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Aproximación general a los archivos de la masonería

Yván Pozuelo Andrés[1]

Introducción

¿Dónde encontrar las fuentes para escribir la historia de la masonería?

En el texto guía de actuación e identificación masónica, más o menos estricto, según las diversas formas de comprender y vivir la masonería, se mencionaba de la siguiente manera al “archivo”:

No necesito decir a Vuestra Gracia, el trabajo que se tomó nuestro erudito AUTOR para compilar y codificar este Libro de los antiguos Archivos y con cuánta escrupulosidad ha comparado y expuesto todo lo concerniente a la Historia y a la Cronología, a fin de que estas NUEVAS CONSTITUCIONES sean una justa y exacta descripción de la Masonería desde el principio del Mundo hasta la GRAN MAESTRÍA de Vuestra Gracia. […][2]

Así se lo comunicaba en forma de dedicatoria uno de sus autores, J. T. Desaguliers al duque de Montaigu[3]. Justo a continuación el título completo de este texto decía:

La CONSTITUCIÓN

Historia, Leyes, Deberes, Órdenes, Reglas y

Usos de la

Justamente honorable Fraternidad

de los aceptados FRANCMASONES

Compilada

De sus generales Archivos y fieles TRADICIONES de muchos siglos[4].

A pesar de cierta destrucción de documentación aducida por los redactores de estas “nuevas constituciones”, justifican la “autenticidad” de su relato y la “legalidad” y “fidelidad” de su propuesta sobre la consulta de un archivo de archivos. Así pues, la masonería que se manufactura alrededor de los años 1717-1723 surge, según los autores del famoso texto fundacional, de un archivo que recopiló los archivos de la masonería antigua, llamada “operativa”, la de los operarios de las logias de los edificios religiosos y civiles de los siglos anteriores.[5] Así pues, teóricamente, nace de un archivo y con un archivo. Aprovechando el carácter de “historia” al tener un “archivo”, dan un paso en la conciencia del hacer y del conservar como formación colectiva en el que la seriedad de un archivo confiere un perfil científico al posterior relato; aunque este siga a continuación diciendo: “Adán, nuestro primer Padre, creado a imagen de Dios, el Gran Arquitecto del Universo, debió de tener escritas en su corazón las Ciencias Liberales […]”

Lucha entre la creencia y la moda de la “ciencia” de aquella época ya que en el relato se encuentran pocas citas concretas sobre esa documentación. Con esa idea que asocia el “archivo” con la “verdad”, no cabe duda de que la masonería nació formando un archivo. No se trata aquí de exponer todas las razones posibles de esa decidida apuesta, desde los principales protagonistas que ya contaban con sus propios archivos nobiliarios, los archivos estatales, monárquicos y religiosos ya existentes, estando ya familiarizados con esta circunstancia de conservar los escritos, hasta el uso de bibliotecas que eran en sí archivos. ¿Por qué? La mención a los “archivos” desbarataría la crítica a una invención de la historia… No obstante, si algo tiene de ventajosa la asociación masónica de cara a la historia es el de haber dejado consignado por escrito su retrato al igual que la Biblia, el Corán, las Analectas de Confucio y los Vedas. Si la comparamos con otras asociaciones, tan enraizadas en el tiempo (300 años de vida), es de las más burocráticas de la modernidad occidental. Textos, reglamentos, constituciones, normas, pero también registros de entrada y salida, de pago, de festividades, manifiestos, proclamas individuales y colectivas, escritos de defensas contra escritos críticos y vehementes sobre ella, se conservaron, mostrando sus identidades y sus emociones a lo largo de tres siglos llenos de cambios y de luchas entre las diferentes clases sociales enfrentadas. Por lo tanto, no es de extrañar que el historiador Ferrer Benimeli, desde su larga experiencia como investigador en la materia, y la historiadora Susana Cuartero Escobés, experta además en catalogación, resumieran, en la obra más importante sobre bibliografía y archivos masónicos producida hasta el momento en lengua castellana, de una forma sencilla, la realidad de la conservación de la documentación masónica: “Son muchos los archivos que la guardan celosamente”.[6] ¿Dónde están? ¿Cómo consultarlos? Contestando a estas preguntas, se pretende animar a los investigadores y a las investigadoras a orientar y a calibrar sus visores con el fin de ir a ver dónde parece no hay nada sobre masonería para descubrir el lugar de la masonería en la sociedad.

