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9 Me aburre estudiar[1]

Cómo aprende el cerebro del adolescente[2]

González Mas, Silvina[3]

Palabras clave: Sinaptogénesis. Mielinización. Neuroplasticidad. Atención. Memoria. Emoción


Introducción

La adolescencia es una etapa donde se caracteriza por presentar importantes cambios (físicos, psicológicos, hormonales), el cerebro no es una excepción a esto, en él también ocurren modificaciones significativas, relacionadas con la plasticidad cerebral, la sinaptogénesis y mielinización, principalmente, en los lóbulos frontales. Por lo tanto, conocer qué pasa en el cerebro de un adolescente y su incidencia en el aprendizaje, es fundamental para poder entender algunos de comportamientos de los jóvenes, como así también poder determinar qué estrategias de enseñanza favorecen el aprendizaje en estos estudiantes.

A menudo escuchamos: “a los adolescentes no les interesa nada”, “viven en su mundo”, “se les da oportunidades y no la saben aprovechar”, son algunos ejemplos que se pueden citar. ¿Qué es lo que pasa entonces?: ¿se trata de una moda a seguir?, ¿son códigos propios de la edad? o ¿realmente intervienen factores biológicos?  Son preguntas que se tratarán de responder a lo largo del trabajo, reconociendo la interrelación de factores cognitivos, metacognitivos y afectivomotivacionales involucrados en esta etapa del desarrollo evolutivo.

Por lo tanto, el principal objetivo que tiene el presente trabajo es conocer el funcionamiento del cerebro del adolescente para establecer estrategias y metodologías de enseñanza – aprendizaje en el que se combinen las neurociencias y la educación.

Desarrollo

Entender, en la actualidad, a los adolescentes parece un objetivo bastante alto para cualquier adulto. Podríamos tomar la metáfora, “de oruga a mariposa”, para explicar brevemente esta etapa madurativa. La etapa de la niñez, podría asemejarse a la de la oruga, necesita de la alimentación y la protección para poder desarrollarse. Cumplido un tiempo, comienza la transformación para ser mariposa, ésta sería la etapa de la adolescencia: si se altera este proceso la mariposa será débil e incapaz de afrontar el mundo, algo similar ocurre en la adolescencia.

Es necesario que el joven afronte todos los cambios de la manera más saludable posible, así será un adulto fuerte, capaz de resolver situaciones conflictivas, adaptarse a los cambios que se le presenten y aprender con solidez y entusiasmo.

Sabemos, que el cerebro es el órgano más complejo del ser humano y del que aún queda mucho por conocer y explicar; con él “percibimos, aprendemos, resolvemos problemas, recordamos, sentimos, pensamos, nos comunicamos, empatizamos, y creamos, entre muchas cosas más”[4]

El cerebro está formado por una gran cantidad de células nerviosas, que desde antes del nacimiento comienzan a comunicarse y se multiplican a pasos abismales en la primera etapa luego del nacimiento, disminuyendo en la adultez hasta llegar la vejez.

El desarrollo cerebral sigue un patrón jerárquico preestablecido, comenzando su madurez en áreas sensoriales que le permiten la supervivencia a temprana edad, hasta llegar a las zonas de mayor complejidad, las áreas frontales. Este proceso, presenta varios principios; los que tendremos en cuenta en este trabajo, son los siguientes:

  • Sinaptogénesis
  • Mielinización
  • Neuroplasticidad

Sinaptogénesis:

“Se denomina así al proceso en el que se establecen conexiones entre neuronas adyacentes. Dichas conexiones se llaman sinapsis. Desde el nacimiento y hasta aproximadamente los 3 años de vida, cada neurona se conectará con las vecinas entre 1 y 10.000 veces, dependiendo de los estímulos ambientales que reciba. ¡Un ambiente enriquecido puede dotar al cerebro del bebé de 100.000.000.000.000 sinapsis!” [5]

