Otras publicaciones:

9789871867691_frontcover

DT_Tirole_Navajas_13x20_OK1

Otras publicaciones:

bertorello_tapa

frontcover1

Feminidades, subjetividades y performatividad católica
en Buenos Aires

Una ventana a la cotidianeidad integral a través del boletín Anhelos (1946-1956)

Sara Martín Gutiérrez[1]

Santos hay que serán bellos pilares,

sostén de cúpulas, sostén de altares…

¿Seré yo nota en órgano o campana?

¿Voz en Oficios que el ritual desgrana? […]

¡Sea yo cirio, vitral, piedra, argamasa…

cualquier cosa Señor, siendo en tu casa.

 

Delfina Bunge de Gálvez

Introducción

Aunque suene un poco pretencioso le confieso que hago con gusto los trabajos de la casa. Me encanta cocinar, no me molesta la limpieza ni el planchado… pero, aun así, creo que si siempre hiciera solo eso ya no sería lo mismo […] Quiero decir otra cosa. Y es que tengo verdadera necesidad de salir de estas cuatro paredes y de los problemas de mi casa. Pero salir con el pensamiento, con la preocupación y aún con la acción por más limitada que sea, para proyectarme sobre la realidad… Me despierta esta inquietud la Acción Católica[2] .

Estas líneas aparecieron publicadas en los meses de la primavera de 1956 en el boletín Anhelos. Su autora, de nombre Isabel, era una joven socia de la Acción Católica Argentina, ama de casa, casada y madre de dos niños y una niña de corta edad. Ella respondía de esta forma a la pregunta ¿Te gustan las tareas domésticas? formulada por las editoras de la publicación de Acción Católica Argentina en el último número del año 1956.

Poco tiempo después de los sucesos de 1955 que terminaron con el gobierno peronista, los arquetipos de feminidad de la cultura católica seguían fuertemente anclados en los discursos históricos de la domesticidad. Sin embargo, a través de las letras de sus publicaciones, y particularmente a través de la experiencia cotidiana de muchas mujeres, estas representaciones fueron dando paso de manera progresiva a un modelo de ama de casa “preocupada” por las cuestiones sociales de su lugar de residencia más allá de los muros de su hogar. Un modelo que reflejaba el interés de las identidades femeninas en un compromiso social de naturaleza moral con su entorno más cercano. Muchas eligieron participar de esta movilización cotidiana desde un interés subjetivo, facilitando la propagación de los postulados del catolicismo integral en un contexto de fuertes transformaciones políticas, sociales y económicas.

Las palabras de Isabel reflejan la importancia que –aún en 1956– tenían los discursos de la domesticidad como principal elemento de construcción de las feminidades católicas, discursos que, en cualquier caso, dejaron también una libertad para la configuración de una performatividad propia articulada “desde abajo”. Aquí las mujeres hallaron un significado propio para su agencia, más allá del mundo de las representaciones de feminidad. Con todo ello en estas páginas reflexionaremos sobre cómo este arquetipo liberal europeo influenció notoriamente el mundo católico en la Argentina peronista y también cómo los procesos de modernización de las grandes urbes, así como la transformación del trabajo de las mujeres durante la primera mitad del siglo XX contribuyeron a reformular los significados de las feminidades católicas en los discursos de la revista Anhelos [3]. Asimismo, nos preguntamos cómo se manifestaron las subjetividades y la performatividad de las amas de casa en las páginas de Anhelos, y en especial cuáles fueron las novedades que presentaron los discursos de la feminidad “contramoderna” durante los años cincuenta en el entramado bonaerense. Estos discursos incidieron notablemente en la forma en la cual muchas mujeres se auto percibieron durante estos tiempos. No obstante, es importante reconocer que, si bien la Iglesia Católica actuó como lugar de influencia para muchas mujeres, es a través de la experiencia cotidiana de estas identidades donde reconocemos la naturaleza esencial de su movilización histórica consciente[4]. La teoría de la feminización durante los últimos años se ha cuestionado por trabajos que también han abordado el papel de los hombres en el ámbito religioso, y también de los procesos de secularización[5].

A través de un análisis del discurso histórico queremos aproximarnos a los relatos cotidianos del catolicismo social gracias al estudio pormenorizado de las representaciones culturales que el boletín Anhelos publicó entre 1946 y 1956. Nos mueve el interés por explorar las subjetividades presentes en las feminidades durante los años peronistas. A la vez, queremos encontrar matices en las performatividades e identidades que convivieron al interior de las sociabilidades porteñas de Acción Católica durante este tiempo que pongan en discusión o ratifiquen el impacto de dichos discursos en la agencia de las católicas de Buenos Aires. Con todo ello, esta narrativa histórica sobre los discursos de las feminidades se circunscribe al interior de la historia social con perspectiva de género[6]; y los estudios culturales tomando la conceptualización de Chartier sobre el mundo de la representación.[7] El artículo plantea una reflexión histórica sobre el ideal de la domesticidad y su pervivencia en los arquetipos de ama de casa y de trabajadora del servicio doméstico durante los años cincuenta. En la primera sección se aborda el papel que tuvo el boletín Anhelos en la resignificación de las feminidades católicas durante el peronismo, la pervivencia del ideal de domesticidad europeo en la Argentina de mitad de siglo y el mantenimiento del control social a través de la moralidad integralista. En la segunda se exploran dichas persistencias en la agencia de algunas mujeres de los enclaves urbanos, quienes contribuyeron a la movilización social católica a través de su praxis moral cotidiana. Finalmente, en la última sección se indaga en la naturaleza homogeneizadora en términos de género de los discursos católicos, que invisibilizaron la naturaleza heterogénea presente en las identidades trabajadoras del servicio doméstico y, paradójicamente, invisibilizaron en este caso la agencia de estas trabajadoras migrantes.