¿Qué se halla en un archivo masónico?

La historiografía masónica hispanoamericana[7] que desde hace cincuenta años atrajo la historia de la masonería al estudio universitario también se interesó al “archivo”, a su historia, a su función y a su riqueza documental. En su mayor parte, fueron publicándose en el foro creado por el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME) a partir de 1983 a través de quince symposiums internacionales y el fomentado por la revista REHMLAC+ desde 2009.[8]

La producción de una cantidad ingente de documentación entre libros de actas, reglamentos y registros diversos al igual que de objetos necesarios a su práctica (mandiles, espadas, estandartes…) y de los fabricados para exhibir y enorgullecerse de su pertenencia (mobiliario, porcelanas, medallas, lápidas funerarias…) tanto hacia su espacio privado (hogar) como hacia el mundo exterior necesitaron de un almacenamiento. La conciencia de estos “renovados” masones de principio del siglo XVIII integró la conservación como una de las ideas “innovadoras” de aquella época para una asociación no específicamente religiosa ni cercana al gobierno. Decididos a dejar constancia de su verdad sobre su propia acción para evitar o reducir al mínimo posibles futuras tergiversaciones, como quizá ellos hicieron de su pasado.

Por consiguiente, la logia solo puede existir si primero está registrada, archivada de forma centralizada en el conjunto de logias que conforma la categoría de “obediencia”. La creación de una logia, que parte de la voluntad de un número de masones, primero se archiva para luego poder activarla de forma oficial. Primero el archivo, luego la activación. Obviamente, 300 años de contextos diversos y convulsos han provocado alguna excepción, como en cualquier otra costumbre de cualquier otra asociación que se derrumba por las circunstancias. Por ejemplo, la logia Liberté Chérie constituida durante la segunda guerra mundial en el campo de concentración de Esterwegen no iba a esperar el permiso de la obediencia para funcionar. Caso parecido ocurrió con los triángulos activados en los barcos del exilio de los republicanos españoles tras la guerra civil (1936-1939). Sin embargo, una vez pasado el momento de excepcionalidad el registro oficial volvería a ser imprescindible.

Cuando los historiadores se preguntan qué se puede encontrar en los archivos masónicos no orientan el interrogante a las categorías de los documentos sino al interior de esos documentos. Se preguntan qué datos se pueden extraer para encontrar las huellas de la historia de la sociedad a través de la historia de la propia masonería. Con las huellas de los dinosaurios no solo queremos saber de los dinosaurios, del de la huella concreta, sino extraer la información sobre diferentes épocas, de la forma de relacionarse, del estado medioambiental del planeta, de la fauna y de la flora, de la evolución de las enfermedades, de la evolución de la temperatura, de las formas de vida… La documentación masónica aporta huellas al conocimiento histórico, sobre ideas, redes sociales, sociabilidad, filosofía, educación, política, religión, economía, arte, etc. En definitiva datos sobre la sociedad que complementan los tomados en cuenta de forma más habitual.

