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Los lineamientos de la economía circular en un sistema complejo

Como se mencionó anteriormente, para lograr la persistencia del modelo de economía circular y obtener resultados favorables, es necesario tener una visión sistémica, donde puedan engranarse distintos subsistemas en pos del bienestar general. Sin embargo, este proceso no es tarea sencilla ya que se deben tener en cuenta muchas variables, en distintos niveles. Esta característica vuelve al sistema muy complejo. Es por ello por lo que resulta oportuno indagar sobre la Teoría de la Complejidad, que ya está siendo aplicado en el estudio de la economía y que debe regir también el desarrollo de la economía circular.

La Teoría de la Complejidad surgió alrededor de 1990 y está teniendo buena difusión en el mundo académico, especialmente en el área de la economía. La ciencia se va encaminando hacia los sistemas complejos, para estudiar de nuevas maneras las áreas naturales y también sociales, entre las que se encuentra la economía circular.

La Teoría de la Complejidad no tiene una definición consensuada por los especialistas. Sin embargo, Perona (2006) observa dos elementos comunes a cualquier esbozo de definición de complejidad. Por un lado, la asociación de complejidad con la idea de sistemas, que relaciona una serie de partes o componentes para dar lugar a un todo. Por el otro, la complejidad supone la dificultad para entender algo.

Así puede afirmarse, tal como lo hizo Simon (1976), que trabajar con complejidad puede implicar que los sistemas estén integrados por muchos componentes, o que cada componente tenga alta interdependencia con el resto. También puede hacer a un sistema complejo el hecho de ser difícil su poder decisorio. O la cantidad de información distinta que maneja en comparación a los sistemas menos complejos. Por esta razón puede observarse que los sistemas complejos tienden a contener un número mayor de parámetros definidos para describirlos, lo que requiere la ayuda de procesamiento computacional para tratar de resolverlos.

En el campo de la economía, la Teoría de la Complejidad es aceptada por una serie de factores internos y externos a la ciencia. Entre los factores internos, se debe mencionar los problemas recurrentes con que se encuentra la economía tradicional, y que suele ser blanco de crítica. La economía tradicional basa sus estudios en modelos económicos que plantean supuestos demasiado simplificadores e irreales. Por otra parte, algunos autores cuestionan las fallas empíricas del enfoque tradicional, donde se observa una incapacidad para predecir adecuadamente. Muchas veces, estos problemas fueron atribuidos a las limitaciones de los métodos estadísticos o a la mala calidad de los datos.

Entre los factores externos se encuentran la creciente importancia de la naturaleza y el medio ambiente para la economía o la revolución computacional que permite un nivel más elevado de procesamiento de datos. Así surge que la Teoría de la Complejidad propone una nueva forma de conceptualizar los fenómenos económicos-sociales-naturales y de construir modelos más flexibles que tomen en cuenta aspectos no incluidos en el enfoque tradicional.

No se debe perder de vista que la economía en sí es una disciplina social ya que estudia comportamientos humanos en una determinada esfera de análisis. Por lo tanto, hay dos aspectos que no se pueden dejar de mencionar si se toman bajo análisis las cuestiones sociológicas. Por un lado, lo concerniente a la Teoría de la Complejidad No Organizada, donde el individuo se comporta a través de movimientos desorganizados imposibles de seguir aisladamente, pero que en el conjunto responden a las leyes del azar y la probabilidad y a la Segunda Ley de la Termodinámica. A esta Teoría de la Complejidad No Organizada la física clásica respondió con gran éxito (Bertalanffy, 1968).

Por otro lado, el problema se puede encontrar en la complejidad organizada o lo que se llama Teoría General de la Organización, donde las reglas están dadas por conceptos como organización, totalidad, directivas, etc. Por estas complicaciones, por ejemplo, la economía logra desarrollar modelos bastante interesantes para explicar los fenómenos económicos, pero no llegan a predecir hechos futuros con gran precisión.

Bertalanffy (1968) resume que las disciplinas de la ciencia moderna van dejando de lado los análisis de simplificación de variables que expliquen los fenómenos observados, para analizar el todo. Es decir, considerando problemas de organización, fenómenos no descomponibles en acontecimientos locales, interacciones dinámicas manifiestas en la diferencia de conductas de partes aisladas o en una configuración superior, etc. Por lo tanto, considerar sistemas de varios órdenes sería la nueva premisa.

