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Migraciones, territorios e institucionalidad en contextos de COVID-19

Algunas reflexiones sobre el caso de una localidad en La Matanza

Brenda Matossian y Yamila Abal

Introducción

La aparición y diseminación del virus de la COVID-19 en el 2020 impactó a las sociedades de todo el mundo, aunque de modos ampliamente diferenciales, no solo por la enfermedad propiamente dicha, sino también por las políticas de restricción a las movilidades aplicadas. Las desigualdades para dar respuesta a las consecuencias de la pandemia y del confinamiento fueron una de las grandes contradicciones manifestadas en este contexto (Mansilla, 2020). Ciertos estudios buscaron hacer foco en el modo particular en que la pandemia afectó a las personas migrantes en América Latina y reconocieron las distintas formas en las que se exacerbaron las desigualdades preexistentes. En primer lugar, la llegada de la pandemia y las medidas de aislamiento afectaron la dimensión laboral ya que este conjunto social está sobrerrepresentado en actividades desarrolladas en las calles y en servicios presenciales, como la venta ambulante o el trabajo de cuidado remunerado, entre otros (Herrera, 2021). Al respecto, la Encuesta Nacional Migrante de Argentina (ENMA) 2020 permitió reconocer el impacto de la COVID-19 y de las medidas de confinamiento en la continuidad laboral y en los ingresos. De acuerdo con este relevamiento, un 53 % de las personas migrantes manifestó haber perdido parcial o totalmente sus ingresos. También se destacaron dificultades específicas para las personas migrantes dentro de los relevamientos del impacto social de las medidas de aislamiento dispuestas en Argentina (Kessler et al., 2020). Este reforzamiento de las desigualdades estructurales se vinculó, a su vez, con las demoras o dificultades para el acceso al DNI o a la residencia precaria y al no registro laboral (Debandi et al., 2021). A nivel continental, el confinamiento paralizó y ralentizó los procesos en curso de regularización de la población migrante (Herrera, 2021), hecho estudiado para el caso argentino por Canelo y Courtis (2022). También en nuestro país el ingreso familiar de emergencia (IFE), uno de los pilares que el gobierno nacional instituyó como seguro social para trabajadores/as informales y monotributistas de las primeras categorías durante la emergencia sanitaria, resultó un paliativo esquivo a buena parte de la población migrante. El requisito de poseer una residencia “legal” (es decir, temporaria o permanente) mínima de dos años generó limitaciones para ampliar las solicitudes y, por lo tanto, en la ENMA solo el 18 % de la población migrante encuestada pudo acceder a él (Debandi et al., 2021).

Además de las desigualdades vinculadas al ámbito laboral y a la regularización documentaria, las difíciles condiciones de acceso a la tierra y a las viviendas para las personas migrantes se presentan como otra forma en la que se agudizaron las desigualdades, complejizando las posibilidades de confinamiento.

Finalmente, durante la pandemia también se registró el crecimiento de reacciones xenófobas. Sobre todo en los inicios, las actitudes discriminatorias hacia personas que revestían la condición de “caso sospechoso” recaían especialmente sobre las personas migrantes. Esta proliferación de estereotipos discriminatorios y microrracismos en relación con la pandemia se expresó fuertemente en las redes sociales y los medios de comunicación (INADI, 2020), pero a su vez tuvo su correlato en las prácticas y dinámicas cotidianas que se desarrollaban dentro de los barrios.

En este marco de restricciones a las movilidades, agudización de necesidades y profundización de desigualdades, el propio territorio (la escala barrial y local) concentró funciones y adquirió especial relevancia en lo que refiere a la búsqueda de respuestas y de recursos para resolver problemas. El objetivo de este trabajo es comprender algunas de las necesidades y los conflictos que emergieron en este contexto y que se expresaron en las dinámicas de las instituciones vinculadas, de manera más o menos directa, a las personas migrantes. Así, buscamos responder a la pregunta de qué demandas y desafíos surgieron en los espacios en los que ya veníamos trabajando a partir de este nuevo contexto.