¿De qué se compone la documentación masónica? Principalmente de reglamentos, estatutos, libros de actas de las sesiones, trabajos escritos de los masones, discursos, circulares, memorias, registro de asistencia, registro de pago o de falta de pago, correspondencia entre logias, correspondencia entre obediencias, correspondencia entre diferentes dignatarios de logias y obediencias diferentes o pertenecientes a una misma, correspondencia con otras asociaciones, postales conmemorativas, invitaciones a festividades, menús de banquetes, convocatorias de reuniones, actas de asambleas regionales y nacionales, peticiones a órganos administrativos civiles, prensa, revista y boletines, cartas a la prensa generalista, libros, biblioteca, poesías, canciones, almanaques, mandiles, estandartes, enseres y mobiliarios propios para la actividad de las sesiones de la logia, propios a la iniciación, cuadros, retratos, dibujos y fotografías.[9]

¿Dónde están? En los propios archivos de las obediencias y de las logias, pero también en cualquier archivo administrado por los Estados, en los archivos privados de masones y de antimasones, en archivos privados de “personalidades” y amistades de masones y antimasones y en bibliotecas.

Si la asociación no ha sufrido una represión severa ni duradera en un Estado suelen las obediencias y las logias conservar su archivo. Incluso en un contexto favorable como este puede apelar al Estado para conservar en mejores condiciones parte de su archivo con el objetivo, además, de contar con una catalogación profesional. No obstante, esa circunstancia no impide que haya sido objeto continuo de vigilancia por parte de los gobiernos de ahí que exista información en los archivos propios de ciertos ministerios como los de interior, exteriores, diplomáticos, justicia, del Ejército. Sin olvidar los cementerios.[10]

En cambio, si en el territorio en el que desarrollaron su actividad las obediencias ha habido represión, entonces, existen diferentes variantes. El país que llevó a cabo una persecución con tintes de exterminio, de forma sistemática, extremadamente violenta y durante un largo periodo de tiempo contra la masonería y todos y todas sus integrantes fue España en el siglo XX. Durante la guerra civil española (1936-1939), los generales sublevados pasaron de ordenar la destrucción de los templos y de los archivos masónicos a conservarlos, al darse cuenta de la cantidad de datos personales que atesoraba su documentación para identificar a sus afiliados. La maquinaria represiva de dicho bando, reforzada por su victoria y la instauración de una dictadura fue centralizando ese archivo como el Archivo Secreto de la Masonería Española en la ciudad de Salamanca. Con el fin de la dictadura, los gobiernos democráticos lo integraron a la red de archivos nacionales del Estado. Se fue abriendo al público, hoy conocido con el nombre de Centro Documental de la Memoria Histórica. En Francia, durante la segunda guerra mundial, con la llegada de los nazis a la capital parisina, los archivos del Gran Oriente de Francia cayeron entre sus manos y fueron llevados a Berlín. A su vez, con la llegada de las tropas soviéticas a Berlín, dichos archivos fueron a parar a Moscú. A principio del siglo XXI, estos archivos fueron devueltos a la obediencia francesa.[11] Por otro lado, sin necesidad de una represión oficial, el Vaticano fue él mismo formando su propio archivo sobre masonería tal una agencia de inteligencia internacional a través de sus representantes en el mundo entero. Entre Roma y cualquier parroquia del mundo se fueron informando sobre masones y masonerías y sobre la actitud de los gobernantes hacia ellos y ellas. La Iglesia católica por haber sido un férreo rival de la masonería conserva en sus múltiples archivos, repartidos por los diferentes continentes, menciones y documentación antimasónica que de hecho forman parte, como si se tratase de una categoría más, de la propia documentación para la historia de la masonería.