En el nuevo enfoque de la economía circular se debe estudiar la relación de los tres subsistemas (económico, social y ambiental) en cada uno de sus niveles (micro, meso y macro). Estos niveles son inherentes a todos los sistemas y por lo tanto siempre están presentes.

Figura 10: El sistema complejo de la economía circular

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Fuente: Elaboración propia, a partir de un gráfico de Prieto-Sandoval et al. (2017).

El subsistema económico debe considerar el impacto de las actividades económicas e industriales en el medio ambiente, lo que sería traducido como un costo. Implica cambios en las formas de producción, innovación tecnológica y productiva, cambios organizacionales e institucionales, sostenibilidad a mediano y largo plazo (García y Menegaz, 2013). Se concibe, además, que su objetivo no solo sea generar ganancias económicas, sino también devolver algo a la sociedad a nivel social, económico y ambiental que les permita a las empresas un arraigo de forma permanente (Carro Suárez et al., 2016).

En el subsistema social se busca el beneficio del personal y de su entorno con una eficiente administración de los recursos humanos. En ese entorno se espera brindar salud, seguridad y crecimiento económico a la sociedad. Es decir que se requiere incorporar la noción de calidad de vida y dignidad humana y no solamente el hecho de vivir en la pobreza o con necesidades básicas insatisfechas.

Con otra mirada, Artaraz (2002) opina que en el subsistema social, es sustancial observar y tomar alguna actitud con respecto a la dominación. El autor indica que hay dos tipos de dominaciones que atender y que impactan en la ecología. La dominación de las personas hacia la naturaleza (la cual resulta más evidente) y la de algunas personas hacia otras, como ocurre en la dominación de los países desarrollados sobre los países que no lo son sobre el uso y abuso de recursos y actividades extractivas. En la esfera social también se deben considerar los distintos niveles de equidad:

  • La equidad intergeneracional: se tiene que considerar en los costos de desarrollo económico presente la demanda de generaciones futuras.
  • La equidad intrageneracional: se debe incluir a los grupos más desfavorecidos en la toma de decisiones que afecten lo ecológico, lo social y lo económico.
  • La equidad entre países: evitar los abusos de poder de los países desarrollados sobre los que están en vías de desarrollo.

El subsistema ecológico supone discutir los criterios necesarios para evaluar los cambios, adaptaciones y límites de los sistemas ecológicos, frente a la presión ejercida por los procesos de desarrollo socioeconómico. Los productos y procesos deben ser amigables con el ambiente a través de la prevención de la contaminación y de una buena gestión de los recursos naturales. Adicionalmente, las empresas deben diseñar productos verdes, desde su materia prima hasta el final de su ciclo de vida (Carro Suárez et al., 2016). Se propone que la economía sea circular, que se produzca un cierre de los ciclos, tratando de imitar a la naturaleza. Es decir, hay que diseñar sistemas productivos que sean capaces de utilizar únicamente recursos y energías renovables, y no producir residuos (Artaraz, 2002).

Para unir estos tres subsistemas, resulta necesaria la existencia y el buen funcionamiento de otro, el institucional o político. Este supone identificar actores e instituciones, considerando su posicionamiento y participación, directa o indirecta, en la definición de un futuro colectivo que incluya la toma de decisiones en la gestión ambiental a través de las estructuras de gobierno. Está orientado a lograr rescatar la riqueza de las dinámicas que ofrecen los movimientos sociales del mundo invisible, para integrarlos como actores significativos, y no residuales, de un nuevo proyecto de sociedad (García y Menegaz, 2013).

La nueva economía requiere necesariamente de un Estado fuerte, que regule y garantice una democracia participativa estimulando soluciones creativas. El papel del Estado es fundamental para intervenir en la relación entre el sector productivo, los sectores sociales y el ambiente, estableciendo reglas formales de comportamiento (marco legal), así como promoviendo valores y costumbres (marco cultural, ético y moral).

Por otra parte, Perona (2006) y Prieto-Sandoval, Jaca y Ormazábal (2017) analizan los tres niveles del sistema de acuerdo con el alcance de la influencia de los grupos de interés y su grado de integración: micro, meso y macro.