Diversas investigaciones científicas destacan la importancia que tiene en el cerebro del adolescente los estímulos novedosos y desafiantes, permitiendo la activación de comunicaciones neuronales, fortalecidas aún más cuando se involucran las emociones. Está comprobado que la experiencia, las interacciones sociales y el aprendizaje formal cumplen un papel fundamental en el aumento de conexiones neuronales, modelando de esta manera el cerebro del adolescente.  Entre los 11 – 12 años se dan cambios estructurales y funcionales en el cerebro, principalmente en los lóbulos frontales, relacionados con un aumento en la velocidad de procesamiento y funcionamiento ejecutivo, que alcanzan su máxima madurez en la adultez, alrededor de la cuarta década.

La exposición repetida de un estímulo origina mayor sensibilidad en las neuronas involucradas, provocando el refuerzo de las redes neuronales generando el aprendizaje.

Este aspecto es de especial importancia, ya que frente a un estímulo nuevo se necesita la repetición constante para que se llegue a la consolidación, este proceso lleva un tiempo hasta que se produce el aprendizaje, una vez que ya se generó, este proceso se da en un tiempo significativamente más rápido.

Mielinización:

“Es el proceso por el cual los axones de las neuronas se revisten de una capa gruesa de mielina. La mielinización del sistema nervioso central es un proceso complejo pero ordenado, en cuanto a topografía, secuencia de lugares del cerebro que se mielinizan, y cronología. La mielinización comienza a las 12 – 14 semanas de gestación en la médula espinal, y se da aproximadamente hasta la cuarta década de la vida, en los axones intracorticales de la corteza cerebral.”[6]

Está claro que la mielina que recubre los axones aumenta en forma considerable la velocidad de transmisión de la información, pero este proceso no se da en el cerebro de una forma uniforme, sino, todo lo contrario, las áreas de los lóbulos frontales son los últimos en mielinizarse, alrededor de los 25-30 años, por ello, las funciones que de ella dependen transitan por este proceso, lo que explicaría en cierto modo el comportamiento social, emocional y cognitivo de los adolescentes.  Este proceso sigue un curso similar al desarrollo cognitivo, comienza por las áreas sensoriales y motoras, luego se extiende a los lóbulos parietales, finalizando en los lóbulos frontales.

“A medida que se mielinizan los lóbulos frontales durante la adolescencia, los jóvenes desarrollan la capacidad para hacer hipótesis, pensar en el futuro, deducir, analizar y utilizar el razonamiento lógico”[7]

Mientras sucede esto, es común observar en los adolescentes características como: el hacer sin pensar, decisiones apresuradas, fallas en las metas a corto y largo plazo, entre otras. ¿Por qué actúan así? Los lóbulos frontales son los que se encargan de mediar el mundo interno con el externo y las emociones. En él se encuentra, entre otras, dos áreas importantísimas conocidas como: dorsolateral prefrontal, donde se ubican las funciones ejecutivas,  y orbitofrontal a cargo del comportamiento y de las emociones.

“En palabras de Muriel Deutsch Lezak, a quién se atribuye la acuñación de los términos que se utilizan para conceptualizarlas, las funciones ejecutivas son las capacidades necesarias para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y socialmente aceptada.

De estas funciones dependen habilidades y acciones que son sumamente importantes en los procesos de toma de decisiones, como la elección de objetivos y establecimiento de planes, la determinación de los cursos de acción (conducta) y la selección de los medios para lograr lo que nos proponemos. La autoevaluación y el autocontrol también dependen de un correcto funcionamiento de este sistema.

Cuando las funciones ejecutivas se altera, – por ejemplo, debido a una lesión cerebral provocado por un daño físico o una enfermedad -, las personas afectadas tienen enormes dificultades.

Puede ocurrir que no puedan concentrarse, que su comportamiento pase a ser errático y que cambie su personalidad (normalmente se vuelven irascibles)”.[8]

Por lo tanto, el enojo, la impulsividad, la audacia, la euforia, entre otras conductas propias de los adolescentes, se visualizan con mucha inestabilidad y hasta incoherencia por parte del adulto, a lo que puede explicarse dentro del proceso de mielinización, ya que éstas áreas aún no están lo suficientemente maduras, dejando entre ver conductas y emociones más primitivas dadas por la amígdala cerebral.

