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11 Lucha de clases: un concepto que hay que llenar, reactualizar, pensar

Jean-Jacques Bonhomme

Un concepto es una maquinita de producir sentido [Robert Castel], un andamiaje epistemológico tan riguroso como posible, el significante maestro de una problemática singular. En ese sentido, no admite ningún sinónimo. Lo mismo sucede con el concepto de lucha de clases.

1. Bases

Por medio de este concepto, Marx no designa la oposición mecánica entre dos bloques [dominantes/dominados, ricos/pobres] definitivamente establecidos, sino al conjunto de los nexos dialécticos y contradictorios entre clases y fracciones de clases dentro de cada una de ellas. Se trata de la lucha que articula esas clases, atravesadas por oposiciones y confrontaciones, pero también por complicidades y alianzas económicas, políticas, ideológicas. Lucha permanente, ya que las clases son configuraciones sujetas a incesantes mutaciones y recomposiciones. En su época, Marx apuntaba a la burguesía y al proletariado como dos figuras emblemáticas –tendencialmente unificadas– de la conflictividad social. La lucha de clases designa así el rasgo estructural de las sociedades capitalistas. Ese pensamiento sirvió de hilo conductor a numerosas corrientes socialistas, comunistas, anarquistas, sindicalistas. Marx fue su obstinado artesano, reconociéndole al historiador francés Augustin Thierry [1795-1856] la paternidad del concepto [véase Marx, le marxisme et le père de la lutte des clases, Augustin Thierry, Jean-Numa Ducange, in revista Actuel Marx n°58, PUF, octubre de 2015].

2. Impugnación

Citemos la declaración de Christine Lagarde, ministra del gobierno de Sarkozy, en la Asamblea Nacional en julio de 2007: La lucha de clases es, desde luego, una idea esencial. Pero desde mi punto de vista esencial para los manuales de historia. Seguramente haya que estudiar algún día sus aspectos positivos, pero hoy no es de ninguna utilidad para comprender nuestra sociedad. Probablemente, semejante declaración haya recogido el consenso de buena parte de la opinión pública, remitiendo esa categoría a un pasado ancestral, por más que cada tanto regrese con motivo de alguna que otra manifestación. Es cierto que, a partir de los años 1980, numerosos teóricos y politólogos se esforzaron por emanciparse del pensamiento de Marx, no sin razones objetivas. Frente a la oposición burguesía/proletariado, se analizaron otras contradicciones presentes en la sociedad relativas a la cuestión de los emigrados, las mujeres, los homosexuales, los desempleados, etc., ya no pudiendo ser estas explicadas en términos de clases sociales. Las mutaciones y recomposiciones de la condición obrera, la existencia de una vasta clase media, la interferencia en la pertenencia a tal o cual categoría socioprofesional y demás apelaron a nuevas conceptualizaciones: exclusión, desafiliación, fractura social, inclusión social, etc. La dialéctica dominantes/dominados fue reemplazada por la oposición incluidos/excluidos.

3. Resurgimiento

La cuestión de las clases sociales está de regreso. Una serie de textos mencionan explícitamente la temática. Entre otros, el informe titulado La nueva lucha de clases publicado en Philosophie magazine [mayo de 2016]. Según los autores, la división social fundamental ya no se produce entre los detentores del capital y los detentores de la fuerza de trabajo, sino entre las poblaciones nómades y las poblaciones sedentarias: Por un lado, élites económicas que cruzan las fronteras con sus cuerpos y sus bienes y se desmarcan de las poblaciones que, a menudo apartados de los centros urbanos, permanecen asignadas a una condición sedentaria. Por otro, las olas de migrantes pobres que huyen de sus países en guerra y ponen en duda nuestros valores políticos […]. Más que por la lucha de clases, seguramente haya llegado la hora de preocuparnos por la nueva lucha de lugares escribe el redactor en jefe, Martin Gros.

4. Interrogación

Sin discutir el escamoteo de la categoría de clase en beneficio de la categoría de lugar, leemos con interés esos trabajos dedicados a la cuestión de las desigualdades entre nómades y sedentarios, aunque la tesis de una nueva lucha de clases allí sea problemática. Por una parte, porque la lucha de clases siempre y por definición es nueva: efectivamente, su perpetuación radica en el hecho de conmutarse en formas relativamente inéditas. Por otra parte, porque es sumamente azaroso concluir que la oposición entre detentores del capital y proletariado se ha disuelto. Como subraya el sociólogo Jean Lojkine, La desaparición en las luchas actuales de un actor central, de un grupo inductor, hegemónico, […] la clase obrera, así como de sus instituciones representativas […] no significa, empero, el fin de toda lucha de clases. La diversidad de los actores sociales, el carácter a veces compuesto de coaliciones multipolares no impiden el surgimiento de un salariado diversificado, a veces aliado a ciertas profesiones liberales (artistas, médicos, pequeños empresarios), que hoy intentan, cada uno a su modo, oponerse a las fracciones dominantes del capitalismo financiero y la tecnocracia de Estado [artículo lucha de clases, Wikipedia]. Por lo demás, esa designación de “nueva lucha de clases”, que supuestamente toma la posta de una “antigua” lucha de clases, contribuye a formar un embrollo entre estructura y coyuntura, entre proceso permanente y figura histórica.

5. Puntuación

Volquémonos hacia Marx y Engels: La historia de toda sociedad habida hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombre libre y esclavo, patricio y plebeyo, barón y siervo de la gleba, maestro y oficial de gremio, en un palabra, opresores y oprimidos, en constante oposición, han librado una guerra ininterrumpida, ora abierta, ora disimulada, una guerra que en cada caso se saldó, ya sea con una transformación revolucionaria de toda la sociedad, ya sea con la destrucción de las dos clases enfrentadas. [El manifiesto del Partido Comunista, 1847]. ¿Qué deducir de allí? Según Marx y Engels, ninguna formación social funciona sin confrontaciones, relaciones de fuerza, potentes antagonismos, pudiéndose estos, según las épocas, atenuarse, transformarse, recomponerse. Por tanto, nos resulta imposible prescindir de ese concepto de luchas de clases, con la condición, empero, de reactualizarlo, a fin de pensar los diferentes conflictos y las diferentes alianzas en el seno de las sociedades contemporáneas.

 

Septiembre de 2016



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