Letras y poder en las identidades femeninas argentinas

La prensa católica albergó históricamente una clara intencionalidad desde el punto de vista ideológico y distó mucho de alejarse de la neutralidad apartidista que pretendieron mostrar las bases de la Acción Católica Argentina desde su incipiente desarrollo allá por 1931. Sin embargo, no todas sus revistas reflejaron discusiones teóricas o intelectuales, pues algunas estuvieron más orientadas a la praxis y al ejercicio de una función social. En cualquier caso, esta prensa promovió un cambio en la cotidianeidad de su comunidad lectora en términos de moralidad desde la puesta en marcha de su aparato propagandístico, el cual se configuró a lo largo de la década de las luchas obreras del treinta[8]. En aquellas letras dirigidas a las mujeres que habitaban las grandes urbes se reprodujeron “los estereotipos femeninos católicos en los moldes de la cultura de masas” durante buena parte del periodo de entreguerras y hasta bien entrados los años del peronismo (1946-1955).[9] Estas publicaciones, entre las cuales destacaba especialmente Anhelos como altavoz del movimiento de la Asociación de Mujeres de la Acción Católica Argentina (AMAC), se consolidaron con cierta influencia entre las identidades católicas y redes parroquiales de Buenos Aires[10]. Las revistas funcionaron como una ventana o espacio de entretenimiento –con temáticas relativas a la moda, la cocina, los hábitos de consumo o el ahorro– e instrucción moral para diferentes perfiles sociales de mujeres: profesionales, trabajadoras asalariadas y amas de casa[11].

Se trataba de una estrategia ya conocida por el campo católico desde fines del siglo XIX –y también por sus intelectuales– quienes vieron tempranamente en la prensa un vehículo de comunicación de masas de gran valor para difundir sus fines apostólicos[12]. De manera intencionada pretendieron incorporar dicha retórica textual e iconográfica con el propósito de lograr una mejor difusión de su programa integral en la sociedad[13]. Bajo la retórica discursiva de la prensa se desplegó una intencionalidad de control social que comprendía códigos de moralidad, libertad de pensamiento, elección de vestimenta, además de una tutela de la performatividad corporal de las lectoras de la prensa católica. Este rasgo discursivo de fuerte organigrama moral fue compartido con el resto de las estructuras de Acción Católica de otros países que también habían tomado el modelo mater de la Azione Cattolica Italiana[14].

Desde la década de los “felices años veinte” se había divulgado en algunas revistas femeninas el arquetipo de la mujer “moderna” entre las clases medias urbanas, el cual, colisionó con el conservadurismo argentino[15]. Como reacción a esta identidad fuertemente anclada en la emancipación económica de las mujeres, las católicas retomaron en la década de los cuarenta una preocupación histórica por el mantenimiento de los códigos de moralidad, las buenas costumbres y el control de las sexualidades de las mujeres a través de la difusión del ideal de domesticidad en las páginas en blanco y negro del extenso boletín Anhelos[16]. Cierta ancestralidad conectada a algunos postulados religiosos de clase burguesa fueron los elementos presentes en los discursos del ideal de la domesticidad[17]. Este modelo sería el ideal del arquetipo decimonónico asociado a las mujeres urbanas contrapuesto a las identidades de clase trabajadora. El deber doméstico, íntimo, de las mujeres que se desplegaba entre los muros del hogar implicaba la trasmisión del linaje ancestral divino a través de su desempeño del cuidado y la educación de la descendencia, un modelo claramente enmarcado en los parámetros de la modernización homogeneizadora de enclave urbano.

Estos formatos de propaganda cultural permitieron reforzar dos representaciones de feminidad desde el aparato transcultural de la Iglesia. Así, en la prensa católica femenina de la Argentina se consolidaron dos representaciones históricas de la feminidad europea moderna para los inicios de la década peronista. Por un lado, el de las jóvenes solteras a las que se identificaba con los valores de pureza y castidad –cuya función principal era la preparación hacia el matrimonio– y, por el otro, el de aquellas casadas cuya virtud estaba ligada a la doble labor de ser buena madre y esposa. Ambas representaciones se encontraban unidas por la histórica conceptualización de la domesticidad. Este término nos remite a un conjunto de prácticas sociales, representaciones y discursos que atribuyen una construcción simbólica de lo espacial a una serie de tareas específicas que se presentan como intrínsecas de aquello denominado doméstico. Lo doméstico históricamente se vincularía al status concerniente a lo privado, aunque con estrechos vínculos de aquella separación ficticia histórica que nos hicieron creer de lo público[18]. Asimismo, la domesticidad no es un concepto atemporal sino un discurso que ha ido resignificándose de nuevos matices a lo largo de diferentes etapas históricas, fuertemente influenciada por los aspectos culturales hegemónicos de cada tiempo.

Así pues, esta concepción histórica de la domesticidad continuaría perviviendo aún, en coexistencia con otros arquetipos de feminidad durante la década de los años cincuenta en Argentina, donde podemos afirmar que el “ángel del hogar” decimonónico de fines del XIX –arquetipo del mundo liberal europeo– fue reformulado hacia el emergente arquetipo de “ama de casa”, que ganó fuerza entre algunas rupturas y continuidades durante la etapa del peronismo.

