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Implementación de la economía circular en América Latina

El pasado 30 de octubre de 2018, tuvo lugar el Encuentro España-El Salvador para el desarrollo de la economía circular en materia de residuos y agua. La economía circular es una solución a las crisis ambientales y sociales a nivel global, contribuye a la lucha contra el cambio climático, así que no es suficiente con impulsarla en la Unión Europea, sino que hay que extender este nuevo modelo económico a todo el mundo, incluyendo a los países de América Latina, como opinaron en el encuentro (Fundación para la Economía Circular, 2018).

La generación de residuos urbanos en los países de América Latina y el Caribe supone unas 540.000 toneladas diarias, y se espera que aumente a las 671.000 toneladas diarias para 2050. Sin embargo, el índice de cobertura medio de la recolección no supera el 90 %, siendo este porcentaje menor en las áreas periféricas y rurales. La recolección de residuos en la mayoría de los casos se realiza “todo uno”, ya que apenas existen los esquemas de recolección separada de material. El aprovechamiento energético es escaso o prácticamente nulo, y la mayor parte de los residuos generados terminan en los vertederos ilegales con 145.000 toneladas al día y 30 % del total, y en los denominados rellenos sanitarios. En el ámbito del tratamiento de aguas depuradas, existe un gran retraso. Según datos de la ONU, en América Latina solo el 20 % de las aguas usadas municipales e industriales generadas son tratadas, frente al 71 % en Europa (Fundación para la Economía Circular, 2018).

Explica Argentina Ambiental (2018) que de acuerdo con la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) una parte importante de la población más vulnerable en Latinoamérica, aproximadamente cuatro millones de personas, ve la basura como medio de sustento y hace de la recuperación, separación y comercialización informal de materiales reciclables, como cartón, papel, vidrio, plástico o metal, su principal fuente de ingresos. Asimismo, en nuestra región el 90 % de los materiales reciclados para uso industrial son recogidos por recolectores informales. La organización FUNDES destaca el potencial de integrar a estas personas a la economía informal. En una economía circular, los materiales usados en la fabricación de un producto son recuperados, tratados, reciclados y reintegrados en el ciclo de producción. De esta manera, los residuos de unos se convierten en recursos para otros, lo que contribuye a la protección del medio ambiente, así como a la seguridad del suministro y reindustrialización de un territorio.

La capacidad de las empresas latinoamericanas para cumplir con sus obligaciones en la economía circular y sacar todo el potencial de la materia prima reciclada se ve obstaculizada por numerosos desafíos que enfrentan los varios eslabones de sus cadenas de valor, como por ejemplo:

  1. La alta informalidad de las pymes recicladoras, tanto los recolectores de base como los centros de acopio, que constituye el primer factor de poca confiabilidad de la cadena del reciclaje.
  2. La baja profesionalización de las pymes recicladoras.
  3. La falta de capital de trabajo de los centros de acopio, la cual es producto de su bajo acceso al financiamiento y la ausencia de una planeación adecuada de sus necesidades financieras (Argentina Ambiental, 2018).

La aplicación y evaluación de resultados del modelo circular no pueden hacerse en forma genérica, sino tomando en cuenta las diferentes escalas de funcionamiento de las economías: desde la organización de las empresas, pasando por los conglomerados industriales, hasta los niveles nacional, regional y global. A nivel empresa es donde ahora está más desarrollada la economía circular, porque la dificultad de aplicarla crece a medida que aumenta la escala organizacional y espacial (Cárdenas Guzmán, 2018).

Chile es uno de los países latinoamericanos que más intenta cumplir con los estándares internacionales en la materia y ha generado varios instrumentos legales para controlar las emisiones y, en general, el desperdicio y daño que se genera. La ley REP en Chile, además de formalizar la industria del reciclaje, es una invitación al conocimiento más profundo de prácticas de uso de productos y el primer paso para desarrollar la gestión y uso adecuados de materiales. Según Suazo Páez (2018), Chile entiende que el reciclaje es el último paso de los ciclos técnicos, y no, como se podría pensar, la solución al problema de residuos. Antes del reciclaje se debe reducir, prolongar el uso, reutilizar, redistribuir y remanufacturar o reacondicionar los productos para una correcta valorización de los materiales, horas hombre y energía contenidas en él durante todo su ciclo de vida.

En México, según datos de 2015 de la Secretaría del Medio Ambiente, el 11 % de los 53 millones de toneladas de residuos que se generan al año son plásticos. Allí, representantes de la industria como Unilever, Coca-Cola, Jumex, Nestlé y Bonafont, entre otras, se unieron para atender los problemas que representaban los residuos de los envases (Comunica RSE, 2017).

Colombia genera unos 12 millones de toneladas al año y solo recicla 17 %. En el caso de Bogotá, se generan unas 7.500 toneladas al día y se reciclan entre 14 % y 15 %, incluso por debajo del promedio nacional según datos revelados por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Comunica RSE, 2017).

En Uruguay, existe un programa de amplio alcance nacional llamado “Tu envase sirve”, que es un sistema de gestión de envases que busca su recuperación y reciclaje según lo establecido en la Ley de Envases. El sector privado participa a través de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) y recolecta unas 17 toneladas de residuos de envases, las cuales son enviadas a distintas plantas de reciclaje, donde el material es clasificado de acuerdo con los criterios necesarios para su comercialización (Comunica RSE, 2017).

La OIT (2018) aplicó un modelo de simulación para ayudar a ilustrar el efecto general de las políticas en torno a la economía sustentable. El modelo utilizado es el Modelo Global de Políticas de las Naciones Unidas. Uno de los puntos más fuertes del análisis fue la simulación de la evolución del PBI en distintos países.

Los resultados son alentadores, ya que se ha previsto que 12 años después de la introducción del conjunto de políticas, se lograrán mejoras en el crecimiento del PBI, el empleo, la distribución del ingreso y la eficiencia energética. Para 2030, último año del periodo comprendido en las previsiones, se auguran efectos positivos en el crecimiento del PBI. A continuación, se observan las previsiones para algunos países latinoamericanos como Brasil, México y Argentina. Los resultados arrojaron que Argentina es uno de los países que más puede beneficiarse con la implementación de políticas adecuadas.

Figura 26: Tasa de crecimiento del PBI. Escenario de base en comparación con escenario verde. Año 1990-2013. Países de América Latina

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Fuente: OIT (2018).



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