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Concepto de economía circular

La economía circular es un concepto económico que se interrelaciona con la sostenibilidad, cuyo objetivo es que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, mientras se reduce al mínimo la generación de residuos. Se trata de implementar una nueva economía, circular, basada en el principio de “cerrar el ciclo de vida” de los productos, los servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía (Fraga Chiva, 2017).

La economía circular consiste en un ciclo continuo de desarrollo positivo que conserva y mejora el capital natural, optimiza el uso de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar una cantidad finita de existencias y unos flujos renovables. Además, funciona de forma eficaz en todo tipo de escala.

La Fundación Ellen MacArthur (2015) explica que la economía circular es reparadora y regenerativa, y pretende conseguir que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento. La economía circular diferencia entre ciclos técnicos y ciclos biológicos. El primero busca que el propio diseño de los bienes permita que sean reutilizables. El ciclo biológico, en tanto, consiste en regenerar los residuos de manera tal que se reincorporen a la naturaleza. De esta forma, la conjunción de ambos ciclos permite alcanzar una mayor eficiencia tanto a nivel económico como a nivel ecológico (Cámara Argentina de Comercio y Servicios, 2017).

Figura 1: Ciclo biológico y ciclo técnico

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Fuente: Elaboración propia, a partir de un gráfico de la Fundación Ellen MacArthur (2015).

Según Marcet, Marcet y Vergés (2018), el leitmotiv de la economía circular es maximizar el aprovechamiento de los recursos y minimizar la generación de residuos no aprovechables.

Figura 2: Economía lineal

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Fuente: Elaboración propia, a partir de un gráfico de Marcet, Marcet y Vergés (2018).

Figura 3: Economía circular

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Fuente: Elaboración propia, a partir de un gráfico de Marcet, Marcet y Vergés (2018).

Fraga Chiva (2017) opina que el sistema lineal de la economía (figura 2) de extracción, fabricación, utilización y eliminación ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. Marcet et al. (2018) aseguran que para 2030 se calcula que el planeta deberá soportar la presencia de más de 9.000 millones de personas con recursos cada vez más escasos.

El Foro Económico Mundial estima que para ese año se sumarán al mercado global 3.000 millones de consumidores de clase media que incrementarán la demanda de bienes y servicios. Ante ello, organizaciones en todo el mundo bajo el liderazgo de países como Reino Unido, Alemania, Suecia y Finlandia están explorando las posibilidades de un innovador paradigma económico que, inspirado en los ciclos vitales de la naturaleza, busca optimizar el proceso productivo y minimizar los desechos, como lo muestra la figura 3 (Cárdenas Guzmán, 2018).

Uno de los recursos más preciados, y que está en una situación de escasez, es el agua. El agua es limitada porque existe en el planeta en una cantidad fija, es decir, no puede aumentar ni disminuir. Alrededor del 71 % de la superficie de la Tierra está cubierta de agua, y los océanos concentran el 96,5 % del agua de todo el planeta. Esta agua es salada, por lo cual es poco útil para la población. Un 2,15 % se encuentra en los glaciares y en los casquetes de hielo. El resto es agua dulce superficial y subterránea, pero la primera representa menos del 0,7 % (Marcet et al., 2018).

Actualmente, el reciclaje de los productos que se consumen se ha convertido en una fuerte necesidad de cara a poder optimizar el consumo de los recursos naturales y, al mismo tiempo, el no contaminar con los desechos que se producen en dichos residuos. En el caso del vidrio, por ejemplo, una parte de este se reutiliza en la propia producción, pero hay una cantidad que, desafortunadamente, no se puede incorporar en la cadena de producción y entonces forma parte de los vertederos de desechos. El vidrio tarda en degradarse más de 4.000 años, pero tiene la gran ventaja de que en el proceso de reciclado no pierde ninguna de sus propiedades y contribuye al ahorro de materias primas y de energía (Fraga Chiva, 2017).

Agregan Barragán Martínez y Barragán Vargas (2017) que la economía circular no se propone solamente para responder a los desafíos globales como el cambio climático, la sostenibilidad y la preservación de la biodiversidad, sino que representa una oportunidad para fortalecer el bienestar y la prosperidad, manteniendo la creación de valor y de puestos de trabajo, fortaleciendo el potencial innovador eco-sistémico, desacoplando el desarrollo y bienestar del consumo creciente de recursos naturales y de la producción de impactos negativos para el medio ambiente.



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