Los perfiles a los que se trató de interpelar desde el mundo católico comprendían subjetividades diferenciales en torno a la clase, raza y etnia –nos referimos con esta última categoría a la pluralidad de identidades presentes en la Argentina: criollas, afrodescendientes, originarias o europeas–. Sostenemos en este artículo que esta interseccionalidad fue omitida en las revistas católicas, donde se enfatizó en el factor común —el género— de las identidades y se deslegitimaron las diferencias de clase o étnico-raciales, desdibujándose las diferencias performativas y las subjetividades bajo un arquetipo de feminidad único que se han analizado con rigurosidad[19]. Por otro lado, más allá de estas diferencias interseccionales dentro de la cultura católica convivían un abanico diverso de experiencias cotidianas, comportamientos y actitudes sociales que las identidades católicas manifestaron durante el periodo de entreguerras, y que en muchos casos trascendían la línea ideológica de la Acción Católica Argentina[20].

A pesar de los contrastes presentes en la experiencia de estas identidades, las representaciones sustentadas, entre otras razones, en la división sexual del trabajo, parecieran ser compartidas también por diferentes culturas políticas –con la salvedad de las diferencias de clase– y no exclusivas del mundo católico o liberal de este periodo[21]. El catolicismo promovía la representación cultural de “trabajadora” como una identidad en sí misma, desprovista de una diferenciación en la estratificación social. Con el paso del tiempo y ante las grandes transformaciones de Argentina, las publicaciones femeninas fueron incorporando en sus páginas otros modelos de trabajadora asalariada que entonces estaban socialmente aceptados, como el de maestra, empleada, o el de la mujer profesional. Se trataba de empleos que requerían cierta formación de oficio, en academias profesionales del enclave urbano, y que se desarrollaban en lugares moralmente más aceptados o tolerados por parte de los agentes del catolicismo integral. Para finales de la década del treinta, el trabajo fabril seguía siendo un aspecto de discrepancia en los discursos y representaciones de la Acción Católica. Las letras católicas indicaban cuáles eran los casos en los que resultaba aconsejable el trabajo extradoméstico de las mujeres, recordando a sus lectoras en todo momento que su principal lugar se encontraba en el espacio del hogar[22].

La irrupción del peronismo fue el detonante de la reconfiguración de la estrategia cultural de la Acción Católica. Los cambios, influencias y tensiones entre el nuevo gobierno y la institución católica se reflejarían en las secciones de las publicaciones periódicas de los movimientos de la Acción Católica, a propósito, por ejemplo, de la argumentación sobre la Ley del Divorcio o del reconocimiento de los hijos ilegítimos, en cuyos debates las católicas intervinieron de forma activa[23]. Así pues, esta alteración en los discursos políticos del orden social en Argentina incidió notablemente en una mayor firmeza de las letras católicas, y también, en el incremento de una rigidez mayor en las representaciones de la feminidad católica de mediados del XX. Estas posiciones del catolicismo no fueron una novedad en el periodo peronista, ya que siguieron la estela de las posturas conservadoras sobre el divorcio mantenidas con algunos matices desde finales del siglo XIX[24] En esta línea, se creía que estas leyes suponían una amenaza para la continuidad del arquetipo enunciado tanto para las trabajadoras asalariadas como para aquellas que ejercían exclusivamente el papel de amas de casa.

Persistencias “desde abajo” en el catolicismo integral

Durante los años del peronismo, la Acción Católica continuó manifestando algunas continuidades en la esencia del catolicismo integral, un aspecto que había caracterizado a la asociación desde sus inicios. En esta línea, la experiencia nos permite aproximarnos a las prácticas y vivencias de los sujetos históricos a través de distintas metodologías de análisis[25]. E. P. Thompson definió la correlación existente entre la conciencia de clase y las experiencias «vividas» por las clases trabajadoras, las formas de vida, la cultura y otras nociones como la emocionalidad o la subjetividad de los sujetos[26].

Desde esta perspectiva del marxismo inglés, en Anhelos sus editoras relataban una narrativa de vida orientada a definir la agencia de las mujeres como buenas católicas. A fines del verano de 1954, una joven cercana a la Acción Católica se quejaba a sus superioras porque no se sentía preparada para hacer una encuesta ni seguir los métodos formativos de la pastoral católica[27]. Tal actitud de la trabajadora tuvo lugar tras la petición de una responsable de la AMAC, quien había solicitado a algunas de las mujeres que frecuentaban las reuniones de este movimiento que preguntasen a sus conocidos/as y vecinos/as aquello que conocían sobre la Virgen María[28]. Esta sociabilidad de la Acción Católica se articulaba como un espacio no solo para el encuentro entre mujeres, sino como lugar de reflexión del sentido popular de las devociones marianas. Cuando regresó la joven a su casa, abrumada por la tarea, pensó que al no tener muchas relaciones en el barrio no podría desarrollar su cometido. Sin embargo, la voz de su conciencia le susurró a medio camino entre la culpa y la apelación de sus deberes como católica lo siguiente, según recogieron las editoras de Anhelos:

¿Qué sucedería si todas las socias razonasen como tú? ¿Qué vida puede tener tu círculo si cada una de las socias vive encerrada en sí misma? ¿Quién llevará, entonces, la realidad que se vive en los ambientes parroquiales? ¿No tienes tú, acaso ojos para ver lo que sucede a tu alrededor, oídos para escuchar lo que se dice y se piensa sobre los problemas, boca para hablar, para enseñar, para apoyar o rectificar; cerebro para pensar y juzgar y corazón para amar?[29].