Por otro lado, un aspecto a resaltar en la toma de decisiones, es que los jóvenes toman decisiones en realidad sin saber que las están tomando y en un alto porcentaje mal tomando. Todavía el cerebro  adolecente no es capaz de pensar y razonar como lo haría un adulto con lógica, el cerebro del adolescente se deja atraer y llevar por el aquí y ahora, por las grandes tentaciones (consumo de sustancias, relaciones sexuales repentinas y sin protección, trastornos de alimentación, etc).

En relación con el aprendizaje, los jóvenes aún no son capaces de evaluar las ventajas y desventajas al momento de estudiar  y por tal razón suelen postergar para más adelante el estudio, priorizando actividades que no son urgentes. Los padres expresan con frecuencia estas respuestas de sus hijos cuando les dicen estudia: “ya voy”, “ya estudié”, “después de …”, “lo tengo todo claro”. Mientras que las respuestas de los estudiantes adolescentes cuando son entrevistado por profesionales de un colegio, son: “me aburre estudiar”, “me distraigo mucho”, entre otras.

Estas expresiones explicarían y evidenciarían, que el cerebro de un adolescente todavía no está preparado para pensar en el futuro, no porque no quieran, sino que existen aún áreas y conexiones cerebrales inmaduras para éstas acciones, lo que no quiere decir, que se les omita tomar decisiones, sino todo lo contrario; se los debe ayudar externamente a reflexionar sobre sus actos y decisiones, planteando objetivos concretos y a corto plazo.

Neuroplasticidad:

“Es la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse, adaptarse y modificarse durante toda la vida”.[9]

Se podría contemplar que el cerebro es el órgano de mayor capacidad para el aprendizaje. Desde el nacimiento hasta la muerte, la persona vive diferentes experiencias de aprendizaje, donde intervienen innumerables conexiones neuronales, algunas de estas conexiones quedan de por vida, otras duran muy poco tiempo y se pierden.

Es gracias a la neuroplasticidad que el sistema nervioso se modifica, se ajusta y responde conforme a las diferentes experiencias a las que se expone una persona. Cabe aclarar, que también influye en gran medida la genética de la persona, sin ser una condición ni determinismo genético.

“La forma más básica de plasticidad consiste en ajustar la fuerza de las conexiones entre neuronas. Esto ocurre mediante dos procesos, llamados potenciación y depresión a largo plazo (respectivamente, PLP y DLP).

La PLP consiste en la intensificación de las conexiones entre neuronas que se activan sincrónicamente. A mediados de los setenta, Terje LØmo demostró este mecanismo mediante la estimulación eléctrica de neuronas en el hipocampo. Lo mismo les pasa a dos jóvenes enamorados: cuanto más cosas hacen juntos, más fuerte es el lazo que los une. Ahora, para disfrutar de cosas nuevas, estos amantes dejan de hacer otras cosas: descuidan a sus amigos, ya no llaman a sus viejos… Cuando dos neuronas dejan de coactivarse, sus vínculos se debilitan. Esto se denomina DLP”. [10]

Algo similar ocurre en el aprendizaje: para que un aprendizaje se consolide necesita del reforzamiento constante, algo que es imprescindible que  los profesores tengan en cuenta. Por otro lado, si no se utilizan los aprendizajes previos de los alumnos con frecuencia, estos van perdiendo significado hasta que se olvidan. Esto no quiere decir que los profesores se vuelvan  repetidores incansables de la información, sino lo que incide es en los diversos modos en que es presentada la información: que sea lo suficientemente significativa para el adolescente, que se activen áreas cerebrales relacionadas con el placer y las emociones, además de promover que los mismos jóvenes sean activos y partícipes en la construcción de los saberes.