En este caso particular, la línea de investigación está aplicada al caso de González Catán, extenso sector dentro del partido de La Matanza en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Para señalar algunas particularidades de esta localidad, se puede remarcar que el censo 2010 mostró que un 8,4 % de su población era nacida en países distintos a la Argentina y, de ese porcentaje, un 70 % había nacido en Paraguay (Indec, 2010). De allí el interés en su estudio. También resulta importante resaltar que, en el sector que se analiza, predominan los asentamientos informales (Matossian y Abal, 2020). Respecto a esta relación entre informalidad y migraciones, cabe tener presente que en la Argentina los barrios populares (villas y asentamientos) albergan una proporción muy importante de su población asociada a la condición migrante, lo cual implica una serie de necesidades adicionales a las ya identificadas para quienes allí residen (Vitale, 2020).

Abordaje metodológico

En primera instancia, el contexto de pandemia nos obligó a cambiar de escala y de enfoque metodológico: de las escalas microespaciales que priorizaban la unidad barrial, se produjo un desplazamiento hacia la escala meso de la localidad. Este cambio, por un lado, estuvo determinado por la imposibilidad de realizar trabajo de campo en el lugar y las múltiples dificultades materiales de las personas que se solían entrevistar para concretarlas de modo virtual. Pero, por otro lado, también estuvo determinado por la relevancia que adquirieron las instituciones locales y la consecuente necesidad de su abordaje, especialmente dentro de un municipio tan extenso como La Matanza (325 km²).

Se trabajó tanto en aquellas instituciones “de migrantes” propiamente dichas, como en las vinculadas al acceso a derechos en la localidad. Entre las primeras, se indagaron el Club Atlético Deportivo Paraguayo y la Primera Agrupación Peronista Paraguaya, ambas con sede en González Catán; en ambos casos se concretaron entrevistas en profundidad virtuales a distintos referentes, desde plataformas como Zoom y Meet. Como segunda estrategia, se participó de las Mesas Territoriales correspondientes a la misma localidad. Estas son instancias organizadas por el municipio desde antes de la pandemia procurando lógicas de descentralización. La continuidad en esta participación, que durante la pandemia se tornó virtual, permitió identificar y reconstruir distintas dimensiones desde las cuales se reconocen cambios importantes a partir de la pandemia por COVID-19. Sobre la base de estas dos estrategias de indagación, se estructurarán las reflexiones de este trabajo en un intento por identificar las demandas sociales emergentes en el contexto de pandemia y que se suman a las preexistentes (o que las agudizan). Asimismo, se analizarán las estrategias desplegadas por diferentes organizaciones que operan en el territorio estudiado.

Instituciones paraguayas y las respuestas a la crisis

Dentro de la localidad de estudio, existen dos instituciones con trayectorias y alcances muy disímiles, pero con un rasgo común vinculado a su origen paraguayo. Una de ellas es el Club Atlético Deportivo Paraguayo, histórico club para la comunidad paraguaya en Argentina (Halpern, 2006) que tiene en González Catán un importante predio donde funciona su sede deportiva. Aunque su actividad fundacional fue la práctica del fútbol, la institución se expandió y desarrolló también diferentes propuestas desde dimensiones culturales y políticas (Matossian, 2021). Dentro de la sede deportiva, se halla una ermita de la Virgen de Caacupé, patrona de Paraguay; allí se realiza la misa de esta advocación mariana del culto católico cada 8 de diciembre. La tradicional apertura a la sociedad de este club adquirió una fuerza particular en el contexto de la emergencia sanitaria y social generada por la COVID-19:

En este caso puntual de la pandemia, pusimos a disposición la infraestructura para la sociedad y lo estuvieron usando hasta hoy donde se da comida a la gente, nos sentimos bien del esfuerzo de los migrantes que hemos hecho una infraestructura que es útil para la sociedad, a excepción que unos sectores minúsculos de la sociedad argentina nos estigmatizan a los migrantes, muchas veces luchamos contra eso (entrevista al presidente del CADP).