En el nivel micro o primario, el modelo tradicional de economía identificaba a la unidad de análisis como el individuo, caracterizado como el agente económico racional que siempre podía optimizar sus elecciones. Los agentes no tenían estructura (es decir, no eran un sistema en sí mismos) y respondían pasivamente a las fuerzas del mercado. Con el modelo complejo, la unidad de análisis también es el individuo, pero el supuesto de racionalidad no es sinónimo de optimización, sino que el individuo tiene un comportamiento satisfactorio, de acuerdo con las características del contexto en que se mueve. Los agentes tienen estructura, como por ejemplo, mecanismos psicológicos que los llevan a aprender dentro del modelo; son autómatas que se adaptan activamente.

A nivel empresarial, micro o individual, las empresas se centran en la mejora de sus propios procesos y prácticas, el uso de energía limpia, un consumo eficaz de las materias primas, el ecodiseño de sus productos, la implementación de ecoetiquetas, la trazabilidad para disminuir su huella ambiental, entre otras iniciativas.

A nivel meso o intermedio, en el modelo tradicional no se establecía interacción directa entre los agentes, sino indirecta a través del mercado. El mecanismo de agregación era lineal y aditivo; es decir que correspondía a la sumatoria de las decisiones de individuos idénticos o, lo que es lo mismo, la economía se reducía a un único agente. Es a este nivel meso que se introduce el supuesto del ‘agente representativo’, para garantizar la agregación.

En el modelo complejo, este nivel es muy importante, ya que permite modelar la interacción de los agentes en forma explícita. El mecanismo de agregación es no-lineal y no-aditivo. Las interacciones pueden ser globales (todos con todos) o locales (entre subgrupos de agentes). Puede haber interacciones a distintos niveles, conformándose ‘jerarquías’ y ‘redes’. Se rechaza de plano el supuesto del agente representativo, en favor de la consideración explícita de la heterogeneidad y las relaciones entre los agentes.

En el plano de las organizaciones, estas empiezan a interactuar en red para compartir recursos y revalorizar o reutilizar residuos, como en los ecoparques industriales ecológicos. En este nivel también se destaca la acción colectiva de asociaciones empresariales cuyas características comunes les permiten generar simbiosis interorganizacionales que benefician a todos los miembros.

A nivel macro o secundario, el modelo tradicional trabajaba con ‘resultados’ agregados dados por el valor puntual de una variable, por ejemplo, el nivel de precios, la tasa de interés, las cantidades del mercado, etc. A esta variable se le asignaba ciertas propiedades, en particular la de ser un valor de equilibrio. No podía explicarse la aparición de ‘entidades’ agregadas. En cambio, en el modelo de complejidad, aunque también se trabaja con resultados agregados, no están dados por el valor puntual de una variable agregada, sino por una configuración que representa un patrón de comportamiento agregado. Dichos patrones de comportamiento están en constante transformación y no están caracterizados por el equilibrio. Al igual que los modelos tradicionales, tampoco explican la aparición de entidades agregadas.

En la sociedad, a nivel macro, pueden darse iniciativas desarrolladas en ámbitos regionales o nacionales como son las ecociudades, los ecomunicipios o las provincias ecológicas. No obstante, la implementación de la economía circular implica que las empresas superen barreras externas e internas. Entre las barreras externas se encuentran la falta de regulación política y los incentivos económicos, mientras que entre las barreras internas están la falta de capacidades técnicas, los recursos financieros propios y el interés empresarial en temas ambientales (Pietro-Sandoval et al., 2017).

Figura 11: Los tres niveles de análisis de la economía circular

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Fuente: Elaboración propia, a partir de un gráfico de Prieto-Sandoval et al. (2017).

Para poder llevar adelante la economía circular, tal como lo expresa Vidal (2016), es necesario identificar los actores que participan:

  1. Las autoridades, en todos los niveles, responsables de diseñar acciones que impulsen la transición hacia la economía más sostenible a través de un marco legal adecuado, financiación que apoye iniciativas innovadoras y transmisión de información a todos los agentes de la cadena de valor.
  2. El tejido empresarial, agente clave en la selección de materias primas, pasando por el diseño del proceso del producto (más duradero o fácil de reparar y con materiales reciclados) y de los sistemas de producción (incluido el envase) así como en los procesos de gestión de los subproductos y efluentes.
  3. El consumidor, cuya decisión de compra influye directamente en la economía circular. Es necesario tener en cuenta el factor precio y la información transmitida sobre los procesos, la vida útil de los productos o modelos de consumo más eficientes. 


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