El procesamiento de la información en los cerebros adolescentes

Investigaciones científicas[11] [12] demuestran que cada cerebro es único, se han estudiado cerebros de gemelos, que aunque estén expuesto a las mismas experiencias, reciban estímulos muy similares y convivan en un mismo ambiente, sus cerebros son diferentes ¿Qué sucede, entonces? Cada persona percibe la información por medio de los canales sensoriales, pero cada una le da una interpretación distinta de acuerdo a sus propios intereses y deseos, esto sucede a lo largo de toda la vida.

Para comenzar desde el principio, se verá cómo el cerebro recibe la información y la interpreta:

“Para ello, debemos hacer referencia a Paul Flechsig, eminente neuroanatomista, psiquiatra y neuropatólogo alemán que, a principios del siglo XX, desarrolló importantes investigaciones sobre las áreas funcionales y la mielinogénesis cerebral.

Flechsig hipotetizó sobre las funciones de estas diferentes áreas, indicando que las áreas primarias de la corteza cerebral realizaban análisis sensoriales simples, mientras que las áreas de asociación (corteza secundaria y terciaria) procedían a la interpretación de la información primaria, a la integración de las informaciones secundarias o desarrollaban las funciones mentales superiores”. [13]

Teniendo en cuenta este aspecto, se expondrá cómo el cerebro interpreta y procesa la información en relación a las situaciones de aprendizaje, contemplando el siguiente esquema:

ESQUEMA SMAS

Tal como se esquematiza, el procesamiento de la información se llevaría a cabo de la siguiente manera: El estímulo (información) ingresa por alguno de los canales sensoriales (generalmente  visual y/o auditivo) que es recibido por el receptor sensorial correspondiente, lo que activa el sistema reticular  y por ende, la atención, si la información es interesante para el estudiante (lo motiva), continúa el procesamiento por medio del mantenimiento atencional, despertando al mismo tiempo recuerdos de aprendizajes previos a través de áreas relacionadas con la memoria, lo que le ayuda al adolescente a establecer asociaciones y actualizar la información, estimulando las funciones ejecutivas para generar una respuesta clara y ordenada haciendo uso de la información almacenada, evocándola cuando se es requerido. Si este proceso se da en forma esperada se origina el aprendizaje.

Atención y memoria, funciones claves para el aprendizaje

Atención:

Para que una persona aprenda y en especial un estudiante, es indispensable la puesta en marcha de dos funciones claves en el aprendizaje: la atención y la memoria.

Se explicará brevemente cada una de ellas y su importancia en el aprendizaje del adolescente:

La atención es definida por William James, como: “El proceso por el que la mente toma posesión, de forma vivida y clara, de uno de los diversos objetos o trenes de pensamiento que aparecen simultáneamente. Focalización y concentración de la conciencia son su esencia. Implica la retirada del pensamiento de varias cosas para tratar efectivamente otras”. [14]

A continuación, se analizará cada aspecto de la definición:

  • toma posesión, de forma vivida y clara…, es decir ser consciente del estímulo que se presenta;
  • de uno de los diversos objetos o trenes de pensamiento que aparecen simultáneamente…, frente a varios estímulos internos o externos, que se presentan en paralelo, el cerebro tiene la capacidad de seleccionar uno entre varios.
  • focalización y concentración…, estos aspectos son la clave de la atención: la focalización es dirigir uno de los sentidos (vista y/o audición) sobre el estímulo relevante, lo que se denomina atención externa, pero la atención también puede dirigirse hacia los propios pensamientos o procesos mentales, lo que se denomina atención interna. La concentración es la capacidad de mantener la atención frente a un estímulo por un tiempo óptimo y sin distraerse.
  • implica la retirada del pensamiento de varias cosas para tratar efectivamente otras… esta es la esencia de la presente función cognitiva, cuando la persona puede evadir estímulos secundarios o irrelevante sobre el foco atencional principal, es cuando la atención es efectiva.