Internacionalización y diversidad

Una de las particulares claves de los archivos masónicos es su internacionalización. Por resumir, América Latina, su historia general, y obviamente su historia masónica, está en los archivos masónicos europeos y la historia contemporánea de Europa está en los de América Latina. Otra de las claves, relacionadas con la anterior, está en su edad: 300 años. No fue ajena, en el imaginario o en la realidad a ningún acontecimiento de relieve de la historia de esos tres siglos, y más aún a las ideas que protagonizaron los intercambios ideológicos. Por consiguiente, hay masonería en los archivos del movimiento obrero, de las asociaciones, de la Inquisición, y hasta en las fundaciones culturales o personalistas. Quizá sea en América Latina, donde la perspectiva investigadora siga paralizada ante los “archivos masónicos”, bajo el pensamiento de que todo está en los archivos de obediencias y de logias o como mucho en las hemerotecas, obviando a los archivos generales, regionales, locales o particulares por no llevar una sección titulada “masonería”. Más adelante, veremos algún ejemplo que rompió con esa perspectiva. De todos modos, esto no quita que la situación archivística en América Latina es muy dispar, desde por ejemplo la excelente catalogación argentina o chilena al desorden del magnífico archivo cubano. Cabe recordar dónde encontró el historiador Samuel Sánchez Gálvez el diploma masónico de José Martí: en el archivo de una logia provinciana sin relación directa con él, a través de otro protagonista.[12] Así pues, en América Latina —en Europa también pero menos— aún no se ha investigado demasiado en los archivos con la mira puesta sobre el fenómeno masónico integrado en el acervo general de la localidad, región y nación. Buscamos “masonería” o “logia”, cuando quizás sea necesario buscar por apellidos de masones, por sus profesiones, por sus roles públicos en la sociedad, en los archivos de las iglesias, en los archivos policiales, en los archivos parlamentarios, según los acontecimientos que más nos puedan dar pistas sobre un hallazgo. También se da el caso, más en América Latina que en Europa, de considerarse una documentación de negocio comercial, más bien de mercado negro, con un espolio no desdeñable de los archivos masónicos que dificultan la tarea de investigación al tener datos entrecortados, siendo las librerías de segunda mano y los anticuarios otros tantos singulares “archivos”.

En esta labor de rescatar esta historia y del uso más extensivo de los diferentes archivos existentes se debe contar con la labor y el contacto directo con los archiveros. Ellos y ellas son una ayuda fundamental para la investigación. Cuanto mejor informados estén sobre la historia de la masonería más abiertos estarán los archivos no propiamente masónicos para atender y publicitar su documentación. El caso de la archivera Dolores García Pimentel del Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes (México) es uno de los máximos exponentes atrayendo a su archivo a expertos y a expertas gracias a su conocimiento en la materia tal como expuso dicha relación durante el VI Congreso Internacional de Historia de la Masonería y los Movimientos Asociativos Latinoamericanos y Caribeños: Nuevos Acercamientos y Perspectivas, siglos XVIII-XXI (Zacatecas, México, 23-26 de octubre de 2019) en el que trató del “Acervo de la Logia Benito Juárez en el Archivo público de Aguascalientes”[13]. Además, en él, gracias a la labor de Dolores García Pimentel, se halló una serie de números del Boletín del Gran Oriente Español en el exilio que se venían buscando desde hacía décadas y sobre la peculiar/exótica y desconocida “masonería china”, el Chee Kung Tong 致公堂 y sus actividades en México durante la primera mitad del siglo XX. Por consiguiente, todavía hay oro por descubrir.

La creatividad del investigador

Como se menciona en la Introducción, estas líneas se conciben igualmente como un llamado al investigador sobre historia de la masonería para diversificar su mirada y sus objetivos en términos de archivos. En efecto, desde la experiencia acumulada en la Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña plus (REHMLAC+) de la universidad de Costa Rica, se aprecia que en América Latina no se plantea demasiado la búsqueda en archivos distintos a los de las propias obediencias y a los de las hemerotecas. Como ilustración de la apertura del espíritu para tener en cuenta como investigador, que roza casi con el campo de la creatividad, se toman a modo de ejemplo algunas de las últimas obras publicadas sobre la materia[14]: los casos de Costa Rica y Cuba, ¿qué archivos se utilizaron para escribir estas historias de la masonería?