Este rasgo de asociación de “puertas abiertas” y en continua vinculación con las instituciones locales se destaca también por referentes del área de estudio, especialmente en su relación con el municipio. En noviembre del 2020, durante el contexto de pandemia, a la articulación del club con el Ejército para la entrega de alimentos, se le sumó un operativo con la Dirección Nacional de Migraciones en la sede para facilitar la tramitación de documentos:

Nosotros por nuestra cuenta conseguimos las camionetas de la DNM lo trajimos, las camionetas que vienen para hacer documentos, lo trajimos acá, hicimos cuatro días de publicidad y aparecieron dos mil personas, nos asustó, realmente, nos asustó, esa es la realidad de los problema social que tienen los migrantes y hasta ahora nadie se ocupa […] a nosotros nos preocupa el tema de la documentación porque usted sabe que el documento es el primer elemento de inclusión de las personas en la sociedad, sino está marginada, explotada y la documentación permite dar un paso importante en el encuentro de oportunidades (entrevista al presidente del CADP).

La importancia de la regularización documentaria y de la asistencia a las personas migrantes en la concreción de sus trámites también constituyó un eje clave para otra asociación de origen paraguayo en la localidad, la Primera Agrupación Peronista Paraguaya (PAPPEM). Esta institución de función político-partidaria y social tiene un origen reciente (2018) y fue creada a partir del impulso dado por su director, quien explica este comienzo de modo entramado con su historia personal: “Surgió la idea de abrir, mediante la necesidad que había… mucha gente sin documentos, empezamos a visitar los barrios. Y bueno, fuimos haciendo, generando vínculos con el Consulado de San Justo” (entrevista al director de PAPPEM). Funciona a modo de red territorial, gestionando recursos y donaciones, y distribuyéndolos entre los distintos nodos constituidos por merenderos y comedores. También existe un eje de actividades orientado a facilitar las gestiones para regularizar la situación documentaria de los/as migrantes, como se mencionó, que funciona desde sus inicios. A diferencia de las estrategias del Deportivo Paraguayo, en el caso del PAPPEM, estas gestiones se canalizan a través de contactos con el Consulado de la República del Paraguay en San Justo, localidad cabecera del partido de La Matanza. Otro de los vínculos sostenidos en el tiempo es con la Secretaría de Trabajadores Migrantes y Refugiados/as de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). Más específicamente en el contexto de pandemia, las problemáticas atendidas desde PAPPEM se enfocaron, en primer lugar, a la situación de exclusión –debida a la falta de documentación– de acceder a la ayuda del Estado a través del ingreso familiar de emergencia (IFE). También se ocuparon de brindar ayuda en contextos inciertos para personas paraguayas que se encontraban circunstancialmente en la Argentina y no podían volver a Paraguay debido al cierre de las fronteras. En esta cuestión funcionaron como nexo entre la embajada y las personas afectadas, gestionando asistencia económica para su retorno.

Más allá de las posibilidades de acción de cada una de estas instituciones, en ambos casos sus referentes resaltaron la agudización de las problemáticas sociales y económicas incrementadas durante la pandemia con la consecuente profundización de las desigualdades estructurales en las que ya se encontraban muchos/as vecinos/as del área. Un dirigente detallaba:

Una de las problemáticas más grandes que hay en estos momentos con, no solamente la colectividad paraguaya sino las diferentes colectividades es que dejaron de trabajar. Mucha gente trabajaba en negro, mucha gente que trabajaba en blanco tampoco recibe o recibe la mitad de lo que estaban cobrando. Y mucha gente que conozco fue expulsada de los alquileres que vivían. Entonces, una de las problemáticas más grandes que tenemos es eso. Tenemos un decreto de que no pueden desalojar, el problema es que cuando la pandemia termine y la gente tenga que empezar a buscar un trabajo nuevo, ya les preocupa saber que van a tener que estar en la calle y no tener un lugar adonde refugiarse (entrevista al director de PAPPEM).

