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Epílogo

Los problemas están para afrontarlos, y este no admite más demora: hay que abordarlo ya. Se puede, pero hay que pensarlo bien, tener iniciativa,… y algo de paciencia.

En estas páginas he tratado de mostrar la senda que considero más adecuada para que la escuela comience a recuperarse de la postración en la que la han dejado leyes educativas escasas de cordura, y la invasión de una contracultura que parece pugnar por convertir las instituciones académicas en enemigas del conocimiento. Por descerebrado que esto pueda antojarse, es innegable que esa contracultura ha penetrado en muchos espacios académicos, conduciendo las instituciones escolares a una situación de auténtico colapso. He hecho especial hincapié en la situación que detecto en mi país, España; por concomitancia, en amplias zonas de la América Latina. Pero creo que se trata de una crisis generalizada en el mundo occidental.

El panorama que describo puede presentarse desalentador, pero creo que no hay que perder de vista algo que también he señalado: el sistema educativo no educa; eso lo hacen las personas, y aún hay muchas que saben hacerlo. Es este el punto de apoyo básico para todo proyecto de «resucitación» de la escuela. Aquí no he tratado de proponer nada parecido a una agenda de políticas a adoptar para recuperar de su languidez a tantas instituciones docentes y devolverles una vitalidad que la sociedad necesita. Tan solo he intentado ofrecer algunas reflexiones que pueden orientar esa rehabilitación que, de forma implícita o explícita, cada vez está más demandada. Las resumo ahora.

  1. La educación consiste en una ayuda al crecimiento de lo más humano del ser humano. Es una tarea humana y humanística. Dado que es un animal social por naturaleza, y a la vez animal racional, iniciar en humanidad al ser humano supone ayudarle a integrarse inteligentemente en la comunidad humana, no tan solo dejándose llevar por el instinto gregario. Dicha integración necesita la sinergia de las dos formas de comunidad natural, la familia y la Se trata, pues, de una labor cooperativa entre los padres y la escuela. En el seno de la comunidad política, y entendida como subsistema dentro del sistema social, la escuela se sitúa en la intersección entre el primer nicho de acogida, la familia, y el entorno suprafamiliar, político[1]. En este sentido, la tarea educativa articula elementos que se entienden principalmente como prolongación y complexión de la crianza en el seno familiar (Millán-Puelles, 2013), con otros que más bien fungen el papel de antesala, que facilitan la transición al espacio propiamente civil. Sin que puedan establecerse como categorías fijas y cerradas, ambos aspectos de lo educativo se corresponden, respectivamente, con la función de los maestros y con la de los directivos en las instituciones escolares.
  2. El concepto clave para comprender la educación como ayuda al crecimiento de lo más humano del ser humano es el de hábito. Esta noción está prácticamente ausente del discurso de las llamadas ciencias de la educación desde hace varias décadas, y ha quedado reemplazada por categorías sucedáneas como las de «competencias», «destrezas» o «habilidades». Ahora bien, dicho relevo no tiene lugar sin grave detrimento para la percepción de la fibra más neurálgica de lo educativo.
  3. El núcleo del presente escrito es una reflexión sobre el papel central que tiene, en el ámbito académico, el cultivo de la inteligencia conceptual, y a su vez la importancia del lenguaje verbal en esa dimensión del crecimiento humano, que ciertamente no es la única ni la más relevante, pero respecto de la cual las instituciones docentes justifican su existencia.
  4. Las herramientas informáticas suponen un evidente progreso en lo relativo a disponibilidad de información y facilidad de acceso a una documentación amplia y variada. Pero tan solo pueden rendir beneficio intelectual a personas que han madurado un criterio propio que les permita distinguir lo principal de lo accesorio. Esa madurez generalmente no la ha alcanzado aún la mayoría de la población escolar. En mi «molesta» opinión, sería muy conveniente preservar la actividad académica de la invasión de herramientas digitales –especialmente de los dispositivos de pantalla–, restringiendo al mínimo su uso, o tal vez excluyéndolo del espacio escolar hasta que la gente alcance cierta edad, de manera que los alumnos puedan familiarizarse mejor con un estilo intelectual de tratar la realidadque consiste precisamente en «estudiarla» antes que «manejarla», o «construirla», y que es radicalmente incompatible con la mentalidad pragmatista dominante en muchos ambientes, con la inmediatez, el atolondramiento, las prisas o el automatismo con el que muchas formas de conducta humana se producen como reacción a ciertos estímulos. Es evidente que hay aspectos del comportamiento humano, en lo personal y en lo social, que tienen este régimen propio de la reacción,pero creo que la escuela tiene que propiciar otra forma no menos humana de comportamiento, que más bien posee el perfil de lareflexión.La omnipresencia del automatismo digital en nuestras vidas conduce a que en ellas domine el reflejo condicionado sobre la reflexión, la cual necesita un hiato entre el estímulo y la respuesta. Precisamente esa discontinuidad es la que posibilita que nos hagamos cargo de los condicionamientos ambientales y podamos darles una respuesta inteligente, madura. Tal vez resulta inevitable que la inmediatez vaya colonizando cada vez más espacios y dimensiones de nuestra existencia. Pero pienso que sería bueno considerar si la escuela no debiera procurar constituirse en una suerte de ciudadela donde, al menos durante un tiempo limitado, se incentive a la gente joven más a pensar que a reaccionar (o a «interactuar»).
  5. El aprendizaje intelectual no consiste formalmente en «construir» conocimiento, sino en adquirirlo e interiorizarlo, hasta lograr una «memoria intelectual» de los principales contenidos de un currículo serio, que predisponga a afrontar cuestiones teóricas y prácticas de envergadura humana. Una vez obtenido ese saber, se podrá «incrementarlo», o encontrar para él aplicaciones varias. Pero no se puede empezar la casa por el tejado. Lo primero que tienen que hacer los niños y jóvenes en la escuela, me parece, es aprender cosas, no «aprender a aprender». Y los profesores tienen que enseñar «cosas», no solo suministrar «herramientas».
  6. Rehabilitar el prestigio intelectual y cultural de la escuela –también de cara a que pueda esta cumplir mejor su función en la sociedad– pasa por poner en el centro de ella la tarea docente y la figura del profesor que enseña materias serias, y no reducirlo a un mero agente catalizador de sinergias e interacciones simpáticas. Eso no quiere decir que tenga que adoptar poses antipáticas. Pero sí quiere decir que tiene que ser una referencia intelectual consistente, alguien que sabe de lo suyo, y que disfruta dándolo a conocer.

  1. Únicamente en el espacio civil puede alcanzar el ser humano una vida suficiente, como dice Aristóteles en la Política.El hombre no puede lograrse tan solo en la relación consigo mismo, o con sus inmediatos prójimos. Cobra su plenitud y madurez en un espacio civil. Solo ahí llega a serautarkés(literalmente, principio, arkhé,de sí mismo). Fuera de la polis no puede llegar a ser plenamente dueño de su vida. (Vid. Cruz Prados, 1999 y Barrio, 2018c).


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