Ante las sensaciones que estos discursos le generaban decidió acudir al mercado a realizar algunas compras cotidianas[30]. En su camino entabló una tímida conversación con el dueño de un quiosco de prensa. En las portadas de las revistas que presentaba el puesto llamaba la atención de la joven varios retratos de artistas de cine, estrellas deportivas, y también, para su sorpresa, una estampa de la Virgen María. La joven se acercó al vendedor y charló con él acerca de la vida de María y sus “virtudes”, tratando de advertir –tal vez adivinar– la posible identidad religiosa del trabajador. El afán moralizador de la católica surtió el efecto esperado. Según relataría después una editora en Anhelos, imaginando la percepción de la trabajadora… “acabé consiguiendo que, el buen hombre hiciera una limpieza de fotografías que estaban en actitudes poco correctas y lo dejé con la promesa de conseguirle una imagen un poco más grande y llamativa [de la Virgen] para su quiosco”[31].

A través del boletín, la Acción Católica recordaba a sus lectoras cuáles eran los compromisos de las asistentes a los círculos de la asociación a través de su lema “Piedad, Estudio y Acción”. La regularización de matrimonios, las conversiones de personas ateas, las comuniones tardías o la asistencia a enfermos en distintos sanatorios y hospitales eran algunos de los deberes que asumían las mujeres como parte de su experiencia cotidiana[32]. En esta pretensión se enmarcaba perfectamente la actuación de la joven de la Acción Católica, esta vez desde su propia agencia o voluntad. Así, esta agencia iba encaminada a acercarse, a través del entramado social de los barrios, a las cotidianeidades de los vecinos, tratando de advertir –y vigilar– el mantenimiento de los valores morales del catolicismo. Así pues, encontramos ciertos cambios en la estrategia de las católicas para los años del peronismo, aunque reconocemos una continuidad en las preocupaciones integralistas de la década anterior.

En la perpetuación de estos códigos morales cobraría especial protagonismo la sección de “Consultorio íntimo” presente en todos los números de Anhelos. En este apartado se permitía entrever de forma sutil qué aspectos de la vida cotidiana de las trabajadoras fabriles y profesionales, aunque también, de las amas de casa preocupaba más a las editoras del boletín –y también a la autoridad masculina de la revista, los asesores morales que publicaban en ella con asiduidad en la columna “Habla el Padre Asesor”–. En ellos, si bien nunca se hacía pública la identidad de las lectoras que escribían –pues firmaban con un seudónimo– resulta complicado identificar resistencias femeninas o subjetividades en alteridad que enfrentasen los discursos de feminidad difundidos por la revista. Más bien el consultorio servía para reafirmar –a través de cartas supuestamente escritas por otras mujeres– la vigilancia moral sobre las corporalidades femeninas. Asuntos como la moda, particularmente el papel social que ostentaban las conocidas modistas europeas en la ciudad de Buenos Aires eran también un tema habitual en esta sección. Aquí las católicas afirmaban que la moda no debía esclavizar a las mujeres ni “manejarlas”: Hay que saber librarse de ella”, concluían las editoras[33].

La concepción de “superficialidad” o de “frivolidad” que los discursos del catolicismo asociaban a las modas fue construida discursivamente como “peligrosa” o alteradora de la performatividad social de las mujeres. Así pues, el catolicismo encontraba su mayor muro en la construcción histórica del honor. Las católicas planteaban una dicotomía en la cual, la moda pareciera configurarse en un elemento que alteraba o alejaba a las mujeres del ideal de domesticidad: “demasiados trajes escotados y pocos delantales”[34]. En cierta forma podemos concluir que los significantes que entrañaba la moda para la cultura católica escondían, en realidad, un miedo a la ruptura del arquetipo de feminidad de “ama de casa” todavía en este tiempo.

Trabajadoras del servicio doméstico

En 1954, más de treinta años después de su primer número, la revista Anhelos continuaba siendo una de las publicaciones para mujeres más importantes de la asociación de laicos. Sin embargo, no todas ellas se sentían interpeladas por los mensajes y los arquetipos que se divulgaban (entre recetas de cocina, pequeñas novelas por entregas y algo de un catecismo todavía conservador) en sus páginas. Algunas trabajadoras empleadas en el servicio doméstico de las familias acomodadas de la ciudad de Buenos Aires leían el boletín Fe y Trabajo, que contaba con cierta circulación selecta dentro del sector de las conocidas como “martas” en honor al nombre de su patrona. Estas trabajadoras, cuya performatividad se encontraba atravesada por una herencia mestiza que borraba la Acción Católica al asumir los discursos de la blanquitud del proyecto nacional, se habían asociado desde 1942 a la Asociación de Personal Doméstico Femenino de Buenos Aires[35]. Se trataba de jóvenes, en su mayoría procedentes del interior, de origen criollo (aunque también había algunas inmigrantes europeas). Pertenecían a familias de escasos recursos que llegaban a la ciudad en busca de un mejor porvenir, especialmente tras la crisis de los años treinta. Su situación de vida pareciera justificar un mayor interés de control moral por parte de las escritoras católicas de Anhelos.