Por un lado, el historiador Ricardo Martínez Esquivel indagó para escribir Masones y masonería en la Costa Rica de los albores de la modernidad (1865-1899) en el Archivo de la Curia Metropolitana de Guatemala, en el Archivo de la Gran Logia de Costa Rica, en el Archivo Histórico Arquidiocesano de la Curia Metropolitana de San José, en el Archivo del Libertador, en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, en el Archivo Nacional de Costa Rica, en el Archivo Secreto del Vaticano, en el Archivo de la Sociedad Teosófica de Costa Rica, en el Archivo del Supremo Consejo Centroamericano del Grado 33 de Guatemala, en el Archivo de la United Grand Lodge of England, de la biblioteca de la Gran Logia de la Isla de Cuba, en la Biblioteca Jurídica de Costa Rica, en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Costa Rica y en la Library of Congress de Washington (EE.UU)[15].

Por su lado, el historiador Manuel Hernández González consultó para escribir Liberalismo, masonería y cuestión nacional en Cuba (1808-1823) los siguientes archivos: en España, el Archivo General Militar de Segovia, el Archivo General de Simancas, el Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo General de Indias, la Biblioteca de la Universidad de La Laguna, la Biblioteca Nacional de Madrid, la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, la Biblioteca Provincial de Cádiz, el Centro de Documentación de Canarias y América; en Venezuela, el Archivo de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, el Archivo General de la Nación de Venezuela, la Biblioteca Nacional de Venezuela; en Cuba, el Archivo Nacional de Cuba, Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, el Instituto de Literatura y lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba y en Estados-Unidos, la biblioteca del Congreso de Washington.

Con estos dos ejemplos, de experimentados historiadores especializados en historia de la masonería, queda meramente expuesto que el camino a esta historia está empedrado de una diversidad archivística a tomar obligatoriamente en cuenta si se pretende sellarla del rigor científico.

Asimismo, los avances en la materia florecen cuando un investigador suma varios intereses investigativos que le permiten observar la interrelación entre todas las temáticas. Por ejemplo, el profesor Eric Saunier, experto en historia de la masonería francesa y de la trata de esclavos, sugirió orientar una mirada a la correspondencia privada e incluso a los diarios íntimos. Compartió su experiencia en un trabajo sobre el diario de un funcionario colonial conservado en la biblioteca municipal de la ciudad portuaria francesa de El Havre[16]. La espontaneidad y la libertad de expresión de estos escritos ofrecen al investigador “agua limpia” para trabajar con ella fuera de “contaminantes” políticos que incluyen en sí en muchas ocasiones tergiversaciones y falsedades a veces muy difíciles de no ingerir, incluso para el investigador más crítico y alerta.

Finalmente, a todos estos archivos y a todas estas fuentes, se vinieron a añadir los archivos de los historiadores y de las historiadoras. Una situación más extendida en América Latina, en autores que no siempre fueron profesionales de la historia, aunque sí muy interesados en ella. En Europa, con la proliferación en los últimos cincuenta años de varias generaciones de expertos académicos, esta circunstancia ya es reseñable como una vía más sobre archivos en la materia. El caso más importante lo protagoniza el historiador más influyente, el profesor Ferrer Benimeli, de la Universidad de Zaragoza. En efecto, recientemente donó su colección de libros a la biblioteca de dicha universidad, y el resto de sus papeles (más de cincuenta años de investigación) los está catalogando para su conservación la fundación privada española Federico Joly Höhr de Cádiz.

Conclusión

Archivos que almacenan informaciones destacables sobre masonería los hay, tan solo queda consultarlos. No obstante, en estos 300 años tenemos que lamentar la pérdida de documentación por catástrofes naturales como los terremotos o conflictos violentos; también por la propia quema de archivos por parte de los masones en momentos de alta tensión, por temer por sus vidas para así eliminar las pruebas de su pertenencia y actividad masónica, o incluso por ignorancia para hacer sitio. A pesar de todo ello, no se puede decir que no haya documentación suficiente para escribir la historia de la masonería. Eso sí, la dispersión de la documentación implica un redoble de esfuerzo por parte de los investigadores.

