Otras publicaciones:

9789877230932_frontcover

978-987-723-057-4_frontcover1

Otras publicaciones:

9789877230758-frontcover

12-2769t1

EL DIARIO

Jueves 14 de Marzo de 1907

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 8.

 

Los apuntes que siguen son calculados para dar a ustedes una muy ligera idea de lo que es la prensa diaria en París.

Políticamente hablando, la prensa francesa puede ser agrupada en la actualidad en dos categorías: “bloc” (en español bloque) y “anti-bloc”.

Hay unos pocos órganos independientes, pero su número es limitado.

Los órganos bloc pertenecen en cuerpo y alma a la política que desde Combes[1] hasta Clemenceau[2] ha regido los destinos de Francia.

Incluyen los radicales, los radicales-socialistas, los socialistas y los revolucionarios.

Es guerra sin cuartel contra el adversario.

El más elocuente discurso de éste en el parlamento es apenas mencionado en un suelto o desfigurado.

Lo mismo sucede con los hechos de la oposición, narrados siempre de tal manera que no los reconocen, por ejemplo, los extranjeros o el indiferente (“rara avis”) que los ha presenciado.

Los órganos anti-bloc representan la oposición en sus diversos matices anti jacobinos calificados con: conservadores, realistas, bonapartistas, católicos y republicanos moderados.

Puede incluirse en ellos quizá algunos radicales disidentes, del tipo Paul Doumer[3].

La prensa anti-bloc es en general, ¿cómo diré? vaya así: algo concienzuda. En todo caso no miente descaradamente.

El gran campeón del bloc es “Le Matin[4]”. Pertenece a Bunau Varilla[5], y lo edita Stephane Lauzanne[6], sobrino, creo, del finado Blowitz. Es una fragua, cuyos productos requieren siempre examen y confirmación. Tiene un colaborador diario, Harduin[7]. No escribe nunca más de media columna. Tiene gracia en extremo, malignidad de sobra, como para dar y prestar y su pirronismo es contagioso.

“La Petite Republique[8]” es un órgano socialista avanzado, anti-clerical; pero es poco leído.

“La Lanterne[9]” es un papel que, a pesar de su vara alta con el gabinete, no goza sino de mediocre crédito. “La Lanterne”, no obstante sus pretensiones, alumbra poco, aunque sus colaboradores hayan llegado a ser ministros.

“L’Aurore[10]” es menos resplandeciente en manos de Arthur Ranc que en las de Clemenceau. ¡En ella fue donde Zola publicó su famoso “J’acuse”!

“L’Humanité[11]” cuenta ya cuatro años de existencia. Vive penosamente bajo la dirección de Jaurés[12], tanto que puede decirse que su existencia se prolonga a fuerza de expedientes financieros.

“L’Action[13]” es el órgano desvergonzado de Henry Berenger[14], llamado popularmente el “devorador de frailes”.

“Le Siécle[15]” debe un poco de su crédito a Ives Guyot, muy competente en materias económicas y, hay que hacerle esta justicia, aunque enrolado en el “bloc” no carece de imparcialidad.

Un hecho sorprendente es la gran venta de “Le Matin”, dada la reputación merecida que ha conquistado de ser mentiroso hasta la pared de enfrente. Falla el proverbio con él: la mentira presto es vencida.

Entrando ahora a los contrarios al bloc, cuyo número es imponente, hay que citar primero “Le Figaro[16]”, por ser diario de salón.

No es, no, por cierto, lo que era en los días de Villemesan, que sin saber griego ni latín tenía un olfato de hombre exquisito.

Cometió un zambardo clásico cuando defendió a Dreyfus[17], siendo como era su principal clientela de otro costal.

Las acciones que habían alcanzado cotizaciones pingües, bajaron y bajaron.

Con Pastor Calmette[18] como director ha reaccionado. Su política está lejos de ser oficial; pero cuando puede procura servir a Dios sin ofender al diablo.