Cuando el adolescente, frente a una clase, puede dirigir y mantener su atención hacia el profesor, suprimiendo estímulos irrelevantes (compañeros que hablan, ruido en el pasillo), a lo que llamaríamos atención selectiva, es la manera que este estudiante puede aprehender el objeto de estudio.

Es importante aclarar que no todo es labor del estudiante, sino que también influyen directamente las características de los estímulos externos, a lo que debe tenerse en cuenta lo siguiente:

“Intensidad: Un estímulo de mayor intensidad se destaca entre los demás. Por ejemplo: una persona que habla en voz alta en una reunión, un color vistoso sobre un fondo negro o blanco.

Novedad: Un estímulo que se distingue radicalmente de los demás, provocando el llamado reflejo de orientación. Por ejemplo: una persona caminando con las manos (patas para arriba).

Organización perceptiva: El cerebro busca las formas más simples o simplifica las complejas”. [15]

En el plano educativo, es primordial que los profesores tengan en cuenta estas características, ya que no solo beneficiaría al estudiante, sino que promovería a despertar factores emocionales, tales como: la motivación, el interés y la atracción hacia el estímulo (tema a enseñar). Si un alumno está motivado y entusiasta, se activan en el cerebro los centros del placer por liberación de dopamina, reconociendo que no existe ningún peligro en ese momento, logrando aprendizajes significativos. Mientras que, cuando se crea un ambiente de tensión, donde prime la disciplina por encima de la relevancia del tema a enseñar, se activa en el cerebro del estudiante áreas relacionadas con la autoprotección y defensa, liberando acetilcolina, bloqueando o disminuyendo a su vez, áreas cognitivas necesarias para aprender.

Anteriormente, se había nombrado dentro del procesamiento de la información, el sistema reticular como impactante en la atención. El sistema activador reticular ascendente (más conocido como SARA), actuaría como un filtro sensorial en el cerebro, dejando pasar al tálamo, sólo aquella información que sea novedosa o de supervivencia.

“Los estímulos que pasan este filtro llegan al tálamo donde se integran, excepto el olfato que ingresa directamente al cerebro emocional. El tálamo es el principal responsable de interpretar el constante bombardeo sensorial que recibe el cuerpo. Recoge todos los mensajes sensoriales (excepto los olores) y los retrasmite a los centros procesadores correspondientes del cerebro. Cuando un estudiante se frustra porque el vocabulario que está leyendo no le permite entender el tema, o no entiende lo que el profesor explica, los filtros afectivos de su amígdala responden a la tensión tomando cantidades más altas de los alimentos disponibles y del oxígeno del cerebro. El cerebro está ahora en modo de supervivencia. La alta actividad en la amígdala bloquea la entrada de información a la corteza pensante, tanto, que la información nunca llegará a la memoria de largo plazo”. [16]

Se debe considerar que la codificación es el punto de partida para el inicio del aprendizaje, tal como se explicó, si el estudiante no logra tomar aspectos significativos de un estímulo que se presenta, los pasos posteriores se verán alterados y, por lo tanto, el proceso al quedar incompleto  pierde la información, ya que sólo se habrán tomado fragmentos de la realidad presentada.

Es preciso aclarar que si se presenta este problema, la dificultad debe ser abordada como una falla atencional, que incide sobre los procesos mnésicos.

Por las características del ingreso de la información, esta fase también se la conoce como memoria sensorial.

  • Almacenamiento o consolidación: Una vez que ingresa la información al cerebro y es procesada pasa a la segunda fase, la de almacenamiento, donde la información se guarda por un tiempo hasta ser utilizada.

