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5 Engorrosa democracia

Saül Karsz

El candidato de derecha para la próxima elección presidencial en Francia expresa severas críticas contra el sistema judicial, al cual inclusive acusa “de asesinato político” (asombrosa declaración viniendo de alguien que parece por demás vivo). Muchos otros, políticos y dirigentes industriales en particular, expresaron, expresan y todavía expresarán su ira frente a las citaciones policiales y judiciales, no se dignan a acatarlas, se escandalizan ante ellas. La eventualidad de tener que rendir cuentas les es insoportable. Si continúan creyendo en la justicia de su país, resta que esta última no se abandone a sus propensiones abusivas.

Partamos de la ira a menudo expresada por estos protagonistas. Se despliega allí algo de la virtud ultrajada y del acoso inmerecido. Reacción probablemente sincera, a esos personajes les choca que ciertas leyes que en algunos casos propulsaron ellos mismos les sean además aplicadas. No obstante, sus opositores y a veces sus partidarios les hacen notar que en eso radica el régimen común, válido para todo hijo de vecino. Gracias a la presunción de inocencia, ser oído como testigo asistido no implica en absoluto una inculpación en el fuero civil o penal. ¡Qué importa! Allí es donde más duele: en el hecho de que el régimen común, ¡nada menos que común!, les sea aplicado. Aparentemente no todos están al tanto de que las leyes, o bien no atañen a quienes las conciben y las hacen cumplir a los demás, o bien se aplican con parsimonia a gente situada naturalmente por encima de la contienda, muy por encima, casi en estado de ingravidez social. En la sombra de ese principio, al que bien hay que llamar real, la candidata de extrema derecha a esa misma elección promete a su vez sanciones a aquellos magistrados que se empecinen en cometer ese error en su contra. ¡Que corra la voz!

Así pues, la cuestión de la democracia viene a ocupar el primer plano. Es cierto que vivimos en una democracia aproximativa a la que bien le haría mejorarse prácticamente en todos los campos. De hecho, tal es la vivencia cotidiana de millones de personas, incluidos aquellos que difícilmente pueden sustraerse de las citaciones policiales y judiciales. Evitemos, efectivamente, sacralizar ese régimen: la democracia no va de suyo. Se trata de una realidad parcial tanto como de un inmenso ideal, una ambición, una fantasía. Referirse a “La Democracia” sin otra precaución se emparenta, en el mejor de los casos con la ignorancia, en el peor de los casos con la manipulación. Pero la cuestión se plantea en la medida en que ese régimen altamente perfectible pone al descubierto las tendencias absolutistas de los poderosos, obstaculiza la realización de algunas de sus orientaciones, representa una relativa camisa de fuerza frente a las tendencias mortíferas del capital, como dice Marx. Capitalismo y democracia están lejos de funcionar al unísono. Los aristócratas no dejan de hacer frente a los pordioseros. Los pequeñoburgueses no dejan de aplaudir, esperando así conservar su porción de torta, por más que imaginaria que sea.

Los personajes involucrados probablemente sean sinceros, puesto que, desde Freud, la sinceridad es tan sólo una virtud consciente –apreciable pero no exhaustiva, nunca exenta de fallas. Pueden ser sinceros, ya que, como todo hijo de vecino, en sus sentires subjetivos se actualizan concepciones a propósito de la sociedad existente y de aquella que podría advenir, de la cual cabe favorecer o, por el contrario, impedir la gestación, a propósito también de su lugar supuestamente indiscutible en este bajo mundo; en suma, posturas sociales de clase. Hablan de eso. Eso es lo que los hace hablar. Conviene, por ende, ir más allá de las denuncias y demás sobresaltos morales. No para disculpar a quien sea, menos aún para resignarse al mundo tal y como va, sino para no equivocarse de adversario ni de combate. Ser tan claro, tan riguroso, tan dialéctico como se pueda. Ardua prueba, sí. Que no atañe meramente a la gente de enfrente: todos estamos comprometidos en este asunto que obliga a replantearse qué hacemos de la democracia y con ella. Incluidos los jóvenes y los no tan jóvenes a quienes se intenta convencer de que cumplan con las leyes.

 

Marzo de 2017



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