“Le Gaulois[19]” tiene de editor a Arthur Meyer[20], judío convertido al catolicismo, habiéndose casado con la hija de una casa ducal francesa. Es órgano católico, con tintes reaccionarios, muy leído por “la haute[21]” y de los más caros papeles, aunque no tanto como “Le Figaro”.

“Le Soleil[22]” es un diario barato, que llamaré respetable, representa la idea realista y tiene una gran clientela entre la burguesía moderada.

“L’Echo de Paris[23]” es órgano asaz genuino de lo que llamaremos el término medio de la opinión. Se vende mucho, está bien hecho y tiene porvenir. No miente (sino muy apurado) y tiende a desbancar a “Le Matin”.

“L’Eclair[24]” es un “chauvinist” y defiende por fas o por nefas al ejército.

“La République Française[25]” es el órgano del ex-ministro Méline[26] y de Jules Roche; moderado, bien escrito, con puntos literarios, pero tiene más nombre que lectores.

“L’Autorite”, representante genuino de los intereses bonapartistas, está en manos de los hijos de su fundador, Paul de Cassagnac[27], célebre por su destreza como floretista cuanto por su maestría de estilo agresivo.

Zalamelé, y hasta mi próxima, para que la página, que a la sazón terminaré, no resulte larga en vez de breve.


El ministerio del trabajo acaba de publicar aquí una estadística, que no es como para infundir mucho ánimo.

La población francesa ha crecido en 1905, no cabe duda. El aumento son 37.120 almas.

Pero en Alemania el crecimiento es a razón de la misma cifra cada quince días. O, en otros términos: desde hace diez años aumenta su población con un millón por año, sea 83.000 por mes o 3000 por día.


Una noche allá por enero de 1906, un inspector de trabajo, visitando en Nueva York el taller de un encuadernador, halló en él algunas mujeres que trabajaban, particularmente en plegar diarios y revistas, que debían ser expedidos al día siguiente temprano.

Mr. Williams, siendo el dueño de dicho taller, fue acusado de violar la ley de Nueva York, que prohíbe el trabajo nocturno de menores y mujeres antes de las seis de la mañana y después de las nueve de la noche.

El representante del estado de Nueva York sostuvo, contra el abogado de Williams, que fue condenado: que la ley había sido hecha en vista de proteger el bienestar y la seguridad del pueblo entero y que el individuo debía soportar la restricción de sus derechos por el bien común.

Williams no se dio por vencido.

Alegaba su abogado que la referida ley local, era contraria al artículo 1º sección 6º, de la Constitución del Estado y a la 14º enmienda de la constitución federal.

El juez nacional le ha dado razón, este a su vez la ha obtenido de la Corte Suprema.

Confirmando pues la sentencia del juez Olmsted, dice la Corte Suprema (léase con atención este sumario): “La ley en cuestión no era una ley sanitaria, sino una injerencia indebida en los derechos del patrón y de los obreros, de hacer contratos sobre la duración del trabajo y en términos a su entender los mejores. Las leyes limitando las horas durante las cuales un hombre fuerte e inteligente puede trabajar para ganar su vida, son injerencias inadmisibles y enojosas en los derechos individuales”.


Muy poco se leía entonces. No había en Buenos Aires sino dos o tres librerías: una frente al colegio, otra, la de Ibarra calle Potosí (ahora Alsina) al llegar a San Francisco mirando al Norte y la de Monsieur Lecerf, calle Perú entre Victoria y Potosí.

Diarios: “la Gaceta Mercantil”. Los diarios de Montevideo, es decir, el “Comercio del Plata”, circulaba clandestinamente. Mis recuerdos son vivaces. Oigo las discusiones sin entender mucho que digamos sobre un libro, con tapas negras, “Marie Capelle”[28]. No, no es culpable, decían unos. Sí, es ella la que lo ha envenenado, argüían otros.