Así pues, la documentación masónica no solo se encuentra en los archivos de obediencias y de logias. También se “esconden” en archivos estatales, regionales y bibliotecas, públicos y privados bajo diversas formas: archivos municipales, provinciales, de instituciones, archivos de organizaciones liberales, republicanas, anarquistas, socialistas, comunistas, católicas, teosóficas, espiritistas, evangélicas o educativas, son todos ellos tantos archivos que albergan documentación masónica. A veces es abrazar una gran cantidad de documentos “sin valor” hasta encontrar la pepita que se busca y logre esclarecer más el pasado a través de la lente de la historia de la masonería. El uso de los archivos determina la escritura de la historia. El uso de solo archivos estrictamente masónicos ayudó a dibujar el retrato de las masonerías. El uso de otros archivos permitirá integrar ese retrato en el retrato de la sociedad.

En efecto, a pesar de la gran cantidad de obras científicas que se vinieron publicando en estos últimos cincuenta años sobre esta fraternidad no cabe duda de que se ha realizado un uso débil, sobre todo en América Latina, de los archivos que albergan documentación para la historia de la masonería y por extensión para la historia general. ¿Cómo es posible escribir sobre Francisco de Miranda y su supuesta relación con la masonería sin haber consultado su archivo personal?


  1. Editor REHMLAC+.
  2. S. H. Sheperd, Las Constituciones de 1723, Barcelona: Editorial Alta Fulla, edición facsímil de 1936, 1998, p. 29.
  3. El otro autor cuyo nombre más se asocia con el título de Las Constituciones es James Anderson.
  4. Ídem, 31.
  5. Se fue publicando una serie de trabajos críticos sobre el relato de los orígenes. Por ejemplo, véanse: A. Prescott y S. Mitchell Sommers, “En busca del Apple Tree: una revisión de los primeros años de la masonería inglesa”, en R. Martínez Esquivel, Y. Pozuelo Andrés, R. Aragón, Masonerías y masones: 300 años. Cosmopolitismo, Oviedo: masónica.es, 2020, Tomo V, 227-258 y D. Mollès, La invención de la masónica. Revolución cultural. Religión, ciencia y exilios, Buenos Aires: Edulp, 2015.
  6. J. A. Ferrer Benimeli y S. Cuartero Escobés, Bibliografía de la masonería, Madrid: FUE, Tomo I, 2004 11. Esta obra está compuesta por tres tomos en los que informan de 20000 títulos integrado en su correspondiente archivo. En este tomo I, los autores ofrecen en la introducción una visión condensada pero intensa del panorama archivístico en la materia.
  7. Y. Pozuelo Andrés, “La historiografía latinoamericanista sobre masonería (2009-2019)”, en M. Annecchini,; Y. Pozuelo y A. M. Rodríguez (dirs.), Estudios de la masonería en América Latina y el Caribe (siglos XIX y XX). Buenos Aires: TeseoPress, 2020. URL: https://www.teseopress.com/masoneria/
  8. En las actas del I Symposium de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española organizado en Zaragoza, del 20 a 22 de junio de 1983 bajo la coordinación de José Antonio Ferrer Benimeli (Zaragoza: CEHME, 1989) se publicaron varios trabajos en torno a los archivos: María Teresa Díez de los Ríos San Juan, “Fondos de la masonería en el Archivo Histórico Nacional sección Guerra Civil de Salamanca”, 333-348. J. Martínez Millán, “Fuentes para el estudio de la masonería en la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional”, pp. 349-358. F. Randouyer, “Fondos documentales de la masonería española en la Biblioteca Nacional de París”, pp. 359-364. J. C. Gay Armenteros, “Fondos masónicos del Archivo General de Palacio”, pp. 365-370. J. A. Ferrer Benimeli, “Fondo masónico “Comín Colomer” de la Biblioteca Nacional”, pp. 379-383. Siguieron los aportes sobre archivos en los siguientes symposiums y en otros foros: M. T. Díez de los Ríos San Juan, “Catálogo de publicaciones periódicas masónicas (s. XIX)”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en la España del siglo XIX, Valladolid: Junta de Castilla y León, 1987), Tomo II, 761-779. M. C. Illa i Munné, “Biblioteca Pública Arús”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en la España del siglo XIX, Valladolid: Junta de Castilla y León, 1987, Tomo II, 817-832.
