de los productores, productoras, técnicos y técnicas, que interactuaron fluidamente y de manera horizontal sobre las temáticas dialogadas en cada encuentro. Esto se atribuye al involucramiento que tuvieron las personas que trabajan con el INTA —reconocidos como referentes entre sus pares— desde el inicio del proceso, para compartir sus experiencias y modos de trabajo.

Los aprendizajes que se desprenden de la experiencia como grupo de proyectos del INTA son, por un lado, la materialización del trabajo en equipo, puesto que no solo se trató de una cuestión nominal, una intención, sino que las acciones realizadas reflejaron el compromiso de cada uno de los participantes. Por otro lado, la necesidad de recuperar la interacción con los productores fue sin duda una necesidad compartida y se demostró la potencialidad del WhatsApp como herramienta para acompañar las estrategias de extensión de abordaje en el territorio y para conocer las distintas realidades productivas.

Por último, la experiencia permitió buscar otros medios para continuar cultivando vínculos entre productores, productoras, técnicos y técnicas en cinco provincias. Abrió un abanico enorme de posibilidades, permitió compartir una gran riqueza de saberes y brindó herramientas que promovieron la apropiación de prácticas innovadoras en la producción que pueden contribuir al arraigo rural de las familias productoras.

Referencias

Alcoba, L., Gonzalez, L., Chavez, F., Salatino, N., Quiroga Mendiola, B. y Gonzalez Ferrin, S. (2021). Aislamiento social y pandemia en la ruralidad argentina: una aproximación a la situación de familias y jóvenes. Ediciones INTA.

Azcuy Ameghino, E. y Fernández, D. (2021). “Capítulo 1. El Censo Nacional Agropecuario 2018”. En S. Soverna (comp.), La Argentina agropecuaria vista desde las provincias: Un análisis de los resultados preliminares del CNA 2018 (pp. 11-21). IADE.

Berdegué, J., Ocampo, A. y Escobar, E. (2007). Sistematización de experiencias locales de desarrollo rural. Guía Metodológica. Fidamerica y Prival.

Bevilacqua, M. (2018). Informes de cadenas de valor: limón. Ministerio de Hacienda de la Presidencia de la Nación. https://bit.ly/3yZfbk8.

Bilbao, L., Chavez, F., Quiroga Mendiola, M. y Ramisch, G. (2010). ATLAS población y agricultura familiar en el NOA. Ediciones INTA.

Del Castillo, E., Zapater, M., Gil, M. y Tarnowski, C. (2011). Selva de yungas del noroeste argentino (Jujuy, Salta, Tucumán), recuperación ambiental y productiva. Lineamientos silvícolas y económicos para un desarrollo forestal sustentable. INTA. http://hdl.handle.net/20.500.12123/9325.

Fundación Proyungas-TEREA (2014). Evaluación ambiental estratégica y programa de monitoreo de la biodiversidad en la región NOA. 2º informe de avance. https://bit.ly/3TzDq1s.

INTA (2019). Documento de la Plataforma de Innovación Territorial Regional Zona Central Catamarca-La Rioja. Centro Regional Catamarca-La Rioja.

Iriarte, D. (2022) La cercanía mediada en tiempos de pandemia. En Imaginatorio tecno-cultural. Cartografías sobre medios, comunicación y sensibilidad. Catamarca, Argentina: Universidad Nacional de Catamarca.

Iriarte, D. Fernandez Valdes, M., Aybar, S., Chavez, M., Joaquin, F., Kalman, D., Maidana, R. y otros (2021). La comunicación en los territorios en tiempos de pandemia. Una experiencia de articulación entre Plataformas de Innovación Territorial. Ediciones INTA.

Scarpitta Altez, N. (2020). El WhatsApp como herramienta de extensión. Experiencia implementada por el extensionista del Instituto Plan Agropecuario Este del Uruguay. https://www.youtube.com/watch?v=wy79BAhz64E.


  1. Agencia de Extensión Rural La Rioja, Estación Experimental Agropecuaria La Rioja, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. fernandezvaldez.m@inta.gob.ar.
  2. Estación Experimental Agropecuaria Catamarca, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
  3. Las Plataformas de Innovación Territorial del INTA de los centros regionales del noroeste argentino que participaron fueron: “Zona Central Catamarca-La Rioja”, “Valles y Bolsones Intermontanos de Catamarca y La Rioja”, “Innovación Territorial Interregional Chaco Árido”, “Innovación Territorial Interregional de Puna y Prepuna” y “Contribución a los Procesos de Innovación para el Desarrollo Sustentable de los Valles Calchaquíes” (INTA, 2019).
  4. También se tomó como antecedente una experiencia en Uruguay (Scarpitta Altez, 2020).


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