En cuanto al “British Packet[29]” (que no se me olvide), diario comercial inglés, si algo opinaba era solo sobre entradas y salidas, fletes, etc.

Tenía su oficina y un mirador con telescopio en la calle del 25 de Mayo, con vista al río, entre Cangallo y Cuyo, cuadra de la Capitanía del Puerto.

Rememorando las gratas emociones de la prístina edad, he asistido el otro día a una conferencia de Louis Martin, sala de la calle Linné número 13, sobre el trágico drama.

La historia es esta: condenada a trabajos forzados perpetuos por haber envenenado a su marido con arsénico, madame Lafarge fue agraciada después por el emperador Napoleón III y murió protestando que era inocente, lo que muchos creían entonces y creen todavía.

El señor Louis Martin es un abogado de crédito, además diputado.

Después de una prolija exposición de los hechos –entre los que figuran las “Memorias” que Marie Capelle– escribió en la cárcel, muy tocante libro, sostuvo, a mi parecer demostró, probándolo, que la infeliz María había sido víctima de infinidad de pasiones, entre ellas la envidia, y por consiguiente calumniada.

Concluyó, resumiendo su punzante conferencia, haciendo ver todas las contradicciones o irregularidades del proceso; y apelando a los recientes descubrimientos de la ciencia en toxicología, que muestran la presencia normal de notables cantidades de arsénico en la economía humana, proclamó: la inocencia de María, el error colosal e inicuo de la sentencia, y, por consiguiente, que la rehabilitación de la memoria de la víctima se imponía á todas las conciencias.

Todo esto pasó allá por 1840.


D’Annunzio[30] pierde los estribos, según podrá verse en su drama “Piú che l’Amore” que acaba de publicar en Milán, y cuyo drama fue casi silbado en Italia tanto hizo “toser” al público.

El volumen se abre con un prefacio virulento (contra los que no le admiran) siendo desde el principio hasta el fin una apología de “Piú che l’Amore” y de su autor.

Se compara con Esquilo, con Sófocles, con Eurípides, después de haber proclamado su parentesco con los grandes trágicos al mismo tiempo que la pureza, la verdad, la originalidad de su arte moderno.

Su indignación contra los que no le tejen coronas es un caso, y el hombre desbarra (vanidad de vanidades…) tanto que escribe esto: “Las creaciones de mi poesía enseñan la necesidad del heroísmo. Ha salido de mis crisoles, único poema de vida natal, verdadera representación del alma y del cuerpo, como no se ha visto en Italia después de la Divina Comedia”. Este poema se llama “Laus vite”.

Y sigue, y uno no sabe de qué pasmarse más, si de la soberbia que en semejante panegírico se contiene o de la gimnasia sibilina que, rayando en logodedalia[31], le hace decir: “el rencor servil de los que no llegan a mi tobillo, demasiado numerosos, que, no sabiendo tomarme por modelo, me tienen por maestro y llevan en la frente mi marca roja, que en vano tratan de arrancarse rompiéndose las uñas: uñas, sea dicho, salvo respetos, semejantes a las de esa Thais hundida en el segundo antro”.


Creo que ustedes son de mí mismo parecer.

Quiero decir que creen que en un gobierno representativo una buena oposición es conveniente: vigila, modera, contiene. Pero no creo que sean de la opinión de los canadienses, los cuales le pagan dieta al “leader” de la oposición.

Y no poco, pues recibe 1500 libras esterlinas por año. ¿Lo sabían ustedes? Probablemente no.

Está tan lejos de nuestra tierra el Canadá que no nos ocupa ni preocupa, aunque en cierto sentido sea nuestro competidor por las primeras materias que exporta para Inglaterra muy particularmente.


Hay una nota melancólica en cierta literatura inglesa del momento y es muy pronunciada en las obras femeniles, más copiosas en Inglaterra que en otras partes. ¿Por qué?

Son siempre embarazosas las respuestas referentes a tópicos por el estilo.