    P. Olea Álvarez, “Iglesia y Masonería: el archivo de la nunciatura de Madrid, 1800-1850”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), Masonería, política y sociedad, Zaragoza: CEHME, 1989, Tomo II, 571-586. J. Tomás Nogales Flores, M. Joaquina Fernández Solana, “La transformación del banco de datos del CEHME en una base de datos relacional”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), Masonería, revolución y reacción, Alicante: Instituto de cultura “Juan Gil-Albert, 1990, Tomo II, 1019-1033. Antonio R. de las Heras, J. Tomás Nogales Flores, María Joaquina Fernández, “El estado actual del banco de datos de la masonería”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), Masonería española y América, Zaragoza: CEHME, 1993, Tomo II, 879-898. M. Hernández, M. A. Jaramillo Guerreira, B. Desantes Fernández, “Documentación fotográfica masónica en el Archivo Histórico Nacional-sección guerra civil”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española y la crisis colonial del 98, Zaragoza: CEHME, 1999, Tomo I, 141-157. P. Ortiz Armengol, “Fuentes históricas filipinas sobre Rizal y su entorno”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española y la crisis colonial del 98, Zaragoza: CEHME, 1999, Tomo I, 351-360. M. Novarino, “Fonti e fondi archivistici ed emerografici per una storia della massoneria italiana 860 – 1925”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española en el 2000: una revisión histórica, Zaragoza: CEHME, 2001, Tomo I, 145-160. M. A. Jaramillo Guerreira, M. T. López Fernández, “Archivo General de la Guerra Civil española de Salamanca documentación masónica relativa a Madrid”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, Zaragoza: CEHME, 2004, Tomo II, 1325-1362. Y. Pozuelo Andrés, “El archivo masónico de José Maldonado, último presidente de la República en el exilio”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, Zaragoza: CEHME, 2004, Tomo II, 1363-1372. M. Guzmán-Stein, “Base de datos para la historia de la masonería en Costa Rica en el siglo XIX”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, Zaragoza: CEHME, 2004, Tomo II, 1381-1398. A. Combes, “La maçonnerie espagnole et le fonds maçonnique russe”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, Zaragoza: CEHME, 2004, Tomo II, 1399-1407. J. L. Ruiz Sánchez, “La iglesia y la masonería en España a través del archivo de la Nunciatura de Madrid. La recepción de la “Humanum Genus y las acusaciones contra el Regente” (1875-1899)”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La Masonería española en la época de Sagasta, Zaragoza: CEHME, 2007, Tomo II, 1129-1156. E. de Mateo Avilés, “Documentación y publicística sobre la masonería en un archivo privado. El caso del archivo Díaz de Escovar de Málaga”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La Masonería española en la época de Sagasta, Zaragoza: CEHME, 2007, 1443-1458. F. Santana, “Los archivos masones en la República Dominicana y el SNA”, en Memorias del segundo encuentro nacional de archivos de la República Dominicana: [17, 18 y 19 de julio 2008, Santo Domingo], 2010, 181-182. C. Sala, “Los archivos del desengaño: el mundo de las fuentes ultramarinas. REHMLAC+, Revista De Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña Plus; 2 (2). https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/6599. S. Hottinger-Craig, “Las fotografías de mujeres entre las fotografías de origen masónico del archivo general de la Guerra Civil española”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española: represión y exilios, Zaragoza: CEHME, 2011, Tomo II, 1417-1430. C. Sala, “Le Livre Maconnique un observatoire privilégié et un outil d`analyse pour les historiens en Amérique Latine”, en