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Un intento (imposible) de dinamizar La Biblioteca

“Es dudoso que el mundo tenga sentido; es más dudoso aún que tenga doble y triple sentido” (“El espejo de los enigmas”)


En la Parte 2, capítulo II, vimos que “La Biblioteca de Babel” presenta una tesis según la cual todo lo que es dable que exista, ya existe, disolviendo así la distinción entre acto (lo que ya existe) y potencia (lo que es dable que exista). Ese lugar en la forma espacio que es La Biblioteca contiene plenamente todos los libros. Podemos deducir de esa completitud que La Biblioteca (o sea, el Universo) está colmada absolutamente de ser. La creación queda, así, anulada. No hay novedades posibles (potenciales) que un agente (divino, humano, o de otra clase) pueda ejecutar, sumándole así al mundo un ente del cual antes carecía.

Esa plenitud ontológica tiene un fundamento lógico brindado por el análisis combinatorio: dado un número de elementos (por ejemplo, los símbolos ortográficos), podemos agruparlos obteniendo las variaciones con repetición que agotarán todas sus posibles combinaciones.

Una de las consecuencias de la mecánica de la Biblioteca es que cada suceso, cada evento, estará descripto lingüísticamente (“en todos los idiomas”). Aquello que sucederá mañana, aquella historia que aún no ha sucedido, paradójicamente, ya es, con tanta actualidad como los sucesos presentes, y tan irrevocable como los pasados. Ya existe en una combinación posible (que, a nuestro juicio, para la lógica borgeana es sinónimo de real, actual) de letras que la describen. Esta descripción del Universo es eminentemente estática y atemporal.

Creemos que Borges intenta con “El jardín de senderos que se bifurcan”, el cuento inmediatamente posterior de la colección titulada con ese mismo nombre, realizar la posibilidad de dinamizar esa descripción. Así, podríamos rescribir la tesis de “La Biblioteca” en los términos de la cosmovisión que plantea “El jardín”: Cada suceso que es dable que ocurra, está ya dado, ocurriendo, en todas sus posibles variantes, en cada uno de los infinitos mundos posibles (reales) que se realizan en cada bifurcación del tiempo.

En la Parte 3 vimos que la expresión “Deus sive natura” resume la doctrina spinoziana de que sólo hay una cosa en el mundo. El Creador y lo creado coinciden, lo cual significa que no hay propiamente un acto creador, ya que no hay algo, un “otro”, a ser creado. La distinción naturaleza naturante – naturaleza naturada tiene un carácter meramente conceptual: se trata de la misma cosa vista desde la totalidad o desde sus “partes” (E1P29).

La expresión también adquiere un uso polémico en tanto busca oponerse a la distinción cartesiana entre res cogitans y res extensa, que escinde la realidad en dos ámbitos de problemática comunicación. El famoso dictum spinoziano “El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas” (E2P7), supera la incomunicación que conlleva el dualismo sustancial cartesiano mediante el recurso de postular dos cadenas causales sin determinaciones recíprocas entre sí, pero que, en tanto rebajadas a ser atributos englobados en una sola sustancia (Dios, o sea, la naturaleza), serán, cada una a su manera, expresiones de esa sustancia única.

Trataremos de leer los cuentos “La Biblioteca de Babel” y “El jardín de senderos que se bifurcan” desde una lógica similar, ya que creemos que ambos relatos expresan una misma realidad, la cosmovisión borgeana, desde dos puntos de vista: uno estático y espacial, el otro (pretendida, ilusoriamente) dinámico y temporal.



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