Así, los discursos de la revista alentaban, a partir de la divulgación del miedo, un mecanismo de perpetuación de la conciencia dócil de estas trabajadoras, un aspecto que marcaba continuidades con los discursos de la “pobre obrerita”. La victimización que las editoras católicas realizaban de la subjetividad de estas trabajadoras conducía a una perpetuación de la imposibilidad simbólica de emancipación e independencia de estas mujeres en términos discursivos. Más allá estos discursos construían un arquetipo de feminidad desprovisto de autonomía o de agencia propia que no se correspondía con las experiencias de vida de las trabajadoras domésticas en el contexto de las fuertes migraciones internas que tuvieron lugar durante los años del peronismo[36]

La crisis económica que ha empobrecido a muchas regiones del país ha traído como consecuencia la emigración de una cantidad de jóvenes y mujeres que llegan a Buenos Aires en busca de una colocación mejor rentada que en las ciudades y pueblos del interior […] ¡Cuántas desaparecen… se pierden!.

Curiosamente, esta agencia sí parecía atisbarse de una manera más independiente en los discursos dirigidos a las trabajadoras de la aguja, y, especialmente, para aquellas que se desempeñaban en los sectores profesionales urbanos. Este aspecto denota la preocupación de Acción Católica por incidir de una forma más profunda en el mundo del trabajo, donde la influencia peronista parecía ser cada vez mayor. Así, las editoras de Anhelos se dirigían a las jóvenes migrantes desde un excesivo paternalismo aún a comienzos de los años cincuenta. Los discursos y representaciones culturales de las trabajadoras resaltaban la supuesta “ignorancia” educativa de las trabajadoras del servicio doméstico, un aspecto que matizaban para el resto de las trabajadoras fabriles y profesionales urbanas. Para las dirigentes católicas, la “falta de instrucción” de las empleadas del servicio doméstico no era un problema de carácter social. Más bien esta circunstancia pareciera ser la causante de la ausencia de moral femenina, tantas veces puesta a prueba y en constante peligro[37].

Paradójicamente a este proceso, desde sus discursos las católicas dibujaron –y dotaron de resignificación– el papel de las identidades trabajadoras durante el gobierno peronista. Históricamente el peronismo encontró una oposición clara en las dirigencias sindicales –socialista y comunista–, por lo que necesitó reorientar su estrategia hacia la ocupación de nuevos espacios para lograr mayor hegemonía. Esta había sido la posición histórica del gremialismo católico desde fines del siglo XIX, aunque en ninguna de las etapas históricas previas había logrado ejercer la influencia que mostraban en sus aparatos de propaganda cultural. Si bien una de las maniobras realizadas por los agentes peronistas fue la fundación de “nuevos sindicatos en áreas todavía no agremiadas”, también se lanzaron a “la atracción de sindicatos preexistentes que se encontraban bajo la promoción del Círculo Católico de Obreros”, y también del Sindicato de Costureras de la Acción Católica. De esta forma comenzó una disputa eterna con la Iglesia a propósito del rol que desempeñaban en las geografías obreras de los principales núcleos industriales del país. Este hecho cobró mayor relevancia que aquella histórica disputa mantenida con las corrientes socialista y comunista[38].

En este sentido, lo que permeaba en estas tensiones era no solo la capacidad de intervenir en los espacios laborales, sino las relaciones de poder e influencia que peronismo y catolicismo mantenían en la configuración de las identidades trabajadoras. El boletín Anhelos, en secciones dedicadas a noticias sobre el mundo del trabajo condenó abiertamente la actuación del gobierno a propósito de la Ley de Asociaciones de 1945, una normativa que integró el sistema corporativista sindical en la Argentina. Este aspecto propiciaría un incremento del número de afiliaciones sindicales. A partir de entonces una parte de las delegadas católicas de la AMAC dejarían de intervenir activamente en las reuniones de las comisiones de salarios, donde habían protagonizado un indiscutible papel desde comienzos del siglo XX. En este contexto aprovecharían el poder de lo discursivo para denunciar su marginación en los espacios de toma de decisiones sobre las normativas o medidas legales de las relaciones laborales[39].

Por otro lado, para la Acción Católica resultaba complejo digerir la asimilación peronista que protagonizaron buena parte de las bases sociales populares. Peronismo y doctrina católica resultaban ser para la jerarquía eclesiástica dos aspectos irreconciliables que pudieran coexistir en la subjetividad trabajadora. En este contexto político, se abría un periodo de resignificación de un renovado concepto de ciudadanía para las mujeres, también con la carga de ciertos límites político-sociales tejidos sobre las bases de las feminidades tradicionales y su exaltación de los deberes maternos. Así la movilización política se intensificó al calor de la conquista de nuevos derechos cívicos fuertemente anclados en una concepción de la ciudadanía desde la extensión de los deberes históricamente asociados a las mujeres[40]. En esta estrategia propagandística el discurso peronista coincidiría con aquél al interior de Acción Católica sobre el rol social de las mujeres en la familia. Un arquetipo que ensalzaba una feminidad nacional blanca a partir de las atribuciones del modelo de “ama de casa” puesto al servicio de los intereses del proyecto político de la Argentina[41].

La revista Anhelos hizo alarde de un lenguaje no exento de contradicciones. Sus editoras se alejaron de la coloquialidad que había caracterizado al boletín en sus inicios y se orientaron a la formación catequista, a la difusión de noticias internacionales relacionadas con el mundo católico. Así pues, se abrió una ventana que trascendía las particularidades regionales de Buenos Aires, y se permitió la conexión de algunos puentes de transculturalidad que miraron con mayor interés el papel de las estructuras de la Acción Católica en Europa. Recetas de cocina al hilo de la nueva “poética” del mundo alimenticio conseguida con los nuevos artefactos que facilitaban la vida del ama de casa, consejos de limpieza del hogar, o la educación de los hijos e hijas, las vacaciones de verano o el tiempo libre siguieron siendo una preocupación lineal para la AMAC por encima de las fronteras de clase y de los imperativos sociales durante los últimos coletazos del peronismo[42].