“En este período se organiza y estructura el contenido que facilita relacionar la información nueva con la anteriormente adquirida. La estructuración implica la aparición de una memoria diferenciada. En ésta, el material codificado pasa a una memoria de corto plazo y parte de esta información se consolida en el almacenaje a largo plazo”.[17]

De acuerdo al tiempo en el que es retenida la información se la puede dividir como:

  • Memoria inmediata: La información suele mantenerse latente por treinta segundos a algunos minutos, tiene una capacidad limitada y es fuertemente influenciable por estímulos distractores. Es el tipo de memoria que suelen usar los estudiantes o una persona ante la lectura rápida de un texto, en el que se va manteniendo la información justa que permite llevar un hilo conductor en la lectura, pero se olvida rápidamente. Otro ejemplo, sería en el caso de un dictado o la escritura rápida ante la explicación de un profesor, en la que se mantiene la información hasta que se escribe, pero luego se olvida en su gran mayoría. Como podemos apreciar, este tipo de memoria también, se encuentra enlazada con la atención sostenida y selectiva.
  • Memoria a corto plazo: en este caso la información puede durar entre algunos minutos a días en casos excepcionales. Si esa información, no es lo suficientemente relevante o se repite con cierta frecuencia, no llega a la consolidación y por lo tanto se pierde. Tiene una capacidad limitada de datos para recordar, más o menos 7 elementos o categorías. Está influenciada por dos fenómenos importantísimos: el de primacía y recencia.

“Cuando se nos presenta una lista de elementos (palabras, dibujos, acciones…) para memorizar, al cabo de un breve lapso de tiempo se recuerdan con mayor facilidad aquellos ítems que se presentaron al principio (primacía) y al final (recencia) de la lista, mientras que los que se encontraban en posición intermedia son más difíciles de retener”. [18]

Es relevante que los profesores tengan en cuenta, este párrafo citado, sobre todo cuando se presentará un tema de mayor complejidad o es la primera vez que el alumno tendrá contacto con esa temática.

  • Memoria de trabajo: también conocida como memoria operativa, si bien, se la considera una memoria a corto plazo por la duración de la información en días, tiene una cualidad distintiva por ser parte de las funciones ejecutivas.

“A partir de los estudios de Baddeley, en los años setenta, se desarrolló el concepto de memoria de trabajo, en la que están implicados un sistema central ejecutivo y dos sistemas subordinados (un bucle articulatorio que permite el reciclaje de la información verbal mientras es procesada y una vía visuoespacial) que hacen posible el almacenamiento temporal y la utilización visuoespacial. Para cualquier actividad cognitiva se debe procesar tanto la información actual como la mantenida en el almacenamiento a largo plazo”. [19]

La información no sólo se mantiene por un tiempo determinado y cantidad de datos limitados, sino que la persona los modifica y utiliza de acuerdo a las necesidades, lo que lleva a compararlos, relacionarlos y compararlos entre sí (más conocido este fenómeno como manipulación). Un ejemplo claro de cómo los estudiantes utilizan este tipo de memoria, es en el caso de la resolución de operaciones mentales.

  • Memoria a largo plazo: Es el tipo de memoria que no sólo nos permite aprender, sino que se encuentra toda la construcción de nuestras vidas, tanto de la información aprendida (memoria semántica), las experiencias y eventos vividos por cada persona en particular (memoria episódica), como así también, el poder llevar a cabo actividades en forma automáticas (memoria procedural).

“El almacenamiento a largo plazo involucra un conjunto de procesos que ocurren a nivel celular, incluyendo alteraciones neuroquímicas de las neuronas y de las sinapsis que pueden conducir a diferencias en la cantidad de neurotransmisor liberado, cambio morfológico de las dendritas para ampliar las zonas de contacto y, posiblemente, poda de algunas conexiones con el desuso”. [20]

Un fenómeno que se da en este tipo de memoria es que, a medida que incorporamos nueva información, los recuerdos se actualizan, consolidándose de una manera diferente a la que fue almacenada por primera vez, como así también se agregan datos de experiencias vividas aun cuando no hemos sido conscientes de su tránsito.

Cuando una información o estímulo dado tiene un componente emocional, éste se imprime en la memoria con mayor fuerza y su recuerdo es más fácil de ser alcanzado. De aquí, parten algunas de las teorías que se basan en la importancia de la implementación de la educación emocional en los colegios.

  • Evocación: En la última fase del proceso de la memoria, como su nombre lo dice, la persona evoca, es decir, significa rememorar o recuperar una información previamente aprendida.