Piensa un cofrade de la revista “Spectator[32]” que el hecho parece revelar una faz del pensamiento más bien que un reflejo de la naturaleza humana.

Otro ¿por qué?

Porque la pluma de las mujeres ha sido cautivada por una especie de filosofía que ellas nunca habrían podido exponer clara y satisfactoriamente, filosofía que deja poco margen a su natural habilidad.

Hay que explicar esto implicando un tercer ¿por qué?

Se explica diciendo que la imaginación no concibe un genio extraño, por ejemplo un Swift, o sea un autor de los “Viajes de Gulivert al Liliput[33]” del sexo femenino.

No está claro, dirá el amable lector o lectora.

Se aclara de esta manera, aunque queriendo aclarar puede enturbiarse la cosa.

Una mujer rara, pesimista, una especie de Schopenhauer, no inspira simpatía.

Podrá hallar otro ser de su propio sexo (nunca falta un roto para un descosido) que le tome cariño; pero difícilmente.

La melancolía las hace lo que la palidez. ¿Se acuerdan ustedes del beso de Musset[34]?

¡Oh! Que la pâleur est d’un tel usage[35]! (Bien entendido al natural).


A pesar del feo tiempo, con poco frío esta vez, pero con nieve y lluvia alternadas, vemos un día desagradable –Jules Lemaître ha tenido sala plena en su tercera conferencia[36] señales repetidas de aprobación y aplausos no pocos. Verdad que la inmensa mayoría, si no soy miope observador, ni admira las Confesiones (sobre las que tuvo que volver) ni comulga con la tesis 3ª desarrollada hoy día: “Discurso sobre las ciencias y las artes; la reforma moral de Rousseau”.

Jules Lemaitre lo ha calificado de un “autodidáctico”. Lo fue en efecto, es una de las fases más extraordinarias de este estilista como pocos –no hay que escatimarle el elogio–, que yo a mi vez califico de un “auto-impostor”, y así con una sola palabra se explica que tomara sus resoluciones, qué digo, sus pensamientos por actos y que creyera que no hay necesidad de arrepentirse para hacer propósito de enmienda.

Por lo demás su fondo era mejor que sus doctrinas y el mal que ellas han hecho no ha sido deliberado.

La fatalidad, cualquiera que fuese el hombre en sus repliegues, cualesquiera que fuesen sus vicios, sus enfermedades, sus contradicciones, su moralidad, la fatalidad, lo diré una vez más, hizo que el “discurso sobre las ciencias y las artes (corruptoras), fuera lo que es en vez de ser lo contrario.

Todo se encadenó después, el “Contrato Social”, el “Emilio”, etc. ¿A qué echarle la culpa al del consejo, ¡a Diderot!, ¿ni a otros?

Juan Jacobo lo siguió y, al adoptarlo, lo dice en las Confesiones, pensó: “desde ese momento me sentí perdido”.

Me detengo. Son las 5 de la tarde. La conferencia que comenzó a las 2 terminó a las 3. “Le Temps[37]” del 30 de enero, que acaba de salir, ya trae cerca de cuatro columnas con toda la conferencia. Pueden ustedes ocurrir a él antes de que aparezca el libro a que me refiero en mis anteriores páginas. Y queda así demostrado lo que llamé “secreto profesional”, para que no se admiraran ustedes tanto de las críticas dilatadas o eruditas “avant la lettre” diremos.


Hay hombres cuyos movimientos reflejos parecen tan espontáneos que nadie los sospecha calculados. Es una destreza oratoria que poseía como pocos Nicolás Avellaneda[38].


Llamo la atención de ustedes hacia un movimiento de opinión que toma creces en Inglaterra, contra la Cámara de los lores.

¿A dónde llegará y con qué fuerza esta marea?

De un año a esta parte la cámara de los comunes hace gala de radicalismo intransigente con sus ribetes de socialismo templados.