Además, el Deportivo Paraguayo también funcionó como vacunatorio con una amplia concurrencia:

Gracias al trabajo de la institución pudimos conseguir para vacunar a muchos compatriotas y a muchos vecinos del club en Buenos Aires, acá en González Catán, en el Club Atlético Deportivo Paraguayo […] 1.500 personas sin turno, fue impresionante, dos cuadras y media de cola con gente sin turno esperando para vacunarse (entrevista a miembro de la Comisión Directiva CADP).

Se puede decir que, más allá del contexto de pandemia, la visibilidad y la conformación de redes en las asociaciones les dan un margen de acción más importante y las fortalecen. Así, en momentos de agudización de las necesidades en los territorios, estas dos instituciones activaron sus contactos para atender las urgencias a partir de estrategias específicas para compatriotas (como las asociadas a la documentación) y otras más generales vinculadas a la emergencia alimentaria.

Más allá (y más acá) de lo migratorio: Mesas Territoriales organizadas por el municipio

En La Matanza, las Mesas Territoriales cobraron impulso durante el año 2018, como estrategia del municipio para gobernar y abordar la complejidad del extenso partido procurando lógicas descentralizadas. Las observaciones participantes en las Mesas Territoriales de González Catán formaron parte de las técnicas de recolección de datos implementadas desde junio de 2018. Sin embargo, con el advenimiento de la pandemia y de las medidas de aislamiento y distanciamiento que le sucedieron, adquirieron mayor relevancia, constituyéndose como las instancias que posibilitaron el contacto con el territorio y la continuidad del trabajo de campo. Luego de verse interrumpidas durante la primera mitad del año, las reuniones se retomaron, pero de manera virtual, el 9 de junio de 2020. A partir de esa fecha, se recuperó también la frecuencia habitual que se había sostenido hasta diciembre de 2019 con un encuentro mensual. Los intercambios dentro del chat grupal constituido en WhatsApp desde la creación de la Mesa Territorial se tornaron protagónicos como plataforma prioritaria de comunicación. Para analizar el impacto de la pandemia en el marco de estas instancias, donde el municipio busca articular con una diversidad de actores territoriales, se definieron algunas dimensiones.

Modalidad y estructura de las reuniones

Antes de la pandemia, la modalidad de las mesas implicaba encuentros mensuales en sedes rotativas, donde se buscaba garantizar una diversidad territorial e institucional que abarcara distintas áreas dentro de la amplia superficie que cubre la mesa dentro de una parte de la localidad de González Catán. La suspensión de las reuniones se extendió desde marzo hasta junio y su reformulación en formato virtual se definió a partir del uso de la plataforma Zoom. Es interesante mencionar que, en una primera etapa, este cambio de modalidad implicó que el grupo de WhatsApp también funcionara como instancia de capacitación en lo que refería al uso de tecnologías para la comunicación virtual. Así, por ejemplo, en las convocatorias a las primeras reuniones virtuales, se enviaban también tutoriales para el uso de Zoom y el hipervínculo para la descarga del programa.

Vale resaltar que, a pesar de las dificultades de acceso a dispositivos y a buena conectividad, de la clara existencia de una brecha digital, entendida como las desigualdades en el acceso a TIC (tecnologías de la información y la comunicación), la participación en las mesas aumentó significativamente. Ahora bien, en este punto cabe preguntarse si este incremento se debió solo a las facilidades que la modalidad virtual otorgó en términos de optimización de tiempo y dinero o si también estuvo vinculado con la escasez de recursos y la agudización de las necesidades básicas que el aislamiento provocó y la necesidad de generar redes para resolver problemas en ese contexto. Por momentos, parecería que la mesa era uno de los pocos espacios a los que era posible recurrir en búsqueda de alguna respuesta.

Respecto a la estructura de las reuniones, durante el 2019 se habían propuesto dos comisiones al interior de la mesa: una dedicada a la familia y otra específica para promover la participación de jóvenes. Estas comisiones se desdibujaron durante la modalidad virtual y las reuniones funcionaron sin subdivisiones por grupos. A fines del 2020, dado el contexto de pandemia y la relevancia que adquirieron determinados temas, se propuso la creación de una nueva comisión dedicada a la salud. Sin embargo, apenas alcanzó a concretar una única reunión virtual específica.