Muchas veces, la evocación puede darse sin ningún esfuerzo, aparece en la consciencia el recuerdo de una manera casi espontánea, mientras que en otras oportunidades, la persona necesita realizar un gran esfuerzo mental en la búsqueda de la información que quiere transmitir. Este hecho puede suceder en situaciones normales, con una información que se adquirió hace mucho tiempo y, por lo tanto, las rutas neuronales necesitan de pistas o un tiempo mayor para llegar al dato solicitado.

En otras ocasiones, en situaciones patológicas, la información más nueva se pierde fácilmente y aunque se propicien pistas, la persona no puede llegar al dato que necesita.

Otra manera de llegar a la evocación, es a partir del reconocimiento; tal vez la persona no llega a la información necesaria más allá de las pistas dadas, pero cuando se la muestra, ésta puede reconocerla y diferenciarla de aquella información no válida.

Generalmente, en el día olvidamos más cosas de las que recordamos, sólo queda guardado en nuestra mente los sucesos que fueron muy importantes, que tuvieron un impacto emocional, o se repitió con bastante frecuencia. En estas condiciones, le será más fácil a la persona recuperar la información y evocarla.

Cuando se trae a la mente un recuerdo para evocarlo, aparecen en ella fragmentos, imágenes o datos de la información original, a lo que, el cerebro organiza y reconstruye, de acuerdo, a nuestras experiencias y aprendizajes. 

“Enseñar, en el sentido de dirigir el aprendizaje, debe activar el funcionamiento armónico de todas las formas de memoria. Los hechos son llevados a un contexto de significados y a una secuencia histórica significativa con carga emocional. El maestro debe ayudar a construir estos contextos de información relacional para facilitar no solo su construcción, sino más aún, su evocación.

Entender cómo la información se convierte en conocimiento y se transforma en memoria a largo plazo puede ser una herramienta poderosa para contribuir con el éxito académico”. [21]

Consideraciones generales en el aprendizaje adolescente

Hasta el momento se ha hablado de los procesos cerebrales que influyen en el aprendizaje adolescente, pero también debemos tener en cuenta otros factores que son fundamentales para que esos procesos neuronales y cerebrales se den de forma esperada. Se citará brevemente algunos de ellos:

  •  El sueño: Se sabe que dormir ayuda a la consolidación de la memoria. Cuando un adolescente no duerme las horas necesarias, su cerebro no estará preparado para asimilar nuevos aprendizajes, ya que la falta de descanso interfiere sobre las comunicaciones electro-químicas del cerebro.
  •  La alimentación: El cerebro necesita de glucosa, oxígeno, proteínas y minerales para funcionar de manera correcta. Cuando el estudiante, está atento a una clase, lee, escribe, piensa, planifica, etc, consume gran parte de energía y nutrientes, por lo que el cerebro debe estar preparado para responder a las exigencias del medio. En una persona con hambre, el cerebro está atento a la búsqueda de alimentos para su subsistencia y no para emprender aprendizajes sistemáticos.
  •  Ejercicio físico: Diversas investigaciones han mostrado la importancia que tiene para el cerebro realizar cualquier actividad física, aumenta la oxigenación en sangre, eleva el nivel de alerta en la persona, mejora el humor y potencia las conexiones neuronales.
  •  Emociones positivas: Crear ambientes favorables y tranquilos, niveles de estrés controlados, aprendizajes novedosos y desafiantes, promueven a conexiones neuronales favorables para que se den acciones cognitivas significativas.

Conclusión

Aprender es una de las actividades humanas más compleja y que más interrogantes plantea en las diferentes disciplinas. Desde el campo de las neurociencias, el aprendizaje implica la puesta en marcha de miles de neuronas que actúan en forma organizada y sistemática. Cuando un profesor se para frente a una clase de estudiantes adolescentes, no sólo está enseñando un tema específico, sino, que está estimulando diferentes áreas del cerebro capaces de recibir estímulos para convertirlos en conocimientos que luego serán transferidos a situaciones que sean necesarias.