Ha autorizado el “picketing”, es decir, el empleo de la violencia en las huelgas, para obligar a formar parte de ellas a los obreros que quisieran continuar trabajando. Ha descartado de toda responsabilidad civil el sindicato de obreros llamados “trade-unions”, que son socialistas disfrazados sin saberlo, y cuyos agentes hubiesen hecho, con su propaganda o sus actos de negarse al trabajo daños y perjuicios a otros (patrones u obreros).

Finalmente, bajo el nombre de “Education Bill” ha querido hacer laicas en absoluto las escuelas populares.

La cámara de los lores ha rechazado dicho “bill”.

De ahí la campaña del partido liberal en el poder, con una acritud inaudita contra los lores.

Miembros del gobierno los han llamado “los representantes de la pereza”; otros de “asilo de los incapaces”, etc.

Si esta reforma pasa, y digo “reforma”, porque es término consagrado ahora para calificar todo lo destructor de tradiciones tutelares, más que Licurgo ha de ser el que prevea sus consecuencias.

No lo creo, pero corre el dicho que el prudente rey Eduardo dijo al coronarse: “Soy el último rey de Inglaterra”.


  1. Ver nota al pie PB.01.02.06 o índice onomástico.
  2. Ver nota al pie PB.27.11.06 o índice onomástico.
  3. Paul Doumer (Aurillac, 1857–París, 1932) fue un político francés de orientación radical, abogado y matemático, presidente de Francia desde el 13 de junio de 1931 hasta su asesinato en 1932. Aunque inició su carrera con el Partido Radical y Radical Socialista, su ideario político se fue escorando progresivamente hacia la derecha. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/46796138).
  4. Le Matin se publicó entre 1884 y 1944. Para principios del siglo XX, era uno de los cuatro diarios más importantes en Francia (sus tiradas se sextuplicaron entre 1900 y 1910), con una postura moderada que lo hizo rechazar tanto el socialismo como el boulangismo (o extrema derecha). Luego de la Primera Guerra Mundial adoptó una postura marcadamente nacionalista y luego filo-nazi. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/134440052).
  5. Maurice Bunau-Varilla (1856–1944) fue un empresario de la prensa periódica, fundador y dueño del diario Le Matin. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/40561114).
  6. Stéphane Lauzanne (1874–1958) fue un periodista francés y editor of Le Matin. Durante la Primera Guerra Mundial, Lauzanne fue un miembro del cuerpo diplomático que fue en misión hacia Estados Unidos. En 1944, luego de la liberación de Francia, Lauzanne fue sentenciado a 20 años de confinamiento por la Paris Assize Court, con los cargos de haber llevado a cabo servicios de inteligencia en favor del enemigo. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/44429934).
  7. Harduin, Henri-Edmond (1846–1908), corresponsal del diario Le Matin durante la guerra ruso-japonesa (1904-1905) y más tarde columnista de dicho diario.
  8. Fundado en 1876, La Petite République fue un diario popular republicano, vinculado a La République française de Léon Gambetta. Era una sociedad anónima con acciones de 500 francos cada una. De 1893 a 1903, La Petite République fue dirigido por Alexandre Millerand, Jules Guesde, Alfred Léon Gérault-Richard y Jean Jaurès. Fue renombrado La Petite République socialiste en 1898. Fue en ese momento, y hasta la creación por Jean Jaurès de L’Humanité, el principal periódico de los socialistas. (Extractado de https://bit.ly/3bQiFZI).
  9. La Lanterne fue un periódico satírico semanal editado por Henri Rochefort. Creado en 1868, se vendió hasta 1876. Tenía la forma de un pequeño folleto rojo de 14.5 cm por 10 cm. Su precio de venta era relativamente alto: 40 centavos. (Extractado de Gallica: https://bit.ly/3ioeMgT).