No cabe duda que, esta estrategia discursiva se mantuvo para dulcificar las tensiones que se hacían cada vez más presentes entre los sectores eclesiales y los peronistas. En estos años, las católicas más activas al interior de la institución comenzaron a divulgar las campañas conocidas como la “promoción de la mujer”, un discurso que llegaba desde los documentos oficiales del papado, aunque también a través de las reuniones de las organizaciones internacionales donde participaron delegadas de la Acción Católica Argentina. Los discursos de la feminidad católica argentina se nutrirían nuevamente de parámetros configurados desde Europa para incorporar algunos matices a dichas representaciones. Así pues, la Acción Católica generó intersticios donde las mujeres comenzaron a desempeñar un papel cada vez más activo de movilización social. No obstante, a pesar de estos cambios operados en el periodo se continuó defendiendo la esencia de una identidad de género sustentada en el modelo de domesticidad ligado al ejemplo de la Virgen María y el modelo de familia de Nazaret donde la participación social de las mujeres fue vista (y justificada) como extensión de su papel “naturalizado” en la familia[43].

Peronismo y catolicismo ante el fin de un ciclo

La quema de Iglesias de 1955 y la detención de algunos dirigentes católicos, entre ellas referentes de la AMAC como Sara Makintach marcó un duro impasse al interior de la Acción Católica, un hecho que se experimentó de forma más profunda en los movimientos de trabajadores católicos. Este fue el caso de algunas identidades “peronizadas” pues vivenciaron “un enfrentamiento ya ineludible entre su identidad confesional y política”. Dicho aspecto se reflejó en las páginas de Anhelos, y en el Boletín de la ACA[44]. Los discursos acerca de los códigos de buena conducta y vestimenta pasarían a un segundo plano de interés por parte de la comunidad femenina, eclipsados por el enfrentamiento que se vivía en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Además, la disputa que mantenía la Acción Católica a propósito de la Ley de Divorcio y de la Ley de Asociaciones profesionales se acrecentó tras los episodios de 1955:

(…) si el apostolado católico en los sindicatos era difícil antes de septiembre de 1955, después se hizo una tarea casi imposible, porque en ese ámbito se responsabilizaba a la Iglesia de la caída de Perón. Entre los trabajadores, mayoritariamente peronistas, resultaba incomprensible ser peronista y cristiano[45].

Por esta razón, la AMAC trató de redoblar su apuesta por incrementar la circulación de las publicaciones femeninas mientras intensificaba el tono propagandístico de Anhelos. Para entonces este era el boletín de mayor influencia entre las mujeres, ya que aquellas publicaciones dirigidas a las trabajadoras de la aguja, y a las del servicio doméstico se habían dejado de editar ante el hostigamiento de sectores peronistas. De ahí que las noticias presentadas en Anhelos fueran tan dispares, los temas libres y los sumarios no siguieran una continuidad en sus secciones ni tampoco en sus discursos.

A través de la representación histórica del “ama de casa”, las católicas intensificaron el llamado a no abandonar su presencia en el mundo del trabajo y condenaron reiteradamente la marginación de la Iglesia en los espacios laborales. Pareciera que el contenido internacional y las miradas discursivas hacia Europa no podían disfrazar más el letargo en el que se sumía la Acción Católica:

La vida sindical tiene que preocuparnos. La reconstrucción tiene que hacerse con un sentido cristiano porque es lo exigido por la verdad, por la tradición de nuestro pueblo y porque la Doctrina Social de la Iglesia es auténtica solución a los problemas sociales. […] Nuestra ausencia en el campo de la lucha sindical es una grave omisión y nuestra actuación puede y debe llevar positivos beneficios[46].

El conflicto entre la Iglesia y el peronismo contribuyó a desmovilizar la labor de las católicas con las trabajadoras urbanas del enclave bonaerense en un contexto en el que mantener el apartidismo de la asociación se hizo prácticamente inevitable a nivel interno. La Acción Católica canalizó sus energías en la defensa de la institución e intensificó su acción discursiva en sus aparatos culturales, dejando de lado su presencia en otros frentes históricos, pero sin olvidar que su principal labor continuó articulada en la construcción discursiva de las feminidades conservadoras la Argentina[47].

Conclusiones

A lo largo de estas páginas se ha reflejado cómo el boletín Anhelos reinterpretó las representaciones históricas de las feminidades católicas. Anhelos orientó sus contenidos a la instrucción de las mujeres y a la continuidad de un discurso moralizador como herramienta de control social, aunque revestido de numerosos recursos estéticos y entretenimiento asociados a las revistas de los años cincuenta.

Si bien nos ha interesado indagar en los discursos dirigidos a la conformación de la feminidad católica de las mujeres, sostenemos que la fuerte jerarquización de la Acción Católica Argentina disfrazó la performatividad o agencia de una parte de sus subjetividades. En esta línea, no pareciera que para la Acción Católica existieran diferencias en las identidades femeninas que circularon en las distintas sociabilidades y asociaciones que debían fidelidad a esta. Si bien reconoció ciertos parámetros de ascenso social, de división sexual del trabajo que le servían para configurar el carácter histórico de su feminidad, veló las realidades interseccionales y migratorias de muchas trabajadoras también bajo el peronismo. La mirada europea que mantuvo siempre la Acción Católica Argentina desde su nacimiento como estructura hermana de la Azione Catolica Italia invisibilizó el mestizaje y apostó por los discursos de la blanquitud que configuraron desde Europa las representaciones de la feminidad católica en el modelo del “ama de casa”[48]. Unas representaciones que fueron reformuladas a partir del modelo liberal decimonónico del “ángel del hogar” europeo[49].