A principios del 2022, se retomó la modalidad presencial y las reuniones mensuales volvieron a ser rotativas entre sedes de diferentes organizaciones o instituciones. En este marco, resultado de las problemáticas emergentes en las reuniones, surgió la necesidad de desdoblar las reuniones y crear dos comisiones específicas con reuniones mensuales que funcionen en diferentes días y horarios: la comisión de espacio público y, nuevamente, la comisión de salud. La intención de conformar la primera solo fue materializada en una reunión con pocos actores y conflictos emergentes difíciles de solucionar con las herramientas de las instituciones en la escala local, como el asfaltado de calles y mejoras estructurales de equipamiento urbano. En contraposición, la segunda comisión se logró sostener en el tiempo. En sus reuniones no solo participan miembros de la Mesa Territorial Zonal de González Catán, sino que además se fusionó con la Mesa Territorial Laferrere Norte – Rafael Castillo Sur. Por esta razón, los encuentros se caracterizan por ser muy numerosos (alrededor de 30 personas) y por una fuerte presencia de promotoras de salud.

Integrantes que participan

El cambio de modalidad en las reuniones promovió la participación de mayor cantidad de personas y, a su vez, modificó su perfil. En las reuniones presenciales previas al inicio de la pandemia, la falta de asistencia a los encuentros se planteaba como un problema recurrente y, en algunos casos, los asistentes no alcanzaban a superar las 12 personas. Esta situación se revirtió registrándose un nivel de participación más numeroso durante la modalidad virtual, que alcanzó un pico máximo de 38 participantes en la mesa de julio del 2020. Estos cambios implicaron también nuevas representaciones, especialmente de instituciones educativas (dedicadas entonces a la distribución de bolsones de alimentos) y religiosas, merenderos y comedores, todos actores que tomaron nuevos roles durante la pandemia. Con la vuelta a la presencialidad, la participación en las mesas de un mayor número de personas se sostuvo, al menos hasta mediados del 2022.

Temas abordados

Las problemáticas más recurrentes en las discusiones de las mesas previas a la pandemia se pueden resumir en temáticas asociadas a violencia intrafamiliar, violencia institucional, “sentimientos de inseguridad” (Kessler, 2011), participación de jóvenes y consumos problemáticos (Matossian y Abal, 2019). Durante el 2020, la agenda de temas se modificó sustancialmente, siendo la asistencia alimentaria y la entrega de productos de limpieza dos temas centrales. Circularon también distintos tipos de informaciones vinculadas a las características de la COVID-19, síntomas y primeras recomendaciones frente a los casos que se comenzaban a registrar en el distrito y, en ocasiones, se problematizó la estigmatización de quienes se enfermaban o de quienes no podían cumplir el aislamiento por verse obligados/as a salir a trabajar (fueran o no esenciales).

Durante el 2021, la campaña de vacunación se tornó prioritaria, especialmente la articulación de las distintas instituciones para promover su alcance territorial. Se organizaron nodos o mesas de inscripción para facilitar el proceso a quienes no podían hacerlo de manera virtual por falta de acceso a dispositivos o a conexión de internet. Estos nodos estaban distribuidos en puntos y momentos estratégicos, como, por ejemplo, en las escuelas, los días y horarios en los que se entregaban bolsones de alimentos.

Otra de las actividades organizadas desde las Mesas Territoriales en pandemia en los momentos de necesidades más críticas y restricciones de movilidad más estrictas fue la distribución y entrega de mercadería ofrecida por el municipio a diferentes comedores, ollas populares y copas de leche. Tal como se estudió para otros casos dentro de los partidos del Gran Buenos Aires, durante el ASPO “la falta de ingresos ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria”, lo que provocó “una multiplicación de ollas populares en la zona” (Gavazzo y Penchaszadeh, 2020: 52).