  10. L’Aurore fue un periódico francés editado entre 1897 y 1916 y creado por Ernest Vaughan, antiguo redactor de L’Intransigeant. Como comenta aquí Mansilla, se hizo célebre tras la publicación, en enero de 1898, de la proclama J’accuse…! de Zola, en torno al famoso caso Dreyfus. El equipo de redacción del diario estaba compuesto por Arthur Ranc, Bernard Lazare et Georges Clemenceau. Sus archivos pueden consultarse en Gallica: https://bit.ly/2DPyuDh.
  11. L’Humanité, o en su forma abreviada y coloquial, L’Huma, es un diario francés, fundado en 1904 por el dirigente socialista Jean Jaurès y aún vigente. Sus archivos pueden consultarse en Gallica (shorturl.at/gxyVX) y su sitio web en https://www.humanite.fr/.
  12. Ver nota al pie PB.27.11.06 o índice onomástico.
  13. No hemos hallado ningún dato sobre esta publicación.
  14. Henry Bérenger (1867–1952) fue un escritor y político francés, senador entre 1912 y 1945 en comités de Finanzas y Asuntos Exteriores. Fue embajador de Francia en Estados Unidos en el periodo 1926-1927. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/27161110).
  15. Le Siècle. Journal politique, littéraire et d’économie sociale fue un periódico francés publicado entre 1836 y 1932. Representó a la izquierda dinástica opuesta a François Guizot. Honoré de Balzac publicó en este periódico las primeras ediciones, en folletín, de sus novelas Béatrix (agosto de 1839), Une fille d’Ève (diciembre de 1838 y enero de 1839), Pierrette (enero de 1840), La fausse maîtresse (diciembre de 1841), Albert Savarus (1842) y Un homme d’affaires (1844). También aquí se publicaron algunas de las más célebres novelas de Alejandro Dumas, como Los tres mosqueteros o El Vizconde de Bragelonne. Bajo la dirección de Yves Guyot, a la cabeza de la redacción desde abril de 1892, Le Siècle se distinguió durante el caso Dreyfus, en claro apoyo al militar judío en artículos firmados generalmente por Joseph Reinach, Raoul Allier y Félix Pécaut. A partir de entonces, se convertirá en cierta manera en el portavoz de la Liga de los Derechos del Hombre recientemente creada. Aun conservando su importancia en cuanto diario republicano de izquierda moderada y anticlerical, de gran calidad, irá perdiendo gran parte de su público hasta 1917. Desapareció definitivamente en 1932. (Extractado y adaptado del Centro de Estudios Joseph Sablé, de Toronto University. En línea: https://bit.ly/35wnBSj).
  16. Le Figaro es el diario más antiguo de Francia, de ideología centro-derecha. Fue fundado en 1826 y debe su nombre al célebre personaje creado por Beaumarchais en su obra Las bodas de Figaro. Ha sido siempre el vocero, entre otras instituciones, de la Academia francesa. Sus archivos están disponibles en Gallica, el sitio de la Biblioteca Nacional de Francia: https://bit.ly/3k9PaVO. Su edición digital puede consultarse en: https://www.lefigaro.fr/.
  17. Ver nota al pie PB.23.08.06 o índice de eventos históricos (bajo “Caso Dreyfus”).
  18. No hemos hallado información asociada a este nombre.
  19. Le Gaulois fue un diario francés publicado en París entre 1868 y 1929 y fundado por Edmond Tarbé y Henri de Pène. A partir de 1882, fue dirigido por Arthur Meyer. Se fusionó con Le Figaro en 1929. De tendencia conservadora, monárquica, antisemita y xenófoba,​ fue el diario preferido por la nobleza y alta sociedad francesa. Nunca tuvo una circulación muy alta: por ejemplo, en 1910, se vendieron 30 000 ejemplares al día, frente a los 37 000 de Le Figaro, los 1 400 000 ejemplares diarios de Le Petit Parisien o los 835 000 de Le Petit Journal. (Extractado de https://bit.ly/2FwUV0r).