Hablar del ideal de domesticidad en este periodo nos hace constatar pocas rupturas con las representaciones de la década anterior. Sin embargo, las redes internacionales de la Acción Católica y su especial interés en profundizar en el panorama transnacional del catolicismo social tuvieron como resultado un incremento de la participación social de las mujeres, un hecho que se manifestó a través de sus experiencias cotidianas tal y como reflejan los testimonios del consultorio íntimo. Muchas de las vivencias femeninas, atravesadas por la mordacidad de las tareas domésticas expresaron el deseo, a veces de manera escrita como Isabel, de transformar su entorno más cercano a través del pensamiento y de la creación de la realidad más allá de los intereses ideológicos de la Acción Católica. En el artículo ¿Te gustan las tareas domésticas? Isabel resolvía de la siguiente manera: “¿Quiere que sus tareas le pesen menos? «Ingrese en la AMAC y descubrirá el secreto»”[50]. A través de estas palabras cargadas de significado comprendemos que también la moralidad católica tejió, paradójicamente, espacios para la movilización de las mujeres en alineación con los códigos de feminidad del integralismo católico.

Por otro lado, los frecuentes enfrentamientos de la Iglesia con el gobierno peronista desencadenaron una estrategia de mayor virulencia discursiva de las católicas en el mundo del trabajo. Así fue como la AMAC trató de disputar la feminidad nacional, en un intento por evitar rupturas al interior de los arquetipos ideales de trabajadora por el impacto de medidas legales como la Ley de Divorcio y la Ley de Asociaciones Profesionales. Más allá, la decadencia del catolicismo en los ambientes laborales de Buenos Aires generó una mezcolanza de identidades difíciles de cohesionar bajo las bases ideológicas de Acción Católica. Un aspecto que, unido a las medidas que marginaron a las agentes católicas de los espacios de poder político de manera progresiva, condujeron a una inevitable pérdida de influencia entre los sectores de trabajadoras urbanas. A partir de entonces Anhelos continuaría dirigiendo su feminidad a la construcción de una alteridad internacional sustentada en un ama de casa preocupada por su promoción como madre de la nación católica.