Para ello, el cerebro debe estar preparado fisiológicamente y emocionalmente para recibir nuevas informaciones, de no ser así, el aprendizaje no sucede. 


Referencias bibliográficas

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Braidot, Néstor (2016). Neurociencias para tu vida. Buenos Aires: Granica.

Feinstein, Sheryl G (2016). Secretos del cerebro adolescente. México: Grupo Editorial Patria.

Fernández Coto, Rosana (2012). Cerebrando el aprendizaje. Buenos Aires: Bonum.

G.T. de Podestá, María Eugenia (2014). El cerebro que aprende. Buenos Aires: Aique Grupo Editor.

Ibañez, Agustín y García, Adolfo M. (2015). Qué son las neurociencias. Buenos Aires: Paidós.

Mas Colombo, Eduardo (2011). Clínica psicofisiopatológica. Buenos Aires: Ediciones Culturales Universitarias Argentinas.

Niripil, Elsa y Sciotto, Eduardo Alfredo (2014). Neuroeducación para educadores: el cómo y el porqué de las dificultades de aprendizaje de nuestros niños. Buenos Aires: Bonum.

Pérez, Marcial (2014). Cerebro que aprende. Buenos Aires: Autoría.


  1. I’m bored studying.
  2. How the teenager’s brain learns.
  3. Universidad Católica de Cuyo. Facultad de Educación. silvinagonzalezmas@gmail.com.
  4. G.T. de Podestá, María Eugenia, et al (2014). El cerebro que aprende. Buenos Aires: Aique Grupo Editor, p. 53.
  5. Íd, pp. 56-57.
  6. G.T. de Podestá, María Eugenia (2014). El cerebro que aprende. Buenos Aires: Aique Grupo Editor, pp. 58-59.
  7. Feinstein, Sheryl G (2016). Secretos del cerebro adolescente. México: Grupo Editorial Patria, p. 31.
  8. Braidot, Néstor (2016). “Neurociencias para tu vida”. Buenos Aires: Granica, libro digital.
  9. Fernández Coto, Rosana (2012). Cerebrando el aprendizaje. Buenos Aires: Bonum, p. 35.
  10. Ibañez, Agustín y García, Adolfo M. (2015). Qué son las neurociencias”. Buenos Aires: Paidós, p. 63.
  11. Freund J, Brandmaier AM, Lewejohann L, Kirste I, Kritzler M, Krüger A, et al. (2013). “Individualización’ del cerebro en gemelos idénticos” en Science, Vol. 340, Issue 6133, pp. 756-759, mayo.
  12. Horacio Lejarraga (2010). “Genética del desarrollo y la conducta” en Arch Argent Pediatr;108(4)331-336, mayo.
  13. Niripil, Elsa y Sciotto, Eduardo Alfredo (2014). “Neuroeducación para educadores: el cómo y el porqué de las dificultades de aprendizaje de nuestros niños”. Buenos Aires: Bonum, p. 103.
  14. Fernández Coto, Rosana (2012). “Cerebrando el aprendizaje”. Buenos Aires: Bonum, p. 105.
  15. Fernández Coto, Rosana (2012). “Cerebrando el aprendizaje”. Buenos Aires: Bonum, p. 106.
  16. Pérez, Marcial (2014). “Cerebro que aprende”. Buenos Aires: Autoría, p. 183.
  17. Íd, p. 164.
  18. Fernández Coto, Rosana (2012). “Cerebrando el aprendizaje”. Buenos Aires: Bonum, p. 112.
  19. Mas Colombo, Eduardo (2011). “Clínica psicofisiopatológica”. Buenos Aires: Ediciones Culturales Universitarias Argentinas, p. 166.
  20. Bacigalupe, María de los Ángeles (2012). “Neurobiología del aprendizaje”. Buenos Aires: Polemos, p. 107.
  21. Pérez, Marcial (2014). “Cerebro que aprende”. Buenos Aires: Autoría, p. 210.


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