J. M. Delgado Idarreta (coord.), La masonería hispano-lusa y americana. De los absolutismos a las democracias (1815-2015), Y. Pozuelo Andrés, Zaragoza: CEHME, 2017, Tomo II, 979-986. V. Aguiar Bobet, “El legado masónico norteafricano del Centro Documental de la Memoria Histórica organización, usos y problemas desde su incautación (1936-2016)”, Jornadas archivando: usuarios, retos y oportunidades: León, 10 y 11 de noviembre de 2016, J. González Cachafeiro (coord.), Actas de las jornadas, León: Fundación Sierra Pamblay, 2016, 359-397. J. Martínez García, “La musealización del tema masónico: el caso del Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH) de Salamanca”, en Revista de Estudios, Salamanca, Nº 63, 2019, 211-222. M. A. Flores Zavala, “Los libros de la masonería mexicana, 1762-1936”, en J. L. Ruiz Sánchez, Y. Pozuelo Andrés, A. Ventura Pires, J. E. Franco (coords.), La masonería. Mito e historia: en el III centenario de la fundación de la masonería moderna, Zaragoza: CEHME, 2020, Tomo II, 937-946. S. Cuartero Escobés, “Portugal y España en el banco de datos del CEHME: Gran Oriente Lusitano Unido y Gran Oriente Nacional de España”, en J. L. Ruiz Sánchez, Y. Pozuelo Andrés, A. Ventura Pires, J. E. Franco (coords.), La masonería. Mito e historia: en el III centenario de la fundación de la masonería moderna, Zaragoza: CEHME, 2020, Tomo II, 1001-1041.
  9. Son muchos los estudios que abordan este elenco documental. En este aspecto se puede empezar por consultar el siguiente trabajo: T. Flores Velasco, R. Pérez López, “Una selección de tipologías documentales masónicas”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en la España del siglo XX Zaragoza: CEHME, 1996, Tomo II, 1095-1108.
  10. M. Guzmán-Stein, “La lapidaria fúnebre-masónica en Costa Rica como fuente de investigación de una comunidad inédita”. REHMLAC+, Revista de estudios históricos de la masonería latinoamericana y caribeña plus; 1 (2), 2009, https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/6619.
  11. A. Combes, “La maçonnerie espagnole et le fond maçonnique russe”, en / coord. por J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI , Zaragoza: CEHME, 2004, Tomo II, 1399-1407. Céline Sala, “Los archivos del desengaño: el mundo de las fuentes ultramarinas”. REHMLAC+, Revista De Estudios Históricos De La Masonería Latinoamericana Y Caribeña Plus; 2 (2), 2010. https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/6599.
  12. S. Sánchez Gálvez “La logia masónica cienfueguera Fernandina de Jagua (1878- 1902). Un estudio de caso”, REHMLAC, Vol. 2, nº 1, Mayo-Noviembre 2010, 90, https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/6613.
  13. R. Chanta Martínez, “VI Congreso Internacional de Historia de la masonería y los movimientos asociativos latinoamericanos y caribeños: nuevos acercamientos y perspectivas, Siglos XVIII-XXI (Zacatecas, México, 23-26 de octubre de 2019). REHMLAC+, Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña Plus; 11 (2), 2020, 177-88. https://doi.org/10.15517/rehmlac.v11i2.39819.
  14. El máximo exponente del uso de la diversidad de archivos para escribir la historia de la masonería es el historiador José Antonio Ferrer Benimeli. Al ser un caso excepcional no cabe en los objetivos que aquí se plantean puesto que es probablemente el historiador en la materia que más archivos ha consultado.
  15. Al respecto se puede consultar sobre esta experiencia, su artículo: “Hacia la construcción de una historia social de la masonería en Centroamérica”, Revista Estudios, nº 27, 2013, https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/estudios/article/view/12703.
  16. E. Saunier, “La sociabilité maçonnique à l’île Bourbon: les apports des écrits du for privé”, en REHMLAC+ Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña Plus, 5 (1), 2013, https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/12192.


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