  1. CONICET/UBA-IIEGE.
  2. Anhelos, s/n nov-dic de 1956.
  3. O. Acha, “Catolicismo social y feminidad en la década de 1939, en Cuerpos, géneros e identidades. Estudios de Historia de Género en la Argentina, O. Acha y Halperín (comps.), Buenos Aires: Ediciones del signo, 2000, págs 195-228.
  4. O. Acha, “Activismo y sociabilidad en las jóvenes de la Acción Católica en la ciudad de Buenos Aires (1930-1945)”, en Cuadernos de Historia, Nº 12, 2011, págs. 11-33.
  5. R. Mínguez Blasco, “¿Dios cambió de sexo? El debate internacional sobre la feminización de la religión y algunas reflexiones para la España decimonónica”, Historia Contemporánea, Nº 51, 2015, págs. 397–426.
  6. V. Pita, “Historia social del Trabajo en perspectiva de género en Argentina: aspectos de un entramado en construcción”, en Pensar la historia del trabajo y de los trabajadores en América, siglos XVIII y XIX. Coord. Sonia Pérez Toledo Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2016, págs. 230-245.
  7. R. Chartier, El mundo como representación, Barcelona: Gedisa Editorial, 1992.
  8. M. Lida, y M. Fabris, Presentación. Dossier. “La prensa católica y sus múltiples dimensiones: fuente, empresa editorial, actor social y político”. Revista Electrónica de Fuentes y Archivos, Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti” nº 7 vol.7, 2016, págs 11-12.
  9. D. Mauro, “La ‘mujer católica’ y la sociedad de masas en la Argentina de entreguerras. Catolicismo social e industria cultural en la ciudad de Rosario (1915-1940)”, en Hispania Sacra nº 66, 2014, págs. 235-262.
  10. Dicha publicación había comenzado a publicarse a inicios de la década del treinta tras la creación de la Acción Católica Argentina (ACA) (Blanco, 2008). El boletín contaba con un formato de entre 50 y 60 páginas en formato libro, y había comenzado a venderse al precio de 1 peso.
  11. E. Bonifacini, “Representaciones de la mujer en las revistas femeninas. Vida cotidiana y consumo en la década de 1935-1943”, en XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, 2013, págs. 2.
  12. L. Bracamonte, “Feminismo y derechos de las mujeres: representaciones de género en la prensa católica de Bahía Blanca a principios del siglo XX”. La Aljaba, nº15, 2018. Disponible en. https://bit.ly/37f7XdS, S. McGee Deutsch, Las derechas: The extreme right in Argentina, Brazil, and Chile 1890-1939. Stanford: Stanford University Press, 1999.
  13. M. Lida, “Los orígenes del catolicismo de masas en la Argentina, 1900–1934”, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, Anuario de Historia de América Latina (JbLA), 2009, nº 46, págs. 345-370.
  14. P. Gaiotti de Biase, Le origini del movimento cattolico femminile. Roma: Morcelliana, 2002.
  15. P. Bontempo, “Para ti. Una revista moderna para la mujer moderna 1922-1935”. Estudios Sociales nº 41, 2011, págs. 127-156.
  16. J. Blanco, “La Acción Católica Argentina y su conformación como espacio público (1931-1941)”. Revista de Estudios Religiosos, s/n, 2006, págs.1-30.
  17. Aresti, 2000.
  18. Aguilar 2014, 12.
  19. A. M. Rodríguez, Estudios de Historia Religiosa argentina (siglos XIX y XX), Prohistoria Ediciones – EDUNLPam, Rosario, 2013.
  20. J. Zanca, “Dios y libertad. Católicas antifascistas en la Argentina de entreguerras”, Arenal, nº 22, vol. 1, 2015, págs, 67-87.
  21. U. Wikander, De criada a empleada. Poder, sexo y división del trabajo (1789-1950). Madrid: Siglo XXI, 2016.
  22. Entendemos el concepto de lugar como una construcción cultural fruto de la interacción entre los espacios físicos y las distintas identidades que las habitan.
  23. S. Bianchi, “Catolicismo y peronismo: la educación como campo de conflicto (1946-1955)”. Anuario IEHS, nº 11, 1999, págs 134; V. Giordano, K. Ramacciotti, y A. Valobra, Contigo ni pan ni cebolla. Debates y prácticas sobre el divorcio vincular en Argentina, 1932-1968. Buenos Aires: Biblós Giordano, 2015; y, J. Zanca. “La hora de los benditos: religión, eclesiología y debates estéticos en los años peronistas”. Nuevo mundo, mundos nuevo, nº 8, 2008. Disponible en https://bit.ly/3rUPjBy.
  24. N. Calvo, “‘Cuidar La Familia, Forjar La Nación’. La institución matrimonial y el modelo de familia – Argentina SXIX-XX”, en Prohistoria, nº 27, 2017, págs. 37–54.
  25. Garazi 2016, 3.
  26. Scott alertaría de que el concepto de experiencia poseía una dimensión construida y sexuada.
  27. Anhelos, nº2, marzo-abril de 1954.
  28. Así, la Virgen María había sido símbolo histórico de la feminidad católica contrapuesta a la figura de Eva. Elementos como la pureza, la piedad, la domesticidad y la sumisión serían los ejes de la feminidad católica que encarnaba esta figura.
  29. Anhelos, nº2, marzo-abril de 1954.
  30. Nos parece relevante incorporar en futuras investigaciones sobre los discursos arquetípicos de la Acción Católica los aportes de la historia de las emociones.
  31. Anhelos, nº2, marzo-abril de 1954.
  32. Anhelos, s/n, 1952.
  33. Anhelos, nº s/n, mayo, junio y julio de 1951.
  34. Anhelos, nº3, mayo-junio de 1956.
  35. L. Vázquez Lorda, “El otro ángel del hogar es mujer, trabajadora y asalariada. Las empleadas domésticas y el catolicismo en la Argentina de los años 1950”, en N. Álvarez (comp.), Familia, género y después… Itinerarios entre lo público, lo privado y lo íntimo, Rosario: Prohistoria, pp. 107-126.
  36. R. Aboy, Rosa, “Ellos y nosotros”. Fronteras sociales en los años del primer peronismo”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 2008. Disponible en: https://bit.ly/3xhEiv7.
  37. Anhelos, s/n, 1952.
  38. J. Blanco, Mundo sindical, esfera política y catolicismo en Córdoba, 1940-1955. La Juventud Obrera Católica durante el peronismo, Tesis Doctoral, Doctorado en Historia de la Universidad Nacional de Córdoba, 2011.
  39. Anhelos, 5, septiembre-octubre de 1956.
  40. M. Molyneux, Género y ciudadanía en América Latina: cuestiones históricas y contemporáneas. Debate feminista nº 23 vol 12, 2011, págs. 14; D. Barrancos, “Género y ciudadanía en Argentina. Iberoamericana”. Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies, 2011, nº 1-2, págs. 23-39.
  41. C. Barry, Evita Capitana: El Partido Peronista Femenino 1949-1955. Buenos Aires: Eduntref, 2009.
  42. I, Pérez, El hogar tecnificado. Familias, género y vida cotidiana. Buenos Aires: Biblós, 2012.
  43. M. Nari, Políticas de maternidad y maternalismo político. Buenos Aires 1890-1940. Buenos Aires: Biblós, 2004.
  44. J, Blanco, “El peronismo después de Perón. El Jocismo durante los gobiernos de ‘La Libertadora’”, en XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. 1-26, Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 2013, pág.2.
  45. Blanco, Op. Cit., p. 4.
  46. Anhelos, nº 5, septiembre-octubre de 1956.
  47. L, Caimari, Perón y la Iglesia Católica. Buenos Aires: Emecé, 2010; J.M. Ghio, La Iglesia Católica en la política argentina. Buenos Aires: Prometeo, 2007.
  48. L. Geler, “Categorías raciales en Buenos Aires. Negritud, blanquitud, afrodescendencia y mestizaje en la blanca ciudad capital”, en Runa Nº 37 vol. 1, 2016, págs. 71-87.
  49. G. A. Queirolo, “El trabajo femenino en la Ciudad de Buenos Aires (1890-1940): Una revisión historiográfica”, en Revista Temas de Mujeres, nº 1, vol. 1, 2004, págs 55-87.
  50. Anhelos, s/n nov-dic de 1956.


Deja un comentario