  20. Arthur Meyer (Le Havre, 1844-París, 1924) fue un editor y periodista francés. Aunque nieto de rabino y nacido en una modesta familia judía, se convirtió en monárquico, antipartidario de Dreyfus y católico. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/61674363).
  21. Literalmente significa “la altura”: en este contexto, refiere a la clase alta.
  22. Le Soleil fue un periódico fundado en 1873 por Édouard Hervé y Jean-Jacques Weiss. De corte monárquico y tirada diaria, fue el único, junto con Le Temps, que incluía noticias internacionales. (Extractado de https://bit.ly/3k7qTzn).
  23. L’Écho de Paris fue un diario parisino publicado diariamente entre 1884 y 1944. Comenzó siendo un periódico conservador y nacionalista, pero con el correr de los años se fue acercando al Partido Socialista Francés. Dentro de sus colaboradores asiduos se hallan los escritores Octave Mirbeau, Henri de Kérillis, Georges Clemenceau, Henry Bordeaux, François Mitterrand, Jérôme Tharaud y Jean Tharaud. Sus editores fueron Franc-Nohain y Abel Faivre. En 1933, se fusionó con Jour y pasó a llamarse Jour-Écho de Paris. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/139443653).
  24. L’Éclair: critique, littérature, théâtre, industrie, bibliographie, fue u diario fundado en 1832, cuyos números se encuentran disponibles en Gallica: https://bit.ly/32mcI3w.
  25. La République Française fue un diario francés fundado en 1871 por Léon Gambetta, con Eugène Spuller como editor en jefe y publicado hasta 1924. (Sus números se encuentran archivados en Gallica: https://bit.ly/2ZsvqER).
  26. Ver nota al pie de PB. 12.01.06 o índice onomástico.
  27. Paul Adolphe Marie Prosper Granier de Cassagnac (1843, Paris – 1904, Saint-Viâtre) fue un periodista de corte conservador, partidario del bonapartismo y director fundador del diario L’Autorité. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/67267724).
  28. Capelle, María Fortunata. Memorias de María Fortunata Capelle, viuda de Laffarge, escritas por ella misma. Trad. Don Pedro Alonso Crowley. Cádiz: Imprenta de la Revista médica, 1842.
  29. The British Packet and Argentine News fue un periódico semanal anglo-argentino fundado por Thomas George Love en 1826 y publicado hasta 1859. Sus números pueden consultarse digitalizados en la BNMM: https://bit.ly/2GVpAFL9.
  30. Gabriele D’Annunzio (Pescara, 1863–Gardone Riviera, 1938), fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y político italiano, símbolo del decadentismo y héroe de la Gran Guerra. Apodado «il Vate» (es decir, «el Poeta Profeta»), fue una voz destacada en la literatura italiana desde 1889 hasta 1910 y más tarde en la vida política, entre 1914 y 1924. De corte nacionalista y conservador, algunas de sus ideas influyeron luego en el fascismo de Mussolini. Escribió la tragedia La nave en 1908.
  31. Término en desuso. Refiere a una persona que tiene una afectación, anomalía, exageración y extravagancia de manera ridícula o extraña en la manera o modo de hablar o expresar, que no corresponde a la gramática ni la coherencia.
  32. Ver nota al pie de PB.01.02.06 o índice de publicaciones periódicas.
  33. Swift, Jonathan. Travels into Several Remote Nations of the World, in Four Parts. By Lemuel Gulliver, First a Surgeon, and then a Captain of Several Ships (1726, modificada en 1735).
  34. Ver nota al pie de PB.20.04.06 o índice onomástico.
  35. “Que esa palidez es de tal uso”.
  36. La primera conferencia de las diez que dio Lemaître está comentada en la página breve del 13 de febrero de 1907, “Hay cartas que no tienen suerte”. Sobre este crítico literario y sus diez conferencias, ver las notas 6 y 7 de dicha página breve.
  37. Ver nota al pie PB.05.03.06 o índice de publicaciones periódicas.
  38. Ver nota al pie de PB.03.02.06 o índice onomástico.


Deja un comentario