Más adelante, se sumaron otros temas vinculados a la prevención y promoción de la salud, tales como la creación de nodos saludables o la articulación con la Secretaría de Salud del municipio para organizar operativos de autotoma para el test del VPH. La participación política de jóvenes que se presentaba como un eje central durante el 2019 se mantuvo relativamente suspendida.

Por último, también emergieron conflictos internos que en otro contexto no eran tan visibles. Por ejemplo, ante la escasez de recursos, la difusión de la información fue problematizada en más de una oportunidad y se tornó objeto de tensiones. Mientras que algunos actores reclamaban no tener conocimiento sobre la realización de determinado operativo (de testeo, vacunación, distribución de mercadería, etc.), los/as referentes del municipio cuestionaban la difusión indiscriminada de dicha información y reclamaban ser mediadores/as y evaluar el suministro de información según el caso.

Consideraciones finales

Boaventura de Sousa Santos comienza su libro La cruel pedagogía del virus preguntándose si “la verdad y la calidad de las instituciones de una sociedad determinada se conocen mejor en situaciones normales, de normal funcionamiento, o en situaciones excepcionales, de crisis” (De Sousa Santos, 2020: 19). El autor responde la pregunta afirmando que, sin duda, en ambos casos se produce conocimiento y repregunta entonces qué conocimiento potencial proviene de la pandemia de coronavirus. En este trabajo se ha intentado avanzar en respuestas parciales a esta pregunta.

Hasta aquí, se han analizado la reacción de distintos tipos de instituciones y las estrategias desplegadas por estas dentro de una localidad caracterizada por una importante presencia de migrantes y una alta informalidad en torno al trabajo y al hábitat. Frente a la gravedad del contexto, en una primera etapa, las organizaciones, junto con los Estados en sus distintos niveles, han buscado articular esfuerzos para dar respuesta a las situaciones de emergencia, especialmente en lo que respecta a la asistencia alimentaria y de recursos de higiene y a la cuestión documentaria. En una segunda instancia, la prevención, la promoción y los cuidados de la salud adquirieron una centralidad que no tenían antes del 2020 y que, de alguna manera, expresan parte del impacto simbólico que tuvo la pandemia. En contraposición, se relegaron discusiones y acciones vinculadas con la participación política y los proyectos a mediano o largo plazo tales como las mejoras en los barrios.

En las instituciones que no están directamente vinculadas a la comunidad paraguaya, el modo en el que emerge lo migratorio se puede leer en clave de continuidad con lo que ocurría antes de la pandemia. En el caso de las Mesas Territoriales, no fue (ni antes ni durante la pandemia) un tema al que se le diera prioridad desde la coordinación. Sin embargo, emerge de manera espontánea y contundente en consultas, relatos de experiencias o dificultades concretas. Las instituciones creadas por la propia comunidad paraguaya fortalecieron durante la pandemia sus redes preexistentes tanto para paliar situaciones de emergencia generales, como la entrega de alimentos y la participación en la campaña de vacunación, como para atender situaciones particulares vinculadas a la condición migratoria, como la asistencia en la tramitación de los documentos y la ayuda a las personas paraguayas que requerían retornar a su país frente al cierre de fronteras.

Así, tal como señala Herrera (2021: 112):

La pandemia exacerbó desigualdades existentes y mostró que el lugar donde se habita, el tipo de trabajo que se realiza y la condición jurídica con la que se cuenta no solo afectan el acceso a derechos fundamentales, como el trabajo, la salud y la educación, sino que la misma supervivencia está en entredicho para la población migrante.

Esta última reflexión refuerza la importancia de continuar estudiando las desigualdades desde una perspectiva interseccional, que dé cuenta de las diferentes expresiones en que estas se manifiestan, especialmente para las personas migrantes residentes en espacios de hábitat popular con fuertes rasgos de informalidad.

En este sentido, retomando la pregunta de De Sousa Santos, se puede decir que la pandemia ha dado lecciones sobre la fragilidad de la vida en contextos de intersección y profundización de las desigualdades, pero también ha enseñado sobre la importancia y la potencia de la organización en los territorios.

Bibliografìa citada

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